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Disturbia

Disturbia

Autor: : Lua silence
Género: Adulto Joven
Jericho, una adolescente que en su día a día tiene que luchar con la drogadicción y el alcoholismo de un familiar muy cercano, su madre. Desde pequeña ha vivido momentos que no son para nada agradables a una niña pequeña. Diversas parejas de su madre han pasado por sus vidas, pero ninguna ha sido la figura que tanto esperaba para ayudar a su madre. paterna que tanto deseaba ella. Un nuevo comienzo se desarrolla cuando decide mudarse con su padre. Un mundo envuelto en alcohol, drogas, fiestas, flechazos... envuelve a Jericho haciendo que olvide su vida pasada. Su mayor secreto es su voz, desde pequeña le gustaba cantar mientras paseaba, en la ducha, en la cocina... pero por un motivo personal decide no volver a cantar en lo que queda de su vida, pero no entraba en sus planes un chico llamado James, cantante y famoso que hace que vuelva la ilusión por lo que más le gusta hacer, que es cantar. ¿Conseguirá James desarmar los muros de Jericho y comenzar una vida junto a la música? Un accidente hace que su vida de un giro de 180 grados. ¿Quieres descubrir qué pasa con Jericho? Adéntrate en esta historia para que tus emociones sean una montaña rusa.

Capítulo 1 Capitulo 1: Lleva mi legado, hija

¿Alguna vez tuvieron la sensación de que hicieran lo que hicieran, su mente siempre dirá que está mal? Aunque todos te feliciten, te den halagos, aplausos o las enhorabuena. Dentro de mí, nunca será suficiente.

Por esa razón estoy pensando en estas cosas ahora mismo, me encontraba mirando las piedras con arena del suelo de la cima de la montaña a la que papá había querido subir, me temblaban las piernas y podía escuchar cada latido de mi corazón. No siempre he tenido este miedo a las alturas, desde que empecé a tener trastornos de ansiedad este tipo de cosas fueron comunes en mi vida cotidiana.

Papá disfrutaba las vistas como un niño chico, para no fastidiar su momento de felicidad decidí respirar hondo y levantar mi cabeza del suelo, y joder, estábamos altísimos.

Sonriendo con cara de póker papá y yo nos hicimos un par de fotos y decidimos irnos al rato, con pánico, sudores y bajadas aceleradas de la montaña suspiré tranquila al pisar terreno llano, por fin.

¿Pero, que sería de esta historia si no sabéis nada de mí?

Me llamo Jericho, Jericho Mills. Tengo 20 años y soy una bala perdida entre tantas dianas. Algunos me odiarán y otros me amarán. Me daréis juicio y sentencia, pero todo es por una razón, creedme.

Mi padre se llama George, es militar. Es la persona que más amo en todo este universo. Mi vida nunca fue fácil, lo que conlleva a que la suya fue peor todavía por culpa de una persona llamada Claire, perdona a la que me "obliga" a llamar madre.

Mi madre en cambio, nunca está ni estuvo desde que tengo memoría, estuvo escaso tiempo antes de que se volviera adicta a la droga tras la muerte de su hermana por cáncer, la cuidó hasta el último momento y le sobrepasó factura, al menos eso dice papá.

Papá y yo nos mudamos a Sausalito, una ciudad en el área de la Bahía de San Francisco, en el condado de Marin, California. Tras las no tan afortunados años viviendo con mi madre, papá decidió que lo mejor era mudarnos los dos, lejos de ella. Yo vivía con mamá en sus años... ¿Felices? Fiesta tras fiesta, personas que pasaron casa, yo era una facilidad para "comprar" droga, acabé como ella muy joven hasta que papá decidió poner remedio.

Pensando en mamá, en mi mierda de adolescencia y en sus problemas que nos ha arrastrado con ella, me encontraba viendo cegada las luces de las farolas en la oscura autovía, con Kansas de fondo me ahogaba en mis pensamientos más oscuros

-¿Quieres que cenemos fuera?

-Bueno.

-No te preocupes por lo del monte, lo has hecho muy bien -miré a papá conducir - Nos hemos hecho una foto, estoy muy orgulloso de tí.

Me emocionaba escuchar esas palabras que mamá nunca me decía, normalmente eran gritos, insultos o gemidos placenteros al inyectarse el crack

-Muchas gracias, papá -sonreí- ¿Donde vamos a cenar? Me apetece una birra.

Me miró sorprendido con esos ojos castaños y brillantes, intentando no sacar toda su risa de él

-¿Birra? ¿Que eres, un americano que va a ver a los yankees?

-Tengo mis momentos.

