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EDWARD COLLINS

EDWARD COLLINS

Autor: : Nico R.Jimenez
Género: Romance
Letty Brown es una chica joven, hermosa, trabajadora. Con un pasado que no le permite estar cerca y mucho menos confiar en los hombres. Sus inseguridades salen a flote al sentirse atraída por el nuevo doctor de la clínica para la que trabaja. Edward Collins es un doctor reconocido, joven, guapo, atento y adinerado, se sentirá atraído por la protagonista de esta historia desde el día uno. ¿Las ganas de estar juntos y el amor que sentirán el uno por el otro será suficiente para resistir todo lo que se le viene encima?

Capítulo 1 CAPITULO 1

-Letty, ¿qué te parece si vamos al Starbucks por un buen café?-Brenda preguntó muy animada.

Siempre que llegan las 3:00 pm la hora se pone pesada, no tenemos pacientes y la pereza se adueña de nuestros cuerpos. Literal, parecemos dos ventiladores viendo de un lado al otro.

-Me encanta la idea-contesté rápidamente.

Fascinadas de la vida, salimos de la clínica y caminamos solo una cuadra hasta llegar al Starbucks más cercano. Al llegar notamos que el lugar está a reventar y hay una cola enorme para ordenar, siempre que venimos es lo mismo, así que nos llenamos de paciencia y esperamos nuestro turno.

«Que se caiga el mundo, pero de aquí no me muevo sin mi Frappuccino»-pensé.

Entonces me dispongo a observar el lugar con detenimiento, personas salen, otras entran y cuando veo al frente nuevamente me doy cuenta de que la gran fila avanza y, Brenda que está detrás de mí, me mueve para que reaccione.

Es reaccionar y quedarme de piedra nuevamente al ver a semejante hombre, sin poder evitarlo, lo sigo con la mirada, me siento hechizada por él y no puedo dejar de observarlo. El poderoso hombre tiene puesto un pantalón de vestir negro con zapatos acordes, una camisa blanca de mangas largas que le queda espectacular y, dos de los primeros botones sueltos que me regalan una pequeña vista de lo que es su torso desnudo.

Paso saliva con dificultad, jamás en mi vida había visto a un hombre tan apuesto como él. Alto, cabello negro perfectamente peinado hacia atrás, sus ojos son de un azul tan intenso que me transportan al mar inmediatamente, su tez blanca, sus labios rosados y carnosos me incitan a querer probarlos, sus cejas pobladas adornan su espectacular rostro y no puedo dejar de admirarlo. Ese hombre está tallado a la perfección por los mismos dioses y quiero conocerlo.

Es un hombre maduro, seguro, imponente. Eso es lo que deja ver a simple vista, cuando saca del bolsillo del pantalón su teléfono y lee algo en el que lo hace sonreír, juro que el mundo, los segundos, los minutos y las horas se detuvieron en ese preciso instante.

Su magnetismo y virilidad me dejan clavada en el sitio. Cuando consigo respirar le susurro a mi amiga:

-Hombre espectacular e impresionante a las dos en punto.

Sin ningún disimulo, Brenda gira el cuello, observa el objetivo y dice:

-¡Por dios, si está buenísimo ese pedazo de hombre!-exclama.

-Impresionante, interesante y tentador-digo rápidamente.

Me dejé llevar por lo que me hace sentir ese hombre que me expresé en voz alta, grave error. Brenda no me va a dejar en paz y mucho menos vivir después de lo que he dicho.

-Waooo Letty, no sabía que te gustaran de treinta, porque ese-lo señala-, los veinte ya no los cumple. Además, te vendría muy bien un romance, así dejas de ser tan tímida-me hace reír.

-Es mayor que yo y no creo que un hombre así se fije en mí, dicen que la edad solo importa en los vinos-Brenda se ríe-, pero no estoy diciendo con esto que quiero tener algún romance, simplemente me parece guapo e interesante.

-Por ahí empezamos todas Letty, está bien sentirse atraída por un hombre tan apuesto, es simplemente normal. Me gustaría verte sonreír más a menudo, que dejaras de ser tan tímida e insegura de ti misma. Eres muy linda y cualquier hombre que se enamore de ti sabrá apreciarte, no entiendo por qué tienes tan baja autoestima. Nunca has querido hablarme de lo que te pasó, me encantaría que me tuvieras más confianza porque en verdad quiero ayudarte.

