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Doblemente enamorado

Doblemente enamorado

Autor: : LiviaCFM
Género: Romance
Un romance divertido y sorprendente surge a raíz de una apuesta, forzando a un arrogante y sensual CEO, que desconfía del amor, a implorar al destino y al karma por una nueva oportunidad en el amor. El amor es una emoción que se moldea según la persona que lo brinda y debe ser comprendida por aquel que lo recibe. Sin embargo, ¿qué sucede cuando quienes se aman hablan idiomas distintos? Es precisamente en ese momento que uno de ellos vive su amor por duplicado. Tres generaciones han sido marcadas por la incapacidad de distinguir entre un amor dulce y uno amargo. ¿Logrará Daniel con sus decisiones romper con esta maldición, o su apuesta le abrirá las puertas a un mundo que se desmoronará ante él?, pero lo que sí tiene claro es que su nuevo juguete, Danna, es solo una pieza sacrificable en su búsqueda por demostrar su versión del amor o del desamor según quien lo escuche. El destino se sumará a la apuesta como un jugador no invitado, permitiendo que uno entregue un amor dulce, mientras que el otro reciba uno cargado de amargura. Solo tú, querido lector, podrás desvelar este enigma al adentrarte en las páginas de este apasionante, sensual e increíble romance, donde los sentimientos serán quienes finalmente determinen al vencedor.

Capítulo 1 La apuesta.

Al regresar a casa luego de una larga jornada laboral me encuentro rodeado por los aromas de una deliciosa cena, la voz cantarina, aunque algo desafinada, de la mujer que considero la más hermosa de todas; sin importarme sus primeras canas, sus incipientes arrugas y ese cuerpo con huellas de los embarazos, así como el bullicio inocentón de las interminables peleas de mis dos hijos me hace sentir que estoy vivo y que mi legado de amor me ha permitido hacer de mi familia mi mundo y de esta casa un hogar.

-"Uhmm, uhmm" como siempre mi amor, la comida estuvo deliciosa -agradezco con una gran sonrisa, porque de ser sincero no me cuesta nada reconocer los méritos en las artes culinarias de mi amada esposa Talía, digo luego de saborear mi humeante café, dando por terminada la cena.

-Darren, hijo- rompo el silencio entre ambos. -Acompáñame al estudio necesito hablar contigo- Le digo aun sabiendo que esta simple petición le ocasiona molestia o peor aún, enojo.

Mi esposa me toma de la mano apretándola con amor y suavidad, tratando de transmitirme paz y sosiego ante la conversación que tendré con nuestro amado hijo.

-Daniel, tesoro sé gentil ya conoces su carácter desde niño, cuando se fija una meta rara vez desiste de ella -Me aconseja mi fiel compañera de vida, la veo suspirar pidiéndole a Dios o alguna fuerza sobrenatural que mi reunión no cause más incomodidad entre los miembros de esta familia. Darren es el primero en levantarse con desgano de la mesa bajo la mirada cariñosa de su hermana mayor, Erika.

Suelto con delicadeza la cálida mano de mi esposa y camino con pasos agigantados en dirección al estudio, admiro el corpulento cuerpo de mi primogénito el cual se eleva por más de una cuarta sobre mí. Trato inútilmente de alcanzar el ritmo del andar de mi hijo a quien no le importa dejarme saber su molestia, pues tendremos una conversación pendiente referente a su futuro.

Cierro la puerta con cuidado, ya que quiero transmitirle suficiente confianza y paz. Su figura es imponente, haciéndome entender la fascinación de Escarlet por él. Sus ojos marrones profundos, ligeramente, achinados son un hermoso legado de su madre, mi mujer, los que contrastan con su níeva piel. Mi aporte genético es su espalda ancha y piernas largas. Es la combinación perfecta entre mi Talía y yo. Sin embargo, ese carácter terco es tan propio de él.

-Papá -inicia Darren la inevitable discusión. Durante más de diez minutos trata, infructuosamente, de explicar, justificar y afirmar que sabe lo que hace, sin evitar recordarme que ya alcanzó los veintidós años, por lo tanto; no podemos continuar tratándolo como un niño incapaz de tomar sus propias decisiones. Intenta hacerme entender ya adentro de esa cálida habitación donde el olor de incontables libros impregna las fosas nasales de quienes entran en ella.

En la cálida habitación rodeada de una atmosfera relajante entiendo, en ese momento, que para tener éxito en esta conversación necesito tratarlo como mi par; un hombre hecho y derecho. Cierro mis ojos, respiro profundo, dejo que el olor característico de miles de hojas rebosantes de tinta llene mis envejecidos pulmones. Intento ponerme en su lugar, pero mi experiencia de vida hace que me aferre, cada vez más, a mi punto de vista.

En cierta forma una parte de mí se siente orgulloso al verlo mantenerse firme ante su determinación de casarse con su novia Escarlet. Sin embargo, por otra parte, ruego que se retracte ante esa idea.

Mi hijo me observa sentarme y tocarme el tobillo gesto que desde hace más de dos décadas me relaja en situaciones de alto impacto; evocando en mí, vivencias, donde las decisiones y acciones arrojaron consecuencias que determinaron el destino de mi vida. Es por eso que experimento sentimientos de dolor y frustración que me embargan el interior ante la posición tan intransigente de Darren.

-Darren, hijo mío trata de entenderme sé que eres todo un hombre, el mejor hijo que algún padre pueda tener- Le digo con voz firme. -Por estas razones no pienso cohibirme de aconsejarte u orientarte, cuando tengo la plena seguridad que estás a punto de cometer una locura con la cual podrías arruinar no solo tu incipiente vida, sino que arrastrarás a Escarlet también.

