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Dura Atracción

Dura Atracción

Autor: : AnaValencia
Género: Romance
Johana tenía una vida aparentemente normal cómo cualquier chica de su edad, hasta que apareció Julián a complicarle toda su existencia. Ahora lo único que ella quiere es que él la dejé en paz, pero resulta complicado poder tener ése simple deseo cuándo su enemigo de Royal Diamonds aparece en la puerta de su casa vestido de traje. Julián siempre ha tenido a la chica que desea pero se encuentra con un reto imposible de descifrar: Johana. La chica qué sin importar cuánto lo intente, simplemente no cae a sus encantos. Para su mala suerte, ella parece reacia a dejarse llevar por ésa Dura Atracción que los consume a ambos. Es más, aborrece la simple mención y siempre lo trata de "idiota". Nuevas circunstancias harán que Julián tenga la oportunidad perfecta para seducir a Johana, pero, ¿Lo logrará o será a la única chica que nunca podrá tener?

Capítulo 1 Uno

Sabía con certeza de que había un problema cuando observé a Julián Navarro en la puerta de mi casa. Su sonrisa maliciosa me lo terminó de confirmar, lo que hizo que mi cuerpo se pusiera tenso por lo que pudiera ocurrir. «¿Acaso se había enterado sobre la cena que iba a realizar mi madre y pensaba arruinarla para fastidiar mi vida todavía más?»

Lo miré con el ceño fruncido.

Su sonrisa crece todavía más con mi escrutinio, haciendo que mi teoría se hiciera más acertada conforme nos mirábamos mutuamente. Siendo el capitán del equipo de fútbol de Royal Diamonds, su ego era demasiado grande para no odiarlo. Aunque si era sincera conmigo misma, una parte de que fuera tan egocéntrico era debido a su aspecto físico. Odiaba tener que admitir que era demasiado sexi como para no reaccionar de forma inapropiada cuando lo veías caminar hacia a ti. Sobre todo, cuando mostraban esa sonrisa maliciosa que siempre desarmaba a cualquier corazón. Era un arma letal.

Las chicas de la Academia les gustaba alardear demasiado y decían que besaba delicioso.

Obviamente mentían. Dios no podía ser tan considerado con una persona como él. Tenía que tener un defecto, nadie podía ser tan perfecto como Julián nos hacía creer a todos.

Sin embargo, no pude evitar echarles un pequeño vistazo superficial al atuendo que llevaba en ése momento. "¿Por qué siquiera estaba tan formal?», pensé mientras observé el traje de tres piezas color gris con una camisa negra y una corbata de color azul con rallas verticales de color blanco y negro. En su mano izquierda, un reloj platinado que rodeaba su muñeca.

-¿Has terminado de mirar, nena?

«Idiota, ¿Por qué tenía sonar tan erótica su voz?».

Si no fuera porque estaba completamente sana de mis facultades mentales. Esa forma de llamarme me hubiera hecho derretir completamente.

Levanté la vista.

-¿Qué estás haciendo aquí?

En su mirada apareció un brillo malicioso.

-¿No piensas invitarme a entrar?

«Tan gracioso...»

-No.

Creí que se iría con mi negativa, pero al contrario de eso, Julián cruzó sus brazos y se apoyó en el umbral de la puerta. El mundo podía destruirse y él parecía no preocuparse al respecto.

-Me hieres-dijo simulando una expresión herida y colocó un mano en su mano.

-Lo dudo.

Mordió su labio.

-¿Y un beso de bienvenida?

Idiota.

-No lo preguntaré de nuevo, ¿Por qué estás aquí?

- ¿Vas a salir?

-No.

- ¿Entonces así es como recibes a todas tus visitas? -cuestionó mientras sus ojos azules bajaban lentamente sobre mi cuerpo. El vestido azul que había elegido para la cena era de manga larga y que estaba cubierto de encaje. Lo revelador del vestido era su altura. Me llegaba a las piernas y por lo tanto están descubierta a que cualquiera las mirara. Como el idiota de enfrente. Su mirada hambrienta me hacía tener ganas de ir a mi habitación para ir cambiarme; pero no iba a dejar que Julián me intimidara de esa manera.