-Quizá, algún día Brenda. Tal vez, hasta ese día vas a querer ser mi amiga o pueda que te avergüences de estar conmigo.

-¿Tan malo es lo que te pasó?

-No quiero hablar de eso ahora, dame tiempo. Es nuestro turno de ordenar-digo rápidamente para que Brenda no continúe con sus preguntas.

Hice mi pedido desanimada, ya se me quitaron las ganas de tomar el frappuccino, odio pensar y recordar mi pasado, quisiera olvidarlo todo, pero, ¿cómo?

Entonces a Brenda le entra una llamada al móvil y me dice que ordene el café de siempre por ella, lo hago y pido el mío también, pago los dos cafés y espero que me los entreguen.

De pronto, siento un exquisito aroma inundar mis fosas nasales, es un perfume bastante masculino, pero suave, demasiado agradable y me pierdo en el. Hasta que escucho una gruesa y varonil voz a mi espalda, el hombre le pide amable a la chica de atención una bolsita adicional de azúcar y, ella con una amplia sonrisa le da al hombre lo que le pide y él le da las gracias.

En ese preciso momento me entregan mi pedido y tomo los cafés, giro sobre mis talones y tropiezo con alguien. Pensé que el hombre detrás de mí ya se había ido, pero me equivoqué, uno de mis cafés terminó bañando parte del piso del local y, me sentí estúpida cuando me fijé en el hombre con el que había tropezado.

Sí, es el mismo hombre espectacular que había visto hace unos minutos. ¡Qué vergüenza!, no entiendo porqué soy tan estúpida e idiota.

-¿Estás bien?-me pregunta y no respondo-. Señorita le hice una pregunta, ¿está usted bien?

Salgo rápidamente de mí aturdimiento y respondo lo más rápido que puedo.

-Disculpe, sí.

Inmediatamente llega una señora y limpia el desastre que hice, paso del hombre frente a mí y me disculpo con la señora, ella con una amplia sonrisa me dice que me quede tranquila, que ese es su trabajo. Inmediatamente me siento culpable, me disculpo nuevamente y me retiro.

Solo llevo un café en mis manos que es el de Brenda, porque el mío lo perdí y no volveré hacer esa cola del demonio para ordenar. Al llegar a la mesa donde está mi amiga hablando por teléfono me dice que la espere un segundo y, tras hablar con la persona al otro lado de la línea, quedan en algo y cuelga.

Inmediatamente le cuento lo que me pasó y se ríe, yo no lo hago porque me siento estúpida.

-¡Vamos Letty! Deja de ser tan amargada y disfruta, al menos tuviste un encuentro con tu hombre impresionante-continua riéndose.

-Me hubiera gustado que sucediera diferente-expreso sincera-, será mejor que nos vayamos.

Nos estamos levantando de la mesa y escucho nuevamente esa voz a mi espalda.

-Disculpe, señorita.

Giro rápidamente y me encuentro con el hombre que me roba el aliento y por primera vez en mis veinticuatro años me hace suspirar.

-Aquí tiene su café-lo extiende en mi dirección y alucino-, me parece justo que lo aceptes como una muestra de disculpa de mi parte, ya que por mi imprudencia tropezaste.

Brenda me incita a que tome el café que él me está ofreciendo y, lo hago con algo de vergüenza. Es la primera vez que me pasa algo como esto y que un hombre se me acerca.

-Gracias-le digo y siento como me sonrojo.

-De nada, pequeña-me dice, me brinda una espléndida sonrisa y tras disculparse, se marcha.

«Ayyy por dios, qué hombre»-pienso.

Observo su caminar y como su ancha espalda se aleja cada vez más. Supongo que no volveré a verlo y eso me entristece, esto solo pasa en las películas.

-Recoge las bragas del suelo-me dice Brenda muerta de risa-. Al menos tuviste un acercamiento con tu hombre.

Es verdad, aunque me hubiera encantado poder conocerlo.

Nos encaminamos con nuestro café a la clínica y tras tomarlo en el cafetín, quince minutos después estamos listas para comenzar nuevamente con la jornada laboral. De pronto algo ocurre, se escuchan susurros en el área y busco con la mirada para ver qué es lo que pasa, pero me quedo petrificada en el sitio, cuando observo como el director presenta orgulloso al personal de trabajo a un hombre que está vestido igual al que me encontré en el Starbucks.

