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Dulce venganza.

Dulce venganza.

Autor: : Axel2931
Género: Hombre Lobo
Arturo es un alfa decidido a vengar la muerte de sus padres a manos de Leo Volco, el imponente líder de la mafia rusa y un alfa mejorado. Después de años de planificación, Arturo se infiltra en una instalación secreta donde Volco lleva a cabo experimentos oscuros para crear quiméricos, criaturas modificadas genéticamente que sirven como su ejército personal. Junto a Alina, una experta hacker con sus propios secretos, y Lucas, un aliado de confianza, Arturo se adentra en el corazón de la guarida de Volco. Lo que parecía ser una misión directa se convierte en una lucha por sobrevivir cuando descubren que Volco no solo ha perfeccionado sus monstruosos quiméricos, sino que ha diseñado uno específico para enfrentarse a alfas como Arturo. Mientras el laboratorio se convierte en un campo de batalla, Arturo deberá enfrentarse a sus propios límites para lograr lo imposible: destruir a Volco y vengar a su familia. Sin embargo, al llegar al clímax de la batalla, Arturo descubre que la muerte de sus padres no fue un accidente, sino parte de un plan mucho más grande. La guerra contra la mafia rusa apenas comienza, y Arturo pronto entenderá que la verdadera amenaza es mucho más peligrosa de lo que imaginaba.

Capítulo 1 Inicio

### Capítulo 1: El Inicio del Juramento

El viento helado soplaba entre los árboles, cargado con el olor del bosque húmedo. Arturo estaba de rodillas frente a las tumbas de sus padres. Su mirada fija en las letras grabadas en las lápidas, las únicas palabras que le quedaban de ellos: *"Honor y lealtad."* Una llama ardía en su pecho, un fuego que solo la venganza podía apagar.

-Les prometo, madre, padre... Leo Volco pagará por lo que les hizo. -Su voz temblaba, no por miedo, sino por la intensidad de su odio.

Habían pasado cinco años desde aquella noche fatídica. Arturo tenía entonces veinte años, demasiado joven para comprender el alcance de la traición que los llevó a la muerte. Habían confiado en Leo Volco, un alfa ruso que buscaba alianza con su manada. Pero Volco no quería un pacto, quería territorio. Y lo tomó a sangre y fuego.

Arturo había escapado esa noche, apenas con vida, gracias al sacrificio de su madre. Desde entonces, cada día había sido un paso más hacia su objetivo. Ahora, con la fuerza de un alfa experimentado y un pequeño pero leal grupo de seguidores, estaba listo para hacer su movimiento.

-Señor, tenemos noticias. -La voz de Lucas, su beta de confianza, lo sacó de sus pensamientos. Arturo se levantó lentamente, limpiando la tierra de sus manos.

-Habla -ordenó con un tono seco.

-Nuestros informantes han confirmado que Volco estará en un club clandestino en el centro de Moscú mañana por la noche. Una reunión con uno de sus socios.

Arturo asintió, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y rabia.

-Perfecto. Es hora de que sienta el miedo que sembró.

Lucas dudó por un momento antes de continuar.

-Señor, Volco no estará solo. Su escolta es conocida por ser impenetrable, y hay rumores de que ha estado experimentando con un grupo de lobos mejorados... quiméricos.

Arturo se cruzó de brazos, reflexionando. El reto solo lo motivaba más. Cada obstáculo, cada enemigo, era un recordatorio de lo que estaba en juego.

-No importa cuántos hombres tenga. No importa cuántos experimentos haga. Volco morirá por lo que hizo, aunque sea lo último que haga.

El alfa miró una vez más las tumbas de sus padres antes de girarse hacia Lucas.

-Prepara al equipo. Nos vamos a Moscú.

Con esas palabras, Arturo dio el primer paso hacia el enfrentamiento final. Sabía que la misión no solo pondría en riesgo su vida, sino también la de quienes confiaban en él. Pero para Arturo, la venganza era el único camino hacia la paz... y el destino de Leo Volco estaba sellado.

El club clandestino en el corazón de Moscú era un espectáculo de luces parpadeantes y sombras que se movían como fantasmas entre el humo. Arturo, con un abrigo negro que ocultaba su musculatura y sus armas, se infiltró en el lugar junto con Lucas y su equipo. Sus sentidos estaban alerta, cada sonido y movimiento era analizado con precisión.

