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Di Que Soy Tu Cariño

Di Que Soy Tu Cariño

Autor: : Marigá
Género: Romance
Él nunca la amó. Todos sabían que Wesley siempre había querido a Jessica, pero se casó con Christine. El día de su boda, abandonó a su novia y fue al aeropuerto para declararse a su verdadero amor, pero llegó tarde. El hombre cambió radicalmente después de regresar. Le dio todo su cariño a Christine, pero no por amor. Lo hacía para recuperar a Jessica. Christine pensó que por fin había entrado en su corazón. Sin embargo, cuando él le propuso el divorcio se dio cuenta de que no era así. Perdiendo todo, Christine se fue con dolor, pero sabía que se recuperaría cuando volviera.

Capítulo 1 ¡Mujer malvada!

"¡Apártense del camino! ¡Muévanse! ¡Todos, fuera!".

Las puertas de la ambulancia se abrieron de una patada desde adentro y los paramédicos sacaron rápidamente dos camillas. Por detrás les siguió Wesley Helian, quien parecía preocupado y furioso al mismo tiempo.

"No te preocupes, Jessica. Te pondrás bien".

El rostro del hombre se veía tenso, con la mirada fría y el cuerpo rígido. "Tienen que salvarla. Si ella muere, yo mismo me aseguraré de que se cierre este hospital", dijo este y sus palabras sonaron como un rugido.

Las enfermeras y los médicos, al oír las palabras del hombre, aceleraron el paso hacia la camilla ya que temían que pasara lo peor y este poderoso hombre cumpliera su amenaza.

'Vaya... veo que sigues prefiriendo a Jessica Ruo', pensó Christine Ji, la mujer acostada en la otra camilla, mientras luchaba por abrir los ojos. No pudo evitar sentir una profunda desesperación al escuchar el rugido furioso de Wesley.

Jessica parecía estar bien, lo de ella había sido solo un desmayo causado por el miedo.

Sin embargo, lo de ella misma...

Christine trató de mover los dedos y gritó de dolor.

"¡Christine, tú... mujer malvada! ¿Cómo te atreves a conducir e intentar matarte y matar a Jessica? ¿Por qué no te vas al infierno?".

El hombre dio una patada de la ira que sentía, con tan mala suerte que le cayó a la enfermera que estaba atendiendo a la mujer herida. El dolor que le causó al golpearla hizo que la muchacha se estremeciera y tropezara, moviendo la camilla donde estaba Christine. Esto a su vez hizo que la herida, que la enfermera estaba curando en el momento del incidente, se desgarrara y que la sangre empezara a salir sin control.

A pesar de poderse escuchar las maldiciones que Wesley estaba lanzando a diestra y siniestra, los médicos y enfermeras trataban de hacer su trabajo lo mejor que podían y de inmediato se llevaron las dos camillas a salas de emergencias diferentes.

"¡Necesito una transfusión de sangre aquí!".

"¿Dónde está el doctor? Esta mujer se está muriendo", decía una enfermera mientras empujaba la camilla.

Christine fue llevada al quirófano. Era una mujer joven, no aparentaba tener más de veinte años, y a pesar de las heridas y hematomas se podía decir que era una chica hermosa. Mientras la enfermera hacía su trabajo pensaba en lo triste de toda esa situación y que nunca antes había visto un accidente tan horrible. De pie, al lado de la mujer moribunda, gritaba con voz temblorosa para que alguien se hiciera cargo de la mujer en la camilla y la atendieran inmediatamente.

Christine Ji abrió los ojos y pudo sentir cómo la vida se le escapaba poco a poco y en su mirada no había expresión alguna, solo cansancio.

"Lo siento. Lo siento mucho. Los médicos están ocupados en otra operación. Lo siento mucho", decía la enfermera llorando, quien no cesaba de disculparse mientras acomodaba la bolsa de sangre para la transfusión. Era evidente que ningún médico se iba a hacer cargo de la mujer por no disgustar más al poderoso Wesley.

'Wesley, llevamos dos años casados y pensé que algún día me creerías, pero tu crueldad es infinita'.

El peor dolor que sentía Christine no era el de sus heridas sino el del corazón.

Movió la mano lentamente y la colocó sobre su vientre plano. Una vez tuvo ahí un bebé que perteneció a los dos.

"¿Acaso es por Wesley?".

Decir eso requirió todas sus fuerzas, y ni bien terminó de pronunciar esas pocas palabras empezó a jadear y a salir sangre por su boca.

