Se escuchó entre los empleados del hotel y el club "El Fénix Dorado" que estos habían sido comprados por un grupo de jóvenes socios, el temor en ellos aumentaba porque al parecer el socio mayoritario tenía fama de ser temperamental, egocéntrico, agresivo y mal jefe; todos confirmaron dicha información, cuando la primera orden fue cambiar absolutamente todo el personal; sin embargo, todos los empleados recibieron una buena suma de dinero por su liquidación y fueron indemnizados por aquel despido.
El hotel estaba muy cerca al club, en una concurrida calle de Francia, los nuevos dueños no fueron conocidos por los antiguos empleados ya que todos fueron retirados por el contador de confianza, quien se encargó de hacer lo propio y dar a cada uno cartas de recomendación firmadas por el socio mayoritario y quien sería el representante legal y estaría en cabeza de las decisiones que allí se tomaran.
La selección de personal estuvo a cargo de uno de los socios que era abogado y se encargaba de los antecedentes e investigaciones de los nuevos empleados, no querían problemas legales. Cuando el bar y el hotel empezaron a funcionar bajo la nueva administración, los nuevos empleados desconocían a sus jefes, por lo que el trato hacia cada uno de los clientes y huéspedes debía ser extremadamente amable, aquellos despidos masivos con el ingreso de la nueva administración los aterraba y la fama que tenían los nuevos jefes de ser extremadamente temperamentales, agresivos, egocéntricos y muchas más cosas que les infundían temor a los empleados.
El último piso de aquel hotel contaba con las tres habitaciones exclusivas para los socios o quienes ellos autorizaran, el piso tenia acceso por la parte lateral del hotel con portería y un ascensor de uso exclusivo de ellos que se activaba con una tarjeta inteligente, código o huella, aquellas habitaciones eran usadas solamente cuando querían esconderse de alguien, huir de la rutina o simplemente tener sus aventuras sexuales.
A sus 25 años de edad, Aitor Mendoza Vargas, era psicólogo de profesión, pero como socio mayoritario, había asumido el reto de encargarse de la administración del club y el hotel "el Fénix Dorado", ayudaba a su padre en su empresa de Proyectos Arquitectónicos y en algunas ocasiones ejercía su profesión como psicólogo en la clínica de ayuda y apoyo psicológica de su madre; Rui Smith Dumas y Charlie Cox Duncan, amigos incondicionales, apoyarían a su socio y amigo con los negocios, Charlie era abogado y por su profesión, debía moverse entre todos los negocios de su amigo y de los cuales era socio, se hacía cargo de todas las legalidades y por su parte, Rui trabajaba como médico, en la clínica de su padre, lo que permitía tener tiempo libre para compartir con sus amigos diversión y trabajo; los tres han sido amigos desde la escuela, se conocen perfectamente y confían plenamente de las decisiones que se deban tomar.
Después de un mes de apertura del Club y del Hotel bajo la nueva administración, dudando que el administrador de aquel lugar estaba haciendo un buen trabajo, Aitor llego por primera vez al club, llego temprano y aún no había público que atender, podía ver a los empleados completamente activos preparando todo para la apertura, él se quedó de pie junto a la barra observando – vamos príncipe, no te quedes ahí, ayúdame con ésta mesa – escuchó una voz detrás de él, una pequeña joven con cabello liso aparentemente rubio teñido hasta los hombros, dos mechones rojos caían hacia su rostro, un rostro hermoso maquillado para parecer mayor, intentaba levantar una pequeña mesa, al ver que Aitor se giró a verla ella sonrió y le guiño un ojo, Aitor tomó uno de los extremos de la mesa y la ayudó a moverla. – Yaiza - dijo aquella joven extendiendo la mano para presentarse – Aitor – respondió él recibiendo la mano. – ten cuidado, la gente es envidiosa y si te ven aquí sin hacer nada seguro le dirán al jefe. – lo dijo acercándose un poco a él para que no escuchara nadie más y camino a traer algunas sillas para poner en aquella mesa, Aitor la siguió con la mirada y se quedó de nuevo en la barra, detalló aquella joven que llevaba una blusa de tiras negra ajustada a su delgado y bien formado cuerpo, y una falda de jean un poco mas debajo de sus glúteos, unas medias de cuadros de colores, un poco más arriba de sus tobillos y unos tenis negros aparentemente cómodos, Aitor se giró hacia la barra quedando de espaldas al salón que estaban organizando – debes ser de seguridad – escuchó él susurrar en su oído, haciéndolo estremecer – ohhh... Lo siento príncipe, no sabía que eras tan sensible. – dijo ella sonriendo, Aitor se volteó de inmediato a verla. – debes ser de la seguridad interna del club, porque los de seguridad nunca ayudan a los que atendemos, ustedes son como seres superiores o algo así – continuó ella caminando de nuevo hacia el salón.