Suspiro pensando en ella, Escarlet, una hermosa y jovial mujer, algo alocada, coqueta e impredecible chica que lleva saliendo con Darren desde hace más de un año. Ambos estudian la misma carrera, allí en las aulas de la universidad se conocieron. Me agrada suele ser respetuosa, gentil, pero en el fondo sé que esconde, como todas las personas, sentimientos e intereses.

-Dime, Darren, ¿cómo sabes que estás enamorado?, ¿cómo puedes tener la certeza que ella es la mujer de tu vida? Si aún son tan jóvenes... ¿No crees que se están precipitando? -continúo indagando, tratando de hacerle entrar en razón.

»Por experiencia, Darren, te puedo asegurar que el matrimonio es una decisión que debería durar toda la vida -Le expongo, mientras intento leerle la mirada, buscando un poco de sensatez en mi hijo.

-¡Claro!, que sé, perfectamente, lo que es el amor, ya te he dicho que soy un hombre y no un niño encaprichado -Darren algo decepcionado por mi insistencia e intromisión a su privacidad, bufó convencido, mientras se sienta frente a mí.

-No creo que a tu edad sepas lo que es el amor- insisto. -Estoy seguro de que sí sabes de pasión, deseos, celos y la necesidad de querer estar con Escarlet. Pero eso dista mucho del amor -Mi voz se torna melancólica debido a los miles de reminiscencias que llenan mi mente.

-¡Papá! -intenta interrumpirme, restándole importancia a las interrogantes que le acabo de exponer.

-Darren, espero que me escuches con mucha atención lo que estoy a punto de contarte, y si luego tú aún mantienes la misma posición yo seré el primero en apoyarte. Aunque créeme, hijo, sé que en cuanto yo finalice vas a tomarte un tiempo para meditar tu decisión de un matrimonio tan apresurado a tan corta edad -sentencio con voz pausada, pero llena de sabiduría.

-Papá, créeme, estoy seguro de que nada de lo que tú puedas decir, me hará cambiar mi decisión -protesta Darren algo resignado, pero dispuesto a prestarme atención a lo que está por salir de estos envejecidos labios.

-Solo escúchame hijo, no me interrumpas por favor, necesito que esta conversación quede entre nosotros, ya que sin duda te dejará al pie de una encrucijada que tal vez si yo logro encontrar las palabras correctas esa encrucijada te guiará al camino de la felicidad -digo, mientras me acomodo en el gran sillón, cruzando mi pierna izquierda, dejándola reposar en la rodilla derecha y con un sutil movimiento de mi mano rodeo mi tobillo; como buscando algo de valor, concentración y nostalgia. Le doy un sorbo a la copa de vino tinto que tengo en la mesita al lado del sillón, y empiezo a relatar.

»Esto sucedió hace más de dos décadas, pero te hará entender mi posición. -Respiro profundo y centro mi mirada en los hermosos e intrigados ojos de Darren.

"Mi amigo Morgan y yo trabajábamos como jóvenes ejecutivos. Un día entrando al edificio corporativo camino hacia las oficinas para iniciar nuestra jornada laboral, mi amigo aprovechó de entregarme la invitación a su boda extendiéndome feliz la tarjeta. Morgan anteriormente me había solicitado ser su padrino de boda, ofrecimiento que rechacé sin pudor sugiriéndole que encontrara a alguien que sí creyera en esa tontería llamada amor.

Yo tenía la idea muy arraigada que el amor no existía, que era solo una necia excusa para justificar el hecho de practicar el sexo con la misma persona sin tener remordimiento de conciencia. Tal vez para una parte de la población eso es cierto, espero por el bien de la humanidad que seamos pocos, gracias a Dios, mi amigo Morgan, por el contrario, se inclinaba a pensar que el amor es una fuerza que nos mantiene vivos o aún mejor, nos impulsa a seguir felizmente vivos. Sin embargo, a pesar de esas pocas diferencias, nuestra amistad se hacía más fuerte con el pasar del tiempo, habíamos aprendido a respetarnos en esos diez años que teníamos conociéndonos.

-Vamos, amigo, ¿no puedes al menos disimular felicidad por mí?, sabías que tarde o temprano esto era inevitable, tú más que nadie eres testigo fiel de mi amor por Raquel, ya tenemos tres años de noviazgo y estamos listos para el siguiente paso -dijo Morgan, mientras apoyaba su mano sobre mi hombro.

-¿Y cuál paso es ese?, ¿se puede saber?, Morgan- Pregunté con cara de pocos amigos. -Si es por tener esos pequeños seres vivos fastidiosos, demandantes y generadores de gastos sin ningún ingreso, los pueden tener aún solteros, no tienen que casarse para eso- agregué, subiendo las manos en dirección al cielo.

-¡Daniel!- refutó Morgan -¿es en serio?, esos seres que acabas de describir, según tu visión de la vida, se les llaman niños y tú también tendrás al menos un hijo algún día, te acordarás de mí- Me reprochó, mi amigo, medio en broma medio resignado.

-¿Quién?, ¿yo?, ¡nunca!, de eso nada, ya el mundo está sobrepoblado para que yo quisiera tener de esas cositas que solo saben llorar, me niego... ¡Eso jamás! -Le contesté, empleando un tono muy sarcástico.

-Te apuesto, amigo Daniel que cuando conozcas a ese alguien especial, te enamorarás como un tonto y verás que cambiarás de idea en menos de seis meses después de haberla conocido -presagió Morgan.

-¡Estás loco!, te acabo de decir que no creo en el amor- renegué, haciendo el gesto de comillas, mientras llegábamos al frente de los ascensores. -Así que ya gané la apuesta- reí dándome por ganada la conversación.

