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EL PLACER DE LA VENGANZA.

EL PLACER DE LA VENGANZA.

Autor: : J.C.CASTRO
Género: Romance
Difícil es superar el hecho de haber entregado por completo el corazón y que te lo hayan pisoteado a su antojo, las deudas deben saldarse y ella está por cobrar una muy antigua. Le debe lágrimas y mucho dolor. Emely, era una chica buena, dedicada a sus estudios y su sueño de progreso y superación. Su mayor miedo es que vuelvan a romperle el corazón, está determinada a mantener relaciones en las que los sentimientos no se vean involucrados. ¿Un amor bonito?, ya lo tuvo y no funcionó. ¿Algo formal?, ya lo tuvo y tampoco funcionó. ¿Ser la prometida ilusionada que prepara con dedicación su matrimonio? Ya pasó por allí y el solo recuerdo hace subir un sabor amargo a su boca. No estaba dispuesta a atravesar nuevamente todo aquel dolor, toda aquella humillación, por supuesto que no. Sin embargo, hay cuentas pendientes, ofensas que no han Sido cobradas, facturas sin cancelar, dolor y lágrimas que debe cobrar. Dicen que no hay peor furia que la de una mujer herida, y es cierto. Porque algunas actúan por impulso y amargura, otras, toman el tiempo para planificar una estocada que sea mortal, al menos emocionalmente hablando

Capítulo 1 ¿UN INICIO FELIZ

Emely sonrió, mientras observaba atentamente la pantalla de su celular, mordió su labio inferior intentando controlar las emociones que le invadían, tenía la necesidad de poder controlar esas emociones que fluían cuando lo miraba o lo pensaba, si quiera.

Sus pasadas experiencias le traición recuerdos amargos, no era afortunada en el amor, y encontrar a alguien que realmente valorara sus emociones y sentimientos, era muy complicado, gracias a qué la habían lastimado mucho en un par de ocasiones, había jurado no enamorarse, no volver a entregar tan fácilmente el corazón, pero Mateo Larson, le hacía querer olvidarse de todas aquellas promesas, que creía que ya no podría sostener.

Giró su rostro hacia la mesa de noche junto a la cama de su habitación, el florero contenía una docena de rosas, seis blancas y seis rosadas, aquel había sido un gesto muy hermoso, y más porque ella nunca había recibido rosas, y las amaba, amaba el olor, la dulce fragancia que despedían, que Mateo fuese el primero en darle rosas era algo mágico.

Él era un hombre muy dulce, atento y detallista, solía siempre hacer o decir cosas que la hacían sentir cómoda, era bastante dulce con sus palabras, y muy delicado en su trato, era casi imposible no enamorarse de él. Volvió la vista a su celular que volvía a timbrar.

- Cariño, pon pausa a tus estudios y ven a la mesa - La dulce voz de su madre Elene, la sacó de su ensoñación.

- Ahora mismo voy, madre - arrojó el celular a la cama y giró hacia la computadora, dejándo escapar un largo suspiró. Guardó lo que había realizado, cerró el documento, y salió. Su madre la esperaba en la mesa, junto a sus dos hermanos menores, fue al baño para lavar sus manos, al volver a la mesa, les sonrió y se sentó, su madre agradeció y bendijo los alimentos antes de comenzar a comer tranquilamente.

La tarde pasó apresuradamente y cuando solo faltaban veinte minutos para las cinco de la tarde, ya ella estaba lista y nerviosa. Observó su imagen frente al espejo, y sonrió, su cabello oscuro como es azabache llegaba apenas a rozar sus hombros, sus ojos color café, eran hermosos y brillantes, su madre solía decir que brillaban con la inocencia innata de su alma, había salido con chicos antes, pero Mateo era diferente, lo supo desde el primer momento que lo conoció.

Cerró los ojos para recordar ese día. Increíblemente tenían un amigo en común, un amigo por el que Emely, sentía un profundo amor de hermanos, pero que lamentablemente en más de una ocasión había expresado sus fuertes sentimientos hacia ella, sentimientos amorosos que ella no podía corresponder, y estaba segura de que jamás podría hacerlo, para ella era un hermano que la vida le había regalado. Ser la hermana mayor siempre la había empujado a ser la hermana protectora, esa que lucha contra todos por sus hermanos, Elene, su madre, solía decir; "Em, puede perdonar casi todo, pero jamás te perdonará si lastimas a alguno de sus hermanos", y esa frase era muy cierta. Es por eso que Ethan, era ante sus ojos esa imagen de hermano mayor, dulce, bueno, pero sobretodo protector.

