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Domesticando a León

Domesticando a León

Autor: : Nancy Rdz
Género: Romance
Ximena Carbajal es una socialité mexicana, economista y empresaria, trabaja en la fábrica textil de su padre. Su sueño es convertirse en el máximo ícono de poder femenino en el país para esto planea casarse con el heredero del grupo financiero más importante del continente, pero las cosas no salen como ella planea. Este se arrepiente en el altar. Sintiéndose humillada y derrotada Ximena huye de la ciudad. Pronto se entera que el socio de su padre quién ha fallecido hace poco ha dejado toda su herencia a un chico desconocido cuyo nombre es León Hernández. Pronto León llegará a la empresa como el nuevo dueño. Al no tener estudios, Ximena lo considera poca cosa por lo que en cada oportunidad que tiene aprovecha para molestar a León, todos piensan que ella lo odia, pero lo que no saben que en su interior nace un fuerte deseo de tenerlo. Su orgullo de mujer no la deja aceptar que se ha enamorado de León por que él tampoco le hace la vida color de rosa más bien de cuadritos. Polos opuestos. Como el agua y el aceite.

Capítulo 1 Golpe al ego

[Ximena Carbajal]

Me miré al espejo. Sonreí con satisfacción. Me veía perfecta. Hermosa.

Hoy era el día más importante en mi vida, uniría mi vida en matrimonio a la persona que había elegido como esposo. Mi corazón se ensancha al pensar que triunfé al quedarme con el heredero de Grupo Financiero Banmex, es mi mayor triunfo hasta ahora. Ensayo mi sonrisa al imaginarme el poder que adquiriré ahora que seré la señora Ximena Carbajal de Peralta, esposa de Tadeo Peralta. Respiró tratando de contener mi emoción.

-¿Estás lista? -entra mi hermana a la habitación.

-Más que lista -le respondo con una enorme sonrisa en mi rostro.

Mi hermana Dani se acerca a mi tomándome de las manos, lleva puesto un hermoso vestido color lila sin tirantes. Ella es mi dama de honor y mi mejor amiga en el mundo, nos llevamos dos años de diferencia ella es mayor que yo.

-¿Estás segura que te quieres casar con Tadeo? -frunzo el ceño al escuchar su pregunta.

-Claro que sí, es ¡Tadeo Peralta! ¿Quién no desearía casarse con él? -exclamo con denotada molestia a veces mi hermana es muy imprudente con sus comentarios. No se a que viene su pregunta, justo cuando estoy a punto de casarme.

-¿Estás enamorada de él Ximena?

-¡Por Dios Daniela! ¿Qué preguntas son esas? -la regaño.

Aprieto los puños mirándome otra vez en el espejo. Trato de ignorarla, pero ella clava sus enormes ojos en mi espalda. Daniela se tensa, arrugo mi frente viendo a través del espejo que trae una hoja en su mano, no le había puesto atención.

Me doy media vuelta y apunto con la mirada a lo que trae en sus manos.

-¿Qué es eso?

Noto como mi hermana esta nerviosa, entrecierro los ojos.

-Bueno... es... es que llego hoy en la mañana -dice entrecortando su voz -ahí hermana se que a lo mejor me odiarás por esto o papá me matará, pero no quiero que te cases con el hombre equivocado.

Aprieto los dientes. ¿Qué demonios es lo que esta diciendo?

Le arrebato la hoja de sus manos, cuando la volteo a ver me doy cuenta que es una fotografía. Mi labio comienza a temblar al ver como mi futuro esposo y mi mejor amiga se están besando. Respiro profundo tratando de controlar mi irá, pero siento que no puedo, esto es más grande que yo. El coraje circula por mis venas. Me quedo viendo la fotografía incrédula.

-¿Ximena? ¿estás bien? -pregunta ella preocupada, asiento sin dejar de ver la fotografía -por favor perdóname, pero tenías que verla antes de cometer el peor error de tu vida.

-Gracias Daniela por decírmelo, eres mi hermana mayor, se que me cuidas -le digo con voz dulce pero temblorosa, me limpio una sola lagrima que dejo caer por mis ojos -el show debe continuar.

Camino hacia la puerta.

-¿Qué dices? -grita mi hermana con asombro, sonrío con malicia se nota que aún no me conoce del todo -¿te casarás con Tadeo a pesar de que te engaña con Melisa?

Me doy media vuelta quedando frente a ella, meneo un poco mis caderas mientras doy unos pasos al frente.