Posiblemente eso era lo mejor que podía pasar y que, cuando ella estuviera muerta, la tragedia de la que ambos eran protagonistas por fin terminaría.

"Sí, lo siento mucho. El hombre dijo que si Jessica moría, nuestro hospital sería enterrado junto con ella, y es por eso que todos los médicos están con ella tratando de salvarle la vida... ".

La enfermera no le ocultó nada y a pesar de que le dijo todo de forma muy delicada, sus palabras parecían torturar a Christine Ji.

"Vuelve a pedir que venga un médico".

Ella no podía morir así, todavía no, aún tenía que encontrar a su hijo y vengarse.

Los ojos de la mujer estaban inyectados en sangre por la ira y las venas azules de sus manos se hincharon.

Con el alma destrozada por toda esa ira y dolor, la mujer no pudo contenerse y una lágrima rodó de manera silenciosa desde el rabillo del ojo hasta la almohada. El aire a su alrededor estaba lleno de una desolación indescriptible.

El dolor se había apoderado de todos sus sentidos y parecía no estar en el presente, pues su mente se empeñó en llevarla al momento de su primer encuentro...

Todo empezó dos años atrás, en Capital Hotel...

Eran las seis de una mañana de un día de invierno y llevaba lloviznando desde antes del amanecer.

En una de las habitaciones del hotel se percibía un olor a incienso, había una cama de estilo francés, y una lámpara de noche iluminaba con luz tenue toda la estancia.

"Uf... Qué calor hace aquí...".

Christine estaba inconsciente.

Movió las manos sobre la cama y pudo sentir algo caliente en su costado.

'¿Dónde estoy?'.

La mujer consiguió abrir los ojos y sintió un dolor punzante en la cabeza mientras un escalofrío horrible se apoderaba de ella a pesar de que hacía un calor insoportable en la habitación. Intentó moverse pero no lo consiguió, no pudo hacer nada pues el cuerpo le dolía como si un auto la hubiera atropellado.

Aunque era una mujer sin ninguna experiencia pudo adivinar lo que le había pasado, así que sin pensarlo dos veces cogió la sábana de la cama, se envolvió con ella para cubrir su desnudez y caminó tambaleándose hasta el baño.

Se sentía rara, sin fuerzas, y cuando estaba muy cerca de la puerta escuchó algo.

"¡Vayan y compruébenlo!", gritó una voz desde dentro del baño.

'¿Quién es? ¿Quién está ahí?', pensó con miedo.

El cuerpo se le puso rígido por la tensión del momento.

La puerta del baño estaba entreabierta y pudo ver que adentro había un hombre desconocido. Ante esa visión Christine no pudo evitar ruborizarse y sentir que las mejillas le ardían.

"¡Sarta de perdedores!", se escuchó rugir al hombre.

Wesley no se había dado cuenta de que ella estaba ahí y dio rienda suelta a su ira. Con toda la fuerza que pudo golpeó con el puño el espejo y los trozos de vidrio le hicieron varios cortes en la mano. La sangre empezó a salir descontroladamente, manchando de rojo todo lo que tenía alrededor.

¡Era Wesley!

Se había metido en la cama de aquel hombre.

Christine sintió cómo un escalofrío empezaba a recorrerle el cuello.

La leyenda de Ciudad S, el CEO de K Group. El hombre que siempre había estado en lo más alto, ocupando uno de los primeros lugares en la lista de gente de negocios más exitosa del país. ¿Cómo es que él estaba ahí? ¿Por qué?

"¿Ya has visto suficiente?", dijo una voz nada amigable desde el baño.

La voz era tan fuerte que causaba mucho miedo. El hombre ya se había dado cuenta de que la chica estaba ahí parada, y con una mirada de hielo abrió la puerta y se quedó observando a Christine. Un sudor frío empezó a brotar de la frente de la muchacha por el miedo que sentía y solo quería salir corriendo de ese lugar, alejarse cuanto antes de ahí.

Dio unos pasos hacia atrás y estaba a punto de cerrar la puerta del baño por completo cuando una mano la cogió con fuerza por la muñeca.

"¿Cómo te atreves a meterte en mi cama?".

El repentino dolor en su mano la hizo soltar un grito casi inaudible y empezó a forcejear para poder soltarse del agarre del hombre. Luchó y golpeó con fuerza pero no lo consiguió.

"Olvidemos lo que ha pasado hoy".

Christine, sacando fuerzas de flaqueza, se obligó a mantener la calma y sonrió.

