Ester
La vida te enseña que cada sonrisa tiene su precio, no pueden ser tus días llenos de pura felicidad. En mis 35 años, luche por tener lo que tengo, pero jamás me di un tiempo de pensar en lo que me podía matar en vida y al mismo tiempo me haría más fuerte, ver marcharse todo lo que logras con tanto sacrificio fue devastador, no sé si sea el destino, solo sé que duele lo que se te es arrebatado sin compasión, sin siquiera estar preparado para algo tan duro como eso.
De tener a mis padres y un novio amoroso, sin importar su edad, a quedar completamente sola, me vi en la nada, no creí ser tan fuerte, hasta que me tocó serlo por las malas.
Han sido seis meses de duelo, pero ya no más, buscaré y encontraré una manera de vengarme de quien arrebató mi felicidad, haré todo lo que esté en mis manos para lograr acabar con la plaga que daña a inocentes
David
Años me costó tener todo lo que tengo, solo era un joven de 17 años cuando decidí irme de mi hogar, ahora tengo 32 años, viviendo una vida tranquila, con mis negocios legales, fiestas, libertad, alejado de mi familia, no porque no los quiera, solo quise huir de esa vida peligrosa. Hasta tenía una novia que creí que me amaba, que estaría conmigo en las buenas y malas; pero no, aquí estoy, seis meses llevo detrás de las rejas, sin recibir una visita, esperando que mi padre se entregue y yo pueda salir, no sin antes pedirle y decirle que ya no deseo llevar ese apellido que me condena, que me lleva al peligro y me arrebata la felicidad.
Suena tan fácil, pero soy realista, es algo que no sucederá, mi padre jamás se meterá a la cueva del lobo, donde muy cómodamente y con ganas de matarlo lo esperan.
No hay policía o cualquier cuerpo especial que no lo quiera muerto, eso solo significa que me quedaré aquí, pagando diez años o más, por algo que no hice, no importa el dinero que tenga, si no lo puedo usar.
De algo sí que estoy seguro, no volveré a confiar en nadie, Solo pensar que en mis 32 años, se acabó mi futuro, duele mucho.
Podemos enamorarnos de cualquier parte del cuerpo de muchas personas, pero solo amaremos la esencia de una sola.
-Señor Carusso, tiene visita, rápido.-Se escuchó una voz fuerte resonar en la celda.
David, con toda dificultad se levantó. Seis meses y aún no se acostumbraba a la dura e incómoda cama que le daban en ese lugar. Por su mente pasó la posibilidad de que era su padre o tal vez su novia y amigo con buenas noticias.
El guardia no dijo nada en todo el camino, David caminaba incómodo con las cadenas y esposas que iban desde sus pies hasta sus manos. Mientras avanzaba las miraba con ironía, se sonrió para sí mismo con burla. Era obvio que sabía pelear y usar armas, lo aprendió por seguridad, pero escapar de esa prisión, era una muerte suicida. Estimaba que esas esposas y las cadenas eran innecesarias.
Al llegar a la sala, fue recibido por los chillidos y besos de una hermosa mujer dejándolo sorprendido y sin tiempo de reaccionar.
-¡Amor! -Chillo la mujer, besando los labios de David frente al oficial, dejándolo impactado e inmóvil-. Mira nada más cómo te tienen cariño, son unos animales. -Exclamó con molestia y tristeza, viendo mal al oficial.
-¡¿Quién...?! -Traté de hablar y averiguar quién era ella, pero los dedos de la mujer tocaron sus labios, una clara señal de que no dijera nada.
-Lo sé, cariño, yo también quisiera saber quién fue capaz de meterte aquí y culparte de algo que no cometiste. -reprochó a todo oído, con un puchero, acariciando la mano de David, dejando aún más confundido al caballero.
El oficial les dio privacidad y eso bastó para que la hermosa mujer cambiará su actitud y forma de actuar, presentándose como lo que era, una mujer cortante.
-Soy Ester Gavidia, Abogada Criminalista y judicial, estoy aquí para sacarte de este lugar, pero con una condición. -Hablo de manera rápida y sería, dejando a David boquiabierto.
