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Divinamente Poderosa

Divinamente Poderosa

Autor: : Marriam Nieves
Género: Romance
Siempre he tenido dos cosas bien claras en mi vida, el negocio y el placer. Nunca los mezclo, pero siempre están presentes. Mi futuro lo he forjado con sudor y lo aprendí de mi padre. Quiero que mi viejo, dónde quiera que se encuentre, sea el cielo o infierno, esté orgulloso de mí. No soy fiel devota de la religión, mantengo mis pies firmes y con pasos seguros. En cuestiones de amor tengo a mi única familia, mi mejor amiga y mi ahijada. No creo en el amor, pero como toda historia siempre llega un intruso. Tan opuesto a mí, quiere meterse en mi piel. Me niego a entrar en esa arena movediza porque sé que desestabiliza mi mundo. No estoy preparada para confiar, mi familia depende de mí y mucha gente se acerca solo por mi dinero. ¿Quién me dice que es diferente? Me rehúso a ser débil, el amor de mi madre nunca lo tuve. ¿Podrá alguien amarme? Aceptar mi manía de controlar, mis arrebatos y mi carácter del diablo. Soy poderosa, me gusta quién soy, no cambiaría nada de mí.

Capítulo 1 Prefacio

Cuatro años atrás

Estoy sentada en mi cama, oyendo la lluvia caer y observando el testamento de mi padre. No estaba preparada para este dolor. Estar en esta oscuridad sola, me permite volver al pasado. Recordar lo que enterré hace años, de mi madre no recuerdo nada y menos su rostro. Tampoco es que me importe, se fue cuando tenía cinco años y nunca fue maternal. Al irse la olvidé por completo, cuando llegó Camillia, vi luz en mi vida y a la corta edad de doce años la abracé y cuidé. Me dediqué a esa niña y a los caballos. Sabía que confiar en los hombres era imposible, lo aprendí por experiencia de mi padre y del peón que enamoró a Solimar. A los quince años conocí a Oscar, el hijo de un comprador de caballos y nos hicimos amigos. Un chico de dieciséis años, a pesar de todo, platicar con él era sencillo y me ayudaba tanto. Mi vida se basó ese año en cuidar caballos, cuidar a Cami, y recorrer la finca con Oscar. Hasta el punto que confié mi virginidad a él, los dos experimentamos y se sintió ideal. No fue forzado, fue natural y como toda realidad se acaba. Una tarde Os, como le decía de cariño, llegó afligido, al verlo sabía que todo cambiaría entre nosotros. Lo encaré, me contó que sus padres se marchaban a Texas, EU. Lo ideal era que llorara, pero no, me quedé helada y él me abrazó. Me prometió enviar cartas, mantenernos en contacto y quise creerle. Muy adentro de mí albergaba una ilusión, pero la otra parte sabía la realidad. Él era tan flaco, ojos negros, pelo rizado y labios carnosos. Para mí era perfecto, era normal y sabía que lo perdería. Exactamente, pasó un mes de su partida, nunca llegó carta y Solimar me reconfortaba. Me dediqué a la finca, a mi familia, decidí que al menos no quedé embarazada y amargada. Empecé a disfrutar del sexo, me informé, leí y aprendí a conocer mi cuerpo. Aprendí a manejarlos a mi antojo, cuando veía que querían más los apartaba y no les hablaba. Me negué a sentir más por ellos, me di cuenta de que se olvidan de ti como si fueras mugre. Tal vez, por eso, odio la mugre. Estaré mal de la cabeza, pero desde que se fue Oscar, empecé con la manía de limpiar. Viajamos mucho, exploramos en familia y el negocio iba viento en popa. Sin embargo, nada de mi pasado se compara con este dolor punzante, con esta oscuridad. Desde que nos dieron la maldita noticia, que mi padre murió en aquel accidente, al instante, me siento destrozada. No puedo seguir mirando su foto y el testamento. Me levanto de mi cama, paso por el pasillo y aún siento su olor. Siento la presencia de mi padre, bajo las escaleras y los recuerdos me ahogan. En la sala está Solimar con Camillia y se levantan al verme.

