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EL SECRETO DEL ALFA. Doble vida con la humana curvy

EL SECRETO DEL ALFA. Doble vida con la humana curvy

Autor: : Nieves Gómez
Género: Romance
Selina es una mujer curvy que ha aprendido a sobrevivir en un mundo que la subestima. Su vida da un giro inesperado cuando Ares, un hombre frío, autoritario... y con un aura imposible de ignorar, entra en su mundo. Lo que empieza como una atracción peligrosa pronto se convierte en un vínculo que ninguno de los dos puede dejar atrás. Entre secretos, tensión y pasión, Selina descubrirá que algunas conexiones están destinadas, aunque rompan todas las reglas conocidas. Él es el Alfa de una manada que odia a los humanos. Ella es una humana curvy que desconoce la existencia de lo sobrenatural. Sus mundos colisionan cuando el destino se encapricha en unir lo que parece imposible.

Capítulo 1 Despedida

- ¡Estúpida! - Resonó el grito de Magnus King.

El importante CEO de las empresas King, se levantó de golpe, sofocado, al tiempo que soltó un manotazo sobre el escritorio.

Selina, la asistente, se estremeció, bajando la cabeza.

- ¡Cuántas veces voy a tener que soportar tus idioteces! ¡¿Eh?! ¡Te pedí un informe completo y detallado y tú me traes, esta basura llena de errores!

Magnus lanzó la carpeta, golpeándola contra el pecho de su asistente, quien solo gimió, aguantando el nudo en la garganta, ella se agachó para recoger la carpeta y el reguero de papeles.

- ¡Estoy harto de tu negligencia! ¡Todos en esta empresa son unos idiotas! ¡Si no fuera por mí, todos los que trabajan aquí estarían comiendo basura...! ¡Cuerda de inútiles! - Escupió Magnus, exasperado, sintiendo como repentinamente perdía el aliento por un instante.

- Yo... Lo lamento mucho, señor King... - Balbuceó Selina, nerviosa. - Lo arreglaré de inmediato, no volverá a suceder, se lo prometo...

- ¡Idiota! - Gruñó Magnus, sosteniéndose del borde del escritorio, con ambas manos temblorosas. - ¡Más te vale que lo arregles...! O si no... ¡Estarás despedida! ¡Ya no te toleraré más!

- Señor... - Gimió Selina, con el corazón temeroso, abrazando la carpeta. - Por favor...

- ¡A mí no me vengas con tus estúpidas súplicas, ni con lloriqueos, sabes que los odio, muestra lo débil que eres, das lástima...! ¡Vas a trabajar todo el maldito día, sin pausas, si es necesario, y vas a tener esta mierda arreglada esta misma tarde si no quieres perder el trabajo! ¡Mira que ya me tienes harto con tu estupidez y negligencia! - Amenazó Magnus, con autoridad, soltando un manotazo más. Selina solo pudo asentir, hipando. - ¡Ahora vete! ¡Largo de mi oficina! ¡No quiero ver tu gordo trasero! - Concluyó lanzando una porta lápices contra la pared que pasó peligrosamente a un lado de Selina, quien se sobresaltó al escuchar el golpe.

- Si... Sí, señor...

Selina salió a la carrera de esa oficina, su propio infierno personal.

Pero, ¿qué más podía hacer ella cuando no había logrado conseguir otro trabajo? No podía morirse de hambre, ¿no es así? Ya ella había intentado trasladarse a otro departamento en la empresa, pero nadie era tan estúpido como para aceptar el puesto de asistente de presidencia y tener que soportar al viejo Magnus.

Un anciano amargado, frío, grosero y prepotente, que se cree superior a los demás, con el derecho de humillar a cualquier alma que se le atravesara en el camino solo por ser el presidente de una empresa y tener dinero.

¿Encontrar trabajo en otra empresa? Parecía una travesía todavía más imposible cuando la economía se encontraba en recesión y las empresas eran cada vez más exigentes con sus nuevos empleados.

Graduados, bilingües, con diferentes cursos, máster y llenos de muchas cualidades, además ahora las empresas querían asistentes con excelente presencia, es decir, mujeres que parecían modelos, mientras que Selina era una simple chica regordeta con algunos cursillos.