La chillona mujer había desaparecido, dejando a una sería y odiosa, sin dejar atrás, lo claramente mandona que se notaba. Su mirada seguía detallando, buscando la otra que se había presentado antes, bien chillona, pero su mirada penetrante y acusadora le dio por hablar.
-¿Quién te mandó y por qué? -interrogó David, después de unos segundos en silencio, observando a la bella castaña.
-Es una historia muy larga de contar, solo te diré qué puedo sacarte de aquí y recuperar tus bienes, con unas cuantas condiciones. -Contestó Ester, con toda seguridad.
-¿Dime una de esas condiciones? -Indago aún más curioso y burlón.
-Casarte conmigo y así poder vengarnos de quién nos lastimó. -Le propuso Ester.
Una sonora carcajada se escuchó en toda la sala, David no podía creer lo que esa mujer le propuso así sin más.
Ester se quedó cómodamente en su silla, esperando a que el caballero dejara de reír un poco y se concentrará en responder; pero David seguía riendo y, para ella, el tiempo era oro, y la paciencia no era su fuerte.
-Te dejo los acuerdos y mi número de teléfono, si aceptas, llámame. Solo tengo que pedir una audiencia con el juez sobre tu caso y te aseguro que no pasarás más de un mes aquí. -Ester no dejó señal de rogarle, y menos se molestó por su reacción.
Le dejó los documentos y salió acompañada por un oficial, sabía que recibiría su llamada.
Mientras tanto, David secaba las lágrimas que salían de sus ojos de tanto reír, decidió parar y tomar lo que le había dejado, regresando a su celda, guiado por el oficial.
Mientras caminaban, en su cabeza rodaba la escena que presenció minutos atrás, era increíble cómo una mujer actuaba tan bien, y ese beso, ¡Dios!, fue un shock eléctrico a su cuerpo, no sabía si era el tiempo sin ver y tocar a una mujer o si se había enamorado a primera vista, una sonrisa salió de sus labios.
Adentro de la celda, sus ojos se quedaron fijamente en esos acuerdos que tenía en sus manos, y al recordar lo que ella le dijo, para él, sonaban algo descarados y sin sentidos, con un toque divertido.
Curioso comenzó a leerlos:
"Acuerdos
✓Nos casaremos, tus bienes pasarán a mi nombre, de esa manera estarán a salvo.
-Sus ojos se abrieron muy grande, pero siguió leyendo.
✓No dejarás de actuar como un esposo amoroso frente a todos.
-David, sonrió con burla, pensó que su descaro era bastante grande.
✓Nada de infidelidad de ambos.
-Se carcajeó, cada acuerdo le parecía más loco.
-Si es necesario, nos satisfacemos mutuamente.
-Sorprendido se levantó de golpe y recordó sus curvas, de inmediato su compañero reaccionó, era entendible por su abstinencia."
Levantó la mirada de las hojas al sentirse confundido.
-¿¡Quiere volverme loco!? -Exclamó indignado.
"-No debes enamorarte de mí, recuerda que solo será un sacrificio por una venganza.
-Una risa de burla salió de su boca, cuando retomó la lectura de los descabellados acuerdos."
-Qué mujer tan narcisista. -Susurró mientras miraba las letras.
"-Por último, ninguno debe dar su vida por el otro; si se presenta una situación donde uno esté en peligro, solo debe huir y seguir con el plan. -David suspiro al terminar de leer el ultimo de lo que él estimaba como un desatino."
Esa mujer sabía lo que quería y para él no era así de fácil, solo pensar en tener que meterse en esa vida de la cual estuvo escapando por mucho tiempo, lo llenaba de miedo; miedo a que sus padres sufrieran otra pérdida dolorosa.
Cerró la carpeta y la guardó bajo su almohada. Se acostó sobre ésta, cerró sus ojos e imaginó la libertad. Repitió en su cabeza que firmar ese contrato y salir casado de ese lugar, era el único escape, la única solución para salir de esa celda, ahora ya sabía bien quiénes eran sus amigos.
Pasadas unas horas, en ese mismo instante en la entrada del edificio de las Empresas D'C, Ester estaba segura de que David aceptaría el trato y como no era de perder tiempo, visitar la empresa y sacar a las ratas, era lo primordial.
