Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > EL TRATADO GRANT&CRIGHTON
EL TRATADO GRANT&CRIGHTON

EL TRATADO GRANT&CRIGHTON

Autor: : ZUAMLELI
Género: Romance
Sara no aceptaba la imposición de un matrimonio por obligación y deber con la familia igualmente por el lado de los Crighton, Nicholas el hijo mayor era todo un plaboy, trabajaba en las empresas, pero además tenía una vida social muy activa donde nunca faltaba una hermosa mujer a su lado y él no quería ningún tipo de relación que frenara su libertad y el matrimonio no estaba en sus planes todavía y menos aún con una mujer tan joven e inteligente cuando a él le encantaba un poco mayorcitas y dispuestas a complacerlo y disfrutar de la vida. El accidente del padre de Sara que prácticamente la deja a la deriva y en una situación muy comprometedora. –Luego de muchas situaciones y conflictos consigue que la pareja acceda a un compromiso y más tarde al matrimonio. Pero entre Sara y Nicholas había la intención de no llegar al matrimonio. –Por la convivencia mutua la pareja llegan a un acuerdo. Ella se hará pasar por una novia enamorada igual que él y se van juntos al paraíso, para tratar de montar una convivencia donde las amistades de ambos los vean y montar allí su parodia pero no se casarian. –Pero las emociones los traiciona ya que nace entre ellos una atracción y en un momento de locura y pasión Sara cae en los brazos de Nicholas. –Sara se entera en una conversación que escuchó entre su prometido y su mejor amigo, que el solo quería pasar un tiempo con Sara y luego marcharse lejos de ella. La huida de Sara y posterior desaparición, hace que Nicholas recuerde constantemente los momentos compartidos con ella y a pesar que no lo acepta la extraña y siente que él está enamorado de ella. –Nicholas tratará de conquistar a Sara luego que logra dar con su ubicación.

Capítulo 1 PROLOGOGO

La conversación entre Patricia Duff, madrasta de Sara Gran única descendiente de los Grant, no marchaba bien. Sara no entendía la razón de lo que le estaban imponiendo. Apenas había terminado sus estudios universitarios y en sus planes no figuraba el matrimonio.

Sara no aceptaba la imposición de un matrimonio por obligación y deber con la familia igualmente por el lado de los Crighton,. Sara sabia que Nicholas el hijo mayor de los Crighton era todo un plaboy, trabajaba en las empresas, sí, pero además tenía una vida social muy activa donde nunca faltaba una hermosa mujer a su lado y él no quería ningún tipo de relación que frenara su libertad y el matrimonio tampoco estaba en sus planes, además a él no le gustaban las mujeres tan joven y menos inteligente cuando a él le encantaban las mujeres un poco mayorcitas y dispuestas a complacerlo y disfrutar de la vida.

Así que ella con fuerza y viva voz exclama a Patricia su madrasta –Pat, tu hijo es el mayor de los Grant, es él quien tiene que casarse, no yo.

–Pues no querida, eso no es así.

–Cómo que no, él tiene el mismo deber para con la familia.

–Robert no es un Grant, cariño. El es tu hermanastro y el tratado Grant&Crighton dice que el descendiente mayor hembra y varón de cada familia deberá contraer matrimonio, cuando el descendiente masculino llegue a los treinta años.

–¡AH!, que bien. El idiota cumplió 30 años pero yo tengo solo 22 años y en mis planes no figura el matrimonio aún.

–En el tratado no dice la edad que debe tener la mujer, ¡niña!, solo hace hincapié en la del hombre. –Comenta la madrasta de Sara.

A lo que Sara responde –Que bien Pat, cuando a ustedes les cae como anillo al dedo, Robert es un Grant y cuando no les conviene, Robert no es un Grant.–Y con cierta ironía Sara se le acerca a su madrasta y le dice con fuerza –Ojalá ten esto presente cuando mi padre se vaya de este plano, pues según tú Robert no es un Grant y no tendrá derechos a la herencia puesto que soy yo la única que tiene obligaciones con esta familia.

Dicho estas palabras salió del salón a paso rápido.