-¡Kendra, Kendra! -Me llama Solimar, y no digo nada.

Paso de largo, al salir siento el aire frío penetrando mi piel y me reciben las nubes negras. Alzo mi mirada al cielo gris, gotas cayendo fuertes uniéndose a mis lágrimas y exploto sollozando. Siento que me abrazan, pero no quiero que me toquen y me voy corriendo. Escucho los gritos de Camillia, pero no puedo detenerme, necesito correr y llorar. Tengo que despedir a mi padre, mi amigo y mi guía. Continúo corriendo hasta llegar a las caballerizas, su lugar favorito en el mundo y me lanzo al suelo. Acurrucada, lloro, quisiera estar agarrada a su mano y no soltarlo jamás. Me siento sin rumbo, te necesito a ti.

-Papá, perderte es como si te llevarás mi corazón -susurro al cielo gris y oscuro.

Él era mujeriego y las mujeres lo odiaban. A pesar de todo sus defectos, fue el mejor padre, negociante y el mejor abuelo. No te defraudaré, lucharé. Tus enseñanzas las llevo siempre y por mi familia seré una fiera. Solo necesito esta despedida, esta noche, para llorar tu pérdida y poder continuar. No recuerdo cuándo fue la última vez que lloré de esta manera. Tú fuiste mi gran ejemplo, mi campeón y ni en la muerte de tío sentí esto. Arnaldo era el padre de Solimar, mejor amigo de mi padre y a la vez tan seco.

...

No sé, hasta qué hora lloré, pero desde ese día levanté mis murallas. Estuve un mes pensando qué hacer, hasta que decidí tener poder y empecé con el restaurante. Decidí contratar a varias personas para que se encargaran de los caballos. Necesitaba alejarme, me recordaban tanto a mi padre. Tampoco iba a dejar abandonado lo que más amaba, se lo debía y mantuve todo perfecto. Me dediqué a trabajar y casi no tenía tiempo para nada. Nos fue bien y el dinero aumentó. Empezamos con el pie derecho y seguiremos firmes. Estoy debajo del árbol de mango en mi finca, las cenizas de mi padre están debajo de esta tierra y exactamente bajo esta sombra. Mi padre amaba este árbol, se pasaba las tardes admirando el paisaje y dormitando.

-Papá, eres querido con una vista espectacular, viejo -miré el cielo-. Aquí está tu potra Kendra, más fuerte y divinamente poderosa. Espero que estés orgulloso de tu hija. Soy igual que tú -suspiro y prosigo-. ¿Recuerdas cuando tenía dieciséis, que Oscar se marchó? Tus palabras fueron: No te humilles por ningún hombre nunca. Mira mi espejo, somos unos cerdos, la cosa es que lo hacemos natural y sin esfuerzo. Sé mejor que yo en todo. Te pregunté inocente: ¿cómo padre? Me respondiste: siendo una fiera salvaje, siendo una roca y por lo que veo eres mejor que yo, Kendra. Estoy orgulloso de ti, eres mi potra, nunca cambiaría el haberme ocupado de ti, nunca.

Me quedo callada, oyendo los pájaros trinar y los caballos relinchar. El viento susurrando, acariciando mi rostro y cierro los ojos. Recordando cada gesto suyo, sintiendo su presencia conmigo y sé que estás presente.

-Papá, gracias por amarme y cuidarme -tomé aire y sonreí abiertamente-. Soy malditamente mejor que tú, debes estar orgulloso. Siempre te agradeceré esto -extiendo mis brazos y miro el cielo azul.