Bajó de su auto con unas gafas oscuras, arregló un poco su falta pegada y suspiró.
Repitiéndose en cada paso que demostraba lo única y fuerte que era. A medida que avanzaba pensaba que dos ratas no eran rivales para ella.
Subió el ascensor con todas las miradas puestas en ella, logrando que su ego creciera más.
Al llegar al piso donde estaba la oficina que se suponía era de David. Ester entró sin permiso.
-¿Quién es usted? -Interrogó una rubia muy prepotente, Ester solo le dio una escaneada y sonrió amablemente.
-Soy la nueva abogada del señor Caruso, estoy aquí como su representante. -Respondió de manera tranquila y segura.
-Disculpe señorita, pero David está en la cárcel y no saldrá ahorita, estoy a cargo de su empresa por orden del juez. -Habló un hombre algo molesto. Ester sacó de su maletín una carpeta y se la entregó.
-Los bienes del señor Caruso, pasaron a ser de mi propiedad. -Afirmó la bella mujer.
-Eso no es posible, soy su mejor amigo y él aceptó que yo cuidara sus bienes. -La contradijo el hombre devolviendo la carpeta.
-Y supongo que a su novia también. -Ester fijó su mirada en la rubia de ojos verdes, que se sorprendió.
Abrió la carpeta y le entregó una hoja en específico.
-Tiene un mes para entregarle todo en orden a su...-hizo una pausa viéndolos a ambos con burla.- ¡Amigo! -Pronunció con sarcasmo.
El hombre frunció el ceño, viendo cómo Ester, se dio la vuelta por unos segundos, ya que había recordado algo más.
-¡Ah, perdón! -Habló con burla, al darse la vuelta -Olvide decirle que él sale en un mes, no pasarán esos diez años que creen en esa pocilga, ¡suerte cariño! -dijo burlona, saliendo con una sonrisa de triunfo.
Ambos, el hombre y la mujer miraron a Ester retirarse, sintieron en ese momento que estaban acabados, no saldrían ilesos de esa traición tan fácil.
Ester Gavidia, una mujer muy calculadora; sabía qué hacer y en qué momento hacerlo, no había nada de David Caruso que ella no supiera, aunque tuvo ayuda importante. Sus curvas pronunciadas, sus ojos azules que combinaban con su mirada profunda, lograba que cualquier hombre la deseara, aunque eso ella no lo aprovechara.
David era uno de esos tantos hombres. Esa misma noche tuvo un sueño erótico con ella, halando su largo cabello castaño mientras le daba fuertes embestidas, era una clara evidencia de que Ester no pasó desapercibida para él, no como mujer. Su cuerpo bañado en sudor, su respiración agitada y una muy dura erección lo despertó de su sueño húmedo.
-¡Esa mujer vino a perturbar mi vida! - Exclamó molesto en voz baja.
Incómodo pensó si ¿¡Acaso podía darse un baño de agua fría en ese lugar!? ¿Cómo lograba satisfacerse a sí mismo sin que su compañero de celda lo viera y lo escuchara? Intentó varios ejercicios de relajación y aun así, no pudo, sino hasta cierta hora de la madrugada, que pudo lograr conciliar el sueño, lo que sin duda alguna le advirtió que Ester Gavidia recibiría una llamada al día siguiente.
La alarma y el bullicio en la prisión despertó a David. Muy cansado y con un sueño terrible, caminaba junto a sus compañeros para darse ese pequeño e incómodo baño, veía su cuerpo y extrañaba estar metido en sus máquinas de ejercicios, y ¡Cómo no!, dentro de una mujer, una lástima que para él, los gemidos de su novia que escuchó por mucho tiempo, para él en ese momento no eran real, ya no creía que fueran de placer y de amor.
Después de bañarse y tomar lo que se suponía era su desayuno, se puso a meditar, sopesaba las ventajas que tenía en casarse con esa bella mujer, no solo salir de ahí, también buscar a sus padres y anunciarles que renunciaría a ese apellido que lo llevaba al peligro siempre. En un momento confuso pensó que tal vez terminaba enamorado y con una familia feliz, y de manera repentina decidió por fin usar el teléfono.
