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Dorian. Un asesino enamorado

Dorian. Un asesino enamorado

Autor: : DR.AS
Género: Romance
Dorian es el mejor asesino, le han encargado eliminar a la única hija del jefe de la mafia Rusa, pero su mision se ve interrumpida cuando se da cuanta que daria su vida por salvar la de ella.

Capítulo 1 1

Mi villano favorito

Capítulo

Noche en el bar

Las dos mujeres entraron al lugar abarrotado de gente, el olor a cigarro era casi que exagerado y ni hablar del olor a alcohol.

La música estaba tan alta que se podría decir que causaría una grieta en la capa de ozono, como si eso fuera posible.

Eva estaba muy emocionada. Que no sabía cómo borrar la sonrisa de su cara, y ni hablar de la mujer a su lado estaba igual o más contenta que ella.

Y como no, si se habían escapado para ir a bailar, si su padre se enteraba se metería en serios problemas.

Se acercaron a la pista de baile.

―¿Ves a aquel hombre? ―gritó Emma para que Eva pudiera escucharla por la música tan alta.

Eva, unos centímetros más baja que su prima, no veía nada por encima

de los hombros de quienes bailaban a su alrededor.

―pues... no veo a nadie, hay cientos de hombres en este lugar ¿Sabes?

Emma se giró y casi arrolló a su prima Eva

cuando esta se detuvo. Emma de pronto comenzó a bailar de repente de forma... seductora.

Eva miró a su prima con el ceño fruncido.

Ambas llevaban vestidos.

Pero Eva se sentía un poco expuesta pero tampoco era como que le molestara, al contrario se sentía sexy con su corto vestido, negro sin mangas hasta la mitad del muslo con un corte un poco acampanado. Su prima también llevaba un vestido puesto muy parecido al de ella, solo que de color vino.

Eva con las manos y facciones de su rostro hizo señas como preguntando ¿Qué intentas?.

―Quiero, con el hombre de allá - señaló un lugar o mejor dicho a alguien detrás de Eva.

Eva solo se rió por las ocurrencias de su prima y giró sobre sus inmensos tacones haciendo que su cabello se elevara de forma coqueta.

Movió su cuerpo al ritmo de la música, era simplemente increíble, y hasta excitante, luego de un rato quiso poder tener a alguien con quién bailar en ese lugar.

Pero no con cualquier hombre sino con uno guapo, fuerte y varonil.

Siguió bailando con los ojos cerrados imaginando se al hombre ideal rodeando su cintura mientras bailaba.

―¡Eva! ―El tono de Emma insinuaba que llevaba un rato intentando atraer la atención de su prima―. Te he dicho que viene hacia aquí. ¿Crees que alguien me delatará si me voy a casa con este hombre?

―¿Con un desconocido? ― Eva no podía creer lo que su prima le decía-¿Te irías a casa con un desconocido?

―si- movió su cabeza varias veces en afirmación.

Eva quiso decirle algo pero un hombre bien parecido se le acercó a su prima le rodeo la cintura con sus enormes brazos y está su cuello, ignorándola por completo.

Genial, simplemente genial.

Ambos bailaban sin pudor alguno poco faltaba para tener sexo en la pista de baile.

No pareció que a Emma le importara mucho tampoco.

Sintió un susto terrible cuando alguien le apretó el hombro haciendo que se girara, sentía el corazón desbocado.

El hombre no dijo nada. En lugar de eso, le agarró los brazos a ella, se los colocó alrededor del cuello y empezó a mecerse con la música.

Eva intentó salirse de su agarre, Pero ese hombre la tenía bien sujeta, las alarmas universales empezaron a sonar en su cabeza. Y acompañado a eso el hombre apestaba a alcohol y colonia barata junto con sudor, sintió ganas de vomitar.

Intentó poner espacio entre ambos, en serio quería alejarse de ese hombre asqueroso, pero él no se lo permitió. En cambio el hombre parecía tener tenazas en vez de brazos y apretó su trasero acercándose más a él haciendo que sintiera su creciente erección.

El pánico la estaba invadiendo e intentó con todas sus fuerzas apartarlo pero era inútil el hombre era como una pared, no se movía.

