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EL ESCRITOR & SU OBSESIÓN

EL ESCRITOR & SU OBSESIÓN

Autor: : ARIAMTT
Género: Romance
Patricio Reimann, empeñado en mantener a flote el negocio familiar, pensando que solo con aportar el capital monetario era suficiente. Se olvidó de investigar e innovar, de que el mundo evoluciona constantemente. Le encanta leer y escribir historias, perderse dentro del romanticismo y la aventura de una novela. También lee libros teóricos, maneja alrededor de 15 idiomas, es graduado con honores en leyes, literatura y lenguas muertas; sin embargo, nunca ha realizado ninguna hazaña, ni emprendido una travesía. Es lo que llaman un ratón de biblioteca. Ha llegado a un punto donde tiene que salir de las cuatro paredes que encierran su lugar preferido, donde almacena más de doscientos mil ejemplares. Deberá comenzar a escribir su propia historia. Nadie confía en que logrará recuperar lo que un día fue el emporio familiar y las apuestas están en su contra. Solo una persona cree en él. El camino y las pruebas que se aproximan forjaran su carácter. ¿Qué estará dispuesto a hacer para lograr su objetivo? Montserrat Walton Fischer es una mujer fuerte y empoderada. Su vida no es lo que parece; guarda un gran secreto familiar. Ha amado a Patricio desde su adolescencia, pero para él es la hija de una amiga de su madre, la invitada que durante años albergó en su casa, la compañera de colegio y la única amiga que ha tenido. Pero ella ya no es ni la sombra de la chica que conoció en ese entonces, además de que utilizaba su apellido materno Fischer. Es la única persona que cree en que él es más que un nerd obsesionado por mantener una fantasía viva. Siente que dentro de él hay un león durmiendo que solo necesita despertarlo. Volverá a su vida y la colocará de cabeza; sin embargo, necesita endurecer su espíritu y ha realizado un pacto donde quizás deje de existir la esencia del hombre del cual ha estado enamorada. ¿Qué es lo que planea? Sarah Eliara Smith Williams llegó huyendo de un amor no correspondido hace 5 años. La distancia y el tiempo no han ayudado mucho. Es una mujer sin filtros, lo que piensa lo va diciendo. Cada día observa cómo la editorial en la que trabaja se va al caño. Ha pasado varias propuestas para poder sacarla a flote, pero al dueño poco le importa, nunca va y el representante pareciera que lo único que desea es llevarla a la quiebra. Su salario es excelente y le permite realizar su maestría en leyes. No tiene ninguna relación sentimental. ¿Hasta cuándo seguirá añorando a ese hombre? ¿Le dará una oportunidad al amor? Lukas Scott Martín, adora a su familia, pero después de una terrible desilusión amorosa ha decidido dedicarse a su gran pasión que es volar. Estar en las alturas le brinda libertad y tranquilidad. Además, lo mantiene lejos del radar de las mujeres. Solo confía en las mujeres de su familia; sin embargo, poco las ve. Es el propietario y diseñador de una pequeña compañía de avionetas ultralivianas y ligeras, aunque muchas veces se muestra como un simple piloto. Le encanta poder pasar desapercibido. Además, es el heredero de una gran fortuna. ¿Qué sucederá cuando se encuentre con una mujer de su pasado? Carlo Walton. Es el padre de Montserrat, adora a su hija sobre todas las cosas y no cree que Patricio Reimann sea el hombre que la merece. Lo ha visto perder la fortuna de su familia por una estúpida obsesión que a él le ha favorecido. Hizo un pacto con su hija, tiene la certeza de que al final le dará la razón, confía en que tan solo necesitará unas cuantas pruebas para que Patricio se rinda y abandone todo, ya que lo ve como un hombre sin agallas, débil y fracasado. Como un pequeño gatito asustado. ¿Qué pasará si las cosas no resultan como espera? ¿Le dará la oportunidad a su hija de ser feliz?

Capítulo 1 Te quedaron grandes los zapatos de tu padre.

-Felicitaciones, no puedo creer que estés hoy como portada en la revista más prestigiosa del mundo -Patricio toma la revista en sus manos y suspira-. Déjame decirte que me contaba dentro de las personas que no daban un peso por ti -manifiesta Sarah. Él sonríe y viaja en su mente al día en que su vida cambió.

