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Devuélveme Un Beso

Devuélveme Un Beso

Autor: : ARACELY LIZANA
Género: Romance
Nunca había esperado casarse con un hombre al que solo vio unas pocas veces. Dijo que podía darle todo menos amor, y ella estuvo de acuerdo. Sin embargo, su gentileza y consideración consiguieron que diera lo mejor de ella. Pensó que podría disfrutar de esa vida para siempre, pero la aparición de su primer amor la sacó de su fantasía. Era hora de poner fin a ese sueño, por lo que se fue con su hijo por nacer. Cuando se volvieron a encontrar, finalmente se dio cuenta de cuánto la había extrañado.

Capítulo 1 Una fecha tardía

Sentada junto a la ventana en una bonita cafetería, Sarah Swain disfrutaba de la vista de la bulliciosa ciudad. La elegante ropa formal negra, hecha a medida, que vestía exudaba una sensación de sofisticación y lujo. Era fácil deducir que se trataba de una mujer poderosa. Las luces del lugar en tonos de color miel endulzó un poco el día gris, provocando en ella una sonrisa interna que le dio paz y calidez.

A la edad de veintisiete años, ella se había convertido en una de las empresarias de élite más prolíficas de la ciudad. Desafortunadamente, aunque ostentaba un gran éxito en su carrera como arquitecta, su vida personal no había resultado de la misma manera, tal como hubiera querido.

A pesar de que la mayoría de los empleados en la empresa eran hombres, su personalidad rígida solo había logrado alejarlos a todos. Así, sus colegas la habían apodado como "la reina de hielo", pero eso era porque solo conocían su lado profesional. No tenían idea de que la misma mujer era una persona completamente diferente fuera del trabajo. Mientras esperaba al hombre de su cita a ciegas que su madre había concertado para ella, Sarah echó un terrón de azúcar a su taza y lo removió antes de tomar un sorbo.

Su impaciencia indicaba que esa reunión no era algo que ella esperaba con ansias. Tal vez se habría emocionado más si ese día hubiese sido su primera o segunda cita a ciegas, pero no lo era. Su madre siempre le organizaba al menos una por semana. Esta no solo era su nonagésima octava vez, sino que también la segunda vez en la semana.

Para su mala suerte, aceptar ir a dichos encuentros era la única forma de apaciguar a su progenitora, quien no dejaba de hablar sobre cómo sus amigos más jóvenes que ella ya tenían nietos. Exasperada, la mujer se frotó el rostro con sus dedos y recordó que ya no era la misma chica de antes. Aunque su piel todavía se sentía muy suave y tierna, no era la misma de hace siete años, cuando solía tener veintipocos años. El pensamiento de que estaba envejeciendo se extendió en su corazón como un sabor amargo, muy parecido al café que estaba bebiendo.

De pronto, recordó cuando tenía veinticinco años, cuando aún fantaseaba con la idea de encontrar al amor de su vida y vivir felices por siempre. Ahora en cambio, ella solo quería ponerle fin a las citas semanales lo antes posible. Le daba igual si no tenía la historia de amor ideal. Mientras no fuera demasiado difícil soportar a esa persona, ella sentía que podría aprender a amar a cualquier hombre. Después de todo, ya no era la joven inocente que solía ser, ni tampoco tenía tiempo para ser quisquillosa.

Sarah tomó un sorbo y volvió a mirar su reloj. Su cita del día ya estaba tres minutos tarde. Pero ella seguía diciéndose a sí misma que debía esperar un poco más, solo en caso de que el congestionado tráfico haya sido la excusa para que el hombre no llegara a tiempo.

Si hubiera sido cualquier otro encuentro, no habría aguantado ni un minuto más y habría salido de la cafetería. Sin embargo, su madre, Danna Wallance, había sido muy enfática en señalar que la cita a ciegas de esta vez era con el hijo de su compañera de clase, quien acababa de regresar del extranjero. Si lo arruinaba otra vez, su mamá iba a seguir organizando encuentros para ella todos los días hasta que se casara. Obviamente, no podía permitir que eso pasara.

Entonces, a pesar de que la otra persona estaba tarde, Sarah tuvo que tragarse su enojo. Si había algo que odiaba más que una cita a ciegas, era una cita a ciegas con una persona impuntual. Desafortunadamente, reprimir su cólera era la única manera de evitar que su persistente madre se enojara.

Después de que comprobara la hora en su reloj unas cuantas veces más, finalmente apareció el hombre que esperaba.

"Disculpe, ¿es usted la señorita Swain? Lamento mucho la demora. No quise hacerla esperar, pero el tráfico de camino para acá era una locura", dijo una voz masculina.

