'¿Por qué mi matrimonio termina así?'.
Ese fue lo primero que le pasó por la cabeza a Charlize cuando vio al extraño hombre salir del baño. Ella nunca fue del tipo de persona que creía que cuando una puerta se cerraba, otra se abría, hasta que lo conoció.
Sentía que algo andaba mal en su matrimonio. Su marido la había cortejado apasionada y sinceramente en aquel entonces. Ni siquiera podía esperar a que ella acabara su licenciatura para casarse con ella, que tenía apenas veintiún años en ese momento.
No lograba entender por qué su matrimonio se quedó vacío de amor y de s*xo. Dormían en la misma cama, pero él nunca tenía relaciones se*uales con ella. Sin embargo, todo cambió a partir de esa noche.
Su marido la llevó a un hotel de lujo y ella pensó que el s*xo llegaría a su matrimonio después de tres años. No sospechó que todo era un complot de su amado esposo.
Estaba tumbada de lado en una enorme cama blanca. Estaba dolorida y frágil.
Seguía sintiéndose un poco incómoda y no tenía la memoria clara, pero sabía que su marido le había hecho el amor.
Él no fue delicado, pero, aun así, ella estaba de buen humor y se sentía feliz. Después de tres años de matrimonio, al fin habían tenido relaciones.
Sin embargo, al ver que aquel apuesto hombre en bata de baño no era el que ella conocía desde hacía tres años, entró en pánico.
Antes de que pudiera decir algo, el hombre habló: "¿Por qué sigues aquí?". Su voz fría era toda insatisfacción. Por otra parte, era grave y varonil, lo que la atrajo como un imán.
'Un momento. Este no es Caín'.
Charlize no salía de su asombro y miró al extraño con incredulidad: "¿Quién eres?".
No lo conocía. Él era un completo desconocido para ella.
"¿Quién diablos eres? ¿Qué haces aquí?". Atemorizada, gritó.
'Caín me trajo, esta es nuestra suite. ¿Cómo era posible que este desconocido estuviera aquí? ¿Dónde está Caín?
Presa del pánico, Charlize agarró la manta y se levantó de la cama rápidamente. Miró atentamente al hombre, que estaba de pie junto a la cama. "¿Cómo entraste? ¿Dónde está mi marido? ¿Dónde está.?".
El hombre era alto y guapo, y sus rasgos eran intensos y fríos. Parecía impaciente. De repente, dio un paso al frente, estiró el brazo y la levantó. Luego, le quitó la manta que envolvía su cuerpo.
"¿Qué deseas?". Su voz era fría y tenía un matiz de desdén.
Vestía una suave bata de baño blanca. Unas gotas de agua descendieron por su cabello corto y húmedo y humedecieron su mejilla, su sexi mandíbula y su pecho.
Ante aquel bombón, Charlize se portaba con timidez. Mientras más tímida se ponía, más se avergonzaba y se enojaba.
"¿Quién te crees que eres? Debiste haber salido de aquí después de tener s*xo conmigo". La voz del hombre era muy fría, pero clavó los ojos en el delicado cuerpo de Charlize. "Pero... no me importa hacerlo una vez más".
Charlize se quedó en blanco. Ni siquiera prestó atención a lo que el hombre estaba diciendo.
'¿Así que mi 'querido' marido me arrojó a la cama de otro hombre? ¿Caín me engañó? ¿Qué diablos está pasando aquí?'.
Antes de que pudiera reaccionar, fue presionada contra la pared. El hombre se inclinó y acercó su pecho ardiente.
La besó en los labios. Sus labios ardientes invadieron los de ella.
'¿A qué se debía este giro en su vida?'.
Acto seguido, Charlize cayó en la cama como una piedra. Volvió en sí y lo empujó por el pecho, pero eso solo sirvió para excitar más al hombre.
Charlize sintió su avidez y se asustó. La infructuosidad de sus esfueros la enfadó y la puso muy ansiosa.
Tomó una decisión. De repente, levantó la mano derecha y le rodeó el cuello al hombre. Bajó la cabeza y tuvo la iniciativa de intensificar el apasionado beso.
Su impulso sorprendió al hombre, le causó estupor. Entonces, Charlize aprovechó la oportunidad para morderle la punta de la lengua.
La punzada lo obligó a soltarla inmediatamente, estaba rabioso.
Charlize entró en pánico, pero aprovechó la oportunidad para darle un empujón.
Se apresuró a salir de la cama y correr hacia la entrada. Tomó un abrigo que estaba colgado en la puerta y puso pies en polvorosa.