Capítulo 2 CAPITULO 2

Cuando ese hombre que acompaña al director Carl Johnson, gira sobre sus talones y ambos caminan en nuestra dirección, juro que morí. Es él, el espectacular hombre del Starbucks.

No sé como disimular que lo he visto, dudé en girarme e irme, pero es imposible que deje de observarlo. Además, ya me vieron así que no tiene caso que me esconda.

Él es como un imán para mí, me arrastra sin el más mínimo esfuerzo y siento que no puedo apartar los ojos de su bella sonrisa. Se siente como observar el mar con las olas en calma, como apreciar un maravilloso atardecer que no puedes dejar de admirar, se siente la paz, la magia, pero en su boca.

Me encantaría que me mirara en algún momento con otros ojos, pero, ¿para qué va a hacerlo? Si no voy a poder corresponderle.

¡Qué vida tan complicada la mía! Cada vez me convenzo más de que moriré sola.

-Qué bueno que las encuentro juntas-dice Carl llegando a nosotras-, déjenme presentarles a mi buen amigo y colega Edward Collins, es médico cirujano y nuevo miembro en esta clínica. Espero que lo apoyen en todo lo que necesite.

Brenda no pierde el tiempo, extiende su mano y se presenta, eso hace que Carl la observe sorprendido. Entonces Brenda me codea por las costillas para que haga lo mismo.

-Un gusto doctor Collins, mi nombre es Letty Brown. Bienvenido.

Mis manos sudan, mi corazón late como loco y estoy en extremo nerviosa, tanto que hasta fría me he puesto. Le extiendo mi mano y cuando la toma, siento que no quiero despegarme de él, nuestras miradas toman fuerza y sus espectaculares ojos no se apartan de los míos.

Puedo sentir como el magnetismo de este hombre me hiela la sangre, la piel.

-Un placer srta. Brown-dice encantador y me hace suspirar.

Entonces como nada es perfecto y dura para siempre, Carl interviene y nuestra conexión de miradas se rompe.

-Letty, de ahora en adelante solo asistirás al doctor Collins, él será tu jefe inmediato. ¿Tienes algún problema con eso?

Aunque me emociona, al mismo tiempo me aterra estar siempre con él.

-Está bien. No tengo ningún problema-contesto rápidamente.

Entonces ese hombre con esa espléndida sonrisa se acerca un poco más a mí y con su voz ronca, me dice:

-Espero que podamos ser un gran equipo, señorita Brown.

-Lo mismo digo doctor Collins.

Esa pícara mirada que me está dando me deja claro que es todo un jugador, tengo que tener cuidado con él. Todas mis alarmas se activan y siento que estoy enfrente de un depredador muy guapo e interesante.

No debo dejarme engañar o más adelante lo lamentaré. Además, he construído por muchos años murallas tan fuertes alrededor de mí, que ahora me brindan protección y son mi lugar seguro.

-Entonces no se diga más, Letty enséñale los alrededores al doctor Collins y muéstrale su consultorio, por favor-me dice Carl y yo asiento-. Brenda, ven conmigo, por favor-le dice y se van juntos.

Para nadie es un secreto que Carl y Brenda mantienen una relación "abierta", lo que no puedo entender es porqué no formalizan su relación si tienen dos años juntos, se nota que se quieren. Ella me ha dicho que es mejor así, sin compromisos, sin celos, sin amor, pero ella no me engaña y sé que se muere por él. En esa relación ya no se trata nada más de satisfacer sus deseos carnales, allí ya hay algo más, solo que se hacen los tontos para no aceptar lo que sienten.

La voz del doctor Collins me saca de mis pensamientos.

-¿Qué te parece si me enseñas la clínica otro día?, muéstrame el consultorio y-se quedó pensativo-, quiero invitarte un café del Starbucks, pienso que el café de esta tarde no lo disfrutaste tanto como deseabas. ¿Aceptas?

Me está invitando un café y siento vergüenza porque nadie me ha invitado nada antes. No sé cómo sentirme al respecto, aunque debo reconocer que me agrada muchísimo su invitación.

-¿Qué dices?

-No sé que decir-contesto tímida.

Entonces acercándose un poco más, se inclina para estar a mi altura y susurra:

-Tal vez deberías empezar por aceptar y decir que sí.

