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Distintos destinos.

Distintos destinos.

Autor: : lopez patricia
Género: Adulto Joven
Distintos destinos. Sinopsis. Patricia López. Cuando menos lo esperamos la vida nos pone un desafío para probar nuestro coraje y valentía. El tiempo no mira atrás, dicen que el destino de cada persona ya está escrito y el mío al parecer tenía muchas fallas así que dependía de mí seguir escribiéndolo y tal vez encontrar a alguien que me ayudara a terminarlo. La vida al parecer estaba empeñada en ponerme muchos desafíos, uno cada vez más difícil que el otro, ¿se estaba pasando un poco? Mi vida quedó marcada por ese primer amor, ese bonito que nunca se olvida, el que desaparece, pero nunca se va. Una vez más comprobé que el destino, la vida o no tengo idea de que era cruel conmigo. Estaba en el momento más feliz y de la nada todo se esfumó y no solo fue una vez, fueron varias. Conocí la tristeza y las tinieblas, pero gracias a eso también conocí los mágicos colores y lo lindo que era ver una sonrisa a través de unos hermosos ojos. Pero, siempre había un, pero. Todo fue demasiado efímero y volvió a desaparecer. Cuando yo estaba segura de tener todo bajo control apareció el destino y me puso de cabeza en una lucha interna entre el corazón y la razón, ¿a quién se supone que debía obedecer? ¿Qué pesa más la razón o el corazón? Eso era lo que yo tenía que descubrir.

Capítulo 1 Prólogo

Distintos destinos.

Prólogo.

Patricia López.

En la vida de una mujer siempre existirán tres amores. Puedo decir que tuve la dicha de conocer las diferentes perspectivas del amor, aunque pensándolo bien no sé si fue suerte o todo lo contrario. Existe su primer amor, el amor de su vida y su alma gemela. El primer amor que conoce una niña es su papá, un referente de amor incondicional al que vas a querer aspirar cuando crezcas.

El primer hombre que amé con el alma fue a mi héroe; mi papá, ese amor incondicional que te hace feliz y se supone que no te puede lastimar. Cuando era niña era inmensamente feliz, amaba a mi papá y él lo era todo. Para mí, mi papá estaba en la cima de todo aquello que era bueno. El amor que él nos tenía, la manera en que me cuidaba a mí y a mis hermanos me hacía añorar que al crecer pudiera encontrar un amor como el suyo, un hombre que me amara de la manera en la que él amaba a mamá.

Pero... Entonces crecí y me di cuenta que la vida no era como yo la imaginaba, todo era una fantasía que sólo existía en el corazón de una niña. Y así fue como el primer amor me falló, el que yo pensé que jamás me faltaría me decepcionó, me dolió en el alma, pero eso me ayudó a querer ser independiente, quería llegar lejos y para eso tenía que esforzarme. Ahora mi manera de pensar había cambiado, no quería repetir la misma historia de mi madre.

También conocí al amor de mi vida, la primera ilusión, la primera sensación de mil mariposas en el estómago, el primer escalofrío, la primera vez que el corazón se aceleró, las primeras ilusiones y fantasías. Esa persona que sin esperarlo se convierte en el centro de tu vida, la primera experiencia que tendrás; amor, alegría, llanto, tristeza, deseo, pasión. Todas esas emociones que nunca habías sentido antes las descubrirás con el amor de tu vida, es tan fuerte el sentimiento que aunque sabes que es el primero y no tienes experiencia en los temas del amor, te queda claro que nunca nadie ocupará su lugar jamás.

Recuerdo el día que conocí al amor de mi vida. Yo estaba en el jardín de niños jugando en la arenera, estaba llorando porque mi balde estaba roto entonces vi un balde color azul frente a mí, unas pequeñas manos lo sujetaban en mi dirección.

-No choles... -susurró el pequeño niño de ojos grandes y negros como la noche.

Se me acercó y con su pequeña manito limpió un par de lágrimas que estaban en mi mejilla, con esa voz tan dulce volvió a repetir.

»No choles más, no. Yo te pesto el mío...