Solo porque nadie quería trabajar con el señor King, fue que ella consiguió esta oportunidad de trabajo en un puesto bien pagado.

Ya ella había intentado irse para otras empresas y había sido rechazada en muchas oportunidades.

Y Selina no podía darse el lujo de perder este trabajo, cuando tenía tantas responsabilidades que atender.

Selina volvió a tomar asiento en su lugar, en su pequeño escritorio acomodado afuera de la oficina, a un costado de la entrada de presidencia, ella levantó el rostro e inhaló profundo contando hasta diez para intentar calmar sus nervios.

- No sé cómo soportas al viejo Magnus... - Susurró Mabel, una compañera del trabajo, que pasaba por el lugar para entregar unos informes y escuchó todos los gritos.

- No es tan malo... Todo el tiempo. - Selina exhaló, botando todo el aire de sus pulmones. - No tengo otra opción, ¿No? Mi mamá ha empeorado su salud y mi hermanita... No puedo permitir que ella abandone la universidad y termine como yo... - Susurró Selina, acomodando las carpetas sobre el escritorio, en un esfuerzo por simular que no había ocurrido nada. - Ellas dependen de mí.

- Ay, Selina... - Mabel la miró con lástima. - De verdad espero que valga la pena todo el esfuerzo que haces...

Durante todo el resto del día, Selina se dedicó a revisar y verificar cifra por cifra el dichoso informe, al mismo tiempo que atendía las necesidades del señor Magnus, un café, recordarle de una reunión, recibir los informes de otras áreas para entregárselos.

El cansancio era brutal, la espalda y las rodillas dolían cada vez más, no solo por el sobrepeso, sino por andar en tacones todo el día, caminando por todo el edificio para ocuparse de todo, pues al señor Magnus no le gustaba ser molestado al menos que fuera realmente necesario.

- Hay que ver qué tienes fuerza de voluntad... Y fuerza en esos kilos de más. - Vanessa, una asistente de otro departamento, se atravesó en el camino de Selina justo cuando ella volvía con un montón de carpetas en los brazos.

- Se llama trabajo, deberías intentarlo en vez de andar chismeando en lo que hacen los demás... - Replicó Selina, arrugando el entrecejo, para luego intentar rodear a Vanessa y seguir su camino, las personas alrededor sonrieron ante la respuesta de Selina.

¿Qué se creía esa gorda inútil? Pensó Vanessa al sentirse el centro de burlas de parte de sus compañeros, todo por culpa de esa gorda que ni siquiera debía trabajar en ese prestigioso lugar y solo arruinaba la presentación de la empresa.

Con ese veneno en su mente, Vanessa actuó casi instintivamente y de un rápido movimiento manoteo las carpetas que Selina llevaba en las manos, tirándolas todas, creando una reguera en el pasillo.

Selina se quedó pasmada.

- ¿Ves? Un trabajo que tú no necesitas y por eso lo haces mal... Deberían botarte, es preferible que aguantes el hambre... - Murmuró Vanessa cruzándose de brazos al tiempo que se inflaba frente a todos. - Bien que te hace falta la dieta...

Vanessa sonrió con cierta malicia, alejándose para dejar a Selina congelada, no era solo los insultos del señor Magnus King los que tenía que aguantar, sino también los menosprecios de muchos compañeros que se burlaban de ella.

Conteniendo las lágrimas, llena de rabia e impotencia y sintiéndose humillada, Selina se agachó llenándose de toda la dignidad que podía, ante la mirada de todos, para recoger los papeles.

Nadie se movió para ayudarla, nadie dijo nada, ella era solo una sombra frente a todos.

- ¡Selina! - Ella escuchó el grito del señor King, cuando ya volvía a su escritorio, así que dejó las carpetas en un rincón y entró apresurada en la oficina.

- ¡Sí, señor!

- ¡¿Dónde estabas, maldición!? ¡Llevo horas llamándote! - Se quejó Magnus, con su usual expresión severa mientras caminaba por la oficina.

- Señor, lo siento, yo estaba trayendo unos registros cuando...

- ¡Cállate! ¡No me interesan tus excusas! - La interrumpió Magnus, acercándose erguido, con ese aire imponente que hacía a Selina estremecer de miedo. - ¡Ya está por terminar la tarde! ¡¿Arreglaste el informe?! ¡Tráelo inmediatamente!