"Para las mujeres estas cosas pueden significar la ruina y la deshonra, pero eso a mí no me importa. ¡No creo que te importe a ti tampoco!".

Las palabras que pronunció la mujer no tuvieron respuesta, tan solo un silencio mortal.

Wesley entrecerró los ojos pero no los apartó de Christine.

Si no hubiera comprobado por él mismo que la mujer que estaba frente a él era virgen, todo lo que ella decía y la forma en que lo hacía lo hubiera engañado.

"¿Cuánto vas a cobrar?", preguntó el hombre mientras en su rostro aparecía una sonrisa maliciosa.

Era una insinuación ofensiva, sobre todo teniendo en cuenta que la mujer acababa de perder su virginidad.

'¿Cómo se atreve a pensar que soy una cualquiera?', el rostro de Christine se ensombreció al pensar que este hombre la tomaba por una prostituta. "¿Y tú? ¿Cuánto vas a cobrar?".

Wesley la miró de manera extraña, con una expresión sombría en el rostro.

Los ojos de la muchacha brillaron, pero no se atrevió a mirarlo a los ojos. Si alguna vez este asunto salía a la luz, la familia Ji nunca podría protegerla de las posibles consecuencias, así que no tenía más remedio que seguir con el juego.

"¿Subes a mi cama y me hablas así?". Las palabras del hombre llegaron a ella lentamente, como si ella fuera una presa a punto de ser cazada, y la sonrisa juguetona que el cazador tenía hasta entonces en el rostro desapareció. El hombre soltó la muñeca de Christine pero antes de que ella pudiera reaccionar la agarró con fuerza por la barbilla.

La chica no tuvo más remedio que mirarlo a los ojos.

"¿A qué quieres jugar? ¿O es que estás imitando a Jessica?".

La mujer podía notar que poco a poco el hombre aumentaba la fuerza con la que la estaba cogiendo y empezó a tener dificultades para respirar.

De repente el hombre dejó de apretar, la arrojó con fuerza contra el suelo y ella al caer se golpeó con la mesa del centro. El dolor penetrante la obligó a acurrucarse en el suelo.

"¡No seas tan ingenua! ¿Qué te hace pensar que me haré cargo de ti después de meterte en mi cama?".

Wesley resopló y pasó junto a la mujer.

Por el estado en que se encontraba la habitación daba la impresión que la noche anterior había sido muy intensa.

La ropa de ambos estaba esparcida por todo el suelo, y este recogió la ropa de la mujer con cara de asco, dándose cuenta de que tenía algunos hilos colgando. Su costoso traje estaba arrugado y sus pantalones estaban debajo de la cama.

Christine se levantó lentamente y se apoyó con cuidado contra la pared.

El Wesley que estaba delante de ella era como un león furioso, un animal al que había que temer pues si se le provocaba no había posibilidad de salir vivo.

De repente, el hombre lanzó un trozo de papel arrugado hacia la chica y ella, sin pensarlo, lo cogió y lo estiró para ver lo que era. ¡Era un cheque por diez millones!

"¡Escucha, coge eso y vete! Si te atreves a contarle a alguien lo que ha pasado aquí, no me culpes luego por arruinar a toda tu familia".

El desfile de automóviles de la familia Helian había ocupado toda la calle donde se encontraba el hotel. Lo que había empezado como una llovizna en la madrugada era en ese momento un terrible aguacero, así que dos guardaespaldas se apresuraron a abrir respetuosamente la puerta del coche principal. Al momento apareció un bastón que se apoyó en el suelo y uno de los guardaespaldas abrió el paraguas para proteger de la lluvia al pasajero que salía del elegante auto negro.

A pesar de que el hombre llevaba el pelo gris, su porte y elegancia no habían disminuido con los años. Llevaba un traje hecho a medida, con una fila de botones brillantes en la chaqueta.

Este tenía un rostro casi idéntico al de Wesley, tomó el paraguas y en las manos no se podía ver rastro alguno de vejez.

A los pocos minutos, una fila de minibuses también se detuvo frente al hotel y abrieron las puertas de par en par para dar paso a los reporteros, quienes venían dispuestos a tener las mejores fotos y entrevistas.

Capítulo 2 El precio es tu vida

"Señor Karl, el señor Wesley se encuentra adentro", una voz dijo de repente.

Provenía de Peter, el mayordomo, quien hablaba italiano con fluidez mientras saludaba con un gesto a su patrón a manera de bienvenida. Los reporteros también siguieron al hombre, entrando detrás de él.

