-No es tu mate es mía -rugió el lobo encolerizado.
-¡Por favor basta! -suplicó la desdichada omega en el suelo con lágrimas corriendo por sus mejillas.
-¡No! No aguanto más. Debes elegir a uno de los dos -exigió uno de los alfas.
Adara
-¡Adara! -me llama mi madre -estas afuera, ya casi sale la luna ¿acaso escuchaste lo que te dije? -me pregunta en regaño- por la diosa, niña presta atención.
-Ya entendí, madre. Debemos comenzar a plantar las semillas, mañana me quedo en casa encerrada- hablé resignada.
Trabajo muy duro en la manada Luna Dorada, específicamente con el aseo de la casa grande, a veces trabajo en los cultivos y en donde haga falta para que mi madre y yo no tengamos ninguna carencia, no vivimos como ricos, pero para ser omegas no nos va tan mal, casi nunca me cruzo con el alfa y el círculo importante de este, y no creo que vayan a dejar que una loba como yo se acerque a él, hace unos treinta años trajeron a algunos sobrevivientes de la manada White Moon a Luna Dorada.
Manada de donde provienen mis padres, luego de que el alfa de ese entonces traicionará al consejo, y como castigo fue derrocado y la manada disuelta, eso fue mucho antes de que yo naciera y las costumbres e historia de esa manada se perdió con el paso del tiempo. Se nos tiene prohibido hablar sobre lo que sea que tenga que ver con el pasado a modo de castigo y poco a poco fuimos perdiendo nuestra cultura e historia.
La diosa nos dio el poder de cambiar de forma a cualquier hora del día, pero en luna llena es especial, corremos bajo la luna y nuestros instintos más básicos salen a luz para sentirnos libres. Nuestra naturaleza sale a la luz sin ninguna vergüenza y podamos ser esa otra parte que nos regaló la diosa y que vive dentro de nosotros como un fiel compañero.
-Es bueno que si escuches por una vez en tu vida -regaña sacando de mis pensamientos- lo hago por tu bien, Fred quiere pedir tu mano, no quiero que te arrastres con otros lobos. Solo falta hablar con el alfa para que dé su visto bueno, siempre lo da, así que no me preocupa.
Correr con la luna llena te daba más energía, más fuerza y más agilidad, era como recargar las pilas para los cambiaformas como yo, pero desde hace dos años que mi madre no me deja correr libremente.
Nuestro alfa es quien nos une en una especie de matrimonio, no firmando un papel como los humanos, pero si tenemos nuestra propia ceremonia para unir nuestras almas en una sola a lo que llaman mate, me gustaría conseguir mi mate, antes de que mi madre permita está locura.
-No quiero casarme con Fred, quiero conseguir a mi mate, madre -le expliqué por millonésima vez.
Nosotros los lobos somos criaturas apasionadas y si no conseguimos nuestra pareja destinada podemos morir de soledad y tristeza sumergidos en el dolor de la ausencia de tu otra mitad, es por eso que muchos lobos cuando se sienten cerca de la locura lunar eligen una pareja al azar, aún me siento joven y no siento nada de la locura de la luna como para adelantarme a los hechos y perder la oportunidad de encontrar a mi pareja.
-Puede que nunca la encuentres, ya tienes veintitrés años y sigues sin pareja, Adara lo hago por tu bien- me dice mi madre en tono cansino. Hago una mueca con mis labios, pero evito responder y enzarzarme en una discusión sin fin... más, sin embargo...
-Eso no lo sabes, si me dejaras explorar de noche, o ir a la fiestas. La diosa sabe porque y como suceden las cosas, tú tuviste tu pareja, recuerdo cómo veías a mi padre -suspiré recordando esos días felices, tratando de hacerla entrar en razón.
Y se me cortó el suspiro cuando sentí el golpe que recibí en mi mejilla, el desconcierto dio paso al dolor y luego a la rabia y mi loba gimió enrollándose en si misma no queriendo más eso para mí. Mi vida se convirtió en un martirio cuando mi padre murió y mi madre quedó sola, hecha pedazos siendo yo la única que podía recoger las piezas que quedaban.
-¿Qué te he dicho? -pregunta mi madre de manera retórica, sé que me pegaría de nuevo si intento responder -no menciones a Gerónimo nunca más.