―¡Emma! ―gritó Eva. Necesitaba la ayuda de su prima. En serio que la necesitaba

Eva movió la cabeza para ver a su prima pero está está concentrada con su ligue que le tenía lengua hasta la garganta.

Se estaba arrepintiendo en dejar que su prima la arrastrara a ese lugar.

―¡Emma! ―Lo intentó de nuevo.

Su prima le hizo un gesto con la mano. Cómo alentando ¿En serio?

―Relájate y déjate llevar- le dijo sonriendo.

Emma y su nuevo compañero de baile simplemente se giraron para ir a otra dirección dejándola con ese extraño.

―¿Ves? déjate llevar. ―El despreciable hombre le sonrió mostrando sus dientes manchados de negro y con esa mirada cargada de deseo.

Eva quería protestar de nuevo Pero el hombre la sujetó del cabello con una mano y con la otra su cadera, echando hacia atrás su cabeza con fuerza, y la besó, bruscamente tanto que sentía que ella sentía que le rompería los labios.

No podía respirar, era una sensación realmente angustiante.

No podía respirar y el poco oxígeno que le entraba estaba acompañado por un olor fétido, le entraron muchas ganas de vomitar, las arcadas se hicieron presente.

A él no pareció que le importara. Nada lo detenía y cuando ella abrió la boca para pedir ayuda, él le metió la lengua hasta adentro.

Eva le mordió su asquerosa lengua y por poco se cae de espalda cuando el hombre la empujó, alejándola de él.

No lo conocía y no quería hacerlo, pero él no tenía la misma opinión. La agarró y la obligó a besarlo de nuevo.

Pero ella no iba a dejarse tan fácilmente, forcejeo y le arañó el cuello y la cara para defenderse.

Él masculló algo ininteligible y levantó la mano. El mundo se ralentizó mientras

la palma de su mano avanzaba hacia ella.

Se encogió esperando sentir el golpe, pero la mano del hombre nunca llegó a tocarla.

Eva se giró para ver porqué el golpe jamás llegó, y vio que la mano de ese hombre asqueroso estaba sujeta por la de un hombre grande, robusto, musculoso vestido completamente de negro.

Capítulo 2 2

SALVADA POR... ÉL

Hace poco ella estaba fantaseando con cuál sería su hombre ideal y el que la estaba salvando de ese tipejo era el hombre perfecto, el hombre de sus fantasías, era grande con un aura oscura y siniestra.

Sus brazos descubiertos estaban completamente llenos de tatuajes, era muy... musculoso, impresionante con una fiera expresión en su rostro y cualquiera podría decir que era un criminal.

...

Dorian tenía ganas de terminar con la vida de ese insignificante miserable.

El fracasado estaba apunto de abusar de ella y aún así ella peleaba para defenderse.

El único problema si mataba a ese hijo de puta agresivo sería deshacerse del cadáver. No era imposible, claro estaba, pero aún así le daría problemas.

No era nada bueno que llamara la atención en la ciudad antes incluso de conocer los detalles de su objetivo, y como Dorian se consideraba un profesional no quería ser notado.

pero eso no le impedía intimidarlo.

Sostuvo al violento fracasado por la muñeca derecha que le había dejado machacada y lo fulminó con la mirada. El hombre tardó sólo unos segundos en darse cuenta de que estaba mirando a la muerte a la cara. Dorian podía incluso oler su miedo. Fue más que clara su advertencia

―Lárgate y No vuelvas nunca. ¿Quedó claro? ―Dorian pausadamente para evitar el acento ruso que se le notaba al hablar.

―S.sí, señor. ―el muy cobarde movió la cabeza frenéticamente en afirmación - Me voy ahora mismo.

Dorian empujó al hombre para que se largara de su vista y posó su mirada en la mujer asustada a su lado, tenía el vestido arrugado. Miserable hombre había arruinado su bello atuendo, estaba arrepintiéndose de haberlo dejado ir.

Suspiro y le sonrió de la manera mas cordial que pudo, intentando que ella no saliera corriendo

―No voy a hacerte daño.

―Lo sé.- Dijo ella, él no pudo oírla pero si ver el movimiento de sus labios.

―¿Estás bien? ―le preguntó.

