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EL AMOR PROHIBIDO DEL CEO

EL AMOR PROHIBIDO DEL CEO

Autor: : Cata Páez
Género: Romance
Un joven afortunado y apuesto, con el dinero suficiente para tener a la mujer que desease, demostraba siempre arrogancia y apatía por los demás, pero es el dueño del corazón más noble y bondadoso que jamás se podría imaginar, siempre ponía las necesidades ajenas primero que las suyas. Ella es una mujer de pocos recursos que la vida le ha jugado de manera amarga y dolorosa, perdió al amor de su vida huyendo de su propio padre que es su eterno verdugo. Con un hijo a cargo y muy pocos recursos, dedica su vida a luchar y vivir en mejores condiciones. El destino dicta que deben estar juntos, a pesar de que todo a su alrededor grite que no. ¿Quién definirá el destino de Amalia? ¿Será capaz Camilo de dejarlo todo por la única cosa que no puede tener?

Capítulo 1 1. CUANDO TUVE QUE HUIR

El silencio en la húmeda habitación es sepulcral, Roberto tiene su mano firme sobre los labios de Alicia, el miedo invadía el cuerpo del joven, pues sabía que si no la protegía sería vendida por su madre al mejor postor. Y él mejor que nadie conocía al mejor postor.

-Mírame bien, vas a correr tan rápido como puedas, tan rápido como tus piernas te lo permitan -los ojos de Alicia estaban llenos de lágrimas, su pecho subía y bajaba con rapidez, pero ella confiaba, confiaba en el hombre que amaba y sabía que la estaba ayudando.

Así que no dudaría en lanzarse de un barranco de ser necesario si él se lo pedía.

-Prométeme que no nos vamos a separar -los ojos de Roberto no mentían nunca, pero está vez tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para mentirle a Alicia.

-Ali...

-¡Promételo Roberto! -gritó en la palma de la mano de Roberto.

El rubio volvió a tapar la boca de Alicia con fuerza y colocó su frente sobre la de ella, anticipándose a dejarla ir y dejando en él un recuerdo, intentando creer dentro de sí, que sería una historia sin final para ellos dos. Su mano libre rozaba la cintura y la mejilla inundada de lágrimas de la joven castaña.

-Te amo Alicia, te amo más que a nada. Me has hecho muy feliz -las lágrimas de Roberto estaban desbordadas en su rostro.

-No hables como si este fuera nuestro fin, no lo puedo... -la rabia era perceptible en la voz de Alicia.

-No hablo en pasado amor mío, pero sabes que hoy tu madre y sus secuaces nos alcanzaron.

Sin decir nada más, Alicia se liberó del agarre de Roberto y lo abrazó, apoyando su rostro en el cuello a modo de protección, se sentía segura así. De repente recordó algo importante.

-Debes saber que...

Roberto no se contuvo más y la beso, la beso de nuevo y por última vez, algo que no pasó por sus mentes en ese momento.

El sonido brutal de un disparo y una puerta siendo abierta de golpe, interrumpió aquel intenso beso y los sacó de esa nebulosa, los trajo de nuevo a la realidad, a su realidad. Roberto se colocó frente a la chica y la protegió, sin darse cuenta que su mano va directo a su abdomen y ella enseguida se pone rígida, sabe que debe hablar, debe decir las cosas antes de que algo terrible ocurra. Tal vez si su madre sabe la verdad, que en ella se está engendrando un lindo bebé fruto de su amor con Roberto, desista de venderla, pues no valdrá lo mismo.

Ya no es una virgen.

-¡Déjenos en paz!

-A ti te dejo en paz, maldito bastardo. Vengo por la mocosa que está detrás tuyo, es mía.

-Alicia no es de nadie. No voy a dejar que...

Un hombre musculoso y calvo, de aspecto rudo, pero desagradable, levanta la mano empuñando un arma, quita el seguro y apunta en medio del pecho de Roberto. El miedo es casi palpable en el aire y los ojos de la castaña se llenan de lágrimas, intenta zafarse de quién la ha estado protegiendo por varios años, pero su fuerza no es suficiente.

-Cuando cuente tres, vas a correr y recuerda lo que te dije. No te detengas -La voz de Roberto es una verdadera orden.

La cara de terror de Alicia es contagiosa, tiene miedo, lleva una pequeña maleta a cuestas con algo de dinero y algo de comida, sabe que debe decirle a Roberto la verdad, pero el hombre que viene con su madre es más rápido, dando un tiro al aire.