Las lágrimas escocían en mis ojos y no las dejé caer, apreté las manos en puños y me di media vuelta para irme a despejar mi mente, si mi padre hubiera estado aquí, esto jamás habría pasado, hubo un tiempo en el que fuimos felices.
-Adara, te estaba buscando- choqué con Lissette cuando estaba perdida en mis pensamientos -te necesito, amiga.
-Dime, Lissette- dije un poco apagada pensando en mi padre y en como me hacía falta.
-Necesito de tu ayuda, sé que ya terminó tu turno en la casa grande, pero necesito que me suplas hoy -pone las manos juntas como en súplica- tengo planes y no quiero faltar.
-Esta bien, no tengo nada mejor que hacer- comenté -pero, ¿sucede algo?
La vi extrañada hundiendo el ceño y viéndola más arreglada de lo normal.
-Hoy viene a esta manada el mejor amigo del hijo del alfa- cuchichea- y quiero estar en primera fila para verlo, es muy sabido que busca pareja y quiero que me vea a ver si me elige.
Lissette es la única amiga que tengo en toda la manada, no suelo ser una persona muy social, prefiero leer libros, ayudar en el hospital de la manada antes que ir de fiesta con los demás y eso no es un pasatiempo que todos compartan, Lissette es una hermosa loba de melena castaña, pero aún no aparece su mate y comienza a desesperarse, aunque no es la única, todos babean por el alfa Alaric, el mejor amigo del heredero a alfa de esta manada.
-Bien, pero me quedo en el área de la cocina, no soy buena con la multitud -le advertí- solo hazle saber a mi madre que estaré en la casa grande -le comenté.
Aún no quería verla y había pasado una hora de nuestro desafortunado encuentro, mi madre dice que lo único que la mantuvo viva fui yo, el solo pensamiento de dejarme sola le fue insoportable, pero cuando el alfa mató a mi padre por este querer revelarse mi madre sufrió demasiado y casi muere de dolor, que no solo era el dolor sentimental de perder a su otra mitad, sino también dolor físico que sentía como si la metieran a aceite hirviendo, esas fueron sus palabras cuando me habló luego de meses en silencio después de la muerte de mi padre.
-Bien, lo haré -Lissette me saca de mis oscuros pensamientos- dicen que nuestro alfa le dará el trono a su hijo este fin de semana.
-Pensé que les pedían estar casados antes de hacerse cargo de Luna Dorada- mi estómago se revolvió al pensar en Mason, el hijo del alfa de pequeña me ponía nerviosa.
Tan soberbio y muy pagado de sí mismo, pero se nos obliga a respetarlo por muy imbécil que sea, nada puede romper un mandato alfa. Eso y el miedo, el miedo es capaz de mantenerte a raya por décadas o siglos.
-Es por eso que las malas lenguas dicen que Mason, elegirá esposa hoy y es por eso que viene el alfa Alaric directamente de la manada Garra plateada- mi loba se agitó molesta por las palabras de mi amiga, pero lo ignore.
-Bueno, espero elija bien- me encogí de hombros.
La madre de Mason y también Luna de esta manada es una mujer tranquila y sabia, regia y siempre reina, se merece una digna sucesora.
Me despedí de Lissette y me encaminé a la casa principal de Luna Dorada, la casa era un bullicio de gente tapando los lindo y tranquilo de la casa, siempre me he sentido tranquila en este lugar, sobre todo en la biblioteca, a veces la Luna me dejaba quedarme luego del trabajo para poder leer esos bellos ejemplares, no solo había de la historia de los lobos sino también los que escribían los humanos, me gustaba leer sobre Agatha Christie, Stephen King y Megan Maxwell por igual.
Estoy tan metida en mis pensamientos mientras pico las verduras que me pidieron que no escuche al chef, un Beta que cocina como los Dioses.
-Adara, Adara... Vuelve con los nuestros- se burla el chef.
-Lo siento, chef Emilio- me disculpé bajando la cara avergonzada y como señal de respeto para ellos.
Para todos solo somos Omegas, todos están por encima de nosotros era algo que me molestaba, pero así era en este mundo.
-No pasa nada, pero necesito que lleves esa bandeja a los invitados- señala dicha bandeja y siento mi corazón latir más rápido -Penny vomitó al oler el salmón, al parecer espera un cachorro.
-¿Yo? No creo que eso sea lo más inteligente de hacer- hablé torciendo la boca a un lado.
