EVANGELINA
La luz de la mañana entraba por la ventana de mi habitación, eso me indicaba que tenía que comenzar un día más de mierda.
Jesús.
Estoy exactamente donde quiero estar. En mi casa evitando a la gente.
¿Por qué tenemos que ir a trabajar?
Tomé una bocanada de aire, y me removí por toda la cama, tenía mucha pereza de levantarme, como todas las mañanas, lleve mis manos a mis pechos y comencé a frotarlos, me encantaba hacer eso. Debo decir que soy una chica la cual ocupa la mayor parte de su tiempo en masturbarse y tener sexo casual, me encanta tocarme hasta llevarme a lo máximo del éxtasis, eso me da demasiado placer, me encanta hacerlo en todos lados, tanto en mi casa, como en el trabajo, nunca tengo suficiente, me gusta pajearme los senos, los cuales ya tengo llenos de moretones porque suelo pellizcármelos, también me encanta pajearme mi centro y mi culo, debo decir que esas son mis favoritas, cuando no logro tener sexo con alguien, me toca recurrir a esos extremos, que para mí son placenteros.
Tengo gustos bastantes peculiares a la hora de follar, y soy adicta a ellos.
Me levanto un poco somnolienta todavía, pero dado que mi padre me echó de la casa, me quitó todas las tarjetas, el auto, y cada lujo que tenía, recurrí a buscar un trabajo, ya terminé mi carrera, así que pensé que podía valerme por mi misma, pero nada fue como pensé, la vida es mucho más dura, así que trabajo 8 horas al día, cinco días a la semana, en una fábrica de enlatados, no puedo decir que me encanta mi trabajo, dado que no es lo que estudié, pero sirve para pagar facturas, para alimentarme y para subsidiar cada uno de mis vicios.
En especial ese ultimo.
Al final de la jornada siempre termino con dolor de espaldas y pies, siempre tengo que soportar un encargado que es como un pulpo y siempre me mete mano disimuladamente, sé que me gusta cogerme todo lo que se mueve, pero también tengo códigos y limites, este no me inspira ni un solo mal pensamientos.
Puedo ser una perra, pero vaya que sé decidir con quien saciarme.
Me dan ganas de mandar al carajo el trabajo e intentar el oficio más viejo del mundo, si lo pensamos bien si es tan viejo y aún sigue dando dinero por algo será. Si la gente me escuchara pensaría que estoy loca, pero no, no lo estoy, acaso una mujer no puede tener fantasías eróticas.
Me levanto de la cama, tomo la toalla y me dirijo al baño, aun en mi cabeza ronda todo tipo de pensamientos. Llego al baño y me miro al espejo, pienso: mi fantasía erótica seria trabajar en un burdel, me gustaría exhibir mi cuerpo, contemplar cómo se les hace agua la boca a los hombres al verme desnuda, estoy segura que más de uno pagaría buen dinero por pasar un rato conmigo, al fin y al cabo, me gusta coger por deporte y con cualquiera, qué más da que ahora cobre ¿No?
Tienes una enfermedad Evangelina.
Siempre es lo que dice mi madre.
Es una puta y una inconsciente, tiene que sentar cabeza, si sigue así no habrá hombre que quiera casarse con ella.
Dice mi padre.
¿Yo?
Digo que todos se vayan a la mierda.
Me gusta como soy, lo que hago y vaya que lo disfruto ¿Por qué los hombres si pueden disfrutar libremente del sexo, explorar y explotar su vida sexual, pero cuando una mujer intenta hacerlo es llamada "puta"?
Muchas de mis compañeras de trabajo dicen que soy muy atractiva, que si no tengo novio es porque no quiero, pero ¿Para que un novio? No me gusta la exclusividad, pienso que en esta vida hay que probar de todo, y que nunca es divertido estar atada a una sola persona, además no creo en el amor, todos los hombres que han intentado algo conmigo, siempre me dejan porque dicen que soy una ninfómana, que estoy enviciada con el sexo y que soy insaciable, que debería ir al psiquiatra.
Ya lo hice, no es como que mi madre y mi padre no me hayan enviado a terapia años atrás.
¿Funcionó?
Claramente no, soy peor que antes.
Me meto en la regadera, dejo que el agua caiga sobre todo mi cuerpo, y recuerdo a una compañera en especial, nunca me quita la mirada de encima, cuando me cambio la ropa en los vestuarios de la empresa o me enjabono en las duchas, no sé si me tiene envidia o se pone caliente cuando me ve.
Comienzo a tocar mi cuerpo, imaginándomela, imagino su mirada, los gesto que hace, y comienzo a darme placer. Pienso que ella es boyera.
¿Cómo sus gestos si un día de estos la acorralo en el baño y pruebo su coño?
¿Le gustará?
Me da curiosidad saber como se escuchará su dulce voz gimiendo mi nombre, mientras yo tengo mi cabeza enterrada entre sus piernas.