-Uno...

-¡No! Roberto no, por favor -casi parece que las lagrimas hablaran por ella.

-¡Tres!

El grito de Roberto resonó por el lugar y Alicia, como se había prometido, obedeció, obedeció ciegamente y corrió, corrió tan rápido como pudo, hasta que un segundo estallido y un tercero resonó en el aire y se detuvo, en medio del bosque, sabía perfectamente dónde estaba, había crecido en medio de aquel lugar.

Desde donde estaba, logró observar que su madre salía algo coja y sosteniéndose el brazo, Alicia decidió subir a un árbol y esperar, esperó horas y nunca vio salir a Roberto, en un acto temeroso y rompiendo la promesa que le había hecho a su amor, regresó. El lugar se sentía más pesado y olía peor. De la pequeña maleta, sacó una linterna, pues el rubio siempre pensaba en todo y vio en el piso la sangre, estaba esparcida por el suelo hasta un rincón, donde había un charco y luego nada más.

Pensó en Roberto, en todo lo que debió decirle, pensó en buscarlo, pero sabía que regresar al pueblo sería perder la ventaja que Roberto le dio.

-Vamos a ser padres -le dijo al aire, mientras estaba completamente ahogada-. Debí decírtelo antes, pero como siempre, estoy arruinando las cosas. Te prometo -suspira-. Te prometo que tu hijo te amará aún sin conocerte, tu hijo sabrá que tuvo el mejor padre del mundo y te prometo que seré mejor cada día, para que allá arriba en el cielo, te sientas orgulloso de mí -limpio sus lágrimas y se enderezo- Seré tan fuerte como siempre quisiste que fuera.

Camino y una vez estuvo lejos del lugar, volvió a correr, corría y corría tan rápido y tan fuerte en medio de la noche, sin ningún temor, por primera vez Alicia no tenía miedo, sabía que ahora no estaba sola, que su hijo y Roberto estaban y estarían con ella siempre.

Se detuvo a un lado de la carretera y tomó el primer bus que vio pasar, el destino no lo conocía, pero sabía que las cosas no iban a ser nada fáciles.

Le parecía demasiado cruel que la vida, le diera una oportunidad de amar, pero al mismo tiempo le quitara el amor de su vida. Él era la razón por la que respiraba, era la razón por la que permanecía a salvo y seguía viviendo.

Pero ahora tenía una razón más fuerte para seguir adelante, esa misma razón le estaba dando fuerza y voluntad, a pesar de sentirse perdida. Su hijo, el fruto del amor que había vivido junto a Roberto.

-¡Hemos llegado! -Anunció el auxiliar del bus.

Se bajo y miro a todas partes, sin tener la más mínima idea de donde se encontraba, estaba casi cegada por las luces y los grandes letreros de colores.

-Debe tener cuidado hija, está ciudad -señaló el hombre, un poco mayor que ella-... Es una jungla, solo sobreviven los más fuertes.

-¿D-dónde estoy?

-Chicago, está en Chicago. Por cierto, no se quede en los hoteles cercanos a esta terminal, están llenos de -hizo mala cara-, cosas feas, ya sabes, drogas y prostitutas -el joven se alejó.

-Espere, espere. ¿Dónde me puedo quedar? No tengo mucho dinero -ella mintió y apretó el bolso.

Fue escaneada por completo, el joven le regaló una sonrisa amable y cálida.

-La voy a llevar a un refugio, no es mucho, pero es seguro para alguien como usted.

Alicia confió y llegó a un lugar lleno de solo mujeres, la mayor saludó al joven y le brindó un plato de sopa, ella no sabía si debía comer, pero su estómago rugía y no dudó mucho más que los primeros segundos.

Fue allí donde ella recibió una ayuda y una segunda oportunidad, aprendió que no todas las personas son malas y que para sobrevivir en este mundo se debe luchar, pero para vivir, se debe amar.

Capítulo 2 2. EMPEZAR DE NUEVO

Alicia se quedo a vivir en ese barrio peligroso, no era una casa y mucho menos un apartamento, la pobre vivía en lo que apenas era una habitación.

Esa noche llego a su trabajo, estaba cambiando su ropa, por el uniforme que poco le agradaba usar, afuera la música parece llevar una fuerte batalla por meterse en el pequeño cuarto que recoge a varias chicas, que se encuentran casi desnudas.