Ethan, la había protegido muchas veces, en una ocasión golpeó a un chico que intentaba besarla a la fuerza, su gran estatura de metro ochenta y nueve, solía ponerlo por encima de la mayoría de los chicos de su edad, y aún mayores. Con Ethan, salía a bailar y divertirse, al igual que con Lisbeth, para Emely, contar con ellos dos, era como tener otros dos hermanos mayores, a los que ella cuidaba, y a los que ellos protegían de manera incondicional.

Era una pena, Emely hubiese deseado poder corresponder a los sentimientos de Ethan, él era bueno y la quería realmente, así que lastimar sus sentimientos la hacía sentir muy mal, aunque él asegurase que todo estaba bien, y que el tiempo le ayudaría a superarlo.

Eso esperaba.

Siguió recordando aquel día. . .

Emely, llegó a la plaza a reunirse con su amigo Ethan y lo vio en compañía, solo que no le dio importancia, pero cuando vio a aquel chico, su corazón dio un pequeño salto, nunca antes le había sucedido algo como aquello, es como si por algún motivo quisiera salirse de su pecho. Luego comenzó a latir desbocado, sus manos temblaron y su cuerpo se estremeció cuando tus grandes ojos marrones se posaron en ella.

¡Oh, que ojos tan hermosos!

Son claros, bellos, limpios, sin maldad, sin egoísmo, son buenos, es así como ella pudo verlos. Unos enormes ojos marrones fijos en ella.

Sin pensarlo, se arrojó a los brazos de su amigo y dejó sobre su mejilla un cálido beso, él me estrechó con fuerza. No esperó ser presentada, era una persona sociable y muy amigable, aunque en aquel momento se sentía un poco cohibida, no reprimió sus instintos. Se inclinó y besó la mejilla masculina de su amigo y la de otro chico que los acompañaba.

- Mucho gusto, soy Emely- dijo dulcemente mientras sonreía. Aquellos hermosos ojos seguían clavados es ella. Inmediatamente lo supo, en ese momento intuyó que su vida cambiaría.

Emely, abrió los ojos volviendo a la realidad. Sonrió a su reflejo pensando en que había tenido razón, su vida comenzaba a cambiar. . . gracias a él.

Cuando llegó a la plaza, Mateo ya la esperaba, la tomó entre sus brazos, estrechándola de manera calurosa.

- Hola, estás muy linda.

- Gracias- le respondió sonrojada.

-Traje ésto para ti- ella se sintió feliz, los detalles de Mateo la hacían sentir muy especial, él le extendió un hermoso perro de peluche, con su gorrito rojo y enormes ojos café.

-Es hermoso, muchas gracias - responde tomándolo y depositando un beso en la mejilla de él - Es precioso, Mateo. Siempre quise uno como éste.

-Entonces me alegra ser yo quien te lo de.- le regaló una enorme sonrisa.

-Le llamaré, Theo- dijo sonriendo - en honor a ti, un diminutivo de tu nombre.

-Gracias, es como si de hoy en adelante yo te acompañará siempre.

- Lo cuidaré mucho, de nuevo gracias, sabes que no es necesario que me compres cosas, amo los pequeños detalles que puedas darme, y son precisamente detalles que no compras con dinero.

-Lo sé, eres muy dulce- le acarició la mejilla con ternura - pero lo hago con gusto, me alegra llenarte de detalles y ver cómo se iluminan esos preciosos ojos tuyos, eres hermosa.

-Realmente no lo soy - sonrió- Camille, ella es la belleza de la familia - dijo, refiriéndose a su hermana menor.

-Para mi, no existe nadie que iguale tu belleza, porque no eres hermosa solo por fuera, sino que tus sentimientos son más bellos. Eres una belleza completa, interna y externamente.

-Gracias, Mateo.