Sonreí y tomé su balde, empecé a llenarlo de arena y le dije que jugáramos juntos. Yo tenía cuatro años y él tenía cinco, así empezó nuestra amistad. Fuimos creciendo juntos y con nosotros sensaciones que eran desconocidas, sólo sabía que cuando estábamos cerca no podíamos dejar de sonreír. Al crecer las sensaciones se convirtieron en sentimientos que nos causaban curiosidad de descubrir juntos lo que para nosotros era desconocido y lo hicimos. Nuestro primer beso, la primera caricia y los primeros deseos, ¿era amor?

Aunque nuestros padres decían que solo era cosa de niños, pero con el paso de los años las sensaciones eran más intensas, así que empezamos a planear un mundo, un futuro, un destino en el que ambos íbamos a existir, un destino que pensábamos escribir juntos. Juramos amor eterno. Algo cursi, sí, pero lo que nosotros sentíamos era tan grande que estábamos seguros que podría con todo. Juntos los dos tuvimos las primeras experiencias en todo y fue hermoso.

Pero como una cosa es lo que planeas y otra muy diferente lo que el destino tiene preparado para ti, también por primera vez conocí el dolor, la tristeza, la desesperación. Por cosas del destino tuvimos que separarnos.

-Te juro que voy a volver, espérame.

Tenía muy presentes esas palabras y promesas que alimenté durante un tiempo hasta que se esfumaron. Empecé a perder la esperanza de volverlo a ver, no entendía qué había pasado, y en qué momento todo había cambiado. Así que olvidé sonreír y conocí la amargura, con todo eso la incapacidad de volver a abrir mi corazón porque él me había dejado marcada, en mi corazón no cabía la posibilidad de otro hombre, de otro amor, yo solo lo quería a él. Tal vez en el fondo guardé la tonta esperanza de volver a verlo.

Pero luego conocí a mi alma gemela. Se suponía que yo llegué a su vida para darle luz y salvarlo, pero no, él fue quien me salvó e iluminó mi vida llenando mi mundo de unos colores hermosos que ni siquiera sabía que existían. Sus ojos azules eran mi color favorito, tan profundos como un estanque de agua cristalina.

Me negué a aceptarlo muchas veces, pero él nunca dejó de insistir, yo lo trataba como chancla y él me trataba como princesa. Así que decidí intentarlo, pero sabía que no podría amarlo como lo amé a él, ese siempre fue mi pensamiento. Pero fue mi alma gemela la que le puso curitas de amor a mi corazón, empezó a sanar las heridas que tenía a causa de mi primer amor y del amor de mi vida. Su mundo estaba destrozado y a pesar de eso nunca dejó de sonreír, nunca se rindió conmigo y siempre estaba ahí tomando mi mano, sujetándola con fuerza para no dejarme rendir.

Empecé a sentir que ese amor era tan grande, que era suficiente para los dos, aunque yo no podía amarlo con esa intensidad su amor bastaba para ser felices. Así que decidí darme una oportunidad con él y fue la mejor decisión que pude tomar en mi vida. El amor de mi vida me enseñó a amar de una manera diferente, me enseñó a sonreír y a valorar los pequeños detalles de la vida, a vivir cada día como si fuera el último. Lo amé tanto, que al pasar los días tenía miedo que fueran los últimos. Su amor me salvó y me hizo muy feliz el tiempo que duró.

Porque de nuevo el destino movió sus hilos para recordarme que no era lo que yo eligiera sino que él hacía conmigo lo que quería. Entonces cuando perdí a mi alma gemela volví a tocar el infierno.

Así que tal vez yo no había nacido para amar, empecé a enfocarme en mi trabajo ya que con eso si tenía suerte. Según yo ya había superado los traumas del pasado, ahora solo quedaba mirar hacia el futuro, pero entonces justo cuando creí que tenía la vida resuelta apareció algo que me puso de cabeza y me hizo preguntarme, ¿de verdad ya lo superé? En el fondo yo tenía la respuesta, solo que no quería aceptarla.

Todo lo que había construido se fue al carajo, hasta el punto de afectar mis principios esos que tanto defendía y todo por un simple.

-¿Eres tú?

Empezó una disputa sin tregua entre la razón y el corazón. Entre lo correcto y lo que te haría feliz. Entonces estaba en un gran dilema, pensar en mí siendo egoísta o pensar en los que saldrían lastimados con esa decisión. Es que el destino siempre era así, le gustó jugar conmigo. A veces nos pone en encrucijadas y circunstancias que parecen imposibles de resolver.