Me marcho con mis botas hasta las rodillas, con mi melena oscura larga, ojos azules con tono verde, una cara de diamante y mi cuerpo exótico. Mi piel es clara, soy pura, Anselmo. Hago una reverencia hacia el árbol, mi sombrero en mi pecho y lo coloco de vuelta en mi cabeza. Con pasos seguros me acerco a Trueno, el caballo favorito de mi padre y lo cabalgo hasta la casa.

Capítulo 2 Maldita Bruja del Negocio

Estoy en mi oficina de Guaynabo, desde aquí nos hacemos cargo de todos los papeles y negocios. Prácticamente, me paso la mayor parte de la semana en estas cuatro paredes. No hay nada mejor que disfrutar mi soltería, estar libre y no dar explicaciones a nadie. Aunque nunca las ofrezco, soy la dueña de mi vida y la manejo a mi antojo. A mis treinta años me siento bien con mis logros. Mi padre antes de morir me dejó una buena cantidad de dinero. La invertí en mi primer restaurante de comida asiática con estilo boricua, se llama "Borin China".

Fue cuesta arriba lograrlo y localizarlo en Condado, San Juan fue mi ancla. Desde ahí empezó mi nueva vida, a los veintiséis años experimenté la vida del negocio y todo junto a mi mejor amiga. La convertí en mi socia, Solimar se encarga de la Boutique "Mar Fashion" y junto a mi ahijada salimos a flote. Delante de mí se encuentra mi asesor financiero Sergio Collazo, y me observa serio. Es de confiar, en estos cuatro años nos hemos hecho buenos amigos. Estoy observando unos papeles de un terreno que vamos a comprar y pronto haremos una academia de baile. Él me mira con orgullo y determinación. Me gusta su etiqueta de trabajo, sabe diferenciar todo y también es buen amante. Solo hasta ahí, él sabe que el amor no está en mis planes y menos ahora. Mi ahijada Camillia morirá con esta sorpresa, firmo los papeles y se los entrego. Es como mi hija, tiene dieciocho años y su mamá es Solimar. Mi mejor amiga y socia quedó embarazada a sus dieciséis años, mi familia es la suya. Nos llevamos cuatro años, Solimar tiene treinta y cuatro años, pero la finca nos unió. Mi padre se dedicó a la crianza de caballos, el padre de Soli, era su mejor amigo. Nos fuimos acompañando cada día, ya que nuestras vidas se parecen y madres nunca tuvimos. No tener el cariño de mi madre me hizo más dura y Solimar guardaba su rencor. Mi madre, una vividora, con una buena suma de dinero, me abandonó. Lloré en su tiempo, pero ahora el dolor se convirtió en resentimiento.

-Un buen negocio, uno más para tu éxito -dice Sergio con una sonrisa de lado a lado.

Lo observo, es alto, buen cuerpo, moreno de ojos miel y su pelo de indio. La palabra elegancia lo distingue, su traje de rayas y su porte es único. Lástima que soy muy perra, amar a uno solo, por ahora no está en mi mundo.

-Me encanta saber, me llena de una manera excitante y me endulza que sepas que soy la maldita bruja del negocio. -Me relamo mi labio inferior y mi sonrisa de coqueta luzco.

La mirada de Sergio me degusta, sé que muere por poseerme y me recuesto en mi silla. Sus ojos fijos en mí, me acaricio mi pronunciado escote y casi se babea. Se acerca a pasos gigantes, pone sus fuertes brazos a cada lado de la silla y acerca su cara a la mía. Le rozo mi nariz en la suya, se le escapa un gemido profundo y muerdo su labio inferior. En eso suena mi celular, el sonido de salsa y sé que es mi Camillia. Empujo a Sergio, veo su frustración y a mí me importa tres carajos. Busco en el desorden del escritorio y respondo. Me fijo en la tremenda erección de Sergio, me sonrío y veo que se ajusta su paquete.

-¡Cielo, hola! -Hablar con Camillia es lo primero siempre, ella es mi luz.

