Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > Devuélveme el corazón
Devuélveme el corazón

Devuélveme el corazón

Autor: : Merlyn Vindas
Género: Romance
¿Qué pasa cuándo tu corazón le pertenece a otro y eres obligada a casarte con un extraño? Eso mismo le sucedió a Ellie cuando su padre le mostró a Sandro, su nuevo esposo. Y ahora ¿qué sería de su vida? ¿por qué ella? Pero, aun más ¿por qué él?

Capítulo 1 Prólogo

Era un día de esos que prometían ser inolvidables para Ellie, había conocido a Josías; un chico hermoso y detallista que robó su corazón con tan solo una sonrisa. Ese día saldrían por unos helados y después al cine, era fin de semana y Ellie no tenía que trabajar o estudiar.

Se arregló hasta quedar perfecta, maquilló su rostro, colocó un vestido ajustado a la cintura con una falda a la rodilla y amplia de falda. Modeló mirándose en el espejo y aquel resultado le gustó, tocaba su cabello y acercaba su rostro al espejo asegurándose que todo estuviese bien para el encuentro.

Se despidió de su padre, notó que algo no estaba bien, sin embargo, no prestó interés en qué le sucedía, era hora de marcharse; afuera de la casa estaba Josías vestido muy elegante, la saludó cariñosamente y se marcharon a su primera cita después de semanas de hablar por mensajes,

Al mismo tiempo, pero en otro continente, estaba Sandro, con una maleta en su hombro a punto de abordar el avión, y la ilusión de regresar a casa después de algunos años fuera del país, no recorvaba qué se sentía el calor de los brazos de su madre o cómo era el olor del perfume de su padre

Llevaba consigo lo que en su apartamento había quedado, pues, dos días atrás lo había dejado ya sin cosa alguna que fuera de su pertenencia. Registró su maleta y tomó asiento en la sala de espera hasta que fue hora de abordar el avión. Poco más de doce horas después estaba en los brazos de su madre y su padre, tomaron asiento en el gran sofá y allí charlaron de todo; sin Sandro imaginar lo que al siguiente día se le avecinaba.

Capítulo 2 La noticia

Sandro se despertó en horas de la tarde, estaba un tanto desubicado por el cambio de horario y cansado del viaje.

Bajó en busca de Franco, su hermano, pero éste se fue de casa una hora antes de él despertar, fue en busca de su madre y la saludó con un fuerte abrazo, buscó a su padre que estaba sentado leyendo el periódico del día e hiso lo mismo con él.

-Te has despertado al fin, ¿cómo estás? -mencionó su padre mirando el periódico.

Tanto Franco como Sandro se habían acostumbrado a la relación de sus padres, entre ellos, amor no había, pero eran grandes amigos y eso hacía que la relación fuera muy llevadera.

-Bastante bien padre, he descansado lo suficiente, aunque no dejo de tener sueño, espero que pronto me adapte al horario y al ambiente de San Francisco, son muchos años fuera de casa.

-Claro, tu cuerpo tiene que procesar la información, pero hablando de información, hay algo de lo que tengo que hablarte hijo y es de suma importancia -se acomodó en su asiento, dejó el periódico que estaba leyendo de lado y poniendo una voz sería para comenzar la charla.

Sandro tiró su cuerpo hacia atrás dando con el respaldar del sofá, esperando a ver qué era eso tan importante que tenía que decirle.

-Ten, esto es para ti, todo esto es tuyo hijo.

Tomó el sobre en sus manos y sacó cada una de las hojas que había dentro, miró el contrato que había allí y algunas cuentas bancarias, así como el testamento de su padre, que había sido heredado cuando se casó con su madre, Renata.

-¿Esto es en serio papá?

-Tienes que casarte.

La forma en que su padre lo dijo, lo hizo reír como si de una broma o chiste se tratase, pero al ver a su padre serio, frunciendo el ceño y supo que no era ninguna broma.