Aitor pudo notar que aquella joven nunca habló con ninguno de sus compañeros de trabajo mientras estaba con la organización del lugar, excepto para recibir indicaciones o dar opiniones; cuando llegaron los de seguridad efectivamente nunca hablaron con ninguno de los jóvenes que se encontraban dentro del lugar preparando todo. La joven salió de un momento a otro del salón y cuando la vio de nuevo estaba con un trapero secando aparentemente agua que se habría derramado, al parecer era una chica pro-activa, cuando levantó la mirada descubrió a Aitor mirándola y le guiño el ojo con una tierna sonrisa y salió de nuevo del salón a regresar aquel trapero a su lugar.
Cuando todo estaba listo, todos los empleados se sentaron en un lugar vacío al fondo del salón, pero aquella pequeña joven no estaba con ellos, él la buscó con la mirada – que no vaya a estar metiendo droga aquí – se dijo para si y se puso de pie para buscarla, la pudo ver sentada en una esquina del fondo del salón donde daba poca luz, tenía las piernas cruzadas y llevaba audífonos, aparentemente escuchaba música de su celular, logró verlo y le hizo señas enérgicamente con la mano indicándole que se sentara junto a ella, él le señaló la barra y regresó allí, al instante llegó ella y se sentó junto a él. – ¿dónde te toca príncipe? – preguntó ella, él la miró sin entender la pregunta – aquí – respondió él, - te toca dentro, genial, podremos vernos seguido – dijo ella sonriendo sin parecer coqueta. Sus pies no alcanzaban el suelo y no dejaba de moverlos. – no hablas mucho ¿verdad? – preguntó ella – tú no hablas con tus compañeros – respondió él – no, no confío en ellos. – respondió al comentario levantando la mirada hacia el grupo de jóvenes sentados. – ¿porque hablas conmigo? – preguntó Aitor - porqué me inspiras confianza, - respondió ella con una sonrisa de lado. – gracias y ¿porque confías en mí? -interrogo de nuevo él sacando un cigarrillo - ¿fumas? – preguntó ella levantándose de un salto de la silla de la barra y con un gesto de decepción - ¿eres alérgica a la nicotina? – preguntó Aitor antes que se alejara. – no, soy alérgica a los girasoles y al ajonjolí, pero no me gusta el olor a cigarrillo. – respondió ella y se alejó al parecer de nuevo para el rincón del que había salido, él miro su cigarrillo como agradeciendo que la hubiera alejado, lo encendió y lo miró de nuevo, cuando estaba nervioso generalmente el cigarrillo lo ayudaba a calmar sus nervios.
Yaiza Villarreal tenía 17 años, trabajaba medio tiempo en una cafetería, el trabajo del club llegó gracias a la influencia de un conocido suyo. Ella vivía con su abuela después de haber perdido a su madre al nacer y desconocía quien era su padre, por lo que trabajaba para ayudar a su abuela, para su estudio ya que estudiaba los sábados en la mañana sistemas en un instituto; era una joven blanca, delgada, de ojos verdes, su cabello natural era castaño, pero siempre usaba colores temporales en él y no importaban las adversidades, siempre mantenía una sonrisa.
La hora de abrir había llegado, ella no se había acercado a Aitor de nuevo después de saber que fumaria, un hombre, al parecer el jefe directo, parecía el administrador del lugar, en quien Aitor no confiaba, reunió los jóvenes para dar instituciones, aquella pequeña joven no volvió la mirada hacia él; cuando aquel hombre terminó de hablar con ellos, todos se dispersaron, sin embargo, llamó a Yaiza, Aitor noto que le dijo algo que al parecer no fue del agrado de ella por el gesto de desaprobación en su rostro.
Ya había llegado al otro lado de la barra un joven, era el encargado de las bebidas, ella corrió con una sonrisa hacia la barra – hola Fer casi que no llegas – saludo ella, extrañamente Aitor se sintió ignorado por aquella pequeña joven.