»¡Morgan, apostemos!- solicité en tono de reto. -Te puedo demostrar que el amor no existe, solo necesito seis meses para convencerte. Selecciona cualquier mujer, y la tendré rendida a mis pies rogando, llorando para no quedarse sola. Ellas solo quieren estabilidad económica y un pendejo que les cubra todos sus gastos superfluos nada más, así son todas sin excepción- Le dije creyendo, firmemente, en mi teoría.

-¿Cualquier mujer?, ¿estás seguro, Daniel? Después no hay vuelta atrás -aceptó el reto cruzando los brazos a nivel de su pecho.

Para ese momento ya estábamos al frente de los ascensores, esperando como los demás empleados, cuando escuchamos una conversación de tres chicas que estaban al lado nuestro. Ese trío de féminas reía y charlaba, animadamente, hasta que una de ella le preguntó a otra por su novio.

-¿Danna, viste este fin de semana a tu amor?, ¿cuándo lo conoceremos?, estamos cansadas de solo verlo en fotos, dile que lo esperamos el próximo fin de semana -La presionó una de ellas.

-Claro que lo vi, estuvimos juntos, pasamos el fin de semana en la cama, nos gusta aprovechar todo el tiempo posible -respondió con voz tímida. Aunque me percaté que sus mejillas estaban rojas a explotar.

»Pronto lo conocerán en cuanto las condiciones estén dadas, lo prometo -Oí decir ilusionada a la mujer.

-¿Aún tienen planes de casarse en seis meses? -intervino la otra compañera.

-Sí, así es, si Dios lo permite en seis meses seré la esposa de Edward- La escuché decir dando un suspiro lleno de ilusión, mientras entrabamos todos al ascensor. -Chicas, nos vemos en la oficina, voy al departamento de recursos humanos a solicitar un préstamo- Les informó la joven enamorada cuando marcaba el tercer piso.

Luego que todos salieron del ascensor, quedamos Morgan y yo; quien no tardó en abrir su bocaza.

-¡Bien amigo!, que empiecen a correr los seis meses, ya te tengo tu reto. Te la pondré fácil, vamos a tu oficina para dejar claras las reglas del juego -Me impresionó con este comentario, pero sobre todo esa sonrisa algo socarrona que brotó de sus labios; la que medió un escalofrío allí, ya sabes, al final de la espalda.

Ya adentro de la oficina, sentado en mi escritorio con Morgan al frente, empezó a poner las reglas y bases de la apuesta.

-Tienes seis meses para conquistar a Danna, la chica del ascensor -quedé impactado por la selección, pero asentí, mientras lo miraba fijamente.

»Yo debo estar presente para comprobar que ella, literalmente, caiga a tus pies rogando y llorando para no quedarse sola -afirmé con un simple gesto de cabeza, restando importancia a la exigencia.

»Durante este tiempo no podrás ser infiel con nadie -¡Diablos!, eso no lo vi venir, quise negociarlo, pero Morgan se mantuvo firme.

»Nadie en esta oficina se podrá enterar de la apuesta y mucho menos de tu relación con ella -Esa condición fue de mi agrado y la secundé enseguida.

»No podrás despedirla en caso de que ella te rechace -trata de evitarnos problemas legales a futuro, lo que agradecí de antemano.

-Tranquilo aún no tengo suficiente poder dentro de la corporación para despedir, injustificadamente, a nadie -dije en voz alta.

-Y por último si llegas a caer tan enamorado de ella como para casarte yo seré el padrino de boda -terminó diciendo y bromeando Morgan, mirándome a los ojos como si fuera un vidente con la capacidad de presagiar el futuro.

Por pocos minutos guardamos silencio, mientras yo meditaba, pero para su sorpresa acepté gustosamente.

-¿Y qué gano yo con esta apuesta? -Le pregunté.

-Sí ganas, mi hijo primogénito llevará tu nombre en lugar del mío ... ¿Trato? -extiende su mano por sobre mi escritorio.

-Trato -respondí y nos estrechamos las manos, sellando un presente que se atreve a apostar por el futuro..."

Capítulo 2 La propuesta.

"... Vi a Morgan salir de mi oficina luego de sellar nuestra apuesta, me preparé, mentalmente, y planifiqué un algoritmo de acciones para ganar.

Me levanté de mi asiento dirigiéndome con paso firme hacia el ventanal que me daba una vista al lado empresarial de la gran ciudad de Caracas. Donde mis padres decidieron establecer el punto central de operaciones de un consorcio enfocado en las bellas artes. «El amor versus realidad, es fácil presagiar el ganador», pensé sintiéndome confiado al imaginarme llamar al primogénito de Morgan por mi nombre.

Desde pequeño se me inculcó que la constancia, la tenacidad y el trabajo duro dan resultados en todos los aspectos de la vida. Mi madre me ha repetido hasta el cansancio que se debe cerrar cada ciclo que iniciamos. Así que; fui capitán del equipo de básquetbol en la universidad, presidente del foro de discusiones en la clase de arte contemporáneo, y el segundo en la promoción de graduandos en la universidad. Morga se llevó el primer lugar, sin embargo, fui un fuerte competidor; así que me siento orgulloso de mí mismo.

-Constancia, tenacidad y trabajo duro -Me repetí en voz alta, mientras tronaba mis dedos frente a mi rostro, decido que es momento del trabajo duro. Me organicé para poner en marcha el plan. Hice una lista mental de las fases que debía ejecutar y fijé la meta final; ganar la puesta. Me reí a mis anchas al dar por terminada la fase uno.

