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Dr. Storm

Dr. Storm

Autor: : Cass Hart
Género: Romance
Abigail se trasladó al rancho familiar para acompañar a su madre en sus últimos días. Allí conoció a dos hombres, uno de ellos amable y encantador. El otro, Connor Storm...un maldito patán que no perdía oportunidad de humillarla. Pero este tenía sus razones para odiarla. Se mantenía lejos de las mujeres debido a su pasado y Abi le hacía sentir cosas que pensó nunca sentiría de nuevo. Por eso humillarla parecía la forma ideal de mantenerla lejos. Cuando el peligro se cierne sobre Abi, Connor hará todo para mantenerla a salvo, incluso amarla.

Capítulo 1 Prefacio

Abi, tenía cinco años cuando comprendió el verdadero significado de la palabra soledad. Su abuela una mujer de unos sesenta años era estricta y su madre apenas pasando los 30 era ya más adulta que niña por lo que las tardes de juego eran en compañía de sus niñeras.

Muchas veces amaba ser la única niña pues le consentían mucho, otras veces cuando anhelaba más compañía de edad similar, resultaba realmente desolador. No es que su abuela no fuese cariñosa, pero le prohibía cosas que a veces ambicionaba. Amigos, una escuela normal, un padre, hermanos.

Cada vez que le pedía a su mama un hermano los ojos de su abuela abandonaban la calidez usual. Solo entonces sentía miedo. Con el paso de los años, Abi sentía que entre su abuela y su madre había un terrible secreto cuando al acercarse a hurtadillas a la biblioteca las escuchaba susurrando, en la cena se lanzaban miradas cargadas de secretismo y por miedo a resultar castigada, mantenía silencio.

Con el paso del tiempo aprendió a observar y callar, intentando sacar sus propias conclusiones. El verano que un abuelo enfermó, Abi comprendió que fuese cual fuese su secreto lo llevaría con ella al otro lado.

Tras la muerte de su abuela por cáncer, su madre fue a visitar al médico, quien le confirmó el mismo padecimiento. Durante un par de años se mantuvieron positivas pues Amelia respondía bien a los tratamientos.

Al tercer año las cosas empeoraron y con 21 años Abi comprendió que su madre estaba pronta a morir. Frente a su madre actuaba con serenidad y ecuanimidad, pero en su habitación dejaba que sus sentimientos saliesen a flote.

Una tarde, mientras tomaban café, Amelia sorprendió a Abi con una extraña petición. Deseaba morir en la finca familiar.

-No lo comprendo mamá, apenas si mencionaban ese lugar, ahora deseas ir a pasar tus últimos meses allá.

-Cometí muchos errores en mi vida Abi, olvidar esa propiedad fue uno de ellos.

-Mira, si es lo que quieres no te llevaré la contraria, lo único que importa es que estés feliz.

-Cerraremos esta casa indefinidamente y ya cuando falte decidirás que hacer con ella.

-De acuerdo.

-Prepara toda tu ropa y pertenencias, la casa está equipada con todo, no es necesario nada aparte de nuestras cosas.

-Bien, lo primero que haré será ir al centro de la ciudad. Necesito algunas cosas de la farmacia.

-Envía al chofer.

-Madre, la abuela murió hace bastante y desde entonces hago las cosas por mí misma. Odiaba ser tratada como una delicada mariposa.

-Lo siento hija, la costumbre, supongo.

Fue tras salir del almacén que presenció la tragedia que cambiaría el resto de su vida.

Capítulo 2 Dejando todo atrás

Mientras se tomaba un café unas lágrimas intentaban caer por sus mejillas, pero al igual que en otras ocasiones, se mantuvo fuerte y logró dominarlas. Abigail Montgomery observó aquella habitación con detenimiento, aún tenía dos días antes de abandonar el que fue su hogar para trasladarse con su madre a un rancho en Montana.

Los recuerdos llegaron a su mente por miles. El primero de ellos mientras estaba en la sala. Aunque tenía solo once años en aquella época, aún recordaba la escena con total nitidez. El retrato que sostenía en sus manos era el reflejo del pasatiempo de Nana Addie. Si cerraba sus ojos le parecía estar viéndola, con sus hermosos vestidos largos y sedosos, sus manos pequeñas y delicadas surcadas en su mayoría por largas arrugas.

Nana Addie siempre olía a lavanda, sus perfumes y jabones de aquella fragancia impregnaban sus recuerdos. Durante las tardes de los sábados tras cocinarle unas deliciosas galletas de chocolate -ritual de muchísimos años- la llevaba a la sala, se sentaba en su mecedora y le leía cuentos. Algunas veces trenzaba su cabello, otras simplemente lo cepillaban.

Muchas veces su abuela se quedaba dormida y Abi le colocaba su manta rosa sobre las piernas. Ahora tras su muerte se sentía sola...vacía. Su abuelo murió cuando ella era una bebé y no albergaba recuerdos de él.

A su padre nunca le conoció, su madre decía que él nunca supo sobre su existencia, cuando descubrió que estaba embarazada fue tras unas vacaciones fuera de Boston, nunca le avisó al joven, pero Abi no le creía, ella pensaba que su padre había negado su responsabilidad.