Tomando un respiro, uno muy largo para evitar cometer homicidio, intenté tranquilizarme.

-No estoy para juegos, Julián. Al menos no está noche, así que te sugiero que te largues de mi casa. Ahora.

Julián me quedó observando intensamente cuando dije su nombre, y eso era porque nunca lo llamaba de esa manera. Siempre era por un insulto o algo parecido, pero nunca su nombre. Pero, ¿qué esperaba realmente? Ahora no tenía tiempo para sus juegos. El novio de mi madre y su hijo iban a llegar, y no podía dejar que la cena se arruinará solo por estar peleando con él. Tenía que irse. Ya.

-Entiendo...-esa despreocupación de su parte fue lo que me hizo explotar por fin.

-¡Pues vete!

-No puedo, Johana, aunque quisiera irme de tu casa. Realmente no puedo.

Iba a replicarle, pero me detuve por un segundo.

Sus palabras me dejaron pensando pues Julián las había pronunciado como si tuvieran un significado oculto y ese aturdimiento de mi parte fue lo que hizo que se despegara de la pared para poder dar un paso en mi dirección.

«¡Qué rayos!», pensé al tenerlo cerca de mí. En forma instintiva, retrocedí un paso.

Lo que hizo que Julián entrará a mi casa.

Estaba por hacer que saliera de nuevo. Pero cuando levanté la vista, no pude hacer nada. Su cercanía me permitió olerlo. «Era tan tonta», pensé mientras intentaba regular los latidos de mi corazón y como si necesitará una evidencia de la estupidez que se había gobernado de mi cuerpo, dejé que Julián colocará una mano en mi cadera.

Su mirada azulada chocó con la mía para después empezar a bajar hacia mis labios. Los cuales se encontraban entreabiertos, como si estuvieran dándole una invitación. Sabía que debía empujarlo, pero no hice nada de eso. Me di el permiso de que mi vista también bajará sobre sus labios carnosos. Esos qué enloquecían a todas las chicas. A excepción de mis amigas y mi misma, claro. «¿A qué sabría realmente...?»

-¿Cariño, he escuchado que tocaron el timbre? -preguntó mi madre, y eso me ayudó a despertar del embrujo que Julián me había sometido en contra de mi voluntad.

-Vete-pedí en voz baja, empujando a Julián. Pero ya era demasiado tarde.

-Johana, ¿Qué haces? -cuestionó mi madre, bajando por las escaleras-. ¿Por qué no dejas pasar a Julián?

«Espera, ¿qué?»

Volteé a ver mi madre, sorprendida. «¿Lo había llamado por su nombre? Pero, ¿cómo es posible que lo conociera?». Fue como si alguien me abofeteará en el rostro para hacerme comprender de golpe. No puedo, Johana, aunque quisiera irme de tu casa. Realmente no puedo. De pronto, entendí el significado de las palabras de Julián.

En cámara lenta, volví a ver a Julián. Y lo encontré sonriendo burlonamente.

«Él era...Oh por Dios. No podía ser posible»

-No se preocupe, Señora Williams-saludó, cerrando la puerta detrás de él-, acabo de llegar y su hija me ha dado una inigualable bienvenida.

Mi madre se colocó a nuestro lado, para presentarnos.

-Johana, hija. -dijo ella sin darse cuenta de mi aturdimiento, y señaló al imbécil que no dejaba la sonrisa de su rostro-. Él es Julián, el hijo de Horacio.

«No, no, no». Esto no podía estar pasándome. Era irreal y tan injusto. ¿Cómo es que era posible tanta morbosa coincidencia? Sin embargo, cuando él dio pasos en mi dirección y tomó mi mano helada para estrecharla entre las suyas, fue que la realización se hizo en mí. «Él era el hijo de Horacio, y, por lo tanto, mi...»