De mala gana, el oficial lo llevó al lugar donde estaba el aparato, no podían negarse, ya que era la primera vez, en todo ese tiempo, que usaba ese beneficio.
Todos deseaban verlo ahí sin ver el sol.
No pasó mucho tiempo cuando Ester vio entrar la llamada, y muy segura de quién se trataba contesto:
-¿Aceptas el trato? -Tomó la llamada con una pregunta directa, sacándole una sonrisa a David.
sonrió apartando un poco el teléfono para tomar aire.
-¿¡Estoy bien, gracias señorita Gavidia, dormí como un bebé!? ¿y usted? -Le respondió sarcástico. Ester sonrió, cosa que no hacía muy a menudo, pero las bromas de David, lograban que lo hiciera. empezaba a molestarle que siempre decía algo que la sacaba de su objetivo.
-Me alegra saber que durmió bien, aunque no fue mi caso, ya que pasé la noche en vela, con usted en mi cabeza. -Le comentó en tono burlón y se podía decir que coqueto. aumentando el flujo de sangre en David-. Es difícil su caso, aún así, estoy segura de que saldrá de ahí. -Aseguró Ester.
David estaba nervioso, su corazón latía fuerte, alejó el teléfono un poco para respirar profundo y seguir hablando, ya que las palabras de Ester, lo hacían sentir extraño, no por sentir algo, sino porque sus palabras lo intimidaban.
-Está muy segura que aceptaré su trato. -Le habló sarcástico, obteniendo un silencio de parte de Ester. David sonrió y siguió hablando-. Acepto su trato. -Afirmó, sacando una sonrisa de triunfo en Ester.
-Lo sabía, tenemos audiencia la semana que viene, hablaremos en unos días para que sepa lo que tiene que decir. -Habló Ester con rapidez e hizo una breve pausa-. ¡Oh! casi lo olvido, saqué las ratas de nuestra empresa. -David no pudo decir nada, justo en ese instante el oficial le tranco la llamada, había pasado más de un minuto.
Caminó al patio, sin dejar de pensar en lo último que le dijo Ester y en lo fascinante que sería salir de ese lugar; no estaba seguro de que la abogada logrará sacarlo, pero no perdía las esperanzas, recordó sus palabras:
«¡Nuestra empresa!», estaba sorprendido de su confianza y seguridad.
Mientras tanto, en ese mismo momento Ester sonreía. Ya tenía la aprobación completa de David, ahora solo le quedaba dar todo de sí para obtener la libertad de ese hombre.
-David Caruso, eres un reto que cumpliré y pienso aprovechar. -Susurró Ester para ella misma.
-¿Hablando sola? -Interrumpió su colega.
-Pensando en como probar que mi cliente es inocente. -Declaró algo cansada.
-Ese caso es peligroso y muy difícil. -Afirmó su colega y asistente algo preocupado.
-Lo sé. -Confirmó ella, haciendo suspirar a su colega.
-Ya que no te haré cambiar de opinión. -El hombre se acercó para hablarle bajito.
-Escuché que el juez está involucrado en ese caso, no sé de qué manera, pero lo quieren ahí metido.
La mirada de Ester era de sorpresa y curiosidad, si eso era así, sería difícil sacarlo de ahí, aunque para ella, nada era imposible y eso algo muy bueno aprendió de su novio.
-Gracias Carlos, puedes irte, no hables de esto con nadie. -Le señaló ella, Carlos asintió y se marchó, dejando a la mujer sola.
Ester fue por un café antes de meterse a su computador y hackear información del juez Olivares, quien estaba a cargo de ese caso tan importante, nuevamente se veían las caras.
-Esto será muy entretenido. -se dijo Ester.
Se puso manos a la obra, con un recuerdo en su mente.
-Agradezco todo lo que me enseñaste, amor. -Susurró con mucho sentimiento.
Recuerdo.
-Cariño, ¿Por qué tengo que estar contigo aquí? -Se quejó Ester.
-Te puede servir de algo, aprender esto mi amor. -Junior la sentó en su regazo y le enseñó como hackear cualquier información que quisiera, de quién lo quisiera, explicándole que no era algo que se usará para dañar, si no, para usarlo a favor en una ocasión sumamente importante.