Vi levantar una de sus cejas, el chef interpretó mis palabras como si fuera un desafío, bajé la cara y vi mis zapatos de tacón bajo, el chef era un beta y por rango debíamos hacerles caso a sus órdenes, solo tenía un delantal negro para no ensuciar mi ropa y preferí dejármelo puesto para ir con una bandeja con aperitivos.
Todos los licántropos importantes estaban presentes, hasta mi amiga Lissette, quien me veía con una sonrisita en la boca y me señala con la mirada al alfa de la otra manada, mi loba paró la cola y empezó a menearla.
«Quieta, Aroa» regañé a mi loba.
Nunca había estado en la misma habitación que los alfas, hoy había dos y la tensión de poder se sentía en el ambiente, aparté a mi loba y seguí repartiendo los aperitivos sin acercarme más al alfa Alaric, de Mason no sabía nada, pero todos cuchicheaban de como el futuro alfa no esperaría a su pareja destinada, sino que elegiría a Daniela Richardson la hija del Beta de su padre, por alguna razón eso me molestaba enormemente.
Estaba cerca de las escaleras cuando todos comenzaron a aplaudir y miré hacia donde todo el mundo lo hacía, allí estaba Mason en lo alto de la escalera acompañado con Daniela, era una mujer hermosa de pocas curvas como las modelos de los humanos, rubia, con estilo, de ojos azul bebé que tenían a todos embelesados, bajé la mirada a la charola que tenía en mis manos y vi mis manos temblar de rabia.
-¿Estás bien? -preguntó alguien a mi espalda y sentía a mi loba poner más atención a la voz del extraño.
-Y-yo... necesito irme- dije a modo de apuro.
Las personas se aglomeraban en la escalera para saludar al futuro alfa y su futura Luna y yo tenía ganas de empujar a todos y correr.
-¡Mate! -dijo en mi oído- ¡eres mía!
Sentí una mano en mi codo y la electricidad corrió por mi brazo al resto de mi cuerpo, me jalaron y me sacaron del lugar en un borrón apresurado y me dejé guiar completamente aturdida.
Ojos violetas me veían como si quisieran comerme y temblé más cuando lo reconocí, el alfa de Garra plateada. Alaric Wolfhagen me veía a mí mientras no me soltaba.
-Alfa Alaric- su nombre salió de mis labios como un jadeo.
-¡Mate! -inhaló profundamente percibiendo mi olor- eres mi compañera.
-E-eso... no, no, no, debe ser un error, alfa... solo soy... y-yo- le dije de manera torpe.
Lo escuché gruñir y se abalanza encima de mí encerrándome entre una pared y sus brazos apoyados en esta.
-No permito que hables así sobre lo que me pertenece- me exige con sus ojos de un intenso rojo y descubrí mi cuello en señal de sumisión.
Lo escuché gruñir de nuevo cuando una voz nos interrumpe.
-¿Qué está pasando? -una voz capaz de helar el infierno pregunta- ¿ese olor?
-Vete, Mason -dijo e un gruñido enojado el alfa Alaric, sin miedo a represalias por el futuro alfa.
-No, estás en mi territorio, en mi fiesta de compromiso y eliges esta noche para encamarte con una de las lobas lugar, vamos a donde está la fiesta y dejaré pasar este desaire de tu parte, Alaric- responde quien ahora sé que es Mason en tono de broma fingida- aléjate.
-No es una cualquiera -prácticamente gruño y vi a su lobo querer salir, sus músculos crecieron dos veces más de lo que es y eso ya es decir mucho- es mi mate, respeta a mi pareja destinada.
-Es... ¿qué? ¿La conseguiste? -pregunta Mason cambiando de tono.
No podía verlo, pero se escuchaba herido y hasta decepcionado por ese hecho y eso me entristeció y me confundió.
-N-no, no, ya le dije alfa, debe de haber un error- me escuché hablar antes de poder detener mi lengua, pero no podía negar la conexión, la podía sentir, enroscándose entre Aroa y yo.
-No hay error con el regalo que la Diosa de la luna nos hace, eres mía, fin de la discusión -dijo a modo de orden y cerré la boca.
Escuché pasos y luego tuve un atisbo de Mason, con su traje a medida de color negro, a diferencia de Alaric que tenía solo una camisa blanca manga larga enrollada en sus antebrazos dejando ver algunos tatuajes, en los lobos no es muy común, pero hay lobos que se dedican a marcar a nuestra raza por un exuberante precio, no es fácil empapar la tinta con acónito con la cantidad necesaria para marcar, pero no para matar.
