"No por favor, solo quería sentir el sol, de verdad, no quería escapar...!"
Pero ninguna súplica...
Ninguna explicación...
Ninguna palabra mía podrá disuadir a este hombre de que solo quería sentir el delicioso calor del sol en mi cuerpo.
Desde hace algunos meses siempre tengo frío hasta en los huesos.
Por lo que me parezco a los gatos que buscan cualquier rayito de sol disponible para tenderse y dormir una cálida siesta.
"Te dije que no salieras."
"Confíe en ti."
"Te dije que dejaría la puerta abierta pero no para que salieras..."
"Podías ver todo desde dentro, no me digas que adentro no hay sol?"
"El sol entra por las ventanas, por la puerta abierta... a mi no me engañas."
Mientras me arrastra de la muñeca con su gran mano que podría darle casi dos vueltas a mi escualido bracito de niña mis ojos se llenan de nuevo con lágrimas al ver que nos dirigimos a la puerta blanca con café.
De la cual cuelgan unos grandes candados como protección.
Trato desesperadamente de recordarle nuestro acuerdo previo.
"Dijiste que ya no me dejarías ahí adentro!"
"Tengo frío y siento que mis huesos se hacen más blandos."
Él no me hace caso y con una mano abre los cerrojos de la puerta.
Aunque no se para que tiene tantos si de todas formas voy a estar encadenada alla abajo.
"Las damas primero."
Odio que me diga eso.
Odio que me haga bajar primero las escaleras que apenas están iluminadas por un foco antiguo que da una mortecina luz iluminando escasamente estos malditos escalones de madera.
Mis pies resienten lo mal lijadas que están las escaleras, pues puedo sentir que algunas astillas se me clavan en los pies.
Cuando terminamos de bajar a mi "hogar" mi "habitación especial" como Él llama a este sótano de su casa al estilo americano, Él alza su gran brazo.
Toma una cadena con su mano para poder encender las modernas luces de este lúgubre lugar.
El sabe que ni broma podría alcanzar la cadena de la luz para que no estuviera a oscuras en este tétrico lugar.
Aunque quisiera alcanzarla y me esforzara por hacerlo tampoco podría llegar a la cadena.
La gruesa cadena en mi tobillo no me lo permitiría.
"He dejado tus cobijas limpias en tu camita de princesa."
"También tienes ropa más abrigadora para que no pases frío."
"Esta vez te dejaré prendida la luz de la escalera para que puedas ver mejor."
Volteo la cara hacia la pared gris para no verlo.
No quiero escucharlo mas.
No quiero estar aquí.
Quiero salir o morir.
Cualquiera de esas opciones es mejor que quedarme otra temporada en este sótano frío.
"Esta vez solo te castigare un mes o dos..."
"Todo depende de como te portes princesa, todo depende de ti."
Pasa una de su manos por mi cabello y al sentirlo enredado, toma el cepillo rosa del tocador de madera rosa que esta situado al lado de la cama.
Adivinaste, es de color rosa también.
Soy como una muñeca humana tamaño gigante, pero muy pequeña para este hombre.
"Me encadenaras otra vez?"
Me sienta en lo orilla de la cama en medio de sus piernas, pues el también se ha sentado para cepillarme el cabello.
"No estas usando el acondicionador que te compré."
"Tu cabello largo debe de ser cuidado con esmero."
Como si fuera mi papá, un papá bastante sádico y malvado me cepilla el cabello lentamente.
Mientras yo siento como una gota de lo que me imagino es sangre, se desliza por mi planta del pie.
Para evitar que se Él se enoje conmigo subo el pie a la cama, pero de lado para no manchar las frazadas.
"Te astillaste de nuevo tus pequeños piecitos?"
Como no puedo decir mentiras muevo la cabeza de arriba a abajo muy ligeramente.
Una vez tuve el atrevimiento de decirle una mentira y acabe durmiendo en el duro y frío suelo por toda una semana.
"Bueno a ver, déjame revisarte tus pequeños pies."
Se levanta de la cama y esta recupera su altura y su posición horizontal.
Este hombre pesa demasiado.
Aunque no está gordo.
Pero si muy musculoso...
Bueno musculoso para mi.
Además de que es muy fuerte y alto.
A veces me carga como si fuera un bebé sin ningún esfuerzo.
Como las veces que me sube a la ducha mientras estoy dormida.
Toma uno de mis pies con sus manos apreciando la gota de sangre antes de que caiga al suelo.
Voltea la cabeza a la escalera negando.
"Te daré calcetines para que los uses."
"Cuando subas o bajes la escalera usarás pantuflas."
"No quiero que tengas ninguna herida en tus pies."
Maldito hipócrita.
Que no haz visto mi tobillo?
Me duele!
Ese grillete que me encadena a la pared me duele sin importar que esté envuelto en plástico, según, para que no me haga tanto daño.
Además de que solo me permite recostarme en una posición bastante incomoda en la cama e ir al baño a duras penas!
Ahora toma unas pinzas de un gabinete de primeros auxilios que esta pegado en la pared y con ellas me saca no una, sino cuatro astillas que se me metieron profundamente en los pies.
Mis pies, los dos caben perfectamente en una sus manos, asi de pequeña soy.
También puedo ver la diferencia de nuestras pieles.
Sus manos son callosas, grandes, cálidas y quemadas por el sol.
Mientras que mis pies que son tan blancos que puedo ver mis venas como si fuera traslúcida mi piel.
