AINARA WELLINTONG.
Jamás llegue a pensar que mi ascenso al trono iba a ser a tan temprana edad, aunque mi papa era quien llevaba el récord al rey más joven y hasta ahora el más longevo, comenzando su reinado a la edad de 13 años cuando mi abuelo Elías II murió a causa de una neumonía, mi padre Elías III asumió su responsabilidad como todo un hombre y puso a Lousa en todo el mapamundi siendo uno de los países más próspero y rentables para vivir con una taza de pobreza mínima. Era todo un sueño vivir en este hermoso país.
Pero ahora no les hablare de la tan buena infraestructura de este imperio. Elías III falleció por la mañana a los 60 años a causa de un paro cardio respiratorio, mientras yo me encontraba de gira en países donde la necesidad de todos los elementos básicos de vidas era literalmente escasa.
Ahora me encontraba viajando de regreso a Lousa en donde en unas cuantas horas seré coronada como la nueva reina, bajo la presión de muchas especulaciones, y es que desde muy pequeña me criaron para este grandioso día.
El avión privado desciende hasta tocar pavimento, a través de mi ventana pude ver la cantidad de fotógrafos que me esperaban. Llevaba todo un atuendo de color negro, todos los miembros de la realeza debían llevar uno por si esta clase de situaciones se presentaban. El sombrero que tenía en la cabeza llevaba una malla que tapaba parcialmente mi rostro, lo bajo y mi asistente me hace una seña indicando que ya podía salir.
En pocos segundos los flashes impactaron en mi rostro, de inmediato en mi garganta se hizo un nudo y quede completamente estática en las escaleras del avión. Las preguntas comenzaron a ser lanzadas como granadas, unas buenas y otras malas afectando mi estabilidad emocional en aquel momento.
Haber perdido a mi padre y no estar ahí para acompañar sus últimos días de vida carcomían mi cabeza, el rey Elías a pesar de llevar ese gran cargo sobre sus hombros, sacaba tiempo para jugar conmigo y mis hermanos, fue un padre ejemplar.
- No te preocupes cariño estamos contigo.
Mi asistente me toma de la mano y terminamos bajando, afortunadamente el auto que nos esperaba no estaba tan alejado, nos subimos y partimos rumbo al castillo de Westershire, desde allí se comenzara la caminata hasta el cementerio de la familia real Wellington.
Mientras íbamos de camino a las afueras de todas las casas habían izado la bandera del país, con un fondo azul, franjas rojas y un gran circulo rojo con una estrella en el medio. En los balcones las jacarandas adornaban la fachada y ni hablar de las casas coloniales que aún se mantenían en pie y por otro lodo se encontraban los edificios gigantescos. Siendo un gran contraste entre lo moderno y lo antiguo.
Cuando entramos a la calle que da directamente hacia el castillo Westershire en las aceras se encontraban la mayoría de los ciudadanos movían sus mini banderas en el aire en honor a mi padre. Sonríe a labios cerrados y hable.
- Quiero bajarme aquí. - hablo.
- ¿Por qué? Su madre nos esta esperando, tenemos de retraso diez minutos. - Mi asistente le temía a mi madre y no la culpo aquella mujer podía ser la misma encarnación del diablo.
- He viajado durante quince horas, unos minutos no la mataran, así que Martín detén el auto.
- Como ordene su majestad. - Martin detiene el auto a mitad de la calle y al abrir la puerta del auto blindado el barullo no tardo en penetrar mis oídos.
Los fieles Lousianos entre llantos y vitoreo me entregaban rosas de color blanca en un símbolo de esperanza y paz, a cada uno le voy sonriendo a labio cerrados y estrechando sus manos. Entre todo el montón de adultos, niños y niñas aseguraban que algún día iban a ser, príncipes y princesas como lo era yo y mis hermanos. Cuando estaba entre toda mi gente me sentía plena y feliz, no había ni un solo momento en que no pensara en el bienestar de cada uno.
Mi asistente Marie me siguió durante toda mi caminata y el auto iba con suma lentitud sin separarse un solo segundo de mis espaldas. A pesar de ser un gran país y completamente neutro en decisiones de guerras teníamos enemigos que querían ver muerta a la realeza de Lousa.