Sacudí la cabeza para borrar esa cosa de mi mente. No podía ser cierto, lo sabía. Estaba teniendo una pesadilla. Una horrible y cruel, pero pesadilla al y al cabo.

De un momento a otro, Julián se acercó y sentí sus manos en mi rostro.

-¿Estás bien, hermanita? -cuestionó serio, pero con una mirada maliciosa-, te ves un poco pálida.

Él era un maldito. Sabía que no estaba preocupado en absoluto por mí y solo buscaba la manera de seguir burlándose de mi situación.

-Ay...que tierno-soltó mi madre, emocionada-, me gusta mucho que ya se preocupen el uno por el otro.

Quise vomitar.

-Claro que sí, somos muy amigos en el colegio, ¿no es cierto, Johana?

Asentí como autómata mientras me alejaba de su cuerpo. Necesitaba distancia. Kilómetros, en realidad.

-Julián, querido, ¿Y tu padre?

-Me dijo que se le había olvidado algo-contestó, sin dejar de mirarme-, pero no te preocupes, dijo que no tardaba en regresar.

Sentí que el piso se abría debajo de mí y me caía en la profunda oscuridad. Ellos conversaban tan contentos, como si ya lo hubieran hecho múltiple de veces. Pude ver como mi vida tranquila se derrumbaba delante de mis ojos, y de pronto tuve ganas de gritar todo lo que pensaba hasta que levante la vista, y observe la sonrisa de Julián, y sentí como mi ira aumentó en gran medida. Lo odiaba demasiado que no me dejaba pensar con claridad. Y él parecía darse cuenta de mis pensamientos homicidas porque su sonrisa creció todavía más.

Con una mueca en el rostro, desvié la vista para ver a mi madre y me di cuenta que me observaba. Sin desear que viera mi inconformidad en todo, le sonreí y ella lo hizo de vuelta sin darse cuenta de nada. «Oh mamá, ¿Qué has hecho?»

Esto es un desastre.

Y después pasó lo que tanto había temido desde que mi madre me presento con Julián, el timbre sonó fuerte y claro. El novio de mi madre había llegado. Sin demorarse, ella abrió la puerta, mostrando una sonrisa radiante al hombre que tenía una similitud parecía a Julián. «Si tan siquiera lo hubiera visto una vez, me hubiera dado cuenta de todo antes de que me golpeará en la cara de esta forma tan abrupta». Pero como mi madre siempre decía, los hubieras no existían.

Estaba tan concentrada en la pareja de enfrente que no me había dado cuenta cuando Julián había retrocedido hasta colocarse detrás de mí.

-Le propondrá matrimonio-susurró él en mi oído-, para eso es la cena.

Justo ahí, fui consciente de él. Su aroma, su calor, todo. Sabía que era un error permitir que se acercará. Pero no me aleje y él tampoco parecía deseoso de que lo hiciera. En un momento de total estupidez, cerré mis ojos mientras dejaba caer mi cabeza en su pecho. Su aliento en mi cuello me hizo estremecer de una manera que no debía ser permitida, pero nada como su agarre en mi cintura para dejarme completamente embriagada de pura y total lujuria. Esta era una de las razones del porque lo odiaba de esta manera, me hacía desearlo sin ni siquiera proponérselo. Era una total locura, pero una muy cierta.

-Serás mi pequeña hermana, Johana-continuó diciendo con voz ronca-, y créeme no dejare que nadie te haga daño.

- ¿Qué?

Escuche como tragaba duro por el jadeo entrecortado que había soltado, y eso hizo cosas a mi cuerpo que no debían ser permitidas.

-Se le olvido el anillo de compromiso, y es por eso que tuvo que regresar.

Capítulo 2 Dos

Anillo de compromiso, resonaron esas tres palabras en mi mente una y otra vez.

-No puede ser...-susurré consternada por la noticia que acababa de darme.