El señor elegante y de pelo gris era el abuelo de Wesley y se llamaba Karl Helian. Era el patriarca de la familia Helian y una de las personas más poderosas de Ciudad S.

En el hotel, el guardarropa estaba lleno de diversos trajes, tanto para hombres como para mujeres y para varios tipos de ocasiones. Después de echarle un vistazo a lo que había, Wesley eligió un traje de una calidad exquisita. Además, parecía que la prenda había sido confeccionada especialmente para él.

Se arregló con tranquilidad el traje azul y miró a Christine a través del espejo. "¿No te vas a ir?".

La chica lo miró con incredulidad e ira. Era la primera vez que veía a un Helian en persona y, a pesar de que para otros esto hubiera sido un sueño hecho realidad, a ella no le gustó el encuentro en lo más mínimo. Es más, el hombre con ese traje azul tan costoso y los ojos tan profundos lo único que conseguía en ella era provocarle un miedo espantoso. Wesley parecía impaciente e inaccesible pero al mismo tiempo se le veía mucho más guapo que en las revistas en las que aparecía con frecuencia. Daba la impresión de ser una persona extravagante, totalmente diferente a Barrett Gu y lo que él irradiaba.

"Tú... Olvídalo...". Christine parecía furiosa. Al pensar en Barrett Gu sintió un dolor agudo en el corazón. Ese día había perdido su virginidad sin ninguna razón. ¿Cómo iba a enfrentarse a él ahora?

Sacó al azar un vestido de manga larga del armario, uno que cubriera los chupones de su cuerpo. Después de eso, fue al baño para probárselo.

Justo cuando estaba dentro, la puerta se abrió de golpe y el aire se congeló en un instante.

Karl Helian estaba de pie justo ahí, mirando todo a su alrededor. Se podía sentir que la tensión de la atmósfera no se había disipado todavía y la expresión en el rostro del abuelo cambió un poco cuando sus ojos se encontraron con los de su nieto. Era como ver a la misma persona con dos edades diferentes, así eran de parecidos los dos.

El área detrás de él estaba atestada de reporteros, pero nadie se atrevió a entrar en la habitación y nadie se atrevió a hacer preguntas. Los flashes de las cámaras parpadeaban ocasionalmente y esa era la única señal de su presencia.

"Abuelo, ¿qué estás haciendo aquí?", dijo Wesley mientras se sentaba en el sofá, con una mano en el cuello y las piernas cruzadas.

"Escuché que tuviste un accidente, así que estoy aquí para salvarte". Karl Helian entró en la habitación lentamente, apoyándose en su bastón y con la ayuda de su mayordomo Peter.

"¿Un accidente? Entonces, ¿por qué traes reporteros contigo?".

Wesley volvió la cabeza y miró al hombre con una leve sonrisa que parecía burlarse de él.

Karl lo ignoró por completo y siguió caminando, buscando algo en la habitación, hasta que finalmente se detuvo frente a la puerta del baño.

De pie y observándolo todo, el abuelo pudo oír un crujido que venía del interior.

'¿Ella está aquí?', se preguntó el anciano y no pudo evitar que los ojos le brillaran ante el descubrimiento.

De repente, puso la mano en el pomo de la puerta, pero luego decidió no abrirla y la quitó. Necesitaba esperar a que la chica saliera por sí sola.

Después de lavarse, Christine se paró frente al espejo y miró su reflejo. Puede que el día no haya ido bien, pero afortunadamente todos los chupones estaban cubiertos.

El vestido le quedaba un poco ajustado y revelaba su figura curvilínea, y notó que el rostro estaba sonrojado por el calor.

Al mirarse en el espejo pudo ver una nariz larga y un par de ojos como almendras, que aunque bellos estaban marcados con un rastro de tristeza indecible. Sus delgados labios se abrieron ligeramente y finalmente se convirtieron en una sonrisa burlona. Luego tomó un poco de agua y se la echó en la cara. Llevaba el cabello despeinado, hecho un lío en uno de sus hombros, pero aun así no era difícil ver que era una mujer hermosa.

Cogió una toalla, se secó el agua de la cara y abrió la puerta del baño.

El flash de las cámaras fotográficas la cegaron apenas salió por la puerta y notó un fuerte olor a colonia en la habitación, proveniente de la persona que estaba delante de ella.