Bastaron esas simples palabras para hacerme sonrojar. Entonces en esos microsegundos en los que sus ojos conectaron con los míos, sentí que su mirada perforó cada espacio de mi ser. ¿Cómo puede este hombre tener esos ojos tan expresivos?, el color azul de sus ojos hace que me pierda en ellos, son demasiado atrayentes.

-Como no he tenido respuesta de tu parte, lo tomaré como un sí y no se hable más.

-Doctor Collins yo...

-No aceptaré un no por respuesta.

No supe que decir, me quedé congelada en mi lugar. Jamás esperé una invitación de él.

Se cruzan por mi cabeza todo tipo de escenarios nada favorables para mí. ¿Acaso nunca dejaré de vivir con miedo y pensar mal de los demás?

Sacudí mi cabeza para dispersar esos pensamientos que me carcomen por dentro, no todo en la vida puede ser malo y él no se ve una mala persona, solo un jugador de primera. Debo irme por las ramas, conocerlo y tratar de descifrar qué quiere de mí. Fuimos directo al consultorio que le corresponde, es amplio, está limpio y ordenado.

-Está muy bien, ya sé dónde queda mi área de trabajo. Ahora, señorita Brown-camina en dirección a la puerta, la abre y me hace ademán con la mano para que salga del consultorio-,vayamos por ese café.

No sé porqué, pero su voz se me hace demasiado sexi, es música para mis oídos.

Caminamos en dirección al Starbucks, al llegar me doy cuenta de que no hay muchos clientes y es maravilloso que se sienta calmado el lugar. El doctor Collins me pide tomar asiento mientras él ordena, me parece curioso que no me pregunte cuál es el café que me gusta tomar. Después de unos minutos aparece con nuestros cafés.

-Aquí tiene señorita, Frappuccino de chocolate blanco sin café-me dice encantador y toma asiento enfrente de mí.

-Gracias, pero, ¿cómo sabe usted el café que me gusta?

-Simple, en la tarde cuando por accidente perdiste tu café, le dije a la chica que preparara uno igual-dice sonriente-, y ella me dijo el nombre del café que ordenaste.

-¡Oh, vaya! Usted tiene buena memoria.

Digo sin pensar y él inmediatamente responde:

-Recuerdo todo lo que es importante.

Dice más fresco que una lechuga y yo casi me ahogo con el café. ¿Acaso me está diciendo que saber lo que me gusta es importante para él?

-¿Cuánto tiempo tienes trabajando en la clínica?-me pregunta.

-Tengo dos años para ser exacta. Brenda es mi mejor amiga y gracias a ella pude obtener el empleo, yo no soy enfermera ni nada por el estilo, pero he tenido la disposición de aprender y he notado que me gusta mi trabajo.

-Interesante, entonces deberías estudiar enfermería, necesitarías la teoría porque ya tienes algo de práctica, ya lo demás lo irás aprendiendo sobre la marcha.

-Me encantaría, pero todo es poco a poco-digo desanimada.

-¿Qué te detiene?-me pregunta.

-Ahorrar no es tan fácil, pero no imposible-contesto.

De pronto mi teléfono empezó a vibrar en el interior del bolsillo de mi pantalón, me disculpé con el doctor Collins y observé la pantalla del celular, es mi madre la que me llama.

-Sí-contesté.

-Hija te llamo para decirte que estoy en casa preparando la cena, quisiera pedirte que vinieras en cuanto salieras del trabajo, tengo algo muy importante que hablar contigo.

-Esta bien. Nos vemos en casa.

No entiendo la actitud de mi madre, siempre me trata mal después de lo ocurrido y, de pronto es tan amable... que siento miedo. No puedo quedarme un segundo más aquí, tengo que saber qué es eso tan importante que tiene que decirme.

-Discúlpeme doctor Collins, pero debo irme.

-¿Pasa algo? Si quieres puedo llevarte a dónde tengas que ir.

-No se preocupe, no...

-Te llevaré y no se hable más del asunto.

Capítulo 3 CAPITULO 3

Caminé con el doctor Collins de regreso a la clínica en completo silencio, al llegar fui directo a mi casillero, saqué mi bolso y me encaminé al baño, arreglé un poco mi desastroso cabello y me miré en el espejo.