Selina se tensó de inmediato, aún no lo había terminado y el tiempo que le tomó recoger los papeles de los registros que tenía que revisar, la había atrasado muchísimo.

- Señor, yo... - Musitó Selina, nerviosa, cerrando los ojos con fuerza mientras se tomaba un minuto de Silencio para llenarse de valor y aguantar los gritos que le esperaban, rogando mentalmente por qué no la despidieran.

- ¡¿Qué!? ¡Habla de una maldita vez!

- Lo siento, aún no lo he terminado, pero si usted me da unos minutos más, yo puedo... - Intento explicar Selina rápidamente, notando como el viejo Magnus se ponía rojo de la rabia, al tiempo que las venas le brotaban en la frente.

- ¡¿Qué?! ¡Eres una inútil! ¡¿Cómo es posible que no hayas hecho nada!? ¡No puedes hacer una maldita cosa bien! ¡Me tienes harto! - Comenzó a gritar Magnus a todo pulmón, como no había gritado nunca antes, soltando muchos improperios. - ¡ESTÁS DESPEDIDA!

Concluyó, cuando repentinamente el hombre anciano se tensó, quedándose tieso, como si le faltara el aire, y un momento después, su rostro se deformó con una mueca de dolor.

- Agr... - Se quejó Magnus, agarrándose un brazo con fuerza.

- ¡Señor! ¡Señor! ¡¿Qué le sucede?! ¡¿Puedo ayudarlo?! - Selina intentó acercarse, pero se cohibió de tocarle.

Esa era una de las reglas más importantes de su jefe, nada de contacto físico, nadie debía tocarlo, y entonces, se escuchó el estruendo de un fuerte golpe.

El imponente cuerpo del anciano, cayó tendido de largo a largo en medio de la oficina.

- ¡Señor! - Gritó Selina aterrada. - ¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme!

Ella salió corriendo mientras gritaba desesperadamente, su corazón latía acelerado.

Por culpa de ella, el señor Magnus, ¿Había muerto?

Capítulo 2 Mía

Tres días habían pasado desde la repentina muerte del gran señor Magnus King.

En el edificio entero de las empresas King se respiraba un aire miedo, todos los empleados andaban en zozobra cada vez que se pronunciaba el nombre del nuevo presidente.

Ares King.

El hijo mayor de Magnus, un hombre sumamente reservado que nunca aparecía en los eventos sociales de la empresa.

Algunos lo describían como un genio en los negocios, otros, como un hombre amargado, con un carácter de hielo, tal como su padre, incapaz de sentir, pero nadie lo conocía realmente, nadie lo había visto jamás, todos eran puros rumores.

Selina apenas había dormido los últimos días, ella aún veía en pesadillas el cuerpo del anciano Magnus desplomarse frente a ella, la culpa la atormentaba.

Aunque el viejo Magnus hubiera sido cruel con ella, lo último que Selina hubiera querido era verlo morir de esa forma y por su culpa.

Pero ahora, con la llegada del nuevo presidente, lo que más la aterraba a Selina era la gran posibilidad de perder su empleo.

Desde que se anunció la llegada del nuevo presidente, todos hablaban de una reestructuración, "El nuevo jefe traerá a su propio equipo", decían algunos; "El nuevo presidente despedirá a la mitad de los empleados", murmuraban otros.

Y Selina sabía que, siendo la torpe asistente del antiguo presidente, su destino estaba sellado.

A las nueve en punto, un lujoso auto se detuvo en la entrada principal de la empresa, reporteros esperaban a los costados de un camino acordonado, el chófer abrió la puerta de atrás y el nuevo presidente hizo acto de presencia.

El silencio se hizo total, todos contuvieron el aliento ante la presencia del hombre que se bajó, el nuevo jefe, Ares King.

Un hombre alto, de traje negro perfectamente entallado, camisa blanca y una presencia tan imponente que bastó para llenar el lugar.

- ¡Cielos! ¿Viste lo atractivo que es? - Comentó Vanessa a otra compañera que parecía absorta.

Ares, camino en dirección a la empresa, los reporteros intentaban hacerle preguntas, tomaban fotos, él ni se inmutó en voltear.

Selina esperaba en su puesto usual tras el pequeño escritorio acomodado junto a la puerta de presidencia, nerviosa, con un nudo en la garganta.