Se entretiene unos minutos limpiándome la planta del pie y después acariciándome mis pies.
No puedo decir que se siente mal.
De hecho me gusta este tipo de gesto de su parte.
Siento algo así como cariño de su parte.
Como si sintiera un genuino interés por mi bienestar.
Me besa cada uno de mis pies.
Estoy consciente de que hoy me los lavé a consciencia.
Tal como Él me ha enseñado.
En la bañera que tiene en el baño de su habitación.
"Me encanta este gel de ducha."
"Siempre hueles siempre a flores y dulces."
"Tal como debes de oler princesa."
Una cosa más que odio es que me diga "Princesa"
Antes me lo decía mi padre y lo encontraba adorable y me hacia sentir bien.
Pero ahora me lo dice el y se que tiene otra connotación, soy joven, no tonta.
Aunque el cree que no se muchas cosas de la vida de los adultos, se muchas más de las que me he atrevido a decirle.
Muchas de ellas las descubrí por mi cuenta.
Muchas mas las descubrí por error...
"Bueno, es hora de cambiarte para dormir."
Dormir?
Son apenas las cuatro de la tarde!
Pero no puedo protestar.
No puedo decirle que se vaya al carajo, que se puede ir a la mierda, que se puede ir de puntitas a joderse a el mismo.
"Está bien."
Me sale el tono mas bajo que tiene mi voz.
Me siento como una niña de 6 años de nuevo cuando mis padres me ordenaban algo.
Ante su mirada inquisidora me quito esta especie de playera?
Camisón?
Blusón?
Blusa larga?
Saco de papas?...
No se bien que es, pero la tela es larga, algo amarillenta por el uso y bastante raida ya.
De hecho si lo pones a contraluz se transparenta la tela.
Cuando me lo dió estaba limpio, blanco y no se transparentaba la tela.
Eso te hace una idea de cuanto tiempo he sobrevivido aquí...
Mal sobrevivido...
Mal dormido...
Mal comido.
Tomo con mis manos la sudadera de la pijama e intento que se deslice lo mas rápido posible evitando que vea demasiado de mi cuerpo ceñido con esta maldita faja que me hace ponerme todos los días incluso para dormir.
La cual me tortura.
Esta faja blanca que él mismo me ajusta para según él darme un cuerpo de reloj de arena.
Faja que no tengo permitido quitarme salvo que sea para bañarme.
Faja que de vez en cuando me corta la respiración de lo apretada que está.
Aún recuerdo la primer vez que la usé.
La sensación que tuve fue de quedarme casi sin aliento.
Él dice que es para que tenga un bonito cuerpo.
Una cintura pequeña, tal como le gusta.
Y que no esté desnuda debajo de ese camisón que fue mi primera ropa aquí.
Después de ponerme la sudadera de pijama me pongo el pantalón.
Pero el me quita el pantalón de mis manos.
Como si fuera una gentiliza de su parte, me lo pone en los pies para instarme a que me levante.
Sube el pantalón acariciándome las piernas hasta que llega a la cintura.
Donde me da un beso, más bien le da un beso a esta faja antigua.
"Me encanta como se te ve ahora..."
"Ves que la constancia siempre da frutos?"
Me voltea.
Alzándome la parte de arriba de la pijama puede contar que ahora ha llegado al hoyo tres de esta maldita cosa.
Pasa sus manos agrietadas por mis costados acariciando la tela, sintiéndola con satisfacción, pues sonríe de oreja a oreja.
"Pronto me darás las gracias por este pequeño sacrificio que haces."
Por fin quita las manos de mi cuerpo.
Se da la vuelta y con una botella con spray me pone acondicionador en todo mi largo cabello.
Vuelve a tomar el cepillo para pasarlo una y otra vez por mi cabello.
Él usa sus manos para sentir donde están los nudos.
"Como veo que aun no sabes bañarte ni lavarte el cabello sola."
"Desde mañana te lo lavare yo."
Cierro los ojos cuando escucho sus palabras, pues la hora del baño era la hora que me hacia sentir libre en esta casa.
"Me oíste?"
"Si te oí."
añana me lavaras el cabello a conciencia con shampoo y acondicionador."
Me da un beso en mi cabeza emocionado y deja el cepillo en el tocador.
"Esa es mi princesa hermosa."
"Ahora por favor recuéstate y te abrigaré, pero antes..."
No, ese maldito grillete de nuevo.
Ese dolor incesante y frío.
Ese sonido de la cadena al moverse.
Yo había pensado que poco a poco me acostumbraría a ese sonido, pero no.
Mis oídos jamás se acostumbraron, jamás se acostumbraran, jamás lo harán.
"No, por favor, te lo pido por favor!"
"No subiré, no tocare la puerta!"
"Pero no me lo pongas, me duele!"
Casi se me salen las lágrimas de mis ojos cuando lo miro a los ojos>
Pero se por su expresión fría y seria que por mas que ruegue nada cambiara su decisión.
"Debiste haber pensado mejor las consecuencias cuando saliste al jardín y alzaste las manos hacia el sol."
"Te dije que no quería que salieras y me desobedeciste."
"Gracias a dios que ningún vecino te vio, porque ya me hubieran tirado la puerta."
Me sienta de nuevo en la cama.
Saca un par de calcetines rosas de uno de los bolsillos de su pantalón.