Sara no aceptaba la imposición de un matrimonio por obligación y deber con la familia. Por su padre Sara había crecido empeñada en demostrar su valía.Por él se echó una carga de trabajo enorme, pala lograr la meta que se había autoimpuesto; sin embargo cada vez y muy a menudo

ella sentía que caminaba sobre una cuerda suspendida sobre un precipicio. Un paso en falso sería suficiente para que caer . . ., No le quedo más remedio que fojarse ella sola su destino y hacer lo que tenía que hacer.

Y no solo por su bien, sino tambien por el de su padre, le costaba que Patricia su madrasta, solo le interesaba los bienes de su padre.

Sin embargo la vida les daría la mayor sorpresa en la vida de ambos. El joven, al conocer a Sara, quedó impresionado pues Sara era tan hermosa como la madre una famosa modelo que murió en un accidente automovilístico. Al pasar los días y tratar a Sara, está despertó en él emociones nunca antes sentidas por ninguna mujer. Y Sara no podía evitar la atración que sentía por Nicholas.

El conquistaría a Sara, lucharía con la desconfianza de la joven y tal vez se casaría con ella pero luego de dos años cuando su padre le deje todo a su nombre el se divorciaría de la chica y todo arreglado.

Sara deseaba poder realizar sus metas y además tener una familia pero más adelante, su padre se había alejado de ella, desde el accidente donde falleció su madre y su hermano menor todo cambió en su vida. Ella a pesar de sus doce años trató de cambiar la situación y la llegada a casa de Patricia y su hijo fue la gota que desbordo el vaso.

–Sara, tienes que cumplir con el tratado y debes casarte con Nicholas, ya tiene edad para casarte y tener hijos, se necesita un heredero; ya que el atolondrado de tu hermano no quiere, ¡tú lo harás!.

Ella lo miro y sorprendida lo miro. . .

–Te casarás con Nicholas Crighton, es un compromiso y se firmó El Tratado Grant&Crighton.

Sara miro a su padre con desde y comentó

–Un acuerdo y a mí nadie me comento, nada al respecto. Y ahora si soy tu hija, llevas años tratándome como si yo fuera una extraña en tu vida, le diste tu apellido al hijo de la quien era tu amante, a ese si le dedicaste tiempo, ¿y soy yo la que tengo obligaciones con esta familia, padre?

–Eso no es del todo cierto Sara. Tú sola presencia me recuerda a tu madre, tú eres idéntica a ella y eso no es fácil para mí

–Claro papá. Soy yo la equivocada.

–¡Eres mi hija!, debes respetarme, muy a tu pesar, además siempre he quirido lo mejor para ti.

–Por favor, padre. Me pague mis estudios universitarios; lo que me enviabas no era suficiente y tú deberías saber bien eso. Tú querido Robert, también estudiaba en la misma universidad. Cuanto le enviabas a él.

–Enviaba a los dos la misma cantidad. Tú quizás no sabías adminístrate.

–Claro papá, eres lo máximo de lo máximo. No, no me casaré papa, ni lo pienses. No controlarás mi vida, yo la viviré a mi manera. –Comento la joven.

–¡Ten esto presente, padre! Hoy mañana y siempre no me casaré. Ya es tiempo que tu hijo querido, pague en creces lo que tanto le has dado a menos llenas. Que se case él, si quiere algo de esta familia.

Al notar la expresión de horror en la cara de su padres, Sara aguantó la respiración, como si estuviera esperando algo . . . ¿Pero que esperaba? No creí en los milagros.

–¡Sí! –continuó ella en tono sereno –Tendremos que hacer todo correctamente, por supuesto. . . verdad papa . . .

–Está claro que eso sería lo primero que se te ocurriera, Sara, siendo como eres una Grant –le respondió el padre con gran amargura. –¡La herencia familiar!

–No papa, no lo tienes ¡Claro!. Es la obligación y el deber que Robert no siente por ti, ni siquiera por la madre de él.

–Siempre te ha fastidiado, su presencia, ¿verdad?