Ella ama bailar, es una maestra en ese tema y por eso compré el terreno. Tendrá su academia, su mayor sueño y será su regalo por ser tan aplicada.

-Necesito tu ayuda. Bueno, siempre la necesito, porque con Solimar todo es guerra y problemas. -Su voz es irritada y suspira.

La consiento tanto a mi pequeña, Solimar es muy fuerte con ella y peleamos por ello. Pero me molesta que sea tan falsa, cuando ella a sus dieciséis estaba cabalgando potros. Cuando Camillia a sus dieciocho, se pasa bailando y leyendo. Sus amigos la adoran, es tan alegre y segura de sí. Le aconsejo que si quiere entrar al mundo del sexo, protección ante todo. Por eso me tiene más confianza.

-¿Qué tramas Cami? Suelta la sopa, la curiosidad me pica. -La escucho reír y me imagino sus hoyuelos marcados.

Ella es un diamante, es rubia con su cabello lacio hasta la espalda, ojos verdes y pálida. Es toda una belleza, la cual estoy orgullosa de ser más que su tía.

-Hoy es el cumpleaños de Frank, se me ocurrió esta increíble idea. Un party bus, saldremos a la medianoche, estaremos tres horas bailando a todo dar y Solimar me está gritando. -Escucho a sus amigas suplicando ayuda.

Me sonrío, me imagino a Sol, y sé que me meteré en un lío. Quiero que disfrute, la vida es una y para eso es la juventud. Sergio se sienta en la silla, se ve incómodo y mira su reloj.

-Listo, ve disfruta por mí, de la fiera me encargo yo -empiezan a gritar y agradecer sus amigas-. Escucha, Camillia, confío en ti y siempre lo he hecho. Sin embargo, necesito protección, que seas cuidadosa y nunca pierdas la mente.

-¡Claro que sí! ¡Te amo, mamá! Siempre lo has sido y solo tú me comprendes. -Escucho silencio y sé que está alejada de sus amigas.

Mi corazón está más que feliz, siempre ha sido un placer ser su mamá. La vida me la regaló, cuando Sol quedó encinta tenía muchas dudas e ira con el infeliz peón de la finca. Mi padre lo molió a golpes, cuando él exigió que abortara y lo echó a patadas a la calle. Desde ese momento mi padre se hizo cargo de la bebé. Sol estaba sola, su padre murió de un ataque y mi padre la adoptó. Ella siempre tenía resentimiento, pero empeoró por ese peón, quedó enojada con la vida. Cuando nació Camillia no la atendía, ni la miraba y cuando la cargaba empezaba a llorar. Estaba inestable, un día lloraba y al siguiente renegaba. La empecé a cuidar, me levantaba para darle su biberón y la arrullaba. Es mi princesa, mi razón de sonreír y también de ser mujer de negocios. Al morir mi padre me asusté, pero Camillia me ayudó y por ella es que triunfo. Es mía, aunque Sol diga misa, ella es versión mujer de su padre.

-¡Te amo más mi cielo, eres mi luz siempre! -Siento un taco en mi garganta y me hago la fuerte.

-Besos, te enviaré fotos y mensajes. -Cuelga la llamada y suelto el celular en el escritorio.

Sergio se encuentra mirando su celular y me levanto. Me acomodo la falda ajustada de color negro, camino sexy y paso por su lado. Consigo su atención, aquí nada pasará negro y saco mi chulería.

-Me avisas cuando esté todo arreglado, necesito poner en marcha la construcción. Tengo trabajo, así que nos vemos. -Agarro el pomo de la puerta, la abro y espero que se marche.

La secretaria asustadiza me mira, la ignoro y espero por Sergio. Sale de su estado de idiota, recoge su maletín y se acerca con su semblante duro.

-Te aviso -su ceño fruncido es la prueba de su molestia y resopló-. Espero que la próxima vez termines lo que empiezas -dijo con su voz ronca y dolida.