Me los pone teniendo mucho cuidado de que permanezcan en su lugar las gasas que me puso en mis pies para que las heridas por la astillas sanarán.
"Recuestate ahora princesa."
Obedezco sin chistar.
Apoyo la cabeza en la almohada suave con funda infantil con imágenes de princesas sonrientes y bellas.
Las cuales aborrezco.
Siento sus labios en mi frente.
Después en mis mejillas.
Ahora se que me dará un beso en la punta de mi nariz, cosa que hace.
Después como siempre desde hace un año me da un beso en los labios.
Pero este beso ya no es solo pegar sus labios a los míos...
Ahora los mueve.
Una de sus manos se desliza por mi mejilla y toma mi nuca mientras que su pulgar me acaricia la mejilla.
Que hace?
Por dios que me hace?
Porque me siento de pronto tan rara?
"Ya casi es tu cumpleaños Princesa..."
"Quedan solo dos meses."
"Pronto el acondicionamiento se acabará."
"Y comenzara el entrenamiento princesa."
Que?
Trato de entender sus palabras.
Entrenamiento?
Acondicionamiento?
Acondicionamiento a que?
A estar mas tiempo aquí?
Entrenar para sobrevivir sin Él o de que carajos me habla?
"Ya lo verás, pronto todo esto se acabará."
"Te espera un fabuloso regalo por tu cumpleaños princesa."
De nuevo siento sus labios en los míos.
Esta vez su mano se desliza por mi espalda y me jala hacia su pecho.
"Buenas noches princesa."
Sus manos se deslizan hacia mi tobillo y me pone de nuevo ese grillete negro rodeado de plástico transparente.
Coloca el candado dorado que tantas veces intente abrir con varias piedras y clavos.
"Buenas noches Rey."
Así me tengo que referir a Él pues es el único nombre que me ha dado desde que me trajo hace casi un año.
Me hago ovillo en la cama para olvidarme de que estoy encadenada a esta pared fría y húmeda.
Esta pared que me ha visto desmoronarme y casi volverme loca.
Esta pared que es mi única compañera de soledad, de encarcelamiento...
Como no tengo otra cosa que hacer cierro los ojos para intentar ser libre en mis sueños.
Por más que intento dormir no puedo.
Este grillete me aprisiona de nuevo el tobillo y las antiguas heridas que ya estaban sanando vuelven a abrirse.
El dolor es como si me quemara la piel con hielo, es una sensación de ardor frío, duro y metálico.
Una vez me quemé con hielo cuando era más chica.
Dolió tanto que lloré una semana cuando me tocaba la herida.
Pero ahora se que llorar por este dolor no me traerá ningun beneficio.
Poco a poco los ojos se me cierran, más por lo aburrida que estoy que por cansancio y mi sueño rápidamente se torna en pesadilla.
En ella, en todas las pesadillas que he tenido desde que llegué aquí.
Corrección.
Desde que Rey me trajo aquí.
El villano.
El malo.
El monstruo.
Mi torturador siempre es él.
Los malos siempre tienen su cara, su voz, su cuerpo.
Él siempre es el protagonista de mi sufrimiento.
Siempre es el que me inspira terror.
Siempre me persigue, me acorrala como si me estuviera cazando, me destaza por completo.
Sus ojos pasan de café claro a rojos.
De su boca le salen dos largos colmillos de los cuales a veces, dependiendo de mi sueño, unas veces gotean sangre, otras gotean un líquido negro espeso.
Cuando me despierto empapada de sudor y respirando agitada me tardo más de varios minutos, no se cuántos la verdad, en poder acostumbrarme de nuevo a mi entorno y recordar dónde estoy.
De nuevo estoy encadenada aquí abajo.
Desde que me trajo a este sotano perdí la noción del tiempo, pues no tengo como medirlo, como cuantificarlo, aunque no se para que me serviría la verdad.
No salía a ninguna lado antes en mi antigua casa, la casa de mis padres y en este lugar menos.
Antes no se me permitía salir ni siquiera con mis amigas de la escuela, mi madre se la pasaba siempre ocupada en su trabajo como enfermera y no tenía nada de tiempo para mí.
Y mi padre...
Pues él intento de verdad darme una vida medianamente buena, a pesar de que ahora que lo pienso siempre dejó muchas pistas al descubierto...
Mi padre siempre fue un hombre gordo y calvo, usaba un peluquín en lo alto de su calva que a leguas se veía super falso.
Siempre me pregunte su necesidad de ocultar su cabeza sin cabello.
Cuando vivía con ellos, hace apenas un año mi vida era algo diferente.
Un año de mi agonía, de lenta muerte en vida esta a punto de cumplirse puesto que casi después de mi anterior cumpleaños fue cuando todo lo malo me pasó.
Y todo fue tan rápido que aún hoy siempre repaso en mi mente lo que sucedió, como sucedió y no encuentro el momento exacto en qué todo se fue a la mierda.
En fin, como te decía, cuando vivía con ellos tenía una habitación sencilla, con una cama individual que siempre rechinaba cuando me sentaba en el colchón.
Tenía un sencillo tocador de madera café muy clara, un pequeño escritorio de color violeta y un gran armario donde mis padres guardaban toda su ropa.
Aunque cuando me hice más grande comence a ser yo la encargada de tener ese armario en orden, cosa que me pareció entretenida los primeros meses.
Pero después me pareció que mis propios padres me trataban como una sirvienta en la casa y no como su hija.
Porque siempre divago?