–Lo que siempre me ha fastidiado es la falta de que seamos una familia y ellos no nos sienten como familia padre. Tu esposa solo te ve como su solución monetaria y un mejor futuro para su hijo, que no es más que un vago.

–Que tristeza que te expreses así, hija.

–Padre, abre tus ojos a tu realidad. Pon una prueba y lo ¡comprobaras!.

Capítulo 2 1*-EL MATRIMONIO DE SU AMIGO

–No Nicholas. Tengo ganas de desaparecer por un tiempo. –Cementó Clio la prima de Nicholas

Nicholas miró preocupado a Clio, su prima, no era propio de ella huir de las situaciones complicadas.

–No puede ser tan grave. –Prima mi tío deberá frenar sus emociones

"Respuesta errada, sabía que sus padres tenían normas estrictas con eso de las tradiciones"

De su madre y de sus primas había aprendido a respetar el temperamento femenino. Era evidente que la situación era seria.

–¿Ah, no? –contestó Clio–. Es el único tema de conversación de mi padre, y ha convencido a mamá. –Nicholas se alarmó al ver a su prima llorar por primera vez en su vida. Eran primos segundos, pero estaban tan unidos como si fueran hermanos.

–Pronto es la boda de Ann, ¡y no sé si puedo asistir a la boda de mi hermana pequeña!

Nicholas se sintió culpable, Clio estaba pasándolo mal y él solo quería irse.

–Papá no para de decir que yo, siendo la mayor, debería casarme antes. Que Brant y yo somos la pareja perfecta y que soy una egoísta por no aceptar a un hombre decente y honesto –Clio se mordió el labio–. Por supuesto, también contaba la fortuna de él, era lo primordial para su padre.

El recurso al sarcasmo despejó un poco la nube que había nublado la conciencia de Nicholas

Pero no era ninguna broma. Brant era difícil, y podía convertir la vida de Clio en un suplicio.

–Lo siento –dijo, tomando la mano de su prima–. No debería...

–No te hagas ahora el macho echándote la culpa, Nicholas.–Clio lo mira y continua . . .

–Ya sé que acostumbras a asumir todo tipo de responsabilidades, pero aquí no eres el único culpable –Clio suspiró–. ¿Crees que no he disfrutado de ir a fiestas contigo y no he aprovechado para hacerme con una lista potencial de clientes para mi negocio?

–La idea fue mía.–Respondió sonriendo Nicholas

Llevar a Clio como su acompañante regular a fiestas y reuniones le había facilitado muchas cosas, sobre todo había ahuyentado a mujeres jóvenes con ganas de casarse.

–No has hecho nada malo –dijo Clio, apretándole la mano.

Nicholas la miró con picardía. Era típico de ella absolverlo de culpa. Ella lo había apoyado en todo momento, y no era justo que su vida se complicara de aquella manera.

–Está bien, ninguno de los dos tiene la culpa –eran dos adultos con derecho a salir juntos aunque no fueran amantes–.

–Pero, eso no resuelve el problema con tu padre. Tenemos que conseguir que se olvide de sus pretensiones sin que te culpe.

Clio se pasó las manos por su cabellera negra.

–Ya te he dicho que voy a huir. Me ire a los confines límites entre Canada y el Polo Norte .

–¿Sabes dónde está?

–Vale, no. Pues al Círculo Polar. Abriré un negocio de diseño de iglúes.

Nicholas no pudo contener una carcajada. Su prima era una diseñadora con una gran talento, ella era capaz de superar ese reto. Pero no bastaría su palabra para convencer a su tio y a Brant, que de que Clio y Brant se comprometieran como pareja y se casaran.

Esa era una de las razones por las que había acudido a su prima: un millonario griego soltero era un trofeo para muchas mujeres; y uno que no estuviera calvo y al que no le faltaran dientes era muy escasos en estos días.

–Olvídate de los iglúes y deja esto en mis manos.

–¿Tienes una idea? –preguntó Clio esperanzada.–Nicholas asintió.

–Tengo que perfilarla, pero creo que sí. Confía en mí.–Respondió Nicholas a su prima.

El semblante de Clio se relajó.