Tengo las piernas largas y esbeltas, mi abdomen es totalmente plano, unos pechos medianos, no muy grandes, pero tampoco pequeños, del tamaño justo para poder jugar con ellos, en ocasiones cuando me doy cuenta que estoy sola en las duchas, los enjabono bien y me los acaricio hasta que los pezones se ponen duros, justo como estoy haciendo ahora, me gusta jugar con mis pechos, sobármelos, manoseármelos, también me gusta que los hombres jueguen con ellos, que me los chupen hasta que queden rojos, incluso me gusta darme pequeños pellizcos cuando estoy caliente y también me gusta que me los muerdan, eso me excita, por ese motivo tengo moretones en mi pecho, algunas de mis compañeras creen que es por culpa de algún muchacho que les gusta morderlos, a veces tienen razón, pero ahora ultimo yo les digo la culpa la tiene mi gato que juego con él, desnuda en la cama y que siempre acaba arañándomelos, me gusta mantener un bajo perfil, ya que si demuestro lo que soy, comenzaran a tildarme de loca, como todos los hombres que han querido estar a mi lado.
Después de un rato de estar en la ducha, decidió que es hora de salir, estaba realmente excitada, pero no podía seguir demorándome más, pues se me haría tarde para ir al trabajo.
Salí del baño, llegué a mi habitación, abrí el armario y comencé a pensar que me pondría, me senté en la cama y comencé a tocar mi interior, eso me ayudaría a escoger que ropa debería vestir hoy.
La verdad es que no paro de tocarme, me excita jugar con todo mi cuerpo. Muchas de las chicas se burlan de mi porque en lugar de enjabonarme con gel de baño, lo hago con una pastilla de jabón, me preguntan si lo hago para ahorrar dinero, yo con una sonrisa en mi rostro les contesto ¨Son tontas porque no saben lo que pueden hacer con una pastilla de jabón¨ no saben lo que puede uno divertirse con una pastilla húmeda y resbaladiza, que esté babosa cuando me la paso por todo el cuerpo, froto con ella mis pechos o me la introduzco en la raja, como si fuera un consolador, de solo imaginarlo, me excito.
Como he dicho mis gustos son bastantes peculiares.
Si supieran como me pongo cuando sujeto mi clítoris con mis dedos y lo froto con la puntita de la pastilla, hasta que se pone colorado. Alcanzo un orgasmo tras otro y no paro de gemir. Claro intento ser discreta y me masturbo cuando no hay nadie en los vestuarios, me gustarían que algún día me escucharan jadear, aunque intento contenerme, pero no puedo, un día de esto seguro que me van a descubrir. Una sonrisa se me dibuja en el rostro, sigo allí sentada en mi cama dándome placer, mientras pienso en todas esas cosas, mientras recuerdo todo lo que hago en las duchas y vestidores del trabajo.
Pienso que es mejor que me descubran a ver si me echan de esa asquerosa fabrica de una vez, ya tengo ganas de trabajar de otra cosa, si me cojo al director, puede que me dé una patada en el culo, ojalá no se haga daño en el pie, porque yo tengo un buen culo, macizo, duro y redondo, seguro que se pondría cachondo, se le pondría bien tiesa al golpearme las nalgas con el zapato, a todos los compañeros de la fábrica les excita mi culo y es que el mío causa admiración.
Por su forma y su tamaño no tengo nada que envidiar a una mujer que se la pasa en el gimnasio. Más de uno de los compañeros que están a mi lado, limpiando los peces, me pagarían un buen dinero por colocar su pececillo en mi trasero y perforar mi agüero estrecho y redondo que hay en el medio.
Sé que soy adicta al sexo, pero debo decir que a ninguno de mis compañeros de la fábrica me lo he cogido, tengo por regla cogerme a personas que sé que no pienso volver a ver, ya que, si me cojo a alguien que constantemente puedo ver, se vuelve más difícil y puede que descubran mi secreto.
Tampoco voy a negar que he repetido hombres, y que hay algunos con los que frecuento una buena follada.
Estaba ya tan excitada que saqué de mi gaveta un juguete, uno de esos grandes, y es que me gusta que me den por el culo, me gusta que los hombres me pidan que me coloque en cuatro, con mi ropa interior hasta los tobillos y que ellos se introduzcan en mí.
Esa posición me encanta, puedo sentir centímetro a centímetro la polla.
Saque el más grande que tenía, me puse de rodillas en la cama, completamente desnuda, comencé a juagar con mi tierno juguete, comienzo a morderme los pechos y a pellizcarlo, para ese entonces, ya no me importaba si iba a llegar tarde a la fábrica, primero tenía que bajar esta calentura que tenía, comienzo acariciar nuevamente mi centro por un largo rato, me pongo tan húmeda que logro mojar las sabanas, en ese momento el corazón me late a mil y sé que estoy realmente caliente, me arqueo e intento elevar las pompis hasta el máximo, hasta apoyar una mejilla contra la sabanas, una vez que el trasero apunta al techo, coloco el vibrador en el centro de mi cola y empujo con fuerza y decisión hasta introducírmelo por completo, un gemido sale de mi boca, cuando siento que ya ha entrado por completo lo pongo en marcha, y comienzo a revolcarme por toda la cama con el aparato dentro de mí.
Sé que es un poco arriesgado, que un día se puede quedar dentro de mí y que tendré problemas para extraerlo, pero, de todos modos, el riesgo vale la pena, lo disfruto al máximo.