-¿Con quién dejaste al bebé hoy? -La voz chillona de Paula, la distrae de su tarea.

-La señora Carmencita, es un ángel, me está ayudando mucho. Si ella no me ayudara con mi pequeño Alan -Alicia masajea su frente por el cansancio-, no se como lograría llegar a fin de mes.

-Ya te dije que puedes bailar un ratito y obtener más dinero, así no estarías sufriendo todo el tiempo.

-Pau, ya te dije que...

-Que no puedes bailar, porque no tienes talento ni trasero -dijo su amiga, con esa voz cantarina que usaba para imitarla-. Pero tampoco es como si a esos viejos borrachos les importara -dijo en un tono de fastidio Paula, la mujer que se había vuelto la mejor amiga de Alicia.

-Pau, sabes que te quiero mucho, pero no lo voy a hacer -Alicia mira a su amiga con dulzura y amor, porque se ha vuelto casi como una hermana.

-Lo sé y tampoco quiero que lo hagas, por eso cuido al pequeño terremoto entre semana, para que puedas estudiar -se puso de pie en unos enormes tacones de 20 cm-, eres mejor que muchas de nosotras y debes salir de aquí.

-Y no sabes como te lo agradezco.

-Debes pagar por mis servicios -La pelirroja se río con fuerza.

-Lo sé. Me voy, hoy esta lleno y debo servir muchas cervezas.

"Cherry Pie" era el nombre del bar de desnudistas en el que trabajan Alicia y su amiga Paula, Alicia trabaja allí prácticamente desde que nació su pequeño Alan, no tuvo tiempo de descansar, ni tomarse los días para que su cuerpo se recuperará, porque las cuentas y los pañales eran necesarios todos los días, así que decidió dedicarse a servir cervezas los fines de semana, para tener dinero extra.

No era un lugar lindo, y elegante, mucho menos alegre, en realidad era un sitio casi deprimente, oscuro y frío, a pesar de los calientes bailes que las mujeres noche tras noche practicaban para alegrar la solitaria vida de los hombres que visitaban el lugar.

Al principio, Alicia se sintió morir, quería salir corriendo de aquel lugar, la primera noche vomito, pero la paga era buena y a veces alguno que otro tipo se apiadó de ella y le dejaban propinas, no tan jugosas como las que obtendría si se dedicara a bailar, pero eran propinas y todo eso sumaba.

-Hola, ¿Cómo está todo?

-Francisco, bien y ¿Tú como estas?

Francisco es su compañero de barra, el preparaba algo más que simples tragos, un joven castaño, de ojos verdes y hermosos, cualquier mujer podría derretirse por su seductora belleza, pero Alicia no y eso lo ponía como loco, porque estaba profundamente enamorado de la morena, además de la dulzura con la que ella trataba a todos los demás, el bondadoso corazón de Alicia, lo mantenía alerta.

-Quiero saber si es posible que hoy...¿Tomemos un café? ya sabe en la cafetería de los Waffles, sé que amas los Waffles -por lo general no era tímido, pero cuando estaba frente a Alicia, las cosas cambiaban por completo para él.

-Está bien, apenas cerremos turno, vamos por ese café.

Sería una mentira si Alicia dijera que aceptó la invitación porque quería mezclarse o conocer más a fondo al atractivo Francisco, pero aunque pareciera cruel y mezquino de parte de la castaña, la verdad era que aceptaba la invitación por que no siempre le alcanzaba para tomar un buen desayuno, así que era una oportunidad de oro, para comer bien y gratis.

La noche en el "Cherry Pie" paso conforme la monotonía que la noche suele traer, ningún acontecimiento extraño, ni peleas, ni alteraciones, Francisco y Alicia salieron muy a las 5:30 de la mañana del lugar y cuando entraron a la cafetería, el olor del café y los Waffles calientes, le dieron un confort que pocas veces podía permitirse.

-Yo... ¿Cómo estuvo tu noche? -la pregunta tímida de Francisco la tomo por sorpresa.

-Bien, creo, ya sabes como es -Alicia levanto los ojos, mientras envolvía con sus manos la gran taza de café.

-Alicia, yo... quisiera... Se que no es mucho, pero puedes vivir conmigo y... Salir de esa habitación en la que duermes con Alan, tengo mi propio departamento y...