-No prometo nada, el menú es variado en mi vida -lo miré altiva-. Tal vez, no repita. Es muy soso y frío. -Veo sus ojos miel rabiar y se marchó.

Bien, vete en silencio, no estoy para ti idiota. Termino cuando a mí me plazca y más peces gordos hay en mi vida. Tiro la puerta fuerte, en eso suena mi celular y la música me indica que es Sol. Me imagino sus reclamos, me acerco al escritorio y respiro profundo antes de responder.

-¡Hola, Sol de mi vida! -Siempre que está enojada y endiablada le digo de esa forma.

-¡Ahórrate tus mierdas! ¿Por qué? -habló con su tono alto y espera mi respuesta.

Me duele llevarle la contraria, pero ella tiene que ser más llevadera. Así que sigo en guerra por Camillia.

-Ella va a una fiesta, tiene dieciocho años y es normal que salga. -Mi voz calmada y eso le prende más.

-Cuando ella quede embarazada, me avisas. Me tienes harta Kendra, no eres su madre. No quiero que arruine su vida como yo. -Esas palabras me sacaron la diabla en mí y calmada no estoy.

-Vete a la mierda, sabes que nunca fuiste una madre. No la cuidaste, podrás haberla parido, pero ella es mi hija. Lo sabes Solimar, así que la próxima vez que vengas con reclamos lávate la boca -respiro y la línea está en silencio-. Si algún día queda embarazada me haré cargo de nuevo y nada pasará.

La dejo colgada y no espero su mierda. Ella no es madre, nunca lo fue y se atreve a decir que no lo soy. La amo, la trato de entender, pero no tolero que se meta con mi princesa. Camillia, es la luz en medio de mi oscuridad. Me sirvo una copa de champán, camino de lado a lado y entre sorbos voy recogiendo el desorden. Al menos, he conseguido organizar el escritorio. Agarro mi cartera y termino mi champán. Salgo de la oficina, veo hacia mi secretaria ratoncito y abre sus ojos gigantes.

-Saldré, cualquier cosa toma nota y mañana me informas. -No espero por más y me marcho de la oficina.

«Necesito sexo, necesito despejar mi mente y olvidar la maldita oscuridad».

Capítulo 3 Acabar Algo que Nunca Existió

Estoy en mi auto un Mercedes Benz, es mi máquina potente. Saco el celular, busco entre mis contactos y consigo a mi abogado favorito. No trabaja para mí, pero desde que lo conocí nos entendemos muy bien en la cama. Se llama Andrés, pero le digo Andy y eso le encanta. Siempre que lo necesito salta, oprimo llamar para divertirme. Suena al segundo tono y contesta con su voz gruesa.

-¡Buenas tardes! -respondió y se me escapa mi sonrisa juguetona.

-Reunión y era para ayer. -Me coloco el cinturón de seguridad y activo el altavoz.

Salgo del estacionamiento y me adentro en el tráfico de la tarde.

-Estoy cerca de tu oficina. ¿Dónde nos reunimos? -Escucho murmullos alrededor suyo.

-En la casa de Caparra, avisaré de tu llegada y tendrás la puerta sin seguro. -Cuelgo y me imagino su polla erecta.

Lo sé, soy una enferma y una zorra. No porque sea mujer, tengo que ser distinta. Al contrario, agarro el toro por los cuernos y me disfruto mi vida. La oficina queda cerca de la casa en Caparra, estoy en la luz de la urbanización y sé que Andy llegará pronto. Nunca me deja esperando mucho, siempre disponible y sabe jugar. Entro al garaje y rápido llamo al guardia de la caseta.

-Buenas tardes, soy Kendra Figueroa. -Estoy dentro de la casa y suelto mi cartera en la barra.

-¿En qué le podemos servir, Srta. Figueroa?

-Tan pronto llegue Andrés Maldonado, le permites la entrada -fui directa-. Sería todo.

-Anotado, ¿algo más? -Me quito los tacones y los dejo en el pasillo.