-¿Quieres que vayamos a ver a Elisa? Podemos cenar allí, hay buena comida -su expresión es tan inocente que es enternecedora

-¿Quieres ir a cenar o a verla? -subí una ceja en modo cuestionario

-No seas boba, la ensalada de allí es increíble.

-Increíblemente cara para ser lechuga -reimos en alto dejándonos inundar por el rock clásico de la cinta de mi padre

Una vez sentados en la mesa esperamos a que vinieran a atendernos con nuestra orden ya pensada y clara

-¿Nos habrá visto Elisa? -sonreí al ver su nerviosismo

-No lo sé, puede que n-

-YO CONOZCO ESA MELENA RUBIA! -saltamos de la silla del susto de su grito

-Sí, nos vio -sonrió papá. Elisa vino corriendo desde lo más lejos de la cafetería solo para dar un gran y amoroso abrazo, enterré mi cara en sus hombros y apretamos con cariño

-Pero chica, qué tipín! -se echó sus manos a la cara- es fantástico ver tu sonrisa de oreja a oreja

-¿Cómo está todo? - asentí tímida

-Ya ves -señaló al local - prácticamente vivo aquí -reí al ver el codazo que le acababa de meter a mi padre - Si no viene tu hija no vienes a verme

-He estado ocupado -se aclaró la garganta y las dos rodamos los ojos

-Misma historia de siempre -sonrió gentil y amable - ¿Que os pongo de beber?

-Una coca cola y una ensalada césar con extra de pollo para mí -papá me miró orgulloso

-Yo quiero una hamburguesa con doble de carne y patatas Deluxe con agua con gas, gracias. -con un "Marchando!" se marchó a dejar la comanda y a seguir atendiendo, Papá en cambio me miraba con una ceja encarnada

-¿Qué te pasa?

-¿Agua con gas? -burló la manera en la que lo dije

-¿Que problema hay? El agua con gas estabiliza el estómago, a parte, te ayuda con los gases.

-¿Según que fuente? Jerichoesimbecil@.com -no terminó de decir la frase cuando le había tirado una servilleta a la cara- Oye!

-No te burles de mí.

-Dices que bebes agua con gas por que sufres de gases, pero ese agua lleva gas. ¿No te darán más gases? -lo miré lo más curiosa que pude por qué si lo escuchabas bien, tenía razón

-Déjame con mi fantasía! -después unos diez minutos siendo niños pequeños nos trajeron la comida, sin darme cuenta de que nos habían puesto los platos equivocados miré a papá para decirle que me diera mi plato, sin éxito ya que él estaba atento a Elisa. Ellos dos siempre se llevaron tan bien que su química es inigualable

-Si no me das mi hamburguesa doble creo que te arrancaré la mano antes de que te des cuenta -agarré el plato con los dedos - ¿Oye!?

-¿Qué? -visualizó los platos - Dame mi ensalada acaparadora, dijiste que querías hamburguesa.

El tick en el ojo era inevitable no verlo y mi expresión facial llegaba a límites insospechados de la indignación.

Al rato ya empezamos con el postre, yo había pedido un batido de chocolate y papá de vainilla con un trozo de tarta para compartir. Elisa sonreía a papá cada vez que pasaba por nuestro lado, sonreí a la mirada tímida de ambos hasta que me topé con la de papá

-Papá, das miedo.

-¿Y eso por qué? -sus ojos volvieron a los míos

-¿Cuando van a salir en cita? Ambos lo están deseando. -papá parpadeó tanto que parecía que sus globos saldrían de sus huecos

-No, no lo sé. Quizá en un tiempo -con mis ojos en blanco y mi veneno a punto de salir como palabras presté atención a los platos rotos que estábamos oyendo, Elisa estaba con una mesa en la que habían cinco hombres, que ellos estaban riéndose mientras veían a Elisa con su rostro rojo en vergüenza recoger todo lo del suelo.

-No te está mal lo que acaba de pasarte, siempre estás recogiendo la mierda del suelo -bufó uno de ellos

-Este no es el momento indicado para esto, estoy trabajando - replicó Elisa ahora enojada

Papá y yo cruzamos miradas y ya sabíamos que teníamos que hacer. Habían dos opciones, ir yo y que posiblemente se haga barullo...o que vaya papá y haya pelea. Entre miradas decidí levantarme e ir a ayudar a Elisa, papá quedó tranquilo sin apartar sus enojados ojos de nosotras

-Deja que te ayude, ¿Estás bien ? -le di una pequeña sonrisa

-Damos gracias a Dios por otra más joven! -alzó uno su vaso al cielo y todos le rieron las gracias

Elisa y yo compartimos miradas cómplices, sabía que quería que me fuera del lugar cuanto antes. Aún así, seguí ayudándola a recoger

-¿Tú también vendrás a vernos después? -pude sentir el aliento del hombre en mi nuca

-Escúchame, gilipollas -me encaré dando la vuelta - creo que es hora de que te vayas y dejes el sitio libre a gente que de verdad necesite el puto aire que tú estás respirando. -su rabia subía por sus mejillas

-¿Nunca has oído hablar de los Vitale? -preguntó enfadado, MUY enfadado

-No, la verdad es que no.