Las puertas del club se abrieron al público, Yaiza mantenía siempre una sonrisa en su rostro incluso cuando estaba sola sentada escuchando su música. Poco a poco la gente empezó a llegar y a ocupar las mesas del lugar, un grupo numeroso llegó y era necesario unir dos mesas, Aitor sonrió de lado esperando que como hacía un rato ella le solicitara ayuda, pero no pasó, lentamente borro su sonrisa al ver que empezó a arrastrar la mesa acercándola a otra, por lo que él corrió a ayudarla. – gracias – respondió ella con su habitual sonrisa al gesto de él y corrió a acomodar las sillas para los clientes. Aitor regresó a la barra, desde allí miraba el manejo, pidió al joven al otro lado de la barra que le sirviera agua simulando vodka, cuando Yaiza lo vio con aquel vaso en la mano, se acercó a él – ten cuidado, no debes beber en el trabajo – le susurro ella – él sonrió – creí que no me volverías a hablar por fumar. – dijo él reprimiendo una sonrisa – el que no me guste que fumes no quiere decir que no me preocupe, el jefe puede llegar en cualquier momento y es mejor que no te vean bebiendo – aclaró ella. – es agua, simulo beber como otro cliente – respondió él – ¡eres muy astuto! – exclamo ella mostrando asombro a la explicación de Aitor - deberías ser espía como el 007 – respondió ella abriendo los ojos sin abandonar la sonrisa y él soltó una carcajada, ella se alejó para continuar con su trabajo.
Charlie llegó al club y se acercó a Aitor, subieron juntos a la oficina y Yaiza los vio de lejos, no dejó de sentir preocupación, cuando Aitor regresó de nuevo a la barra, Yaiza se acercó a hacer unos pedidos para la mesa que estaba atendiendo - ¿te dijeron algo? Yo puedo hablar con él y le digo que era agua lo que bebías – ofreció ella mientras le pasaban la bandeja con su pedido – él le guiño el ojo, ella sonrió frunciendo sus labios y levantando sus cejas, llevó su pedido dejando junto a Aitor una pequeña nota "me gusta tu sonrisa, no la pierdas nunca. Yaiza" junto a la firma una flor; Charlie salió de la oficina y se disponía a salir del club, Yaiza pensó en alcanzarlo para hablar con él, pero no lo logró, Aitor le hizo un gesto negando con la cabeza y ella entendió que no quería que hablara por él. La jornada terminó sin ningún problema, el club cerró y el que parecía el administrador encargado, llegó tras la barra, los meseros empezaron levantar las sillas y cuando Yaiza volteó su mirada a la barra Aitor ya no estaba.
Aitor llegó a su apartamento y allí estaba dormida boca abajo su novia, Amanda, una mujer rubia alta, de ojos azules, estaba desnuda envuelta en sus sábanas, él se sentó al borde de la cama junto a aquel cuerpo y empezó a besar su hombro bajando con sus besos al igual que la sabana, por su espalda hasta llegar a un muy bien formado trasero, mordió con delicadeza una de las nalgas y separó un poco sus piernas, introdujo uno de sus dedos en la vagina sintiendo la humedad, sintió las paredes vaginales contraerse y ella soltó un gemido separando más sus piernas dándole acceso a él. Aitor se quitó el saco y la corbata dejándolo delicadamente acomodado sobre una silla cerca a la cama, se sentó de nuevo al borde de la cama, su rubia se giró y se sentó a ahorcadas sobre él, se besaron y poco a poco desabotono su camisa, beso su pecho y lo hizo acostar en la cama, con mas intensidad bajó a su pantalón y lo desabotono, sin quitarlo totalmente liberó aquella erección y la llevó a su boca, pasó su lengua por su glande e introdujo todo el falo hasta llenarse de él, en un movimiento rápido él la giró para quedar sobre ella y sacó un preservativo de su mesa de noche junto a la cama, se lo puso y la penetro con fuerza, ella gimió de placer, levantó las piernas hasta ponerlas sobre sus hombros y continuó embistiéndola, los gemidos se confundían hasta que ambos llegaron a un perfecto orgasmo. Aitor entró al baño, se deshizo del preservativo y se ducho, cuando regresó a la cama a descansar ella ya estaba dormida de nuevo, se acostó a un lado y se entregó a los brazos de Morfeo.