Fin del recuerdo.
Las horas pasaban, convirtiéndose en tres días, donde David perdía las esperanzas de salir, Ester Gavidia no aparecía por ningún lado y eso empezaba a preocuparme.
Mientras ella, solo buscaba con qué chantajear a Olivares, que la ayudaran a sacarlo de ahí, ordenando sus cuentas de redes sociales, encuentros con diferentes socios que indican ser un hombre de negocios legales; Satisfactoriamente, David Caruso, sin duda era un hombre muy trabajador e inocente para ella, no había prueba que lo incriminen y aun así, sus abogados no hicieron nada.
Después de tres días duros, Ester decidió descansar lo suficiente para enfrentarse en el juzgado, donde tendría que jugar sus cartas muy bien, si quería lograr sacar a su futuro socio y también esposo.
No solo se jugaba su reputación, también muchas cosas que le ayudarían a avanzar en la tan anhelada venganza.
En sus manos profundo sueño, llegaban recuerdos hermosos en la cual dio inicio su hermoso romance, uno que puso disfrutar y duro lo que tenía que durar. Aunque no fue lo suficiente para ella.
Sueño.
-Soy algo mayor para ti, tienes miles de oportunidades, solo debe ser un enamoramiento. -Afirmó el hombre mayor.
-No me importa, me gustas tú, todo de ti, incluyendo tu edad. -Declaró la chica sin titubear.
-¿No te has preguntado por qué, un hombre de mi edad aún no tiene familia? -La puso a dudar o eso buscaba él.
-A muchas mujeres no les gusta hombre aburrido, metidos en una oficina, en un computador, con barbas descuidadas. -Mencionó sin pensarlo.
-Pero, a mí sí, me gusta verte trabajar, me imagino hacerte travesuras para llamar tu atención, quitarte el estrés y dejarte trabajar luego. -Hablo de manera firme y coqueta a la vez, acercándose para besar sus labios.
-Ester...
-No quiero que me pidas matrimonio, solo no te niegues a algo que queremos los dos. -Otro beso hizo que ya la poca fuerza de voluntad de junior, se fuera al carajo, besándola para poseerla justo ahí, en su oficina, Ester había logrado lo que quería, entregarse a su jefe.
Imágenes de ellos presentándose frente a sus padres, riendo y hablando de un futuro, pasaban frente a Ester, era tan real.
Fin del sueño.
-¡Junior! -Susurró con un nudo en la garganta, dando paso a un llanto, su cuerpo sudaba y su corazón dolía, había perdido el amor de su vida, no le importaba si le llevaba 12 años, solo quería formar una familia con él, darle seguridad, amor, sabía lo difícil que era manejar un bufete y ella siempre estuvo ahí, como empleada, amiga y amante, pero de algo si estaba segura; Condenaría a quien asesinó a sus padres y su novio, no estaba segura de sanar ese dolor, tampoco si podía obtener su venganza, pero lo intentaría sin importar morir en el intento.
Su llanto seguía mientras abrazaba sus piernas, era ahí, donde se sentía vulnerable, un momento donde necesitaba el apoyo y consuelo de alguien.
Un momento muy difícil, un dolor muy fuerte y que únicamente alguien valiente como ella, lo sabia llevar.
Aún siendo tan difícil ver a quienes acabaron con todo en un segundo, sin sentimiento alguno o un motivo grande.
-¡Ja, Sabía que no podrías! Tendré que olvidar esa posibilidad de salir de aquí
Se dijo David, a sí mismo, ya habían pasado cuatro días y la bella mujer que robó sus pensamientos, no aparecía, desesperanzado pensaba que su destino estaba en ese infierno; respiro profundo y antes de soltar el aire, se escuchó el sonido de la celda abrirse.
Su mirada se poso en el hombre serio y demacrado, mentía si no le dio una alegría verlo y sus palabras terminaron de hacer latir su corazón fuerte.
-Tiene visita, vamos rápido. -Anunció el oficial, David sonrió, no podía ser nadie más que su bella castaña ojos azules, con las cadenas puestas caminó hacía la sala de visitas. Justo antes de llegar, pudo verla enfundada en un vestido pegado a su cuerpo de color azul, combinación perfecta con sus ojos, cabello recogido en una cola de caballo, en sus pies, se apreciaban unos hermosos tacones de color negro.