-Pues yo soy Marco Vitale. Y te puedo asegurar que tú linda bocaza no va a sobrepasar más la delgada line..

Segundos tardé en visualizar su perfil arrugarse y esfumarse de vista junto al puño de papá detrás. Sus amigos se levantaron de la mesa alarmados para revisar al hombre que ahora se encontraba inconsciente en el piso. Papá jugó con los demás haciéndole señas para que se levantarán y pelearan, pero ninguno accedió. Un muchacho apareció por la puerta, llevaba una sudadera negra con la capucha puesta, sus verdosos ojos se cruzaron los míos antes de visualizar a la persona que estaban levantando del suelo ya consciente, con una mirada de terror buscó con la mirada por el local, deje de prestar atención para atender a papá

-Coged a vuestro amigo de mierda y salid de aquí cagando leches.

Con malas caras y maldiciendo hicieron caso, los hombres se llevaban a ese tal Marco y el chico de la sudadera ya no estaba. Un chico con la piel blanca como la nieve y vestido de chándal se acercó a mí lado de la barra

-No tienes ni idea de lo que has hecho. -dejó salir ese chico joven con ojos azules como el cielo y gruesos labios rosados. Pude notar un poco de temblor en sus pupilas

-Vengo del puto infierno, no me asusta un madurito con aires de diva.

Capítulo 2 Capitulo 2

Estábamos esperando a que Elisa terminara de cerrar la persiana del restaurante para poder irnos de allí, habíamos ayudado a recoger todo el local mientras a ella le hacía efecto la tila que había tomado. No voy a mentir, al verla así de nerviosa por ese hombre me recordó a cosas que había vivido con los variados novios de mamá, me hervía la sangre solo de pensarlo. Saqué las llaves de mi coche mientras Elisa cerraba con candado la persiana.

-¿Podemos hablar un momento de lo que ha pasado? -dejé mostrar mi confusión

-No ha sido gran cosa, estoy acostumbrada. Ser camarera a veces tiene estas cosas. -buscó los ojos de papá mientras contestaba

-Yo creo que sí ha sido gran cosa. -Elisa fue a hablar sin saber qué decirme, abría y cerraba la boca sin ninguna palabra saliente

-No ha pasado nada, que es lo que importa. -papá puso sus manos en mis hombros

Al darme por vencida con el tema, me encaminé al coche esperando que ellos me siguieran, pero solo lo hizo papá. Elisa estaba caminando hacia el otro lado de la carretera y miré a papá incrédulo

-No te creo -dije en voz alta y una ceja levantada- ¿En serio?

-¿Qué pasa? -di un gran suspiro e hice ruidos bruscos al salir del coche -¿Qué he hecho ahora!?

-Elisa! -grité y ella se volteó para mirarme- Sube, ni hablar, vas a ir tú sola después de lo de hoy - con una sonrisa agradecida cruzó la calle y subió al coche dándome las gracias a cada rato.

Con una mirada asesina miré a papá, él se encogió de hombros y mirándome fijamente, podía oír el "Pero que pasa ahora?", en sus ojos, devolví el gesto moviendo la cabeza hacia atrás, donde se encontraba Elisa y parecía que por fin, pilló la indirecta

-Vamos a ir a tomar algo al nuevo sitio que han abierto, ¿Te apetece venir?

Sonreí como una mala perra al conseguir lo que quería, aunque ella rechazó la invitación, ya que mañana tenía turno de mañana. Una vez la dejamos en casa, papá salió del coche y ambos se despidieron con las manos y sonrisas. Una vez que Elisa cerró su puerta principal estuve mirando a papá fijamente hasta que me miró

-Jericho, tienes que dejar de mirarme así porque no-te-entiendo -su sonrisa se desvaneció mientras hablaba y yo no pude parar de reírme, aceleré y nos encaminamos al nuevo bar de la ciudad.

Una vez entramos por la puerta pude oír a papá maldecir entre palabras, al olor, a hierba quemada, había gente tirada en los sofás y otros platicando de pie. Juraría que parecía que se separaban por secciones, las porretas y los "sanos"

-Santa mierda, ¿Dónde me has traído?