Antes de que Mason se acercara más se detuvo de golpe y aspiró profundamente mi aroma como hizo el alfa Alaric hace unos momentos.
-¡Aléjate! -le gritó Mason a su mejor amigo.
Yo comencé a temblar aterrorizada de lo que estaba pasando, Mason prácticamente quitó a Alaric de un jalón, lo pude ver más de cerca, nunca había estado tan cerca de un hombre, mucho menos de dos.
-¡Mía!
Abrí los ojos de la impresión y solo quería salir corriendo del lugar, no me encontraba tan lejos de la cocina, por allí había una salida que daba con el bosque, si pudiera quitarme a dos alfas que parecían furiosos tal vez podría irme y escapar.
«Debí hacerle caso a mi madre» me lamenté demasiado tarde.
2 Mason
Dos días antes
-Sabes que debes casarte, es tiempo -dice mi padre y alfa de la manada-. Ya estas en la edad de hacerte cargo de la manada.
-Tú encontraste a mamá, es una buena Luna y tú un buen alfa -preferí adularlo antes de que sigamos por este camino- tú puedes tumbar esas reglas.
-Que astuto, eso no funciona conmigo -dijo mi padre señalándome- elige a Daniela, es la hija de mi Beta, si tu madre la entrena será una buena Luna.
-No cuentes con eso, Ulises -dijo mi madre dejando de lado su libro.
Mi madre era una empedernida de los libros y cuando se acabaron los de la manada mandó al equipo de búsqueda a comprar más libros.
-¿Por qué no? Eres una excelente Luna, puedes darle consejos a la muchacha- le responde mi padre frunciendo el ceño, tratando de parecer intimidante.
-Esa muchacha no será una buena Luna, pronto te darás cuenta del error que quieres que tu hijo cometa y espero que no sea después de que nuestro hijo la marque- sentencia mi madre.
-Voy a caminar- decreté y salí sin esperar que nadie me dijera nada más.
Llamé a mi mejor amigo para hablar con él mientras me meto en mi despacho, necesitaba la sabiduría de Alaric.
-Wolfhagen -responde la llamada con un pequeño gruñido.
-Necesito hablar contigo- le dije.
-Mason, ¿qué tal todo? -me dijo con tono sarcástico por no saludar.
-Pésimo, todo ha ido de mal en peor- respondí sin caer en su juego, no estaba de humor esta vez.
Sin importar nuestros deberes con nuestras respetivas manadas, Alaric y yo hablamos de manera constante. Tenemos seis meses sin vernos y eso nunca nos evita que nos comuniquemos siempre que podemos, su manada es la más próxima a la mía y cada vez que podemos nos escapamos para respirar y no ser solo esos que debemos ser y los que los demás esperan.
-Eso es una mierda. Tu padre de nuevo supongo- me responde poniéndose serio, entendiendo que necesito a mi amigo.
-Sí, quiere que acepte a Daniela como mi Luna y compañera, a mi madre y a mí no nos hace mucha gracia. Pero ya tengo veinticinco ¿Y si mi compañera nunca aparece?
-Es un punto válido, pero no del todo. Si quieres vente unos días a Garra Plateada para descansar un poco la mente- me ofrece como siempre que necesito un descanso de todo.
-No, quiere que en dos días escoja a mi Luna, él quiere relegarme sus obligaciones como alfa- le conté- por eso me presiona más que antes, si fuera por mi padre me hubiera casado con Daniela cuando cumplí los dieciocho.
Mi padre a estado obsesionado con mi pareja, mi padre conoció a mi mamá cuando él solo tenía diecinueve, cuando vio que yo no seguí con su suerte entró el pánico.
-Ya veo, entonces nos vemos en dos días -dijo pacíficamente como si ya supiera que decisión tomé.
De los dos, Alaric es el más tranquilo y sensato, tiene muchos tatuajes y mucho músculo, pero solo es apariencia, le gusta más razonar, yo sin embargo suelo ser más... agresivo y directo.
-¿Cómo sabes que aceptaré? -me indigné un poco.
-Te conozco, y si para eso puedes ser alfa que así sea- me restriega en la cara mis verdades- son tradiciones tontas, rómpelas, no todos los alfas tienen Luna, como yo.