Esa manera gentil y elegante de hablar llamó la atención de Sarah, así que levantó la cabeza y miró al hombre que estaba frente a ella. Ciertamente, él lucía como un caballero bien educado y tenía el cabello meticulosamente arreglado, pero también era cierto que parecía bastante anticuado. Estaba vestido muy elegantemente para la ocasión, con ropa formal negra y un par de zapatos de cuero tan brillantes que casi la dejan ciega. "Está bien. Acabo de llegar hace unos minutos", dijo Sarah e intentó romper el hielo con una sonrisa reconfortante. Sin embargo, la sonrisa en sus labios era forzada. Después de todo, todos los que vivían en la ciudad sabían cómo era el tráfico durante las horas pico. Él debió haber salido con anticipación, pero no lo hizo. Además, hizo que una chica lo esperara por más de treinta minutos en su primera cita. ¿Qué podía esperar de un hombre así?

Por otro lado, desde la perspectiva del hombre, en el momento en que vio a Sarah, sus ojos se iluminaron. En ese momento, en su mente, él agradeció que su madre, Tina Holland, tuviera una compañera cuya hija era la clase de mujer que estaba buscando.

Tras su regreso del extranjero, su mamá había concertado muchas citas para él, pero ninguna de esas chicas había podido satisfacer sus estándares. Su tipo de mujer ideal tenía que estar dotada de una cara bonita, una figura perfecta y piernas largas.

Capítulo 2 Ella fue ingenua

Afortunadamente, la mujer sentada frente a él era muy de su gusto. Sus rasgos eran exquisitos y lucía deslumbrante, mostrando una figura de reloj de arena que estaba más allá de la comprensión humana. James Holland le dio noventa puntos en su corazón.

Sin embargo, la penetrante y absurda mirada del hombre estaba empezando a hacer que Sarah se sintiera incómoda. Tosió para distraerlo y luego hizo un gesto con la mano hacia el camarero que estaba cerca. "¿Qué le gustaría beber?".

El joven se acercó inmediatamente a su mesa y preguntó: "¿Qué puedo hacer por usted?".

James le sonrió mientras tomaba el menú y luego entrecerró los ojos para leer. "Una taza de café negro para mí, por favor".

Los ojos de la muchacha, inconscientemente, se posaron en la bebida de su taza, lo que atrajo la atención de su acompañante que se dio cuenta de algo. "Señorita Swain, ¿a usted también le gusta el café negro?".

Ella negó con la cabeza. ''En realidad no me gusta, pero me he acostumbrado a él''. De pronto sus ojos se nublaron con los recuerdos de una persona de la universidad a quien le gustaba beber así el café y de cómo disfrutaba tomar una taza con él.

Cuando el joven notó que miraba fijamente al vacío, con los ojos enfocados en nada en particular, supuso que estaba pensando en algo más. "Señorita, permítame presentarme primero. Mi nombre es James Holland. Regresé del extranjero hace dos semanas y actualmente trabajo como director de diseño en una empresa de publicidad. Tengo un buen presentimiento sobre usted y espero podamos volver a vernos en el futuro".

Sarah lo miró a los ojos, observándolo cuidadosamente mientras hablaba. En verdad era un hombre excepcional. Después de todo, había estudiado en otro país y tenía una posición razonablemente buena en la empresa en la que comenzó a trabajar poco después de su regreso. Sin embargo, había algo en su forma de hablar que la llevó a pensar que quizás era más arrogante de lo que parecía y ella no podía pasar eso por alto. Parecía que sus palabras implicaban: 'Debería sentirse agradecida de que esté dispuesto a verla de nuevo'.

Basándose en sus experiencias previas con otros hombres, sentía que tal vez era un poco dura al juzgarlo de esa manera, pero no podía ignorar sus propios instintos.

Cuando estaba a punto de responderle, el camarero trajo la bebida en una bandeja.

James la miró con anticipación, esperando por su respuesta, pues creía firmemente que era un excelente candidato como para despertar su interés. Su trayectoria debería ser más que suficiente para cualquiera, especialmente para ella. ¿No se suponía que a esas alturas ya debería de haberle dado el visto bueno? ¿Por qué lo miraba con una expresión en blanco? ¿Acaso no lo encontraba atractivo? De repente, la incertidumbre se deslizó dentro de su corazón. "Señorita Swain, ¿qué piensa? Realmente espero que podamos vernos otra vez''.

Sarah removió el café, luchando por encontrar una respuesta.

Al fin y al cabo, su madre lo había hecho parecer como un hombre extraordinario en sus conversaciones. Tras reflexionar sobre ello un poco más, Sarah decidió desilusionarlo con tacto. ''Señor Holland, para ser honesta, no creo que nos conozcamos lo suficientemente bien todavía".

"¡Eso no es problema! Podemos ponernos en contacto con más frecuencia y conocernos un poco más''. James habló con una confianza que era fácil de confundir con arrogancia.

''Así que estudió en Estados Unidos, ¿verdad? Debe haber visto muchas cosas diferentes''. La joven sonrió y cambió de tema. Al haber pasado por innumerables citas a ciegas estaba preparada para salir con facilidad de una situación incómoda.