A menudo hablaba de ello con su abuela, quien recordaba el viaje, pero no precisaba la ubicación. Abi siempre se había considerado a sí misma como una persona positiva, aunque su pequeña familia se limitaba a su abuela y su madre, era feliz.

Pero por alguna extraña razón todo había acabado drásticamente.

Como si la muerte de su abuela y la enfermedad de su madre no fuesen suficientes catástrofes, había sido testigo de un homicidio, incidente que las obligaba a marcharse de Boston aún más rápido de lo planeado. Todo sucedió varias semanas atrás, el día que había decidido salir sin chofer pues estaba cansada de la sobreprotección de su abuela. Menuda broma.

Mientras realizaba algunas compras observó a un joven de no más de veinte años ser acorralado por otro sujeto. Sin saber porque, había caminado hacia el callejón llegando en el momento en que el arma era detonada.

El agresor escuchó su grito ahogado y caminó hacia ella, Abi se alejó internándose en medio de las caóticas calles de Boston.

Como había mucha gente cerca, en lugar de seguirla el asesino había huido, pero Abi le vio lo suficiente como para denunciar lo sucedido. Tras varias horas en el departamento de policía, le pidieron sus datos y le informaron que la llamarían para que declarase ante el juez que llevaba el caso, pues para su mala suerte, el sospechoso era buscado por varios crímenes y su testimonio les daría las herramientas suficientes para encarcelarlo.

Al llegar a casa y comentarlo con su madre, ambas decidieron acelerar aún más el traslado a Montana. Abi asistió a una audiencia donde fijarían si el sospechoso tenía derecho a solicitar libertad bajo fianza, por suerte le fue denegada. El sujeto se dedicó a amenazarla por lo que el juez accedió a que

saliera de la ciudad siempre y cuando regresase para brindar testimonio.

Capítulo 3 Montana

Después de acabar de empacar lo estrictamente necesario partieron hacia Montana. El viaje fue silencioso, su madre dormía gracias a los medicamentos para el dolor, lo que le dio mucho tiempo para pensar.

Cuando recordaba al acusado lanzándole palabras llenas de una promesa de sangre se sentía aterrada. Pero su madre no podía estar al tanto de sus miedos, ya de por sí vivía angustiada por ser una carga para su hija. Decidida a cambiar el hilo de sus pensamientos, se dedicó a recordar una conversación que tuvo con su madre, sobre el lugar que escogió para sus últimos días.

-Es lo mejor hija. No solo se trata de tu seguridad, deseo pasar lo que me queda de vida en aquel lugar.

-Nunca me llevaste a visitarlo.

-No era el momento.

- ¿Y ahora sí lo es?

-Allá vas a encontrar muchas de las respuestas a las preguntas que me has hecho.

- ¿Sobre mi padre?

-Estoy cansada hija, ayúdame a llegar a mi cama.

Luego de aquella extraña conversación, Abi había iniciado los trámites para el traslado de sus pertenencias.

Su madre nunca antes había querido que ella se acercase al rancho, incluso parecía odiar el lugar, por eso le extrañaba tanto que quisiera pasar sus últimos meses de vida en Montana, pudiendo irse a cualquier parte del mundo.

Aunque el criminal al igual que los que las conocían ignoraba que los Montgomery poseían aquellas tierras, el riesgo estaba siempre presente. Resuelta a no perturbar a su madre, decidió no seguir cuestionando sus decisiones, se había prometido a sí misma complacerla en todo lo que pudiese, les quedaba poco tiempo juntas.

Estaba tan absorta en sus pensamientos que el aviso del piloto, sobre el arribo a la pista privada del rancho le tomó desprevenida. Nadie en la ciudad podía ver a su madre, pues, aunque habían pasado muchos años desde que visitó aquellas tierras, alguien podría reconocerla.

La policía había advertido a ambas, que ese criminal contaba con ojos y oídos en casi todo el país. Una vez que aterrizaron vio todo con mayor calma, el lugar era tan hermoso que quitaba el aliento. Desde donde estaba veía muchísimos caballos junto a sus crías y algunas reces. Su madre estaba lista para bajar, Abi se sintió apenada de haberse olvidado de ella, el lugar le tenía hipnotizada.

-Descuida cariño, este lugar causa eso. Sé que amarás estas tierras y con suerte, el día que me vaya te quedaras aquí.

-Tengo fe de que te recuperaras.

-Ambas sabemos que no lo haré, cielo. Es mejor aprovechar nuestro tiempo juntas.

-Pero mamá....

-Vamos, vamos, ayúdame a llegar a la casa. La persona que nos acompañara ya espera por nosotras.

La casa estaba equipada al máximo sin escatimar en tecnología. Tom Paterson, el capataz y hombre de confianza de su abuela resultó ser un hombre de la misma edad de su madre, a quién parecía tenerle muchísimo afecto. Aunque al llegar la había mirado con extrañeza, pronto se recuperó, brindándole todo su tiempo y cariño. Para su madre el cambio fue evidente, gozaba de una alegría que Abi no había visto en mucho tiempo. Incluso parecía sonrojarse con Tom.

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