...5 Años atrás...

El semblante pálido y apesadumbrado del joven, de 25 años, muestra su incertidumbre ante la vida.

-Te lo dije mil veces, que vendieras la editorial, que redujeras el personal del castillo, pero no escuchas y ahí tienes las consecuencias - vocifera el abogado de la familia. Mientras, Patricio deja caer su cuerpo sobre el sillón y toma su rostro con las dos manos.

-¿Qué voy a hacer ahora? -pregunta sin levantar la cabeza, sintiendo el aire pesado y costándole respirar.

-Como primera medida, lo que haremos es desalojar el castillo; lo colocaremos en venta y con el dinero que se reciba pagaremos los impuestos y los empleados. Mientras tanto, te mudarás a una casa o a uno de los apartamentos que todavía posees.

-Padrino, ¿pero cómo voy a dejar a tantas personas sin trabajo? Además, mis libros ocupan demasiado espacio -mira alrededor, tiene una biblioteca con más de doscientos mil ejemplares y en la sede de la editorial ya no cabe un libro más.

-¿No sé qué sucede contigo, Patricio? Estás al borde del precipicio y no logras comprender que esto ya no es una opción, sino una necesidad. Sí, en el instante en que la editorial comenzó a generar pérdidas, me hubieras hecho caso de venderla; sin embargo, lo único que hiciste fue aferrarte a un muerto... Y en el castillo las cosas no son diferentes, gran parte de los empleados ya están pensionados, pero, aun así, los sigues manteniendo... Esto parece más un ancianato.

-Son personas a las que les tengo una enorme gratitud, fueron trabajadores de mis padres.

-No los estás dejando desamparados, tienen su pensión, el salario que quizás durante muchos años debieron ahorrar o invertir, además de las liquidaciones que tendrás que pagarles, las cuales no son cualquier centavo... Así que deja de creerte la madre Teresa de Calcuta, quítate cargas de encima, ya que eres demasiado blando y cada día pierdes más dinero... Espero que cuando estés en la calle te tiren al menos una moneda... Definitivamente, te quedaron grandes los zapatos de tu padre-. Patricio respira profundamente, su padrino tiene el poder para hacerlo sentir insignificante. Esas personas que están allí en el castillo sirviéndole para él no son solo empleados, son su familia, los únicos que se preocupan por lo que pasa con su vida y no lo juzgan. Sin embargo, no puede negar que tiene razón; sus salarios son altos y cuentan con el pago de su jubilación, pero no quiere dejarlos ir.

-Pienso que es mejor vender las casas y apartamentos que hay para así poder conservar el castillo-. Patricio presenta la sugerencia.

-Porque no razonas y explotas un poquito la inteligencia que tienes, este sitio genera demasiados impuestos, además de una carga prestacional muy alta. ¡O vende de una vez la maldita editorial! ¡Y quédate con tu geriátrico!-. Grita Arnold mostrando su enojo y sintiendo que es un caso perdido. Patricio hace silencio y piensa, «el legado de sus padres, poco a poco se ha ido esfumando, hace tres años, fue la colección de automóviles de la cual tan solo conservo dos». La editorial que heredó y se ha empeñado en mantener a flote, únicamente genera gastos y pérdidas, Ahora debe salir del castillo, de las personas que quiere y de sus preciadas obras. Ha sido un pésimo administrador del dinero.

-¿Estás seguro de que no tengo otra alternativa? -cuestiona Patricio, mientras observa a Arnold Becker. Su padrino y abogado, es un hombre elegante, refinado y pulcro de casi cincuenta años, robusto, ojos claros, quien mide aproximadamente 1.90 y su cabello negro. Su rostro solo muestra enojo.

-La otra posibilidad sería que te cases, que formes una familia para poder descongelar el fideicomiso que dejaron tus padres. Pero ... Eso es algo que veo más lejos... Ya que no puede ser cualquier mujer, además debes cumplir con las cláusulas... - tres años de casado y un hijo. -Sus padres murieron en un accidente aéreo cuando tenía tan solamente 17 años.