Agité mi mano al aire en señal de despedida y volví al auto para ya por fin darle una santa sepultura a mi padre. Entre mis manos tenia tantas rosas que definitivamente las colocaría en el ataúd de papá. Las grandes rejas de acero del palacio se abren dándome paso a mi hogar, donde pase la mayor parte de mi tiempo jugando entre la inmensidad del palacio Westershire.
- Ainara llegas media hora tarde al entierro de tu padre. ¬¬- esas son las primeras palabras que mi madre me dice luego de haber estado tres meses fuera del país.
Margaret Hebert es una mujer fría y calculadora, era la reina consorte del rey Elías III. Ambos son descendientes del Rey Arthur I y Magnolia de Buitrago. Famosamente conocidos como los abuelos de todo el continente. Siendo mi padre y mi madre, primos, pero muy, muy, muy lejanos. Ya saben como era la realeza en temas de genética.
Cabe recalcar que no llevo una buena relación con ella y es por una razón bastante justificable.
Mis abuelos obligaron a mi madre a ser perfecta desde muy niña, el destino de ella ya estaba más que trazado y debía cumplirlo al pie de la letra y pretendía hacer lo mismo conmigo, pero mi padre no lo permitió y fue gracias a él que mis hermanos y yo vivimos nuestras etapas, claramente sin olvidar nuestras obligaciones reales.
- No pienso discutir contigo madre. - paso de largo, mientras hago un ademán con mi mano, pude sentir sus pasos apresurados venir en mi dirección. - No es el momento para eso, quiero despedirme de mi padre.
- ¡No me des la espalda Ainara! - Exclama llena de cólera.
Y sin prestarle ninguna atención seguí caminando hasta el gran salón real, el resto de mis familiares, amigos de papá y famosos de la farándula se encontraban ahí.
- Ainara. - mi hermano menor Paul, al verme se acerca con sus ojos llorosos a mí.
Paul Wellington tiene 15 años llego a nuestras vidas como un ángel caído y era el niño de los ojos de mi padre. Lo envuelvo entre mis brazos y beso su coronilla.
- Tranquilo hermanito.
- Estuve con el cuando eso sucedió. - hipea. - fue muy triste verlo así.
- Que ese no sea el ultimo recuerdo que tienes de él Paul, recuérdalo cuando era feliz, cuando corría detrás de nosotros en patio.
- Eso intento, pero no puedo. - me ve directamente a los ojos.
- Paul, estoy segura de que a papá no le gustaría verte así, debes ser fuerte, por él y por nosotros.
- Para ser sinceros tu debes ser la fuerte por nosotros.
Mikelson Wellington, el hermano del medio llega a nuestro lado. Mike era la sensación entre toda la elite en la que vivimos, alto, rubio, de ojos grises y con un cuerpo malditamente tonificado... bueno los tres teníamos un régimen estricto de ejercicios, no se nos permitía engordar para nada, ya que debíamos mostrarle al pueblo que, llevando una vida sana, podíamos vivir mejor. Paul era tan idéntico a Mike físicamente que podrían fácilmente ser mellizos. Más sin embargo yo era un poco diferente. Mi cabello era rojizo y mis ojos de un café claro, el tono de mi piel era un poco más bronceada, y era más baja que mis hermanos.
- Mikelson, amigo.
Otra voz ajena a nosotros se une a la conversación, al girar veo a uno de los hombres más codiciados de todo el país. George Stainfield, aborrecía a aquel hombre, era arrogante, manipulador, ególatra, marcasita y simplemente porque su padre es Duque de Lousa y un cercano amigo de papá. Coloco los ojos en blanco y sigo mi camino junto a Paul el cual tambien lo odiaba.
- No entiendo como Mikelson lo puede soportar. - dice mi hermanito.
- Ni que lo digas, yo ni siquiera puedo escuchar su nombre porque todo mi día se daña - Paul ríe levemente.
- Te dejare a solas para que puedas ver por ultima vez a nuestro padre. - dice al estar cerca del féretro de Elías III.
- Gracias hermano.