-Estoy enamorado de ti, Emely. Te amo - dijo con una enorme sonrisa, mientras acariciaba su mejilla con dulzura, el corazón de ella se detuvo, al igual que su respiración. Aquellas eran palabras profundas.

Tuvo un terrible miedo y no pudo evitarlo. Tuvo miedo a enamorarse, ya lo había estado anteriormente y aunque fue bonito cuando comenzó, al final terminó con el corazón roto, llorando y sufriendo los estragos del amor en su vida.

Tuvo miedo de que él fuese igual, tuvo miedo de que la lastimaran. No quería confiar, pero con cada día que pasaba él le robaba un poco de mi corazón. Creció el cariño, creció la necesidad de verle y tenerle, pero también creció con ellos el miedo. Miedo a tenerle y perderle. Miedo a entregar el corazón a la persona equivocada, miedo a que la hiciera sufrir y sólo cerraba los ojos y le pedía a Dios que la ayudara a confiar nuevamente, necesitaba confiar.

Quería creer en él.

Quería amarle, así como el decía amarla.

Quería que el miedo se fuera y entregarle su ser.

Mateo, percibió su turbación y la abrazó, transmitiendole calor, ella tembló internamente ante la sensación de protección que la embargó. Mateo, se alejo un poco y la miró a los ojos.

-Te amo- repitió suavemente antes de inclinarse sobre ella y comenzar a besarla, sus labios se movían insistentes sobre los de ella, sin embargo Emely estaba paralizada.

Allí estabas él intentando que correspondiera sus besos, y Emely sintiéndose terriblemente avergonzada, había pasado tanto tiempo desde la última vez que había besado, que temía hacerlo mal, se imaginó que quizás estropearía el momento, que chocaría sus dientes, que estornudaría de los nervios.

Sentía que tenía que ser perfecto y no quería estropearlo.

De pronto los hermosos ojos de él, se cargaron de tristeza y ella no pudo evitar sentir que lo estaba lastimando.

No quería hacerle daño, porque ella también necesitaba aquel beso. No pensó que ocurriría, pero Mateo la miró y se giró para marcharse, y ella por primera vez en mucho tiempo se sintió segura de lo que quería.

Lo tomó del brazo y lo hizo volverse, quedando frente a ella y sin pensarlo más se arrojó contra su boca.

¡Si!

Era justo como lo había soñado; labios gruesos, carnosos, suaves y terriblemente deliciosos. Aquel era un gran beso, se olvidó de la vergüenza y lo besó.

Lo besó como si se le fuese la vida en ello, rogó porque fuese perfecto, era uno de esos besos que no quieres que acabe.

Escuchaba cómo su corazón golpeaba con fuerza.

Las personas transitaban por la plaza,

Pero no quería escucharles quería quedarse besándolo. Si era posible, quería vivir besándolo siempre.

La masculina lengua se deslizó en su boca y se estremeció, mientras ambas lenguas se encontraban ansiosas, en una sensual danza de placer dónde eran precisamente sus lenguas quienes dictaban su propia danza, inventaron sus propios movimientos, mientras que ella totalmente ansiosa se abrazaba a él.

¡Oh, que boca la tuya!

Al separarse, él la miró sonriente y ella sintió que la vergüenza cubría su rostro, pero él volvió a besarla. Un beso más rápido y menos intenso. Luego rió feliz, le besó la mejilla y se marchó, no antes de decirle.

-Eres todo lo que quiero en este mundo, Em, nada más - dejó un beso en su frente y comenzó a caminar, con una enorme sonrisa en su rostro.

Capítulo 2 ¿CELOS

La universidad es la etapa más dura de la formación para convertirte en un profesional, vienes de la preparatoria que tenía su grado de dificultad, pero en el que podía divertirse, salir, era menos presión, ahora la universidad, múltiples profesores, múltiples materias, más estrés, menos tiempo libre, más trabajos para realizar, pero si quieres algo debes esforzarte y eso era precisamente lo que hacía Emely.

Ella tenía la vista fija en su cuaderno, estudiando concentrada mente para su prueba.

-Em, vámonos. - gimió Cristina- yo no estudié.

-Estás demente si piensas que no voy a entrar a la evaluación, en vez de rogar por irnos, deberías preocuparte en estudiar para lograr al menos responder algo.