Oyó vagamente al hombre rugirle a su guardaespaldas: "Averigua quién me envió esa mujer".
Ella estaba ansiosa. Después de salir corriendo del hotel, se paró descalza a la orilla de la carretera. Ni siquiera llevaba ropa interior, lo que la hacía sentirse insegura.
Bien envuelta en el abrigo, se encogió y miró nerviosamente a su alrededor. En ese momento, llegó un taxi. Se metió la mano en el bolsillo y encontró una billetera negra Louis Vuitton.
Enseguida la abrió y vio que contenía cinco tarjetas de crédito, pero no dinero en efectivo. Estaba segura de que el hombre era rico y aristocrático.
"No tengo dinero en efectivo. Toma este reloj de bolsillo. Por favor, llévame a López Villa, de la familia Heredia, en el sector oriental de la ciudad.". Entró al taxi.
En la billetera negra del hombre encontró un reloj de bolsillo de oro, de una manufactura exquisita. Se lo puso al taxista en la mano, ignorando su extraña mirada. "¡Arranca!".
Sentada en el coche, empezó a recordar lo sucedido. A juzgar por las palabras del hombre, él pensaba que ella era una prostituta.
'¿Pero por qué las cosas tomaron ese rumbo?'. Solo vino a comprender cuando el taxi llegó a la villa.
Cuando la vieron entrar, dos sirvientas se apresuraron a dar un paso al frente para detenerla; tenían el temor reflejado en el rostro. "Señora, es muy tarde. Pensamos que es preferible que se quede en el apartamento del centro de la ciudad.".
Al verles el semblante, Charlize supo que algo andaba mal. Las ignoró y fue directamente al dormitorio principal, en el segundo piso.
Acababa de subir las escaleras cuando oyó el gemido de un hombre y una mujer, a quienes ella conocía.
Charlize se mordió los labios, contuvo la respiración y sostuvo el pomo de la puerta con mano temblorosa.
Palideció cuando la puerta se abrió. Había ropa esparcida por el suelo, y el hombre y la mujer estaban hechos un nudo en la cama.
"Caín.". La mujer gimió con voz ronca y Charlize se quedó paralizada.
La mujer levantó la cabeza y besó a Caín, que estaba encima de ella. Volvió la cabeza, miró hacia la puerta y entonces habló más alto.
"Caín, ¿cuándo te vas a divorciar de tu esposa?". Fanfarroneó, con un dejo de agravio.
"Esta noche conseguí que alguien le tomara esas fotografías. Es cierto que Charlize le agrada a mi madre, pero mi mamá no toleraría que ella cayera en descrédito".
Caín bajó la cabeza. Con voz ronca, dijo: "Cariño, te amo. Decididamente, me divorciaré de Charlize".
Esta se encolerizó. Para reprimir la ira, se mordió los labios con tanta fuerza que le sangraron.
"Caín, malnacido". Su repentina voz sorprendió al hombre que estaba en la cama.
Miró hacia la puerta y, al verla, sus ojos revelaron sorpresa y culpabilidad.
Sin embargo, al instante volvió a poner frío el semblante. "Sal de aquí".
"Son ustedes dos los que deben salir, no yo". La ira la hacía resollar y comenzó a gritar en dirección a la cama.
"Charlize, sé inteligente. Divórciate y márchate. De lo contrario, esta noche les mostraré a todos tus sexis fotos con un hombre. No creo que puedas permanecer en la familia Heredia después de eso. No te lo mereces".
Jamás Charlize había odiado a un hombre así. Lo fulminó con la mirada, se dirigió a la cama y le dio una bofetada.
Tenía los ojos rojos y llenos de lágrimas. Estaba tratando de aguantar la amargura de su corazón.
No quería quedarse aquí ni un segundo más.
Se iba a divorciar. No quería un matrimonio tan indignante y sin sentido.
Se secó la lágrima que tenía en el rabillo del ojo y salió de la habitación. Sus pasos desordenados eran el resultado de su humillación y su decepción.
"Ay". De repente, se oyó el llanto de un niño. Era una niña de tres años, que chocó con Charlize en la puerta y cayó al suelo.
Charlize bajó la cabeza, aturdida, y vio a la chica delante de ella.
"Cariño...". La mujer salió corriendo de la habitación.
Se paró frente a la niña y miró a Charlize con recelo. "Descarga tu ira sobre mí. No abuses de mi hija".
'¡¿Hija?!'.