Me gusta hacerlo yo misma, la mayoría de los hombres no saben hacerlo por ahí, es como si tuvieran una pila dentro de los testículos y lo hacen como si se les fuera acabar la pila, no saben lo rico que es ir con calma. Sentir como se van abriendo paso como un buque rompe hielo, el hueco, es muy cerrado y no le da paso a cualquiera, para convencerlo hay que ser muy educado y cortes, hay que ir enterrándolo milímetro a milímetro para ir abriéndose paso y le dé tiempo de dilatarse. Cuando siento que llego al máximo, me quedó quieta, mis sabanas están todas empapadas de mis fluidos, me levanto con sumo cuidado, me limpio, me pongo lo primero que vi, y salgo a la maldita fabrica, un día de estos, voy a dejar ese maldito trabajo.
Pero por ahora no puedo regresar a la casa de mis padres, siempre siento una extraña sensación cuando estoy cerca de él. Mi madre suele decirme que es el temor que todos le tienen, pero algo dentro de mi, me dice que hay algo mas, algo que mi cabeza se niega fervientemente en recordar.
Cada vez que pienso en ello, el aire comienza a escaparse de mi pulmones, las nauseas invaden mi cuerpo y tengo que esforzarme por no tener arcadas, así que, como siempre hago, tomo todas esas sensaciones y las echo en lo mas profundo de mi ser.
¿Quién soy yo para obligar a mi cabeza a recordar algo que se niega a sacar a la luz?
EVANGELINA
Era un día como todos los otros, me estaba preparando para salir a trabajar, después de aquel día, donde preferí masturbarme antes que llegar temprano al trabajo, al llegar me echaron, al parecer se habían dado cuenta también, que me masturbaba en las duchas y los vestidores de la empresa.
Le doy gracias al cielo de que eso pasó, pues ese trabajo ya me tenía aburrida y si no me echaban hubiera sido yo la que renunciara.
Si mi padre por lo menos me hubiera dejado conservar mis tarjetas, no estuviera pasando por esto.
¿Lo odio?
No.
¿Le temo?
Claramente si.
¿Me gusta fastidiarlo?
Eso también es un rotundo, si.
Duré unas cuantas semanas sin trabajo, me la pasé de bar y bar, tomando trago y cogiendo a todo el que se me pasara por al frente, mi madre siempre dice:
¨El alcohol, el cigarrillo y el sexo te van a terminar matando, pero sobre todo el sexo¨
Recuerdo que una noche un hombre en uno de los bares se me acercó.
-¿A que te dedicas? - Me preguntó
-A follar y a beber - Respondí.
No le mentía, pero lo que el hombre quería saber era en que trabajaba.
El hombre se alejó de mi rápidamente y las palabras de mi madre golpearon en mi pecho como un mazo. Ella sabía todo de mí, por mucho tiempo intentó no aceptar que su hija era una adicta al sexo, hasta intentó ayudarme a esconderlo de mi padre. Pero un día mi padre me encontró en la oficina de su mejor amigo y gran socio, arrodillada ante él, con su miembro mi boca, después de ahí todo se fue a la mierda.
¿Me arrepiento?
No. El hombre estaba como quería, y no pude resistirme.
¿Pueden culparme?
Bueno, no sabría como responder a esa pregunta, supongo que desde pequeña me ha gustado explorar mi sexualidad y comencé a una edad temprana, digamos que fui bastante precoz.
Mi padre se enteró que no solo me había acostado con su mejor amigo, si no con casi toda la empresa, me echó de la casa, me quitó todos los lujos a los que estaba acostumbrada y me dijo que hiciera como si no tuviera padre, aunque eso no fue nada nuevo para mí, él nunca estaba en casa, nunca pasó tiempo conmigo, no estuvo en las fechas que para mí eran especiales, nunca me dijo que me amaba, nunca le importé, así que sería fácil olvidarme de él.
Siempre me pregunté si alguna vez me quiso.
Dejé de hacerme esa pregunta hace muchos años, cuando entendí que solo bastaba con que yo me quisiera para seguir adelante.
Por más que mi madre intentó convencerlo para que no me dejara desamparada, el viejo no quiso dar su brazo a torcer, así que, salí a la vida a valerme por mi misma. Después de que me echaron de la fábrica, unos días después, mi madre vino a visitarme, hablamos de todo un poco y me ayudó a conseguir este nuevo trabajo.
Era en una empresa de un amigo que estudió con ella en la universidad, por fin comencé a desempeñarme en lo que había estudiado, mi madre antes de irse me dijo que procurara mantener mis vicios lejos de mi lugar de trabajo. Pero... creo que eso no fue posible.
¿Cómo le pides a un drogadicto que deje la droga? ¿Entienden que es un adicto? Necesita de su vicio como si fuera el oxigeno para seguir viviendo.
Además, que pienso que llevar una vida estresada, puede significar el fin de la diversión, la compañía de los amigos y lo que es peor del sexo, hay cosas de las que uno puede prescindir en la vida, pero estoy segura de que el sexo no es una de ellas.