-Solo faltan quince minutos para que comiencen las clases, estás loca si piensas que puedo memorizar algo en tan poco tiempo y con todo el estrés encima. ¡Reprobaré, Em!

-Ni siquiera haces un esfuerzo real, Cristina - dijo sin levantar la vista de su cuaderno - yo si estudié y no me ausentaré de clases, y estoy repasando mis notas, así que por favor. . . Déjame estudiar - la miró unos minutos a los ojos, antes de desviar nuevamente la vista a su cuaderno.

-Eres una aburrida - le dijo- pensé que tener novio te cambiaría.

-Jamás permitiría que Mateo, o cualquier otra persona influya de forma negativa en mis estudios. Quiero ser una profesional, quiero prepararme Cris, y por eso me esfuerzo cada día, estamos hablando de nuestros futuros.

Hora y media más tarde, su clase culminaba, y ella se sentía completamente satisfecha de las respuestas en su exámen, la que no parecía nada feliz era Cristina, que había decidido quedarse aún sin saber nada.

-Ha estado un poco difícil - dijo Andrea.

-Gracias al cielo si estudié -añadió Anaís- no puedo darme el lujo de perder está materia - La malhumorada Cristina no dijo nada.

-¿Listas para irnos?

-No- Emely suspiró- tengo clases de Italiano hoy, así que se pueden ir sin mí.

-Yo tengo Francés - dijo Andrea - Iré al aula a repasar la actividad de hoy. Cuídense mucho y recuerden que mañana hay otra evaluación.

Era pasada la media tarde cuando Emely salió de la universidad, al observar su celular, vio que tenía tres mensajes de Mateo, pidiéndole que le avisara al salir, pues pensaba recogerla para ir a su casa. Ella estaba sumamente nerviosa, era el día en el que conocería a la familia de su novio, y de acuerdo, no sabía cómo reaccionarian, solo esperaba que fueran buenos con ella, siempre había rogado que la familia de su novio la quisiera como un miembro más, no sabía cómo reaccionaría, ni como se sentiría si no era bien aceptada.

Después de llegar al punto dónde Mateo, la recogería, decidió esperar pacientemente y en menos de cinco minutos, él se acercaba en su motocicleta azúl, se estacionó frente a ella y se quitó el casco.

-Hola, guapa - le sonrió, ella se acercó feliz a él y plantó un beso en sus labios.

-Hola, mi amor. ¿Cómo estuvo tu día?

-Pensandote a cada minuto- volvió a besarla y le tendió un casco- éste es el tuyo.

-Estoy bastante nerviosa, debo confesar que me preocupa el hecho de que quizás no les agrade.

-¡Por Dios, mi amor!- le dijo en medio de risotadas, antes de acariciar su mejilla - no existe nadie en el mundo a quien no puedas agradarle. No hay nada qué temer y nada de qué preocuparse, así que sube y demonos prisa.

-Bien - le respondió, se colocó el casco y luego subió a la motocicleta, abrazándose a él para disfrutar del corto recorrido hasta su casa.

El trayecto es corto y Emely, se abraza con fuerza a él, respirando el aire puro llenándo sus pulmones, y la suave fragancia de su loción, cuando unos quince minutos más tarde, entra por un camino bordado de flores de vistosos colores y se detiene frente a una hermosa casa; grande, ámplia, se siente todo muy agradable, aunque ella no puede apreciar mucho la sensación ya que los nervios se apoderan cada vez más, de su ser. Desciende de la motocicleta y se quita el casco, sus inquietos ojos observan como él apaga la motocicleta y baja de ella, se quita el casco y coloca ambos sobre la moto, Emely, se muerde inquieta el labio inferior y Mateo se acerca, le toma ambas mejillas y con el dedo pulgar acaricia el labio inferior femenino, de manera lenta y sensual.

-Te prometo que todo estará bien, te adorarán.

-No estoy segura de ello- le dijo preocupada- ¿estoy bien? - comenzó a sacudir polvo invisible de su sus pantalones ajustados, ajustó bien su camisa, peinó su cabello. - ¿se ve bien mi maquillaje?

-Estás perfecta, cariño - la abrazó y besó su frente- Te amarán igual o más que yo, ahora vamos -La tomó de la mano, entrelazando sus dedos para darle confianza, nada más cruzar el umbral de la puerta, apareció una mujer mayor, bajita, regordeta, con su largo cabello castaño, sus ojos grandes color miel, piel blanca y una enorme sonrisa.