Toda mi vida fue así, lo tuve todo y luego lo perdí, fui feliz y también muy infeliz, me costó mucho recuperarme, pero lo hice. Me negué a la felicidad y sin buscarla llegó a mi puerta mostrándome un mundo diferente donde fui demasiado feliz.

Pero lastimosamente no somos dueños del tiempo y este a veces es demasiado cruel, el destino me permitió recorrer un camino diferente, pero al final volví a llegar al punto inicial, la felicidad que había alcanzado solo fue prestada, así que regresó al mismo punto, y ese alguien del pasado regresó a ayudarme a escribir o finalizar mi destino como antes lo había planeado. Porque cuando crees que todo está superado el destino te grita; sorpresa.

Capítulo 2 Mi niñez

DISTINTOS DESTINOS

Capítulo 1

Patricia López.

Actualmente

Mi nombre es Karen Maldonado Smith, pero me dicen Kat. Vivo en Nueva Jersey, soy del Condado de Warren. Tengo 30 años y tengo mi propia empresa. Estudié marketing, protocolo y organización de eventos. Soy alta, ojos negros, cabello ondulado del mismo color, tengo buenas medidas no me puedo quejar. Soy la mediana de dos hermanos, Nina y Rafael. Mi padre Alberto y mi madre Noemí. Mi padre tenía su propia empresa, una inmobiliaria, su sueño era que nosotros siguieramos su legado, pero yo me abrí camino en otras áreas. Mi hermano se hizo cargo del legado familiar. Siempre tuve suerte en los negocios porque en el amor era un fracaso total.

No fue fácil llegar a donde estoy ahora, pero pude lograrlo. Solo podía realizarme profesionalmente porque en el amor era un fracaso. Como dicen por ahí, de malas en el amor, de buenas en los negocios, empecé a creer que era verdad. El amor al parecer no era para mí. Pero volvamos años atrás.

•❅──────✧✦✧──────❅•

Yo vivía en el condado de Warren. Nuestra casa era elegante y hermosa, cada uno tenía su propia habitación, la cocina y una sala enorme donde compartíamos tiempo de calidad.

Tenía un porche delantero cerrado y un porche trasero cubierto abierto. Contaba con patio, cobertizo, garaje y hermosos jardines con muchas plantas perennes. Ese era mi lugar favorito; el jardín, ahí pasé mis mejores momentos.

El amor de mi vida se llamaba Samuel Cooper Bertram, pero le decíamos Sam. Nos conocimos en el jardín de niños, yo tenía cuatro años y él cinco. Todo empezó por un pequeño balde roto, él se acercó con una sonrisa ofreciéndome el suyo. Sus ojos negros y profundos se quedaron prendados en mi corazón. Empezamos a reunirnos todos los días, empezó a crecer un cariño especial de niños, algo insignificante para los ojos del mundo.

Luego pasamos a la escuela, yo cumplí seis y el siete. Siempre estábamos juntos en todo; en los juegos, la hora de la comida, las tareas, las salidas, él siempre cuidó de mí y yo era la niña más feliz del mundo por su compañía. Él para mí era el niño más lindo, el más cariñoso, el más especial. Así que se nos ocurrió ser novios, era algo tonto para nuestra edad, era gracioso, siempre andábamos tomados de la mano. La casa de Samuel estaba a tres casas de la mía.

Empezamos a soñar juntos cosas como; terminar los estudios, elegir una carrera para convertirnos en profesionales y por último casarnos. En medio de la inocencia planeabamos demasiadas cosas, que lindo era soñar.

Nuestros padres tenían muy buena relación, les parecía tierno cuando Samuel decía que éramos novios. Ellos soltaban una carcajada y decían; son cosas de niños, al crecer cada uno tomará su camino. Nosotros nos cruzábamos de manos y hacíamos una pataleta porque nos queríamos mucho.

...

Aún recuerdo nuestro primer beso, yo tenía ocho años y él nueve. Fue en el jardín de mi casa, estábamos mirando unas mariposas posarse sobre unas flores, dos de ellas se juntaron como si se besaran. Sonreímos, nos miramos ambos con las mejillas rojas y entonces él dio el primer paso, puso sus labios sobre los míos, un pequeño roce que para nosotros fue hermoso; el primer beso. Cada uno de los logros que obtuvimos lo hicimos juntos.