Durante meses vivía a mil por horas, hasta que un día, después de que me echaron de aquella maldita fabrica, me percaté de que estaba dejando pasar mis mejores años y puse un freno, así que, me imaginé una manera un tanto peculiar, pero que me resultaría muy efectiva, ya que le prometí a mi madre, que iba a sentar cabeza y que no iba a mezclar mis vicios con el trabajo. Puedo decir que esto lo volví un secreto.
Hoy me levanté a las 6:00 a.m. me preparé el desayuno, un café bien cargado con unas tostadas, me di una larga ducha, me siento mejor comenzando el día por el desayuno. Me enjaboné con gel hidratante, tarde 20 minutos en hacerlo, 15 minutos más en secado y 8 minutos más arreglándome. Salí de casa a las 6:50, en dirección a la cafetería de Mark.
Mark, Saboreo su nombre en mi boca.
Un polvo recurrente.
Mark tiene 9 años más que yo, es una persona amable, cariñosa, es alto, delgado, su cabello es oscuro como la noche, tiene unos ojos grandes de color avellana, un cuerpo bien cuidado, sus labios son delgados, cejas pobladas, largas pestañas, un rostro bastante simétrico y su nariz es pequeña.
El hombre es bastante guapo.
Folla de maravilla.
Y busca lo mismo que yo.
Durante un tiempo me limité a comprarle el café de las mañanas, y apenas saludarlo, pero un buen día coincidí a una hora un tanto menos estresante, hablamos, nos caímos bien y acabamos cogiendo en un hotel cercano, solo sexo, ninguno de los dos queríamos comprometernos.
Cuando llego a la cafetería aún quedan 45 minutos para que Mark abra al público, pero no para mí.
- ¡Hola Mark! - Lo saludo apenas entró al lugar.
Él me mira con deseo, como cada mañana y no voy a negar que eso sube mi ya tan grande ego, saber que te desean, que te miran con hambre, solo hace que mis bragas se mojen y mi ya tan impaciente coño palpite.
- ¡Hola, Evangelina! ¿Cómo has estado? - Su voz varonil, grave y rasposa hace que todo mi cuerpo vibre.
Caminó hacia él. Cuando estoy cerca lo miro fijamente, desde aquí puedo ver el enorme bulto que se le pinta en sus vaqueros.
- Sabes que no preguntamos esas cosas - cierro la puerta tras de mí. El espacio que disponemos es suficiente para lo que queremos.
Le doy una sonrisa, me siento en una silla giratoria y me bajo las bragas, Mark se arrodilla frente a mí, su cabeza viaja hacia mi entre pierna y empieza a chupar mi centro, le encanta abrírmelo con ambas manos, tira de los labios para ambos lados e introduce su lengua en la parte interna de mi intimidad, se nota excitado, mi clítoris responde a su juego y eso lo excita más. Sus fuertes manos agarran mis muslos y lo abren mas para él.
Debo admitir que eso a mí también me excita, los primeros lamidos son tímidos, dando paso a una chupada que abarca toda su boca, me devora por completo mi centro y absorbe si como intentara digerirla, un gemido salé de mi boca, entrelazó mis dedos en su cabello, hago que su chupada sea más profunda, llego a mi limite, y me corro como una loca, siento como un cosquilleo crece en mis piernas, hasta que se extiende al resto de los miembros que componen mi anatomía. No dejo de gemir y gemir.
Siento como todo mi cuerpo se tensa, las piernas se encojen y estallo en un baño de placer infinito. Eso fue rápido, pero no por eso significa que no lo haya disfrutado. Mark sabe como comerme el coño, sabe donde debe chupar y lamer, para llevarme al orgasmo.
Ya son casi las 8:35. Mark me ha dejado los labios de mi centro totalmente mojados, debo admitir que no me molesta, sencillamente me subo las bragas, le doy un beso en la mejilla y me dispongo a irme, siento como me detiene.
- ¿Solo vienes cada mañana desde que te conocí a que te de placer? ¿Crees que soy un juguete sexual? - Yo lo miro confundía, pero con total calma.
¿Qué demonios le pasa? Pensé que todo lo habíamos dejado claro.
Lentamente me suelto de su agarre.
- Pensé que en eso habíamos quedado, solo sería sexo, espero que no te confundas, ambos buscamos lo mismo eso quedó claro desde el principio - Mark se queda allí mirándome, con una reveladora erección en su pantalón. Supongo que irá a masturbarse como un loco, sonrió, no sé si tiene suficiente tiempo, teniendo en cuanta la hora que es, ya casi son las 9 y tiene que ir abrir la cafetería, pero antes tiene que llenar el mostrador con toda la comida.
Me giro sobre mis talones y me dispongo a irme, no tengo tiempo para estos dramas, de hecho es a lo que mas le huyo. A los dramas innecesarios, los problemas, y todo aquello que signifique sobre pensar.
No me importa realmente, yo ya obtuve lo que quería, a las 9:00 a.m. justo a tiempo entro en la oficina, el trabajo queda solo a una parada del metro, entró en mi oficina, dejo mis cosas y comienzo a trabajar, a las 09:30 a.m. comencé a repasar todas las tareas que tenía para el día, reviso mi correo electrónico, antes estaba terminando un informe que él día anterior no pude finalizar.