"¡Si quieren que los periódicos para los que trabajan dejen de existir, sigan tomando fotos!", dijo una voz de forma tajante.

El hombre, aunque estaba un poco enojado, había dicho eso de manera cortante pero no resultaba desagradable, por el contrario, era un hombre con mucha dignidad.

"Ven aquí, Christine. Date prisa". Al ver a Christine, Karl ya no pudo mantener la seriedad y le sonrió. Fue una sonrisa cálida, inesperada.

La muchacha no se había recuperado del impacto que le habían causado los reporteros todavía.

Al salir del cuarto de baño se tambaleó y casi perdió el equilibrio, pero afortunadamente Wesley la sujetó por la cintura a tiempo y evitó que se cayera.

"Abuelo, sabes que no me casaré con nadie excepto con Jessica", dijo Wesley quien inmediatamente después soltó a la mujer y caminó lentamente hacia Karl.

"Mira, tienes que hacerte cargo de la chica con la que te acostaste. He visto crecer a Jessica y sé que ella no es tan buena como tú crees que es. Es una muchacha muy complicada".

Karl estaba perdiendo el control y golpeó el suelo con el bastón, lo que produjo un ruido fuerte que rompió el silencio en el que se había sumido la habitación.

"Además, si no te casas con esta chica yo mismo me encargaré de que la noticia salga y se haga pública. Quiero ver cómo reacciona Jessica".

En ese momento se podía notar que la atmósfera se estaba volviendo muy tensa.

"Abuelo, no olvides que fui yo quien te dio todos los derechos que tienes ahora, no me obligues a quitártelos".

Wesley era un poco más alto que Karl, y sus expresiones parecían hacer que este último perdiera algo de impulso.

"¡Nieto desagradecido, te mataré a golpes!".

Y dicho esto levantó el bastón en el aire y golpeó a Wesley con fuerza. El hombre al recibir el golpe solo resopló y frunció el ceño ligeramente, aparentemente imperturbable por lo que acababa de pasar.

"Déjame decirte que mientras yo esté en la familia Helian, ¡Jessica no lo estará! ¡Ya puedes ir olvidándote de ella!".

Karl continuó golpeando a Wesley hasta que de repente empezó a toser con mucha fuerza. Peter fue a ayudarlo, y el anciano se sentó muy rígido en la silla.

"Lo que pasó hoy fue un accidente, ya la compensaré por esto. No debes preocuparte por este asunto".

La piel expuesta de los antebrazos de Wesley estaba cubierta de hematomas.

"Si alguien piensa siquiera en compartir lo que ha pasado aquí con el público, ¡está muerto! ¡Dejen las cámaras aquí y lárguense!".

Los fríos ojos de Wesley pasaron por cada uno de los reporteros en la puerta y todos, al instante, arrojaron sus aparatos al suelo y dieron un paso hacia atrás pero no se marcharon.

Los periodistas no sabían qué hacer pues había sido el mismo Karl quien les había dicho que vinieran hasta ese lugar. Temían que, si decidían irse, lo fueran a ofender. ¡Algunos de los más tímidos empezaron incluso a sollozar!

Afuera, todavía lloviznaba y el cielo aún estaba muy nublado.

Frotándose las sienes, Wesley le preguntó a Christine: "¿Son suficientes diez millones?"

"¡Púdrete!".

Sabiendo lo que Wesley quería decir, Christine arrojó la zapatilla que acababa de ponerse directamente hacia el hombre. Tuvo muy buena puntería y le dejó una huella muy nítida en el costoso traje.

'¡Este hombre se cree Dios! ¡Cree que puede hacer con todos lo que le venga en gana! ¡Me gustaría ver qué pasaría si realmente te enojara!'.

Sostenía con fuerza la otra zapatilla en la mano y le respondió: "Te lo he dicho pero aún no me has contestado. ¿Cuál es tu precio?".

Con una mirada asesina, Wesley se quitó la chaqueta y dio un paso adelante lentamente.

"¡Me temo que no puedes pagar mi precio!", respondió enfadado.

Con las manos en los bolsillos, el hombre caminó hacia Christine lentamente.

Otra zapatilla voló, pero él simplemente se inclinó un poco y la esquivó hábilmente.

"Entonces, ¿cuál es tu precio?".

Sabía bien que ni siquiera toda la familia Ji podía pagar a Wesley por una noche, pero ¿qué podía hacer ahora?

Al no tener otra opción, solo podía prepararse para la peor consecuencia.