-¡Ya llegaron! - caminó hasta ellos e ignorando a su hijo se abalanzó sobre ella, quién se inclinó para recibir el fuerte abrazo y los besos en sus dos mejillas, inmediatamente un calor agradable la cubrió y cerró los ojos disfrutando del momento que le daba aquella mujer - Pero que preciosa eres, hija mía - dijo tomándola del mentón- mi hijo sí que tiene buen ojo, es afortunado.

-Pensé que diría, que la afortunada soy yo- le dedicó una hermosa sonrisa.

-¡Oh no, por supuesto que no! - rió ella- el afortunado es él, y más le vale comportarse como es debido. Soy Liliana, es un gusto conocerte, mi hijo no hace más que hablar de ti.

-El gusto es enteramente mío, soy Emely.

-Te dije que te amaría- le dio un tierno beso en la cabeza.

-Vengan, he preparado un refrigerio - minutos más tarde, tenía la mesa frente a ella, abarrotada de pastel, panecillos, café, leche y cuanta cosa se le ocurrió a Liliana.

- ¡Abuela, abuela! - la infantil voz inundó y enmudeció la conversación, los ojos de Emely se fijaron en aquella hermosa niña, ¿Cómo expresar lo hermosa que era? Un largo y rebelde cabello oscuro encrespado, que le llegaba más allá de la cintura, piel blanca como porcelana, mejillas sonrojadas, una pequeña nariz, boca pequeña y rosada, ojos grandes color café, abundantes cejas y pestañas tupida. ¡Qué hermosa pequeña! Sus ojitos la miraron fijamente reconociéndola como alguien extraño.

-Ya has despertado, Luciana. Ven te presentaré a Emely, cariño. - ella le regaló una hermosa sonrisa a la niña intentando trasmitirle tranquilidad- Está es Emely, la novia de tu tío Mateo. Emely, hija, ésta es mi nieta Luciana. -

ella decidió salir de la silla dónde estaba y ponerse de rodillas frente a la niña, mirándola con ternura, adoraba a los niños, siempre despertaban esa parte maternal y protectora en ella. Solían decir que a pesar de su corta edad, ella tenía corazón de madre, quizás fuese cierto, aquella pequeña y dulce criatura despertaba tanta ternura dentro de su ser.

-Hola Luciana, mucho gusto, soy Emely, eres una niña muy bonita- le dijo mirándola fijamente a los ojos- y tienes un nombre precioso.

-Muchas gracias- sonrió con timidez- ¿Eres la novia del tío?- preguntó mirándola, luego miró a su tío y volvió a fijar la mirada en ella.

-Si, cariño. ¿Puedo decirte, cariño?

-¿Y yo debo decirte, tía?- preguntó con el ceño fruncido.

-No necesariamente, puedes hacerlo si quieres, y si no puedes llamarme Emely, o solo Em, cómo tú quieras.

-Te llamaré tía, o tía Em, y puedes decirme, Cariño- dice con una hermosa sonrisa.

-¿Puedo abrazarte?- le pregunta inundada de ternura. La pequeña niña, no respondió, sino que fue hasta ella y la abrazó.

-Te dije que te amarían, mi amor - dijo Mateo- no había de qué preocuparse.

La pequeña Luciana, se unió a la mesa, comiendo pequeñas porciones de pastel, acompañándolo con un vaso con leche. Le contó que tenía ocho años, lamentablemente su madre se había ido al cielo, pero tenía un buen papá, y además tenía a la tía Alexa.

-¿ Y quién es la tía Alexa?- le preguntó acariciando su regordeta mejilla.

-Es la novia de papá.- dijo encogiéndose de hombros.

La puerta principal emitió el sonido de llaves, alguien llegaba a la casa. Emely, vió aparecer a un hombre mayor que Mateo, sin duda eran familiares, se asemejaban en muchos rasgos, sin embargo, habían claras diferencias.

Mateo, tenía la piel tostada, hermosos ojos color miel, parecidos a los de su madre, su cabello era crespo, lleno de pronunciadas ondas, oscuro, de estatura promedio, no era un hombre delgado, pero tampoco pasado en peso, estaba en el punto medio, manos grandes y ancha espalda, labios gruesos y nariz pronunciada.