«Bien, Danna, tengo seis meses para verte a mis pies; rogando y llorando para no quedarte sola. Así que; prepárate, pues no pienso perder. El hecho que estés comprometida le da un sabor más interesante a este reto, tu novio morirá cuando sepa que tú estás dispuesta a todo por mí, pobre tonto, de seguro que después de eso se unirá a mi clan de; no al amor», pensé, presagiando el futuro.

-Fase dos -pronuncié, presionándome para continuar, a pesar de que ya saboreaba la victoria.

¡Danna, Danna, Danna!, primero lo primero, llamé a recursos humanos para solicitar tu expediente, me reí mentalmente ante mi posición privilegiada de gerente.

Vi de reojo a mi secretaria entrar carpeta en mano, con una sonrisa que no dejaba mucho a la imaginación. Sabía de los sentimientos de ella hacia mí. Pero una regla clara para ser valorado y respetado como jefe; es ver a la secretaria como una hermana o peor aún una abuela; para evitar caer en demandas por acoso sexual. Extendí la mano para recibir la carpeta sin levantar la vista de mi computadora.

-Es todo por ahora -Le dije, educadamente firme, dándole pies a retirarse. De reojo contemplé esa falda tubular negra como la noche, que le llegaba a media pierna. -¡Diabla, diablilla, diablura!- Me recriminé, tratando de imaginarla como mi hermana, «tal vez podría ser una adoptada», me quejé, mentalmente, al hacer cumplir esa regla de oro.

-Apuesta... Danna... ganar -Me repetí una y otra vez para volver a enfocarme.

Abrí la carpeta, dando inicio oficial a la fase dos. Vamos a saber de ti, mi querida Danna. Me concentré al revisar con detenimiento la ficha de vida para saber; ¿quién eres?, ¿de dónde vienes?, y ¿cuáles son tus aspiraciones?, aunque lo último ya lo sabía; aspiras a casarte con tu novio, pero eso no va a suceder... «Lo lamenté por ellos, pues esta apuesta la gano yo», pensaba en mi éxito por sobre Morgan.

Comprobé que estudiamos en la misma universidad con dos años de diferencia, fuiste buena estudiante, no tan buena como yo, pero buena al fin... «Al menos podremos entablar una conversación interesante», asumí. «Tienes dos años trabajando aquí y ya te han ascendido... eso habla bien de ti», pensé para mis adentros.

-Hace siete meses solicitaste una beca para realizar un postgrado, pero luego la rechazaste... ¿Quisiera saber por qué? -pronuncié con algo de intriga... «Ya tendré oportunidad de averiguarlo», comencé con una lista de puntos a tener en cuenta.

-Sin hijos, ¡Genial!, porque no soporto a esos babosos -Un simple ademán de cabeza afirmó que me gustaba ese hecho... «Odiaría tenerlos cerca de mí», pensé, mientras un escalofrío recorrió mi piel.

-Tienes asegurados a tus padres -continué leyendo nada extrañado, pues la asumí predecible... «Aparentemente, eres una hija responsable», pensé.

-Has pedido dos préstamos grandes en los últimos seis meses y el pago adelantado de las vacaciones sin el disfrute de los días libres -Me sumergí aún más en el expediente... «¿Por qué necesitas dinero?, tal vez será para los gastos de la boda, pobre tonta solicitar tantos préstamos para un matrimonio que no se dará a menos si yo lo puedo impedir», mentalicé para ganar la apuesta.

-Tendrás que vestirte muy sensual para mantenerme interesado en ti -Una inquisitiva realidad arremetió contra mí mismo, al darme cuenta de que ella no jugaba en mi liga, ni era una bomba sexual, pero tampoco estaba tan mal; con pocos arreglos, un par de retoques, y que el maquillaje haga su magia. Total, era solo por seis meses y no para toda la vida... «La imaginé convirtiéndola en mi tipo de mujer; ya saben sexy, sensual, coqueta, provocativa, una fiera en la cama, el sueño de todo hombre», el gusanito del control comenzó a planificar por mí.

Luego de terminar de leer el expediente, escuché a mi secretaria anunciando a Danna.

-Buenos días, señor me informaron que necesitaba de mi presencia, ¿en qué lo puedo ayudar? -Me dijo la víctima de la apuesta con su mejor sonrisa.

-Buenos días, siéntese licenciada Danna -Le ofrecí, mientras cruzaba mis dedos apoyándolos en mi barbilla, manteniendo la mirada en los ojos de ella. Aun sabiendo de qué ese simple gesto haría que las entrañas de mi secretaria le ardieran hasta más no poder.

-¿Deseas algo de tomar? -Le ofrecí, a lo que ella negó con un gentil ademán de mano.

-Por favor cancele todas mis citas por hoy, que nadie nos moleste, no me pase ninguna llamada -solicité a mi secretaria antes de que esta saliera de la oficina con los labios fruncidos. Decir que la respiración de la licenciada que tengo al frente se paralizó es decir poco... «Respira, mujer, respira», pensé al verla palidecer.

-¿Ha sucedido algo, señor? -preguntó con recelo, tal vez, tratando de recordar haber cometido algún error grave como para este tipo de reunión. Su pierna derecha se movía rápidamente, indicándome que estaba hecha un manojo de nervios. Así que decidí atacar directo a la yugular.

-Vayamos al grano Danna, me han informado que usted ha solicitado tres grandes préstamos y un adelanto monetario de sus vacaciones -pronuncié en tono de reto, mientras no le quitaba la mirada.

-Sí, señor, es verdad, pero he solicitado todos los préstamos según las bases legales de la empresa, en ningún momento he faltado a los estatutos establecidos -objetó con su barbilla bien en alto.