Charlize se quedó perpleja cuando vio a la mujer. "Ceres".
Abrió los ojos como platos. No podía creer que la amante de su marido fuera en realidad una vieja amiga suya.
"Entonces, eres tú quien se lió con mi marido". Charlize la abofeteó fuerte.
"Ceres, p*rra. Tu hermana se enredó con mi padre y tú te enredas con mi marido. ¿Debo llamarlas las hermanas rameras o las hermanas amantes? Charlize estaba jadeante. Pensar en los acontecimientos del pasado la ponía furiosa.
De pronto, fue empujada violentamente y se golpeó fuerte la cabeza con la pared.
"Charlize, ¿cómo te atreves a pegarle?".
Caín, que se había cambiado la bata, salió corriendo para proteger a Ceres.
A Charlize le saltaron las lágrimas, no podia describir lo que sentía. Su marido estaba protegiendo a su enemiga, a la p*rra que había destruido su hogar.
"¿Qué pasó?". Lucía estaba en la caja de la escalera y se acercó con la cara seria. "¿Qué diablos está pasando?".
"Mamá.", tartamudeó Caín.
Él siempre le había tenido miedo a Lucía, su madre. Fue ella quien le pidió que no mirara para atrás y se casara con Charlize.
"Quiero el divorcio".
Charlize se apoyó en la pared y se puso de pie. Aunque ahogada, su voz transmitía determinación.
"Charlize, no tienes que divorciarte de Caín".
Lucía miró a Ceres y le habló al mayordomo: "¿Quién es esta loca? Sácala de aquí".
"Mamá, ella es Ceres". Caín habló en favor de la mujer que estaba detrás de él.
En ese momento, de repente, la niña manifestó su congoja gritando.
Su voz sorprendió a Lucía. Inmediatamente, Caín levantó a la niñita, de tres años de edad. "Mamá, ella es tu nieta".
Al oír eso, Charlize se puso blanca como un papel.
Lucía siempre estaba con la matraquilla de por qué Charlize, luego de tres años de matrimonio, nunca había quedado embarazada. Y la súbita aparición de esta encantadora nieta la sorprendió.
De súbito, Ceres se arrodilló en el suelo y le suplicó entre lágrimas: "Sé que no le agrado, pero Jana es su nieta. Charlize la empujó y le rompió el brazo. Le ruego que la envíe al hospital. La niña es inocente. A mí pueden reprenderme y golpearme, pero que no lastimen a mi hija".
La ira que Charlize sentía le puso los ojos rojos. "Acabo de chocar con ella, pero no puedo haberle fracturado un hueso".
La familia Heredia entró en pánico. Caín y Ceres fueron a toda prisa para el hospital, con la niña en brazos, y Lucía fue tras ellos.
La noche, serena y con un frío que pelaba, estaba dando paso a una mañana invernal.
Charlize se apoyó contra la pared y se sujetó las rodillas con ambas manos, tratando de contener las lágrimas.
En ese momento, se dio cuenta de que su matrimonio ase*ual de tres años con Caín era solo el comienzo de la trama. Meterla en la cama de un extraño era el desenlace.
"No te puedes divorciar de ella".
En este momento, en el pasillo de pediatría del hospital.
"Caín, puedes tener una amante y un bebé fuera. Eso no me importa, pero, definitivamente, no puedo apoyar tu decisión de divorciarte de Charlize. Lo hago por tu propio bien".
Caín no tuvo oportunidad de refutar. Lucía estaba seria y le ordenó con voz fría: "El mes que viene, la familia Herández dará una gran recepción. Deberías ir con Charlize. No me avergüences delante de tu abuelo. Recuerda que tu primo acaba de regresar de Estados Unidos. No lo ofendas".
Su primo. Cuando oyó la palabra "primo", a Caín se le vio el rostro adusto.
"Queitán.". El nuevo presidente del Q&H Group.
Lucía no se quedó mucho tiempo. Se dio la vuelta y se retiró.
Caín, pensativo, miró fijamente a su madre mientras se alejaba.
"Caín, ¿tu madre no está dispuesta a aceptarnos a mí y al niño?". Ceres, que había permanecido en un rincón y oído la conversación a escondidas, comenzó a sentirse ansiosa.
Tomó a Caín del brazo con zalamería y sollozó de manera lastimera. "Caín, sé que estás casado. No debí haberte molestado nuevamente, pero nuestra hija es solo una niña y no tiene padre".
"Te aseguro que me divorciaré de Charlize. Solo dame algún tiempo".