¿Qué era lo que le esperaba? ¿Qué sería de ella si la despedían? ¿Y de su madre, y su hermana? Seguro su nuevo jefe, el hijo de Magnus la odiaría por hacer enfurecer a su padre hasta causarle un infarto.

Seguro que la insultaría y la correría apenas la viera, sopesaba Selina mientras se estrechaba sus manos entrelazadas al frente, con ansiedad.

El sonido metálico del ascensor presidencial la hizo tensarse, el nuevo jefe había llegado, ella se irguió al tiempo que tragaba grueso.

De las puertas de acero emergió Ares, su paso era firme, el mentón elevado, y sus ojos grises, profundos, con un brillo oscuro, se fijaron en ella y en ese instante, el tiempo se detuvo.

Selina sintió un escalofrío recorrerla, el aire se le atoró en los pulmones, ella nunca en su vida había visto a un hombre así, tan imponente, tan grande, tan perfecto.

Ares se mantuvo por un momento en el mismo lugar, tenso ante la presencia de Selina, ¿Será por lo del infarto de su padre que la miraba así? Seguro que él la odiaba, concluyó ella en sus pensamientos.

Ares se mantenía serio, su expresión era fría, severa, tensa, con un aire salvaje, como si estuviera pensando en atacarle, en insultarla o gritarle, había algo en él que pareciera que no pertenecía a este mundo.

Selina intentó bajar la mirada por un segundo, por uno solo, sus mejillas se ruborizaron al sentir algo hipnótico y atrayente en ese hombre, como un imán.

...

Las puertas del ascensor no se habían abierto cuando Ares sintió el golpe de un aroma, era leve, pero penetrante, una mezcla dulce que despertó a su lobo interior con un rugido sordo, "¡Mía!", gritó en su interior.

¿Cómo era posible? ¿Había encontrado su pareja destinada? Eso no podía ser, eso era imposible, estaban en el mundo de los humanos, encontrar a su pareja destinada aquí solo podía significar que ella era...

El ascensor llegó, las puertas se abrieron, él dio un paso ansioso por encontrar la procedencia de ese dulce aroma, cuando sus ojos se encontraron con los de una mujer, provocando un impulso instintivo que lo atravesó.

¿Una humana? Sopesó Ares, al tiempo que su lobo gritaba "¡Tómala, tómala ahora, es mía, es nuestra!", con una necesidad de acercarse, tocarla, olerla mejor, el alfa dentro de Ares gruñó, desconcertado.

¿Ella era una humana? El cuerpo de Ares reaccionó de una forma inexplicable, el pulso se le aceleró, el pecho se le apretó y sintió una corriente eléctrica recorrerle la piel.

Ares apartó la mirada con rapidez, endureciendo su expresión, su cuerpo se tensó, él no podía permitirse perder el control, y menos delante de los humanos.

Su lobo luchaba y rasguñaba en su interior, luchando por emerger, mientras que la mente de Ares luchaba por contenerlo.

Las puertas del ascensor de personal se abrieron, dando paso al resto de empleados lamebotas que lo seguían, lo que significó un gran alivio.

- Reúnan a todo el personal ejecutivo. - Ordenó Ares con una voz llena de autoridad. - Quiero un informe de cada área y una lista del personal activo antes del mediodía.

La gerente de recursos humanos asintió temblorosa, pues nadie se atrevía a responderle y mucho menos contradecirlo, Ares se dirigió hacia su nueva oficina.

- Señor, mucho gusto, soy su nueva asistente, Selina... ¿Hay algo en lo que le pueda ayudar? - Selina se atravesó en su camino, justo en la puerta, nerviosa, pero dispuesta a demostrar que quería conservar su empleo.

Ares se tensó frente a ella, incapaz siquiera de bajar el rostro para mirarla, mientras que su lobo le llenaba la cabeza de estruendosos aullidos.

¿Ella era su asistente? ¿Él tendría que trabajar con ella? Imposible, jamás podría soportarlo.

- También quiero una lista de las asistentes más sobresalientes de la empresa, haré varios cambios. - Volvió a ordenar Ares a la gerente, ignorando por completo a Selina, quien sintió una daga atravesándole el interior.