Tal vez porque aquí abajo tengo demasiado tiempo para pensar, para recordar lo que quisiera no acordame.
Pero para recordar que?
Mi infancia feliz?
Claro que no!
Mi adolescencia feliz?
Ja... y doble ja.
Mucho menos!
Cuando vivía con ellos aún me aburría.
No salía con mis pocas y casi inexistentes amigas y ni que decir de los pocos amigos o novios que tuve.
Contadas son mis experiencias felices con amistades.
Pocos los días de mi corta vida donde me reia tanto de tonterias que ahora no recuerdo, pero si recuerdo claramente el dolor de estómago por reírme tanto.
Un ruido arriba....
La puerta de la entrada se abrió.
No se cuánto tiempo he estado otra vez aquí abajo desvariando con los ojos abiertos, cerrados, abiertos...
Tiro de la palanca del baño de color rosa y me lavo las manos en este lavamanos, no, el lavamanos no es rosa, tal vez no había de ese color cuando él compro el juego de baño.
El lavamanos es de color como melón, como durazno, algo así.
No soy experta en colores de muebles para baños, pero lo que si es rosa es el jabón y el marco del espejo en la pared.
Cuando subo los ojos para ver mi reflejo, cosa que he evitado desde hacía unas semanas puedo notar que mis ojeras oscuras han disminuido un poco.
Mi cara ahora está más pálida, casi trasparente y que mi pelo ha comenzado a brillar de nuevo.
Cuál es el punto de seguir viviendo asi?
Le preguntó retórica a mi reflejo.
Como si mi reflejo me pudiera responder me quedo escrutinandome por largos minutos.
Nadie contesta, ni mi cabeza con su loca voz contesta.
He intentado algunas veces terminar mi vida por la desesperación, por aburrimiento.
También he pensado muchas veces en que fallezco de un ataque fulminante o algo asi porque no veo otra salida de este lugar y de su control y ser libre....
Pero me detengo pues en primera no tengo nada con que cortarme las venas aquí abajo.
En segunda siempre le he temido al dolor, desde que me rompí el brazo.
Más específicamente el codo a la edad de 7 años, el dolor intenso de ese evento y la dolorosa recuperación los tengo grabados en fuego en mi cuerpo y mente.
Oh no...ahí viene.
Me doy prisa para llegar a mi cama, aunque el sabe exactamente dónde estoy.
Siempre que baja y no prende las potentes luces que rodean está prisión para inocentes siempre usa unos lentes de visión nocturna.
La primera vez que lo ví con ellos grite tan fuerte y le di varios golpes con las manos y pies porque se veia aterrador.
Su imágen alimentó mis pesadillas mucho tiempo después a pesar de que él mismo me explicó con todas las luces encendidas como funcionaban.
Después de apagar las luces me los puso par que pudiera ver en la oscuridad.
La cadena tintinea, le anuncia que estaba de pie y los escalones de abajo crujen ante su peso.
"Hola princesa, como dormiste?"
Termina de bajar los escalones y da un salto en el último con sus botas café claro enormes como de constructor.
Esas botas se parece a unas por las que suplique a mis padres que me compraran cuando era adolescente, en número más pequeño obviamente.
Ellos jamás accedieron.
Las botas de Rey deben de ser número mil, pues son enormes y nunca se ata los cordones.
Me preguntó cómo no se le saldrán las botas de los pies...
"Princesa...?"
Ah! olvide contestar.
"Si...acabo de ir al baño, pero si dormí bien, gracias por preguntar Rey."
Termino de caminar y un dolorcito en mi pie hace que me acuerde de que tenía astillas en los pies.
Debo haber hecho una mueca visible porque se me acerca en un paso largo para cargarme y dejarme sentada en medio de la cama.
"Vamos a ver cómo sigue este bello pequeño piecito."
Con delicadeza que contrasta con sus manos grandes con dedos grandes y algo asperos me quita el calcetín y lo que ve no me gusta por la cara que pone.
"Tapate mis ojos, tengo que encender las luces."
Me dice mientras se levanta y yo tomo la almohada para taparme la cara.
Oigo que camina, encuentra el cordón de las luces y hace como un click cuando la baja y aún con la almohada en los ojos puedo notar la potente luz.
"No te muevas de ahí."
"Te curaré de nuevo ese piecito y nunca más volverás a caminar por ellos descalza."
Maldito hipócrita hijo de puta.
Esas son mis únicas palabras favoritas para describirlo y maldecirlo.
Bastardo, idiota, cabrón, pedazo de mierda, escoria humana, basura humana...
Todas esas y algunas otras también las se, pero me gusta mas llamarle asi porque eso es un maldito hipócrita cuidándome como si de verdad yo le importara.
Preocupándose por está insignificante herida en mi pie cuando me tiene encadenada con un grillete como si fuera una esclava del siglo pasado.
Quisiera gritarle en su oído.
"oye idiota, porque no mejor me quitas este grillete y me dejas salir de aquí?"
"Me estoy pudriendo acá abajo!"
"Quiero vivir y aquí estoy muriendo lentamente!"
Cuando siento su mano en mi tobillo doy un salto que me acelera el corazón.
No se aún si es capaz de escuchar lo que pienso, porque si sabe perfectamente lo que siento por mis ojos según él.
"Tranquila princesa, soy yo, estoy frío?"
Poco a poco me baja la almohada que tengo tapandome la cara.