"¡El precio es tu vida!", Wesley levantó la cabeza y luego se quedó quieto. "Bastardo, si te atreves a lastimarla, ¡te juro por Dios que Jessica es mujer muerta!", Karl no pudo evitar gritar con furia.

"Señor Wesley...", se escuchó decir a alguien.

En ese momento, un hombre entró por la puerta. Llevaba en el rostro una cicatriz que se extendía desde el rabillo del ojo hasta la barbilla, y era aproximadamente de la misma altura que Wesley.

El hombre se detuvo respetuosamente frente al joven y continuó hablando: "Señor Wesley, la señorita Jessica todavía está en la ciudad. La estamos buscando con todas nuestras fuerzas".

"Bear, te doy tres días. Debes encontrar a Jessica".

Los tensos músculos faciales de Wesley finalmente parecieron relajarse un poco, aunque la expresión de sus ojos seguía siendo insondable. "Abuelo, nadie puede detenerme esta vez".

"¿Tres días? Es tiempo suficiente para que te cases con esta chica".

Karl levantó la cabeza y dijo: "Peter, ve y cuéntaselo a la familia Ruo. Jessica todavía está en la ciudad así que vamos a dejar que ellos se hagan cargo".

"Abuelo, ¿quieres obligarme a que me case con una mujer a la que no amo?".

Un aura sombría se acercó a Christine cuando Wesley la agarró de la muñeca con fuerza.

"¿Cuántas veces quieres usar el mismo truco?".

Christine levantó el pie y pateó el vientre de Wesley. El hombre se tambaleó, retrocedió unos pasos y se llevó las manos a la zona por el dolor. Su rostro estaba blanco como el papel y su mirada fría como el hielo.

Capítulo 3 Un Matrimonio arreglado

Nadie en la habitación esperaba que Christine hiciera un movimiento, ni siquiera ella misma, así que la atmósfera se volvió inquietantemente tranquila cuando lo hizo.

"¡Bien hecho, Christine!", la elogió Karl con una mirada de aprobación. Le preocupaba que la mujer se sometiera a Wesley, pero ahora solo tenía que preocuparse de que no se casaran.

Sin embargo, tenía un plan.

"¡Estás coqueteando con la muerte, mujer!". Wesley apretó los dientes, tenía ganas de aplastar a Christine en pequeños pedazos.

Ella tomó la botella de vino tinto de la mesa y la rompió sobre el borde. Christine parecía una bestia. Ahora, la punta afilada de la botella apuntaba hacia él.

"Por cierto, Bear, ve a buscar algunas píldoras anticonceptivas".

Wesley arqueó las cejas de forma casual y miró a la mujer juguetonamente. "Una mujer así de descarada no merece tener un descendiente de la familia Helian".

Parecía que ese monstruo malhumorado la estaba dominando, y escuchar esas palabras pareció afectar a Christine, ya que las yemas de sus dedos temblaban visiblemente. Recordando la vaga experiencia de la noche anterior, dejó caer lentamente la botella, obviamente, ella no quería estar embarazada del bebé de ese fanfarrón.

Fuera de la ventana, el cielo se estaba volviendo más brillante lentamente y la lluvia parecía disiparse, lo más probable era que los paparazzi también corrieran hacia el hotel.

"¡Muy bien! Ya nos divertimos bastante, me voy. ¡Recuerda prestar atención a las noticias de esta mañana!". El objetivo de Karl finalmente se había logrado, y con una hermosa sonrisa en las comisuras de su boca, se levantó para retirarse.

Sin embargo, la mente de Christine se quedó en blanco.

¿Las noticias de esta mañana? ¿Qué se suponía que significa eso?

El anciano pareció sentir su confusión. "La noticia se dará a conocer a las siete en punto, entonces sabrás a qué me refiero".

Y sin decir nada más, simplemente salió de la habitación con su muleta. Los reporteros lo seguían de cerca, pero de vez en cuando miraban a Wesley con el rabillo del ojo.

Dentro de la habitación, los esfuerzos que Christine ya había realizado estaban más allá de sus fuerzas. Entonces cayó al suelo, débil y sin fuerzas.

El ambiente se estaba tornando sofocante en el lugar, Wesley también lo sintió así que se desabotonó el cuello de la camisa, dejando al descubierto su pecho. Tenía varios chupetones marcadamente visibles.

No obstante Christine solamente apartó la mirada, pues era obvio que lo había hecho a propósito.

"Todavía quiero que me digas el precio".