-Sí, Johana, seremos familia-declaró con voz ronca. Su aliento acarició mi piel, y eso empezó a nublar el poco juico que tenía. Tan poco que no me permitía pensar con claridad, y solo parecía estar los dos juntos. Solos. En una cama. Completamente desnudos.

No, me recriminé a mí misma. Esto no era así. No con él. Fue cuando recordé la razón porque me mantenía alejada de él, y ese fue el impulso que necesité para colocar mis manos en las suyas y alejarlas de mi cuerpo.

-No me toques-espete, dándome la media vuelta y mirándolo con enojo-, y tampoco soy tu "pequeña hermana".

Su mirada se hizo más carnal, intensa.

-Eso, Johana. Lo sé muy bien.

La forma en que pronunció esa última parte, me hizo tragar saliva. Estaba por decirle unas cuantas cosas más, hasta que escuche la voz de Horacio Navarro detrás de mí. Ambos volteamos a verlo, y fue cuando me di cuenta de lo nervioso que parecía, como si fuera a decir algo importante.

Eso me alarmo enseguida, y al verlo como se pasaba las manos por su cabello de manera nerviosa, solo hizo que sonar mis alarmas internas.

De pronto empezó hablar, y temí lo peor.

-Estoy nervioso, muy nervioso, en realidad -soltó una risa incomoda y continuo-, pero ya no quiero seguir esperando más por esto. -su mirada viajo hasta mi madre, y su confianza pareció aumentar-. Alejandra, amor mío, quiero decirte que desde que te vi, me hechizaste por completo.

«Oh rayos, Julián no había estado mintiendo»

Observé a mi madre, y la encontré a punto de llorar de la emoción.

-Todo desapareció en ese momento. El dolor, la soledad, todo. No existía nada para mí, solo tú. -Tomo la mano de mi madre, y se la besó-. Y quiero decirte hoy, enfrente de nuestros hijos-nos voltearon a verme un momento para después volverse a ver, y continuar con su declaración-. Que te amo con toda mi alma.

Mi mama jadeó sorprendida cuando observó que su novio se arrodillaba en una sola pierna, delante de ella. Para a continuar, observar como Horacio sacaba una caja negra de su bolsillo para después abrirla.

-Es por eso que te suplico que me des una oportunidad para ser tu esposo-continuó Horacio, al borde del llanto-, Y que vivamos juntos el tiempo que nos queda de vida.

Mi madre parecía tener el mismo problema en retener sus propias lágrimas.

-Horacio...-él la detuvo, y continúo.

-Estoy seguro que no voy a encontrar una mujer como tú, y ansió ser ese hombre que te complemente como tú lo haces para mí. Así que con mi corazón es tus manos, te pregunto: ¿Alejandra, deseas casarte conmigo?

Un latido paso, y después...

- ¡Si, si, si!

Mi madre se lanzó hacia los brazos de Horacio. Sin dejar de llorar, al igual que él. Me cabeza bajó mientras sentía mis ganas de llorar por mí deseos egoístas y sobre todo haber deseado que el romance de ellos fuera pasajero. Ahora era definitivo, lo sabía. Julián iba a ser mi hermanastro. Y no había vuelta atrás para ese hecho.

De pronto, sentí los brazos de él detrás de mí.

-Ahora seremos inseparables.

«Imbécil»

Intenté salirme de su abrazo, pero me tenía bien sujeta y no pude hacer nada sin provocar una escena escandalosa, así que dejé de insistir. Su aroma me envolvió por completo. Quise no disfrutar de la forma en que me sostenía, pero estaría mintiendo.

De esa manera, estábamos viendo su padre le colocaba el anillo a mi madre en su dedo anular.

-No puede ser-volví a susurrar.

Lo peor de todo era ver la felicidad de ambos. Una fea emoción me cubrió por completo. Lo supe de inmediato que era: Culpa. Desear que Horacio no amará a mi madre era algo egoísta, y, aun así, lo había deseado. Era una mala hija. Todo lo que mi madre había pasado, para ahora desearle eso. No era justo para ella. No lo era.