Eso significaba, ¿Qué ella estaba despedida? Antes de que Selina pudiera apartarse, una voz resaltó en el pasillo.

- ¡Señor! Si me disculpa... - Vanessa levantó la mano, dando un paso al frente. - Si necesita una nueva asistente, yo soy una de las más eficientes de la empresa, puede comprobarlo cuando vea mi expediente... Me ofrezco como voluntaria, le aseguro que haremos un excelente equipo.

Sonrió Vanessa con coquetería, a lo que Ares asintió. Selina se quitó del camino del nuevo presidente, con la mirada baja, sabiendo que ya todo estaba dicho, había perdido, se había quedado sin empleo.

Ares avanzó y ni una sola mirada le dio a Selina, "¡¿Qué haces?! ¡No la vez! ¡Tómala!", seguía gruñendo su lobo.

- Bueno, ya escuchaste, gorda... Ve a recoger tus cosas, que en esta empresa no se tolera la incompetencia... - Murmuró Vanessa, lo bastante alto para que todos la escucharan. - Mucho menos a la inepta que prácticamente asesinó al señor Magnus con sus errores.

Vanessa solo quería lucirse frente a ese hombre poderoso, rico y superatractivo, un hombre al que, con el tiempo, ella podría acercarse y quién sabe, algo podría pasar.

Selina bajó la cabeza, con el rostro ardiendo y los puños cerrados, volviéndose a su escritorio para recoger sus cosas, mientras que las risas ahogadas de los presentes resonaron en el pasillo.

Él lo podía sentir, un hueco profundo en su pecho, esa mujer, la que él ahora deseaba más que nada en el mundo, su pareja destinada, estaba siendo humillada, estaba siendo burlada.

Ares se giró lentamente hacia el grupo, con su mirada afilada como un cuchillo y se detuvo frente a Vanessa.

- ¿Cómo es tu nombre? -Preguntó Ares en un tono tan bajo que sonó como un gruñido.

- Va... Vanessa, señor. - Tartamudeo ella, sintiendo el peso imponente del aura enojada de Ares.

- Perfecto, señorita Vanessa... Está despedida.

El silencio cayó como un golpe seco, todos quedaron atónitos, Selina abrió los ojos de par en par, incrédula a lo que acababa de suceder.

- Se... Señor, yo solo...

- No repito mis órdenes... - Ares interrumpió a Vanessa, hablando con autoridad. - En esta empresa no se tolera la falta de respeto.

Vanessa palideció, quedándose muda, al tiempo que Ares se giró hacia los demás empleados, y su voz volvió a retumbar.

- ¡Que esto sirva de ejemplo! De ahora en adelante, en esta empresa, el respeto no es opcional. - Voceo Ares, con fuerza.

Selina se quedó inmóvil, sin entender del todo lo que acababa de pasar, ese hombre... ¿La había defendido? Nadie, nunca jamás, lo había hecho.

Cuando todos se dispersaron, Ares cruzó la puerta hacia su oficina y todavía confundida con lo que acaba de ocurrir, Selina lo siguió.

Quizás él no lo había hecho a propósito, pero igual ella sentía que tenía que agradecerle.

- ¡Señor! - Selina llamó la atención de Ares, cuando ya él se acercaba a su escritorio.

Ares se detuvo en seco, sin girarse, esto era demasiado peligroso, ellos dos estaban solos, juntos, en esa oficina.

- Con respecto a lo que dijo allá afuera, muchas gracias... Por defenderme... - Selina se trabó un poco, nerviosa y fue entonces cuando él se giró y caminó lentamente hacia ella, acercándose. - Eh... Eh... Sé... Sé que no lo hizo por mí... Pero... Yo... Igual quería...

Ares se detuvo, demasiado cerca, Selina contuvo el aire, él inclinó la cabeza apenas un poco, como si la examinara y entonces, su nariz rozó el aire cerca del cuello de Selina, aspirando con discreción.

El aroma de ella volvió a golpearlo, esta vez con más fuerza y su lobo rugió dentro de su mente. "¿De verdad es humana? ¿Por qué huele así? ¡Es exquisita! ¡Tómala! ¡Tómala! ¡La necesito! ¡La necesitamos!"

El roce de la respiración de Ares se sintió tenuemente en el cuello de Selina, quién se había quedado estática ante el acercamiento de su jefe.