-Tadeo es un maldito -trago saliva, quisiera gritar, quisiera llorar, pero por ahora no puedo permitírmelo -me casaré con él, haré de cuenta que nunca vi la fotografía, ya me las pagará después de dar el sí ante el juez, le haré la vida imposible unos meses luego me divorciaré, le sacaré hasta el último centavo... -digo apretando los dientes y mi puño derecho con coraje -pagará caro por su traición.

Daniela abre los ojos por completo.

-Te desconozco hermana...

-Aún no has visto nada.

Cuando llego a la iglesia todos los invitados ya están dentro. Papá me espera al exterior, tomo de su brazo y caminamos junto con mi madre y mi hermana donde Tadeo y el padre nos esperan. Apenas damos un paso veo como todos los invitados, gente importante que ha venido de todo el país para ver nuestro enlace, se pone de pie. Alzo mi barbilla con superioridad, sonrío fingiendo alegría cuando por dentro estoy llena de rabia. Tadeo es un maldito. Pasé dos largos años siendo la novia perfecta para él, dedicando mucho de mi tiempo ganándome a su familia y me sale con esto. Claro que prefiero ser la divorciada de Peralta que la que cancelo la boda al último minuto. Mínimo le costará caro el divorcio.

Camino con paso firme y seguro hacía mi futuro esposo. Cuando llego hasta donde él. Sonrío ampliamente, noto como se mantiene serio. Algo no está bien.

-Viniste... -suelta con asombro.

Sonrío.

-Claro querido, nos vamos a casar, veo que desayunaste payaso hoy -me burlo de las incoherencias que está diciendo.

Lo tomo de la mano y nos acomodamos en nuestros lugares. Mientras tanto el padre frente a nosotros da inicio a la misa para casarnos.

-¿Qué no recibiste un sobre con unas fotografías esta mañana? -mi sangre se hela por completo, lo miro pasmada. Fue él quien lo envío, ¿por qué?

Mis ojos comienzan a humedecerse.

-Fuiste tú, ¿por qué? -susurró tratando de que el padre no se de cuenta de nuestra conversación privada.

Ahora es él quien sonríe.

-Pensé que al ver esas fotografías te arrepentirías de casarte conmigo y no te presentarías, pero creo que te he subestimado amorcito, el deseo de ser parte de mi familia ha podido más que tu dignidad.

Trago saliva. Me quedo sin habla. No puedo describir toda la furia que siento por dentro. No puedo creer que me esté pasando esto a mí.

Entonces escucho como el sacerdote pregunta - ¿Han venido aquí a contraer matrimonio por su libre y plena voluntad sin que nada ni nadie los presione?

Giro mi cabeza para ver a Tadeo, esta inmóvil, no dice nada, pareciera que esta librando una batalla dentro de sí. Cierro los ojos, en mi interior ruego por que no se arrepienta, al menos no hoy, no aquí, sería el hazmerreír de toda la sociedad.

El sacerdote repite la pregunta.

No soy lo suficientemente valiente para voltear a mirar a los presentes que de seguro están esperando la respuesta de Tadeo.

-No... no me caso, no te amo Ximena -dice en voz baja pero lo suficientemente alto para que yo y el padre escuchemos.

-No me hagas esto Tadeo, toda la gente hablará -le suplico desesperada.

-Quise evitarte vivir el escándalo, pero te presentaste, fue una mala decisión Ximena -dice mientras sonríe.

-Te arrepentirás por esto Tadeo, lo juro -digo antes de que me dejé de pie y salga corriendo de la iglesia mientras sus padres salen tras de él.

Me giro para ver a los presentes, cuchichean entre sí. Mis padres me miran atónitos, mi hermana me ve con lastima. Soy la comidilla de todos. No lo soporto. Me llevo la mano a la cabeza cuando comienzo a ver borroso. Siento que voy a colapsar. Mi vista se nubla, luego se vuelve negra.

Capítulo 2 Un suceso inesperado

[Ximena Carbajal]

Dos semanas después...

Un ruido ensordecedor hace que abra los ojos. Volteo a ver mi teléfono es más de mediodía. Alguien toca a mi puerta con tremendos golpes. No se quien sea ni me interesa. Mi cuerpo no quiere levantarse, mi cabeza quiere estallar de la cruda que traigo del día anterior. Decidí venir a la luna de miel, después de que Tadeo me humillo dejándome sola en el altar. Más bien decidí huir de todos por que es humillante para mí el pensar que estuve en primera plana de todos los periódicos y revistas anunciando como el gran empresario Tadeo Peralta me dejó en el altar.