-Nada más, gracias. -Corto la llamada y busco en la nevera.

La nevera tiene lo necesario, nadie la habita y la uso pocas veces. El mantenimiento está al día, tengo gente que se encarga y busco mi syrup de chocolate. Soy loca con el chocolate, es obligatorio tener en todas mis casas. Voy le quito el seguro a la puerta principal, guardo el celular en la cartera y la agarro. No vaya a ser que hoy alguien le dé con robar la casa, hasta ahora Andy no tiene mañas. Siempre he sido desconfiada, no confío ni en mi otra mano. Me encanta esta casa, todo decorado a mi gusto y las paredes blancas. Es increíble la cantidad que pago para que la mantengan inmaculada, soy loca con la limpieza y odio ver mugre. Aunque me quede cerca de la oficina, no me mudaría a esta casa, mi finca es mi pasión. Estar rodeada de la naturaleza, los caballos y mis recuerdos, es lo máximo. La finca es inmensa, está en Bayamón campo en Dajao. Las tres vivimos juntas, pero tengo la suerte que me puedo escapar y más cuando Solimar está a rabiar. Ella odia venir, a menos que nos quedemos todas juntas. Su razón es porque le apoda a esta casa, el nido de sexo de Kendra. No quiere llegar sin avisar y verme en cueros. Al menos Camillia ama el Penthouse de Condado y se escapa siempre allá para escapar de su madre. Es grande, la casa tiene cuatro cuartos arriba, dos abajo que los convertí en una biblioteca y el otro un gimnasio. Me quedo para descansar de la asfixiante de Solimar. Para olvidar los problemas es el mejor sitio. Voy hacia mi cuarto, subo las escaleras y admiro mi gusto tan sofisticado. Al entrar coloco todo en la coqueta y me acerco a mi equipo de música. Necesito ambientarme, pongo mi lista de música de Pitbull y a menear mi trasero. Me pongo syrup en mi dedo índice, empiezo a lamer de arriba abajo y cierro mis ojos. Es relajante, chocolate, música y bailar. Siento que me agarran la cintura, dos manos fuertes y grandes. Mi corazón se acelera del susto, mis ojos se abren por instinto y desde el espejo diviso a Andy. Él me sonríe pícaro, seguimos bailando lento y al mismo tiempo. Nuestros movimientos son sincronizados, me coloco más syrup en mi dedo y chupo de nuevo. Los ojos de Andy fijos en mi boca, nuestra excitación subiendo y su poderosa mano va subiendo hasta mi seno. Me dejo amasar, me acaricia ambos senos y mis caderas bailando. Mis pezones están firmes, preparados para ser absorbidos y Andy sabe ser un buen amante. Me voltea bruscamente, se me escapa un gemido y me rompe la camisa. Los botones se pierden en el suelo, siempre con Andy se pierde ropa y eso me hace empaparme. Suelto el pote de syrup al piso, jalo su corbata y le robo un beso salvaje. Nuestras bocas están vivas, buscando saciarnos el uno al otro y somos dinamita. Me alza por las nalgas, enrosco mis piernas en su cintura y siento su erección. Se mueve hasta la cama, me suelta y me baja la falda. Estoy en ropa interior blanca de encaje y sonríe con lujuria. Imagino el efecto de su sonrisa en otras chicas, las tendría babeando, lástima que no sirve en mí. Expuesta para él, me abro como una flor y empiezo a tocar mi sexo por encima de mi braga. Estoy tan mojada y mientras se quita la corbata me relamo mis labios, con movimientos rápidos se quita la camisa y su pantalón en tiempo récord. Está en bóxer los cuales vuelan en nada, está todo exquisito para mí y saca su condón. Estoy inquieta por sentirlo, me arranca las bragas y me suelto el sostén. No espera por más, me posee duro y aprieto su espalda. Me deja besos en mi cuello, baja hasta mi seno y lo succiona, se siente la gloria y entra cada vez más fuerte. Entra, sale, entra, sale, entra y sale. Pierdo la cuenta de sus estocadas, somos animales saciándonos. Le jalo el pelo castaño fuerte, nos besamos cada uno tratando de tener poder y nuestros jadeos suben de volumen. Empieza a moverse en círculos, me tenso y me tira una guiñada. Me muerdo mi labio, espeto mis uñas en su espalda y tiro mi cabeza hacia atrás. Me dejo ir en pleno éxtasis, siento que exploto y él se tira encima de mí. Nuestras respiraciones aceleradas, se acopla en mi cuello y vivimos el orgasmo. Estar con Andy es sexo explosivo, sin esperar amor, es placer y más nada. Dejo caer mis manos a los lados, mis ojos cerrados y Andy se acuesta a mi lado. Me coloco de lado, nuestras miradas se encuentran y veo sus facciones perfectas. Se levantó quitándose el preservativo y aprovecho la vista. Él es alto con cuerpo fornido, su tono de piel clara, pelo castaño de ojos marrones y su cara ovalada. Es todo fuerza, un semental, es todo lo que quiere una chica normal y se acuesta a mi lado. Basta de pensar y mirar, me levanto, recojo mi syrup del suelo y me trepo encima de Andy. Me alza una ceja, su miembro sobreviviendo y me remuevo.