–Gracias, Nicholas, sabía que podía contar contigo.

Veinte minutos más tarde,Nicholas estaba junto a su mejor amigo, Seth, que estaba a punto de casarse. Seth estaba mirando su teléfono, y Nicholas en lugar de contemplar la vista panorámica de la costa de Corfú, aprovechó para estudiar a los invitados reunidos en el jardín de la villa.

Necesitaba a una mujer. Y pronto. Una mujer que interpretara el papel de su amante el bastante tiempo como para que su padre, lo dejará en paz por un tiempo.

Si acudía a la inminente boda de Samatha, su otra prima y la hermana menor de Clio, con una novia despampanante, su padre se quedaría tranquilo; y si la mantenía a su

lado al menos una par de meses como su acompañante...

Pero ¿quién podía ser esa mujer? Tendría que estar soltera y ser muy atractiva para convencer a su padre.

Igualmente Nicholas necesitaba a alguien que no pretendiera aprovechar la situación para acabar ganándose un lugar en su vida.

–Relájate –la voz de Seth interrumpió sus reflexiones–. Soy yo el que se casa, no tú.

Nicholas sonrió.

–Y con la misma mujer por segunda vez. Has batido un récord. –Exclamo Nicholas sonriendo y Seth abrió las manos.

–La primera vez no tenía ni idea de cuánto la quería. Esta vez, se lo que quiero. Solo espero que alguna vez encuentres una mujer como Emily, que sea el centro de tu vida y a la que ames por encima de todo.

La sonrisa de Nicholas se paralizó. Él ya no creía en cuento de finales felices. Había perdido la inocencia una década atrás. Ahuyentó los recuerdos de las situaciones que habían cambiado su vida y la de su familia para siempre. Aquel era un día para celebrar, así que Nicholas tomó dos copas de champán de la bandeja de un camarero y le pasó una a su amigo.

–Por ti y por tu encantadora Emily –bebieron y añadió–: Y por que yo encuentre a la mujer perfecta para mí.

Que fuera atractiva, complaciente y, sobre todo, prescindible.

–Estás preciosa, Emily –Nicholas retrocedió un paso para ver a su amiga con el velo. Nunca la había visto tan feliz ni tan guapa.

–Ya me habías visto vestida de novia, Nicholas –dijo Emily sonriendo.

Era el mismo con el que se había casado la primera vez con Seth, antes de averiguar que no la amaba y abandonarlo. Desde entonces habían tiempo y situaciones superadas Emma y el millonario griego habían limado sus diferencias. Estaban tan enamorados que su felicidad casi resultaba difícil de creer.

–¿Estás bien, Seth? –preguntó Emily.

Cuando Seth había recogido a Sara la amiga de Emily en el aeropuerto de Corfú le había inquietado su semblante de preocupación, pero Nicholas se resistía a arruinar la felicidad de su amigo y no quiso preguntar. Seth pensaba que encontraría una solución a la situación que se presentaba, pues Nicholas no tenía conocimiento que la madrina de la boda era Sara Grant, la mujer con la que querían casar.

–Claro que estoy bien, solo un poco sentimental al verte tan radiante. Pareces una princesa.

–¡Así es como me siento! –dijo Emily y Seth la abrazó.

–Te lo mereces, Em.

–No es cuestión de que me lo merezca... –Emily dio un paso atrás

como si fuera a añadir algo, pero Seth la detuvo.

–Vamos, Em, tenemos que salir.

Emily se sobresaltó al ver la hora y se volvió precipitadamente hacia la puerta. Seth le recolocó el velo y la siguió al escenario perfecto para una boda: el jardín de la villa con el espectacular azul turquesa del mar al fondo.

–¿No lo estás pasando bien, querido Nicholas?

–Tan directa como siempre, Stephanie.

Stephanie se mordió el labio, irritada por la facilidad con la que aquella voz activaba sus hormonas femeninas. Que Nicholas fuera la única persona que la llamaba por su nombre completo, sonaba como una invitación al pecado.

–Así entenderás la indirecta y te marcharás.