Los golpes en la puerta no cesan.

Como puedo trato de levantarme de la cama, hay botellas de vino alrededor de la cama, todo esta en desorden, ropa en el piso, botellas de agua, empaques de comida, etc. No se en que momento toda mi personalidad se esfumó.

¡Otra vez los golpes en la puerta! se escuchan más desesperados.

-¡Ya vooooy! -grito con enfado.

Abro la puerta y mi hermana Daniela esta frente a mí.

Pongo los ojos en blanco. Me giro rápidamente y regreso a la cama.

-¿Qué haces aquí? -le pregunto haciendo un puchero.

Veo como ella camina entre las botellas y la ropa que hay en el piso.

-¡Por Dios Ximena! ¿Qué ha pasado aquí? Esta habitación está hecha un asco, hermana esto no puede continuar así, tienes que regresar a casa -dice con voz severa mientras se lleva las manos a la cintura con reclamo. Niego hundiendo mi rostro en la almohada.

-¿Para qué? ¿Para que todos se rían en mi cara por lo que el estúpido de Tadeo me ha hecho?

Daniela se sienta a lado de mi cabeza acariciando mi cabello como si fuera mi madre.

-Ni menciones a ese tipo sin vergüenza, lo que el quería es que tu no asistieras a la misa para que quedarás en mal por arrepentirte, ahora todo mundo habla de los dos, no sólo de ti, Ximena, escúchame -la miro en silencio -tienes que regresar a casa ahora, he venido por ti, te necesitamos, en la oficina todo es caos, yo no puedo con todo, papá no esta tu no estás, yo no puedo... -frunzo el ceño viendo como ella empieza a chillar como si fuera una niña pequeña.

-¿Cómo que papá no esta en la empresa?

Mi hermana niega.

-Ya se ha leído el testamento del tío Eugenio, le dejó toooodo, absolutamente todo a un desconocido, al parecer tenía un hijo oculto, ni papá sabía sobre él.

Me siento de golpe. Mi hermana sonríe. Estoy confundida, Eugenio era el socio de mi padre en la empresa que los dos fundaron, él falleció apenas hace dos meses de un infarto fulminante, fue una sorpresa para todos, siempre vivió solo no tenía familia, por eso es que lo llamábamos tío. Siempre tuve la esperanza de que nos dejaría su fortuna a Daniela y a mí.

Río.

-Entonces el tío Eugenio tenía secretos.

Mi hermana se encoge de hombros.

-No lo sé, lo único que se es que papá me envío hasta aquí por ti para que regreses cuanto antes a la oficina, él fue en busca del supuesto hijo del tío Eugenio lo va a traer para que se haga la voluntad del testamento, ese muchacho será el nuevo socio de la empresa dueño del cincuenta por ciento de las acciones.

Muevo la cabeza con incredulidad.

-No puede ser, papá no puede permitir que venga un extraño que no sabemos quien sea a la empresa a posicionarse como el dueño absoluto como si lo fuera.

-Pues si lo es... -miro con reclamo a mi hermana quien sonríe -¿entonces vas a regresar?

-No podemos dejar a papá sólo en esto, no sabemos quien es el hijo de Eugenio ni con que intenciones venga, claro que voy a regresar.

Mi hermana vitorea poniéndose de pie y saltando emocionada en su lugar.

Mientras me meto a bañar y me cambio lo más rápido que puedo, Daniela me ayuda a meter toda la ropa que traje a la maleta. Después de dos horas abordamos un avión con destino a Monteverde, ciudad industrial, dentro del top de las mejores ciudades para vivir de todo el norte de México. Donde yo vivía.

[León Hernández]

-Entonces, ¿está usted diciéndome que un tal Eugenio Mendoza me ha dejado una herencia? -suelto de manera irónica. El hombre sentado frente a mí, asiente. No me lo creo.

Este señor Joaquín Carbajal ha llegado a mi taller hace poco más de media hora buscándome. Lo he pasado a la mini oficina que hemos adaptado en un rinconcito del taller donde tengo un escritorio una silla para que el cliente se siente y yo me siento del otro lado de la mesa en uno de esos botes de pintura Berel. Es lo que hay, mi morada es humilde.