Paul se aleja dejándome a solas junto a mi padre y claramente otras personas, pero ellas mantenían su conversación de alcurnia. Al ver el rostro de mi padre a través de un vidrio sentí que mi corazón se hizo trocitos, se veía tan sereno, como si simplemente estuviera tomando una bonita siesta.
- Solo mírate. - le hable bajito. - no pudiste esperar a que llegara de mi viaje. - le reprocho. - ahora me dejaste sola.
Lagrimas silenciosas comenzaron a rodar por mis mejillas, rápidamente las limpio ante el protocolo que se debe mantener.
- Jamás te vamos a olvidar.
Y poco minutos después en un carro fúnebre Elías Wellington marcho por la gran calle que lo llevaría a su descanso eterno. Los ciudadanos lloraban la partida del gran monarca, un hombre integro que nunca le fallo a su pueblo y dio todo lo mejor de sí para que sus vidas fueran las mejores.
Como futura reina no se me permitía hacer cierto tipo de cosas, pero en aquel momento me dio igual, llevaba siempre conmigo un relicario donde aparecíamos mis hermanos, yo y nuestro padre, sin mamá porque nunca quiso salir en nuestras fotografías, la coloqué sobre el féretro y di las indicaciones para que comenzaran a sellar la tumba.
El lugar donde Elías fue sepultado era tan grande que había 4 lugares más para cuando nosotros, sus hijos fallecieran y claramente su esposa tambien, pero en ningun momento me incomodo, después de todo al final del túnel es lo único que nos espera.
Cuando el Reloj marco las seis de la tarde, las campanadas de la gran torre del reloj comenzaron a sonar seis veces y ahora yo tenia un vestido de color hueso y una gran capa que ocupaba casi todo un salón, era muy pesada para mí y detrás que respaldaba todo un pueblo, junto parlamentarios y mi familia, justo en frente mío se encontraba un sacerdote dándome la bendición.
- Por el poder que se me otorga, proclamo a Ainara Isabel Wellington Hebert como la nueva soberana de Lousa. - sobre mi cabeza posaron una hermosa corona llena de diamantes y piedras preciosas de colores.
Los militares en un acto sincronizado hacen un arco con espadas la cual daba hacia un gran balcón, las cortinas rojas que impedía que vieran hacia dentro se abre y de inmediato el barullo se escucha, las trompetas comenzaron a sonar y salgo a la luz.
Justo le estaba dando la cara a mi pueblo como la nueva monarca de Lousa.
Pero se que apenas este es el comienzo.
AINARA WELLINTONG.
Había pasado exactamente 8 horas desde que fui coronada como la Reina de Lousa y ya tenia un maldito problema que resolver. Me vestís con un traje de color blanco con detalles dorados y entre las tantas coronas que hay dentro del palacio me coloco mi favorita la cual casualmente es dorada con diamantes en toda la corona. Me embarco en mi auto junto a mi chofer y mi asistente. Nos dirigimos hacia el parlamento. Mi madre ya se encontraba allá, a pesar que dejo de ser la reina, sigue teniendo un poco de mandato, pero al ser yo la autoridad debida respetarme como tal.
- ¿De que se trata todo esto Marie? - le pregunto a mi asistente.
- No lo se señorita A... perdón, Reina.
- Puedes seguir llamándome Ainara mientras estamos en privado.
- Como usted diga. - asiente con su cabeza. - No lo sé, su madre me pidió simplemente que le avisara de la reunión con el parlamento.
- Tengo un mal presentimiento de todo eso. - pellizco el puente de mi nariz.
- Si desea podemos regresar al palacio. - dice Martin deteniéndose en un semáforo.
- No, es mejor ver de que se tratara todo esto.
Sin más nada que decir me dedico a ver por la ventana, los ciudadanos habían abierto nuevamente sus negocios y ya paseaban normalmente por la calle, cuando se anuncio el deceso de mi padre se tuvieron que cerrar todos los establecimientos, es una orden a nivel nacional, pero es simple y llanamente para brindarle el ultimo adiós al rey.
Al llegar al parlamento el cual no esta tan lejos del castillo de Westershire y es una especie de fuerte que se construyo durante los tiempos de guerra, cuando colonizadores llegaron a nuestro país, y para defenderse de otros piratas decidieron levantar un gran fuerte. Dentro se encontraba una plaza, pero la entrada al fuerte solamente es para los parlamentarios y la familia real.