El hombre estaba medio tendido en el sofá, con sus labios moviéndose ligeramente y su tono de voz bajando poco a poco. Miró fríamente a la mujer que yacía en el suelo, con sus ojos profundos y sus pestañas temblando suavemente.

Sus rasgos afilados, piel clara, rostro perfecto, labios rojos y nariz alta lo hacían parecer un rey medieval.

Si no fuera por sus acciones, cualquiera pensaría que era un elegido de Dios, pero era el hijo mayor de la familia Helian y el único heredero. Si golpeara el piso con el pie, toda Ciudad S se estremecería, ciertamente, una persona así tenía el potencial de ser perfecta.

Desafortunadamente, todos en la ciudad sabían que al hombre solo le importaba una mujer, y esa era Jessica.

"Ja, já". Christine resopló, pero sin decir nada.

Los periódicos, la televisión y las revistas estaban llenos de informes sobre Wesley, siempre aparecía muy guapo en todos los medios, pero ella nunca había esperado que fuera ese tipo de persona.

"Sr. Wesley, compré las pastillas". Diciendo esto, Bear dejó una bolsa de medicina sobre la mesa.

'No puedo quedarme embarazada del hijo de este tipo'.

Y antes de que Wesley pudiera decir algo, esta se abalanzó sobre el paquete, lo abrió y se tragó el contenido.

"Eso es suficiente".

Sin decir nada más, Christine salió corriendo descalza de la habitación, ya que tenía miedo de volverse loca si se quedaba allí por más tiempo.

Así que completamente cansada, salió del hotel a toda prisa. Afuera había una brumosa llovizna, pero su estado de ánimo era cien veces peor que el clima y sus pies estaban rojos por el frío.

Al verla, los transeúntes la miraban y susurraban. Cada paso que daba le hacía sentir un dolor agudo en todo su cuerpo, entonces apretó los puños y de corazón maldijo a Wesley tantas veces como pudo.

"¿Esa es Christine?".

"Sí, es ella, mira las fotos. Claramente es ella".

"Oh, Dios mío, si yo fuera ella, sería tan feliz", decían los murmullos, hablando entre ellos con entusiasmo.

Christine se dio la vuelta y miró a las chicas que la rodeaban sosteniendo el periódico de la mañana en sus manos, mirándola a ella en lugar del papel.

"Dame eso". Como un guepardo, Christine se abalanzó rápidamente y les arrebató el periódico. La noticia más importante estaba en primera plana, cubría la mitad de la maldita portada y se trataba de una foto de ella y Wesley.

"¡Wesley, Karl!". Christine no pudo soportarlo más y loca de la ira rompió el papel en pedazos.

Él le había robado su virginidad, y luego incluso llegó a anunciarlo en el periódico de una manera completamente destacada. ¿Acaso quería que ella no pudiera quedarse en Ciudad S?

Al otro lado de la calle, la caravana siguió a Christine y finalmente se detuvo frente a ella. Luego, un abrigo negro envolvió su cuerpo frío y húmedo. Y como si tuvieran miedo de que pudiera escapar, los guardaespaldas la rodearon.

La palabra dorada 'Helian' en el coche era deslumbrante.

"Señorita Christine, el Sr. Karl la ha invitado", le dijo uno de los guardaespaldas. Christine volvió la cabeza, la ventanilla se bajó, y pudo observar al hombre que la estaba mirando desde el interior del coche.

"¿Y qué pasa si no quiero ir?". Ella no se atrevió a actuar precipitadamente, pero tampoco iba a ceder así de fácil.

"Entonces tendremos que hacerla cambiar de opinión". De hecho, parecía que la habían estado esperando, y al escuchar la respuesta de Christine, los guardaespaldas se acercaron, listos para usar la fuerza si era necesario.

"Señorita Christine, el Sr. Karl solo quiere hablar con usted. Además, hemos invitado al Sr. Nathan también". Poco después, Peter salió del coche y la miró.

"Ustedes...", dijo la chica mientras pensaba, 'Esto está yendo demasiado lejos'.

Entonces, Christine enderezó la espalda, reprimiendo toda la profunda molestia que sentía y se dirigió lentamente hacia el grupo de autos.

"Christine, no tengo la intención de hacerte ningún daño, tan solo quiero charlar". el anciano también salió del coche y parecía querer apoyarla, pero la chica apartó los brazos del hombre que tenía de frente y lo miró con enojo. "Sr. Karl, esto no es gran cosa".