-Hola Kendra, siempre golosa -sus manos acarician mis muslos lentamente-. Mi golosa salvaje. -Me tumba en la cama y grito por la sorpresa.

Me empiezo a reír, me quita el pote y me echa en los senos.

-Hola licenciado Andrés, usted siempre es tan amable y preparado para dar un servicio de primera. -Me unta en mi sexo y se siente el cielo.

Me lame en mi apertura, me come completa y le hundo la cabeza más. Es que ser su postre es una delicia y su lengua rápida de arriba abajo me seduce. Me trabaja muy bien el sexo y me paso mi dedo por mi seno. Después que está embarrado me chupo el dedo, sus ojos fijos en mí y mi orgasmo se acerca. Me arqueo, mis piernas se cierran y son frenadas por sus fuertes brazos. Mi grito es fuerte, mis pies se doblan y agarro la sábana. Su boca succiona todo, mi sexo palpita y siento su lengua recorriendo hacia el norte y se ubica en mi seno succionando. La sensual lengua masajea ambos senos y soy su diosa. Me besa tiernamente, dándome a probar mi sabor en su boca y se detiene mirando fijo.

-En otra vida tú serías mi mujer ideal, tenía que soltarlo Kendra. Nadie me ha tenido como tú. -Me besó con pasión y lo recibo.

Lo entiendo muy bien, si no fuéramos tan malditos ambos, seríamos perfectos el uno para el otro. En cambio, somos mejores amantes. Además, él es casado y soy anti matrimonio. Sé que Andy siempre estará para mí, pero no como un idiota enamorado, sino como un amante salvaje. Espero que nada cambie entre nosotros. Se despega, busca en su pantalón el condón y se lo pone hábilmente. Me levanta, me agarro de su cuello y me lleva a la pared. Me mira, sin hablar sé que me poseerá duro y lo mete. Andy me besa mientras entra y sale de mí. Necesitamos ser duros, sacar el romance y llenarnos de placer. Tenemos vidas diferentes, nada nos une y llegamos juntos al orgasmo. Me lleva a la cama, sale de mí y respiramos.

-Andrés -susurré agitada y llena-. En mi yo joven, estoy segura de que no te hubiera soltado.

-Pequeña, tampoco te hubiera soltado. -Me agarra la mano y la entrelaza.

Él alza nuestra unión, siento su mano gigante y veo su anillo. No siento nada, ni remordimiento por su esposa y mucho menos amor. Me vuelve a mirar, tengo que cortar esto y él lo sabe. No más Andy, veo su mirada vidriosa y suelto su mano. Andrés posa sus ojos en mi dirección, evalúa mi próximo movimiento y me levanto de la cama.