Dorian se acercó a ella con pasos vacilantes y le tendió una mano y al juntar las una sensación cálida lo invadió, su piel hormigueo como nunca antes y un escalofrío placentero lo recorrió completo.

Dorian nunca antes había experimentado nada igual.

Cada célula de su cuerpo reaccionó a esa mujer.

Era innegable que la deseaba, no lo iba a negar, eso sería estúpido, por favor, pero de algún modo ella había accedido a sus instintos protectores más profundos, que habían permanecido ocultos en el alma de Dorian.

Con gentileza, la acercó a él. Se fijó, con sorpresa, en que ella se aproximaba por voluntad propia. La rodeó con los brazos y dejó que se inclinara sobre su pecho. La acompañó hacia al margen de la pista de baile y encontró un lugar donde podían respirar. Ella exhaló y él experimentó una

profunda sensación de alivio. Estaba a salvo y él la mantendría así.

Acercó su boca al oído de ella.

―¿Estás bien?

―Sí. ―Giró la cara. Dorian habría jurado que le estaba olisqueando―. Gracias por ayudarme.

―Tiene suerte de que no acabara con él. ―Dorian intentó mantener un tono relajado pero dejaba muy en claro que con él nada le iba a suceder.

―No valía la pena el esfuerzo ―convino―. Hoy en día es difícil

deshacerse de los cadáveres.

Dorian se rió y su risa fue tan inesperada, tanto Para él como para que quedó embobada por el sonido de su risa.

ella sonrió, y a él le pareció que era la sonrisa más divina y angelical que había visto jamás.

―No creo que tú amiga sea de mucha ayuda.

Había visto a su acompañante al otro lado de la pista bailando pegada a quien

parecía ser un nuevo amigo.

―¿Cuánto tiempo llevabas observándome?- le pregunto un poco inquieta.

―Un rato.

Dorian no añadió que había captado su atención en el instante en que atravesó la puerta. Con sus sexys curvas y su suave cabello que enmarca impecablemente su cara, parecía la inocencia en persona.

―¿Cómo te llamas? ―preguntó.

―Dorian. ―Alzó una ceja―. ¿Y tú?

―Eva.

«Eva». Repitió su nombre. ¡Le iba perfecto! La pureza rodó por su lengua como si fuera miel. Era la mujer más tentadora a la que hubiera conocido jamás.

―Si pido tu número de teléfono... ¿Me veré muy descarada? ―le preguntó.

Dorian soltó una risita.

―Para nada, yo me preguntaba cómo pedirtelo sin parecer un acosador.

Capítulo 3 3

Capítulo

Sensaciones extrañas

Eva estaba loca... sí, eso, no había otra explicación lógica para decirlo.

Es que a ver, estaba con un hombre que no conocía y de paso parecía de lo más siniestro y peligroso. Y le gustaba

Aunque a su lado no se sentía insegura en lo más mínimo.

Más bien se sentía cálida y segura, no recordaba haberse sentido así con alguien, jamás.

Y era extraño porque sentía como si se conocieran de toda la vida o por lo menos una parte de ella sentía que estaban... unidos.

En poco tiempo tendría que irse porque bueno... habían salido a escondidas, Pero quería quedarse con él todo el tiempo posible por si no volvía a verlo nunca.

Se excitó rápidamente al oler su perfume, era tan masculino y tan... tan... no sabía cómo describirlo, ese hombre desprendia virilidad por cada celula de su piel.

―Tu amiga no debería haberte abandonado ―dijo Dorian. El timbre

grave de su voz se oyó por encima del estruendo de la pista de baile, unos

metros más allá.

―Mi prima es un espíritu libre.

La expresión de él se volvió casi amenazadora.

―¿Hace esto con frecuencia?

―No lo sé. Casi nunca salimos juntas.

―Si no vas a bares, ¿qué haces normalmente? ―Dorian estaba interesado en hablar con. Ella cualquier estupidez que quisiera .

―Soy artista―dijo Eva con vacilación.

Ese era el momento en el que

normalmente la gente entornaba los ojos haciendo suposiciones sobre «la

gente creativa».

―¿Cuál es tu medio favorito para trabajar? ―La expresión de Dorian se mantuvo seria. Ni rastro de algo que sugiriera que la estaba tomando el pelo.