-¿Porqué tan rápido padre?, hemos hablado de esto en muchas ocasiones, no quiero casarme, no quiero lidiar con una persona que ni siquiera conozco, simplemente no quiero hacerlo padre, además no tengo a alguna mujer en mente.

-Tampoco quería casarme Sandro, pero tuve que hacerlo por el bien de mis padres, es la única manera de tener la fortuna de la familia a salvo o caerá en manos del primo Alfredo, y no es lo que queremos, ¿verdad?

Para Sandro escuchar el nombre de ese hombre era un dolor de cabeza, pues, sus familias desde que podía recordar tenían enfrentamientos por la fortuna Casso.

-¿No tengo opción padre? ¿no podemos posponerlo hasta que encuentre a alguien que sea correcta y que sea como la relación entre tú y mamá?

-No hijo, no hay tiempo, el plazo se vence en el momento que cumplas veintinueve años, necesitas la mujer adecuada para esto, es como estar en un trabajo, ella se verá beneficiada si hace una buena labor, ¿porqué crees que tu madre tiene lo que tiene? porque ha sabido jugar sus piezas, ha hecho un gran trabajo como esposa y compañera de alianza, lo mismo tiene que tener tu futura mujer.

"¿A dónde encontraré una mujer que cumpla todos esos requisitos?" -se preguntó Sandro angustiado.

-Pero padre, recién cumplo veintiocho, ¿no crees que aún tengo tiempo para buscar a la indicada?

Su padre negó a todos los "peros: que a Sandro se le ocurría.

-Ya tengo a la esposa perfecta, está por graduarse de la universidad, tiene una buena posición social y, sobre todo; conoce el negocio, trabaja con su padre. No tienes que buscar, he hablado con él y ha aceptado la propuesta.

Sandro no podía creer lo que su padre estaba diciendo, esto no podía ser real, su pesadilla se había hecho realidad, tantos años en Suiza tenían un solo propósito; crecer como empresario y no tener que ver con los negocios familiares, pero ahora todo era una pesadilla del que no podía escapar, aunque así lo quisiera.

-Es que simplemente no me lo creo padre, no puedo creer lo que me has dicho, ¿de verdad tengo que casarme? tengo mis propios negocios, tengo mi dinero, ¿no hay nada que podamos hacer?

-No hijo, nada que hacer, es tu deber, tu obligación como el primogénito de la familia, además, te he asegurado a una buena mujer, es hija de un viejo amigo, quien por cierto, también se casó bajo el mismo método que tu madre y yo, no hay nada que perder hijo.

-Y, supongo que, ella aceptó ¿no?, de lo contrario no me estarías diciendo todo esto.

-Tendremos una cena mañana con Albert y su hija, les daremos los detalles de la boda y de lo que deberán hacer.

Sandro afirmó con su cabeza sintiendo enojo por tener que hacer esto en nombre de su bisabuelo, abuelo y padre.

"¡maldita sea!" -pronunció en sus adentros, se levantó de su asiento y fue a la cocina por un vaso de agua.

-¿Tu padre habló contigo ya? -le cuestionó Renata acercándose a él.

-Sí y esto es una mala idea mamá, esto no va a terminar bien, lo presiento, dime ¿la chica ha aceptado?

-No lo sé hijo, pero supongo que sí, no seas pesimista, sacarás un buen provecho de esto.

Sandro la miró decepcionado por sus palabras, estaba decidido a no andar con amantes por ahí como lo hacían ellos y mucho menos no estaba dispuesto a aguantarlo, sería una de las primeras limitantes que pondría en el contrato matrimonial.

-No le veo una ganancia a esto madre, solo veo dolores de cabeza gracias a un testamento que finaliza conmigo y mi hijo.

-Basta Sandro, no seas así, es tu deber y debes aceptarlo, ¿comprendes?, no tienes opción, tendrás una buena paga por esto, al igual que la chica, no comprendo porqué te quejas tanto, tendrás mucho dinero con los años.