Consoló a Ceres con voz suave, y fueron a ver a la niña. No tenía ninguna fractura, pero Ceres dijo que estaba preocupada y que quería que pasara la noche en el hospital.
"Caín, regresa y descansa. Me quedaré aquí". Intentó persuadirlo para que se fuera, como una buena esposa.
A Caín se le enterneció más aún la mirada. "Ceres, eres muy amable y has sufrido mucho. Te compré un apartamento en el este de la ciudad, y te conseguí una niñera. Mañana las llevo para allá".
Al enterarse de que Caín le había comprado un apartamento, Ceres se sonrojó un poco. "Caín, finalmente podremos vivir juntos como familia. No quiero seguir siendo una amante".
"No te preocupes, Ceres. Pronto me divorciaré de ella". Los hombres siempre fueron engatusadores. Caín solo se fue después de besarla intensamente.
Ceres sonreía mientras lo veía irse. Apenas él desapareció de su vista, su expresión cambió.
Sacó el teléfono de su bolso, marcó un número y ordenó con voz fría: "Envíame tu vídeo haciendo el amor con Charlize".
"¿Qué? Con tanto dinero que te pagué, ¿ni siquiera puedes lidiar con ella? ¡Idi*ta!".
Con el teléfono en la mano, Ceres fue hacia el balcón. Tenía el semblante hosco y gritaba a la persona en el otro lado de la línea.
"¿La suite estaba ocupada por otra persona? ¿Cómo es posible? Yo hablé con el gerente. ¿Quién se atrevió a ocupar la suite que yo reservé?".
La persona al otro lado de la línea explicó: "Ceres, él trajo ocho guardaespaldas y el gerente lo atendió personalmente. No me atrevería a ofender a una persona de esa naturaleza".
"¿Quién dem*nios es él?". Ceres estaba enojada y rugió.
Su plan era que, una vez que tomara el video de Charlize enredada con otro hombre, esta tendría que salir de la familia Heredia. Sin embargo, alguien le echó a perder su proyecto.
"No se atrevieron a revelarme su identidad, pero averigüé que el apellido del hombre es Herández".
Al oír sus palabras, Ceres palideció repentinamente. "¡Queitán Herández!".
"Queitán, ¿olvidaste el camino de regreso?".
El anciano estaba sentado en el centro del amplio sofá de la sala con una expresión solemne. Llevaba un traje negro bordado con hilo dorado. Con un bastón en la mano y enojado, le gritaba a su nieto.
Queitán regresó del hotel a las cinco de la mañana.
Miró a su abuelo en el sofá, a quien no había visto en muchos años, y decidió ignorarlo. Fue directamente al estudio, que estaba en el segundo piso.
"¡Alto ahí! ¿Me oyes?". Su abuelo se enfadó tanto que el rostro se le ensombreció.
"Queitán, el señor se enteró de que volverías a casa anoche y te ha estado esperando toda la noche".
El viejo mayordomo, que estaba a un lado, habló despacio y sonreído: "Señorito, llevaba años sin verlo. Se está poniendo más guapo".
Queitán asintió con la cabeza al viejo mayordomo, y se volvió para mirar a su abuelo en el sofá.
Este había estado de muy buen humor, pero ahora tenía el semblante hosco.
"Tengo algo importante que hacer", dijo Queitán de manera categórica, y subió las escaleras mientras hablaba.
El Sr. Herández lo miró con rabia, pero conocía muy bien la naturaleza fría de Queitán, por lo que solo pudo rugirle por detrás: "Ve a una cita a ciegas en el Hotel Celeste, mañana a las siete de la noche".
"No".
Cuando el Sr. Herández vio que su despegado nieto lo ignoraba por completo y se dirigía al estudio, se enojó tanto que quiso golpearlo con el bastón. "Mira en lo que se ha convertido".
"Señor, el señorito acaba de regresar de los Estados Unidos. No lo obligue a ir a una cita a ciegas con tanta prisa". Al darle este consejo, el viejo mayordomo no pudo evitar reírse.
El señor Herández lo miró fijamente: "¿Cómo no voy a tener prisa? Solo tengo un nieto. Tiene casi treinta años y ni siquiera tiene novia. ¿Cuándo me dará un bisnieto?
"Al señorito nunca le han gustado mucho las mujeres, desde que era niño". El viejo mayordomo también parecía preocupado.
"Señor, vamos a dar una fiesta el próximo mes a la cual deben de venir muchas damas. Ahí el señorito podrá elegir la que le guste".