Cuando Aitor despertó, la rubia estaba saliendo del baño perfectamente vestida – debo ir a casa a cambiarme, llegaré tarde a la reunión con mis padres. – dijo ella mientras buscaba algo bajo la cama – los encontré en el pasillo anoche – respondió él mostrando una tanga roja y sonriendo, ella se las arrebató y en un rápido movimiento él la jalo haciéndola caer sobre su cuerpo – nos vemos esta noche – dijo él besándola y liberándola del agarre, ella se puso su tanga, los zapatos y salió del apartamento.
Aitor llegó tarde a la empresa de su padre, se encerró en su oficina y se acostó a dormir en el sillón, se despertó por el sonido de su celular, su padre lo llamó para que subiera a su oficina, respiró profundo, se arregló la ropa y subió. – hola Aitor – saludo su padre después de dar autorización para su ingreso, él sabía que algo no estaba bien cuando no le llamó hijo. – hola papá – respondió al saludo. Hablé con tus suegros, dicen que Amanda aún no les comentó nada del compromiso. – comentó su padre. – aún no lo he preparado, no sé cómo hacerlo. Quisiera que fuera especial para ella, pero no sé cómo. – creo que esta noche si lo voy a hacer – dijo Aitor sonriendo. – ya no voy a dar más vueltas, lo que fue, fue y necesitamos fijar fecha. – dijo Aitor. Su padre sonrió y Aitor salió de la oficina.
Aitor se reunió con sus amigos a almorzar, les comento el plan para proponerle matrimonio a su novia esa tarde – te acompaño, no me lo quiero perder – dijo Charlie. – ¿estás seguro de lo que vas a hacer? Tú sabes que ella nunca me ha caído bien. – comentó Rui - ¿después de tres años aún sigues desconfiando de ella? - preguntó Aitor a su amigo – lo siento, pero no confío en ella. Deberías pensar un poco más las cosas. – sugirió Roi. – estoy seguro de esto y lo quiero hacer. Espero que seas feliz por mí. – pidió Aitor – sabes que sí. -respondió su amigo.
Aitor llegó temprano con Charlie a su apartamento donde ya sabía que estaría su novia, su lugar de parqueo estaba ocupado, por lo que debió dejarlo en otro sitio y solicitó al vigilante que solucionara aquel inconveniente; subieron a su apartamento e ingresó muy despacio, supo que algo no estaba bien cuando vio sobre la mesa de la sala una de sus corbatas y un vaso vacío, todos sabían lo ordenado que era él y jamás encontrarían en su apartamento un vaso fuera de su lugar y mucho menos una de sus preciadas corbatas mal ubicada; caminaron hacia la habitación y allí estaba ella, hacía el amor con Tomás, un supuesto amigo suyo, los ojos de Aitor estaban negros de la ira, Charlie tomó su celular y los grabó sin que lo notaran, Aitor no sabía cómo reaccionar, estaba temblando de ira, se conocía enojado y no era responsable de sus acciones, Charlie lo tomo por el brazo y salieron de prisa de allí en silencio, tenía la evidencia en sus manos de la traición de su novia así que debían pensar en una venganza.