Noto que no están prendidas todas las luces solo una de ellas, pero siento que me deslumbra la luz.
Cuando pasas mucho tiempo en la oscuridad, cualquier luz te ciega.
Aunque bueno, yo ya no había estado aquí hace unas semanas...
Porque de nuevo me acostumbré a la oscuridad tan rápido?
"Hola princesa, me encanta tu pequeña carita."
Me dice cuando por fin me baja completamente la almohada hasta mis piernas y me da un beso en la frente.
"Hola Rey..."
"No estás frío, tus manos siempre están calientitas."
Es verdad, de hecho creo que es una verdad universal que casi todos los hombres siempre tengan las manos increíblemente cálidas.
Sus palmas irradian calor, sus dedos irradian calor.
Solo varía si tiene las manos suaves o asperas y él las tiene bastante asperas.
No sé si es por su trabajo, no sé si es porque no se las cuida y eso sería muy extraño, pues a mí me cuida en exceso.
Tengo en ese tocador rosa mis compañeros inanimados en esta habitación oscura, en esta prisión disfrazada de sótano, un tarro enorme de crema, la más hidratante y cara del mercado.
Tiene un aroma delicioso a coco y chocolate.
No se si es fijación de este hombre en qué huela a coco y chocolate.
Cuando estaba arriba, en la casa y se me permitía caminar por la sala, pude ver qué tenía unas varillas como de incienso en un frasco con agua y despedían un aroma a coco.
Sus muebles olían a coco, no se cómo le hacía o le hace pero toda la casa, arriba huele a coco y chocolate.
Aunque me pongo crema en mi heridas en el tobillo, nunca puedo untarme bien donde me duele, por lo que esa parte siempre está reseca y aspera.
Sin dejar de verme sonríe y sus ojos se le iluminan, su cara también cambia, ahora es menos amenazador.
Quita la gasa de mi pie, limpia con agua oxigenada la herida de nuevo.
Pone algo como pomada blanca en mi pie y no puedo evitar reírme por sentir su toque.
"Me encanta tu risa princesa, es tan refrescante y melodiosa, debo hacerte reír más."
Termina de ponerme la gasa, está vez me pone una venda y luego examina mi brazo.
"Cómo te hiciste esto?"
Bajo la mirada extrañada y puedo ver qué tengo un rasguño largo por todo mi antebrazo y ha comenzado a sangrar.
"No se Rey...no se..."
Es la verdad y espero que me crea....
Se levanta después de ponerme el calcetín e inspecciona todo el sótano buscando algo que me cortara, roto y aventado lejos de mi alcance.
Levanta las sábanas de la cama y entonces lo ve.
Lo saca y me lo pone a la altura de mis ojos.
"Lo trajiste de arriba?"
Bajo la cabeza...atrapada infraganti.
"Si Rey... perdóname lo traía en mi mano ayer."
No puedo mentir, lo tengo prohibido.
"Ay princesa, si me hubieras dicho que lo querías te lo hubiera dado."
"No tendrías que haberlo escondido."
Abre el pasador en forma de infinito que tiene piedritas que brillan y me lo pone a un lado de mi cabello recogiendolo.
"Listo...muy hermosa."
"Justo como el día en que te traje."
Hoy es mi día.
Hoy es mi cumpleaños 21.
Esta fecha que tanto me hacía ilusión en el pasado, ahora me genera mucho estrés y temor.
Arriba de mí he escuchado mucho movimiento, como de personas entrando y saliendo desde temprano, creo yo.
Tengo mucha curiosidad por saber que pasa arriba, pero encadenada no tengo movilidad alguna para poder espiar por la pequeña rendija de un lado de la pared.
Por esa diminuta rendijita entra un débil rayito de sol que ha sido mi única alegría en los pasados meses.
Pasos se vuelven a escuchar arriba, algunas cosas se caen.
Después se oye un golpe sordo contra el piso que me hace brincar de lo fuerte que se escuchó.
Un día me desperté sobresaltada con un pensamiento fatídico para mi.
Ese pensamiento ha rondado mi mente desde ese momento.
Si algún día por alguna extraña razón ese hombre de arriba falleciera lejos de su casa o en su casa...
Que me pasaría a mi?
De cualquiera de las dos formas yo moriría en este sótano debido al hambre, frío y sed.
Por eso es un alivio cuando escucho que quitan los candados de la puerta.
Las pisadas fuertes de Rey suenan en los escalones de madera al bajar.
"Princesa, es hora de tu baño para que disfrutes de tu día especial!"
No tengo idea de que cosa me haya preparado, pero es un alivio para mi quitarme el grillete de mi tobillo y sobarme un poco esa zona de mi piel lastimada.
Pero solo un poco porque me duele, pero el frío me cala más.
De su mano subo las escaleras con unas pantuflas de conejo rosa que me trajo para esta ocasión.
Cuando subimos no encuentro nada diferente en la casa que haya ameritado todo el ruido que antes escuché.
"Primero te daré un baño para dejarte completamente limpia, tu ropa ya está en el baño."
"Date prisa para comenzar tú celebración."
"Una celebración que ambos disfrutaremos, te lo garantizo princesa."
Trato de imaginar que es lo que pasará más adelante pero no tengo ni la mas mínima idea de a qué se refiere este hombre.
Una cosa me llama la atención.
Se rasuró la barba completamente y mi manita tiene vida propia cuando acaricia su mejilla y mentón delicadamente.