Siento como mi secretaria entra a mi oficina.
- Buenos días Srta. Li, le recuerdo que a las 10:30 a.m. tiene una reunión con la Srta. Raquel, el sr. Carlos y el joven Richard - Asiento con mi cabeza y le indico que se puede retirar.
Richard es un joven que promete mucho, con apenas 24 años ha escalado unas cuantas posiciones en la empresa, yo creo que puede terminar siendo jefe, dicen que las mujeres somos atraídas por los hombres con poder, no sé si será verdad o únicamente un comentario machista, pero... para que negarlo la arrogancia de Richard es lo que me trae de él.
Es un joven alto, cabello castaño, ojos color verde, blanco como la nieve, tiene una sonrisa tierna, que esconde todo lo demonio que es. Sus pestañas son largas, las cejas pobladas, labios delgados, exquisitos para comérselos, tiene aspecto de niño mimado. Tan joven y tan carbón, tan atractivo por fuera, pero tan horrible por dentro.
A las 10:23 a.m. lo veo entrar a mi oficina a repasar el informe que será presentado en la reunión.
- ¡Hola Eva! - Sabia que odiaba que me dijera así.
Lo miro fijamente.
- ¡Hola Ri! - También sé que odia que le digan así.
Me lanza una sonrisa malvada, sabía que lo había hecho como venganza.
- Vine a repasar el informe de la reunión - Lo miré a los ojos. En realidad, viene a repasarme a mí. Me levanto de la silla, camino hacia él, lo tomo de la mano y lo llevo a un sofá que tenía en un rincón de la oficina.
Nos sentamos y comenzamos el agradable juego del sexo compartido. Comenzamos a besarnos y a acariciarnos nuestras partes para encontrar la reacción adecuada, después de un corto tiempo de empezar, Richard ya tiene su miembro duro y caliente, me arrodillo ante él, le bajo los pantalones y comienzo a repasar su miembro con mi lengua, él me toma del cabello y comienza a empujar mi cabeza para que profundice más.
No me gusta presumir de nada, pero el sexo oral se me da muy bien. La primera vez que lo hice fue a los 13 años, comencé a una edad temprana, cuando lo hice me sorprendió la facilidad y el talento que tenía, eso ocurrió un domingo a las 16:30 horas, lo recuerdo perfectamente, lo hice con el mejor amigo de mi primo, que es como mi hermano, cuando mi primo se enteró lo quiso matar.
¿Volví a ver al chico?
No, desapareció del planeta, como si nunca hubiese existido.
¿Volví a ver a mi primo?
Para eso también hay de respuesta un, no.
Siempre me gusta partir del tronco, partiendo de los huevos, los chupo apasionadamente, jugueteo con el escroto unos minutos, después busco los testículos con la lengua. Me estoy divirtiendo y veo como Richard le encanta lo que estoy haciendo.
- ¡Eres tan perfecta en esto! - Su voz salé ronca, echa su cabeza para atrás, se nota que lo tengo en el límite - Nena, me la chupas tan bien. ¿Te gusta mi polla?
Gimo como respuesta a su pregunta. Mis ojos se encuentran con los suyos, la mirada encapuchada que tiene, el hambre que denota.
Extiendo por el tronco sin separar la lengua de este, un paseo que me pone como una loca, llego al glande, sujeto el miembro con una mano y dejo la otra libre, para así, chuparlo con los labios, darle pequeños besos, luego giro la lengua alrededor del capullo tres veces, y le doy por concluida la faena.
Estoy caliente, Mark me puso los motores en marcha hace unos minutos antes y me muero por ser penetrada. Me quito las bragas, me subo la falda, me subo en el sofá con las piernas separadas, Richard sigue allí mirando todo lo que hacía, le gustaba que tuviera el control de todo,
Richard empuja su palo entre los labios de mi sexo hasta lograr introducirse por completo, cuando la piel de mis genitales roza con la suya siento un escalofrió recorrer mi cuerpo, me arqueo y siento como los pelos se me erizan por completo.
Entre nosotros no hay afecto, solo me gusta cómo hacemos el sexo, puro, duro y mecánico.
Richard pone en marcha sus embestidas, sus pelotas que estaban en mi boca hace unos minutos ahora chocan con mi centro duro y sin cesar, las embestidas van subiendo de velocidad, no me puedo estirar como quisiera, pero ahí vamos, me retuerzo tanto como puedo, Richard, se extiende hacia mí, mientras palpa mis pequeñas, pero bien formadas tetas, le agarro las muñecas y lo dirijo hacia la dirección adecuada, me encanta cuando me pellizcan los pezones. Siento como pequeñas descargas eléctricas inofensivas, pocos hombres pueden hacerlo con ternura, mi sexo está totalmente mojado apunto para el estallido, es castigado brutalmente por el miembro de Richard.
Algo crece en mi interior, el corazón se me acelera, la dulce sensación de quietud al mismo tiempo que la adrenalina se me dispara, jadeo y gimo, suspiro sonoramente, en la búsqueda incesante del orgasmo, cuando llego al máximo me corro sin reprimenda. Siento que esta cogida me deja como nueva y lista para enfrentar el día.