Leo Volco aún no había llegado, pero Arturo sabía que el alfa ruso nunca se hacía esperar demasiado. Su objetivo estaba claro: evaluar la seguridad, encontrar el mejor punto de ataque y acabar con Volco esa misma noche.

Sin embargo, algo desvió su atención. Entre la multitud, una mujer apareció como un espejismo. Su cabello castaño oscuro caía en suaves ondas sobre sus hombros, pero lo que realmente capturó a Arturo fueron sus ojos: un gris tormentoso, profundo y enigmático, que parecía atravesar su alma. Ella estaba sentada en la barra, bebiendo un cóctel con calma, como si no perteneciera a ese mundo de criminales y depredadores.

Arturo intentó ignorarla. No tenía tiempo para distracciones, pero algo en ella lo inquietaba. Había una energía a su alrededor que no podía pasar por alto. Su instinto de alfa le decía que no era una humana común.

-Lucas, ¿reconoces a esa mujer? -preguntó Arturo en voz baja, sin apartar la mirada de ella.

Lucas, siempre atento, echó un vistazo y negó con la cabeza.

-No, señor. Pero no parece encajar aquí. ¿Cree que podría ser una amenaza?

Arturo dudó por un momento antes de responder.

-Aún no lo sé. Mantente alerta.

De repente, la mujer giró la cabeza y lo miró directamente. Fue como si el tiempo se detuviera. Arturo sintió un escalofrío recorrer su espalda, algo que no experimentaba desde hacía años. Sus miradas se encontraron, y ella le dedicó una leve sonrisa antes de levantarse y caminar hacia él.

Cada paso que daba hacia Arturo parecía cargado de una confianza sobrenatural. Cuando llegó a su lado, habló con una voz suave pero firme, que llevaba un acento ligero difícil de identificar.

-Arturo. -No fue una pregunta, sino una afirmación.

Él frunció el ceño, llevando una mano instintivamente hacia el cuchillo oculto en su cinturón.

-¿Quién eres y cómo sabes mi nombre?

La mujer sonrió de nuevo, inclinando ligeramente la cabeza como si evaluara cada reacción de Arturo.

-Mi nombre es Alina. Y sé quién eres porque llevo mucho tiempo esperándote.

Arturo entrecerró los ojos, sus sentidos en alerta máxima. Había algo extraño en esa mujer, algo que no podía definir, pero que lo hacía sentir vulnerable.

-No sé qué juegas, Alina, pero si estás aquí para detenerme, te advierto que no será fácil. -Su tono era frío, amenazante.

Alina rió suavemente, pero sus ojos seguían igual de serios.

-No estoy aquí para detenerte, Arturo. Estoy aquí porque tienes una misión que cumplir. Una misión que también me afecta. Leo Volco no es solo tu enemigo... también es mío.

La revelación golpeó a Arturo como un relámpago. ¿Quién era esta mujer? ¿Qué conexión podía tener con el hombre que había destruido su vida? Antes de que pudiera responder, Alina se inclinó hacia él, susurrando con una urgencia que lo desarmó.

-Te lo explicaré todo, pero ahora no es el momento. Él ya está aquí.

Arturo miró hacia la entrada, y efectivamente, Leo Volco acababa de cruzar las puertas del club, rodeado por una escolta imponente. La figura del alfa ruso era tan intimidante como Arturo recordaba: alto, con una presencia dominante que podía llenar una habitación. Pero ahora, además del odio, había una nueva pregunta rondando en la mente de Arturo: ¿quién era realmente Alina, y por qué parecía conocer tanto sobre él... y sobre Volco?

El aire dentro del club parecía volverse más denso con la llegada de Leo Volco. Los murmullos se desvanecieron cuando su presencia dominó la sala. Arturo sintió cómo la rabia volvía a hervir en su interior, pero ahora estaba acompañada por la incertidumbre que Alina había traído consigo.

-Si sabes tanto, más te vale explicarte rápido -murmuró Arturo, sin apartar la vista de Volco y su escolta.

Alina permanecía serena, como si la presencia del alfa ruso no la afectara en lo absoluto.

-No aquí. Si atacas ahora, será tu fin -respondió en un susurro, sus ojos grises manteniéndose fijos en Arturo.

Lucas, que había permanecido al margen, se acercó, inquieto por la situación.