-Unas cervezas y nos vamos, ¿Sí? -dije después de pedir unas cervezas a la camarera que, por cierto, parecía una diosa del Olimpo

-¿Queréis ver la lista de canciones para el karaoke? -dijo la camarera al traernos la orden - Solo tienen que llamarme y listo! -se marchó entre la barra

Mis ojos brillaron al ver la sección de canciones que tenían, soy una muy buena fan del rock clásico y ver todas mis favoritas me hizo replantearme el subir

-¿Subes? -Dijo papá haciéndome volver a la realidad

-Lo dudo -respondí

-Aquí tienes una oportunidad, no veo gente conocida

-Ya, bueno -intenté disimular mi decepción - Otra vez será

Recuerdo que cuando me volví a mudar con papá creamos una regla en la que nunca volveríamos a hablar de esto, dejé claro que no quería revivir ese maldito momento de nuevo, pero joder, hasta yo lo echo en falta.

Un rato después de hablar un poco de todo, papá decidió que se retiraba

-Me voy a descansar ya -dijo papá terminando su botellín

-Pero si son solo la una de la mañana -lo miré graciosa

-Por esa razón es por la que me voy -dejó un billete para que pudiera pagar mientras se levantaba

-Un día estás de empalme y otro día te retiras a escasas la una... la vejez -reí para meterme con él

-In dii istis di impilmi y itri dii ti ritiris i iscisis li ini - burló y me dejó, riéndome a carcajada limpia en la silla - adiós imbécil, despiértame cuando llegues.

Una chica que iba llorando abrió la puerta de golpe dando a papá con la puerta en la cara, con su graciosa boca abierta de dolor me miró para decirme "Es Kat", me levanté corriendo para ir detrás de ella

Katherine fue la primera amiga que hice al llegar, yo no quería ser su amiga, era siempre tan amable conmigo, aunque yo fuera lo peor con ella para que me dejara en paz, hubo un momento que advertí que si no me dejaba en paz mataría a su gato. Lo hubiera hecho perfectamente dadas las circunstancias, pero ella se quedó ahí para todo, incluso cuando decían algo de mí, ella me defendía siempre.

Ella era Katherine Miller, fue la primera chica que me habló nada más llegar. A mí no me interesaba tener amistades por problemas de bullying que tuve en el pasado. Ella fue realmente amable conmigo, el tercer día de conocerla amenacé con matar a su gato de peluche mientras dormía si no me dejaba en paz, pero ella siguió a mi lado desde entonces.

-¿Kat? ¿Qué ocurre!? -pregunté tocando la puerta cerrada del baño, abrió la puerta para dejarme ver sus ojos hinchados y llenos de maquillaje desparramado, al verme empezó a llorar más y más

-Se ha muerto Izzy -rompió a llorar mientras venía caminando hacia mí

-¿Quién es Izzy? - no me sonaba de nada

-Mi-Mi pez!

Me empezó a temblar el puto ojo. Pensaba que era algo peor, la muy cabrona me había dado un susto de muerte, pero aun así... Llorar así por un pez ya podéis daros cuenta de la clase de personita que es. Salimos para el local para tomarnos una bebida para qué se pasará el disgusto. Se acercó un chico a pedir una canción, solo de escuchar el título ya se me revolvió la vida por dentro. Los recuerdos de mi cabeza hacían que estuviera a punto de vomitar. Observé por todo el local en busca de caras conocidas, algunos de clase, otros del pueblo y mira por donde, el chico misterioso de sudadera negra en un sofá. Podía ver relucir sus ojos desde donde estaba, una mirada pasiva y agresiva al mismo tiempo, tenía un mechón de pelo castaño bajando por su frente, la capucha puesta y con el humo de alrededor lo hacía más y más llamativo. Definitivamente, él destacaba entre sus amigos.

-Dos cervezas más! - gritó Kat a la camarera y me giré para mirarla, la pareja que teníamos al lado estaban hablando de lo grande que fue la época de Guns n' roses y de la importancia de que Izzy Strandlin volviera a la reunión por última vez, recé y supliqué para Kat no lo hubiera oído, giré la cabeza mordiendo mi labio para ver unos ojos brillantes y murmurando "Izzy..." Y acto seguido, más llantos y lágrimas.

-Y dos chupitos de tequila, gracias. -dije a la camarera y ambas intercambiamos miradas cómplices.

Venía una noche demasiado larga.

Capítulo 3 Capitulo 3

Sinceramente no sé cuántas rondas llevamos, yo dejé de contar en la séptima cuando pasamos de las cervezas a los chupitos y de los chupitos a los cubatas. Estábamos bailando cada canción que sonaba y apoyando a los del karaoke, me avisó Kat por señas diciendo que tenía que ir al baño y asiento para pedir otras dos rondas. Me pregunté que hora sería, ¿las 4? ¿Las 5 de la mañana? Tampoco tenía intención de hacer nada al respecto, hoy estaba siendo una noche de descontrol y paz.