-¡Dios! -Susurró asombrado con tanta belleza.
Caminó lento hasta llegar frente a ella y se sentó, sin dejar de mirar esos pechos que sobresalían un poco. La mirada de Ester chocó con la de David al sentir su mirada fija.
Siendo una mujer tan segura y difícil de intimidar, David lograba ese Aura dominante con una cara bonita y sonriente.
-Veo que te gusta mucho lo que ves. -Le habló burlona.
-¡Mucho! -Respondió con una sonrisa ladina, Movimiento de cejas y su mirada en toda ella-. Siento que vienes con muchas ganas de conquistarme. -Aseguró David, Ester soltó una pequeña y suave carcajada. Enseñando esos dientes blancos y sus expresiones ocultas.
-Mejor dejemos eso para después. -Respondió Ester con una sonrisa mientras le pasaba una carpeta-. Vine a decirte que ya está todo listo, en dos días tenemos la primera audiencia, que por supuesto será la única. -Afirmó ella.
-Me encanta tu seguridad. -Declaró David. Echando un ojo a la carpeta.
-Es un buen comienzo. -dijo ella con una media sonrisa, poniendo seriedad a todo.
-Debes decir todo lo que haces, lo que eres, tu única mentira será decir que hablaste con el abogado junior antes de morir. -Sus palabras salieron al mismo tiempo que frunció el ceño.
-¿Por qué?, Si nunca contento con mi llamada. -dijo David.
-Después te explico, debes decir que somos socios de un nuevo negocio. -Ester le pasó una copia de un nuevo proyecto de construcción, un orfanato.
-Sí que eres calculadora. -Le dijo muy sorprendido.
Ester solo se levantó mostrando una sonrisa de orgullo. Escuchar esos halagos, llenaban su ego.
-Nos vemos en unos días, querido, lee bien lo que te di. -Ester se acercó y besó su mejilla, dejando a David suspirando con una sonrisa.
Pudo más si impulso y la detuvo por un brazo, tomo sus mejillas con las incómodas cadenas y dejo él, un beso más profundo en su mejilla.
-Ten bonitos días, querida -Le dijo dándole espacio para que pasara.
Ester quedo un momento inmóvil, solo segundos donde solo vio como se llevaban a David.
Dos días después, ya David estaba listo, seguía pensando en todo lo que le pedía esa mujer y sonreía de ver lo inteligente que era, no dejaba atrás el pensamiento de que fuera algo peligrosa y ese favor le costará mucho.
Mientras David seguía sumido en sus pensamientos, en otro lugar se encontraba alguien muy desesperado por el caso que se presentaría ante el juzgado y que era él, la persona que debía dar el veredicto, sabiendo perfectamente que el acusado, era inocente de todo.
-Señor, sabe que tenerlo detrás las rejas, es la única oportunidad que tenemos para que Vicente Caruso aparezca y por fin acabar con él y su mafia. -Su asistente habló muy seguro, logrando que el juez lo pensará un momento, lo que no sabía el juez, eran las intenciones de ese hombre, era poder meter a Heriberto en todo y obtener mucho dinero a cambio.
-Veamos que pasa, Ester Gavidia, es una mujer inteligente, sabe mover sus piezas y no solo eso, fue entrenada, aún más, por Junior Leal, un abogado muy calculador. -aseguró el juez Olivares.
-No sé con qué sorpresa nos saldrá.
-¿Está diciendo que cabe la posibilidad de que ese joven salga en libertad? -El juez asintió a la pregunta del secretario.
«Un posible tropiezo a sus planes», pensó el hombre con una cara de tranquilidad fingida.
Después de ello las horas transcurrieron con mucha rapidez.
Al día siguiente:
-Estamos todos presente en este juzgado, para conocer otras pruebas, que aseguran la inocencia del señor David Caruso, representado por la por su defensora, la señorita, Ester Gavidia. -Anunció el secretario.