Selina sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y por un instante, creyó que su corazón iba a salirse del pecho, la cercanía era sofocante, el calor del cuerpo de Ares la envolvía, el roce casi imperceptible de su aliento en la piel de ella, la desarmó por completo.

Ares separó el rostro lentamente, obligándose a sí mismo a alejarse de ella, mientras endurecía su rostro y todos los músculos le dolían, su lobo gemía aturdido, era su pareja destinada, la tenía tan cerca y no la tomaba, no podía hacerlo.

- Tráigame el informe actualizado en una hora... - Ordenó Ares a Selina, dándose de nuevo la media vuelta para dirigirse a su lugar tras el escritorio.

Con las manos temblorosas, Selina salió apresurada de la oficina y apenas la puerta se cerró, ella se dejó caer sobre la silla con la respiración agitada.

¿Qué había sido eso? No era miedo, era como una descarga de adrenalina que la recorría.

...

Finalmente, lo había logrado, la jornada había terminado y Ares había logrado contener todos sus instintos, ¿Pero cuánto tiempo más lo podría soportar?

Cuando el día de trabajo terminó, el auto negro de Ares abandonó la ciudad rumbo a las montañas del norte, en dónde la calle se fue volviendo cada vez más boscosa, y se fue abriendo paso a un nuevo camino de tierra escondido entre los árboles del bosque, hasta que los faros iluminaron una enorme verja de hierro.

Del otro lado, la manada lo esperaba.

El chófer se estacionó y Ares bajó del auto sin decir palabra, él inhaló profundo, el aire olía distinto, más puro, más salvaje, pero aún había un rastro humano, el leve aroma de esa mujer que no lograba sacarse de la mente.

Una figura femenina salió de la casa a su encuentro, Freya, su madre y la Luna de la manada, una mujer elegante y severa.

- Llegas tarde, hijo...

Lo saludó al tiempo que se acercaba a Ares para ayudarle a quitarse la chaqueta del traje, cuando repentinamente, frunció el ceño

- ¡Qué asqueroso! ¿Qué es ese olor? - Se quejó Freya, mientras que sostenía la chaqueta con la punta de los dedos, con asco. Ares se tensó.

- Nada... Los humanos.

- Ares, sigue las reglas de tu padre, no te acerques tanto a los humanos y mucho menos permitas que te toquen... - Freya tiró la chaqueta en un bote de basura mientras hacía un gesto de repulsión. -Son una cuerda de incompetentes que solo traen problemas y estrés, o si no, mira como terminó tu padre por su culpa...

- Ya lo sé... - Gruñó Ares intentando ignorarla, aunque aún todo su cuerpo temblaba. - Solo fue un día en la empresa, madre, nada más... Tendré más cuidado.

- Iu, me revuelve el estómago... - Soltó Freya con desagrado al tiempo que sacudía su mano. - Cuídate de esos humanos, Ares... Esos seres, aunque son inferiores a nosotros, son capaces de contaminar todo, incluso, hasta el alma más fuerte.

Ares no respondió, mientras que dentro de él, su lobo rugía ansioso por escapar, "¡No! ¡Ella es mi humana! ¡Mía!"

Capítulo 3 ¿Tienes miedo

Se suponía que sería un día como cualquier otro, con la misma rutina agotadora que Selina ya conocía demasiado bien, con el murmullo de la oficina, los pasos apresurados de los empleados, el tintinear de teclados y teléfonos.

Sin embargo, había algo distinto en el aire, una tensión que la hacía sentir como si cada mirada se clavara en ella y no era cualquier mirada, era la de Ares King, el nuevo presidente, su jefe, quien se suponía sería su nuevo tormento, pero se había convertido en la presencia más magnética que Selina hubiera sentido jamás.

Selina sentía algo extraño, cada vez que ella levantaba la mirada, sus ojos se cruzaban con los de Ares.

Un calor le recorrió el pecho haciéndole contener el aliento, ¿Será que se lo estaba imaginando? ¿Por qué sentía que ese hombre no dejaba de mirarla?

Ares estaba en su oficina, observándola desde atrás de su escritorio mientras que ella le servía un café, cada movimiento de Selina era registrado con precisión, como si él intentara memorizar hasta el más mínimo gesto.