Julián se alejó cuando nuestros padres voltearon a vernos. Y tuve que colocar una sonrisa. Falsa, pero una sonrisa, al fin y al cabo. A continuación, empezaron acercarse a nosotros.

La felicidad de Horacio parecía genuina, así que cuando me acerqué, le tendí mi mano.

-Gracias por hacerla feliz.

El novio de mi madre me vio sonriente.

-Es un placer para mí.

Asentí, y viendo a mi madre, me dio ganas de llorar de nuevo. No pude evitar acercarme a

ella, y poder abrazar a la única persona que me había visto crecer desde siempre.

Sus brazos me rodearon.

-Felicidades, mamá.

-Gracias, bebe- y con incredulidad en su voz, dijo en mi oído-. Me voy a casar, amor mío. ¿Puedes creerlo?

Y con las lágrimas a punto de salir, asentí.

-No es difícil de creer, mamá. Eres una mujer maravillosa. Te lo mereces.

Toda su vida había estado sola para mí, y nada más que para mí.

-Vamos a cenar, chicas. -la voz de Horacio separo nuestro abrazo para después verlo sonriente-, ¿una cena de compromiso? ¿Quién lo diría, ¿no?

Claro, ¿Quién lo diría? Sino fuera porque era el hombre que, hacia feliz a mi madre, le diría unas cuantas cosas sobre ese comentario. Sin embargo, cuando los observé acercarse de nuevo a ella para después dirigirse al comedor, fue que recordé la historia de ellos. Al parecer Horacio había decidió a consultar con mi madre por un problema en su dentadura. Y viendo que mi madre era una de las odontólogas más recomendadas de la ciudad, era un porcentaje muy alto de que se iban a conocer. Según mi madre, dijo que cuando lo vio, quedo completamente noqueada por él. No podía dejar de verlo, y al parecer, Horacio también sufrió de lo mismo. Amor a primera vista, según las palabras de mi madre.

Lo curioso pasó después, ellos actuaron normal como paciente-doctor. Ninguno de los dos

fue el valiente para pedir una cita para cenar. Y ese día, ambos se despidieron como debía ser. En palabras de mi madre, dijo que se había sentido desilusionada, pero días después volvió aparecer, y al parecer tenía otro problema dental. Y la consulta transcurrió de la misma manera que en la primera, y después de esa, hubo una segunda, tercera, cuarta, quinta, hasta que un día, al fin Horacio se armó de valor y le pidió una cita para cenar. Y ese fue el inicio de todas las sonrisas secretas de mi madre, pero, sobre todo, del desastre qué ahora era mi vida.

«¿Porque había tenido qué ser precisamente Horacio el que fuera padre de Julián?», cuestioné en mi mente, aunque sabía que no había respuesta para esa pregunta.

Cuando todos se dirigieron al comedor, también lo hice.

Capítulo 3 Tres

Al ser la única hija de mi madre, me habían enseñado qué los desayunos, almuerzos y cenas eran importantes para la comunicación. Así que cuando ella empezó hablar en medio de esta en peculiar, no me preocupé, o al menos eso fue antes de que ella hiciera su anuncio.

-Horacio y yo hemos decido que nos casaremos en un mes.

Levantando la vista para ver si bromeaba, me la encontré sonriente y feliz. Aunque observe la duda de su rostro, y me di cuenta de la razón. Esperaba mi aprobación de ese hecho.

Fue cuando prácticamente enloquecí.

- ¡¿No crees que vas muy rápido?!

El silencio que lleno la habitación me hizo darme cuenta de que había hecho esa pregunta en voz alta. Y no entendía el silencio. «¿Acaso era la única que se daba cuenta de lo rápido que iba todo?». Creí que iban a casarse en un año, como mínimo. O sea, después de que me dirigiera a la universidad y no tuviera que convivir con Julián todos los días. Pero al parecer, me había equivocado.