-Demos la bienvenida al juez Juan Olivares. -El juez entró y tomó asiento, mirando a Éster, quien le regaló una sonrisa que, más allá de bella, era de triunfo.
-Y yo qué pensé, que solo sonreías así para mí. -Le susurró David, con celos.
-Me irás conociendo de a poco, sabrás cuando te mire, de otra manera. -Aseguró la castaña muy sonriente, haciendo reír muy bajito a David.
-Debería estar nervioso, pero contigo siento seguridad. --Declaró David, muy tranquilo.
-Eso es bueno, hace que me esfuerce más. -Respondió Ester.
El mazo resonó y dio inicio a todo, el abogado acusador, empezó con las preguntas, después que David juró decir la verdad y solamente que la verdad.
-Señor Caruso, usted asegura no tener contacto con ningún miembro de mafias, ¿no es así? -preguntó el abogado.
-Si, señor, Mis negocios y empresas, todas son legales, construidas por mi esfuerzo. -Respondió muy serio.
-¿Cómo alguien tan joven, logra tanto? -Siguió preguntando el abogado.
-Tengo 32 años, trabajo desde los 17, es obvio que en 15 años puedes lograr mucho y yo soy muy buen administrador. -Aseguró David, recordando lo mucho que trabajó para tener todo su capital.
-Tengo entendido que en su captura, estaba usted con un miembro de la Mafia italiana. -Pregunto rápidamente.
-No sabía que era mafioso, me reuní con un socio. -Respondió molesto David.
-Eso lo puede decir cualquiera, tiene un padre mafioso, quien nos asegura que usted no está a cargo de disfrazar los negocios sucios de Vicente Caruso. -David estaba molesto ya, pero debía aguantar, su mirada se posó en Ester, que solo le pedía calmarse.
-Es todo su señoría. -Habló el abogado con una sonrisa triunfante, el silencio de David, era una condena para él.
-Que pase el abogado defensor. -Ester se levantó, sacudió su vestido con mucha arrogancia y se acercó a David.
-Antes de hacerle las preguntas a mi defendido, permítame acercarle unas pruebas, que demuestran la inocencia de mi cliente. -Ester pasó la carpeta con una sonrisa de triunfo y burla a la vez.
El juez solo abrió la carpeta y se encontró con una foto donde estaba su secretario con el supuesto mafioso, socio de David, pasó otra hoja y estaba él con su amante; El juez sudaba sin parar, mientras Ester empezaba las preguntas que le haría.
-Haremos un receso. -Interrumpió el juez, sacando una sonrisa en Ester, no fue necesario preguntar nada.
En una sala estaban el juez y el secretario, muy molestos y asustados, Olivares no estaba sorprendido, ya que sabía que ella jugaba así, sin pensarlo, la mandaron a llamar. Ester entró con una sonrisa y las palabras de una vez preparadas.
-Solo quiero la libertad de mi cliente y cualquier expediente que tenga, lo cierren y todo quedará en el olvido, sabe que cumplo mi palabra, señor juez. -Condenó Ester a ambos hombres, uno más molesto que el otro, y no podían hacer nada.
-Bien, volvamos, ya tengo un veredicto. -Ester caminó adelante con toda seguridad y prepotencia, mientras la mirada del secretario estaba en ella, si pudiera lanzar cuchillos, Ester no viviera para ver su triunfo.
En el juzgado, David esperaba que Ester le dijera algo, pero ella solo esperó el veredicto, para que él mismo escuchara.
-Después de haber analizado las pruebas, cada movimiento, dejo en claro que el señor David Caruso, es inocente de todo los cargos que se le impusieron, nada demuestra que violó y mató a la esposa del gobernador y mucho menos, tiene negocios ilegales con gente de la mafia. -El sonido del mazo retumbó en esa sala, Ester abrazó a David.
-Felicidades, es usted un hombre libre de la prisión. -Le dijo Ester
-Esas palabras suenan en doble sentido. -reprocho David.
-Lamentablemente, sí, ahora estás en mis manos -Recalcó Ester, sin ningún remordimiento reflejado en su cara, pero eso no era algo que le molestara a David. Su manera de ser le intrigaba, lo incitaba a querer estar en sus manos y saber que tanto podía hacer ella en su vida.