-Sí, así ha sido, pero le informo que he rechazado la última solicitud -solté sin aspavientos, bajando las manos dejándolas sobre mi escritorio.

-¿Y se puede saber por qué ha decidido negar el préstamo, señor?, yo realmente necesito este dinero, verá es de vida o muerte -respondió con voz trémula.

-Eso suena a alguien desesperado, licenciada Danna-... «Esta es mi oportunidad de atacar», analicé en fracciones de segundo. -¿Y para qué necesita el dinero?, ¿se puede saber? - achiné mis ojos, tratando de intimidarla.

-Son por razones personales y verá, señor, no estoy obligada a dar esa explicación así que si no tiene más que decirme me retiro a mí puesto de trabajo -reaccionó molesta, como era de esperarse, ya poniéndose de pie.

-Aún no le he dado permiso para retirarse, no hemos terminado señorita regrese y siéntese -espeté, frenándola en la puerta. Recordé el refrán de mi abuelo materno; si quieres dar en la diana apunta al centro. Sé por experiencia que atacar al centro siempre deja desprevenido al oponente, así que mi dardo fue directo allí.

-Le tengo una propuesta que tal vez nos pueda beneficiar a ambos, déjeme explicarle -sugerí, mientras ella se sentaba nuevamente, retirando los mechones de su cara con un suave movimiento de su cabeza. Gesto que encontré, delicadamente, sensual. Tragué saliva y me enfoqué en convencerla.

-Por lo visto necesita dinero constantemente y yo requiero a una mujer que me acompañe por los próximos seis meses -lancé mi primer dardo, exponiendo de manera fría y restando importancia moral a lo que acababa de decir.

-¡Perdón!, señor ¿a dónde quiere llegar? -intentó evitar ser perforada. Pero ya era tarde mi dardo entró en ella. Pude ver sus niveles de indignación y enojo al tope máximo, definitivamente se reflejaron en su cuerpo tenso y la mirada penetrante sobre mí.

-Es muy fácil yo le daré el dinero que necesita y usted me dará lo que yo le solicite, es así de simple -lancé mi segundo dardo respondiendo confiado, recostando mi espalda en mi confortable silla ejecutiva.

Segundos después pude oírla respirar, profundamente, varias veces. Indicándome que este dardo fue más doloroso que el primero. La observé levantarse y caminar hacia la puerta, tuve que actuar rápido para evitar que saliera de la oficina. Me levanté con grandes zancadas, llegué a ella tomándola del brazo, la retuve hasta que me vi obligado a soltarla por el tipo de mirada que me dio. Realmente no sé si me asusté o me impresionó la cantidad de lágrimas retenidas en sus oscuros ojos.

«Mierda, tengo que improvisar en este momento», me dije, porque estaba a punto de perder el control de la situación y ese era un lujo que no me podía dar. Así que abrí mi embustera boca y dejé que de ella salieran las mentirosas palabras.

-Creo que me ha malentendido, por favor siéntese y escúcheme cinco minutos es todo lo que le pido -suavicé mi tono de voz casi a nivel de súplica.

-No le estoy pidiendo ser una acompañante sexual, créame de eso me sobra y no tendría que pagar por ello, tengo una lista de mujeres dispuestas a tener en su currículo social el haber salido conmigo solo por el hecho de ser uno de los gerentes de esta empresa -Le dije, cruzando los brazos y apoyándome en el escritorio al frente de ella.

-Entonces debe explicarse mejor, señor, porque lo que usted me dio a entender me sonó a acompañante sexual -reprochó, tratando de evitar que un par de lágrimas rodaran por sus mejillas.

Opté por apaciguar mi tono de voz para transmitirle confianza; listo para lanzar en tercer dardo. -Necesito una mujer para salir como cualquier pareja normal, que me acompañe, consecuentemente, a algunos actos sociales, viajes y otras actividades que así lo requiera- Aclaré tranquilo con total naturalidad, mientras le entregaba un pañuelo; el cual, con toda dignidad, Danna, rechazó. -Pero no quiero ningún enlace emocional, ya que será por seis meses, no quiero ilusionar a ningún corazón, así que le propongo lo siguiente- Empecé a enumerar con los dedos de una mano.

-Saldremos por seis meses a partir de mañana -inicié mi conteo.

-Todos los gastos corren por mí, implicando ropa, viáticos; ya sabes esos gastos generales -levanté mi segundo dedo.

-Nadie de la empresa, amigo o familiar debe saber de nuestro acuerdo -amenacé sutilmente.

-En caso de ser descubiertos por cualquier miembro de la empresa diremos que somos primos, de esta forma resguardaremos su reputación, señorita, pero a cambio de proteger su dignidad de mujer usted se limitará a seguir mis normas y exigencias -terminé de desplegar los últimos dedos de la mano.

-Tal vez, de vez en cuando lleguemos a tener relaciones sexuales, pero tranquila no soy un maniático ni sadomasoquista, para decir verdad soy un hombre clásico en ese aspecto - proseguí elevando un dedo de la otra mano.

-Yo le depositaré en su cuenta personal mañana el monto solicitado en el préstamo y al final de los seis meses le triplicaré la cantidad, creo que eso le resolvería el problema económico que tiene -subí los hombros y finalicé, alzando mis manos en dirección al cielo como quien leer una lista del supermercado.

Para ese momento ella me miraba con los ojos más desorientados que yo había visto jamás. Se tapó la boca como para evitar gritar levantándose lentamente, apartó su mirada pidiendo permiso para retirarse. Pero yo sabía que, al dejarla salir, sería derrotado por Morgan. Nuevamente, abrí mi astuta boca preguntándole -¿Para dónde va?