El hombre que acababa de llegar, era de piel muy blanca como la de Liliana, delgado y alto, de ojos café, nariz aguileña, cabello liso y negro.

-Hijo, mío, que bueno que llegas- la madre se pone de pie para recibirlo.

-Buenas tardes- dice mirándome.

-Buenas tardes- respondo con una tímida sonrisa.

-¡Tio, Jack! - la niña se pone de pie y corre hasta él, lo abraza de las piernas con fuerza. Él la levanta y revuelve su cabello, le da un tierno beso en la frente y vuelve a dejarla en el piso.

-Espero te hayas portado bien, porque te traje chocolates- saca algo de su bolso y se lo entrega.

-Gracias, tío- la niña sonríe y lo guarda a su bolsillo- lo guardaré, estaba merendando con la abuela, el tío y la tía. - el hombre levanta la vista hacia Emely y sonrie.

-Es un gusto conocerte, soy Jackson.

-El gusto es mío, soy Emely- le sonrió.

-Aún estás a tiempo de sentarte y merendar con nosotros- le dijo Mateo a su hermano, éste asintió y tomó lugar entre Luciana y Liliana, luego miró nuevamente a Emely, quién le sonrió de regreso como un gesto dulce y se sorprendió al sentir como Mateo tomaba su mano y entrelazaban sus dedos, mirando fijamente a los ojos de su hermano.

Capítulo 3 ¡TE AMO, EMELY!

Emely, no comprendió esa actitud de Mateo, la.manera en la que entrelazó sus dedos, la forma en la que miró a su hermano, era. . . una clara advertencia. ¿Intentaba marcar territorio?

Era absurdo.

Al menos a ojos de ella lo era, acababa de conocer a Jackson, era bastante mayor que ella y solo habían cruzado un saludo, era ilógica esa reacción, sin embargo decidió no prestarle mayor atención y dedicarse a disfrutar de la tarde con ellos.

*****************

Después de un largo día en la universidad, abarrotada de números y cuentas, Emely salió agotada de la universidad, se despidió de las chicas y emprendió el camino a casa. Pasaba media tarde cuando llegó.

-¿Cómo te fue, cariño?- la saludó Elene en cuánto cruzó el umbral de la puerta.

-Bien, madre -le dijo y le besó la mejilla- agotador, pero bien.

Comenzaba a caer la noche cuando llegó su amiga Lisbeth, quién era muy cercana desde la infancia, y más que amigas se habían convertido en hermanas de distintas madres. Lisbeth siempre había Sido un apoyo incondicional, había Sido fuerza en los momentos duros, apoyo en los malos, y siempre había compartido cada uno de sus triunfos y viceversa.

Se adoraban.

Amaban pasar tiempo juntas y poder apoyarse siempre.

Lisbeth, saludó a Elene, con besos en la mejilla y entró a la habitación y la encontró sobre la cama con los cuadernos y libros esparcidos.

-¿Exámen?- le preguntó, Emely elevó la vista y la miró con una sonrisa.

-Hola Lis, Si, la verdad está muy fácil, no es nada del otro mundo - decía mientras recogía y apilaba los libros para darle espacio a su amiga.

-He venido porque una ingrata lleva más de tres días sin escribir- se dejó caer sobre la cama abrazando una mullida almohada- desde que tienes novio, te has olvidado de mi. - hizo un tonto puchero- lo prefieres a él - fingió llorar.

-¡No digas tonterías! - la golpeó suavemente con otra almohada, y se acostó junto a ella.

-Es un reclamo a media, la verdad estoy muy contenta de que estés feliz y por fin te hayas animado con Mateo, es un buen chico.

-No es fácil.Sabes que no lo es- dijo con un suspiro.

-Lo sé, pero eres muy joven, a ver, ni tienes veinte años, era obvio que debías volver a enamorarte. Maikol, es cosa del pasado.

-Lo sé, y siempre lamentaré, que todo haya salido tan mal. - dijo en tono triste.

-Yo siempre lamentaré, no haberlo abofeteado. Debiste dejarme ponerlo en su lugar.