-Señor, tenemos que movernos. Esta es nuestra oportunidad. El equipo está listo para actuar en cuanto dé la orden.

Arturo apretó la mandíbula. Todo su ser le decía que debía atacar, que esta era la noche que había esperado durante años. Pero la mirada de Alina le hablaba de algo más grande, algo que no alcanzaba a comprender.

-Dame una razón para no acabar con él ahora mismo -le exigió a la mujer, manteniendo la voz baja.

Alina inclinó ligeramente la cabeza, como si supiera exactamente qué decir para mantener su atención.

-Porque si lo haces, te enfrentarás a algo más que a sus hombres. Volco no es solo un alfa; ha hecho pactos que van más allá de este mundo. Si no estás preparado, no saldrás vivo de aquí. -Sus palabras estaban cargadas de una seriedad que heló a Arturo.

Arturo iba a responder, pero Alina tomó su muñeca con una firmeza sorprendente. A través de ese contacto, algo extraño ocurrió: un calor intenso recorrió su brazo, seguido de un destello de imágenes en su mente. Un laboratorio oscuro, cuerpos mutilados, y en el centro de todo, Leo Volco supervisando experimentos macabros. Entre las imágenes fugaces, apareció Alina, encadenada y herida.

Arturo retrocedió de golpe, desconcertado.

-¿Qué diablos fue eso? -preguntó, su voz cargada de tensión.

Alina lo soltó y respiró profundamente.

-Ahora sabes que no estoy mintiendo. Volco ha estado creando algo más peligroso que cualquier alfa. Tú y yo somos los únicos que podemos detenerlo, pero no aquí. Necesito que confíes en mí.

Antes de que Arturo pudiera decidir si confiar o no, uno de los hombres de Volco lo miró directamente. El alfa ruso no tardó en notar la atención de su subordinado y giró la cabeza hacia Arturo. Sus ojos azules se entrecerraron, y una sonrisa cruel apareció en su rostro.

-Nos ha visto -dijo Lucas, poniéndose en guardia.

Volco alzó una mano, y su escolta reaccionó al instante. Seis hombres se movieron hacia Arturo y su equipo, rodeándolos con precisión militar.

-Parece que no tienes elección -murmuró Alina.

Arturo maldijo entre dientes y asintió a Lucas.

-Sáquenlos de aquí. Yo me encargaré de abrir paso.

-No sin mí -dijo Alina, sacando un cuchillo de hoja curva de debajo de su abrigo. Su postura, aunque elegante, era claramente la de alguien acostumbrado al combate.

-Espero que sepas pelear -gruñó Arturo, mientras desenfundaba su propia arma.

La primera embestida fue brutal. Los hombres de Volco no eran soldados comunes; su fuerza y velocidad superaban a la de cualquier humano normal, confirmando las palabras de Alina. Eran lobos quiméricos, una mezcla de biología y ciencia que los hacía letales.

-¡Retrocedan hacia la salida! -gritó Arturo, bloqueando el ataque de uno de los quiméricos. Su fuerza rivalizaba con la suya, algo que no ocurría a menudo.

Alina, a su lado, se movía con una gracia letal. Su cuchillo brillaba mientras se deslizaba entre los enemigos, cortando con precisión letal. Aunque no mostraba signos de transformación, su velocidad y reflejos eran sobrehumanos.

-¡Esto es lo que quería decirte! Volco no es solo un alfa; está creando un ejército de monstruos. Si no lo hacemos bien, nos aplastará a todos -gritó mientras derribaba a otro enemigo.

Arturo gruñó, sintiendo el peso de sus palabras. Podía sentir la fuerza del enemigo aumentando a medida que más hombres llegaban. Si esta era solo la escolta, enfrentarse directamente a Volco sería un suicidio.

-¡Salgamos de aquí! -ordenó finalmente, admitiendo que Alina tenía razón.

Lucas y los demás se abrieron paso hacia una puerta lateral, mientras Alina y Arturo cubrían su retirada. Los quiméricos seguían presionando, pero finalmente lograron salir al callejón.

-¿A dónde ahora? -preguntó Lucas, jadeando.

Alina señaló un vehículo estacionado al final de la calle.

-Vengan conmigo. Hay mucho que deben saber... y muy poco tiempo.