Esa misma noche Aitor llegó al club después de despedirse de su amigo, Yaiza aún no había llegado, cuando llegó fue interceptada por aquel hombre que parecía ser el administrador, le dijo algo y de nuevo hizo un gesto de desagrado, Aitor dejó de verla para no tener que saludarla, no quería hablar con ella, no quería hablar con nadie, esta vez ella tenía una blusa blanca de mangas cortas, un short negro y su cabello estaba recogido con dos coletas, caían un par de mechones azules sobre su rostro. Toda la rutina fue igual, cuando llegó el chico de la barra Aitor le pidió un whisky, Yaiza se acercó a saludar en ese preciso momento – hola – saludo ella, - ¿Qué se supone que estas haciendo? – pregunto ella al ver el whisky que acababan de pasarle, en ese instante entró Charlie en dirección de Aitor, ella en un rápido movimiento toma el vaso y lo pone sobre una bandeja – ¡métete en tus asuntos! – grita Aitor intentando tomar de nuevo el vaso pero ella no se lo permitió, y lo miro de reojo, Charlie se acerca a él, Aitor mira intrigado a Yaiza frunciendo el ceño por la acción de ella <
Charlie sale del club y Aitor regresa a la barra, Yaiza está atendiendo una mesa y aprovecha para pedir otro whisky, busca a la joven con la mirada y la puede ver atendiendo una mesa, el cliente ha bajado la mano y roza la pierna de ella aparentando que fue un accidente, ella se aleja de él y ya ha borrado la sonrisa de su rostro - ¿eso pasa muy seguido aquí? – pregunta Aitor a Fernando, el hombre de la barra voltea en dirección de la mirada de Aitor - ¿a qué se refiere? – a que los clientes manoseen las meseras. - ¡Yaiza! – exclama Fernando preocupado – no falta el cliente que se quiera pasar de listo y crea que las meseras son prostitutas, voy a llamar a seguridad externa para... - no alcanzó a terminar la frase, Aitor se puso de pie y cuando caminaba hacia aquella mesa, pudo ver cómo aquel hombre apoyó su antebrazo en la rodilla y rozo los dedos en la pierna de ella, Yaiza lo golpeó en la cabeza con la bandeja que tenía en sus manos, Aitor abrió los ojos asombrado y corrió al ver aquel hombre ponerse de pie furioso, Aitor tomó a Yaiza por la cintura con su brazo izquierdo y la acercó a él cubriéndola con su cuerpo para protegerla de la posible reacción de aquel hombre y levantó su mano derecha mostrando la palma para intentar calmar a aquel sujeto; Cuando un hombre de seguridad externa llegó, Aitor pudo ver a la joven lo suficientemente cerca para ver un poco mejor su rostro - ¿cuántos años tienes? – interrogo él, viendo que a través del maquillaje ella era mucho menor de lo que aparentaba – 17 – respondió ella. – ven conmigo – ordeno él tomándola por la muñeca y llevándola hacia donde se encontraban los casilleros de los empleados – príncipe, ahora eres mi guardaespaldas personal – dijo ella con su habitual sonrisa – quédate aquí, ya regreso. – ordenó Aitor y salió del lugar; buscó un lugar para llamar a Charlie
- Charlie, ¿cómo es que tenemos una menor de edad trabajando en un club nocturno.? - Preguntó Aitor cuando escuchó la voz al otro lado de la línea.
- Hola, ¿de qué hablas? Ahhh. Te refieres a esta niñita. No te preocupes, sus papeles están en regla.
- A qué te refieres, es menor de edad, trabaja en un club nocturno donde se vende alcohol y me dices que sus papeles están en regla
- Si. Mira, es una menor adulta. Yo te lo voy a explicar de manera que lo entiendas ella está emancipada, lo que quiere decir qué tiene libertad puede tomar decisiones, puede trabajar, beber y hasta circular a altas horas de la noche. No tiene padres y estaba bajo la custodia de su abuela. Así que ella misma solicitó su emancipación cuando tenía 15 años para poder trabajar y ayudar a su abuela sin tener problemas legales. Además, fue muy recomendada por un conocido nuestro.
- ¿Quién podría recomendar a esta niña?
- El Señor Sandoval – respondió Charlie al otro lado de la línea, Aitor se quedó pensando en lo que había escuchado.
- La pondré en el restaurante.
- Ella escogió la zona del bar porque las propinas son mejores.
Aitor suspiró profundo y regresó a la zona de los casilleros y ya ella no se encontraba allí, intentó llegar a la barra y se sintió mareado, los tragos que había tomado estaban haciendo lo suyo. Regresó a la barra y pidió otro whisky, encendió su cigarrillo y la vio aparecer – fer, 2 tequilas para la mesa 8, 2 mojitos para la mesa 5 y 2 cervezas para la 3– pidió ella al hombre al otro lado de la barra. – príncipe, no deberías seguir bebiendo – sugirió ella – te dije que te metieras en tus asuntos – respondió él – pues mi familia y mis amigos son mis asuntos – respondió ella y levantó la bandeja con su pedido – ¡quién te dijo que soy tu amigo! – respondió él molesto mirándola a los ojos – auch – respondió ella borrando la sonrisa de su rostro y alejándose a llevar los pedidos, sobre la barra junto a él, había una pequeña nota con una flor dibujada junto a la firma "Gracias mi príncipe, eres mi 007 personal. Yaiza."