―En realidad prefiero trabajar con carboncillo. ― Eva no sabía qué más decir―. Mi padre no me toma

realmente en serio, pero he expuesto algunas obras en galerías locales y se

han vendido.

―En el mercado del arte no es fácil empezar ―dijo―. Si has vendido

alguno de tus trabajos, ya estás muy por delante del artista promedio.

―Gracias ―dijo con el calor concentrándose en sus mejillas. Le gustaba oír comentarios positivos por una vez―. Creo que mi padre está molesto de

que nunca haya mostrado interés en el negocio.

Él sonrió.

―No te imagino en una sala de juntas y te acabo de conocer.

―Sí, supongo que soy bastante fácil de leer.

A Eva le habían enseñado desde niña a mantener los negocios familiares en familia por esa sentía la necesidad de cambiar de tema. Las personas ajenas no eran bienvenidas.

Nunca.

―¿Hay un tema en concreto que te guste dibujar o bosquejar? ―le preguntó Dorian.

Él... Él sería el tema perfecto. Había algo en el casi mítico.

Tenía una belleza más allá de lo anormal, su cabello negro hacía un contraste perfecto con sus ojos oscuros, su boca tenía una forma de corazón que provocaba lamerla y su barbilla tenía una pequeña endidura que se veía de lo más sexi en su mandíbula cuadrada.

Solo pudo imaginarselo como Ares, el Dios de la guerra, peligroso y atractivo.

Aún no le había respondido. Un rubor le cubrió las mejillas al darse cuenta de que aún estaba esperando lo que debería haber sido una respuesta sencilla.

―No, realmente, lo que me inspire está bien - Debes de pensar que soy ridícula.

―No,Para nada.

Algo en su expresión la encendía, como si él pudiera ver más allá del exterior que ella le mostraba al mundo. Para la mayoría de la gente ella era Eva Gil hija de Alejandro Gil, a quien tenían que tratar como una muñeca de porcelana.

Casi al punto de ignorarla.

Y ahora venía él, un completo desconocido que parecía importarle lo que le decía.

Bueno lo más probable era porque no la conocía ¿Cierto? Es lo más lógico, porque si conociera a su padre, no sería lo mismo.

Al otro lado de la abarrotada sala, Eva oyó a alguien gritar.

Tuvo el horrible presentimiento de que se trataba de Victor.

Su guardaespaldas había desaparecido cuando ella y Emma llegaron al bar.

Eva sospechaba que seguramente se acababa de dar cuenta de que ya no estaba con Emma.

El pánico de Victor era inevitable, puesto que su padre literalmente lo mataría

si a ella le pasaba algo.

Dorian se puso alerta al ver el alboroto del lugar y ella lo noto, entendiendo que era un hombre que sabía trabajar desde las sombras pero normalmente esos hombres trabajaban par su padre.

―¿Qué está pasando? ―le preguntó, ladeando la cabeza para poder ver mejor su

mirada desdeñosa y desconfiada.

Giró el cuerpo, colocándose eficazmente entre ella y la pista de baile.

―No sé. No estoy seguro.

.

.

.

Su instinto salvaje le exigía que sacará a Eva de lugar o mejor aún que la hiciera suya en medio del bar Lara que todos supieran que era de su propiedad.

―¿Vives cerca? ―Dorian intentó mantener un tono calmado. No quería

asustar a esa mujer tan bonita e inocente.

―En realidad no. ―Miró a su alrededor―. Tengo que encontrar a mi prima y comprobar si nuestro chófer está aquí.

―¿Vuestro chófer?

Algo en su forma de comportarse le puso sobre aviso. Allí estaba ocurriendo algo más.

―Emmm si bueno... Verás, tengo un... ―Un hombre musculoso apareció de repente entre la muchedumbre de bailarines a pocos metros de distancia―. Vaya, ahí está.

―¿Ahí está quién?

Dorian la sujetó aún más cerca. No le gustaba para nada ese hombre no parecia amigable.

―¡Quítale las manos de encima!

El hombre estiró el brazo intentando agarrar a Eva.

Pero Dorian era muy ágil y fácilmente lo esquivó.

―¿Quién es este, Eva?