No sé porqué mi corazón late tan rápido, me siento nerviosa, mi sexto sentido me advierte que lo que tiene mi madre qué decirme no me va a gustar. Entonces sin perder más tiempo caminé en dirección a la salida de la clínica, no quise buscar al doctor Collins para que no piense que me quiero aprovechar de él.

Cuando llegué a la parada del bus estaba sola como siempre, pero no me dió tiempo de hacer nada cuando un espectacular auto frenó enfrente de mí. Juro que los intestinos me llegaron a la garganta, pensé lo peor, enseguida a mi mente vinieron imágenes que no quisiera recordar nunca más y comencé a temblar sin control.

La puerta del conductor se abrió y, el doctor Collins bajó de su auto para abrirme la puerta del copiloto con galantería.

-Te dije que te llevaría-me dice con su sonrisa espectacular-. Además no puedes seguir esperando aquí sola, está oscuro y desierto. Para una señorita resultaría peligroso.

-L-lo s-sé-las palabras casi no salían de mi boca. Estoy aterrada.

-¿Te pasa algo? Puedo ayudarte, confía en mí.

-Estoy bien, no es nada, no se preocupe.

Cuando voy a subir en su espectacular auto me detiene tomándome por él codo y, mirándome a los ojos me dice:

-No te conozco muy bien, pero estás actuando extraño. Estás temblando y no hace frío. Puedes confiar en mí Letty, no soy un enemigo al que tengas que tenerle miedo.

-Lo sé doctor Collins, créame que no es por usted; me disculpo si es lo que le he dado a entender.

-Tranquila.

Es todo lo que me dice, me suelta y subo en el interior de su auto, cierra la puerta de mi lado, rodea el auto y luego sube él. De pronto, en un movimiento rápido se gira hacia mí y me ayuda a colocarme el cinturón de seguridad, su hermoso rostro está muy cerca del mío y huele exquisitamente bien.

-Tranquila pequeña, puedes respirar.

Me dice y no sabía que estaba conteniendo el aire en mis pulmones, se ríe y es precisamente esa sonrisa la que me tranquiliza.

-Coloca tu dirección en mi Google Maps, por favor. Así tendré tu ubicación exacta.

Así lo hago y coloca el auto en marcha, luego de unos cortos quince minutos llego a casa.

-Te he traído sana y salva. Ya puedo dormir tranquilo.

Me hace reír con lo que me dice.

-Muchas gracias por traerme, doctor Collins.

-Es un placer para mí, pero quiero pedirte una cosa...

-Usted dirá.

-Por favor, deja de tutearme. Para tí soy Edward o como quieras llamarme.

En mis labios aparece una tonta sonrisa tímida, jamás me había reído con un hombre e incluso ahora, me siento un poco más cómoda con él.

-Está bien, Edward-se ríe-, pero en la clínica sí lo trataré de usted.

-Me parece bien, el profesionalismo ante todo-sonríe-. Espera ahí un segundo.

Sale del auto, lo rodea y gustoso abre mi puerta, con seguridad extiende su mano y yo dudo en tomarla, pero finalmente lo hago. Edward es muy amable y sobre todo un caballero.

-Letty, ¿podrías darme tu número de teléfono?-se rasca la parte posterior de su cabeza.

-Yo...-estoy tan sorprendida que no sé que decir.

-Letty, créeme cuando te digo que solo tengo buenas intenciones.

Con esa respuesta ya me tiene, no sé porqué, pero creo en todo lo que sale de su boca. No debería creerle, los hombres son engañosos, crueles, despiadados y solo buscan hacer daño.

Pero ahí estaba yo, de pie como una tonta cayendo en su impecable sonrisa.

-Está bien-contesté.

Intercambiar con él mi número telefónico, era lo que más quería. Entonces tomó mi mano y dejó un beso en el dorso de ella, en ningún momento apartó sus enigmáticos ojos azules de los míos y, supe en ese preciso instante que Edward Collins sería mi perdición.

No sentí asco y mucho menos incomodidad cuando lo hizo. Me despedí de él para que no se le hiciera más tarde, y cuando iba a retirarme me cerró el paso posándose frente a mí y me dijo:

-No dudes en llamarme a cualquier hora si algo pasa-lo que me dice me hace levantar la cabeza sorprendida, -. Quiero que me tomes en cuenta como un amigo a partir de este momento.

-Está bien Edward. Todo está en orden, vete tranquilo.

-Solo si sonríes.