Mi vista viajo hacia el idiota que no dejaba de verme en toda la cena, y me lo encontré sonriendo. Claro, el imbécil no le preocupaba esto. Y es que, si nos poníamos a pensar fríamente, era muy poco tiempo. Digo, apenas hace tres meses que se vieron por primera vez y ahora se quieren casar en un mes. ¡Un mes! Que era prácticamente nada de tiempo.

Eso sin contar que el compromiso era muy rápido en sí. No sé, sí eran ellos los que estaban locos o era yo al no comprender la rapidez de todo.

-Hija, si tú no estás de acuerdo, entonces podemos...-. empezó a decir mi madre con desilusión, y en ese preciso momento deseé golpearme.

-No, mamá, era que no quiero mudarme a ningún lado. Quiero vivir aquí.

Una mentira, pero no me había dado cuenta del problema futuro hasta que lo mencioné. Mudanza. Fue cuando se miraron, y la sonrisa cómplice de ambos, no me gustó nada.

-Bueno conforme a eso, hemos decidido que éste será nuestro hogar como una familia-dijo viéndome preguntado mi opinión en silencio, asentí aun aturdida por todo-. Ellos entienden que nosotras estamos más cómodas aquí y como ustedes ya están grandes para cuidarse-su voz se oía aliviada, pero yo estaba de lejos de eso-. Hemos decidido irnos por dos semanas de luna de miel mientras que se quedan aquí establecidos y cómodos. Además de que así podrían conocerse los dos. ¿Qué les parece?

Muy mala idea, sin embargo, Julián contesto lo contrario a lo que pensaba.

-Me parece una estupenda idea, después de todo tienes razón, no somos unos niños. Sabemos cuidarnos bien, y sobre la casa, no te preocupes. Nosotros la cuidaremos, ¿verdad, Johana?

«Maldito»

Mirándolo, observe la sonrisa inocente, pero lo conocía. Él estaba disfrutando esto, y no me quedo otra alternativa más que asentir, y no decir nada de lo que pensaba de todo esto. Aunque eso no evito qué me levantará de la mesa de forma brusca.

-Estoy cansada, creo que me iré acostar. -expliqué cuándo me vio confundida por mi reacción anterior.

Justo en este momento no me importaba ser maleducada, estaba simplemente cansada de todo.

-Ah...claro, mi amor. Adelante. Ve a descansar.

Apenas dijo eso y me dirigí a las escaleras mientras sentía la mirada de una persona que no deseaba ver a menudo pero que tenía que soportar dentro de dos semanas.

«Oh mierda, dos semanas solos»

¿Cómo íbamos a resistir todo ése tiempo sin matarnos?

(...)

Cuando cerré la puerta, me deshice del estúpido peinado que traía.

Esta cena fue un desastre desde que abrí la puerta y apareció Julián detrás de ella. El maldito, no importaba donde iba ahí estaba él, y su estúpida sonrisa. Esa qué me daba ganas de golpear hasta el cansancio. Aun así, con todo mi mal humor, me dirigí al baño para quitarme el maquillaje y la ropa y colocarme un pijama, y poder descansar.

Eso no evito qué pensara sobre lo que había sucedido, y me pusiera a ver los desastres de mi vida. El primero es que Julián era el hijo de Horacio, el novio de mi madre, y el mismo que le ha pedido matrimonio esta noche. El segundo que ese evento catastrófico se llevaría acabó en un mes. Y el tercero, ellos se van de luna de miel mientras Julián y yo nos quedamos en mi casa por dos semanas. Completamente solos.

Negué por lo absurdo de la situación, pero no podía hacer nada. Algo era seguro, eso iba a ser un desastre, para bien o mal pero un desastre, al fin y al cabo.

Cuando salí del baño lo único que quería hacer era dormir, así que eso fue lo que hice.

Al menos tenía un consuelo que en mis sueños Julián no estaba, pero para mí mala suerte soñé cuando lo conocí. El primer día de largos meses tormentosos.

-Su nombre es Julián y es súper sexi-dijo Itzel mientras se dejaba caer en su casillero. Su sonrisa era de ensueño, como si ya estuviera visualizando su futuro con el chico nuevo.