La respuesta de Nicholas fue una risa seca. Ella era su ex y estuvieron comprometidos en el pasado

–Te he traído una rama de olivo. Maqui están la madrina y el padrino de los novios, muy propicio.

Una mano cetrina de dedos largos y uñas perfectas apareció ante Nicholas. Sujetaba una copa de champán. Antes de que pudiera rechazarla, Stephanie continuó:

–Brindemos por la feliz pareja.

Siempre tan astuta. Sabía que era una sugerencia a la que no podía negarse.

Tomó la copa evitando tocarle los dedos. La alzó y dijo:

–Por los novios. –Exclamó Nicholas mirando a la madrina de la boda.

Bebió y, al volverse, bebió de nuevo para calmar la súbita sed que sintió y por su cuerpo recorrió una corriente al mirar los ojos de la joven madrina.

Sara con cierta discreción observó de cerca a Nicholas, quien no parecía la serpiente que era. Era realmente guapo, los pómulos marcados, mentón firme; nariz larga, unos labios

sensuales y unos ojos verdes como un bosque y coronado por un cabello oscuro que se veía lo suave que era.

–Por Emily y Seth –dijo él–. Y por que sean felices el resto de sus vidas.

Sara Bebió y miró fascinada el movimiento de su nuez. Entonces él la miró y ella sintió una sacudida.

«No, no, no. No es atracción. Lo rechazas, lo desprecias».

–Gracias por la copa –dijo Sara, esforzándose por tratarlo como a un desconocido–. Será mejor que vuelva junto a Emily

–Está rodeada de familia y amigos. Puede prescindir de ti un rato.–Comentó Stephanie

–Aun así, quiero volver.–Respondió Sara

–Pensaba que podríamos compartir los tres un buen rato Sara.

–No tenemos nada de qué hablar –dijo Sara con firmeza.

La mirada de Stephanie se ensombreció y súbitamente Sara intuyó que pasaba algo.

–De donde eres, querida, quien es tu familia, qué haces.

–No hay nada que decir. –Contesto Sara de forma inmediata dispuesta a marcharse

–Deja a la madrina en paz, querida Stephanie.

Ella asió el pie de la copa para reprimir el impulso de tirarle a la cara lo que quedaba de champán.

–¿Te sorprende? Mi actitud, querido–preguntó la ex.

Nicholas alzo los hombros la miro con una gran indiferencia y la ex comento con sarcasmo

–Hice lo necesario para ayudar a un amigo.

–¡No entiendo a qué te refieres!

–Ahora averígualo por ti mismo, querido.

–Asumiste que lo sabía, pero alguien me comentó que no lo sabes –dijo ella, manteniendo la vista fija en su rostro.

El la miro con algo de intriga

–Ahora averígualo por ti mismo, querido.

Capítulo 3 2*-LA ISLA

La fiesta de la boda de su amigo le aburrió, pero algo lo inquietaba. La joven madrina a quien él trataba de ni mirar, esos ojos que de vez en cuando se cruzaban con él, algo le molestaba a esa joven. Y los más le inquietada era que ella le parecía que familiar.

Nicholas como pudo salió de la fiesta y se marchó a su yate en presencia como lo hacía de vez en cuando en presencia de dos modelos que frecuentaba a veces y tenía tiempo de no compartir con ellas. Por eso las invito a dar un paseo en su yate por lo que quedaba de fin de semana.

Más tarde en el yate, Nicholas pensaba que lo tenía tan contrariado, mientras miraba hacia la costa, donde se percibía una hermosa isla.

–Estás seguro de que no quieres venir conmigo? Nicholas –Pregunto una joven dentro de la piscina del yate

Nicholas entrecerró los ojos, cegado por el sol, mientras miraba a la joven metida en la piscina de su yate, sus pechos flotaban en el agua, con una rubia melena resplandeciente al sol y eso no le alborotó sus hormonas.

–No, gracias.

Cuando él nadaba lo hacía para ejercitarse, no en una piscina que se cruzaba de un lado a otro en seis brazadas. Entonces se sorprendió al pensar que el problema era que no quería estar con aquella mujer.