Aitor tomó su bebida sin respirar – ella es buena persona, no confía en todo el mundo, no a todos los trata como amigos. Téngale un poco de paciencia, seguro le va a caer bien. Yo la conozco hace poco y es muy simpática.
– le sugirió Fernando – ya le dije que no soy su amigo – manifestó Aitor, ya su voz se escuchaba un poco pesada por el alcohol; varias de las meseras se acercaban a la barra a hacer sus pedidos, de pronto descubrió un particular aroma que sentía cuando ella se acercaba – maracuyá – manifestó Aitor sonriendo, una de las meseras que se encontraba en la barra en ese momento lo miró con el rabillo del ojo, Aitor le rodó los ojos y ella levantó la ceja mirándolo con desprecio, Yaiza regresó a la barra y él estaba encendiendo otro cigarrillo, esta vez no dijo nada. – te dije que me esperaras en los casilleros, ¿Por qué no podías obedecer? – preguntó en tono de autoritario Aitor sin mirarla, tenía su mirada sobre su vaso de wiski. – porque no eres mi jefe, me dijiste que no eres mi amigo y estas tomado, además fumas y no confío en los que fuman – respondió ella – otros 2 tequilas para la 8 – solicitó ella a Fernando, Aitor se giró y la tomo por la muñeca para quedar frente a ella - hoy, encontré a mi novia, en mi apartamento, con el que supuestamente era nuestro amigo, en mi cama y descubrí porque desaparecían mis corbatas. – murmuro él con molestia, tomó por sin soltar la muñeca a Yaiza – lo peor es que no hice nada, no dije nada, los dejé que siguieran, salí de allí y aquí estoy. – continuó Aitor. Ella tomó la bandeja con su pedido – otro whisky para el príncipe y lo pones a mi cuenta – pidió ella a Fernando y se retiró – ¿que acaso cree que no pudo pagar mis propias bebidas o qué? – exclamo Aitor en voz alta y Fernando le pasó la bebida. – que conste que yo ya no quería más – dijo Aitor levantando su índice, tomo el vaso y se lo llevo a la boca, sacó un cigarrillo, volteó a ver a aquella joven y lo guardó de nuevo.
El club cerró, de nuevo Aitor vio a aquel hombre que parecía el administrador entrar al otro lado de la barra, se quiso levantar para salir, pero su peso lo hizo caer sentado de nuevo, Yaiza se acercó y cuando nadie los veía, lo ayudó a levantar y lo llevó a la zona de los casilleros, lo acostó en el suelo detrás de aquellos cajones y regresó al salón para terminar de acomodar las sillas y las mesas. Casi dos horas después, empezaron a salir del bar todos los empleados, ella empezó a despertarlo y él no reaccionó, se sentó en dirección de la cabeza, la levantó y la puso sobre sus piernas. Las luces se apagaron, ella se quedó dormida en esa incómoda posición.
Aitor despertó al escuchar su teléfono, pero no lo alcanzo a contestar, sintió la incomodidad en su cuello, buscó su teléfono y encendió la linterna para iluminar el lugar donde se encontraba, quiso ver sobre qué estaba acostado que le había maltratado su cuello y vio aquellas piernas, subió la luz y era ella. Cuando iluminó su rostro ella hizo un gesto de desagrado e inmediatamente él le apartó la luz – ¿qué haces aquí? – preguntó él en susurro – ¿qué hago aquí? – interrogo de nuevo Aitor. El celular sonó nuevamente y lo contestó.
- Hola
- Hola, ¿dónde estás? no me digas que volviste a tu apartamento – saludo Charlie
- Nooo... lo peor es que no sé dónde estoy, está muy oscuro – estamos en el club aún - escuchó la voz de Yaiza en la oscuridad - no te podía cargar para sacarte y no podía dejar que el jefe te viera así, entonces como pude te ayude a caminar tras los casilleros para mantenerte escondido aquí, pero te quedaste dormido y no pude dejarte sólo así no seas mi amigo. Y pues aquí estamos. Ahora creo que no podemos salir. – continuó explicando ella.
- ¿Con quién estás?
- Estoy encerrado en el club – respondió Aitor
- En veinte minutos llega el administrador, no dejes que te vea en ese estado que me imagino que estas.
- ¿Qué hora es?