―Victor es mi guardaespaldas. Es el chófer del que te hablaba.

Victor soltó una serie de maldiciones en ruso que dejaban bien clara su opinión sobre Emma y sus antepasados.

Dorian miró al exagerado guardaespaldas. Que el guardaespaldas fuera ruso probablemente significaba que Eva también era rusa.

Eva le habló a Victor en ruso, enfurecida.

Dorian pensó que era curioso que no se le hubiera ocurrido que él hablaba el mismo idioma.

Interesante.

―Un baile ―le dijo a Victor―. Me vas a permitir un baile o le diré a mi padre todo lo que ha pasado esta noche mientras tú estabas por ahí haciendo quién sabe qué.

Dorian ocultó una sonrisa. Vaya, vaya el ángel tenía garras.

Si antes se sentía simplemente atraído, ahora estaba completamente cautivado. Era la mujer más fascinante con la que se hubiera cruzado.

Eva agarró a Dorian de la mano y lo arrastró a la pista. Normalmente él no bailaba, pero haría una excepción por ella.

Solo por ella

Utilizó su cuerpo para protegerla mientras entraban entre la gente para ir a la pista de baile, aprovechando de pegarla más a él.

Cuando finalmente ella se giró y empezó a moverse al ritmo de la música, Dorian se olvidó por un momento de lo que estaba haciendo.

Era como si el cerebro se le hubiera apagado. La risa de ella lo trajo de nuevo al presente.

Aún estaba inmóvil en el medio de la pista de baile, parecía Un idiota.

La forma en que se movía era seductora y muy sensual mientras movía los brazos y las caderas al ritmo de la música.

La sonrisa de su rostro era una invitación.

Nadie habría reconocido al gran asesino Ruso en ese momento.

Se olvidó de su alrededor y le agarró las caderas con las manos y dejó que los movimientos de ella guiaran los suyos.

Se movieron juntos; sus cuerpos se rozaban ligeramente. La fricción entre

ambos hizo que la sangre se le fuera a su miembro.

El pene se le endureció y alejó la cadera de la de ella por temor a que supiera exactamente el gran efecto que tenía en él. Y eso no era bueno.

Ella deslizó los brazos por el cuello de él.

Fue la cosa más natural del mundo envolverla en su abrazo y dejar que el ritmo los guiara. Se sentía... bien.

Hacía décadas que no bailaba así.

Ni en su vida personal ni por supuesto en la profesional.

Ella entrelazó los dedos en su pelo y se puso de puntillas. En esa postura,

sus pechos se aplastaron contra él y lo beso, sin mucho miramiento, era lo que quería y lo hizo.

Su mundo se tambaleó como buscando encajar en el lugar que siempre le había pertenecido, supo en ese momento que nada sería igual.

Alguien le agarró por el hombro.

―¡Basta!

Sus reflejos y su instinto se apoderaron de él por completo. Dorian rodeó a Eva con un brazo y colocó su cuerpo entre ella y la amenaza que había percibido. Agarró la mano que tenía en el hombro, apretó con fuerza y la retorció.

Dorian ya tenía al hombre de rodillas cuando se dio cuenta de que

era Victor.

Pobre idiota.

―Creo que eso te enseñará a tener las manos quietas- dijo ella riéndose sinceramente

Dorian soltó a Víctor. El hombre cayó al suelo quejándose de dolor.

Dorian suspiró, esa era una señal. Era hora de que se fuera y lo sabía. Dar espectáculo en público cuando estaba en la ciudad por trabajo era la estupidez más grande.

―Tengo que irme ya ―le dijo Dorian a Eva. Le sostuvo la cara con las

manos y la besó con suavidad.

―No te he dado mi número de teléfono ―murmuró. Descaradamente deslizó la mano en el bolsillo de los pantalones de él y sacó su teléfono. Marcó un número en la

pequeña pantalla táctil.

―Llámame.

Dorian permaneció en silencio y decidió irse en lugar de responder.

¿Qué más daba sí la llamaba o no?

Eva siempre estaría con él. Nunca

olvidaría la sensación de tenerla entre sus brazos o el sabor de sus labios.

Pero Eva estaría mejor si él caminaba en sentido contrario.

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