Arturo no podía ignorar la sensación de que la aparición de Alina no era coincidencia. Si lo que decía era cierto, su lucha contra Volco estaba lejos de terminar. Y ahora, más que nunca, necesitaba respuestas.

El vehículo avanzaba a toda velocidad por las calles de Moscú, dejando atrás el caos del club clandestino. Dentro del auto, la tensión era palpable. Lucas conducía, revisando constantemente los espejos para asegurarse de que no los seguían. Arturo estaba sentado en el asiento del copiloto, con la mirada fija en Alina, que permanecía tranquila a pesar de todo lo ocurrido.

-Ya estamos fuera -dijo Lucas, rompiendo el silencio-. Ahora, alguien me explica qué demonios fue todo eso.

Alina giró la cabeza hacia Arturo, ignorando la pregunta de Lucas.

-Te lo advertí, pero ahora lo has visto con tus propios ojos. Los hombres de Volco ya no son solo lobos. Son algo más... algo que nadie entiende del todo.

Arturo apretó los puños. Había sentido la diferencia en el combate. Esos hombres eran más fuertes, más rápidos, y su resistencia era antinatural.

-Habla -dijo finalmente, su tono frío-. Quiero saber todo lo que sabes de esos experimentos. Y más te vale no mentir.

Alina suspiró, inclinándose ligeramente hacia adelante.

-Hace años, Leo Volco empezó a trabajar con un científico renegado, un humano llamado Viktor Zolov. Un genio en genética y biotecnología. Su objetivo era crear un ejército de lobos mejorados: híbridos que combinan nuestra fuerza natural con modificaciones genéticas y tecnología avanzada. Los llama quiméricos.

Lucas soltó una carcajada incrédula desde el asiento del conductor.

-¿Lobos cibernéticos? ¿Eso es en serio?

-No son cibernéticos -corrigió Alina, fulminándolo con la mirada-. Son una abominación. Sus cuerpos están modificados con ADN artificial que amplifica sus capacidades. Pero el precio de esa fuerza es su humanidad. La mayoría pierden el control de sus instintos y quedan completamente subordinados a Volco.

Arturo frunció el ceño. Aunque las palabras de Alina parecían sacadas de una historia de terror, encajaban con lo que había visto.

-¿Por qué estás involucrada en esto? -preguntó, sin dejar de observarla con cautela.

Alina desvió la mirada por primera vez desde que comenzaron a hablar.

-Porque fui una de las primeras víctimas de los experimentos de Volco. -Su voz se volvió más baja, cargada de dolor-. Mi manada fue destruida cuando él buscaba sujetos para sus pruebas. Sobreviví, pero no salí ilesa.

Arturo sintió un leve estremecimiento al recordar las imágenes que había visto cuando Alina lo tocó.

-¿Qué te hizo?

Ella levantó la manga de su abrigo, revelando una cicatriz profunda que recorría su antebrazo.

-Me inyectaron un prototipo. No soy completamente humana, pero tampoco soy como ellos. Volco me considera un experimento fallido, pero eso fue su error. Escapé... y juré destruir todo lo que ha creado.

Lucas frenó bruscamente al llegar a un edificio abandonado.

Capítulo 2 Plan

-Estamos aquí. -Su tono era cauteloso, pero no pudo evitar mirar a Alina con una mezcla de respeto y desconfianza-. ¿Y ahora qué?

Arturo salió del auto y miró a su alrededor, asegurándose de que no había nadie cerca antes de enfrentarse nuevamente a Alina.

-Si quieres que confiemos en ti, necesito algo más que palabras. Necesito pruebas.

Alina asintió.

-Las tendrás. Pero si vamos a detener a Volco, necesitarás más que fuerza. Él ya sabe que vienes por él. Esta noche fue solo un aviso. La próxima vez no será tan indulgente.

-¿Indulgente? -Arturo gruñó, avanzando un paso hacia ella-. Perdí años preparándome para matarlo. No necesito tus advertencias.

Alina no retrocedió. En cambio, sus ojos grises lo miraron con una intensidad que rivalizaba con la suya.

-Si crees que solo la fuerza basta, acabarás como todos los demás que se han enfrentado a él. He visto a hombres más fuertes que tú caer. Pero si trabajamos juntos, podremos derrotarlo.

Arturo permaneció en silencio por un momento. Había algo en su voz, en su convicción, que lo hacía creerle. Finalmente, dio un paso atrás y asintió.