Richard se levanta y me mira.
- Soy como tu juguete sexual - Esa frase ya la había escuchado unas horas antes, simplemente me rio, no sé porque últimamente me dicen eso - ¿No piensas decir nada? Solo me buscas para que te de placer.
¿Qué esperan que les diga? Pensé que ya les había dejado todo claro, no sé por qué cuando eres sincero con las personas, y ellos no cumplen el trato, quieren culparte a ti, cuando claramente tu fuiste sincero desde el principio.
Lo miro con una sonrisa en los labios.
- Eres un juguete muy bueno, que hace fantasear y que sabe bien como cogerme - Él se gira y salé de la oficina, espero que no se esté enamorando, es lo que menos deseo en este momento, el chico sabe coger bien, sería una lástima dejar de hacerlo, porque le puso sentimientos a algo que sabíamos que solo era placer.
EVANGELINA
Me encontraba en mi apartamento, me estaba alistando para salir, como gustaba disfrutar mi vida al máximo y probar cosas nuevas, cosas que me emocionaban y me excitaban, cada noche me conectaba después de llegar del trabajo a internet, me pasaba horas metida en un chat gratuito, conversaba con todo tipo de personas, después de un tiempo decidí ir por lo que me gustaba y realmente necesitaba, después de aquel último encuentro con Mark y con Richard no había vuelto a coger con nadie, los muy imbéciles se enojaron conmigo porque solo los buscaba para tener sexo, la verdad aún sigo confundida, pensé que al igual que yo ellos solo me querían para coger, no sé por qué le terminaron poniendo sentimiento a esto.
Creo que ahora tengo que ser mas clara cuando expongo las condiciones para que se acuesten conmigo.
Es una lástima, me la pasaba muy bien con ellos, ahora solo veo como Richard pasa cada día por mi oficina, pero no me da esas buenas cogidas.
Tenía ganas de echar un buen polvo, de los de verdad, intenso y placentero. Ya no quería chicos, así que me inscribí al canal de maduritas y durante este tiempo fui conociendo hombres mayores, pero francamente me aburrían de sobre manera, hablaban, no sé...
La cosa es que hablar con ellos me resultaba frio y monótono, sus conversaciones estaban huérfanas de frescura y buen humor, ahora entendía porque solo cogía y no hablaba con el amigo de mi padre.
Lastima que mi padre se enteró, realmente me gustaba como aquel hombre me follaba.
Ya me había duchado, me había puesto el vestido más sexy que encontré, me dejé el cabello suelto y me estaba maquillando, si lo pienso bien, pensé que esto había sido una mala idea, cuando quería darme por vencida en ese chat, él envió un mensaje al privado y me saludó. Fue tan efusivo que llamó mi atención y decidí contestarle, durante días me mantuvo en vilo respecto a su edad, su aspecto o su lugar de procedencia, simplemente nos limitábamos a hablar de cosas mundanas, hablamos de todo, películas, libros, de la vida incluso, a veces tocábamos el tema del sexo, pero no hondeamos en el, y aunque había llegado a ese chat en busca de buenas cogidas, realmente debo decir que me gustaba mucho esta persona, me parece sumamente interesante.
Me siento nerviosa, no lo voy a negar, el corazón me late en el pecho como un caballo desbocado y golpea contra mis costillas, las manos me sudan, y la ansiedad me abruma.
Un día le propuse que nos viéramos en persona, tenía ganas de conocerlo, tenía ganas de conocer al tipo que era tan divertido y que me hacia reír como nadie lo había hecho, hace mucho que no tengo una relación así con un hombre, la verdad soy de las que los ve como juguetes sexuales, pero no sé porque este hombre era diferente.
Espero que no me esté equivocando, nunca he tenido un buen juicio cuando se trata de las personas.
Debo admitirlo, tuve que insistir muchas veces, una y otra y otra vez, hasta que por fin accedió, aunque... no de muy buena gana y aquí estamos el día tan esperado llegó. Hoy será el día en que lo conozca, por fin voy a poder saber cómo es, cuántos años tiene, que hace por la vida.
Jesús, espero que le guste lo que ve y sobre todo, que a mi me guste lo que vea.
Terminé de arreglarme, y salí de casa, tomé un taxi y llegué al lugar, creo que fui demasiado puntual, los nervios me están matando, nunca me había sentido así. Cada hombre que se me cruza por delante, levanta mi sospecha.
¿Será este?
Me preguntaba continuamente, algunos incluso me miran y no sé por qué eso me hace sentir insegura
¿Qué te pasa Evangelina? Tú eres así.
Me decía a mí misma, pero no sé por qué pensaba que mi hombre ya me había visto y se había decepcionado, quizás había regresado a su casa sin saludarme.
Soy tan estúpida.
¿Por qué pensé que vendría a conocerme?
Miraba para todos lados, buscaba desesperadamente, pero de pronto algo llamó mi atención, un chico joven, algo desarreglado, me miraba fijamente desde el otro extremo de la calle, de hecho, hacía rato que estaba allí y no me quitaba un ojo de encima.
¿Será él?