-Al baño, señor -La muy ingenua me dijo con un hilo de voz.

-Use el mío -señalé una puerta adentro de mi oficina.

Ella se volteó encaminándose rápido en esa dirección y justo cuando estaba por girar la manilla de la puerta, la presioné; -hágase la idea que está ayudando a un moribundo -Allí mi último dardo, este va lleno de veneno, el veneno de la lástima; servido a cuenta gotas no es mortal, pero sí efectivo.

-Eso es un golpe bajo señor -Y con voz afligida, me reclamó, cerrando sus puños.

Durante los siguientes diez minutos me vi obligado a esperar. Repasaba, mentalmente, los dardos lanzados el primero iba directo a la naturalidad de las nuevas relaciones, el segundo y el tercero se entrelazaron entre la necesidad económica y la supuesta moralidad. «Perfecto, sin vía de escape», me tranquilicé al enumerarlos.

Mientras tanto, seguía esperando, minutos que se me hicieron eternos. Aproveché para repasar las pocas imágenes de ella. Con su entrada a la oficina denoté en Danna un lenguaje corporal distinto al de mi secretaria. Su mirada era tranquila, sus manos no presentaron tensión, su andar fue ligero, dejó una grata estela de aroma a rosas y jazmín. Perdidos en mis pensamientos escucho el abrir de la puerta y de ella sale Danna, haciendo que vuelva al presente. La busqué con la mirada, lucía pálida y con los ojos hinchados, pero caminó con cierto grado de dignidad.

-Necesito poner algunas reglas, si no le importa, señor -exigió Danna al sentarse nuevamente frente a mí. Tragué grueso en espera de sus pausas del trato..."

Capítulo 3 Las reglas del juego.

"... Sintiéndome confiado de tener a Danna con tres dardos bien clavados, proseguí con la presión, disfrazada de un acercamiento unilateral. Pues yo no estaba, ni de coñas, dispuesto a entrar de lleno en la apuesta; no por nada me consideraba un buen crupier siempre listo para que la casa gane.

-Empieza por no llamarme señor, dime Daniel -solté de buenas a primeras.

-No, señor, aún no hemos llegado a un acuerdo, por lo tanto, seguiré llamándolo señor - refutó muy seria. Debo reconocer que eso me sorprendió y me hizo preguntarme; ¿quién es esta mujer que tengo al frente?, ¿por qué no actúa como el resto de las mujeres que conozco?

-Bien, Danna, cómo usted quiera -Me resigné a escuchar sus reglas, le entregué un gesto de indulgencia envuelta en resignación. Total, qué tanto podría cambiar las reglas del juego.

Propuestas, que según sean planteadas rechazaré "educadamente". Desde un principio debo hacerle entender que; yo mando y ella obedece. Ya saben dominante y sumisa, como debe ser. Desde tiempos inmemorables los hombres, machos, pechos peludos domamos y adiestramos, para ser precisos; domesticamos, a esas pequeñas fierecillas que se creen leonas, pero al final de cuentas dentro de nuestros encantos se vuelven gatitas silvestres. Por ende, ningún hombre que se precie de serlo, dejará que una mujer imponga reglas... «No señor, eso nunca, mientras yo pueda evitarlo», dejé que mis pensamientos varoniles dominen mi mente.

-Solo será por seis meses, ni un día más -limitó el tiempo del trato. La voz salió segura, de hecho, muy segura para mi gusto... «Claro que sí, porque solamente necesito seis meses para verte de rodillas a mis pies. Sentencié para mis adentros», sin necesidad de refutar la primera regla, así que me limité a hacer un ademán de cabeza.

-Aceptaré el primer pago, pero no el segundo al menos que se me presente alguna emergencia, en todo caso no creo necesitar tal cantidad de dinero adicional, solo recibiré el que me permita cubrir la urgencia que se presente -dijo, manteniendo una mirada cautelosa sobre mí... «Nuevamente, asentí lentamente con mi cabeza manteniendo su mirada... «Astuta y precavida me salió la mujercita», lo que confirmó mi teoría; las mujeres solo quieren solvencia económica y un pendejo que pague por ella. Segunda regla sin refutar, aunque lamentablemente vi como el dardo de la economía cayó junto a mis pies».

-No dispongo de poder económico ni conocimientos de actos sociales, por lo tanto, usted señor, deberá seleccionar y comprar lo necesario, todo lo que use le será devuelto al final de los seis meses - aseguró, para mi sorpresa.

-Sí, ya le dije que los gastos corren por mí, no tiene que devolver nada de lo que le entregue, será suyo, insisto en ello -Me hice ver como todo un caballero, con tal, de ganar la apuesta.

-Sí usted insiste en esto último, entonces señor, por favor solicito que las facturas estén a mi nombre; en caso que yo decida vender algo, y tomando su palabra; como serán míos, usted no podrá preguntar por el paradero de los artículos -expresó con un brillo en sus avellanados ojos... «¡Ufmmm! eso me dejó fuera de base, pero acepté, total; qué tanto puedo gastar en ella», me pregunté, además lo más importante era que la tercera regla quedaba intacta, así que no había queja de mi parte.

Danna, retoma la conversación y continúa lanzándome flechas las cuales no intento esquivar, ya que compartimos secretamente la idea que lo nuestro será un simple y lucrativo contrato con fecha de expiración.