-Francisco, no -la respuesta de Alicia fue firme.

Ella quería mucho a Francisco, pero no lo veía más que como un amigo, su mente y cuerpo apenas se estaban terminando de recuperar por la perdida de su amado Roberto y aunque la mano que le ofrecía Francisco era una posibilidad, ella quería hacerlo por si misma.

-Pero, yo no... No me debes nada, solo soy un amigo ayudando...

-Al final del día, siempre voy a estar en deuda contigo y yo no quiero eso.

El desayuno termino aparentemente tranquilo, Alicia tomo el autobús y Francisco se subió a su moto y se marcho.

Cuando llegó a su casa, un pequeño patito la estaba esperando, así le decía a su pequeño Alan, patito.

Con solo verlo su mundo se llenaba de colores y felicidad, se parecía un poco a su padre, seis meses tenía el pequeño y ella solo quería que cada segundo que pasara estuviese acompañada de Roberto, lo extrañaba más de lo que podía aceptar, pero no tenía permitido sentarse a llorar por el recuerdo, el tiempo no se detenía y ella no podía hacerlo tampoco.

Estudiaba todas las noches en una universidad de poca calidad, pero ella con mucho empeño investigaba y sacaba las mejores notas, no se quedaba con lo poco que los maestros del lugar se permitían enseñar, Alicia realmente quería salir de ese feo barrio junto a su hijo, así que siempre iba más allá de lo que le enseñaban.

Eso sumado a un pequeño Ángel guardián que la vida le puso en su camino.

Su segundo trabajo era cuidar y vigilar a un hombre mayor.

El señor Jameson.

Alicia limpiaba la casa y cocinaba para el anciano durante el día, los 5 días de la semana razón por la cual lo veía más que a su propio hijo, los fines de semana eran los refinados hijos del viejo hombre quienes se encargaban del cuidado del pobre anciano, que como todos los lunes volvía completamente destruido y lastimado.

-Señor Jameson, buen día.

-Alicia, hija sigue, que alegría verte de nuevo. Mis hijos son unos bastardos.

-Señor ¿Qué hablamos de no ser groseros? -susurró la morena cerca al viejo y señalando con el dedo, como si de un pequeño niño se tratara.

-Se lo merecen. Me dejaron caer -el anciano le mostró su rodilla lastimada.

La chica se sorprendió en seguida, más que nada porque la herida no había sido debidamente desinfectada, sin embargo un extraño sonido la sacó de su trabajo.

-Llegó el bastardo.

-¿De qué habla señor? -pregunto Alicia, bastante confundida, ya que siempre eran ellos dos solos de lunes a viernes.

-Mi hijo, Gilberto, dijo que quería venir a conocer a la enferma de la que hablo tan bien -el anciano suspiró cansado-. Escúchame bien, si intenta pasarse de listo contigo, lo golpeas.

-Tiene que dejar de estar tan preocupado con la gente. Es su hijo.

-Y tu mi niña, tienes que dejar de ser tan confiada. Y porque es mi hijo, te lo digo.

Ese día el hijo menor del Señor Jameson, ingresó con toda la arrogancia de la que era dueño, miró a Alicia con descarada lascivia, lo que fue incómodo para los presentes.

El día paso, en lo que era aparentemente normal, cuando la hora del almuerzo paso y la siesta del señor Jameson llego, un frío recorrió la espalda de Alicia. Ella sabía que algo no iba bien.

-¿Cuánto cobras por un rato de tu perversión?

-¿Disculpe? -Alicia quería pretender que no era lo que había escuchado.

-Quiero que me hagas perder la razón, conozco a las de tu clase. ¿Cuánto?

-Está equivocado -Alicia lo empujo levemente para salir del lugar-. Permiso.

Alicia intentó salir de la cocina, pero el hombre la tomó con demasiado fuerza por la cintura, su cara estaba prisionera entre las manos del salvaje, que pegó sus labios a los asquerosos labios del tipo, parecía un perro rabioso.

-¡Suélteme! -Alicia intentaba gritar y golpeaba al hombre, aguardando la esperanza de que alguien la escuchara, pero sus intentos parecieron en vano.

Una tremenda lucha por evitar ser abusada de la manera más vil se dio en esa elegante cocina, sin embargo cuando todo parecía estar perdido, el grito del señor Jameson, fue la esperanza que tanto buscaba.