Él la observaba, él la miraba, él la detallaba, cómo ella se ajustaba el cabello, cómo respiraba mientras recogía papeles, cómo fruncía el ceño al concentrarse, cada detalle valía oro.

Selina colocó la taza de humeante café sobre el escritorio y salió de la oficina apresurada, sintiéndose vigilada, era el segundo día de Ares King como presidente y Selina podía sentir una extraña tensión cada vez que se acercaba a su jefe.

Él la vio alejarse hacia su escritorio y desde su lugar, intentó concentrarse en el trabajo, mantener una distancia prudente, mientras que por dentro, luchaba con su lobo, quien rugía, reclamando lo que ya sentía como suyo.

"Control, Ares... Humanos... Aquí hay humanos... Ella es una humana... No sé puede...", se repetía en la mente mientras un escalofrío le recorrió la espalda al percibir como el aroma de Selina, dulce, embriagador, imposible de ignorar, se movía.

Allá afuera, ella se salía de su escritorio, ¿Para dónde iba? «¡Maldición! ¡Contrólate Ares! ¡Deja de pensar en ella!», se regañó mentalmente.

Selina se dirigía hacia la oficina de recursos humanos para buscar un archivo cuando un ruido llamó su atención, un golpe sordo, ella levantó la vista y se encontró con Vanessa, la asistente que había sido despedida el día anterior, había recogido sus pertenencias y tiró la caja, con una expresión de veneno puro en el rostro.

Sus ojos se cruzaron por un instante, y Vanessa dejó escapar una sonrisa gélida, Selina intentó ignorarla, cuando escuchó el sonido de los tacones acercarse.

- Te haré pagar por lo que me quitaste, maldita gorda entrometida. - Susurró Vanessa, apenas audible, pero lo suficiente para que Selina lo escuchara, pasándole, por un lado, al tiempo que la tropezaba con el hombro.

Vanessa avanzó, alejándose rápidamente, sin darle tiempo a Selina siquiera de responder.

Al momento llegó la asistente de recursos humanos, entregándole la carpeta a Selina que esperaba.

Selina la tomó, contuvo la respiración y bajó la mirada, apretando los labios, alejándose también rápidamente, queriendo volver de inmediato a su lugar de trabajo, allí se sentía observaba, pero por algún motivo se sentía más segura.

- Oye... Me contaron que el nuevo jefe te defendió ayer... - Un mensajero conocido se tropezó con Selina en el pasillo. - ¡Sí que tendrás suerte! Seguro que al tipo ese le gustan las de culos grandes...

- ¡Basta! - Se escuchó un grito.

Antes de que Selina pudiera reaccionar, la voz de Ares había resonado, firme, llenando cada rincón de la oficina y todos los ojos se volvieron hacia él.

Su expresión era implacable, el aire alrededor suyo cargado de amenaza contenida, el mensajero se puso rígido.

- No se tolera este comportamiento en mi empresa. - Gruñó Ares frente al muchacho, al tiempo que apretaba los puños a los costados. - Sal inmediatamente.

El mensajero, atónito, sintiéndose diminuto frente a la imponente y enorme figura de Ares, palideció y obedeció sin protestar, ¿Qué hacía el presidente en un pasillo de las oficinas de personal?

Selina apenas podía creerlo, su corazón latía con fuerza, sintiendo una mezcla de alivio y confusión, Ares no la había mirado directamente, pero su protección era clara, innegable, una vez más, la había ayudado.

- Vamos... Volvamos a la oficina. - Gruñó Ares girándose hacia el ascensor de presidencia, ella asintió, siguiéndole los pasos con rapidez.

Ella intentó usar el ascensor del personal, nadie, nunca en la historia, que Selina supiera, había usado el ascensor de presidencia, excepto por el presidente.

- ¿Qué haces? - Gruñó Ares al verla dirigirse al otro ascensor, mientras él le sostenía la puerta del de presidencia. - Ven aquí.

- Gracias... - Con algo de nervios y dudas, Selina entró en el ascensor junto a Ares y las puertas se cerraron.

El ambiente era silencioso, apenas roto por el zumbido del motor y entonces un ruido extraño resonó, provocando que se detuviera el ascensor.

- ¿Qué...? ¿Qué está pasando? - Balbuceó Selina, nerviosa, mirando para todos lados.