-Estoy comprometida, por lo tanto, usted, no tendrá ningún contacto con mi circulo social o familiar -Me aseguró ella... «¡¿Pero qué rayos?!», me surgieron varias preguntas en la mente; una de ellas era: ¿cómo se atreve a decir eso? Escuchar a una mujer negarse a presentarme a su círculo social y familiar me resulta extraño, ilógico, inimaginable. Me intrigaba saber si esta mujer pertenecía a este mundo y, a pesar de que mi orgullo comenzaba a resquebrajarse, decidí aceptar, aunque a regañadientes, esta cuarta regla... «¿Es este dolor en mi pecho lo que se siente al ver pisoteado el orgullo?, ya te las cobraré», una amenaza se instaló en mi interior arrugado por su rechazo, pero lo acepté con estoicismo."

Algo enfadado y contrariado por las ya exigidas reglas, intenté dar por terminada la reunión al extender mi mano para cerrar el trato, pero, ¡Dios mío!, vi como la mano de ella no se movía sino todo lo contario inclinó su cabeza de medio lado y chasqueando la lengua sonrió haciendo saber que su lista aún no estaba terminada. Me obligué a recoger mi mano, mientras achinaba mis ojos con fuertes deseos de callar a esta mujer.

-Tendrá que facilitarme un celular, por el cual, nos mantendremos en contacto, ya que no usaré el mío -exigió tranquila y con tal indiferencia que se me erizó la piel... «Pero para ser justos esta quinta regla me beneficia», así que, cierro mi varonil boca para morder mi filosa lengua... «Tranquilo, la siguiente regla será la que refutaré», me dije, aunque viéndolo desde mi ganador punto de vista esta mujer había pensado en todo, y eso me facilitará las cosas. Acepté subiendo mis hombros con desdén.

-Al terminar esta loca relación, usted, no podrá despedirme -enfatizó.

-Esa nunca ha sido la idea, se lo puedo asegurar -Le dije sinceramente... «¡Rayos!, me odié al quitarme, yo mismo, la oportunidad de refutar esta sexta regla», pero de ser sincero, nunca fue mi intención despedirla, aun sí Morgan sale triunfante.

En ese momento un silencio inesperado se instaló en nuestra negociación. Ella respiró, giró su rostro hacia el ventanal, luego buscó con la mirada la puerta para, finalmente, atrapar mis ojos que estaban a la expectativa. Así que activé todos mis sentidos, y es cuando la escuché resoplar una y otra vez... «Aprovecha a respirar ahora porque te faltará el aire cuando suspires enamorada de mí», mis pensamientos se perdieron dentro de mí al sentenciarme como el ganador.

Contemplé como sus pálidas mejillas cambiaron a un rosado hasta lograr reflejar un rojo intenso. Color que me hizo sentir un cautivador, sintiendo regocijo al darme cuenta que mis efectivos encantos harán de ella una más en mi lista de conquistas. Su frente reflejaba rastros de un ligero sudor. ¡Rayos!, tragué saliva, me pregunté qué tanto sudará luego de alcanzar un par de orgasmos en mi cama, o sobre este escritorio, o tal vez en el mesón de la cocina, mientras la estufa terminaba de calentar nuestros cuerpos.

Sus manos se apretaban entre sí; logrando imaginarlas firme alrededor de mi gran y fiel falo que estaba empezando a inquietarse entre mis piernas, solicitando satisfacción. «Tranquilo amigo, ella será toda tuya luego de un par de citas», mis pensamientos se rieron por mí, presagiando el futuro.

-¿Danna?- rompí el incómodo silencio, y al ver que no respondía me levanté para acercarme a ella. -Danna, ¿éstas bien?- volví a preguntar. Ella levantó sus ojos, apretó sus labios e implanta la siguiente regla con voz tímida.

-Referente a las relaciones sexuales esporádicas, déjeme decirle que tal vez después de la primera, usted decida no repetir -La escuché carraspear su garganta, buscando valor para continuar... «Mi mente trató de procesar lo que acababa de salir de esos sensuales labios, pero esta no estaba preparada para procesar dicha afirmación», así que no logré pensar en nada».

»Porque mi experiencia sexual es muy poca en comparación con la suya, señor. Ya que solo las he tenido con mi prometido en contadas ocasiones, así que le garantizo que no lo podré satisfacer como usted está acostumbrado -dijo, mientras ella se miraba sus manos temblorosas y una lágrima silenciosa rodaba por su mejilla.

-Espera, ¿me estás tratando de decir que solo te has acostado con tu prometido?, pero tienes veintiséis años- afirmé asombrado. -¿Qué tan lejos has llegado con tu novio?- pregunté tan intrigado como ansioso, a la par que un cúmulos de miles de sensaciones revolotearon en mi cochina mente sexual.

Con una actitud llena de indignación, Danna, me reprochó, y con sobrada razón, mientras mi imaginación reflejaba cientos de imágenes que pasaron desde la sumisión a la entrega total, sin dejar de lado encuentros en lugares públicos, incómodos y hasta peligrosos. Dos fluidos se activaron en mí en ese momento; la saliva que tragué pausadamente y mi preseminal que estoy seguro goteó mojando el glande de mi carnoso amigo.

-Eso es algo privado que prefiero no discutir con usted, señor –dijo, manteniendo mi mirada en sus manos... «¡Genial! un bono extra como motivación, le agradezco a Dios por eso... Triunfo, que cerca te veo. Nunca, jamás me perdonaría perder esta apuesta», juré internamente... «No refutes», me gritó mi sexual conciencia.

Luego de otro silencio incómodo la vi subir su rostro con la dignidad recuperada y en esta ocasión exigió más que solicitar. Su tono de voz fue claro y fuerte conforme inició a decir.

-Le voy a pedir o mejor dicho exigir un gran favor; en caso de hacer algo que me incomode en el acto sexual pronunciaré la palabra miedo dos veces, usted deberá cesar en ese mismo instante la actividad y no repetirla nuevamente -dijo, sosteniendo una mirada firme en mí.