-No le creo -suelto frotando mi barbilla con los dedos de mi mano -no conozco ni conocí a ningún Eugenio Mendoza, no sé quién es.

-Deberíamos ir a hablar con tu madre, tal vez ella nos pueda dar las respuestas que necesitamos, en el testamento no se especifica si eres su hijo o no, sólo viene tu nombre y dirección, Eugenio sabía quien eres, dices que no tienes padre ¿no es así?

Asiento asimilando lo que me esta diciendo.

Nunca conocí a mi padre, mi madre nos ha dicho que el falleció al poco tiempo que mi hermano Paco naciera. No entiendo nada, mi madre jamás mentiría. Llevo una mano a mi cabello y lo sacudo con fuerza.

-Es que no lo entiendo, tiene que haber una equivocación, no creo que sea yo la persona que busca, por favor retírese.

El hombre frente a mí se pone de pie.

-Revisare de nuevo la información, no creo que me equivoque, pero te dejaré por ahora, necesitas asimilar esta noticia que no te ha caído nada bien por lo que veo.

Sonrío con sarcasmo.

-¿Cómo quiere que reaccione si me esta diciendo que hay un hombre que me ha dejado una herencia como si fuera mi padre o algo mío? Yo no sé quién era Eugenio Mendoza.

Despido al hombre hasta la puerta del taller.

-¿Qué pasó mi Lion? ¿Quién era ese señor pipirisnais? -escuchó la voz de mi mejor amigo Samuel que también me ayuda en el taller.

Me encojo de brazos.

-Creo que se equivoco de persona, buscaba alguien con el mismo apellido, regresemos a trabajar que aún tenemos mucha chamba por hacer -le digo, no le contaré a nadie sobre esto hasta que todo se aclare.

Al terminar con el trabajo del día, como todas las tardes camino cuatro cuadras hasta llegar a la vecindad donde vivo. Nuestra casa queda en el segundo piso, subo las escaleras casi corriendo y al abrir la puerta mi espalda se tensa por completo al ver de nuevo a aquel hombre que fue a visitarme al taller.

-¿Usted? -lo miro de arriba abajo.

Mi madre y él se ponen de pie.

-Hijo... -se acerca mamá a darme un beso en la mejilla. Mi madre parece apenada.

-¿Qué pasa aquí? ¿A que ha venido este hombre? -le pregunto a mi madre de manera cortante.

-Ven hijo -ella toma de mi mano, me conduce a sentarme a un lado de ella -es hora de que hablemos.

-¿Lo que me ha dicho este hombre sobre Eugenio Mendoza es verdad?

Clavo mi mirada en sus ojos suplicando una respuesta verdadera. Ella baja la mirada y asiente lentamente, siento como una flecha parte en dos mi corazón.

-León, Eugenio Mendoza es tu padre -confiesa en voz baja, mi pecho se contrae del asombro. No puede ser. ¿Por qué yo no lo sabía? -te contaré toda la verdad solo escucha, cuando era joven trabajé en una casa como empleada doméstica, yo me enamoré perdidamente del hijo de los dueños, pero era un amor imposible, tu eres el fruto de ese amor, él siempre supo sobre ti, siempre estuvo al tanto de lo que nos pasaba sólo que yo le pedí que se alejará de nosotros cuando conocí al papá de paquito, después de eso no lo volví a ver jamás.

-Paquito es mi medio hermano -musito. Mi madre asiente.

Miro a aquel hombre que observa la escena.

-Eugenio fue mi mejor amigo desde la infancia, él nunca se casó, nunca supe que tuviera un hijo, el secreto se lo llevo hasta la tumba, hasta ahora que te ha dejado a ti todo lo que poseía, se que él estará feliz de que recibas tu herencia -trago saliva. Veo al hombre -Eugenio y yo fundamos una fabrica textil de ropa de actualidad, su última voluntad es que tu trabajes y tomes tu lugar como socio y dueño de la mitad de estas acciones.

Frunzo el ceño.

-Pero yo soy un mecánico no se nada de moda y esas cosas.

El señor Joaquín suelta una risa.

-No es necesario que sepas, ven conmigo, conoce la fábrica, encontraremos el potencial para lo que eres bueno, en caso de que no sea lo que tú esperas siempre existe la posibilidad de vender tus acciones, yo podría comprarlas ya que es patrimonio de mi familia también, el dinero te vendría muy bien podrían vivir de ello toda la vida sin necesidad de trabajar, tu mamá ya no trabajaría.