Hace unos cuatro años los padres de Alaric fueron asesinados por vampiros nómadas, nunca pudimos encontrar a los verdaderos culpables, pero la comunidad de los vampiros se disculpó por no darnos a los responsables, existe una delgada línea entre los vampiros y los de nuestra especie, la Reina Ekaterina Tepes II asegura que no quiere romper el tratado de paz que ella misma firmó con nuestros antepasados.
-No es una mala tradición, todos mis antepasados la han cumplido sin excepciones -repliqué como disco rayado.
Puse los ojos en blanco en mi mente al oírme hablar como un idiota, muy profundamente no quiero deshacerme de las tradiciones que hicieron de mi manada prospera y útil.
-Nos vemos en dos días para tu fiesta de compromiso, futuro alfa- me pican sus palabras.
Resoplé y colgué, era inútil hablar con él por teléfono cuando solo hacia bromas.
-No deberías marcar a nadie más que no sea tu compañera, Alaric tiene razón -dijo mi madre entrando a mi despacho- todos quieren encontrar a su pareja destinada.
Mi despacho era la mitad de pequeño que el de papá, pero todos los futuros alfas habían pasado por aquí y lo hacía con orgullo hasta ocupar mi puesto.
-Quiero una compañera, pero si está no aparece... en unos días tendré que anunciar mi compromiso en unos meses tendré que marcar y casarme con Daniela -mi madre y yo hicimos una mueca.
-Las tradiciones se pueden romper -mi madre se acercó a mí dejando un beso en mi frente como cuando yo era un niño. Pero para eso tuve que doblarme prácticamente en dos.
Mi madre era esta pequeña persona menuda, parecía frágil. Pero era una gran Luna para la manada y aunque muchos lo dudaran era muy fuerte.
¿Cómo sería mi pareja?
¿La encontraría?
-Quiero lo que mi padre tiene- le dije dejándome caer en mi sillón favorito junto a la ventana que daba al jardín, me gustaba la vista que tenía esta oficina.
-Lo tendrás si tiene paciencia. Tu padre corrió con suerte al visitar mi antigua manada y encontrarme leyendo en los jardines de la casa grande, yo aún no tenía lobo, pero ya tu padre sabía que yo era su compañera- suspiró mi madre muy enamorada de mi padre.
En nuestra especie consigues a tu lobo a tu mayoría de edad, allí se presenta y dice su nombre, y, en la noche a la luz de la luna te conviertes por primera vez.
-No sé si mi padre me deje opción, sino tendré que ser como el abuelo de amargado -le dije a mi madre enfurruñado en mis pensamientos.
-Tu abuelo también fue presionado por su padre. Y aunque tu abuela no fue una mala luna, no era su pareja y con los años eso pesa en los hombros de quién toma la decisión de una pareja elegida y no destinada -habló mi madre y parecía tan sabía cómo lo era.
Se sentó a mi lado para acompañarme un rato más, nos quedamos en silencio cada uno metidos en nuestros pensamientos.
El abuelo, Teodoro decidió elegir también una compañera, pero la diferencia entre la elegida y la destinada es mucho, las parejas elegidas se pueden llegar a querer; reciben una marca, pero no es tan poderosa como cuando consigues a tu pareja.
El vínculo es más especial, más fuerte; vives y respiras por esa persona que la Diosa te regaló.
Mi lobo, Malaquías está triste por no poder esperar a su compañera.
«Quiero salir a correr» me dijo en un gemido lastimero.
-Me voy a correr, mamá nos vemos para la cena.
No esperé más, ya me estaba quitando toda la ropa y saliendo por la puerta secreta que había en mi despacho. La desnudez para un lobo no es nada, estamos acostumbrados a estar desnudos para poder salir a correr junto con las estrellas y la luna.
No es de noche, pero mi especie no lo necesita para convertirse en lobo y salir a correr a cualquier hora del día, es por eso que estamos en lo más profundo del bosque de Yellowstone donde ningún humano metiche pueda encontrarnos.
Mi cuerpo se agranda y comienza a cambiar, mis huesos se rompen y recomponen en la forma necesaria para que Malaquías tomé el mando.
-Es bueno estar afuera -dice con un gruñido sacudiendo su pelaje, respira hondo y aúlla al aire espantando varios pájaros.