Sobre el chico de sudadera negra nos estábamos mirando y haciendo caritas todo el rato hasta que desapareció por unos 20 minutos o más, ya no era divertido si no había nadie a quien hechizar, volteo buscándolo mientras maldigo al pensar dónde estará y me lo encuentro en la barra, con un perfil que duele, joder, ni el mismísimo Apolíneo, me acerqué a la barra a pedir las rondas y mientras espero noté como el chico me comía con la mirada, me reí al observar la sobreexcitación y timidez en el ambiente, la camarera me sirvió las copas.

Justo cuando me animé a decirle cualquier cosa, un hombre me empujó para el costado bruscamente con una repaso entre pervertido y asesina, no supe cómo tomarme la mirada, me reí mientras el misterioso chico de sudadera negra se le tensó la mandíbula al visualizar a ese hombre que sigue con esa mirada. El hombre me miró de reojo y vuelve a empujarme cuando va a salir.

-Ya van dos, espero que no haya una tercera. -advertí mientras me tomaba mi chupito de golpe.

Noté que el hombre se paró y me respondió:

-¿Me dices a mí, niñata?

-De las 40 personas que hay en el puto bar ni una me ha rozado ni un poco. Así que sí, creo que te digo a ti.

Está toda la zona de esa parte del bar mirándonos, de reojo veo que el chico de sudadera ya no está, miré hacia el lado donde estaba y ahí está con sus amigos mirándome fijamente.

Yo sigo de frente sin mirar al hombre cuando lo escucho decir:

-Puta zorra.

¿Que pasó después de eso? Que sonaba Rage Against the machine.

Me reí y con las mismas cojo mi vaso de cerveza me la bebo de trago y sin pensarlo lanzo la botella vacía hacia la cabeza de ese hombre, escuché gritos, cristales en el suelo, un sonido hueco y como un sonido en carne a la misma vez, tenía el pelo en mi cara no veo nada y vi como caía hacia mí y lo conseguí esquivar, lo primero que vi es al chico de sudadera negra sacudiéndose la mano, yo le he había reventado el vaso en la cabeza al mismo tiempo que él le había soltado un puñetazo. Nos miramos confundidos el uno del otro, él suelta un suspiro mientras dice;

-Joder.

Ha sonado a suspiro cachondo.

Volví a mirar al suelo, el hombre estaba intentando levantarse, Kat apareció en una esquina mirándome y riéndose al mismo tiempo, creo que de la tensión y los nervios, cogí las bebidas que había pedido ese hombre, justos 3 chupitos de a saber que.

-Tenemos que irnos, está la policía al llegar. -dijo el misterioso de sudadera negra- Chicas nosotros nos vamos. ¿venís o no?

Lo miré y asientí mientras cogía nuestras cosas, el hombre logró ponerse de pie, me cogío de la muñeca fuerte al intentar irme del local, me paró y endurecí la cara del daño que me estaba haciendo.

-¿No has tenido suficiente?

-Tenías pinta de zorra nada más entrar con tu papaíto cornudo de pacotilla.

Alguien cogió el lado de mi mano y me separó de la del hombre.

-Definitivamente no has tenido suficiente.

-No te metas en esto Myles.

-Tienes 3 minutos para salir pitado del garito, si no sales de aquí te puedo asegurar que el estrellarte un vaso en la cabeza es lo mínimo que te puede pasar.

Dijo firme, sin dejar de mirarlo a los ojos, lo estaba retando y quería con su alma que él aceptará el reto, no podía dejar de mirar la manera en la que lo miraba, pero sobre todo la manera en la que me tenía cogida de la muñeca, un gesto protector.

Sus amigos se acercan al ver que él no hace ni dice nada, entonces bufó y se marchó como si hubiera perdido unos tazos en el colegio, sus amigos se empezaron a dispersar mientras él seguía cogiendo mi muñeca con fuerza.

-¿Me explicas el por qué cada vez que me encuentro contigo acaba un hombre tirado en el suelo?

-Es un don.

Me miró y paró en mis labios, después de unos segundos mirándolos vuelve a mirarme a los ojos. Entre la matiz de los ojos, la iluminación del pub y que estoy viendo el reflejo de las luces de policía, es como si me hubieran hechizado.