Cuando el Sr. Herández pensó en la fiesta, arqueó levemente las cejas y habló con voz severa y marcada por los años.
"Que sea una gran fiesta, y difunde esa información. Cualquier chica que sea capaz de hacerlo sentar cabeza, la reconoceré como la nieta política de la familia Herández, venga de la familia que venga".
Diciembre estaba llegando a su final. El invierno ya había dicho presente, y quedaban quince días para el Año Nuevo.
Grandes luces rojas y multicolores destellaban en las calles. Por todas partes reinaba el ambiente festivo del Año Nuevo. No obstante, Charlize estaba sentada en una cafetería con el rostro sombrío.
Se veía triste, removiendo el café frío con la mano derecha.
Desde el día en que se enteró de la "historia de amor" entre su marido y su amante, regresó a su antiguo apartamento. En ese pequeño piso se escondía y vivía una vida apartada de todo y de todos.
Se frotó la sien con la mano derecha. Pagó la cuenta y quiso volver al apartamento a dormir un rato, pero cuando rebuscó en la bolsa, frunció el ceño.
De repente, recordó la noche que había pasado en el hotel con aquel extraño hombre. Se había marchado a toda prisa y dejado atrás su ropa y su bolso, en el que estaban su permiso de conducir y su documento de identificación. "¡M*ldita sea!".
"Deja de fingir que eres una infeliz. Charlize, ¿qué truco usaste para que mi madre no aprobara nuestro divorcio? ¿Puedes dejarme libre, por favor? No quiero tener nada que ver con una mujer tan desvergonzada".
De súbito, la puerta del café se abrió. Ella estaba pagando la cuenta en el mostrador y Caín la miraba detenidamente. Le habló con una voz fría y burlona, como si fuera un enemigo.
Cuando oyó la voz, sus ojos mostraron un fugaz matiz de dolor. Frunció los labios, levantó la cabeza y fingió ser fuerte. Luego, se dio la vuelta y pasó junto a él.
Caín se sorprendió. Al ver que ella lo ignoraba así, sintió rabia y extendió la mano para agarrarla por el brazo.
"Suéltame". Le apartó la mano con repugnancia.
Al percibir su repulsión hacia él, Caín se exasperó más aún y le habló con desdén: "Charlize, no te hagas ilusiones ni pienses que estoy aquí para seducirte. Es solo que mi mamá te pidió que fueras a la fiesta de la familia Herández".
"No me interesa". Charlize no se sentía bien en ese momento y tenía un dolor de cabeza terrible.
Llevaba más de un mes queriendo divorciarse, pero su deseo era rechazado por Lucía, quien solo le decía que no armara un escándalo. Por otro lado, Caín también escuchaba a su madre y no se atrevía a volver a mencionar el divorcio.
"No me hagas perder el tiempo. Será mejor que te quedes en tu rincón. Inicialmente, no cumplías los requisitos para ir a la fiesta".
Caín la advirtió con voz fría. La dejó sola, se dio la vuelta y se fue.
En el salón de la mansión de la familia Herández, la fiesta fue un acontecimiento espléndido, por todo lo alto. En el techo brillaba un candelabro de cristal europeo de ocho metros de largo.
La fiesta parecía una gran cita a ciegas, con bellezas deslumbrantes completamente maquilladas. Hablaban, reían y brindaban, y se veían todos muy emocionados.
Charlize se sentía deprimida y enferma, por lo que se retiró a un rincón tranquilo.
Sin embargo, en ese momento, un par de ojos penetrantes la seguían, pero ella no lo sabía. "Queitán, ¿conoces a esa mujer?".
Dos hombres encantadores estaban apoyados en la barandilla del segundo piso, y uno de ellos preguntó con curiosidad.
Queitán miró en dirección a Charlize con el semblante adusto, y no respondió.
Ella sentía que alguien la miraba intensamente.
De pronto, se dio la vuelta y se le nubló el rostro al ver a la persona que estaba frente a ella. "¿Qué haces aquí?".
Ceres la miró y, descontenta, le preguntó con voz aguda.
Charlize apretó los dientes y le habló con desprecio: "Señorita amante, ¿cómo se atreve a venir aquí?".
Ceres sostenía a una niña de tres años en su mano derecha y la miraba de manera siniestra.
"Charlize, ¿quién te crees que eres? Muy pronto te expulsarán de la familia Heredia. Si crees que podrás ser la señora Heredia para siempre, estás fantaseando".