Rey esboza una sonrisa y me mira mientras termina de llenar la bañera y me dice.
"Te gusta como me veo así princesa?"
"Si Rey bastante, jamás te había visto sin barba."
"Que bueno que te guste, lo hice para ti."
Lo hizo para mi?
En verdad?
Vaya eso si es un buen detalle.
Lo que dice a continuación me sorprende, pues tengo permiso de bañarme sola.
Me alegro tanto que incluso salto de felicidad.
Me detengo cuando miro la expresión de Rey seria y algo enfadada.
"Pensé que te gustaba que te bañara princesa..."
"Acaso me estabas mintiendo?"
"No Rey, digo la verdad."
"Solo que si me permitas bañarme sola me dice que confías en mi."
"Por eso me alegré."
Rey me mira,yo trato de buscar en sus ojos algo que me diga que si me cree.
Rey dibuja una leve sonrisa en su rostro y siento un alivio porque su semblante está más relajado.
"Está bien, puedes bañarte tu sola."
"Tienes razón confío en ti porque es tu cumpleaños."
"Pero quiero que te laves bien el cabello porque quiero pasar mis dedos por el y sentirlo suave, comprendes?"
"Si Rey."
Cierra la puerta y me da un poco de libertad para poder bañarme, cosa que hago en la tina, porque este es mi día.
No tengo idea si será mi último día de vida.
Si ese fuera el caso, estaría agradecida de que terminara mi tortura lenta y mi agonía porque solo estoy existiendo sin ningún propósito.
Aunque Rey diga que si tengo uno, que solo Él lo sabe.
Me apresuro a secarme y vestirme con la ropa que tengo en la silla esperándome.
Mi orden es el siguiente, faja, ropa interior, vestido blanco...
Mis dedos se deleitan en la tela de este vestido corto porque es increíblemente suave.
Tiene unos toques de encaje en las orillas.
Rey toca la puerta para que me de prisa y salgo casi inmediatamente cepillándome el cabello.
Rey me quita el cepillo de las manos, me voltea para que le de la espalda y pueda cepillarme el cabello.
Rey tiene una obsesión con el cabello o con mi cabello en particular.
"Hueles divino, pero pronto necesitarás una ducha más..."
No entiendo a que se refiere, pero cuando me dirige a su habitación creo que comprendo al instante.
Quiere tener sexo conmigo en mi cumpleaños.
Por eso me dijo antes que sería una celebración que ambos disfrutaríamos.
Rey cierra la persiana de su ventana y poca luz solar se filtra para iluminarnos.
Rey cierra la puerta de la habitación.
Me quedo completamente quieta en medio de su habitación solo esperando...imaginando que es lo que pasara después.
En silencio completamente petrificada contemplo su enorme cama con un edredón azul que me parece muy suave.
Debajo de mis pies una alfombra café mullida se extiende a toda la habitación.
No tiene muchas cosas, pero lo que más resalta es la enorme pantalla que tiene en una pared y casi la abarca por completo.
"Sientate en la cama princesa, dame un segundo para poder ponerme comodo."
Hago lo que me dice.
Me siento con mi manos en mis piernas mientras que lo miro entrar a su vestidor y desaparecer dentro.
Cuando sale lleva solo una camisa blanca sin mangas y unos shorts deportivos.
Esa escasa ropa me deja ver su cuerpo marcado y duro.
Tal como lo había pensado y en algunas ocasiones sentí también por accidente.
"Esperé mucho tiempo para poder estar de este modo contigo princesa."
"Un año completo esperé para que fueras adulta en todos los sentidos."
"Este día que cumples 21 años ya eres adulta en el mundo entero."
"Y tenemos que celebrarlo."
Rey camina a una bolsa y pone varias cosas en el colchón.
Entre ellas esposas, varios empaques con artículos varios, una soga, un tipo de arnes negro, un cinturón con una pelotita roja y varias cosas más.
Mi corazón comienza a latir fuerte porque reconozco una de las cosas de la cama.
Es un dildo de silicón.
Lo reconozco porque una de las pocas amigas que tuve en la preparatoria me enseñó uno.
Ella era lesbiana y con ese falo de plástico ella sola o con alguna amiga lo usaba para complacerse.
"Usaremos todo esto en diversos formas y en diferentes tiempos."
"Todo debe de llevar un orden, pero ten por seguro que usaremos todo lo que compré para ti."
Rey me quita lentamente el vestido y con la misma calma desliza fuera de mi cuerpo la ropa interior y solo me deja la faja que me envuelve por el torso.
Trató de contener mis latidos y respirar con normalidad pero mi cuerpo se niega porque mi mente grita a todo volumen que me violará.
A mis espaldas Rey desliza sus dedos por mi cabello todavía mojado.
Sus dedos se abren paso por mis hombros y sus uñas rasgan con suavidad mis brazos hasta mis manos.
Aspira mi aroma desde mi cabeza y siento como se cierne sobre mi.
Es demasiado grande y ancho!
Su calor me invade, su aroma también.
Su pecho se pega a mi espalda mientras que sus manos me abrazan por los hombros.
"Recuestate en la cama boca abajo princesa."
Obedezco sin pensarlo y me colocó como Él pidió.
Escucho como rompe los empaques de lo que tengo la certeza son juguetes sexuales.
Siento la vibración de ellos cuando caen a mi lado sobre la cama.
"Voltea la cabeza y no me mires todavía."
"No espíes o me enfadaré."