Martin deja estacionado el auto en la plaza y yo bajo con la ayuda de un edecán, que al ver el auto real corrió en nuestra dirección.
- Gracias. - le digo.
- No hay de que mi reina. - dice sin verme a los ojos.
- Ya estamos llegando tarde mi reina. - Dice Marie apresurándome un poco.
Coloco los ojos en blanco y nos dirigimos al recinto acondicionado de los parlamentarios, al entrar varios pares de ojos posaron su mirada en mí, si mal no recuerdo hay 172 hombres que tomaban este lugar.
- Llegas tarde nuevamente. - Masculle mi madre tomándome del brazo.
- Te pido que sueltes mi brazo. - le digo con toda la seriedad del mundo. Ella al notar que nos encontrábamos en frente de un gran tumulto de personas me suelta. - No voy a permitirte que me vuelvas a tocar sin mi consentimiento ¿Te quedo claro?
- Si. - intento morderse la lengua, pero sabía que debida obedecer.
Los parlamentarios estaban ubicados en la cima con si fueran unos dioses que debían venerar, me acerco al podio donde me estaban esperando y miro a mi alrededor viendo todo el panorama.
- Buenos días. - digo después de un rato. ¬ - No sé la verdadera razón por la cual me encuentro hoy aquí de pie delante de todos ustedes mis respetados parlamentarios.
- Su majestad. - un hombre mayor, de por lo menos 60 años se levanta de su asiento. Mi mirada se centra en él. - Primero que nada, decidimos reunirnos hoy para darle una calurosa bienvenida y felicitarla por ser la mujer más joven y la primera en ser la reina.
- Gracias. - asiento con mi cabeza.
- Por segundo, esto es algo importante que no se pudo dar antes de su coronación.
- Bueno, estaba en países donde hay pobreza extrema y necesitan ayuda, además nadie iba a saber que el difunto Rey Elías fallecería. - intervengo.
- Su majestad una reina no puede manejar un imperio sin su rey. ¬- otro hombre se levanta, pero fue más directo.
- ¿Dónde dice eso? - enarco una ceja.
- A lo que nos queremos referir es que debe haber una monarquía completa, o sea Rey y Reina.
Lanzo una media carcajada.
- Estamos en el 2022 señores, estamos en un nuevo despertar, donde las mujeres son tan autónomas como los hombres al momento de hacer una elección y estoy plenamente segura de que no es necesario tener un hombre a mi lado.
- Por si no lo sabia su majestad. - otro hombre se levanta, pero la única diferencia entre los otros dos fue su tono de autosuficiencia. - es que la ley que viene desde hace 5 reinos atrás dictamina que debe ser una pareja de reyes las que gobiernes este país, por lo tanto si un rey o una reina no se quiere casar, el trono deberá pasar a otro miembro de la familia, en este caso su hermano Mikelson.
Entrecierro mis ojos y fijo mi mirada en el hombre, entonces lo reconocí, esta vez me carcajeo más fuerte.
- Conozco bien lo que dice esa ley, después de todo me criaron para ser una reina ¿No? Y si lo que usted anhela es que su hija sea reina debo decir que esta equivocado, agradezca que por el momento es novia de mi hermano Mikelson.
- Señores.
Mi madre interfiere al ver como muchos parlamentarios comenzaron a murmurar, coloque los ojos en blanco y deje que Margaret siguiera con el circo este.
- Lo que nuestra nueva reina quiere decir es que por el momento no hay prisas para una boda, apenas a comenzado su mandato, pero claramente en sus planes esta ser madre y para eso requiere a su rey.
Claramente si estaba entre mis planes todo eso, pero ahora que me estaban obligando el interés se me había pasado.
- Le vamos a dar treinta días. ¬- dice un hombre aun más mayor que el primero. - para que la reina encuentre a un pretendiente y tres meses más para que los dos se unan en santo matrimonio.
- ¡Que! - me exalto.
- Lo aceptaremos señor parlamentario. - responde mi madre por mí.