Le sonrío sin el más mínimo esfuerzo, porque despierta en mí sensaciones y emociones que jamás había sentido. Las mariposas revolotean en mi interior y puedo escuchar claramente los fuegos artificiales alrededor de mí.

-Que pases buenas noches pequeña-antes de irse deja un beso en mi mejilla y me quedo congelada observando cómo se marcha.

Cuando vuelvo en mí, camino en dirección a la puerta de mi casa, saco las llaves del bolso y abro la puerta. Al estar adentro aviso que ya llegué, subo como de costumbre a mi habitación, me doy un baño y me visto con un short de jeans, una camisa ligera de mangas cortas, coloco mis pantuflas de estar en casa y bajo a la cocina.

Observo a mi madre moverse con maestría en la cocina y está muy contenta. Al darse cuenta de que la miro me pide sentarme, lo hago y sirve la cena para ambas. Ella toma asiento y no puedo pasar un bocado más, necesito saber o la ansiedad y los nervios van a acabar conmigo.

-¿Qué es eso tan importante que tienes que decirme?-finalmente pregunto y me preparo mentalmente, pues, algo me advierte que no me va a gustar lo que me tiene que decir.

-Hija, sabes que tengo muchos años trabajando y ya estoy muy cansada. Entonces ha llegado a mi vida un hombre maravilloso que quiere ayudarme y me propuso irnos a vivir con él.

-¿Quién es ese hombre?-las alarmas se activan en mi interior.

-Alessandro Brown, tu padre-dice mirando el plato.

No doy crédito a lo que escucho.

-Debe ser una jodida broma y una de muy mal gusto. ¿Acaso tú me quieres?-se queda callada y no levanta la cabeza-. ¿Cómo puedes pensar en volver con ese ser asqueroso y despreciable? Y encima dices que es un hombre maravilloso que ha llegado a tu vida. ¡Ay por dios! No me digas que jamás dejaste de verlo.

-Hija necesitamos dinero, observa bien el entorno en el que vivimos.

Estaba que me arrancaba la cabeza para no escucharla.

-Pues, yo soy feliz así como vivimos porque tengo algo de paz. Hasta esta maldita casa me trae malos recuerdos, me cambié de habitación y eso no hace que olvide, jamás olvidaré y con todo eso tú quieres vivir con ese hombre nuevamente-continuaba sin mirarme y prefería que no lo hiciera-. Solo te diré una cosa, ya pasé por esto una vez y no volveré a pasar por lo mismo-empecé a temblar sin control-. Sabes lo que me ha hecho ese hombre y solo piensas en ti, en lo que necesitas. Ni siquiera te das cuenta del daño que me harás a mí. ¡¿Qué clase de madre eres?!

-Entonces si no te gusta vete y no regreses nunca más, porque no cambiaré de parecer. De ahora en adelante busca donde comer, porque no cocinaré para ti y mucho menos dejaré que tomes algo de la nevera, todo lo que está ahí lo he pagado yo. Busca un hombre y vete de esta maldita casa como dices, vete y no regreses.

-Nada puede hacerme más daño del que ya me ha hecho ese maldito hombre que odio con toda mi alma. Desde ese entonces a ti también te desprecio por dudar de mí, aún así aquí estoy contigo apoyándote y encima quieres volver con él después de todo-sonrío con amargura-, por supuesto que me iré de este infierno cuánto antes.

No dije nada más, dejé la cena a medio tocar y subí a desahogarme en mi habitación. Enormes lágrimas salían de mis ojos y corrían por mis mejillas a raudales, me sentía sola, herida y sin nadie a mi lado que me abrazara y me dijera que no me preocupara, que todo iba a estar bien.

Necesitaba pensar muy bien lo que haría. Aunque tenía la decisión tomada de dejar todo atrás y empezar de cero sola, no contaba con el suficiente dinero para poder hacerlo.

Brenda es mi única salvación, pero, ¿cómo hablar con ella sin contarle mi desgracia? Es mi mejor amiga desde hace más de dos años, pero me avergüenza contarle mi verdad, temo su reacción, me da pánico que piense que yo lo provoqué. ¡Dios ilumíname!, porque me siento perdida.

Mi madre me ha dejado sin salida, ¿Cómo puede pensar solo en ella? La odio, aunque no quiera llenarme de rencor y ensuciar mi corazón es inevitable.

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