-Te daré una oportunidad. Pero si me traicionas, no habrá lugar donde puedas esconderte de mí.

-Lo mismo digo -respondió Alina con una leve sonrisa.

Dentro del edificio abandonado, Alina comenzó a desplegar un mapa y documentos que había escondido allí. Mientras hablaba sobre los próximos pasos, Arturo no podía quitarse de la cabeza una pregunta: ¿qué más había detrás de esa mujer? Porque algo le decía que la historia de Alina era mucho más compleja de lo que ella estaba dispuesta a admitir.

El edificio abandonado estaba oscuro y silencioso, excepto por el murmullo bajo de Alina mientras explicaba los detalles de sus descubrimientos. Había extendido un mapa de Moscú sobre una mesa improvisada, señalando varios puntos marcados con tinta roja.

-Estos son los lugares donde Volco ha estado expandiendo sus operaciones. Laboratorios clandestinos, almacenes llenos de materiales para sus experimentos, y lo más importante... -Se detuvo, señalando un punto central en el mapa-. Aquí es donde se encuentra la instalación principal.

Arturo se inclinó sobre la mesa, estudiando el mapa con detenimiento.

-¿Cómo sabes tanto? Nadie ha podido rastrear sus movimientos con esta precisión.

Alina lo miró a los ojos, su expresión seria.

-Porque trabajé para él.

Las palabras cayeron como una bomba en el ambiente. Lucas, que estaba de pie cerca de la entrada, se giró hacia ella con una expresión de incredulidad.

-¿Qué dijiste?

-Lo que oíste. -Alina no vaciló, su voz firme-. Escapé de su control hace tres años, pero antes de eso, estaba infiltrada en su organización. Mi propósito era reunir información suficiente para destruirlo desde adentro.

Arturo se cruzó de brazos, su mirada llena de escepticismo.

-¿Y por qué debería creerte? Todo esto podría ser parte de un plan para llevarnos a una trampa.

Alina se acercó un paso, su postura desafiante.

-¿De verdad crees que seguiría aquí, arriesgándome contigo, si estuviera de su lado? Si quisiera entregarte, ya estarías muerto.

-Eso no es suficiente. Necesito más que palabras -respondió Arturo, su tono duro.

Alina suspiró y extendió la mano hacia su chaqueta, sacando un pequeño dispositivo. Lo colocó sobre la mesa, y una proyección holográfica se activó. Era un video.

En la imagen, Leo Volco estaba de pie en un laboratorio, rodeado de cápsulas llenas de líquido en las que flotaban cuerpos en distintos estados de desarrollo. El alfa ruso hablaba con un grupo de científicos, sus palabras frías y calculadoras.

-Este es el futuro. Un ejército de lobos perfectos, leales solo a mí. No más disputas de poder, no más alianzas frágiles. Solo fuerza, disciplina y obediencia absoluta.

La proyección mostró imágenes de los quiméricos en entrenamiento, enfrentándose entre sí en combates brutales. La violencia era extrema, pero lo más perturbador era la mirada vacía en sus ojos.

Cuando el video terminó, el silencio llenó la habitación. Lucas fue el primero en romperlo.

-Esto es... monstruoso.

Arturo, aunque impactado, no dejó que sus emociones lo dominaran. Se giró hacia Alina.

-¿Cómo conseguiste esto?

-Lo robé antes de escapar. -Sus ojos grises brillaron con una mezcla de determinación y tristeza-. No podía detenerlo sola, pero sabía que algún día alguien como tú intentaría enfrentarlo. Ahora sabes lo que está en juego. Esto no es solo tu venganza, Arturo. Si no lo detenemos, Volco será imparable.

Arturo respiró hondo, procesando todo. La idea de trabajar con alguien que había estado tan cerca de Volco lo incomodaba, pero no podía ignorar la evidencia.

-Bien. -Finalmente habló, su tono firme-. Nos uniremos, pero bajo mis condiciones. Si veo alguna señal de que estás jugando con nosotros, no dudaré en matarte.

Alina asintió, aceptando sus términos sin protestar.

-No esperaba menos.

Lucas, aún desconfiado, añadió:

-Espero que sepas en lo que te estás metiendo, Alina. Si nos traicionas, no tendrás escapatoria.