Vertió el agua del vaso en el fregadero y caminó fuera de la cocina.

-Tengo lo suficiente para vivir madre.

-Todo en esta vida requiere de sacrificios -le gritó su madre al verlo caminar fuera de la cocina.

Esas mismas palabras se las repetía Albert así mismo, yendo a la habitación de Ellie, pues, tenía que explicarle lo que había hecho hacía unas semanas atrás, la consciencia lo estaba traicionando, pero en esto de los negocios el sentimentalismo no tenía cabida.

-¿puedo pasar hija? -preguntó él golpeando la puerta tres veces.

Ellie estaba acostada en la cama, sonreía al hablar con el chico, Josías, con quién llevaba unas semanas saliendo y de quién sentía gran apego, le gustaba, de eso no había duda alguna.

Se levantó y abrió la puerta de la habitación dándole acceso a que entrase, se sentó en la cama y Ellie hizo lo mismo.

-¿Qué sucede padre? ¿porqué me necesitas con tanta urgencia?

-Hay un tema que tenemos que tratar hija y es de suma importancia.

Albert buscaba la manera de decirlo sin sonar cruel o insensible.

-Padre, di lo que tengas que decir, sé directo.

Ellie estaba preocupada al ver a su padre tan angustiando, pensó que al anciano le sucedía algo grave para estar así, sin embargo, cuando escuchó sus palabras soltó el llanto.

-Tu mano, ha sido dada en matrimonio, Ellie.

-No padre, eso no, dime, por favor, que eso no ds verdad, pídeme lo que quieras, pero no me des en matrimonio, ¿qué hay de Josías? padre, dime, pues, mi corazón ahora es suyo.

Albert tenía su corazón destrozado, pero era algo que Ellie sabía que pasaría tarde o temprano.

-Lo siento Ellie, mi palabra fue dada y debe cumplirse, te casarás con el hijo de Augusto y no se dice más, lo siento por ese chico, pero no hay nada que hacer por él, estás comprometida, así que es mejor que dejes de ver a ese chico, no quiero tener problemas con Augusto o su hijo, ¿entendido?, Sandro es un buen hombre, sabrá cuidarte y darte lo que mereces.

Ellie corrió y se arrodilló frente a su padre, suplicó en medio de un llanto audible en toda la casa; para que su padre cambiara de idea.

-Por favor papito, te lo suplico, te lo imploro, no me cases, mi corazón ahora tiene dueño y no quiero alejarme de él, ¿hay algo que pueda hacer para que cambies de opinión?

-No, compórtate como la prometida de Sandro Casso y lo tendrás todo a tus pies.

-Pero ¿qué pasa con la familia? ¿con los hijos?

-Lo tendrás si te comportas bien con él, Sandro te dará lo que quieres si desempeñas un buen papel, no carecerás de nada hija.

-¿Acaso el dinero es más importante que el amor? padre

Albert se levantó de la cama y la miro sobre su hombro.

-¿Puedes vivir solo por amor? Ellie ¿vistes amor? ¿comes amor? ¿lo pensaste de esa forma?

-Padre, no es necesario casarme, trabajaré el doble y te ayudaré en lo que deseas, pero por favor no me des en matrimonio, no quiero casarme con un desconocido, por favor, padre, de corazón te lo ruego.

-Y yo te digo qué, hecho está, te casarás en unas semanas con Sandro y no hay vuelta atrás, lo que digo lo cumplo Ellie, lo sabes bien, te casarás y es mi última palabra, tu hermana y tú fueron criadas para esto, en nuestro mundo no cabe el amor, son negocios que se deben hacer, sacrificios que te dan grandes frutos si sabes jugar bien, te quiero Ellie y esto lo hago por tu bien -dio tres pasos y se detuvo - mañana vendrán a cenar con nosotros, espero que sepas comportarte o verás las consecuencias.