-¡¿Qué mierdas crees que haces?! Yo no te eduque para que hagas algo tan atroz como esto.

Alicia, acomodó su uniforme tanto como pudo, pero la blusa ya estaba abierta pues por la fuerza los botones habían salido a volar muy lejos, sus piernas estaban algo rasguñadas y sus labios y mejillas estaban enrojecidos pues la fuerza que había ejercido el hombre para forzarla no había sido poca.

-Señor Jameson, lo siento, pero debo irme.

-Hija, lo lamento tanto.

El hombre sentía mucha vergüenza y pena por lo sucedido, pero sabía que tenía que dejarla ir, porque el desgraciado de su hijo no se detendría hasta lograr su objetivo.

Alicia llegó a la pequeña habitación donde vivía, comía y dormía con su hijo, tomó un baño que duró más de lo necesario pero que fue insuficiente para sacarse la sensación de las manos de ese cerdo tocando su cuerpo. Ella jamás había sido tocada por un hombre diferente a su amado Roberto, con quién había perdido su virginidad y quién era el padre de su hijo.

La pobre morena estaba devastada, necesitaba el dinero con urgencia, por esa razón mantenía dos trabajos, debía mantener a su hijo y tener una mejor vida, poder huir de las injusticias que parecían perseguirla, ella quería paz.

Pero parecía que la vida intentaba hundirla una y otra vez.

Faltaba poco para culminar sus estudios sin embargo y no se sentía apta para presentarse a entrevistas de trabajo de acuerdo a sus estudios.

-¡Tenemos que ir a demandar! -Paula, estaba completamente ofendida y molesta. Además las marcas en el rostro y piernas de Alicia, le recordaban un pasado que no quería revivir nunca más.

-¿A quién? ¿Al niño rico que cree que puede hacer conmigo lo que quiera o al pobre viejo Jameson que no puede casi ni moverse?

-Bueno, cuando lo planteas en esos términos todo es más complicado -la chica que ya tenía el pelo de su rubio natural suspiro y se sentí junto a Alicia.

-Ni que lo digas, Pau -la joven suspiró tomando un poco más de café-. Estoy joven, siento que no tengo derecho a decir que estoy cansada.

-¿Por qué no lo tendrías? Has pasado por cosas de mierda, eres madre soltera, apenas si puedes trabajar para vivir, porque cada peso que tienes en el bolsillo es para sobrevivir. Es obvio que estás cansada Ali -su amiga la miró con dulzura-. Creo que es hora de que busques un nuevo trabajo, algo que tenga relación con eso que estás estudiando.

-Pero no tengo experiencia, no tengo como...

-Obvio lenta, nunca la vas a tener experiencia, si no empiezas a buscar un trabajo.

Muy en el fondo y a pesar de sus miedos ella sabía que Pau tenía toda la razón, tenía que empezar a usar sus estudios, así que buscar el trabajo ideal era lo siguiente, tarea que no fue fácil, varias entrevistas fueron terriblemente mal, algunas porque los hombres le pedían algo más que sus conocimientos básicos y otras porque las candidatas antes que ella estaban dispuestas a entregar eso que ella no.

Casi pierde la esperanza, justo cuando estaba parada en frente de un edificio grande, más grande de lo que ella jamás había visto, y el edificio más grande al que había ido en todas sus entrevistas, un edificio imponente y por el que atravesaban personas de vestimentas muy distinguidas contrarias a las suyas que eran muy modestas y casi descoloridas.

Inclusive Alicia, llevaba ropa prestada ese día, eso la hacía sentirse más avergonzada.

-Si se puede -se dijo en un susurro-. Tú puedes Alicia, por Alan.

Se dijo la joven que ingresó con actitud altiva y se presentó ante la recepcionista, que le ofreció una sonrisa de lo más amable, algo que ella no esperaba, la direccionaron al piso de recursos humanos y una rubia, joven, tal vez más joven que ella, con voz firme y que daba órdenes incluso a personas mayores que ellas dos juntas, la saludo.

-Vienes para la entrevista, sigue a esa oficina. Bienvenida a TenPa.

Capítulo 3 3. EL CLUB, EL YATE Y LA CHAMPAÑA

Todo lo que conocía Mathew en su vida, eran lujos y elegancia, la opulencia era el pan de cada día desde que había nacido, siempre rodeado de toda clase de atenciones, y por ser el mayor de tres hermanos contó con un poco más de atención que sus otros dos hermanos.