-No lo haré -respondió ella con frialdad-. No estoy aquí para ganar su confianza. Estoy aquí para destruir a Volco.

Arturo se giró hacia el mapa, señalando la instalación principal.

-Entonces, empecemos. Dime cómo llegamos hasta él.

Mientras Alina comenzaba a detallar un plan, Arturo no podía sacudirse la sensación de que todavía había piezas faltantes en esta historia. Aunque aceptaba su ayuda, no podía confiar plenamente en ella.

Y en el fondo, sabía que Volco estaba jugando un juego más peligroso de lo que jamás imaginó.

La planificación llevó toda la noche. Alina era meticulosa, marcando rutas de entrada, horarios de cambio de guardia y puntos ciegos en la seguridad de la instalación. Arturo y Lucas la observaban en silencio, evaluando cada palabra con cautela.

-El laboratorio principal está bajo tierra, protegido por tres niveles de seguridad -dijo Alina, señalando el mapa-. Accederemos a través de esta entrada secundaria, que lleva directamente a las áreas de mantenimiento. Si todo sale bien, podremos llegar a la sala de control antes de que se den cuenta.

Arturo asintió, sus ojos recorriendo cada detalle.

-¿Qué hay de los quiméricos? ¿Cuántos podemos esperar?

Alina se detuvo por un momento, como si calculara la respuesta.

-En la instalación principal, probablemente hay unos veinte. Son más fuertes y rápidos que cualquiera de nosotros, pero no son invencibles. La clave será evitar enfrentarlos directamente.

Lucas resopló, claramente incómodo con la idea.

-Genial, veinte monstruos genéticos listos para despedazarnos. Esto va a ser divertido.

-Si sigues quejándote, puedes quedarte fuera -respondió Alina con frialdad, lo que hizo que Lucas apretara los labios en un gesto de frustración.

Arturo interrumpió antes de que la conversación escalara.

-¿Y qué pasa con Volco? ¿Dónde estará?

-En el nivel más bajo. -Alina trazó un círculo en el mapa-. Siempre supervisa personalmente los experimentos más importantes.

Arturo asintió, pero algo en su mirada delataba una inquietud más profunda.

-Dijiste que los quiméricos no son invencibles. ¿Cómo los detenemos?

Capítulo 3 Victoria

Alina sacó un pequeño vial de su bolsillo, lleno de un líquido oscuro.

-Esto. Es un compuesto químico que desactiva las modificaciones genéticas por un corto periodo de tiempo. No los mata, pero los debilita lo suficiente para enfrentarlos.

Lucas la miró con incredulidad.

-¿Y de dónde sacaste eso?

Alina sostuvo su mirada sin pestañear.

-Lo robé antes de escapar, igual que el video.

Arturo tomó el vial, observándolo con desconfianza.

-¿Cuánto tiempo dura?

-Diez minutos, si se inyecta directamente. Más que suficiente si se usa estratégicamente.

Arturo guardó el vial en el bolsillo de su chaqueta.

-Bien. Entonces tenemos un plan. Salimos esta noche.

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Horas después

La instalación de Volco era un monstruo de acero y concreto escondido bajo una fábrica abandonada en las afueras de Moscú. Las paredes estaban cubiertas de cámaras y sensores, y un grupo de guardias patrullaba la entrada principal.

Alina lideró el camino, guiándolos hacia una entrada lateral menos vigilada.

-Manténganse cerca y no hagan ruido -susurró mientras desactivaba un panel eléctrico con un dispositivo que había traído consigo.

El grupo avanzó por un túnel oscuro que olía a humedad y metal oxidado. Lucas, detrás de Arturo, no pudo evitar murmurar:

-¿Y si esto es una trampa?

-Cállate y sigue avanzando -gruñó Arturo, aunque no podía negar que la misma duda rondaba su mente.

Finalmente, llegaron a un área más amplia iluminada por una tenue luz roja. Alina levantó una mano, deteniéndose.

-Aquí comienza el primer nivel de seguridad. Cámaras y sensores de movimiento.

Sacó un pequeño dispositivo del bolso, activándolo. Una onda azul se extendió por el área, apagando momentáneamente las cámaras.

-Tenemos tres minutos antes de que se restablezca el sistema. Muévanse.

El equipo cruzó el primer nivel con rapidez, evitando llamar la atención. Todo iba según el plan, hasta que un ruido metálico resonó en el pasillo.