Sus ojos reflejaron un brillo inesperado que, difícilmente, logré definir, pero podría jurar que estaba entre la timidez y la vergüenza... «Otro dardo acaba de caer a mis pies, el de la moralidad», maldije para mis adentros, mientras levantaba mi corrupta mano derecha para jurar en vano.

-Tranquila, ya le dije, no soy un maniático sexual ni ningún aberrado, vuelvo y le repito, la compañía sexual no es el objetivo de esta relación contractual -enfaticé, rogando que no pille mi mentirijilla, porque internamente me aseguré de garantizarme disfrutar sensual y sexualmente de esta casi virgen durante esos seis meses, ese bono no lo iba a desaprovechar.

-Y por último y más importante; dos veces a la semana yo me ausentaré para reunirme con mi prometido por unas seis horas aproximadamente, durante ese tiempo permaneceré incomunicada, ya que apagaré el celular, usted no podrá impedir o preguntar nada referente a ese tiempo, en cuanto yo este nuevamente disponible le enviaré un mensaje haciéndole saber -aclaró de manera enfática... «¡Rayos!, esta sí que la refutaré. Aquí me impondré», me forzó mi alfa interior.

-Lo siento Danna, pero no puedo aceptar que te desaparezcas por tanto tiempo, te daré dos horas para tus encuentros románticos -Me impuse de la manera más frívola y descarada sin darle opción a negociar.

Danna, me observa y analiza, en cuestiones de segundo se levanta de la silla, apoya sus pequeñas manos en mi impecable escritorio, sube los hombros, y de su boca suelta.

-¡Genial!, demos por nula la oferta, no acepto entonces, búsquese otra mujer, pues esta está a punto de retirarse de su oficina. Entienda algo; no es un punto a negociar, es usted el interesado en este trato no yo. Por otra parte, no pienso ni por un minuto dejar de estar con mi prometido para esperar que usted me necesite, adiós -dijo extendiendo, lentamente, su mano dando finalizada la reunión... «Salvaje leona disfrazada de gatita, mataré a Morgan por elegir una fiera en lugar de una mujer», juré vengarme de mi amigo.

Comprobé con ojos llenos de ira al último dardo rebotar contra el piso, contemplé como mi diana queda, completamente, vacía anunciando mi derrota antes de empezar la partida... «¡Rayos, rayos y mil veces rayos!, mi apuesta se va por el drenaje antes de iniciar la jugada», un pensamiento con sabor a derrota me invadió.

-Siéntate -Le grité, con voz gruesa, pero ella mantuvo sus pasos firmes, moviendo sus largas piernas sin inmutarse, el sonar de los tacones marrones que estaban parcialmente cubiertos por esos pantalones de lino grueso me hicieron saber que se aproximaba a la puerta.

-¡Que te sientes! -Le espeté, pronunciando pausadamente cada palabra. Finalmente pude ver como disminuyó solo un poco el andar. Pero, rayos, segundos después los acelera.

-¡Rayos!, Danna -Llegué con tres zancadas hasta ella, la tomé en un solo movimiento por la pequeña cintura, levanté sus pies del suelo, y apoyé su espalda en mi pecho... «¡Ummm!, que rico huele, capté perdiéndome el delicado olor que brota de su cabeza, con pensar que en este aroma de rosas y jazmín me perderé, mientras nuestros gemidos rebotarán sobre cuatro paredes», la cochinilla imaginación sexual se apodera de mis pecaminosos pensamientos... «Genial, es ligera, me facilitará varias posiciones en elevación que pienso hacerle».

-Loco de mierda, suéltame o grito, y serás tú quien tenga problemas -pelea infructuosamente contra mí.

-¡Dios!, Danna qué te pasa- pregunté tratando de ganar tiempo. -No estoy interesado en tu vida privada- Le dije bajando el tono de voz.

-¡Suélteme! -gritó varias veces aún con actitud de pelea.

-Danna, te voy a soltar, pero deberás calmarte, solo respira profundo, ¿quieres?, esta conversación está tomando un rumbo equivocado, lo juro -dije lo más pausado que pude.

»Danna, voy a ir soltándote, mientras nos calmamos, luego buscaré un poco de agua para continuar hablando -rogué como nunca había hecho jamás. Mientras que ella se calmaba, de a poco, mi agarre fue disminuyendo hasta que ambos solo respirábamos buscando control. Me levanté, serví un vaso de agua y uno de brandy, giré sobre mis talones para llegar al sofá donde ella estaba sentada.

»Danna, me voy a sentar junto a ti, nos tomaremos esto y continuaremos como las personas civilizadas que somos, ¿de acuerdo? -ella asintió con su cabeza algo arrepentida.

-¡Bien!, -afirmó algo asustada por nuestra reacción. Pero igual, extendí el vaso de agua, pero ella negó y extendió su mano para tomar el de licor. Nos miramos de reojos y de ambas bocas se desplegaron un par de sutiles sonrisas que nos dejaron apenados.

-Danna, está bien, no hay problema acepto tus reglas. Realmente te necesito, entiendo que ames a tu prometido, y no soy nadie en tu vida para pedirte que regules el tiempo de ambos. Perdón, no fue mi intensión llegar a ese extremo. Pero sí estás de acuerdo con mi propuesta bajo tus reglas estoy dispuesto a aceptar -Le extiendo formalmente mi mano, esperando una respuesta positiva.

»Por mí, trato hecho -mantuve extendida la mano.

-Trato -dijo ya mucho más calmada. Di por finalizada la primera etapa. ¡Qué empiece el juego! ..."

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