Las diez horas había sido tiempo suficiente para recordar que no le gustaba el parloteo sin sentido. No se podía mantener con ella conversaciones estimulantes ni tenía sentido del humor.

Nicholas frunció el ceño. A ellas les faltaba algo. El problema, tuvo que admitir, era él, no ella.

Había evitado tener relaciones profundas e implicarse emocionalmente desde que tenía uso de razón. Y se había pasado la vida con mujeres dispuestas a admitir esas restricciones, que disfrutaban pasándolo bien, pero él se sentía cada vez más inquieto e insatisfecho, ahora en vez de estar disfrutando de su compañía, solo las estaba evitando.

–Si no quieres bañarte, puedo darte un masaje –le propuso ella, ladeando la cabeza.

Nicholas se estremeció, pro de placer sino de molestia. Lo que quería era que lo dejasen en paz.

–¿O prefieres otra cosa? cariño–insistió ella con voz sensual.

Nicholas se giró y vio cómo su otra invitada salía del interior del yate contoneándose.

Llevaba el pelo tipo melena suelto e iba desnuda debajo del caftán floreado casi transparente. La vio mirarlo de reojo y esbozar una sonrisa invitadora y hambrienta.

Contuvo un suspiro. Eso era lo que se merecía. Había cometido un error, a pesar que les había dejado claro que solo se trataba de divertirse, tener sexo y disfrutar del lujo, todo de manera temporal.

Nicholas no podía permitir que albergasen ninguna esperanza. Solo de pensarlo, se le ponía el vello de punta.

–Tal vez prefieras estar con las dos a la vez –le sugirió Lenis, quitándose el caftán y dejando al descubierto su elegante cuerpo antes de meterse también en la piscina–. ¿Quieres que empecemos Iris y yo y luego te nos unes?

Ambas mujeres lo miraban fijamente y Nicholas sintió el peso de su interés.

Él sonrió y se quitó las gafas de sol. Ellas esbozaron también dos sonrisas perfectas y se acercaron más la una a la otra. Lo que no sabían era que la sonrisa de él ocultaba una sensación de disgusto. Disgusto con él mismo por lo que estaba ocurriendo.

¿Cómo había pensado en divertirse con aquellas dos mujeres? La situación no le parecía para nada en divertida.

–Gracias por la invitación, señoritas –les respondió, poniéndose en pie.

Ellas recorrieron su cuerpo con la mirada, pero aquello no iba a funcionar.

–Disculpadme, pero me ha surgido un imprevisto.

Señaló hacia su despacho, del que había salido solo unos minutos antes, así que cuando les dijó que tenían que marcharse, pues el debía resolver su imprevisto no comentaran nada.

–Pasadlo bien. Yo me temo que tengo que volver a Atenas hoy mismo – les anunció–. Mi helicóptero os dejará en tierra antes de que anochezca, o más temprano, si lo preferís. Desde allí, un coche os llevará a donde queráis. Gracias por vuestra compañía, ha sido memorable.

Dicho aquello, se dio la media vuelta y atravesó la cubierta mientras las dejaba boquiabiertas dentro de la piscina.

Su eficiente asistente apareció justo cuando Nicholas llegaba al otro lado del barco. Siempre estaba allí cuando la necesitaba.

–Organízalo todo, por favor, Mery. Y cómprales un regalo a cada una.

Luego, clavó la mirada a la pequeña isla que había a un par de kilómetros de distancia, y sentía la impresión que la isla lo esperaba. Respiró hondo para ver si el aire salado aliviaba el sabor amargo de su lengua y después se lanzó al mar y empezó a nadar.

Nicholas al llegar a la isla anduvo por la arena blanca y suave de la pequeña playa por unos minutos, luego se dirigió hacia un grupo de árboles. El baño había reactivado su cuerpo y había hecho que se le ocurriese una solución para un problema de trabajo que lo había mantenido despierto la noche anterior.

Le convenía concentrarse en aquello en vez de pensar en el compromiso que tenía al frente, conocer a la hija de los Grant.