Esta incertidumbre de no saber que pasará porque no puedo ver me tiene demasiado nerviosa.
Tengo la boca seca, mi pulso se acelera, tengo miedo.
Siento sus manos acariciarme suavemente desde la planta de mi pies, subiendo por mis piernas.
Se detienen mis muslos y acaricia mi trasero suavemente.
"Aaaahhhhh!"
Grité cuando me dió un golpe en una de nalga derecha.
Después siento como su boca me besa en el mismo lugar donde me golpeó.
Repite el mismo proceso en la otra.
De igual forma grito pues el dolor es intenso, pero creo que no está usando toda su fuerza.
"Separa las piernas princesa, extiende las manos completamente sobre tu cabeza."
Con brazos temblorosos lo hago pero no puedo evitar que algunas lágrimas caigan por mis mejillas mojando el edredón.
Pero me recompongo rápidamente porque si Rey me mira de está formar estoy segura de que me hará más daño.
No le daré la satisfacción de verme llorar de nuevo.
Por lo que en esta ocasión, como en otras desde que sobrevivo bajo su yugo hice.
Siento como se hunde el colchón cerca de mis manos.
Siento como me amarra los brazos dándole mil vueltas apretadas a la soga de color negro.
Después jala la soga por mi debajo de mi brazo derecho, dando una vuelta debajo de mis senos.
Da una vuelta por mi brazo izquierdo y sigue de nuevo bajando.
Junta mis tobillos
Cuando termina de amarrarlos juntos estoy expuesta y así merced.
Silencio...
Solo eso se oye después la respiración agitada de Rey cuando siento que se acerca a mi para susurrarme.
"Eres simplemente deliciosa pequeña princesa."
"Eres un bocadillo tan apatecible que te comeré entera..."
"Y tú me entregaras tus primeros gritos..."
"Porque se que eres virgen."
"Yo mismo me encargué de que fueras virgen."
"Pagué buen dinero por conservarte intacta..."
"Así como también pagué buen dinero para que vinieras conmigo..."
Besos, sus labios me besan mis deditos de los pies...
Dios que hace?
Siento su lengua entre mis dedos, uno por uno chupa, juega con su lengua con ellos.
Su lengua es tan cálida, tan húmeda, no debería pero me está excitando.
Sabía que tenía que ser algo así, pero porque yo?
Tanto valgo la pena para que haya pagado dinero por mi ya quien?
A mis padres?
Todo se esclarece entonces...
La renovación de la casa, el auto nuevo, el supuesto aumento de sueldo de mi madre...eso fue, ellos me vendieron como mercancía.
"Princesa?"
"Rey?"
"Te gusta?"
"Si Rey, pero quisiera verte, así amarrada no puedo..."
"No te preocupes, lo harás."
La boca de Rey sigue su camino desde mis tobillos amarrados y separados.
Uno por uno besa.
Recorre con sus dedos..
Apretando, succionando mi piel, mordiéndome algunas veces.
Solo puedo sentir.
Solo puedo ver la cabecera café acolchada frente a muy oigo los ruidos que hace con su boca contra mi piel.
La cama tiembla ante su peso.
Soy una varita delgaducha a comparación de él.
Recuerdo que este día no he comido nada aún...
Espero no desfallecer a mitad de lo que tenga planeado porque tengo miedo de que enfurezca conmigo y me golpeé por desmayarme.
Varias veces me sarandeó fuertemente cuando me desmayaba por hambre y colpasaba en la cama rosa de abajo o en el piso.
Algunas de esas veces quise morirme de hambre y dejé de comer todo lo que me daba.
Cuando mi cuerpo sucumbia Rey no mostraba piedad ni compasión por mi.
Una vez incluso me puso intravenosa con vitaminas y otras cosas porque ya casi moría de que no comí ni bebí nada por una semana.
Resistir el hambre fue fácil, pero la sed...
Esa fue otra historia.
Rey me tentaba con toda clase de jugos, bebidas frías, malteadas, incluso refrescos.
Pero estaba determinada a acabar con mi patética existencia.
Solo recuerdo que ese día Rey casi me quebró un brazo.
Mi cabeza colisionó varias veces contra su pecho por lo fuerte que me agitaba para que reaccionara.
Solo recuerdo dolor vagamente, porque quedaba inconsciente y después volvía a la conciencia.
"aaaaaahhhhhhhh..."
Mi boca deja escapar un gemido porque lo que ahora me hace con sus manos se siente bien.
"Relajate princesa, poco a poco te iré entrenando."
"Juntos vamos a ir experimentando."
"Solo siente y no quiero que te contengas."
"Quiero escucharte en todo momento.
Mis piernas me duelen un poco y están comenzando a acalambrarse y dormirse.
Mis brazos están tán hacia adelante que también siento que se están entumeciendo.
Pero mi cuerpo reacciona de una manera que no quisiera ante sus avances.
Rey baja lentamente y de lado me besa mi costado.
Luego desata lentamente la faja de un cordon brindándome un poco de alivio para que pueda respirar.
Sus manos siguen un camino errante de piel.
De pronto siento como succiona mi otro costado mientras que desata con una calma parsimoniosa mi otro costado de la faja.
"aaahhhhh..."
Esta vez no es un gemido, sino un suspiro de alivio de sentirme mas relajada y con mas espacio para mis pobres costillas apretadas junto con mis pulmones.
Rey me acomoda de lado.