"¿Trabajar bien? ¿cómo que trabajar bien?" y ¿de qué consecuencias habla? -Ellie estaba cegada por el dolor de las palabras de su padre, estaba herida por decirle adiós al hombre que le estaba ilusionando el corazón.

Se levantó del piso y azotó todo a su paso tirando al suelo, gritaba y tiraba de su cabello, ¿con qué cara le diría a Josías que debía casarse?

"No quiero casarme, no puedo casarme" -se decía acurrucada en su cama en posición fetal, aún lloraba sintiendo su pecho y estómago doler por las palabras de su padre.

-No seas dramática Ellie, ¿no eras tú quien decía que se casaría con un millonario que te diera todo lo que necesitabas y merecías? ¿qué cambió en ti? -le cuestionó su hermana, mirando todo el desorden que ella había provocado en segundos.

-Largo Elizabeth, déjame sola, vete de mi habitación.

Esa noche tanto Sandro como Ellie no lograron dormir, cada uno pensaba en sus pros y contras si llegaban a casarse, dando con una sola respuesta.

"Esto será un fracaso"

Capítulo 3 Reunión

Sandro comenzó a alistarse sin ganas, no estaba de humor para andar de romeo y mucho menos para las reuniones que hacía su padre.

Se vistió con ropa casual y usó su colonia favorita, bajó en busca de su padre quien vestía de saco y corbata.

-¿Irás vestido así?

-Por supuesto padre, ¿por qué? ¿a dónde iremos?

Su padre no respondió a sus preguntas, ya no había tiempo de que Sandro se cambiase de ropa, iban con diez minutos de atraso, gracias a la lentitud con la que Sandro se alistó.

-Olvídalo, anda vamos, que llegaremos tarde y no quiero tener problemas con Albert y su hija.

Sandro, con una mueca caminó atrás de su padre hacia el auto, entró en él y sin decir una sola palabra se marcharon hacía el hogar de los Nolan.

-¿Estás lista? -le preguntó Albert a Ellie quién estaba encerrada en su habitación, sin bañarse y con la pijama de dormir, estaba dispuesta a ser castigada con tal de hacer romper el acuerdo de su padre con aquel hombre.

-No saldré, no me casaré y es mi última palabra, padre.

-¿Segura?

-¿Me quieres probar?

-Bien, en este momento estás desempleada y no tienes un centavo en tus cuentas bancarias ¿qué vas a hacer ahora?

-No te atreverías padre -tomó su celular y miró sus cuentas en cero -¿qué has hecho papá? -le gritó.

-Tienes trabajo gracias a mí, tienes dinero de mis cuentas, soy quien te da lo que se te viene en gana, ¿quieres jugar de lista? bien, busca que hacer de ahora en adelante, una cosa si te digo, en cuanto el acuerdo se cancele te vas de casa, Ellie, porque no pienso mantenerte, te he dado todo cuanto has querido y, aun así, no pones de tu parte, está bien, dile a Josías que te mantenga, a ver si puede con los gastos que generas.

Ellie lloraba por la crueldad de las palabras de su padre, ¿cuándo fue que se convirtió en un ogro con ella?, pero de esto se arrepentiría su padre, le haría pagar su crueldad.

Augusto llegó con Sandro a casa de Albert, unas cuadras antes pasaron por vino y unas flores para lo susodicha.

-Viejo amigo - se saludaron mutuamente.

Sandro apartó su cara con disgusto hasta que una voz le llamó la atención, Elizabeth apareció y los saludó con amabilidad, pero en Sandro las alarmas se despertaron, pues pensó que la chica que tenía una edad entre catorce y quince años era su futura esposa.

-Ella es mi hija menor, su nombre es Elizabeth, Ellie está por bajar en un momento, pero pasen y se acomodan.

-Mucho gusto -le saludó él.

Albert los hizo entrar y sentarse en el sofá del gran salón.