-No era necesario, Lis, lo digo en serio, es mejor dejarlo pasar.

-El muy idiota jugo con tus sentimientos- dijo enojada- es obvio que no había que dejarlo pasar, te hizo mucho daño, Em, se merecía una paliza.

-Si, pero ahora tengo a Mateo. Es una gran hombre Lisbeth, realmente me siento muy bien con el, me gusta todo, absolutamente todo de él.

-Solo espero que se porte bien. ¿Cómo te fue en su casa?

-Mucho mejor de lo que esperaba, la verdad. Su madre es muy dulce y cariñosa, ya hasta me llama, hija- dijo con una enorme sonrisa- Amé inmediatamente a su pequeña sobrina, es una cosita preciosa de ocho años, con unos enormes y preciosos ojos, tiene la carita más bonita que haya visto y. . .

-Alli va de nuevo tu corazón de madre. - dijo rodando los ojos y aventándole una almohada.

-No puedo evitarlo, es una niña preciosa, me lleno de mucha ternura, es bellísima, muy hermosa.

-A ti todos los niños te parecen preciosos y tiernos- le dijo en tono burlón.

-Ya lo sé, pero ella es especial, su nombre es Luciana, ya verás cuando la conozcas, te enamorarás de ella de inmediato. Deberías acompañarme a visitarla algún día, te aseguro que te encantará.

Emely, fijo la vista en su amiga. Lisbeth, era preciosa, un cabello rizado, con enormes ondas castañas que caen hasta media espalda, tiene un cabello precioso y muy bien cuidado, una cara hermosa, con profundos ojos verdes oscuros, un verde aceituna. Un cuerpo que no es esbelto, pues está lleno de curvas, con el que Lisbeth está más que satisfecha, asegura que es esa exhuberancia la que la hace "irresistible"

-Te prometo que te acompañaré.

-No te arrepentirás. Hay algo que si me pareció muy extraño, no sé si Mateo tenga buena relación con su hermano, se supone que ellos son tres, conocí a Jackson, o Jack como le.dicen de cariño, quién es el mayor de todos, el caso es que se estaba portando muy amable, me saludo de forma cariñosa, o sea, me refiero a que era agradable, Mateo me tomó de la mano entrelazando nuestros dedos, quizás sean locuras mías, pero se sintió como si estuviese marcando territorio. Fue realmente extraño.

-Quizás sintió que su hermano te miraba mucho- dijo con una enorme sonrisa.

-Tonterías, solo estaba siendo amable.- El teléfono de Emely sonó, indicando un mensaje de texto:

"Hey guapa, amor mío, ¿Me aceptas invitarte a comer?"

Ella sonrió como tonta.

-Es Mateo, me está invitando a comer.

-Acepta - le dijo emocionada - en todo caso yo no podré quedarme mucho tiempo, así que, dile que si y vayan a comer a un lindo lugar.

Lisbeth, se marchó dejándola para que se alistará para su cita, Emely le informo a su madre que saldría con Mateo y que no cenaría en casa.

-De acuerdo, cariño. Tengan mucho cuidado, ya sabes que las motocicletas me ponen los nervios de punta.

-Lo prometo.- le dijo con una dulce sonrisa.

Quince minutos más tarde, ella salía para recibirlo, lo encontró recargado en su motocicleta, con una chaqueta de cuero y pantalones oscuros, una hermosa sonrisa dibujada en su rostro. Él abrió sus brazos para recibirla y ella se refugio feliz en ellos, para luego elevar su rostro hacia el ofreciendo su boca como tributo de amor.

Mateo, la besó con amor y necesidad como queriendo alimentarse de ella.

-Te extrañe- le dijo en cuanto se separaron.

-Yo también te extrañé, preciosa.

-Por favor cuídense mucho, hijo maneja con cuidado- decía Elene, quién aparecía en el umbral de la puerta.

-Por supuesto que sí, suegra- Mateo, se acercó a ella y le dio un fuerte abrazo. Emely, se sintió feliz, le agradaba que las familias se llevarán tan bien. Sobretodo porque siempre rogó para que su madre quisiera al hombre que ella escogiera, así como que su suegra la quisiera como una hija, y ver aquello cumplido era hermoso.