Me pregunté, al fin y al cabo, no sabía cuál era su edad, quizás yo me imaginé un hombre de unos 40 años, hecho y derecho, y realmente era un niño, un adolescente, con ganas de jugarme una broma, de ahí precisamente su simpatía y su frescura. El chico, es alto, delgado, pero bien formado, tenía una camisa oscura que debajo expuestos sus brazos, pude notar que tenía uno de ellos totalmente tatuado, cabello oscuro como la noche, blanco como la nieve, aunque estaba algo desarreglado era demasiado guapo.
Me enojé mucho, sentía como mi sangre hervía, me convencí de aquel pequeño monstruo se estaba burlando de mí, así que ni corta, ni perezosa crucé la calle, me dirigí a él y directamente le pregunté.
- ¿Eres tú? – El chico no dijo nada, simplemente se limitó a mirarme a los ojos, para seguidamente bajar la mirada y centrarse en mis pechos, que se dejaban entrever, a través del sugerente escote de mi vestido - ¿Qué miras? – Le dije enoja.
La respiración se me atascó en la garganta, tiene los ojos mas hermosos que nunca antes haya visto, son de un color miel, bastante claros. El chico seguía sin decirme una palabra, ya que no me decía nada volví a preguntarle
- ¿Eres tú? – Esta vez estiró la mano y sin abismo de vergüenza, acarició mi pecho izquierdo, como no me lo esperaba me asusté y me eché dos pasos hacia atrás.
Su voz.
Jesús, esa voz, tan tranquila, pero con un dejo de poder y firmeza, rasposa, varonil, profunda, mis bragas automáticamente se humedecieron, mi coño comenzó a palpitar entre mis piernas, el corazón me galopeaba tan fuerte que podía sentir los latidos en mis oídos.
- ¡Ey! ¿Qué haces? – Estaba confundida, me sentía algo perdida, no sabía qué hacer, tenía a este imbécil aquí, por un lado moría por darle un golpe en ese bello rostro, por otro no dejaba de ser aquel hombre especial de mis interminables noches de chateo, el mismo que me hacia reír, el mismo que me contaba historias desbordantes de inventiva y ternura, ahora que lo pienso quizás por eso no hablamos de sexo porque con la edad que aparentaba el chico, no creo que tenga mucha experiencia o supiera mucho del tema, mas allá de unas cuantas cogidas con la novia de turno y quizás algo más.
¿Qué puedo hacer? No tuve tiempo de pensarlo, el chico me agarró de la mano y me tiró hacia él, pero me mantuve firme en mi sitio, inamovible, siento miedo y no sé cómo reaccionar, él se acercó.
– No tengas miedo, vamos a conseguir aquello que deseamos realmente el uno del otro – Me dijo. Su voz era como un canto de ángeles, si me hubiera hablado por teléfono, me hubiera hecho creer que tenía más de 30.
Decidí seguirle la corriente, siempre tenía la opción de pedir ayuda a gritos, y ya estaba allí ¿Qué podía perder? Si intentaba algo extraño me defendería hasta morir, nos metimos a un callejón y entramos a una siniestra portería, de esas que el yeso de las paredes se ve afectado por la humedad y con apenas una triste bombilla iluminando el espacio.
Toda esta situación era surrealista, y claramente yo no tengo sentido de la autopreservación, porque estoy aquí, en un lugar que parece sacado de una película de terror, con un chico, que ni siquiera sé si es la persona que esperaba.
Eres muy inteligente Evangelina.
El chico se abrió la bragueta y sin medir palabras se sacó su miembro, un pene sin descapullar y de tamaño poco convencional.
Santa mierda.
Esa cosa me va a partir en dos.
Lo meneó gravemente mientras me miraba, se abalanzó sobre uno de mis pechos y lo mordió a través del vestido. Clavó sus dientes alrededor de mi pezón, lo que quizás tuvo que ser un grito al principio se volvió en placentero gemido.
Si, mi madre tiene razón, estoy enferma.
Sentía que todo esto era nuevo para mí, soy alguien que constantemente está cogiendo, se acuesta con cualquier persona, llegar a estar así con alguien era nuevo para mí, la excitación, los nervios, el miedo, se convertían en un coctel brutal, como para ser inmune a él, así que seguí adelante, para que desperdiciar el momento con ese tipo de pensamientos, así que le cogí su miembro y comencé a menearlo por varios segundos, al mismo tiempo él aprovechó para introducir su lengua en mi boca y enroscarla con la mía.
Me arrodillé, y escupí sobre su glande, con la lengua dispersé la saliva por todo su polla y pasé a mamárselo, de la base a la punta.
Tenia un sabor exquisito, almizclado.