-Entiende que se te está formando para ser el dueño del mañana, hijo.

-¿Padre y si yo quisiera algo distinto? -se atrevió a preguntar un día, siendo muy joven aún.

-Nosotros no tenemos derecho a "algo distinto", Mathew. Somos personas que tienen el poder en sus manos y debemos usarlo. Pero esa forma de pensar no era algo que precisamente pasara por la cabeza del muchacho.

Se mantenía en forma, siempre estaba bien peinado y bien vestido, relojes lujosos, lociones de la más alta calidad, de esas que no se consiguen en los mercados tradicionales debido a su exclusividad. Y cada cosa, entre más lujosa y excesiva que se le iba entregado, él la detestaba, odiaba esa vida, odiaba tener tanto dinero porque no sabía qué hacer con él, odiaba no poder salir solo a la calle sin un esquema de seguridad debido a los compromisos políticos de su padre.

Sabía que su actitud era la de un completo desagradecido, sin embargo no se sentía mal por el desprecio a tanta opulencia. Su padre estaba siempre sumergido en una burbuja frente a las opciones de vida que tenía el joven, el hombre nunca se había tomado la molestia de preguntarle que deseaba para su futuro, pues para el todo ya estaba escrito, debía hacerse cargo de las muchas empresas y negocios familiares, además de adentrarse cada vez más en la política nacional.

Tenía claro que todo eso era inevitable, que tenía que seguir los pasos de su padre, a pesar de que su siempre valiente hermana menor lo alentará a buscar su destino y no el que su padre quería para él.

Siempre vivió admirado de la valentía de la pequeña, pues lograba lo que se proponía siempre, eso incluía un muy buen puesto de trabajo en TenPa, donde era la mano derecha del dueño y uno de los jóvenes empresarios más destacados del continente.

Mientras que su hora llegaba, Mathew se dedicaba la vida a disfrutar de las banalidades que esta le ofrecía.

-¿Qué tienes planeado para hoy? -Steven, su mejor amigo desde la secundaria, le pregunta con ansiedad.

-No lo se, tal vez ir al club, partir en el yate y pedir mucha champaña -Mathew le respondió con arrogancia, sin importarle la cantidad de miles de dólares que podría costar un fin de semana como lo tenía planeado.

La fiesta comenzó y como siempre, las chicas morían por que Mathew las viera y pusiera sus ojos en ellas. Que las tomara de la mano, que las vieran dándose un beso, inclusive ninguna de ellas tendría problema si la vieran teniendo sexo con el joven promesa de su circulo social. Todas querían algo de él, mientras que él se mantenía tan vacío y lejos de necesitarlas a ellas.

Lorena que siempre sabía donde poner los ojos, esa noche sabía que Mathew sería de ella.

-Dime algo, ¿No te cansas de estar rodeado de gente? -la elegante chica, sabía dónde atacar.

-Siempre.

-¿Entonces por qué lo haces?

-Tengo que aparentar ser normal, Lorena. Sabes cómo es esto, todo es por compromiso.

-Conmigo no, no necesitas eso.

-¿Por qué contigo sería diferente?

-Porque me interesas tu, no los demás -la chica estaba siendo honesta hasta cierto punto, las empresas de su padre estaban al borde de la quiebra y que la vieran saliendo con Mathew sería un impulso grande, pero también estaba perdidamente enamorada del hermoso rubio.

-Creo que... No te creo -la miró fijamente.

-¿Por qué?

-De todos los aquí presentes, eres la más exigente, la más elegante, la más quisquillosa y la más...

-Hermosa -no lo dejó terminar de hablar o sabía que se desviaría de sus intereses, le dio una sonrisa llena de picardía-. Tengo que aparentar ser normal Mathew, sabes cómo es esto.

Ella respondió con las mismas palabras, haciendo que algo dentro del joven se removiera de forma automática, una leve sonrisa y un acercamiento de sus cuerpos fue suficiente para él.

Toda la noche estuvieron juntos y al amanecer lo recibieron unos labios carnosos y llenos de deseo, las manos de la joven se sujetaron con firmeza de la camiseta del rubio y las manos de él bajaron hasta el trasero de Lorena, que respondió con un gemido leve al agarre.

Mathew sabía lo que era tocar la sedosa y suave piel de las niñas ricas que lo rodeaban, pero Lorena tenía un aroma particular y casi adictivo, sus besos eran suaves pero lascivos, su mirada era poderosa y se sentía como poseído por ella.