Volteo a ver a mamá, ella trabaja casi todo el día planchando y lavando ropa ajena para darle el estudio que yo no tuve a mi hermanito. También pienso en mi abuela que ya es muy mayor. Mi mayor sueño es poder comprarles una casita donde vivir, sin preocupaciones de dinero. Cierro los ojos. Siempre viví humildemente a falta de un padre que me cuidará, mi hermano podría tener un futuro diferente.

-Esa fábrica que menciona, ¿ésta en San Juan? -le pregunto al recordar que cuando se presento en mi taller dijo que venía de lejos a buscarme.

El señor Joaquín niega.

-Está en Monteverde -abro los ojos, Monteverde es la capital del estado donde vivo y esta a dos horas de distancia en auto desde aquí -por eso es que te pido que vengas conmigo, puedes traer a tu familia también.

Volteo a ver a mamá.

-Ve hijo, nosotros estaremos bien, no te preocupes.

-Pero mamá... yo no me iré sin ustedes, ¿Qué pasará con el taller? ¿con Lucía? Yo tengo mi vida aquí en San Juan, ¿Cómo se mantendrán mientras ustedes?

-Por eso no hay problema -el señor Joaquín saca una chequera, escribe algo y se lo extiende a mi madre -¿cree que esto le alcance durante unos días mientras su hijo se adapta a la ciudad y viene por ustedes?

Veo como los ojos de mi madre se iluminan por completo. Tomo el cheque en mis manos. Treinta mil pesos. Nunca he visto todo ese dinero junto.

Es como si me hubiera sacado la lotería, pensé que esto solo pasaba en las películas, pero ya veo que no, es real. Donde quiera que estés, Eugenio Mendoza gracias por haberme dejado tu herencia.

Capítulo 3 Despedidas dolorosas I

[León Hernández]

Le pedí al señor Joaquín que me diera solo dos días para poder arreglar lo de mi taller, tendría que dejar a cargo a Samu mientras yo no esté, no se como lo vaya a tomar ya que desde hace cinco años estamos juntos en este negocio, aunque se muy bien que él puede sólo con todo el paquete. También quiero pedirle que de vez en cuando se eche una vuelta para ver a mi abuelita y a mamá, no quiero que se queden desprotegidas, tendré que arreglar todos los asuntos cuanto antes para poder venir por ellas.

Había otra cosa que me mantenía ansioso. Respire profundo dejando caer mi espalda sobre el colchón de la cama donde dormía. Me llevé las manos al rostro tratando de ahogar todos los pensamientos que venían a mi mente. Había uno en especial que me tenía por demás inquieto. Lucía. No sabía como le iba a decir que de pronto me iba a ir a vivir a otra ciudad. Ella y yo teníamos apenas dos meses de ser novios, aunque era poco lo que llevábamos en una relación, Lucía era la chica más linda, tierna, hermosa e inteligente que he conocido. La conozco desde pequeño, ella vive en una de las casas del primer piso de la vecindad. Estuve tras de ella por varios años hasta que me dio el sí. Ella se ha dedicado mucho a sus estudios, pronto terminará la universidad, gracias al negocio de tacos y enchiladas que tiene su mamá a la vuelta de la esquina es como han logrado solventar los costos de la escuela. Lucía va por las mañanas a la escuela y por la tarde le ayuda a su madre. El corazón se me parte en dos de sólo pensar que tendré que separarme de ella. Me sacudo el cabello con fuerza. Pero tengo que irme, estoy decidido a que el día que venga por mi familia también vendré por ella. Ella es la mujer que quiero para mí, de eso no tengo duda. Me siento de nuevo sobre la cama ahora que he aclarado un poco mis pensamientos. Miro en dirección a la fotografía sobre la mesita que separa mi cama de la de mi hermano, él y yo dormimos en la misma habitación. Tomo la fotografía entre mis manos, respiro conteniendo la nostalgia que llena mi pecho de los recuerdos que embargan mi mente. Acaricio con los dedos de mi mano la silueta de mi padre, ese señor que me acepto como su hijo, que me quiso como uno y que me enseño todo lo que sé sobre mecánica. Él era trailero, el papá de mi hermano paquito. Murió cuando yo tenía unos diecinueve años, muchas cosas no las recuerdo, pero lo que si es que él siempre estaba de viaje, amaba la carretera, decía que conducir era una de las cosas más tranquilizantes que había en la vida. Y si, unos años después lo descubrí. Cuando comencé a dedicarme de manera formal a la mecánica, ahí poco a poco y con su ayuda fundé mi pequeño tallercito a dos cuadras de la casa, en una mini bodega que es de un amigo de él, hasta la fecha me sigue rentando el changarro. Aunque a veces me las he visto negras para la renta, nunca le hemos quedado mal al dueño. Suspiro de nuevo. Mi padrastro falleció haciendo una de las cosas que más le gustaba, ser trailero. Tuvo un accidente en la carretera hacía Toluca, una de las más peligrosas de todo México. Aprieto los dientes, como extraño a mi viejo, aunque no fuera sangre de mi sangre yo lo quería como si fuera mi padre. Dejo la fotografía sobre el pequeño buro de madera desgastada que yo mismo construí hace tiempo. De pronto siento la presencia de mi abuela quien me ve con mirada nostálgica. Me limpio rápidamente una lagrimita que escapa de mis ojos, no me gusta que me vean llorar.