Los señores Reimann parecía que tenían todo previsto por si algún día morían inesperadamente. Su único hijo y heredero tenía, aparentemente, una vida asegurada, dinero en cuentas bancarias, casas, un castillo enorme, su colección de automóviles y un negocio próspero. Además, un fideicomiso del cual podía tomar posesión tres años después de casarse y haber tenido un hijo, pero en caso de separación, este pasaría automáticamente a su hijo o hija. La otra opción es esperar a cumplir los 33 años para poder usarlo sin necesidad de una esposa.

Patricio recuerda que su asistente, a la cual no conoce, con la que nunca ha hablado la semana pasada, le hizo llegar una propuesta para asociarse con una inversionista extranjera. Esa es la solución que necesita, de esa manera podrá mantener a flote su legado y no salir de su hogar, aunque sí deberá reducir el personal.

-Padrino, dame un par de días, quizás haya otra solución.

-¿Dime en qué estás pensando? - Arnold lo cuestiona.

- Mi asistente, me envió la semana pasada una propuesta para asociarme, le solicitaré que prepare una reunión. -Arnold lo mira dibujando en sus labios una pequeña sonrisa.

-Dos días, ahijado y recuerda que todo lo hago por el inmenso cariño que te tengo y les tenía a tus padres.

-Lo sé... Gracias -Arnold sale dejándolo solo. Patricio piensa en enviarle el correo a su asistente para que programe la reunión lo antes posible, pero decide que lo mejor es que vaya personalmente ante la premura de concretar ese negocio.

Lleva más de 7 años sin pisar ese lugar, aunque lo ama, le trae recuerdos con los cuales no se ha sentido preparado para enfrentar.

-El ratón ha entrado en la jaula...

Capítulo 2 Soy el dueño.

Patricio se dirige a la editorial en su BMW de colección. La distancia es de tan solo 30 minutos. Su castillo, al igual que la sede principal, queda en el centro de Berlín, en Mitte la zona más exclusiva.

Omar, su conductor, quien lleva casi 40 años con la familia, conoce de memoria la ruta, era la que realizaba a diario con los señores Reimann.

El área por donde ingresa es una zona privada para los dueños, así que solo es visto por el vigilante, quien conoce el vehículo y le permite el ingreso. Omar parquea el automóvil frente al ascensor. Patricio le pide que lo espere, no tiene pensado tardar mucho tiempo, desciende y se dirige a la caja de metal que lo llevará directamente a su oficina. Utiliza su huella y reconocimiento facial que le permite acceder a este.

El ascensor se eleva hasta el último piso. La última vez que realizó ese recorrido fue junto a sus padres. Recuerda que estaban muy emocionados, acababan de ganar una enorme cifra de dinero con las 10 últimas novelas que habían lanzado, ya que lo hicieron de forma simultánea en 30 países y en distintos idiomas.

No puede evitar que sus ojos se cristalicen y por su mejilla resbale una lágrima traicionera al reproducir en su mente esos momentos que nunca volverán.

Necesita salvar el negocio de sus padres y regresarlo a sus años de gloria, es en lo único que piensa.

El elevador se detiene en el último piso, el cual se divide en tres secciones, la Oficina de Presidencia, que era la de su padre, la de vicepresidencia de su madre, y un apartaestudio el que comunica internamente con las dos y sirve de vía de ingreso o escape, para que ni sus asistentes sepan de su llegada. Hay otro ascensor en la zona sur para ellas y los visitantes.

Sale y camina unos cuantos pasos, encontrándose con la puerta de cristal que conduce a su oficina, la atraviesa y observa el escritorio de su asistente; por lo tanto, va directamente allá. Ve a una chica de cabello castaño, hasta los hombros, vestida elegantemente, delgada; a lo lejos le parece una agradable mujer.

-Buenas tardes -saluda Patricio, ella lo mira con extrañeza.

-Buenas tardes, ¿quién es usted? ¿Y quién le permitió el ingreso? -Sarah preguntó, ya que nadie la llamó para informarle de algún visitante. Además, está sorprendida de que esté allí, si ese es el piso fantasma, solo ella y el señor Arnold tienen acceso.

-Soy el dueño de esa oficina -responde Patricio calmadamente y señalando la puerta de madera que está a pasos de su escritorio.