Aun no podía creer como se encontraban manejando mi vida como si tener un rey en estos momentos fuera realmente necesario, ni siquiera quería ver la cara de Margaret por un largo tiempo por la bazofia que hizo, no podía creer como una madre entregaba a su hija como si fuera un objeto.
AINARA WELLINTONG.
Tecleaba en frente de mi computador mientras escuchaba la poderosísima banda Kiss, estaba escribiendo en mi blog como Vivian las personas de bajos recursos en otros países y de como se les recomendaba a los gobernantes tener más empatía por sus ciudadanos, publico varias fotos de niños, pero censurando sus rostros, sus barrigas se veían hinchada, pero no era exactamente por comida, la mayoría de aquellos infantes tenían parásitos que podrían matarlos.
Además de que el agua potable no llegaba hasta aquellos lugares, Lousa por fortuna tenia acueductos totalmente adecuados y el agua del grifo sale pura y limpia lista para consumir sin necesidad de hervirla.
Entonces a mi oficina entran como perros por su casa, varias personas del personal de limpieza entraron con gigantescos ramos de flores.
- Vaya, estoy seguro de que mi padre no recibió tantas flores como tu cuando se corono. - Mikelson entra a mi oficina detrás del personal del servicio.
- Me siento halagada. - sonrió y me acerco a uno de los jarrones con flores.
Una rosa para otra rosa, gracias por aceptar salir conmigo.
ATT: Sergey De Basilia.
- ¡Pero que mierda! - Exclamo llena de cólera.
- ¿Qué sucede? - Mikelson se acerco a mi y me arranco la tarjeta de las manos, y mientras la leí me acerqué a otro ramo.
Estoy seguro de que seremos la mejor pareja, gracias por aceptar salir conmigo.
ATT: Sebastián Rotenho.
Y así cada una de las cartas que había entre las flores.
- No sabia que eras tan coqueta. - Mikelson comienza a molestarme.
- ¿Puedes creer que me van a obligar a tener un esposo?
- Lo escuche de mamá, lo siento. - me abraza. - ¿Cómo harás?
- Un viejo decrepito dijo que dentro de treinta días debida tener una pareja y con esa misma dentro de tres meses tenía que casarme, o si no debía darte el trono.
- Tu sabes que no quiero ser el Rey. - hace un puchero.
- ¿Sabe alguien que tienes a la hija de Ezquiel Borrow como tapadera?
- No, tú eres la única. - mete las manos en los bolsillos de su pantalón.
- Pues si viene tu noviecita chillando porque le dije a su padre que ella nunca iba ser reina ignórala. - Mikelson se carcajea. - ¿eso dijiste?
- Claro que sí, me había sacado de quicio con su prepotencia. - coloco los ojos en blanco. - Por cierto ¿Cómo esta ella? - hago bailar mis cejas.
- Ahora mismo esta de vacaciones con su familia. - responde con una sonrisa. - mira.
Mi hermano saca su teléfono y comienza a enseñarme las fotos en su galería. Mi hermano se había enamorado hace tres años de una linda chica, pero para el ámbito de la realeza había un problema, ella no tenia el mismo estatus económico y es algo que aun sigue influyendo en nuestros tiempos.
Y tal vez se preguntarán ¿Mikelson besa a novia aristócrata?
¡No!
Con una fe falsa Mikelson alega esperarla hasta el matrimonio, pero el nunca la desposara, ya que su corazón esta con aquella mujer de la cual se enamoró.
La puerta de la oficina se vuelve a abrir y por allí vemos entrar a Margaret con su porte de elegancia con un vestido completamente negro. Mikelson y yo nos miramos cómplice de nuestros pensamientos.
- Veo que te llegaron las flores de tus pretendientes.
- Me siento como en la serie Bridgerton. - me mofo con Mike. ¬- solo que aquí me están obligando.
- Todo esto se hace por tu bien.
- ¿Por mi bien? - me cruzo de brazos. - Margaret si esto fuera por mi bien no me hubieras vendido como vaca en un bazar, esto no era lo que mi padre quería.
- Estoy muy segura de que tu padre tambien hubiera aceptado esta decisión, ya que después de todo así lo dice la ley.