-¿Todo bien mi Leoncito? -dice mi abuela, sonrío al escuchar su voz tierna, desde que tengo uso de razón siempre me ha llamado así, Leoncito, es a la única persona que le permito que me llame así.

-Si abuela, es sólo que tendré que irme por un tiempo, nunca he salido de San Juan, mucho menos me he alejado de ustedes...

Mi abuela se acerca, se sienta a un lado mío recargando su cuerpo en mi hombro.

-Tu madre me lo ha contado todo, yo nunca conocí a ese señor, tu madre nunca dijo quien era tu padre, siempre se las arreglo para sacarte adelante por sus medios, pero yo bien sospechaba que algún riquillo de las casas donde trabajaba la había embarazado por que ella nunca tuvo novio tan joven.

Una sonrisa sale de mi rostro y ni si quiera sé por qué, no es de alegría, más bien de amargura. Siempre quise un padre, cuando primaria nunca lo tuve, cada navidad pedía un papá que le ayudará a mamá con los gastos de la casa, que la cuidará como ella merecía, hasta que mi padrastro apareció y fue uno de los momentos más felices de mi vida. Pero no nos duró mucho tiempo puesto que él falleció. Ahora me entero que mi verdadero padre también falleció. Siento como un vacío en mi estómago y no sé porque, me hubiera gustado conocerlo. Pero la vida es caprichosa. Lo he aprendido a la mala.

-Guela, prométeme que te cuidarás mucho, tomarás tu medicamente, cuando regresé y me entreguen lo que ese señor Eugenio Mendoza me dejó, vendré por ustedes, voy a buscar al mejor doctor para que pueda operarte y así no tengas que perderla por la falta de recursos que siempre hemos tenido.

Mi abuela baja un poco la vista.

-No te preocupes por mí hijito, yo ya viví mi vida, lo único que me hace feliz es pensar que al fin podrás deslindarte de toda la carga que te has echado a cuestas, desde que el papá de paquito falleció, tu tomaste el papel del hombre de la casa, hasta dejaste la escuela para trabajar y ayudar con los gastos, era algo que no te correspondía por que eras muy pequeño, como me partió el corazón verte tan joven trabajando de sol a sol para traer unas cuantas monedas, me daba mucho coraje que mi vista ya no me permitió trabajar, sólo fui una carga para tu madre y para ti.

Me arrodillo frente a mi abuela, tomando sus manos entre las mías.

-Nunca digas eso abuela, tu nunca serás una carga para nosotros, tu fuiste quien me cuido mientras mamá salía a trabajar, eres una segunda madre para mí y no te permito que te sientas de esa manera -acaricio la mejilla arrugada de mi abuela, ella sonríe y aparece en su piel nuevas líneas de expresión que observo con detenimiento. Es la piel de una mujer que ha tenido una vida dura, pero que espero pronto toda nuestra vida pueda cambiar para bien. Me pongo de pie, le pido a mi abuela que vayamos a la sala donde esta mi mamá con mi hermano Paquito. Ella le esta dando de cenar por que acaba de llegar de la escuela, él tiene apenas ocho años. Nos sentamos a la mesa con mamá. Ella pone un plato en mi lugar con frijoles y tortillas, por lo regular es lo que siempre cenamos. Pareciera que es poca cosa, pero sin embargo es una de mis cenas favoritas, las tortillas de mi madre son inigualables, y la salsa ni se diga. Comemos los cuatro, esta será mi última cena en familia antes de partir a Monteverde.

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