-Llevo trabajando en este lugar durante cinco años y aquí nunca lo había visto. Además, con esa pinta... -Sarah toca su mandíbula y le realiza un escaneo, intentando encontrar la palabra que describa su vestimenta. Mientras Patricio frunce el ceño-. Sinceramente, por más que busco, no le encuentro nombre, simplemente ese suéter es horroroso... -Sarah camina alrededor y dice -¿A quién se le ocurre usar medias negras con zapatos, mocasines y un pantalón de lino color azul? -Se observa y mira a la mujer que tiene al frente, criticando su manera de vestir e impidiéndole el paso a su oficina.

-Le aseguro que, si dice algo más y no me permite el paso, será su último día de trabajo -le advierte Patricio molesto.

-Lo siento, pero por más que me amenace no pasará - dice de manera firme Sarah cruzándose de brazos y atravesándose en su trayecto.

-¿No ha entendido que soy el dueño?

-Por su puesto y yo soy la princesa Lady Di-. Él toma su billetera y saca su identificación.

-Mire, mi identificación -Sarah abre los ojos, no puede creer que ese hombre, que está en frente con ese atuendo horroroso, sea el dueño de la editorial. Además, que su amiga y compañera de maestría esté enamorada de él, solo rueda los ojos y piensa en que Montserrat, necesita gafas, o tiene algún problema mental.

Observa la identificación y a Patricio, quien cuenta con un rostro atractivo, sus facciones lo hacen ver interesante, aunque su cuerpo, muestra un hombre débil, sin fuerza en sus extremidades y un estado físico deplorable. Se ve que no practica ningún deporte. Y su forma de vestir no tiene descripción.

-Definitivamente, si es usted... No pueden existir dos personas con tan mal gusto-. Patricio escucha a la que supuestamente es su asistente y por primera vez siente el deseo de estrangular a alguien. Esa mujer lo ha insultado y menospreciado, lo peor es que no se calla. -Ahora entiendo la razón por la cual este lugar está al borde de la quiebra... Y yo que pensé que era un elefante blanco para lavar dinero.

-Buenas tardes, señorita Smith -Montserrat, quien está ingresando y alcanzó a escuchar a Sarah, necesita salvar la situación. Sabe que él no la va a reconocer. La última vez que se vieron fue antes de la muerte de sus padres, cuando tenían 17 años. Lo observa y realmente su ropa es espantosa, debe ser su nana quien se la compra, ya que odia ir de compras.

- Buenas tardes, señorita Walton -Sarah siente que está a punto de perder su trabajo, así que necesita actuar rápido, puesto que metió las de caminar-. Hoy es su día de suerte... El señor Reimann está aquí - lo señala.

Patricio gira y al mirar a esa mujer de piel trigueña, ojos grises, cabello castaño largo, alta y elegante con un aura intimidante, hace que su cuerpo se estremezca.

-Señor Reimann, mucho gusto soy Montserrat Walton...

Capítulo 3 No es tan ingenuo

-Señor Reimann, mucho gusto soy Montserrat Walton -la mira atentamente, recuerda a una amiga de su infancia, pero la mujer que está frente a él solo tiene en común el nombre y el color de los ojos. Es muy hermosa y segura, algo que nunca fue la Montserrat Fischer que conoció.

-Señorita Walton, venía a pedirle a mi asistente para que programase una reunión -ella levanta su ceja, fingiendo sorpresa, pero su infiltrado le informó que el plan ya se había echado a andar.

-¿Eso significa qué ha pensado en mi propuesta? -Montse se muestra segura cuando por dentro su corazón acelera los latidos. La enamoró de ese hombre su nobleza, su sencillez y sus letras; si ellas pudieran cubrir su cuerpo, sería más que un Dios griego y tendría a miles de mujeres detrás de él.

-Así es... podemos pasar a mi oficina -asiente, mientras Sarah respira, dejándose caer en la silla y se recrimina por su maldita manía de no poder callar y decir las cosas como se le vienen a la cabeza.

Ingresan a la oficina y Patricio la invita a tomar asiento. Mientras trata de recobrar el aire, ese lugar le trae tantos recuerdos, los cuales bombardean su mente, que por un momento se pierde en ellos.

-¿Señor Reimann le sucede algo? -Montserrat, pregunta, sabe que el estar allí no es fácil para él.

-Disculpe, señorita, este sitio me trae muchos recuerdos... -pronuncia en medio de un suspiro-. Por favor, tome asiento y cuénteme su propuesta-. Ella saca de su maleta una carpeta y comienza a hablar.