Mateo, aún debía conocer a su hermano; Frank, quién tenía un carácter muy fuerte y podía ser intimidante, pero estaba seguro de que se llevarían bien.

Durante el trayecto se abrazaba con fuerza a él.

-¿Estás bien? - le preguntó por segunda vez, el aire que los golpeaba y los cascos impedían que se comunicaran bien, sin embargo él siempre se aseguraba de que ella estuviese bien y a gusto.

-Estoy bien, mi amor- dijo antes de abrazarlo más fuerte.

Emely, sonrió cuando entraron al restaurante, era sencillo pero muy cómodo, ellos se ubicaron en la terraza, estaba feliz allí bajo el cielo nocturno, mientras tenía sentado frente a ella al hombre que amaba, quién la sostenía de las manos con cariño, transmitiéndole seguridad.

-¿Cómo estuvieron tus clases hoy?

-Bien, fue un día tranquilo, pero se acercan los finales, así que estaré ahogada en exámenes, pero intento relajarme, mi amor.

-Es sólo un escalón más, nada con lo que no puedas preciosa- le besa las manos y ella se sonroja levemente.

-¿Cómo estuvo tu día en el trabajo?

-Muy bien, hubo buen trabajo hoy, así que mi padre está feliz - sonrió él- Aunque no está muy feliz por lo que le he dicho.

-¿Sucede algo?- preguntó preocupada.

-No es nada malo, he decidido retomar los estudios.

-¡Eso es maravilloso, felicidades mi amor, bien sabes que estoy para apoyarte, puedo ayudarte con las actividades, las investigaciones, con las cuentas, lo que necesites, es una suerte que tengas que ver muchos números, la contaduría y la Administración de Aduanas, pueden darse la mano, te juro que te ayudaré en todo. Tienes mi apoyo incondicional!

-¡Muchas gracias! - Sonrió- mi padre no está muy feliz ya que no podré estar tanto tiempo en el taller, pero quiero estudiar y tú me has inspirado. Quiero que en el futuro, nuestros hijos tengan dos padres profesionales, tú te has esforzado mucho, mi amor. Mereces a alguien que se esfuerce igual- Emely, estaba realmente conmovida por sus hermosas palabras, inspirarlo a retomar sus estudios, a mejorar, sobretodo escucharlo hablar de un futuro juntos, de hijos. . . era hermoso.

-Ellos tendran un padre Administrador de Aduanas- volvió a sonreír, Emely comovida se levantó de su asiento y sin pensarlo se sentó sobre las rodillas de él y lo besó con lágrimas en los ojos

- Tu me inspiras a ser mejor, Em. Me gusta esa reacción.

-Gracias por tus palabras, estaba asustada de enamorarme de nuevo.

-Lo sé - limpio con dulzura las lágrimas en sus mejillas - lo veía en tus ojos cada vez que me rechazabas, cada vez que esquivabas mis palabras. Sabía que alguien te había lastimado y tenías miedo de amar nuevamente, pero también pude ver en tus ojos que valía todo el esfuerzo luchar por ti. ¡TE AMO! - elevó su rostro y gritó, ella lo miró con ojos enormes.

-Detente, no hagas eso - le dijo mientras intentaba levantarse de sus rodillas, pero él se lo impedía- todos están mirando.

-Que todos se enteren de lo que siento. ¡TE AMO EMELY, TE AMO! - ella se sintió tan feliz, se inclinó sobre él tomándolo de ambas mejillas, mientras él rodeaba su cintura y comenzó a besarla nuevamente.

Emely, se sentía dichosa. Mateo era más, mucho más de lo que ella hubiese esperado. Sentir que estaba dispuesto a mejorar para que ambos pudiesen crecer juntos, escucharlo hablar de un futuro, de hijos, eso dejaba en claro cuán en serio se tomaba la relación y resultaba encantador para Emely, quién había navegado constantemente en un mar de desconsuelo y malos amores, estar ahora así, con Mateo, hacía que tanto sufrimiento valiera la pena, cada lágrima era recompensada con. un beso, con un gesto, con un te amo.

"Solo deseo que está vez sea diferente, que él no me lastime, que todo vaya bien, que no me rompa el corazón. . . Por favor, por favor, que está vez sea diferente "

Esa era su constante plegaria.

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