-¿Qué fue eso? -preguntó Lucas, levantando su arma.

Alina se tensó, sus ojos recorriendo la oscuridad.

-No era parte del plan.

Antes de que pudieran reaccionar, una figura masiva emergió de las sombras. Era un quimérico, con su cuerpo musculoso y ojos brillando como carbones encendidos. Rugió, lanzándose hacia ellos con una velocidad aterradora.

-¡Cuidado! -gritó Alina, lanzando una de las jeringas con el compuesto químico hacia el enemigo.

El líquido se inyectó en el cuello del quimérico, haciendo que este cayera de rodillas, pero no antes de lanzar un golpe que envió a Arturo contra una pared.

-¡Maldición! -gruñó Arturo, levantándose mientras Lucas disparaba al quimérico debilitado, terminando con él.

-Si esto es solo uno, ¿qué hacemos con los otros diecinueve? -preguntó Lucas, su voz cargada de pánico.

-Seguimos adelante -dijo Arturo, su tono decidido-. No vinimos hasta aquí para retroceder.

Alina lo miró por un momento, sus ojos grises brillando con una mezcla de respeto y preocupación.

-Vamos. Estamos cerca.

El grupo avanzó, pero Arturo no podía sacudirse la sensación de que algo estaba mal. Esta misión estaba saliendo demasiado "bien" para enfrentarse a un enemigo como Leo Volco. ¿Estaba siendo manipulado? ¿Era Alina realmente quien decía ser?

Una cosa era segura: pronto lo descubriría.

El grupo avanzaba con cautela por los pasillos, cada uno más estrecho y opresivo que el anterior. Las luces parpadeaban de manera irregular, lanzando sombras danzantes sobre las paredes de metal. Aunque habían neutralizado al primer quimérico, Arturo no podía ignorar la sensación de que estaban siendo observados.

-Estamos a un nivel de la sala de control -dijo Alina, revisando el dispositivo que llevaba-. Desde allí, puedo desactivar el sistema de seguridad y abrir las puertas hacia el nivel inferior.

Lucas se detuvo, ajustando su rifle con nerviosismo.

-¿Y qué pasa si activan las alarmas antes de que lleguemos?

-Entonces estaremos muertos antes de poner un pie en la sala de control -respondió Alina con frialdad, sin mirarlo.

-Qué alentador -murmuró Lucas, apretando los labios.

Arturo, que había permanecido en silencio, alzó una mano para indicar que se detuvieran. Había algo en el aire, un cambio sutil que solo un alfa podía percibir.

-Algo no está bien -dijo en voz baja, su tono grave-. Puedo sentirlo.

-Es tu paranoia -replicó Alina, pero incluso ella parecía más alerta.

Antes de que alguien pudiera responder, un estruendo resonó por el pasillo. De las sombras emergieron tres quiméricos, sus cuerpos musculosos y deformes iluminados por las luces parpadeantes. Sus gruñidos llenaron el aire, y sus ojos ardían con una furia inhumana.

-¡A cubierto! -gritó Arturo, arrojándose contra una pared mientras uno de los quiméricos se lanzaba hacia él.

Lucas abrió fuego, pero sus balas parecían apenas ralentizar a las criaturas. Alina, manteniéndose fría bajo la presión, sacó dos jeringas con el compuesto químico y las lanzó con precisión, impactando a dos de los quiméricos. Estas cayeron de rodillas, pero el tercero seguía avanzando, enfocado en Arturo.

Arturo esquivó un golpe que habría pulverizado su cráneo y respondió con un ataque directo, hundiendo su cuchillo en el costado de la criatura. El quimérico gruñó, intentando derribarlo, pero Arturo lo golpeó con un rodillazo, rompiendo sus costillas modificadas. Finalmente, con un giro rápido, terminó con él.

-¿Estás bien? -preguntó Alina, acercándose a Arturo.

-Estoy bien -respondió él, aunque su respiración era pesada. Miró los cuerpos de los quiméricos-. Esto no es normal. Están mejorados, más resistentes que el primero.

-Volco está perfeccionando su ejército -dijo Alina, su tono sombrío-. Esto es solo el principio.

-Pues que el principio termine rápido -interrumpió Lucas, mirando los cuerpos con desagrado-. Estamos perdiendo tiempo.