-Sé muy bien que la Editorial lleva años en números rojos, estoy dispuesta a asociarme e invertir, pero tengo tres condiciones: primera, que usted esté al frente físicamente; segunda, seré la vicepresidenta... Entenderá que debo proteger mi inversión. La tercera es que usted sea el encargado de escoger las obras literarias y contactar a los escritores -achica sus ojos. Esa última condición no la logra entender, hay personal especializado en cazar esos talentos porque deberá ser él.

-¿Por qué quiere asociarse con mi editorial? - Ella conoce las finanzas y quiere poner su dinero, allí es algo que no comprende.

-Le seré muy sincera, sus padres fueron grandes amigos de los míos y cuando necesitaron una mano, ellos se la dieron. Véalo cómo la forma de devolverles el favor -lo dice, mirándolo directamente a los ojos sin titubear, dejando ver la sinceridad en sus palabras. Él asiente, sus padres eran personas muy generosas.

-¿Por qué debo ser yo el que escoja las novelas?

-Sé de su talento, considéreme una de sus fieles admiradoras. «EL SECRETO DE LA OSCURIDAD» es magistral - lo menciona con una sonrisa en los labios. Realmente allí se enamoró de él, ya que ese fue el primer libro que escribió, de los cuales se vendieron cientos de ejemplares.

-Gracias por sus halagos -manifiesta con timidez Patricio, mientras su rostro se tiñe de color carmesí-. ¿Sabe que escoger a los escritores y sus obras implica estar viajando constantemente?

-Lo sé, pero por el mal momento que está pasando la Editorial, no podría pensar en alguien más. -Patricio no tiene mucho que reflexionar, es eso o vender el castillo. Desde la muerte de sus padres no se monta en un avión, pero llegó el momento de salir de su caparazón y enfrentar la vida.

-Por lo que veo, ya tiene el contrato redactado -ella asiente y se lo pasa. Lo revisa minuciosamente, tomándose su tiempo en leer cada una de las cláusulas

-. Todo está en orden -menciona; sin embargo, al firmar, siente que acaba de hacer un pacto con el diablo. Ella toma el documento y lo firma, mientras sonríe.

-Enviaré a mi abogado a que lo registre y nos traiga las copias -manifiesta Montserrat.

Ella es una extraña porque debería confiarse; algo dentro de él le dice que no vaya con los ojos cerrados. Recuerda que su asistente es abogada en derecho financiero, por lo tanto, sugiere que también vaya su asistente. A pesar de su impertinencia, la siente una persona de confianza.

-Quisiera que también fuera mi asistente -Montse levanta una ceja-. Entenderá que son negocios.

-Señor Reimann, no le veo inconveniente-. Salen de la oficina y se dirigen al escritorio de Sarah.

-Señorita Smith, el abogado de la señorita Walton vendrá para llevar este documento a autenticar, quiero que usted lo acompañe y no lo pierda de vista.

-Por supuesto, señor Reimann puede contar con ello -Sarah piensa «¡No es tan ingenuo como se creería!». Montserrat, sabe que ella no se prestará para cambiar el cuerpo del documento y dejar solo las firmas como tenía planeado. Pero ya encontrará la forma de incluir otras cláusulas.

-¿Qué tal si comenzamos a trabajar desde ya? -pregunta Montse.

-Me parece bien, pero primero déjeme mostrarle su oficina -ese lugar ya no conserva la esencia de su madre, puesto que es utilizado en ocasiones por su padrino, al que ahora deberá decirle que lo ha reemplazado en su cargo.

Ingresan al recinto, el cual es elegante, pero no se siente acogedor.

-¿Puedo llevar a cabo cambios?

-Será tu lugar de trabajo, por lo tanto, creo que es lo justo -ella asiente.

Horas después de revisar las novelas y de deliberar, deciden que la primera escritora a la que deberá visitar está en Uruguay, a 16 horas en avión y tres horas más en automóvil.

... Tres días después, en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, en Uruguay, está descendiendo de un vuelo comercial Patricio y el calor que allí hace es infernal.

-Montse, no pretendas interferir, aceptaste mis condiciones, así que mantente alejada -vocifera Carlo, su padre, con el que realizó un trato para así poder rescatar la editorial. Mientras ella suspira, sabe que la primera prueba de su gran amor será...

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