"Señorita, ¿le gustaría que le contara algo interesante que me sucedió mientras estaba en ese país?". Cuando el hombre la miró a los ojos, sus sentimientos por ella se hicieron evidentes en su mirada.

Sarah asintió secamente como respuesta. Desafortunadamente, cuando era estudiante también tuvo la oportunidad de ir al extranjero, pero la rechazó por un ridículo interés amoroso. No podía olvidar lo ingenua que había sido en ese entonces.

Mientras observaba la expresión tranquila en el rostro de su compañera, James desentrañó lentamente las historias de sus aventuras de su tiempo en los Estados Unidos.

Capítulo 3 El tono de llamada vulgar

Sarah tenía una sonrisa gentil en el rostro mientras observaba a James, quien hablaba sin cesar del tiempo que había pasado en el extranjero.

No le prestaba demasiada atención a sus palabras y, ocasionalmente, respondía nada más que con un gesto burlón y superficial. Pensaba en la vida que una vez soñó con tener y en cómo ésta estaba ahora lejos de su alcance. Pensaba también en la niña inocente que una vez fue y cómo había desaparecido con el paso del tiempo.

Entonces, fue interrumpida por el familiar sonido de un horrible tono de llamada de hace muchos años que resonó en sus oídos. "Estoy mirando a la luna donde están todos mis sueños...''.

Escucharlo trajo a ella recuerdos del pasado, cuando ese espantoso tono era tan popular que se podía escuchar en toda la ciudad. Al parecer, alguien todavía lo estaba usando. Para su sorpresa, unos segundos después, fue James quien sacó un teléfono de su bolsillo haciendo que la mandíbula de Sarah cayera estupefacta.

No esperaba que un hombre así estuviera usando un tono tan desagradable.

Ya tenía una mala impresión de él por haber llegado tarde a su cita, pero eso era aún peor. El joven miró la pantalla de su teléfono y cortó la llamada antes de ponerlo en 'modo silencioso'. Dejó el aparato a un lado y le ofreció a su cita una sonrisa triste. "Lo lamento. Acabo de comprarlo hace unos días y olvidé cambiarle el tono de llamada".

"No hay problema, pero ¿por qué no contestaste?". Con mirada curiosa observó el celular del joven y notó que era el último modelo de iPhone.

"Oh, era solo un amigo. Está bien, no es nada importante". El muchacho se llevó la taza a los labios, le dio un sorbo y volvió a bajarla. Sin embargo, el teléfono comenzó a vibrar poco después.

James le pidió que lo disculpara con un gesto y contestó con una mirada avergonzada en el rostro. Sarah arqueó una ceja con curiosidad, pero permaneció en silencio.

"¿De verdad? No te preocupes, iré para allá lo antes posible".

Tras colgar la llamada, la miró y dijo: "Lo siento, señorita Swain, pero mi amigo necesita mi ayuda. Por desgracia, debo irme de inmediato''.

"No hay necesidad de disculparse. Por favor, adelante", respondió ella, cortés y considerada. Indudablemente sabía lo que estaba pasando, pero fingió ignorancia.

"Espero que me permita compensarla la próxima vez. ¡Hasta luego!". James se levantó y se fue.

Mientras salía lentamente de la cafetería, la joven apartó la mirada con indiferencia. Suspiró exasperada, revolviendo el café sin ponerle mucha atención. Esas infructuosas citas a ciegas estaban empezando a agotarla. En algunas ocasiones, la idea de casarse con una persona al azar cruzaba por su mente, pero simplemente no se atrevía a hacer tal cosa.

Cuando volvió a su casa y tan pronto como se acomodó en el sofá, su madre se acercó a ella con una expresión preocupada en el rostro. "Cariño, ¿por qué regresaste tan temprano? ¿Acaso no cenaste con James? ¿Cómo estuvo la cita? ¡Cuéntamelo todo! ¿Qué piensas de él?".

Sarah se inclinó hacia adelante, frotándose la sien y luego miró a su madre, Danna. "Mamá, él es un gran tipo, pero no es mi tipo. No creo que vaya a funcionar. Eso es todo".

"¿Qué quieres decir con que no crees que va a funcionar? ¡Dime exactamente qué fue lo que pasó!". La mujer pellizcó el brazo de su hija.

"¡Oye, eso duele!". La muchacha se masajeó la zona adolorida y frunció el ceño. "Escucha, no me agrada él, y yo tampoco le agrado. Nada más''.

"Cariño, ¿cómo es posible que no le agrades? ¿A quién no le agradaría mi hermosa hija?". Su madre le rodeó los hombros con sus brazos y la consoló, pensando que se sentía triste por lo que había sucedido en la cita.

La molestia de la joven se convirtió en frustración cuando le dijo: "Estoy muy cansada. Me voy a mi cuarto. Llámame cuando la cena esté lista".

Danna suspiró, sintiendo pena por ella. Se preguntaba por qué su hermosa hija no podía encontrar un hombre incluso después de tantas citas a ciegas.

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