Seguí con ese movimiento incesantemente mientras sus manos se aferraban a mi cabeza, el chico debe estar poco acostumbrado a una mamada de ese calibre parecía que iba a perder el conocimiento, cerraba los ojos y aullaba sonoramente, sus piernas temblaban y el esperma de sus testículos bullía salvajemente. Solté su miembro que ya estaba caliente, totalmente erecto, y me puse de pie, con el fin de deshacerme de mis bragas, apenas me las había quitado, el chico se lanzó contra mi centro y clavó sus dedos en la ranura, en busca de un espacio caliente, no me lo esperaba, me sorprendió gratamente, el chico se movía con torpeza, parecía no tener muy claro lo que quería hacer con mi centro, pero era precisamente ese desorden lo que resultaba tan excitante. Ahora un lametón, ahora una caricia con la palma de la mano, ahora mete los dedos, ahora otro lametón, mientras él se rebanaba los sesos concentrado en mi raja, intentando ser un buen amante, yo alucinaba, jamás me habían trabajado mi centro de aquella manera.
El placer invadía cada parte de mi, la adrenalina recorría por mis venas, el cuerpo estaba entrando en ebullición, era una hoguera que estaba apunto de quemarme por completo.
De poco se me ponían los ojos en blanco, con la misma rapidez con la que decidió hurgar dentro de mí con su lengua, pasó a penetrarme con su miembro joven y hambriento, tardó unos segundos en acertar, pero finalmente su polla traspasó el portal y entró, aquello era el primer paso de un dentro fuera que iba a resultar absurdo como apoteósico, una vez más el chico se aferró completamente a uno de mis pezones y chupó, tal como si esperara sacar algo de allí, yo estaba completamente desarmada, perdida, no sabía qué hacer, lo lógico hubiera sido dedicarle una sencilla caricia a aquel alocado chico, pero ni eso, me limité a dejarme coger por su inexperto miembro que entraba y salía de entre mis piernas, a una velocidad que iba de lo más a lo menos, el éxtasis surgió de pronto de la zona genital se extendió imparable, el cosquilleo ascendía a través de mi cuello hacia la coronilla de mi cabeza y tal era su magnitud que por unos momentos, creo estar convencida de que los pelos se me ponen de punta.
A pesar de la poca luz del recinto, disfruto viendo a aquel chico tan hiperactivo, trabajando la cogida con pasión, su mirada estaba clavada en mi centro, cada cuatro sacudidas, sacaba su miembro, me golpeaba en la pierna con su glande humedecido y volvía a introducirlo sin miramientos, la concentración era total.
Me dedicaba lametazos en mis pechos, mordía con fuerza que me hacia gritar, de dolor y de placer, era una combinación que estaban por enloquecerme, me gusta el sexo rudo, es mi favorito, me gusta mezclar en dolor con el placer. Pero, para él lo que le robaba su atención era cogerme, pero bien cogida, de pronto vi que su expresión cambió, se detuvo casi en seco, cerró los ojos y una extraña mueca se le dibujó en el rostro, aquel alocado chico iba correrse, rápidamente lo empujé hacia atrás, fue poco, pero logré que eyaculara en mi estómago, no era mucha esperma, pero su aparición fue espectacular, dando un salto así en el aire una altura considerable y dispersándose al estrellarse contra mí.
El chico se desplomó sobre mi pesadamente, sudoroso, jadeante, borracho de tanto placer y de no habérselo impedido, incluso se hubiera dormido en mi regazo. Lo sujeté por el cuello de la camisa y lo puse en pie.
- ¡Ey! – Le dije – Estoy segura que la has pasado muy bien, pero yo también tengo derecho a correrme ¿No crees? ¡Vamos! No seas tan mal educado y vuelve a jugar con mi centro – No sé de dónde sacó las fuerzas para cumplir mis deseos, reanudó la comida desprendiendo exactamente la misma cantidad de energía de hacía unos minutos.
Disfruté tanto con su alocada manera de masturbarme que quiero repetirlo, pero esta vez hasta el final, de nuevo una amalgama de torpes caricias y lametazos desorientados encima de sexo que condujeron a un placer absoluto, con sus manos fregaba mi raja por la zona exterior como quien pone crema en la espalda de su pareja, tal era su entrega al asunto, que con una brutal descarga eléctrica recorrió mi columna entera, se deslizó por mis extremidades y creo un núcleo justamente entre mis piernas, que estalló en un orgasmo.
El chico no tuvo compasión de mí, me corrí gritando y jadeando, apenas podía respirar tras semejante hecatombe. De nuevo vestidos y ya en la calle, aquel extraño chico siguió guardando silencio me dio un corto beso en los labios, y desapareció entre la gente, mientras veía como se alejaba le grité.
- ¡Escríbeme! – Quería saber más cosas de él, su nombre, su edad, de dónde saca tanta energía, si le había gustado lo que habíamos hecho, si le parecía atractiva, no sé por qué quería saber todas esas cosas, si cuando salí de casa sabía que solo sería sexo como con todos los demás.
Llegué a casa, me di una larga ducha, comí algo y cuando se hicieron las 10:00 p.m. me conecté impaciente en busca de un mensaje explicativo... efectivamente tenía un mensaje de él, mi corazón se aceleró, mis manos comenzaron a sudar, lo abrí, contenta y nerviosa a la vez:
MENSAJE
Hola cariño, espero que no estés enfadada conmigo por haberte dejado plantada, me surgió un imprevisto y me impidió ir, pero podemos volver a intentarlo cuando quieras, di día y hora, que allí estaré.
Besos.
Que fría y de una pieza si él no había ido entonces ¿Con quién demonios me acosté?