...

Ingresamos juntos al colegio, aún seguíamos siendo novios, el sentimiento se hacía más fuerte. Samuel era demasiado atento, siempre me protegía de aquellos que me querían lastimar.

Cuando cumplí mis quince años mis padres hicieron una gran fiesta, Samuel era uno de mis chambelanes. Mi vestido era oro rosado con un escote de corazón, hombros al descubierto, largo estilo princesa. Ya mi cuerpo se había formado, caderas grandes y pechos pequeños. Ese día fue inolvidable.

Samuel habló con mis padres para hacer nuestro noviazgo más oficial, ellos estuvieron de acuerdo aunque decían que lo nuestro solo era un capricho de adolescencia. Decían que teníamos una vida por delante y nosotros ya habíamos planeado un futuro juntos.

Recuerdo la primera vez que estuvimos juntos, fue mágico, ambos inexpertos. Yo tenía 16 y él 17. Ese día nos dejaron ir de campamento con unos amigos del colegio. Ambos estábamos muy nerviosos, lo recuerdo perfectamente.

La cara me ardía como tomate maduro, Samuel se inclinó hacia mí rodeando mi cintura con su brazo girándome hacia él suavemente. Las miradas que intercambiábamos sustituyeron las miles de palabras que no eran necesarias. Nuestros labios se encontraron en un beso apasionado e insistente. Llevé mis manos a su camisa, solo desabroché uno de los botones antes que él cubriera mis manos temblorosas con las suyas.

-¿Estás segura de esto? -inquirió en un susurro.

-Sí.

Continué desabrochando botón a botón mientras el corazón me latía como loco. Las miradas se convirtieron en besos y pequeñas caricias llenas de vergüenza. Sus labios empezaron a abrirse camino por mi vestido mientras dejaban mi piel expuesta. Caricias torpes de ambos cubrieron nuestros cuerpos, besos tímidos, nuestra inexperiencia nos hacía un poco torpes. Metí la mano entre sus piernas, incluso a través de la tela sentí su dureza y calor. Evitábamos las miradas cubiertos de timidez. No aparté la mirada de mi mano mientras tiré de la tela hacia abajo. Abrí los labios cuando vi lo que había liberado.

-¿Se supone que eso cabe dentro de mí? -pregunté asustada.

Por supuesto él lo notó.

-Kat, si no quieres...

Sellé sus labios con un beso interrumpiendo lo que iba a decir.

-Quiero...

Me tumbé sobre la suave manta ofreciéndome a él. Se puso sobre mí, dejó pequeños besos, me estremecí cuando me penetró, el insoportable dolor me robó la efímera alegría, él se detuvo inmediatamente. Vi en sus ojos miedo, me dolía, pero al ver su preocupación, me relajé. Me penetró de un solo empujón largo y duro, chillé, él exhaló con fuerza, no podía ignorar el pequeño dolor que sentía, pero me encantaba la intimidad del momento.

Una estocada, luego otra cada una lo hacía arrugarse de dolor, pero era satisfactorio, poco a poco todo fue cambiando, el dolor pasó a un segundo plano, cada centímetro de mi cuerpo le pertenecía, era suya, era mío. Cada beso y caricia quedaron marcados en mi piel.

Todos los momentos compartidos con él eran únicos, él era un chico guapísimo, piel blanca, cabello y ojos negros, alto, facciones muy varolines, brazos grandes y fuertes. Cejas con espesor medio, labios carnosos, nariz delgada de longitud media, era demasiado guapo.

...

Nos faltaba un año para graduarnos del colegio, ya habíamos empezado a buscar universidades para entrar juntos, pero justo ahí el destino empezó a mover sus hilos. Recuerdo esa tarde perfectamente. Ese día Sam no me recogió como solía hacerlo para irnos juntos a clases, me pareció extraño porque había faltado. En la tarde llegó a casa con sus padres, las expresiones de sus rostros eran las mismas, una tristeza que se les salía por los poros. Nosotros salimos al jardín.

Lo tomé de las manos.

-Sam, ¿pasa algo?

Una lágrima rodó por su mejilla, empecé a preocuparme.

»¿Qué pasó? -volví a preguntar.

-A mi mamá le detectaron cáncer.