Dicho eso, Ceres se rio a carcajadas. "Charlize, en serio, pobre de ti. Tu marido te envió a la cama de otro hombre para poder divorciarse de ti. ¿Cómo te sentiste? ¿Te sentiste bien?".
"Cállate". Cuando Charlize oyó sus palabras, perdió el control y gritó.
Ceres se rio con una arrogancia mayor. "Caín me dijo que estuvieron casados durante tres años y ni siquiera quería tocarte. Charlize, eso es realmente patético. Ahora todos saben que eres una gallina estéril, incapaz de poner huevos".
"Caín nos trajo a mi hija y a mí hoy a la fiesta de la familia Herández. Dijo que quería presentarnos a los empresarios ricos y famosos. Te aconsejo que salgas de aquí. Me dio asco verte".
"Te felicito, Ceres. No, mejor te llamo señorita amante. Después de todo, creo que de veras te encanta ser amante". Charlize apretó los dientes y la miró con enojo.
"Escucha, mientras Caín y yo no nos divorciemos, no podrás casarte con él. Solo podrás ser una amante desvergonzada, y tu querida hija siempre será una bastarda".
Cuando Ceres oyó esto, inmediatamente adoptó una expresión grave.
Apretó los dientes y dijo: "Charlize, he criado yo sola a mi hija todos estos años en el extranjero porque quería ser la Sra. Heredia. Si te atreves a ir en mi contra, te arrepentirás".
Justo cuando Ceres bajó la voz, de improviso, se inclinó, levantó la mano y le dio una fuerte bofetada a su hija.
La cara de la niña se puso roja y se hinchó. Su pequeño cuerpo se tambaleó hacia atrás y cayó.
Chocó contra la pata de la mesa que estaba detrás de ella y algunos de los platos de porcelana del buffet que estaban sobre la mesa cayeron al suelo, rompiéndose y salpicando.
Enseguida comenzó a sangrar por los brazos y gritó de dolor.
Charlize estaba en shock. '¡¿Ceres golpeó a su propia hija?!'.
Acto seguido, Ceres gritó: "No golpees a mi hija. Por favor, déjanos ir. La niña es inocente. No le pegues".
Su voz aguda rápidamente atrajo la atención de las personas que las rodeaban.
Tomó a la niña sangrante en sus brazos y lloró angustiada. "Charlize, Caín y yo llevamos años amándonos de veras. Me obligaste a irme al extranjero. Sé que no debí haber regresado, pero mi hija quería ver a su padre. No me atrevía a pedirte que me devolvieras a Caín. No nos hagas daño".
Charlize no podía creer que Ceres hubiera abusado de la niña con el objetivo de incriminarla.
"Yo no la toqué. Ella golpeó a su propia hija para incriminarme". Todos a su alrededor tenían curiosidad y Charlize se explicó con nerviosismo.
Empero, antes de que pudiera terminar la frase, alguien se acercó corriendo por la derecha. "Charlize, ¿qué c*jones hiciste?".
Caín se abrió paso entre la multitud y le dio un fuerte empujón.
Sin poder evitarlo, Charlize cayó. Estaba perpleja. Estaba mareada. Levantó la vista, con los ojos borrosos, y vio a Caín parado frente a Ceres, protegiéndola.
"Esta Charlize lleva tres años casada con Caín y no ha quedado embarazada. No puede soportar que otra mujer le haya dado un hijo, por eso golpeó a esa niña. Es demasiado perversa". Los invitados estaban murmurando.
Charlize se mordió el labio con fuerza y las lágrimas se le saltaron. Intentó reprimir sus agravios. No podía llorar. Ella nunca podía llorar.
La porcelana rota le había herido los brazos y la palma de las manos, y su rostro estaba pálido de dolor.
Un pedazo de porcelana le había perforado un gran vaso sanguíneo en el brazo, y una sangre de un rojo muy intenso descendió por su lívido brazo.
El olor a sangre se disipó y enseguida el mármol, impoluto hasta ese momento, fue cubierto por un charco de color rojo oscuro. Fue una escena impactante y aterradora.
Caín la miró sin ninguna piedad. Solo había odio y repugnancia en sus ojos, y ordenó a los sirvientes que la sacaran de ahí.
Pronto apareció un hombre detrás de Charlize, y la ayudó: "Suéltame. No me toques".
Pero él no aflojó el agarre, sino que lo arreció.
Oyó una voz de hombre clara y grave decirle al oído: "Me la jugaste y te escapaste".