-Éramos perfectos como estábamos. -Me marcho al baño y escucho sus pasos.

Me meto al jacuzzi, pongo la ducha y él golpea la puerta.

-¡Maldita sea, Kendra! -exclamó furioso-. Pides que no te amen cuando es imposible. -Se pasa las manos por su cara y veo su dolor.

-Ahora soy la culpable -rebatí con ironía-, tú sabías a qué jugabas conmigo. Nada de... -me interrumpe y su voz sube.

-¡Nada de amor, solo follar como conejos e irme de tu puta vida! -grita y puedo vislumbrar sus venas marcadas.

Me enjabono, siento la tensión de ambos y seré la zorra que soy.

-Ves no fue tan difícil repetir las reglas, Andrés -hablé calmada y sin darle importancia-. Te pido que te marches -siento sus manos apretando fuerte mis brazos.

-Cuando eres así, me vuelves más loco por ti.

Me besa, pero lo muerdo fuerte y saco sangre de su labio.

-¡Ouch, zorra! -se limpió su labio con la mano.

Agarro mi toalla y salgo con cuidado.

-Vete de mi casa, Andrés, en este momento termina todo -ordené y me mira con tanto dolor e ira.

Salió del baño tenso y lo acompañé.

-Espero que algún día seas feliz, no te deseo mal y siempre estaré para ti. Estaba dispuesto a divorciarme -bufó y recogió su ropa-, todo por ti. Pero veo que te convertiste en piedra y en la cama eres toda una fiera. Increíble, enamorarse de una piedra y una fiera a la vez -empieza a reírse irónico mientras se vestía.

Fui en silencio hacia mi cama, me siento y mantuve la mirada fuerte. Sus palabras son para mí, poder, son un halago y me hacen más grande.

-Siempre fui una zorra, ¿quién te hizo ver otra cosa? -le cuestioné la pelea de novio herido-. En este momento de mi vida no quiero amar y no necesito ser débil. Soy todo lo que has dicho, soy divinamente poderosa. Te recordaré siempre bonito, siempre, Andy -me incorporé y acorté nuestra distancia.

Le ayudé a ponerse la camisa, su expresión es más relajada y me abraza. Lo conozco, nunca me haría daño, le duele, pero entiende y sabe que falló. Me suelta, me da un último beso en los labios, solo un toque y se marcha. Me quedo con la toalla puesta, se voltea en el marco y sus ojos se enfocan en mí.

-Gracias, por ser una zorra fuerte. Si te dañaba me hubiera sentido pésimo, no soportaría lastimarte, a ti no, Kendra. Vales más de lo que piensas y espero que llegue el potro que te apacigüe -se marcha sin mirar atrás y apago la música.

Me asomo en la ventana, lo veo marcharse y suspiro. No puedo repetir, no quiero que se enamoren de mí. Solo busco placer, no repetir Kendra y vivir. Lo menos que deseo es un hombre que me apacigüe, no necesito ninguno en mi vida y espero que seas feliz Andrés. Saco mi celular, marco a mi abogado personal y mejor amigo. Nunca he tenido nada con Peter y se quedará de esa manera. Además, es homosexual, mejor aún.

-Peter, necesito que tengas en la mirilla a Andrés Maldonado. Creo que no hará nada, pero por si las moscas. Si tengo que usar el vídeo con su esposa y joder su ética lo haré -dije sin dudarlo.

-Siempre estoy preparado, zorra -afirmó.

-Hablamos después -no le di tiempo y colgué más tranquila.

Me arrojé a la cama y solté el celular al lado. Soy una fiera cuando se meten conmigo, no confío en nadie y Andrés es un caimán. Si decide hacerme la vida de cuadritos, tengo como responder mi Andy. Me empiezo a reír, mis párpados se sienten pesados y sucumbo en la oscuridad.

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