- Las 5:30
Terminó la llamada. – ¿que hice anoche? – preguntó Aitor – nada, tomaste como loco y fumaste como una chimenea... así no seamos amigos ¿lo puedo tutear? – pregunto ella – ¿porque no podemos ser amigos, acaso te tendrías que acostar conmigo para eso? – preguntó Aitor con una pícara sonrisa de lado que por la oscuridad ella no pudo ver - no, supongo que esa debe ser tu regala y por eso me dijiste que no somos amigos – respondió ella en la oscuridad – uuoo ¡yo dije eso! – comentó Aitor asombrado – sí y también me contaste que tu novia te engaño en tu apartamento, en tu cama y regaló tus corbatas – las luces se encendieron, ambos arrugaron el ceño por el fastidio de la luz. – llegó el administrador – dijo Aitor, ella se puso demasiado nerviosa. – no te preocupes, saldremos con cuidado para que no nos descubra. – explico él acercándose a la puerta, se escabulleron hacia la salida - ¿sabes que el único lugar donde no hay cámaras es en el salón de los casilleros y en los baños verdad? - preguntó Aitor – creo que estaremos en problemas – respondió ella. – no te preocupes, el administrador no tiene acceso, sólo algunos de seguridad y los dueños. – explico él – genial, seremos despedidos – respondió ella con una risa fingida. – te llevo a desayunar, tengo que compensarte lo de anoche – indicó Aitor abriendo la puerta del copiloto de un BMW deportivo negro. – definitivamente tu debes ser el 007 – dijo ella viendo aquel auto, él soltó una risa sonora y subió al lugar del conductor – debo ir a casa, mi abuela debe estar preocupada. – pidió ella. – debo compensarte. De verdad, siento lo que dije anoche, no recuerdo nada y tengo mucho dolor de cabeza – dijo Aitor presionando con sus dedos su entrecejo - pues me parece que anoche dijiste algo de dejarme el carro que tenías fuera, creo que te referías a éste – bromeo ella y él se carcajeo fuerte – Buen intento, pero este bebé nadie lo toca. – respondió él. – entonces ¿si somos amigos? – pregunto ella. Él la miró y asintió. - ¿qué vas a hacer con tu novia? – preguntó Yaiza, él apretó el volante y puso la cabeza hacia atrás – debí haberlos reventado en ese mismo instante. ¿Supongo que sabes lo que duele que te rompan el corazón? – preguntó él - ¿es igual a los cólicos menstruales? – él abrió la boca como intentando decidir algo y entre cerrando los ojos – no lo sé, no me dan cólicos, no lo creo – contestó pausadamente él – entonces si no es igual a los cólicos, no, no sé cuánto duele que te rompan el corazón – él sonrió. – deberías conseguirte una novia, demostrarle que lo sabes y que no te afectó porque ya tenías a alguien más. Que sólo estabas buscando la manera de terminar con ella. Listo. No le demuestres que te duele. – aconsejó ella. Él respiró profundo – que le digo a mis padres. Tampoco quiero hablar mal de ella. – se escuchó preocupado – tú no estás hablando mal de ella, ella sola lo está haciendo. Pero pues puedes hacer lo mismo, presentarles a tu nueva novia. Voltea por aquí por favor. – Aitor obedeció y se quedó pensando en lo que ella le había aconsejado. Ella buscó en su bolso algo, sacó un marcador permanente, retiro la tapa con sus dientes y en el semáforo tomó la mano de él y apuntó su número. – si quieres hablar aquí me ubicas dijo ella y sonrió guiñándole un ojo. – déjame en esta esquina para que no tengas que voltear más. – pidió ella. – no, te dejo frente a tu casa, no quiero cargos de conciencia si en cinco pasos te fracturas un pie. – ella sonrió - entonces voltea aquí – dijo ella indicando con su dedo.
Después de conducir por cuatro cuadras más en una angosta calle, llegaron a una casa verde con ventanas amarillas – aquí – dijo ella mostrando aquella casa de dos pisos – déjame adivinar quien escogió el color – expresó Aitor mirando aquella casa. – yo – respondió ella con su habitual sonrisa - y también la pinté yo misma. Si necesitas alguien que pinte tu casa me llamas – dijo ella antes de bajar y le guiño el ojo – pero yo escojo los colores – ella sonrió fuerte – ¿no te gusta el verde? Con azul también quedaría genial – dijo ella, él sonrió y levantó su mano para despedirse.