Corrimos por la puerta trasera. Los amigos de Myles corrieron mucho antes que nosotros, no por lo que hubieran hecho, si no por lo que llevaban encima. Kat estaba confundida en mitad del bar sin saber que hacer, cuando yo grité su nombre ella reaccionó, me miró y empezó a correr hacia mí, Myles esperó a que pasáramos nosotras primero por la puerta de atrás, corrimos cada uno por un lado, yo pensaba que me seguían y me metí en mi todoterreno, había espacio suficiente para todos, me di cuenta de que Myles estaba mirando hacia nosotras y hacia sus amigos que estaban corriendo hacia el otro lado, la policía nos tocaban los talones. Arranqué mi Jeep y pisé a fondo hacia la dirección donde se encontraban, cuando pasé por su lado grité;

-¡Rápido, subir!

Subieron sin problemas ninguno. Lo cual me hace gracia por qué yo tenía experiencia al conducir de esta manera y ellos tenían experiencias en huir de la misma, me metí por callejuelas sin sentido rezando por qué no hubiera ninguna sin salida hasta que vi carteles de autovía para llegar al monte de la ciudad, después de 10 minutos conduciendo esquivando gatos y perros los pudimos perder a la policía mientras nos reíamos y gritábamos del subidón.

Me desvié al ver una tienda, me bajé y compré algo de bebida, compré cerveza, agua, muchas patatas y chocolatinas, no sé por qué, pero sabía que iba a hacer falta algo de comida, Myles está esperándome en la caja, no se ha quitado la capucha de la sudadera, pero esta vez se había puesto una maldita chaqueta de cuero que le sentaba como un guante, estaba mirando al suelo con las piernas cruzadas y su codo apoyado en la barra, el mechón de su pelo sobresalía por su perfecto perfil.

-¿Cuánto es todo? -preguntó Myles.

-15,80 €, por favor.

Cuando fui a sacar mi monedero escucho un 'Bip' y vi que había pagado con tarjeta en el datáfono mientras sonreía al dependiente, cogió la bolsa y juré que pude ver cómo en su brazo le creció un jamón, salí de la tienda junto a él.

-No debiste hacer eso. Podría pagarlo yo, ha sido capricho mío.

-Me lo devolverás. -sonrió asomando un hoyuelo-Estoy seguro.

Jericho, tienes que dejar de pensar cosas sucias y sensuales cuando recién conoces a gente.

-Espero que sea pronto. -di mi sonrisa más juguetona.

Me metí al coche y estábamos todos de acuerdo en irnos al monte. Ahora que lo pienso, me estoy yendo con un grupo de desconocidos a un monte, podría estar muy bien o muy mal, así empezaban las películas de terror.

Me metí al coche y estamos todos de acuerdo en irnos al monte, ahora que lo pienso me estoy yendo con un grupo de desconocidos a un monte, podría estar muy bien o muy mal, he visto películas de terror que empezaban igual. Decidí llevarlos a uno de mis sitios secretos del monte, Estaba un poco escondido y había que andar unos 10 minutos, pero es donde más tranquilos íbamos a estar, saqué unas mantas del coche para poder sentarnos sin que se nos pegaran bichos y ramas, Kat y yo odiamos las arañas con toda nuestra fuerza, pero este sitio era genial, nos hicimos sitio en la naturaleza y nos sentados todos mientras abríamos las cervezas.

-He traído a un grupo de desconocidos a uno de mis sitios favoritos, quiero nombres, edad y aficiones ya. -señalé a uno de ellos- Empiezas tú.

-Ehmm... Soy Samuel, 22 años, estudio biología en universidad.

-Me llaman Ginger, 25 años, trabajo en un sex shop.

-Me lo pido -mencionó Kat aún borracha

Él se sonroja y la sonríe.

-Me llamo Finn, 20 añazos y ni estudio mi trabajo.

Levanté las cejas hacia Myles esperando a que se presentara.

-Soy Myles, 23 años, trabajo ayudando a ginger en el sex shop y también trabajo en una veterinaria, soy peluquero de mascotas, sobre todo de caballos.

Que-in-es-pe-ra-do

-¡Cállate! -exclamó Kat- ¿Peluquero de animales? ¿Puede haber algún trabajo mejor?

-En realidad es una mierda, pero supongo que está bien.

Seguimos debatiendo los oficios de cada uno de ellos, me intrigaba que Myles trabajara en un sex shop, me parecía bastante... ¿Sensual? Giré la cabeza y veo a Kat sacándose un plástico transparente con algo negro, cortó un trozo y cogió su mechero para quemarlo.

-¿Que estás haciendo Kat? ¿De dónde lo has sacado?

-Me lo dio un tío en el baño, vi como se metía unas rayas en el baño de chicas y me lo dio para que me quedara callada -me miró inocente- ¿Por qué?