Lo abracé, él tardó unos segundos en corresponder. Se alejó y me miró con sus ojos más oscuros de lo normal. Pasó saliva.

»Papá decidió que lo mejor era irnos a California para empezar un tratamiento.

La piel se me enchinó, yo sabía perfectamente lo que eso significaba. Lo volví a abrazar, un par de lágrimas se me escaparon, fue inevitable.

-Lamento lo que está pasando con tu mamá, todo saldrá bien.

Me abrazó con fuerza. Luego de unos minutos me atreví a preguntar con un nudo en la garganta.

-¿Tú y yo no volveremos a vernos?

-Papá dice que es solo por un tiempo, no quisiera irme, pero trataremos de comunicarnos de algún modo.

En ese momento no había redes sociales y nada de esas cosas.

»Pase lo que pase yo te voy a amar siempre, volveré por ti y cumpliremos nuestros sueños.

En ese momento ninguno fue capaz de contener las lágrimas, empezaron a salir como cascadas. Pegó su frente a la mía y con la voz entrecortada soltó.

-Te juro que voy a volver, espérame.

Mi cuerpo se estremeció en un pequeño escalofrío desde los talones hasta la parte superior de la cabeza. Nos esforzamos por contener las lágrimas, pero ellas rodaban obstinadamente por nuestras mejillas. Fue un momento demasiado difícil, todos los planes que teníamos se estaban esfumando.

-Me olvidarás, lo sé -susurré en un pequeño hilo de voz.

-No, no -tomó mis manos-, eso jamás, eres el amor de mi vida no lo olvides nunca.

-Eso lo dices ahora, pero cuando pase el tiempo me vas a olvidar, son muchos kilómetros los que van a separarnos.

No podía evitarlo, otra vez empecé a llorar, me dolía el alma al saber que nos teníamos que separar, en ese momento el futuro era incierto. Sam me abrazó con fuerza tratando de consolarme, pero su dolor era igual al mío, terminamos llorando juntos. En medio de las lágrimas me prometió volver por mí, prometimos esperar el tiempo que fuera necesario.

-¿Cuándo te vas? -fui la primera en romper el silencio.

-En dos días, el sábado -susurró.

-Demasiado pronto. No puede ser -me cubrí el rostro con las manos-. Te amo, te amaré siempre y te juro que te esperaré y en un futuro poder estar juntos para siempre.

-Te amaré el resto de mi vida, juro que volveré a buscarte, te amo mi Kat. Espérame porque voy a volver por ti para estar juntos el resto de nuestras vidas.

Ese día fue tan triste, sentí como se partió mi corazón, ambos estábamos destrozados. Planeamos la manera de estar juntos otra vez como una despedida, hicimos el amor con tanto sentimiento, con todo el amor que había en nuestros corazones, como si fuese la última vez. Queríamos quedar marcados en la piel y el alma del otro hasta que pudiéramos estar juntos. Ese día Sam me regaló un dije de corazón y llave. La llave abría el corazón, yo me quedé con la llave y él con el corazón.

...

Llegó el día al que tanto temíamos, las despedidas no eran bonitas, menos cuando se trata de la persona que amas. Les ayudamos a empacar, el ambiente estaba tan cargado de silencio, tristeza y dolor. Fue demasiado difícil el último abrazo, el último beso, las últimas promesas de amor. Ver como una parte de ti se va con alguien, sentir un hueco enorme ahí en ese lugar donde debería haber un corazón.

El último recuerdo que me quedó de él fue unos ojos negros llenos de lágrimas y una expresión de tristeza tan grande capaz de opacar el sol más radiante. Con él se fue una parte de mí. Lloré todo el trayecto de regreso a casa, mis padres me decían; Kat ya se te va a pasar, luego llegarán otros chicos, o cuando menos lo esperes él volverá. Lo que el destino tiene predestinado para uno así será.

Sam prometió comunicarse conmigo apenas estuvieran instalados. Lloré toda la noche, todos los días, era demasiado difícil acostumbrarse a su ausencia, todos los recuerdos que tenía eran con él, era la primera vez que nos teníamos que separar, así que yo sentía que hasta respirar era difícil. Después de quince días de agonía recibí la primera llamada de él. Ese día el corazón me recorrió todas las partes del cuerpo.

-Kat, es maravilloso poder escucharte -escuché a través de la línea.