Se dejó caer en la arena, ya a la sombra, y se dijo que lo mejor era centrarse en las dificultades que habían surgido en las oficinas en Gracia. Unos minutos después, un ruido le hizo levantar la cabeza. Observó desde allí como su helicóptero despegaba del helipuerto del yate. Sus invitadas habían querido marcharse cuanto antes.

Nicholas hizo una mueca. Frunció el ceño al reconocer su falta de criterio.

¿Será posible que buscar relaciones superficiales y vacías lo estuviese convirtiendo a él también en una persona vacía y superficial?

Recordó de inmediato las palabras de la madrina de la boda

–"Las personas que buscas aventuras pasajeras, solo obtiene ser vacíos y superficiales".

–Son palabras muy serias para que salgan de la boca de una joven como tú. –Exclamo Nicholas en ese momento. Mientras observaba como la joven lo miraba con algo de fastidio. Esto lo dejo sorprendido pues a ninguna mujer por muy joven que fuera le fastidiaba su presencia. No como aquella joven que lo observaba con tanto fastidio.

De repente un pequeño barco, avanzaba hacia la isla. Suspiró. Quería estar solo y no le apetecía encontrarse con un grupo de turistas. Pero no tardó en darse cuenta de que en el barco iba solo una persona y llevaba puesto un sombrero de paja y una camisa ancha.

La embarcación se aproximó hasta el extremo rocoso de la playa. La persona se quitó el sombrero y Nicholas se dio cuenta de que se trataba de una mujer con una melena negra y brillante que le llegaba casi hasta la cintura. Arqueó las cejas. Uno no veía melenas así todos los días.–Pensó Nicholas

–Nada mal –Comentó en alta voz Nicholas sonriendo

La mujer se quitó la camisa y Nicholas se quedó sin aliento al ver la figura de la mujer.No estaba acostumbrado a ver figuras así, al menos, en sus círculo social.

También se fijó en su flexibilidad al curvarse para colocar en el suelo algunas cosas eso siempre era importante saber, además de admirar sus espectaculares curvas.

La vio quitarse los pantalones cortos y dejar al descubierto sus caderas, quedándose solo con un traje de baño oscuro, de una sola pieza, que le sentaba como un guante.

Nicholas sonrió, de repente, ya no le parecía tan mala idea conocer, aquella mujer. Para su sorpresa pues pensó que se acostaría en la playa, noto como la mujer no se dirigió hacia la playa, sino que se puso unas gafas y un tubo para bucear y se adentró en el mar. Él la observó durante unos minutos con curiosidad. Parecía saber lo que estaba haciendo, sus largas piernas golpeaban el agua con fuerza, y la vio moverse con gracia y precisión hasta que desapareció de su vista.

Ok todo bien. Había ido allí para estar solo. Así que se estiró sobre la arena y se dio la media vuelta, apartando la mirada del mar. A los minutos se quedó dormido bajo la sombra de los árboles.

Sara sujetó su sobrero mientras avanzaba por las rocas. Al llegar a la arena, miró hacia la sombra en la que había decidido parar a comer y fue cuando noto que no estaba sola. Allí había alguien durmiendo.

Nunca iba nadie a su pequeña isla, salvo en temporada alta, cuando de vez en cuando paraba algún grupo de turistas. Se giró hacia el agua. Aparte del pequeño barco que había heredado de su abuelo, solo se veía un enorme yate a lo lejos. Frunció el ceño al fijarse en el par de huellas sobre la arena.

Se preguntó si a aquel hombre se le habría hundido su barco. Por la noche una gran tormenta azotó las costas, pero las huellas de la arena eran demasiado recientes.

Avanzó hacia él con el ceño fruncido, esperando que no estuviese malherido, pero redujo el paso al darse cuenta de que estaba desnudo.

Tenía el trasero terso y redondeado y las piernas muy largas. Sara tragó saliva al notar que, de repente, se le había secado la boca y se le había cortado la respiración.

Era un hombre grande, muy grande, con un cuerpo atlético, musculado.

Dado su trabajo, ella estaba acostumbrada a los hombres así, pero pensó que nunca había visto algo semejante.