"La familia Helian es muy conocida, Christine, tenemos que hacernos responsables de estas cosas. Te daremos una respuesta satisfactoria".

Karl volvió a subir al coche, dejando la puerta abierta para ella.

Ante esto, Christine decidió ser sensata, así que subió al coche y se sentó junto a él.

"Vámonos". Tan pronto como la mujer se abrochó el cinturón de seguridad, Karl dio la orden al chofer. La caravana se puso en marcha rápidamente y avanzó de manera constante por la carretera. Los coches delante de ellos se movieron a cada lado de forma espontánea, abriéndoles paso.

Dentro, Christine se apoyó contra la puerta sin decir una sola palabra, de hecho, una de sus manos estaba en la puerta.

Se sentía tan insignificante como una pequeña hormiga, sin embargo, gracias a ella, la dinámica de toda Ciudad S estaría a punto de cambiar.

Poco después, la caravana se detuvo en la mansión de Helian. Había una ostentosa puerta antes de la reja de entrada. Una fuente musical se ubicaba en el centro del espacioso césped, con una escultura de dos niños en el medio y las flores a lo largo del camino de entrada florecían intensamente. También había una silla colgante en la esquina.

"Dime, ¿por qué me buscaste? ¿Qué hago aquí?". Christine sentía una inexplicable incomodidad en ese lugar, y simplemente no estaba dispuesta a entrar.

Nathan Ji se paró respetuosamente en la puerta, ya algo mojado, pues no llevaba paraguas. Tan pronto vio que la caravana se detenía, inmediatamente se acercó a ellos, y cuando vio a Christine en el auto, instantáneamente comenzó a entrar en pánico.

"Sr. Karl. ¿qué hizo mi hija? ¿Está todo bien?".

La mujer se mordió los labios y trató de explicar con voz ronca, "Papá, yo...".

"Eres una hija de la familia Ji, ¡Qué sinvergüenza eres!". Al ver al padre de Christine, Wesley supo de inmediato su identidad, pero antes de que ella pudiera siquiera comenzar su enunciado, su padre la abofeteó con fuerza.

"Malagradecida, ¿acaso quieres destruirnos? Discúlpate con el Sr. Wesley de inmediato".

Su rostro se ruborizó al instante, pues tenía la mano completa marcada en el rostro. Su cabello rizado caía sobre sus ojos, bloqueándole la visión.

"Yo..., lo siento, Sr. Wesley".

Christine no podía creer lo que acababa de escuchar, pero no le quedó de otra que aguantar el dolor en su corazón y se disculpó en voz baja.

"¡Contéstame!", rugió Nathan Ji con impaciencia.

"Sr. Nathan, Christine no tiene que disculparse con ese mocoso, ella no hizo nada malo". Luego, Karl tomó el periódico. "Pero este periódico...".

Las manos de Nathan Ji temblaron de los nervios, entonces lo tomó y preguntó, "¿Cómo es esto posible?".

Después de unos segundos de silencio, finalmente cayó al suelo. "Sr. Wesley, lo siento mucho, no le enseñé lo suficientemente bien a mi hija. Por favor, no le haga nada a la familia Ji ni a Christine, yo asumo toda la responsabilidad".

En aquella ciudad, quien ofendía a la familia Helian era indudablemente condenado a muerte.

"Puedo dejarte ir, pero quiero que ella se disculpe de rodillas", respondió Wesley con calma.

Al escuchar eso, Christine hizo una pausa por un momento.

¿Acaso no estaba todavía satisfecho después haberla humillado tanto?

Sin embargo, si osaba resistirse, ¿qué pasaría con la familia Ji? ¿Qué le pasaría a Barrett?

Wesley solamente arqueó las cejas. Las expresiones de ira y frustración en el rostro de Christine lo dejaron satisfecho. "¿Y bien? ¿No quieres hacerlo?".

"Si me arrodillo, ¿me prometes que dejarás en paz a la familia Ji?".

En comparación con ese hombre, la familia Ji era demasiado débil, así que no tenían más remedio que comprometerse y obedecerle.

"No te pases de la raya", advirtió Karl, quien ya no pudo soportarlo más. Casi inmediatamente, salió del coche para reprender al hombre y levantar a Nathan Ji. "Te invité aquí porque tengo algo importante que debo hablar contigo".

Aún insatisfecho, Wesley se rio, "Recuerda, nadie puede conmigo", le dijo a Christine. Parecía que el peligro se había disipado por el momento, entonces Christine exhaló un suspiro de alivio.

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