-Te he echado tanto de menos, la vida sin ti no tiene sentido -susurré con un nudo en la garganta.

-También te extraño. Estos días han sido una eternidad.

-¿Cómo va todo?

Me contó que no se había podido comunicar porque no habían encontrado un lugar fijo, estaban en lugares de paso, por esa razón no podía darme una dirección o un número para contactarlo, pero prometió buscar una manera de comunicarse conmigo.

-Hasta pronto mi luna -se despidió con un nudo en la garganta -, te amo y te tengo presente cada segundo de mi vida.

-Te amo mi sol -hice una pausa para no llorar-, te esperaré el tiempo que sea.

Éramos como el Sol y la Luna; eran dos enamorados, su amor no tenía límites pues era en esencia puro. Aunque no podían verse ni estar juntos su amor prevaleció para siempre. Al escuchar su voz fue como un pequeño oasis en medio del desierto.

6 meses después...

Como lo había prometido cada que podía me llamaba o me enviaba cartas, las cosas para ellos estaban difíciles por el tratamiento de su mamá.

Un día todo cambió, el destino tenía otra sorpresa preparada. Ese día papá reunió a toda la familia en la mesa, nos informó que nos íbamos a mudar a Nueva Jersey por motivos de trabajo. Nos íbamos el fin de semana, para mí fue un golpe durísimo, no tenía forma de comunicarme con Sam para contarle que me iba a mudar, no tenía manera de decirle que esa ya no sería mi casa, ni mi número de teléfono. Me enojé, lloré, grité, hice tremendo drama, me negaba a esa posibilidad. Pero a la larga yo no podía hacer absolutamente nada, solo pedirle a Dios que él se comunicara antes del fin de semana.

Esperé, pero no pasó. Nos mudamos y no pude avisarle nada, lo iba a perder para siempre, fueron unos cambios muy drásticos para mi vida. Graduarme sola, cambiarme de ciudad, todo quedó atrás incluyendo al amor de mi vida. Si él me enviaba cartas nunca llegarían a mí.

Me enfadé con mis padres, entré en una depresión terrible, dejé de comer, no quería salir, lo único que hacía era llorar, hasta que todo eso me pasó factura y terminé en el hospital un mes entero. Mis padres empezaron a preocuparse, ellos pensaban que lo que yo sentía por él era solo capricho, pero se dieron cuenta que era real, así que tomaron la decisión de buscar ayuda psicológica.

6 meses después.

Ya se había cumplido un año sin saber nada de él, en ese año me aislé de todo, no socializaba con nadie, no quería salir, no busqué una universidad, solo me la pasaba encerrada en casa y en las benditas charlas con el psicólogo. Mi amor por él seguía intacto, me negaba a soltarlo.

Continuará...

Capítulo 3 Iniciar no es fácil

Distintos destinos.

Capítulo 2

Patricia López.

Un año después.

El tiempo era despiadado y cruel, ya habían pasado dos años sin saber nada de él, pero el amor que le tenía seguía intacto. Me sobraban pretendientes, pero siempre me negué a la posibilidad de darle entrada al amor. Después de tanto pensarlo decidí inscribirme en la universidad; elegí la carrera de organización de eventos, quería dedicarme de lleno a estudiar, no socializaba con nadie. Mis padres invitaban chicos a la casa, pero siempre los ignoraba.

Estábamos en el comedor.

-Karen -Habló mamá captando mi atención-, no te niegues a la posibilidad de abrir tu corazón a un nuevo amor.

Mamá aspiró con tristeza.

»Por muy difícil que sea debes entender

que Samuel no regresará, hace dos años que perdimos todo tipo de contacto con su familia.

-¡No puedo olvidarlo, yo lo sigo amando! -exclamé.

-Eso lo dices porque no has tenido otros novios. Tienes que dejar el pasado atrás, simplemente Samuel y tú tenían distintos destinos. Hija, sé que suena cruel, pero es la verdad.

Se pellizcó el puente de la nariz con frustración.

»Tú sigues llorando por él y él tal vez ya rehizo su vida. Piénsalo, ¿crees que él siga fiel a tu recuerdo después de dos años?

Se formó un silencio incómodo alrededor. Y sí, tal vez mi madre tenía razón.

...

Estaba en la cafetería de la universidad como solía hacerlo siempre; sola. Pero ese día escuché tras de mí.