La brisa movió su pelo oscuro, pero él no se movió. Sara se fijó que en hombro tenía una marca, pero no era una herida reciente porque no tenía sangre.

Entonces, aquella montaña de músculos y piel dorada se giró y ella retrocedió.

Efectivamente, era espectacular también de frente.

Sara tragó saliva y estudió su rostro. Tenía la frente ancha, las cejas pobladas y oscuras y unos brillantes ojos verdes. Le recordó a un Dios te la mitología, sin embargo . . .

–¡Maldición!, usted. ¿Qué hace aquí?

–¡Caramba, madrina!. ¿Que son esos modales?

A Sara se le seco la boca y comentó –Estás vivo.

–¡Claro!, cariño que esperabas un cadáver.

–Te llame varias veces y no respondiste ni te movías. –Ella, se puso tensa y retrocedió.

–No sabía qué pensar.

Sara apartó la mirada y frunció el ceño.

–No tiene toalla, ni ropa –añadió, haciendo un esfuerzo para no volver a mirar su cuerpo desnudo, sobre todo, por debajo de la cintura.

Él arqueó las cejas.

–¿Hay alguna norma que diga que haya que ir siempre vestido o tener una toalla?

–He pensado que había sufrido un accidente.

–¿Por eso se ha acercado tanto a mí? ¿Iba a hacerme el boca a boca?

–No seas, absurdo. –Bueno, si está bien, me marcho –le dijo, aunque fuese el único lugar

con sombra de la playa en esa parte y fuese la hora de comer.

–¿Cómo sabe que estoy bien? No me has examinado.

–No soy médico, aquí en la isla el pequeño hospital está al otro lado, vaya allá. Señor . . .

–Nicholas, llámame Nicholas.–Esta joven era la misma que había visto bucear.–Buceas por entretenimiento, cariño.

Ella lo miro y con seriedad respondió –No soy tu cariño. Sabes mi nombre, úsalo y soy biólogo, estudio esta zona.

El la miro con cierta ironía y sorpresa –Eres biólogo, que edad tienes, si se puede saber, cariño.

Ella trato de ocultar su disgutó, no le daría el placer, de verla disgustada, así que respondio–

–Eso no viene al caso. Vístase y márchese por donde vino.

Nicholas, la vio hacer otro amago de marcharse y le preguntó:

–¿No tendrá algo de beber? Estoy seco. –Dijo antes que la joven se fuera

Ella se quedó inmóvil.

–¿No tiene agua? ¿Cuánto tiempo lleva aquí?

Él se encogió de hombros.

–Varias horas, supongo.

–¿Supone? ¿No lo sabe? ¿No ha traído víveres?

–No, no he traído nada –admitió, dándose cuenta de que era cierto que tenía sed.

Ella volvió a fruncir el ceño y murmuró algo que Nicholas logró entender.

–¿Y qué hace aquí sin nada? ¡Qué locura!, Solo un idiota hace eso.

Él se sintió fascinado. Tenía tiempo que nadie se le oponía

–Aunque todavía no estemos en pleno verano, el calor es fuerte y tienes riesgo de quedarse deshidratado. En especial, estando solo, porque... ¿está solo?

–Sí, pero vendrán a recogerme cuando caiga el sol –le respondió Nicholas, ya que eso era lo que había acordado con su tripulación.

Ella volvió a apretar los labios con desaprobación.

–Eso es una estupidez. Podría pasarle cualquier cosa en todo ese tiempo.

«Sí, cualquier cosa», pensó él, estudiando sus deliciosos labios, su azabache melena todavía mojada y los generosos pechos.

–¿No tendrá también algo de comida? –le preguntó él–. Llevo todo el día sin ingerir alimentos.

Sara buscaba en su bolsa, pero levantó la cabeza al oírlo hablar en tono socarrón.

Lo miró, clavó la vista en su pecho y se maldijo antes de levantarla hacia el rostro.

Su gesto era indescifrable, pero Sara tenía claro que se estaba riendo de ella.

Lo más sensato habría sido marcharse. Odiaba que los hombres se burlasen de ella, no iba a tropezar dos veces con la misma piedra...

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022