-¿cómo estuvo tu estadía en Suiza? -preguntó Albert a Sandro, tratando de hacer conversación y no ser evidente ante ellos.

-Muy bien, fueron grandes años de gran aprendizaje -le respondió.

En esa charla pasaron durante media hora, uno hacía pregunta y el otro respondía, hasta Ellie apareció por las escaleras vistiendo desarreglada, aunque se había duchado.

Albert sintió como si alguien lo hubiese trepado al techo para después arrojarlo por el precipicio, cuando su hija apareció al pie de las escaleras, con un chocolate en su mano y la boca llena de él.

-Buenas noches, ¿cómo están? -dijo con su boca llena apenas audible.

Sandro miró a su padre arrugando su cara al ver a esa mujer tan ridícula, ninguno de los dos respondió al saludo de Ellie y siguieron con la conversación que tenían entre ellos.

-Vamos a cenar -se apresuró a decir Albert

Todos se levantaron y fueron hacia el comedor, Ellie hizo a caminar, pero su padre la detuvo en seco y la hizo retirarse hacia su habitación.

Los ojos de Ellie se aguaron por las acciones de su padre, fue directo a su habitación, se arregló y bajó a cenar.

-¿Puedo acompañarlos?

Sandro levantó su vista, recorriendo a Ellie de arriba abajo, volvió si vista a su plano y no respondió a su pregunta.

-Claro, siéntese señorita.

Ellie se sirvió de comer y con clase comió, pero fue hasta que encontró a Sandro mirándola, estiró su mano y tiró el agua en su pantalón. Él se levantó y con una toalla secó un poco el agua.

-Lo siento, soy una tonta, disculpe joven.

Sandro la miró y la fulminó con su mirada, pues, si en algún momento la miró hermosa; ahora se le hacía tan desagradable.

-¿Tienen un baño que le pueda prestar a mi hijo? -preguntó Augusto un poco enfadado por la actitud de su nuera.

-Si claro -le respondió ella -acompáñeme.

Sandro la siguió hasta el baño más alejado del comedor, Ellie se giró para confrontarlo, pero él se le adelantó. La tomó por los hombros y la pegó contra la pared haciendo presión sobre ella.

-No sé cuál sea tu maldito problema conmigo, no creas que muero por casarme contigo habiendo más mujeres y mucho mejores que tú, pero adivina qué querida, si no te casas conmigo, te casaras con cualquier hombre que a tu padre se le venga en gana, menos al que tú quieres, así que, o pones de tu parte o vete despidiendo de tus millones.

Ellie no dijo palabra alguna, no logró gesticular al ver los ojos enojados de su prometido, se había pasado con él y eso ella lo sabía, pero para sí misma, él era el culpable de ahora tener que casarse, Sandro antes sus ojos era un ser despreciable.

Sandro la soltó y entró al baño, se limpió su pantalón y lavó su cara para quitarse un poco el enojo que sentía hacía Ellie.

-¿Crees que puedes venir aquí e imponerme tu gran poderío? -le reclamó entrando al baño y cerrándose en el junto a Sandro -¿qué quieres de mí?

-De ti no quiero nada, ¿no lo ves?, me caes mal, eres despreciable para mí, tu actitud de niña mala no me produce miedo, entiende que no quiero casarme contigo, ¿crees que esto lo decidí yo?, no tengo tan malos gustos, esto es entre mi padre y el tuyo, por mí estaría en este momento en busca de alguien más hermosa y más -dijo mirándola de arriba abajo -audaz, ahora, si no te importa, largo.

Ellie fue herida por las palabras de Sandro, su ego y su orgullo fueron rotos a la misma vez.

-Entonces cancela esto de una vez.

-Si tuviera el poder de hacer, ayer mismo esto se hubiese terminado, pero no tengo tan gran poder, así que si no es contigo será con otra y fíjate que no me da la gana buscar otra, así que te aguantas y si no te gusta, bueno, ve buscando donde dormir.