Varios lobos ya convertidos que están por la zona responden al llamado de su futuro alfa y comienzo a correr, el viento en mi pelaje negro se siente increíblemente libre. Tan libre como no puedo serlo en la casa de la manada.
-¿No podemos esperar un poco más? -pregunta mi lobo entre enojado y triste.
Siento un dolor en el pecho por no poder esperar por ella.
-No sé si se pueda. Puedo hacer la fiesta de compromiso y atrasar lo más que pueda la boda y el tener que marcarla, no sé porque mi padre está tan empecinado en que marque a alguien que no me pertenece.
-Hablé con Edom y tampoco entiende el apuro -dice Malaquías.
Edom es el lobo de mi padre, a veces ellos se comunican sin necesidad de usarnos, siento que esto pone una brecha entre mi padre y yo, percibo un olor a océano y flores silvestres y me encamino a donde está tan magnifico olor, llego al rio y no veo a nadie.
Me transformo en humano de nuevo buscando la procedencia de ese olor, pero estoy cerca del rio, creo que perdí el aroma cuando se metieron al rio o se alejaron de este.
¡Maldición!
«¿Qué era ese olor?» me pregunta Malaquías.
-No lo sé- respondí con honestidad tratando de captar el olor de nuevo siendo en vano mis muchos intentos.
«Búscalo» exige Malaquías queriendo tomar el mando.
-No, debemos volver a casa y quiero hacerlo caminando- y cerré nuestra comunicación.
Faltaba poco para la cena y mi madre odiaba que llegáramos tarde.
Narrador Omnipresente
Alaric estaba confundido por lo que su amigo decía y la manera en la que veía a su compañera como si le perteneciera, se sacudió la confusión de su cabeza y se levanta del suelo, con pasos lentos y metódicos; se acerca de nuevo a su mejor amigo y su compañera.
Por su parte Mason estaba eufórico e igual de confundido que su mejor amigo, pero no tanto como su compañera.
-Estas mal, suelta a mi compañera -le dijo Alaric en advertencia.
Adara veía de primera mano el enfrentamiento de dos grandes lobos alfas y su corazón se aceleró aún más, podía sentir la conexión con ambos lobos igual de fuertes cada una.
«¡Por la diosa! ¿Qué estaba pasando? Esto no me puede estar pasando» se dijo la pequeña lobita un poco asustada de sentir dos conexiones.
-No puede ser tu compañera, debe de haber un error -niega Mason con la cabeza, enojado con su mejor amigo.
«No puede ser posible, Aroa dime algo ¿Aroa?» piensa Adara.
-P-por favor, déjenme ir -suplicó Adara abrumada por todo lo que sentía.
-La estas asustando, Mason déjala ir a mi mate-Alaric empuja a su amigo para darle espacio a su compañera- seguro que esto tiene una explicación, a lo mejor ella estaba hace un rato con tu verdadera compañera, pero ella huele...
«¡Es mía, no es de Mason!» pensó Alaric molesto.
-A océano y flores silvestres -terminó Mason por él- sé a que huele mi compañera, por fin la encontré, búscate la tuya.
Solo los compañeros podían oler ese característico olor de su mate, para distinguir a su pareja donde fuera que estuvieran sin importar cuántos humanos o lobos estuvieran.
«¿Entonces tenemos la misma compañera?» pensó Alaric sorprendido.
-Si al caso vamos la conseguí yo primero -replicó Alaric.
-No soy un objeto y estoy justo aquí, alfas -habló Adara sacando su mal genio, dejando a un lado su miedo y confusión.
-Debes elegir -exigió Mason de repente, perdiendo los estribos.
-¿Qué? -dijeron Adara y Alaric al mismo tiempo sorprendidos por la exigencia de Mason.
Adara podía sentir ambas conexiones, sería extremadamente doloroso cortar una. El solo pensamiento le revolvió el estómago. Para los licántropos es casi una abominación rechazar a nuestras parejas, un alfa puede llegar a sobrevivir, pero una omega no.
-Debes elegir -repitió el futuro alfa, molesto por tener la misma compañera que su mejor amigo- esto debe ser un error o una broma de la Diosa.
-La Diosa no anda bromeando por allí -resopla Alaric- si tenemos la misma compañera que así sea.
-Yo no entiendo muy bien lo que pasa, solo quiero irme... p-por fa-favor- pidió angustiada, pensando en su madre y su futura boda con el omega Fred.