Sonreí divertida.

Podía decir que estaba mintiendo, pero Royal Diamonds era una academia que no cualquiera podía entrar, así que, por lo mismo se consideraba como un evento sorprendente, pues no había muchos chicos nuevos. La ultima había sido Albina Salguero. Pero no era nada sorprendente. La chica era una persona genio.

-Dicen que tiene una sonrisa que es capaz de bajarte todo...-volvió a pronunciar mi mejor amiga con deseo, pero al final, soltó un chillido estrangulado. La volteé a ver, extrañada por el sonido que había salido de su boca. Fue cuando me di cuenta de que miraba algo detrás de mí, y su expresión era abochornada, horrorizada, como si fuera sido descubierta cometiendo un crimen. Lo supe en ése momento. El tal Julián estaba detrás de mí.

La curiosidad ganó y giré lentamente para verlo.

En el momento que lo hice, mi sonrisa se deslizo de mi rostro al mismo tiempo que ésa mirada azulada recaía sobre mí. Fue como si una estela de calor viajará por sobre mi cuerpo. Despertándome de un sueño inducido que ni yo misma sabía que estaba. El chico con cabello rubio dio un pasó en mi dirección y mi respiración se atascó. Pues los rumores e Itzel habían tenido razón. Él era atractivo. En demasía. Lo peor de todo era esa mirada ardiente en que tenía, te hacia poner nerviosa, ansiosa. Él era...Guau, no había palabras para describirlo con palabras precisas para decir lo que me hacía sentir su presencia, solo sabía que todo era muy intenso. Demasiado.

En un deseo de alejarme de esa vista espectacular, me topé con la mirada furiosa que me dirigía mi mejor amiga. Me ruboricé. Pues había una razón para eso. Itzel era la hermana melliza de mi novio, y había estado prácticamente babeando por alguien que no era su hermano.

Observé que Itzel desvió la vista hacia el chico nuevo y coqueteaba con él. Su forma de acercarse a él fue con descaro total. Ella colocó una mano en su pecho mientras le decía algo en su oído. Sin embargo, Julián no la volteó a ver ni un segundo, su atención estaba en mí. Como si se sintiera atraído por mi mirada. Fue desconcertante.

Fue una fortuna de que estuviera apoyada en mi casillero porque hubiera caído de forma vergonzosa.

-Si haces que tu amiga se una a nosotros-comentó él en voz alta, mirándome con intensidad-, con gusto aceptó tu oferta.

Mi mejor amiga se alejó de él como si quemará.

-Ella tiene novio-soltó Itzel. Ese comentario parecía más para mí, que para el chico. Aun así, el chico no alejó su mirada.

-Es una lástima...-sus ojos no dejaban de observarme, y yo no podía dejar de verlo. Fue en ese momento que dio un paso adelante, alejándose de Itzel.

-¿Qué? -apenas atiné a decir, cuando el chico nuevo acercó su boca en mi oído.

-Cuando quieras gozar de un muy buen rato, búscame. Ni siquiera me importa que no traigas a tu amiga.

Y sin una mirada hacia Itzel, se alejó. Lo miré irse, sorprendida aun no de lo que había dicho y confundida de lo que había pasado.

- ¡Eres una zorra, Johana!

Volteé a verla de golpe.

- ¿Qué? ¿Por qué?

-Se supone que estas con mi hermano, y solo lo veías como diciendo "Follame, aquí y ahora"- expuso furiosa mientras movía sus manos. Lo pensé por un momento y me di cuenta que tal vez tenía razón en lo que decía-. Tal vez hayas engañado a mí hermano con tu estúpida cara de mosquita muerta, pero a mí no.

- ¡Oye! No me hables así, no es mi culpa que ése chico ni te haya mirado.

Cerré los ojos al ser consciente de mi metedura de pata.

-Así que al fin sacas las garras, no eres más que una puta. - fue lo último que dijo antes de irse furiosa por el pasillo, pero yo había tenido razón.