-¿Está ocupado?

Ni siquiera levanté la mirada, me limité a responder.

-No.

Seguí tomando mi jugo, cuando alguien se sentó frente a mí, tendió su mano.

-Mucho gusto, Fernando Miller García, pero todos mis amigos me dicen Fer.

Pensé en dejarlo con la mano tendida, aunque sería demasiado grosero de mi parte, así que decidí tender mi mano y estrechar la suya.

-Karen Maldonado.

Justo en ese momento levanté la mirada y vi lo atractivo que era. Era alto, delgado, piel clara, cabello rubio estilo desordenado que le daba un toque perfecto, ojos azules claros con forma ovalada. Sus ojos eran tan hermosos, tan claros, se parecían a la playa de Whitehaven, una de las más hermosas del mundo. Su nariz estilizada y pequeña, barbilla pronunciada, unos hoyuelos perfectos que se formaban con su hermosa sonrisa. Era demasiado guapo, parecía un ángel.

Empezó a platicarme, me dijo que llevaba días observándome desde lejos, ya que yo siempre me aislaba de todos. Me contó que tenía 21 años, estaba estudiando hotelería y turismo, que llevaba dos años en la universidad y le faltaban tres para terminar, justo eso duraba mi carrera. Me preguntó qué estudiaba, traté de responder solo lo necesario y como siempre terminé poniendo una gran barrera. Me levanté con cualquier disculpa y me alejé.

Después de ese día siempre me esperaba en la puerta de la universidad para entrar juntos, yo solo asentía a su saludo y seguía mi camino. En las horas de receso siempre me buscaba, yo lo evitaba, en la cafetería siempre me llevaba un jugo, o fruta, siempre lo rechazaba. Le daba la espalda y él a pesar de eso, se quedaba comiendo a mi lado en silencio. Algunas compañeras me decían que era obvio que él estaba interesado en mí, pero yo no quería nada con él, a pesar de ser un chico tan guapo e interesante. Todas se quejaban, porque ellas querían una pequeña oportunidad con el chico más guapo de la universidad y yo que la tenía me negaba.

Así era todos los días, tan atento conmigo aún cuando yo era tan grosera con él; lo dejaba con la mano tendida, con la palabra en la boca. Hasta que un día decidí recibirle lo que me llevó a la cafetería, una pequeña caja de arándanos. Sonrió y por un momento me perdí en esa sonrisa, era tan hermosa que podía iluminar los lugares más oscuros, incluido mi corazón.

Por un momento me sentí mal, ¿cómo podía ser tan especial conmigo aún cuando yo lo trataba con tanta indiferencia? Así que le pregunté.

-¿Por qué eres así conmigo?

Elevó una ceja con un gesto de confusión, la pregunta lo tomó por sorpresa.

-¿Así cómo? -inquirió con curiosidad.

Sus ojos y los míos se encontraron, quién no se perdía en esos ojos, así que alejé la mirada.

-Así tan... Especial, atento, sabiendo que yo soy tan cortante.

Sonrió y pensé: «esos hoyuelos son tan perfectos». Sacudí la cabeza y alejé esos pensamientos.

-Sencillo, es porque me gustas desde el primer día en que te vi.

Su respuesta me dejó sin palabras, no lo esperaba.

»Me encantaría empezar por ser tu amigo y luego poco a poco ir avanzando.

-Déjame decirte que estás perdiendo tu tiempo -me levanté.

Él hizo lo mismo.

-No tienes porqué preocuparte, yo decido de qué manera invertir mi tiempo-, ni siquiera sonó grosero porque todo lo que él decía le salía con tanta dulzura.

Lo miré desconcertada sin saber qué responder. Después de ese día empezó a insistir en una salida por el parque o por un helado, nunca se cansó de insistir, parecía una guerra en insistir y yo en negarme, hasta que decidí aceptar la invitación. Vaya que me sorprendió bastante, él era un chico, pero con la madurez y mentalidad de un adulto. Me llevó a comer a un restaurante, el lugar era hermoso y él se portó como todo un caballero. Fer era el hombre ideal para cualquiera, menos para mí ya que mi corazón le pertenecía a otro.

Decidí ser honesta y clara con él. Le conté un poco de mi historia, le dije que no quería nada con nadie y que lo mejor era que se alejara de mí, pero él se negó.