Encuentro la posición mas cómoda que estar sobre mi estómago.
Puedo verlo también aunque la verdad no hubiera querido verlo.
Hubiera deseado que mi captor, que mi torturador, este hombre que ahora me acaricia despacio con la yema de sus dedos mi muslo fuera un fenómeno de circo, un gordo, calvo, feo, con piel grasa, que resoplara a cada respiración para que no me excitara de la forma como me está excitando.
Mi cuerpo se ondula como se ondulan las olas antes de tocar la suave arena.
Miro sus ojos y también su torso desnudo...
En que momento se quitó la camiseta?
Veo sus pectorales marcados y duros, su estomago firme, potente, duro.
Sus abdominales de infarto...
Maldición!
Es un modelo que se volvió malo porque su cara es también de una belleza masculina dura, tal como me gustan a mi.
Su mandíbula marcada,sus labios carnosos rojos sangre.
Sus ojos miel que me miran intensamente.
Sus cejas abundantes que le delinean sus bellos ojos y que decir de sus pestañas.
Mientras me mira desabrocha con sus dedos uno por no los sujetadores delanteros de la faja.
Despacio me la hace a un lado dejándome completamente desnuda.
Desnuda y amarrada.
Desnuda, amarrada sin poder moverme...
Y a su merced.
Lo peor es que quiero que continue, su locura malvada es contagiosa.
Abre una de mis piernas mientras que acaricia despacio mis senos, sin prisa, como adorándolos.
No se si le gusta esto, que no pueda ni moverme y solo lo mire hacerme lo que el quiera.
"Me gusta cuando eres tan..."
"Complaciente."
"Cuando eres tan condescendiente princesa..."
"Cuando me dejas hacerte todo lo que quiera."
La respuesta a mi pregunta no verbalizada.
Este hombre es un maldito pervertido, pero me relajaré.
No soy tonta, se que no puedo resistirme.
No tengo fuerza alguna para luchar, no puedo negarme.
Solo soy un juguete mas de su colección que compró para su egoísta propósito.
Se mueve y puedo ver que tiene en su mano una botella de lubricante de cereza.
Lo sé porque me explica que es y para que sirve.
Como encuentra que está demasiado extraña mi pose me desamarra los pies, pero da más vueltas a mis pechos con lo que sobra de la cuerda y pasa el final por mi cuello.
Amarrada y rodeada Rey me recuesta sobre mi espalda.
Acomoda mis piernas separadas.
Jadeo, el también jadea como si le estuviera haciendo daño.
Veo qu tiene una especie de barra verde en su mano.
"Esto princesa es un pequeño dildo, es pequeño para que no te lastime."
"Porque yo soy enorme y no quiero romperte tan pronto."
"Recuéstate y relájate, no quiero que cierres las piernas."
Veo que unta ese líquido rojizo por toda la barra verde como si fuera jabón líquido.
Siento que me acomoda en la almohada para que pueda ver mejor que es lo que va a hacer.
Me permite bajar mis brazos hacia adelante y siento como la soga a pesar de que es de tela delicada, me corta un poco la piel porque esta apretada en esta posición.
Rey me mira y lo miro.
Quiero desviar la mirada porque puedo ver el fuego en sus ojos, pero tengo miedo.
Miedo y excitación.
Mi primera vez será con Él y no se que esperar.
"Maldición princesa, eres exactamente como lo imaginé."
"Como lo esperé."
"Tan delicada, tan suave, tan femenina, tan hermosa, tan bella, tan..."
Sus labios despacio me besan, su gran mano rodea mi cabecita y siento que soy material suave que se derrite en sus manos.
Mis caderas se mueven solas, mi mente dice que no está bien pero mi cuerpo lo desea.
Lo deseo.
Si voy a morir quiero gozar antes, por lo que también lo beso.
Dejo entrar su lengua en mi boca, la toco renuente primero, con delicadeza.
Pero después también me zambullo en ella, disfrutando de su humedad.
Cierro los ojos imaginando que estoy con mi novio al que le excita el bondage.
Quiero imaginarme eso y dejarme llevar.
Quiero pensar que vamos a tener nuestra primera vez juntos.
Que vamos a hacer algo que ambos queremos, que quiero y no que me están forzando a hacer.
No como algo por lo que pagaron como si fuera una prostituta inexperta.
Gemimos, los dos gemimos.
Mis torpes manos quieren tocarlo, lo quiero hacer.
Las manos de Rey me recorren mi cuello, mis senos esta vez con desesperación.
Me pellizca los pezones, recorre mi estomago abrazandome y tira de mi por la soga.
"Princesa, princesa, sabes tan dulce mi princesa."
"Tu sabor es algo de lo que no me cansaré en una buena temporada..."
Rey me besa pero esta vez siento que algo resbaladizo y húmedo intenta ingresar en orificio posterior.
Aterrada abro los ojos y Él me está mirando con atención.
Sin despegar sus labios de los míos le oigo decirme.
"sssshhhh tranquila mi pequeña princesa."
"Relájate y deja que entre, en ti."
"Tiene lubricante, se amoldará a tu cuerpo bien."
Lentamente sin que pueda resistirme esa barra fría y húmeda entra en mí.
Suelto un gemido cuando llega al final de mi cuerpo.
Rey sonríe por mi grito de dolor cuando lo saca y lo mete más adentro.
"Muy bien princesa, muy bien."
"Ya está, ahora trabajemos tu parte delantera..."