- ¿Tienes miedo? - Murmuró Ares, sin siquiera voltear a verla, sabiendo que esta era una situación muy peligrosa.

- Yo... Yo solo estoy... - Gimió ella, apretando la carpeta contra su pecho, el lobo de Ares gruñó con fuerza en su mente "¡Nos necesita!".

Ares se giró, quedando frente a ella, Selina se pegó a la pared, impresionada.

- Tranquila, todo estará bien... - Murmuró él con voz baja y controlada, al tiempo que se acercaba.

Selina tragó grueso, tratando de ocultar su nerviosismo, ella temblaba, no por miedo, sino por una especie de excitación que la confundía, como una descarga de adrenalina.

Ares notó el estremecimiento en Selina, ¿Ella tenía tanto miedo? Por instinto, él se aproximó más, quedando a escasos centímetros.

Selina sintió el calor de Ares, el aroma penetrante y robusto que emitía, como ligado entre madera, bosque y algo primitivo.

Ares bajó su rostro, acercándose peligrosamente, su lobo rugía en su mente, saltando satisfecho, exigiendo acción y cuando los labios de Ares se abrieron sobre la piel de ella y Selina sintió el calor del aliento de él sobre su piel, el ascensor volvió a moverse.

Él se obligó a retroceder apenas un paso, controlando su respiración al tiempo que endureció su rostro, mientras que luchaba desesperadamente contra su impulso instintivo, inclinarse, marcarla y reclamarla.

Las puertas del ascensor se abrieron en el piso de presidencia.

- Bien... - Soltó Ares, seco. - Parece que ya está todo arreglado, siga con su trabajo. - Y se dirigió a su oficina sin voltear, dejando a Selina, con su corazón agitado.

...

La jornada laboral había terminado, Ares se retiró de regreso hacia la manada, esta vez no llevó chófer, era demasiado riesgoso; y en el asiento trasero, había un segundo traje que se cambió en el camino, por lo que, terminó lanzando en un basurero el traje que aún tenía impregnado el olor de ella.

Su cuerpo estaba en tensión constante, su mente batallando con el deseo de volver a verla y el deber de mantener el control, ¿Cuánto tiempo más él podría soportar esto? No podía alejarse de ella, no quería, pero al mismo tiempo, él tampoco podía estar cerca de ella.

Ares necesitaba tomar aire, necesitaba concentrarse y pensar bien las cosas, cuál era su siguiente paso.

A mitad de la noche, Ares se encontraba corriendo entre los árboles, en medio del bosque que rodeaba a la manada, había tomado su forma de lobo y era refrescante, poder sentir la tierra húmeda entre sus patas, el aire fresco golpeando su cara, el brillo de la luna iluminándolo todo.

Se suponía que este momento le permitiría refrescar su mente y sus ideas, cuando escuchó una voz en su cabeza que lo interrumpió.

- ¡Ey, Ares, hace un par de días que no te veía por aquí! - Era Leo, su beta y mejor amigo, quien ahora también corría a su lado por el bosque, en su forma de lobo. - ¿Ha estado muy difícil el trabajo en la empresa?

- No, todo está bien... - Contestó Ares mentalmente, casual, sin dejar de correr.

- Pero algo te preocupa, hermano, puedo sentirlo... - Dijo Leo en la mente de Ares. - ¿Es por los humanos? ¿Qué tal son? Tengo curiosidad... ¿Te causan problemas?

Leo siempre fue un lobo bastante franco, cualquier lobo hubiera visto mal que uno de ellos preguntara por los humanos, considerando lo que pensaba la manada de ellos, todos en la manada odiaban a los humanos, era una ideología colectiva.

- Claro que no... - Gruñó Ares, sabiendo muy bien lo peligroso que era, que alguien descubriera lo que le estaba sucediendo. - Los humanos no son nada importantes... Son seres insignificantes... Solo eso... Ahora déjame en paz.

Ares aceleró el ritmo de la carrera, adelantándose, Leo comenzó a disminuir su paso, extrañado, no es que Ares fuera el lobo más amable, pero con Leo, nunca fue esquivo, usualmente le contaba sus cosas a Leo, pues era su beta en la manada.

Algo extraño le estaba sucediendo a su amigo y Leo podía sentirlo.

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