Arturo asintió, volviendo su atención al pasillo.

-Vamos. No podemos detenernos ahora.

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La sala de control estaba más protegida de lo que esperaban. Dos guardias humanos patrullaban la entrada, lo que indicaba que Volco no confiaba completamente en sus quiméricos. Arturo y Lucas los neutralizaron rápidamente, moviéndose con precisión letal.

Dentro, Alina se dirigió a un panel lleno de monitores y teclados. Comenzó a teclear con rapidez, sus dedos volando sobre las teclas.

-Dame un minuto -dijo, enfocada en su tarea.

-No tenemos un minuto -gruñó Lucas, mirando por la puerta-. Esto es una maldita ratonera.

Arturo se quedó junto a Alina, observándola con atención. Aunque sus movimientos eran hábiles, algo en su postura le pareció extraño.

-¿Estás segura de lo que estás haciendo? -preguntó, su tono lleno de sospecha.

-Si no lo estuviera, ya estaríamos muertos -respondió ella, sin apartar la vista de los monitores.

De repente, una alarma estridente llenó el aire. Las luces rojas comenzaron a parpadear, y los monitores mostraron una sola palabra: "ALERTA".

-¡¿Qué hiciste?! -exclamó Lucas, volviéndose hacia Alina.

-No fui yo -respondió ella, maldiciendo entre dientes mientras continuaba tecleando-. Volco nos detectó. Está cerrando los accesos.

Arturo la agarró del brazo, obligándola a mirarlo.

-¿Esto era parte de tu plan?

-¡No! -gritó ella, liberándose de su agarre-. No esperaba que reaccionara tan rápido.

En ese momento, una voz profunda resonó desde los altavoces.

-Arturo... finalmente decidiste presentarte.

El rostro de Arturo se endureció al reconocer la voz de Leo Volco.

-Sabía que no podías resistirte. Te he estado esperando.

-¡Volco! -rugió Arturo, mirando a los monitores como si pudiera enfrentarlo a través de ellos-. ¡Sal de tu escondite y enfréntame como el alfa que dices ser!

Volco rió, un sonido frío y cruel.

-¿Crees que llegarás hasta mí? Has jugado bien tus cartas, pero este juego acaba de comenzar.

De repente, el sistema de seguridad se reinició. Las puertas de la sala de control se bloquearon, y un gas comenzó a filtrarse en la habitación.

-¡Es un gas paralizante! -gritó Alina, cubriéndose la boca.

-¡Salgan ahora! -ordenó Arturo, rompiendo una ventana lateral para escapar.

Mientras el grupo corría hacia los niveles inferiores, Arturo no podía ignorar la sensación de que Volco los estaba llevando justo donde quería.

Y el peor temor de Arturo comenzaba a hacerse realidad: tal vez, desde el principio, todo esto había sido una trampa.

El aire estaba cargado de tensión mientras Arturo, Alina y Lucas avanzaban por los oscuros pasillos de la instalación. Habían logrado escapar del gas paralizante, pero no sin consecuencias: la tos de Lucas y la respiración pesada de Alina indicaban que el químico había afectado parcialmente sus sistemas.

-No podemos seguir corriendo a ciegas -dijo Lucas, deteniéndose para apoyarse contra una pared-. Volco sabe dónde estamos.

-Lo sé -gruñó Arturo, observando los pasillos con una mezcla de frustración y desconfianza-. Pero si nos detenemos, somos presa fácil.

-Entonces, ¿qué hacemos? -preguntó Alina, limpiándose el sudor de la frente.

Arturo se giró hacia ella, su mirada dura.

-¿Hay otra forma de llegar a los niveles inferiores? Una que Volco no espere.

Alina dudó por un momento, su rostro mostrando un conflicto interno. Finalmente, asintió.

-Hay una ruta secundaria. Pero es peligrosa.

-Todo aquí es peligroso -respondió Arturo, dando un paso adelante-. Llévanos.

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La ruta que Alina mencionó era un túnel estrecho que se adentraba en las profundidades de la instalación. El aire era denso, y el ruido de maquinaria distante resonaba como un latido constante.

-Esto nos llevará directamente al laboratorio central -dijo Alina mientras revisaba su dispositivo portátil-. Pero no sé qué tan protegida estará la entrada.

-No importa -respondió Arturo con firmeza-. Llegaremos.

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