Ellie salió de aquel baño sabiendo que no había posibilidades para ella y Josías, tendría que casarse a la fuerza con Sandro, un ser despreciable y malo como el mismo satanás, una idea muy errada de lo que en realidad era Sandro.

-Por lo visto no habrá trato Albert, amigo, lo lamento mucho.

Ellie respiró aliviada, pero no por mucho, su padre la miró y se disculpó con ellos para hablar con ella.

-Has tu maleta y vete de mi casa, has deshonrado el esfuerzo de tu madre y el mío, no verás un cinco de mí parte de hoy en adelante, tus acciones tienen consecuencias y estas son el reflejo de ellas.

Ellie estaba angustiada por las palabras de su padre y Josías no tenía un trabajo estable para mantenerla, su padre en eso tenía razón, los lujos de Ellie no todos podían cubrirlos.

Sandro escuchó lo que Albert le decía a su hija, ya que salió del baño en un mal momento.

-Es lamentable, espero que tengas suerte buscando la mujer correcta para tu hijo.

Sandro se colocó al lado de Ellie haciendo que esta lo volviera a ver.

-Todavía tienes el poder de arreglar esto, solo tienes que hablar, puedo ayudarte si quieres, lo único es que habrá una serie de requisitos, está en tus manos y espero que tomes la decisión correcta, tienes tres días para hacerlo, después de allí, serás una desconocida para mí.

Ellie guardó silencio, sus ojos se aguaron por la decisión que estaba a punto de tomar.

"Maldición Ellie, no puedo creer que vayas a hacer esto" -se dijo a sí misma.

Augusto se despidió de todos menos de Ellie, quien la miraba con decepción.

-Señor Augusto, disculpe mi intromisión, lamento los inconvenientes de esta noche, yo quisiera que me diera la oportunidad de demostrar que puedo ser una buena esposa para su hijo, lo de esta noche, fue una tremenda equivocación, no quiero justificarme, solo pedirle una disculpa, estoy dispuesta a corregir mis errores.

Augusto miró a Sandro no muy convencido, pero a Sandro le pareció una buena idea, la chica físicamente era hermosa y él lo admitía, tenía agallas para enfrentarse a cualquiera y eso le gustó, aunque no que fuera con él.

-Pienso que, si ha sabido confrontarme, puede hacer el trabajo, padre, además, dijiste que no tenemos tiempo, ¿correcto?, que ella lo haga, me parece bien, al final se casará conmigo, será mi esposa.

-Y la madre de tus hijos -afirmó Augusto a su hijo.

De eso Ellie no estaba muy convencida, no, eso jamás pasaría. Había aceptado la propuesta de Sandro para salvar su pellejo, pero no sería por mucho tiempo, se casaría y al mes estaría divorciada, sería un matrimonio rápido.

-¿Entonces padre?

-Está bien, si es lo que quieres, por mí está bien -se giró hacia Ellie y la miró -por cada acción que le atribuyas a mi hijo en su labor, se te será remunerado, pero, cada que hagas en alguna cosa en su contra se te será quitado. Esto no es solo un matrimonio, es un trabajo y tendrás que poner de tu parte, ¿comprendes?

-Lo hago, comprendo lo que dice señor Augusto.

-Bien, entonces bienvenida a la familia, y espero que tengan una buena relación, el matrimonio se consumará en dos semanas, Sandro vendrá por ti mañana y te llevará a mi oficina, hablaremos de allí todo lo pertinente a su matrimonio, casa, etc.

Afirmó con su cabeza, aguantando las ganas de llorar por su decisión, se había arrepentido de ella mucho antes de decirla.

-Albert, amigo, creo que se nos hizo al final, juntamos a nuestros hijos.

-Así es amigo, es un gusto.

Tan pronto como Sandro y su padre se marcharon, Ellie corrió a su habitación y allí lloró mares, esto realmente la estaba haciendo perder la cabeza, pero más que todo estaba perdiendo a Josías.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022