No era mi culpa que el chico nuevo no la haya visto.

Ese mismo día ella se lo contó a su hermano, él cuál no tardó en venir a reclamarme justo en el momento que estaba por salir del colegio. Ni siquiera me dejo hablar, solo habló y habló. Así que cuando me vine a dar cuenta, Louis estaba terminando conmigo. Diciendo que era una puta en voz alta para que todos lo escucharán. Y después alejándose por la entrada enorme del colegio. No dije nada, solo me quedé observando su retirada, hasta que, en medio de mi aturdimiento, sentí unas manos en mi cintura al igual que una voz en mi oído.

- ¿Sabes...? A mí me gustan las descaradas...-su aliento me hizo erizarme por completo-...en la cama.

«El chico nuevo»

Cuando sentí como se acercaba todavía más a mi cuerpo, empecé a sentir eso que no debía de sentir por alguien que no conocía en absoluto.

- ¿Qué dices? El novio ya no existe-continuó diciendo. Me dio un beso en mi cuello para después morder el lóbulo de mi oreja, y pude sentir como me saboreaba mi cuello con su lengua. Esto estaba tan mal, pero no evito que mi cuerpo pareciera responder a él y parecía estar en plena ebullición por la erección que sentía detrás de mí.

Sentía tantas cosas, pero también registré las palabras que dijo esa boca.

-Lo hiciste a propósito-afirmé. O al menos eso creía.

-No sabía que era su hermana-dijo, confirmando mis palabras¬-, pero sabía que se lo diría a tu ex por venganza. Los celos de una chica son tan horribles cuando no es a ella a quien desean.

Sus palabras solo confirmaron que era un estúpido manipulador. Me alejé de golpe de Julián, para poder girar y darle una cachetada. Me vio sorprendido por mi arrebato, pero se compuso rápido.

- ¿Por qué fue eso?

- ¡No me gusta que me manipulen, imbécil!

-No lo hice.

«Oh claro que lo hiciste»

-No soy estúpida, si quieres una follada. - apunté hacía las chicas más fáciles del colegio, pero él ni siquiera las miró. -Ve con ellas, serán felices dándote lo que quieres.

-La que me gustas eres tú y te tendré.

Su arrogancia me molestaba, no, todo de él me molestaba.

-No lo harás

-Oh...si lo haré, y gritaras mi nombre.

Nos quedamos viendo retando hasta que habló de nuevo.

-Tomaré tu consejo, Johana.

Su sonrisa no me alarmo tanto como entender que él sabía cómo me llamaba.

- ¿Cómo sabes mi nombre?

Ignoro mi pregunta, y sonrió con malicia.

-El mío es Julián-entrecerré los ojos, y él continuó-. Te lo digo para que puedas usarlo esta noche. En la comodidad de tu cama mientras...

Estaba por golpearlo por dar a entender que me iba a tocar pensando en él; pero Julián se fue con una sonrisa hacia donde le había indicado antes. En el momento que me quedé sola, me permití respirar y tranquilizarme.

Era un idiota, sin duda alguna.

Sacudí mi cabeza para olvidarme de todo, caminé hacia donde podría parar un taxi e irme a casa; pero no contaba con que fuera en la misma dirección en que se había ido él.

Así que cuando me vio, sonrió. Todo eso mientras abrazaba a otra chica.

-Adiós, Johana-se despidió con su rostro enterrado en el cuello de la chica.

-Idiota.

Su risa fue lo último que escuche antes de tomar un transporte e irme a mi casa. Y en todo el camino, rememore lo que había pasado ese día. Había perdido una amiga y un novio, pero había ganado un rival.

Uno que me estuvo fastidiando todo el año escolar, para que me acostara con él. Cada vez que me negaba, me mostraba quien sería mi remplazo. Y desde ese día no tuve dudas, que ese chico era un jugador de primera.

Y yo no estaba dispuesta a ser su juguete.

Ni en ése momento, ni en el futuro.

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