-Tira eso antes de que acabes con a saber qué en la sangre.

Cogí mi bolso y saqué un poco de polen que tenía desde hace bastantes días, miró con cara de cordero degollado y ya sabía que me lo tenía que liar yo.

-Entonces... ¿Jericho? -alcé la vista para ver quién me ha llamado- ¿Tengo dos nuevas clientes en el sex shop?

-A mi personalmente me gusta más el contacto humano, ya sabes, la lengua, los dedos... -miré a Myles sonriendo pícara- Pero no me importaría comprarme uno para probar. ¿tenéis de esos tamaños xxxl?

-Tenemos hasta tamaño botella de cola de 2l.

-Guárdame ese. -la voz de niña de Kat hace que sea mas raro todavía. La conversación más absurda del universo.

Después de eso solo hablamos de cómics, de fútbol, de superhéroes y Kat sacó el tema de los comics de Archie, me encantan esos cómics, siempre los veía cuando era pequeña gracias a mi padre y Ian. Hace un tiempo hubo un hombre en casa, novio de mamá que nunca me dejó ver la serie de Riverdale y nunca supe por qué, desde entonces tampoco me ha llamado la atención para verla.

-Cambiando de tema. ¿A que universidad vais? -pregunté

-Myles y yo al West side. -respondío Ginger

-Nos veremos por ahí entonces.

Los chicos y Kat deciden ir a investigar un poco el monte y la zona en la que estamos, nos quedamos Myles y yo solos. Justo lo que quería, su presencia era puro misterio.

-No sé si estar alabado por quedarme a solas contigo o tener miedo de ello.

-Miedo, siempre hay que tener miedo de mí. -reímos y él se acerca un poco más a mí

-La última vez que te vi le diste un derechazo a Zak James en toda la cara y acto seguido hiciste que su cabeza acabará agujereada, había sangre en las primeras mesas.

Ahora sí estoy un poco incómoda. Torcí la mandíbula al recordar ese momento

-De verdad que me reventé la mano, no pude moverla en días. ¿Cómo sabes eso?

-Fui uno de los que te apartaron de él, parecía que tenías un imán hacia él. -me miró serio y una sonrisa de su boca aparece mientras decía -Fue bastante caliente.

-Si supieras el por qué lo hice no te parecía tan caliente. -mi sonrisa fue un poco falsa- Fue abrumador, pero no me arrepiento de nada.

Noté que el está algo incómodo después de mi respuesta y cambio de tema rápidamente, entre el alcohol y los porros estoy en un modo 'sucia', sonreí y solté:

-¿Y bien? ¿Los vibradores son buenos en tu tienda?

Puso los ojos como platos y rio, el color de sus ojos Azules verdosos juntados con el rojo irritado del efecto de la marihuana lo hacen demasiado deseables para mi gusto. Se acercó más a mí y me sonrió

-Seguro que hay más cosas que te exciten más en poco tiempo.

-Muy difícil es que algo me excite en menos de 5 minutos.

Vi cómo se acercaba lentamente rodeando mi cintura con sus brazos pegándome a su cuerpo. Subí mi mirada viendo como sus pupilas se dilatan mientras se muerde el labio. ¿Hace calor o soy yo?

-¿Sabes que quiero? -susurró contra mi cuello.

Me estremecí al sentir su aliento chocar contra mi piel. Pequeños gemidos se me escapan cuando comenzó a besar mi cuello haciendo su típico camino hacía mi boca, donde se proponía desesperarme lamiendo lentamente mis labios. Traté de unir nuestros labios queriendo agarrarlo del pelo pero antes de siquiera moverme me di cuenta que el fue más rápido y tiene sujetas mis dos manos por encima de mi cabeza. Sería buen momento para al menos apoyarme en algún lugar... Como si hubiera adivinado mis pensamientos; nos hizo caminar sin soltarnos hasta que sentí mi espalda chocar contra una superficie rasposa. Giré mi cabeza curiosa por saber donde nos trajo y llegué a visualizar que estamos tras un árbol, un gran árbol.

-¿Creíste que no lo pensé? Me tienes muy inocente, cariño. -se burló cerca de mis labios.

Intenté responderle pero mi voz se apagó cuando presionó con dos de sus dedos ahí abajo. Solté un gemido alto que fue callado con un beso rudo y sucio. Mordí su labio conteniendo un gemido al sentir dos de sus dedos entre mío y otro jugando con mi clítoris. Nos separamos agitados por la falta de respiración y se centró en mi mandíbula repartiendo besos, lamidas y mordidas. Levanté mi cabeza dándole más acceso a toda esa zona. No sé en qué momento fue que cerré mis ojos dejándome llevar por la excitación, dejando que él me someta como quiera sin importar el lugar donde estamos. Traté de juntar mis piernas al sentir mi orgasmo pero puso su pie se interponiéndose a mis planes.