- Fuiste la esposa de mi padre durante 26 años y no lo conociste ni en lo más mínimo ¿acaso quieres que yo sea igual de infeliz como tu lo fuiste?
No basto ni un instante cuando su mano impacto contra mi mejilla. Mikelson jadeo con sorpresa mientras que mi mirada quedo fija en un lugar aguantando las ganas de matarla.
- ¡Tu puedes ser reina de toda una nación, pero yo sigo siendo tu madre!
- Lárgate de mí castillo y llévate toda tu maldita ropa en estos momentos, si no lo haces la donare a una beneficencia y agradece que no te demande por agredir a la reina de Lousa.
- Algún día me lo agradecerás.
Sin más nada que decir Margaret sale de mi oficina zapateando con fuerza.
- ¿Estas bien? - me pregunta Mikelson.
- Si, no te preocupes, mejor ve a vigilarla, no la quiero en los alrededores del castillo, te lo agradecería con todo mi corazón.
- Hay algo mejor en lo que me puedes agradecer. - enel rostro de mi hermano se dibuja una gran sonrisa-
- Oh no, conozco esa mirada.
- Le prometí a Simone que estaría con ella dentro de unos días para para vacaciones juntos, pero tengo una pesada cena con los padres de Nicole.
- Simplemente cancélales. - me encojo de hombros.
- No es tan fácil, ya conociste a su padre, en cambio si es por decreto de la Reina...
- Esta bien. - coloco los ojos en blanco.
- Te amo, te amo, te amo, eres la mejor hermana. - Mikelson me abraza con fuerza mientras que yo comienzo a reír.
La tarde fue cayendo poco a poco, miraba a través de la ventana como el cielo se iba tornando en naranja oscuro, ya estaba lista para primera cita, desafortunadamente no podía darme la dicha de rechazar las citas ya programada. Me vestí de forma cómoda, sin tacones, con maquillaje ligero y con un vestido floreado que llegaba debajo de mis rodillas y cubría mis hombros, deje mi cabello liso caer hasta la mitad de mi espalda y me aplique una de mis fragancias favoritas.
Salgo de mi habitación y voy directamente hasta donde se encuentra Martín, el hombre me saluda con un movimiento de cabeza y luego me abre la puerta del auto. Por petición mía insistí ir por mi cuenta hasta el restaurante donde me habían citado. Mientras llegábamos me dedique a ver mis redes sociales, a pesar de no publicar nada, me gustaba ver a todos disfrutando de ellas, inclusive Paul.
Mi pequeño hermano practicaba equitación y era buenísimo, en su habitación había toda una pared llena de medallas y trofeos tanto de primer puesto y tercer puesto en el video que presumía en las redes sociales era de él limpiando a Manchita, su caballo pura sangre, el cual había sido desechado por los dueños por tener una pequeña mancha negra en todo alrededor de su ojo izquierdo. Mi padre lo tomo en su poder y se lo obsequio a Paul y desde entonces son el uno para el otro, toco dos veces la pantalla y un corazón se dibuja hasta desaparecer.
- Ya llegamos señorita Ainara.
- Gracias Martín. - le doy una sonrisa. - Martín ¿No te molestaría quedarte estacionado por una hora? No pienso irme con ese tipo. - hago una mueca. -¿O tienes algo importante que hacer? Porque no quiero interrumpir sobre todo cuando dentro de poco comienza tu descanso.
- No tengo ningun problema señorita. - se gira a verme.
- Te lo agradezco, prometo darte tus merecidas vacaciones para que disfrutes con tu hermosa familia.
- Se que así será.
Salgo del automóvil y como si hubieran aparecido de la nada, los paparazzi comenzaron a tomarme fotografías, Martín tuvo que salir de inmediato del auto para protegerme de toda la aglomeración, estaba furiosa, ni siquiera Sali con automóvil habitual para no ser reconocida, y tampoco Sali por la salida principal del castillo.
- ¿Quién los envió? - pregunto tratando de cubría mis ojos de los flashes.
- Sergey De Basilia. - respondieron algunos.
- Regresamos a casa Martín. - el chofer me ayuda a subir al auto y luego el sube al lado del copiloto.
No iba a permitir que nadie comercializara una maldita cena que no iba llegar a segunda base.