-Al menos dime tu nombre -le suplica Alaric, antes de que la loba escape de sus manos.
-Adara- y luego de decir su nombre la licántropa salió corriendo del pasillo.
Ambos lobos la vieron irse apretando sus manos en puños poniendo de toda su voluntad para no correr tras ella, Alaric se dio la vuelta e iba a salir del pasillo cuando Mason lo detuvo agarrándolo por el codo.
-Es mi compañera- le dijo a su mejor amigo con dientes apretados- ella vale más para mí, Alaric -sentencia.
-No me vengas con chorradas como esas, Mason no soy manipulable como tus padres y tu manada, ella también es mi compañera y se acabó. Yo también la he esperado durante más tiempo que tú, que no se te olvide.
Alaric se soltó del apretado agarre de su amigo y se fue a buscar a uno de sus guerreros que estaban apostados en la entrada, en cuanto vieron a su alfa dejaron las risas y se pusieron firmes.
-Alfa Alaric -dijo uno de ellos, Alaric no tenía tiempo y solo asintió y buscó con la mirada a su Beta.
Los ojos de Alaric se posan en Benson, su Beta al final de las escaleras. En cuanto Benson vio a Alaric supo que algo iba mal y se acercó a él.
-Tengo una compañera, la encontré -fue lo que dijo Alaric recordando los ojos almendrados de la chica.
-¡Muy bien, felicidades! -dijo algo alegre, pero siguió sin entender la cara de tragedia de su alfa- ¿Cuál es el problema?
-Que también es la compañera destinada de Mason -respondió agobiado- necesito que la encuentres, que averigües donde vive, que hace necesito todo.
-Dalo por hecho, alfa -le dijo Benson incrédulo, pero aceptando las ordenes de su alfa como siempre
Dos alfas unidos por una sola compañera, Benson jamás había escuchado una historia como esa y que sea a su alfa al que le tocara era como poco increíble. Sin más dilación se fue en busca de información para su alfa.
Mason se quedó parado en el pasillo hasta que su madre, Eva lo consiguió, la Luna estaba preocupada por la cara que tenía su hijo cuando lo encontró, quien de repente reaccionó golpeando furioso la pared que tenía frente a él, enojado con la vida y con la Diosa por lo que le hacía, él no quiere compartir a su compañera. Debería ser suya y solo suya.
-¿Estás bien, hijo? -pregunta Eva viendo a su hijo preocupada.
-No lo estoy, acaba con esa farsa, no pienso casarme ni marcar a nadie que no sea mi pareja- habló Mason de mala gana.
-Fue tu decisión, así que irás afuera justo ahora y lo terminaras tú si eso es lo que verdaderamente quieres, te tienes que responsabilizar por tus actos, Mason, tu padre y yo no estaremos eternamente contigo -sentencia Eva de la misma forma fría que su hijo.
-Lo siento, madre -se disculpa Mason tratando de serenarse, no sabía con quien hablar. Normalmente buscaría a Alaric, pero él no es opción justo ahora- encontré a mi compañera -murmura recordando a la chica.
-¡Oh, hijo! ¡Felicidades, mi vida! -Eva estaba realmente contenta, que su hijo por fin encontrara a su pareja enviada por la diosa era maravilloso, seguro es alguien de una manada de afuera.
-No hay nada de que celebrar, Alaric también es su compañero destinado -dijo con un regusto amargo en la boca de su estómago- ¡Alaric estaba con ella a punto de reclamarla, madre!
-¡¿Qué?! -dijo su madre escandalizada- eso es imposible hijo.
-Es posible, madre. Lo es -repite de repente muy cansado de todo- yo la olí hace unos días por el rio, pero no había logrado verla, Malaquías quería que siguiera el olor. Debí hacerle caso- se lamentó deslizándose por la pared hasta llegar al suelo y mirando al techo.
-Hijo, debe de haber una explicación a esto -su madre viéndolo en el piso derrotado.
-No quiero compartir a mi compañera, mamá eso es imposible -Mason se sentía contrariado- solo sé su nombre, huyó de nosotros. Huyó de mí -Mason se sentía como un completo imbécil por hacer que ella huyera.
-¿Cómo se llama? -pregunta Eva interesada en tan peculiar loba capaz de tener dos mates al mismo tiempo.
-Adara -repitió su nombre y su corazón se aceleró, el solo hecho de decir su nombre lo llenaba de sentimientos contradictorios.