-No tío, no puedo creer eso que acabas de hacer. -se escuchó desde muy lejos, pero cerca para poder oírlos-Has cogido un puto sapo con las dos manos.

-Escuché algo -exclamé con la voz ahogada sintiendo otro dedo dentro mío.

-¿Acaso quieres quedarte con las ganas? -murmuró mordiendo mi barbilla.

Va a matarme.

Me calló besándome de una manera lenta y tranquila, como si no me tuviera a su merced con tres dedos suyos dentro mío. Gruñó dándome pequeños besos cuando empujo mis caderas hacía él y le mordí el labio inferior saboreando un gusto metálico, sangre. Jadeó excitándome más. Escucharlo igual de extasiado que yo solo por darme placer es algo que me volvía loca. Hizo movimientos más rápidos que me hacían temblar las piernas, mis gemidos eran más caóticos y él solo aumentaba la velocidad mientras abría un poco los ojos encontrándome con los suyos que me devoraban. No pude evitarlo, volví a cerrar los ojos dejándome llevar olvidando que hace momento escuchamos ruido cerca. Él soltó mis manos para taparme la boca acallando los gemidos inevitables que se me escapaban y yo aproveché aferrarme a su sudadera.

Al cabo de unos minutos, quitó su mano de mi boca atacándola con la suya mientras la apoyaba a un costado de mi cabeza en el tronco. Sus labios ahora eran bruscos, salvajes y duros. Cuando pensé que podría desfallecer en este momento sentí que otro dedo más se unía a la fiesta haciéndome casi gritar por la impresión. Los dos sabemos que estoy cerca de llegar, sus movimientos no son más que rápidos; mete, saca, gira y cierra sus dedos sin piedad. No pude evitar morder mi labio cuando dirige su boca a mi oído para susurrarme las palabras más guarras y calientes que alguna vez me dijeran en una situación así;

-Me gusta escucharte gemir por mi, sentirte con mis dedos y saborearte entera.

Me besó por última vez sintiendo mis espasmos llegar y me sujetó con su otra mano, que estaba apoyada en el tronco, por la cintura para no caer. Mis piernas seguían temblando mientras él se ocupaba de quitar su mano de ahí metiéndose uno por uno de sus dedos llenos de mis jugos en la boca chupando y limpiándolos en el proceso. Quedé hipnotizada viendo cómo hacía eso tranquilamente y sentí que podría tener otro orgasmo solo por esa mirada que él me daba.

Me sonrió acercando su cara a la mía y pude notar su labio inferior roto, donde le mordí anteriormente. Lamió mis labios por encima notando que tenía un poco de su sangre seca en los míos.

-¿Sigues prefiriendo un consolador?

Gemí al notar que sus dedos habían salido ya de mí, pero seguían tocando el círculo, Cuando escuchamos a los chicos más cerca, Myles hizo el amago de mirar a otro lado, pero le cogí la mano, la termino de sacar de mi ropa interior, le miré y le chupé los dedos por encima de mis ojos verdosos claros y sé que eso le ha gustado más de lo que ha hecho en estos... Maldita sea han sido 5 minutos justos.

Se mordió el labio mirándome como chupaba sus largos dedos hasta que los chicos entraban de nuevo mientras hablan algo de un sapo.

Después de fumar estábamos todos riéndonos y jugando a juegos mentales con mi móvil, Myles me pidió el mechero mientras era su turno en el móvil, mi prestigioso mechero de Sailor moon lo tenía más que vigilado porque sabía que me lo intentarían ro...

Después de fumar estábamos todos riéndonos y jugando a juegos mentales con mi móvil, Myles me pidió el mechero mientras era su turno en el móvil, mi prestigioso mechero de Sailor moon lo tenía más que vigilado porque sabía que me lo intentarían robar, sonó un teléfono móvil, era el de Myles y él decidió rechazar la llamada, al minuto alguien llamaba a Ginger y lo cogió sin mirar, puso el altavoz y sonó una voz femenina, Myles levantó la cabeza con tal rapidez que ni flash. Cerró los ojos y le dio otra calada al porro mas intensa que la anterior.

-Ehmm.. Si está aquí conmig...

-Ayayay! -Gritó Kat y miré asustada por saber que pasa

-¡Jericho! ¡Mátala! ¡Es más grande que mi puta mano!

-Ya voy! No veo nada. Myles dame mi móvil.

Myles levantó las manos hacia la boca como diciéndome que me callara y no lo pillé hasta que escuché:

-¿Quien coño es esa?

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