Así en medio de ese Yate, Mathew tuvo sexo salvaje como nunca antes lo había echo con ninguna otra mujer, entendía que muchas de ellas estaban dispuestas a complacerlo sin limites, pero esa vez con Lorena, todo fue al máximo, no hubo piedad por parte de ninguno de los dos.

Luego de dos meses de continuar viéndose a escondidas, fue Mathew quién decidió que era momento de empezar a salir en público con aquella mujer que se metía entre sus pantalones y lo hacía perderse por completo.

Justo cuando la relación se empezó a tornar más formal de lo que cualquiera en la sociedad hubiese imaginado y paralelamente las acciones y el valor de la empresa del padre de Lorena empezaron a elevarse, la relación empezó a decaer. Entre más alto las acciones estaban, más peleas entre la pareja habían.

Algo que aunque la actitud fría de Mathew no demostrara, por dentro él sentía el peso de estar perdiendo a una chica que consideraba no solo su novia, sino su amiga.

-¿Qué sucede contigo? Estás cada día más distante -la mujer no pudo sostener la mirada fija y penetrante de los claros ojos del hombre que había aprendido a querer.

Pero al mismo tiempo, por orden de su padre, debía buscar una presa más grande y de preferencia mayor que ella, un hombre con el que pudiera hacer negocios, Lorena se había convertido prácticamente en una moneda de cambio para sus progenitores, porque aunque la chica confronto a su padre acompañada de su mamá, jamás pensó que esta tuviese completo conocimiento de sus negras intenciones de casi prostituirla con tal de concretar tantos negocios como los hicieran mejorar sus finanzas y si esos negocios se iban a dar por la sola presencia de su hija, allí ella debía estar.

-Sucede algo, que para alguien tan privilegiado como tú, es casi imposible de entender -sus palabras estaban cargadas de rabia, estaba cansada de ser usada y no poder vivir.

-Lore, así no eres tu, dime que sucede.

-No es tu problema, quiero que me dejes en paz, a partir de hoy, esto -movió sus manos señalándolos a ambos-, se acabó.

Mathew, pudo salir detrás de la hermosa mujer, pudo acorralarla y besarla, hasta que ella cediera y le contara la verdad, pero era orgulloso, eso le habían enseñado en casa, que su apellido, su linaje y su dinero lo hacían tan valioso que él no podía ir detrás de nadie.

Mathew no era un seguidor.

-¿No has visto noticias, verdad hermano? -Elizabeth, como siempre con mucho ímpetu y poca prudencia le preguntó.

-¿Se supone que tengo que ver las noticias populares? Veo solo lo que me interesa, finanzas y economía.

-Bueno, si Lorena aún te interesa...

El joven no siguió escuchando a su hermana, se levantó de su lugar y caminó con dirección al televisor de gran pantalla que nunca usaba, lo encendió y busco rápidamente en la tablet el canal de noticias, no había nada, husmeo otro poco en sus redes sociales y fue allí cuando apareció la fotografía.

Luego de los dos meses que llevaba separado de Lorena, en los medios podía ver claramente su fotografía, con un espectacular vestido rojo y un anillo casi más grande que su mano, un anillo de compromiso, la rubia estaba de la mano con un empresario extranjero posiblemente mayor que ella unos 10 o 15 años.

-Supuse que tenías que saberlo -la voz de su hermana volvió a sonar por el altavoz.

-Eres peor que papá -dijo con firmeza.

-No lo soy, Mathew. A diferencia de papá, yo te muestro la realidad, pero no te digo que hacer con ella, eso es tu problema. Solo quiero tu bien y ya te lo había dicho, ella no te convenía.

-Lo que me fastidia de todo esto es que al final sigo teniendo la razón, Elizabeth -dijo con arrogancia.

-¿Cuál es esa verdad?

-En mi vida, en una vida como la que estoy destinado a llevar, no tengo espacio para el amor, el verdadero amor.

-No digas eso, no seas absurdo, tu eres quien define tu destino.

-Dile eso a papá, mi destino está escrito y así deberá ser.

El joven que recién empezaba a asistir a reuniones junto a su padre, se recompuso y salió por la puerta de doble hoja, en madera maciza y color caoba de su casa, para subirse al lujoso auto que lo llevaría a las empresas que un día lideraría.

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