-Conozco a Adara -dijo la Luna actual pensativa- le gusta leer, limpia la casa y es buena chica- sonríe la madre de Mason, sabiendo que la Diosa le daría una buena pareja a su hijo.
-¿La conoces? ¿Dónde vive? -pregunta Mason- madre, le dije que tiene que elegir entre nosotros, espero que me elija a mí.
-¡¿Cómo?! -se escandaliza Eva- si la diosa le mandó a ella dos compañeros no es para que la pongas a elegir- la regaña su madre enojada.
-¿Cómo vamos a vivir juntos? ¿seis meses con él y seis meses conmigo? -pregunta Mason, pensar estar tantos meses tan lejos de su compañera era terrible- no, madre tiene que elegir.
-¿Qué hacen aquí? -pregunta Daniela haciéndose la tonta cuando ya escuchó todo- ¿Quién tiene que elegir?
-Nada -dijo Mason de malas- vamos a la fiesta, debo hacer un anuncio.
-¡No! -Eva y Mason vieron a Daniela de manera extraña por su arrebato. A Eva no le gustaba nada esa muchacha, demasiado frívola para su hijo-. Quiero decir que no hay apuro, mi cielo.
Eva siempre pensó que Daniela era demasiado manipuladora y con esa cara de yo no fui que no le agradaba.
-¡No me llames así! -le grita Mason por millonésima vez- sabes porque era esta fiesta y este matrimonio, no es por amor y te dije claramente que no te hicieras ilusiones.
-No me hables así, ci... Mason -se corrige rápidamente antes de meter más la pata, poniendo lágrimas falsas en sus ojos. Cuando quería Daniela era una gran actriz y es por eso que su padre la mandó a conquistar a Mason, pero este nunca cayó.
«Ese imbécil no me va a dejar por la estúpida loba de limpieza, no dejé a mi compañero destinado por nada» pensó Daniela enojada, pero no dejándolo ver frente a la actual Luna y su futura suegra y Mason, su casi prometido.
No era muy común, pero un lobo podía rechazar a su compañero, no rompía todos los lazos por completo, pero si le hacía daño a su compañero haciéndole sentir un inmenso dolor que lo puede llevar a la locura y posteriormente hay que sacrificarlo para que no le haga daño a los demás.
-Vamos -dijo Mason hastiado de Daniela Richardson.
Ahora que conoció a su mate no había punto de comparación con Daniela, ella no significaba nada para él, ni siquiera eran amigos para sentir algún mínimo de cariño por la hija del Beta de su padre.
El alfa Ulises los encuentra cuando ellos llegan de nuevo a la fiesta. Todos charlaban y bebían y esperaban el anuncio que el futuro alfa daría.
-¿A dónde fueron todos? -pregunta Ulises, el padre de Mason, viendo a su esposa, su futura nuera y su hijo.
-Necesito hacer un anuncio -dijo impulsivamente Mason.
-Sí, ya es hora -le responde Ulises feliz porque su hijo anunciará su matrimonio con Daniela Richardson.
Mason le sonríe de manera siniestra mientras se aleja de su padre y eso a Ulises lo pone alerta buscando la mirada de su esposa Eva, para ver qué es lo que le sucede a Mason.
«Algo planea ese muchacho» piensa el alfa actual temiéndose lo peor.
Daniela por su parte está nerviosa y no sabe cómo parar lo que Mason está a punto de hacer.
Cerca de su casa Adara está con falta de aire y se detiene para descansar antes de llegar a su casa.
«Aroa» llama Adara a su loba enlazando una conexión entre ellas.
«Dime, Adara» si loba le responde enseguida lo que calma un poco el frenético corazón de la loba.
«¿Qué está sucediendo?» le pregunté asustada a mi loba.
«La Diosa nos ha regalado dos mates» su loba le responde.
«¡Eso no puede ser posible, Aroa!» le contesté temblando.
-Esto no me puede estar pasando.
-Lo que no puede estar pasando es que mi mate huya de mí -escuchó una voz masculina a mi espalda.
Me giro y allí esta uno de mis supuestos mates viéndome en la oscuridad, mi vista se adaptó de manera que pudiera verlo bien y retrocedí, negando con la cabeza, asustada de todo esto que me estaba pasando. De todo lo que estaba sintiendo.
Tienen razón, debe de ser un error.