-Kay...

Por alguna razón empezó a decirme así; Kay, cuando le pregunté por qué Kay, me dijo que en japonés, Kay tenía varios significados, incluidos "océano" "abierto" "restauración" y "recuperación" los que más llamaron su atención fueron, abierto, restauración y recuperación;

Quería que me abriera a una nueva oportunidad.

Quería recuperar mi sonrisa.

Y quería restaurar mi corazón.

Ese día sonreí por primera vez al escuchar el significado, me gustó mucho. Es que él tenía una manera de ser tan especial.

»No me cierres las puertas, sin siquiera dejarme intentarlo. Déjame hacer un pequeño intento por conquistar tu corazón, permíteme conquistarte poco a poco y si las cosas no funcionan te dejaré, lo prometo. Quiero ser la curita que intente cerrar esa herida.

Su rostro se iluminó con una sonrisa. Aspiré aire bruscamente y solté.

-Está bien, pero no te prometo nada.

-Solo déjame acercarme, de lo demás me encargo yo.

Acepté su propuesta de que tratará de llegar a mi corazón, nada perdía con dejar que lo intentara. Cuando le conté a mis padres se pusieron muy felices, me decían que al menos había dado un paso, pero yo sentía que traicionaba al amor de mi vida, me sentía fatal.

...

Los días transcurrían con total normalidad, excepto porque Fer empezó a llevarme y a traerme. Era muy atento conmigo, tenía toda la intención de ganarse mi corazón o al menos un pedacito como decía él. Él era muy detallista y no estaba hablando de lo material, sino de la manera tan especial que tenía de tratarme y hacerme sentir. Empecé a sonreír más seguido, empecé a buscarle sentido a otras cosas, empecé a amar la vida otra vez.

Salíamos a parques, al cine, a veces me invitaba a bailar, empezamos a compartir mucho más tiempo juntos y ese tiempo era de calidad porque él me hacía sentir tan bien. Nunca me presionó a nada, era un excelente chico, el estándar perfecto, pero uno no elige, lo hace el corazón. Por más que yo trataba de corresponder a ese sentimiento no podía, Samuel seguía muy presente en mi corazón como una gran sombra que no me permitía avanzar.

Seis meses después.

Habían pasado seis meses en los cuales habíamos compartido muchos momentos juntos. Sentía que Fer era demasiado para mí, no lo merecía y no quería lastimarlo, así que fui muy honesta con él. En una de nuestras salidas al parque le comenté.

-Fer, eres un hombre espectacular, tienes muchas cualidades, eres el estándar perfecto para cualquier chica, pero por más que yo trato no puedo corresponder como tú lo mereces. No es justo que tú seas tan especial conmigo y yo no pueda devolverte un poco de lo mucho que me das.

-Kay, no puedo luchar con ese fantasma del pasado - sus ojos se cristalizaron -. Te amo, hice todo lo posible porque me amaras, pero mis intentos fallaron. Te entiendo, no tienes porqué sentirte mal. La curita que puse en tu corazón al parecer no funcionó.

Sonrió con tristeza. Se levantó y dejó un beso en mi frente, sus perfectos ojos azules se nublaron por mi causa, sentí un asqueroso nudo que apretaba mi interior.

»Lo único que deseo es que mi Kay pueda alcanzar la felicidad que merece, no tienes idea de lo hermosa que te ves en esos pequeños momentos donde sonríes.

Lágrimas empezaron a fluir por sus mejillas, antes de que yo pudiera decir algo, giró sobre su propio eje y se marchó.

Me quedé con un nudo en la garganta, me sentí mal por romper su corazón, no quería lastimarlo y lo hice. Esa semana Fer no fue a la universidad, pensé que quería evitarme, pero luego de unos días tampoco lo vi, así que empecé a preocuparme. Pregunté por él a sus compañeros de clase, pero nadie me daba razón. Me sentí tan mal, pensé que era mi culpa, había roto su corazón y tal vez no quería volver a la universidad para no verme.

Recordé que nunca le pedí un número telefónico, pues él era el que siempre me recogía o me llevaba. Empecé a investigar hasta que conseguí la dirección de su casa. Tal vez él no quería verme, pero yo necesitaba hablarle, saber que estaba bien.

Continuará...

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