Esto no puede estar pasando me repito una y otra vez, cielos en qué momento esto salió de control.
Puedo engañarme y decir que todo es por la supervivencia, cierro mis ojos y siento como besa mi cuello.
¡Esto se siente tan bien!
–Hum ...HUM – sonrió.
Esto está cada vez más bueno, unas manos tocan mis senos sobre mi blusa, las lamidas en mi cuello son más salvajes.
Aliento raro, pero bueno después de 15 días perdidos tampoco le pediría que tuvieran sabor a menta, los dedos aprietan más fuerte mi pezón.
Este hombre es pura dinamita como lo supuse desde un comienzo, no me equivoque con él.
-Alysa levántate o el mono terminara con una erección de caballo – escucho de lejos.
Algo no está bien, en mi cabeza se reproduce mono, animalitos peluditos con manos y deditos.
No me atrevo a abrir mis ojos, un escalofrió recorre mi cuerpo cuando noto lo pequeños que son los deditos.
¡La lengua en mi cuello no es Evans! Con mi conciencia a mil por hora, pego el grito del siglo.
Igual al grito de los mohicanos antes de entrar en guerra.
Soy tomada de la cintura y una gran mano aplasta mi boca.
No sé en qué momento pensé que su mano podría ser suave, pero sí de solo verlo te demuestra que es bruto.
-Silencio Alysa o esos monos serán el menor de nuestros problemas. ¿Lo entiendes? – me dice soltándome lentamente la boca, asiento con la cabeza, mientras su erección taladra mis nalgas.
Por lo visto también a él lo tengo como piedra.
- Porque no los espantaste Evans, casi me violan – digo muy indignada, lo veo sonreír y mover su cabeza en actitud negativa.
-Parecías disfrutarlo – dice sin ningún reparo, claro que lo disfrute pensando que era él o varios Evans, pero ni muerta se lo digo.
-Maldito Evans – exclamo mientras le sigo por un sendero boscoso, escucho un sonido raro y me pego a su espalda, él se gira y me toma en sus brazos, al segundo rodeo su cuello.
-Alysa – susurra mi nombre con voz ronca, me carga en sus brazos y se sienta en una piedra grande que se encuentra en la tierra y el rio.
- Si quieres tocarme solo tienes que decírmelo – dice cerca de mi boca sin besarme.
Su aliento después de 15 días sí es mentolado.
Comienza a lloviznar, el agua recorre mi rostro, dejándome con una apariencia de cada vez peor.
Pero claro hasta las barbies tienen sus días no tan glamurosos.
Mientras este desgraciado esta como un maldito Dios pagano.
Su respiración cada vez más agitada cierro mis ojos y cuando creo que va besarme.
Zas soy lanzada, abro mis ojos unos minutos antes de tocar la maldita agua congelada.
QUE DIABLOS.
Escucho sus carcajadas, mientras mi cuerpo está temblando.
-Para que se te quite la calentura Alysa –dice lanzándose detrás de mí.
Maldito Evans, pero esto recién empieza.
-Kent. Kent me estas escuchando – grito indignada.
Hace 20 minutos estoy hablando y el solo sonríe al maldito espejo.
-Cielito no te enojes hoy tengo que filmar y en casi todo el guion sonrió – dice sin dejar de mirar su rostro, abrazándome y moviendo el maldito espejo para ver el reflejo de ambos.
-Sonríe muñeca ¿Quién es la Barbie de Kent? –susurra mostrando su hermosa dentadura.
-Alysa quien más – afirmo.
Me levando de punta para darle un beso en los labios, mientras mi vestido vuela al viento.
Suena la campana avisando que las clases están por empezar.
Me da un beso en los labios, me cuelgo por su cuello para intensificar el beso.
Él se retira sacando mis brazos de su cuello.
- ¡AH NO! princesa me vas a despeinar – su sonrisa nunca abandona sus labios.
A veces me pregunto cómo no le duele la mandíbula de tanto sonreír, pero tengo que admitirlo su sonrisa es como una obra de arte que eclipsa todos a su paso.
Lo veo alejarse, observo las miradas que estas zorras le dirigen.
Unos brazos me rodean, no necesito darme la vuelta para ver a la preciosa morena de ojos verdes que está pegada a mi espalda.
-Nayara –saludo.
- ¡Odio a tu novio! lo sabes verdad – escupe.
¡Ella es así! Mil veces le dije que lo que Dios le dio de bella le resto a su sensibilidad.
Es tan sincera que a veces se pasa lastimando a los demás. No es que me importe mucho los demás, pero hasta yo soy un poquito menos propensa a lastimar con las verdades que duelen.
Ella no está a favor de ¡MENTIRAS PIADOSAS! Para ella o es blanco o es negro.
Ella odia a Kent de la misma forma que yo le amo a ella, con el tiempo aprendí que estos dos amores míos no se toleran.
Terminada las tontas clases, vamos juntas de la mano hacia el estacionamiento.
- Hoy es luna llena ¿lo sabes? – dice de una forma muy maquiavélica, no puedo evitar reír de ella, le hago ojitos mientras me dirijo al auto.
Antes de subir la escucho gritar.
– Esta vez no te salvarás, te llevaré del pelo nena no lo olvides –
Como olvidarlo, si toda la semana me lo estuvo recordando, ella es de sangre gitana, pero Gitana de sangre pura.
Es hermosa y siempre esta combinando su ropa con moneditas que suenan a su paso.
Le da una apariencia de misterio a su paso.
La observo por mi retrovisor mientras recoloco mis cabellos rubios salvajes con la pinza de diamantes que me regalo mi papa y repaso mis labios rojos escarlatas.
Una vez que me satisface mi apariencia enciendo mi auto.
En mi recorrido por las tiendas, mi celular no deja de sonar con mensajes subliminales de Nayara.
Sobre lo que espera de esta noche y como la conozco tengo más que aprendido que no me dejara en paz hasta no cumplir su pedido.
Y como mañana tengo un evento que asistir, estoy en la culminación de un plan para que mi mejor amiga y mi novio estén conmigo. Pero que a la vez no estén ellos juntos.
Me siento como un estratega del ejército.
Entrando a la tienda de La Perla, recorro la tienda buscando lencería atrevida, para estrenarlo mañana una vez terminado el evento.
Elijo unos modelos que son exclusivo y pago con mi tarjeta black que me regalo mi papa.
Salgo de la tienda con una sonrisa, mirando lo hermosa que me veo en las vidrieras de las tiendas.
Todo mi día va bien hasta, siempre hay un hasta.
Mi auto entra en reserva, paro en la gasolinera y como siempre que veo al playero que esta como revista de pornografía pierdo mi cabeza.
Si Nayara viera como me deja tonta el playero seguro me conseguiría una cita con él y rezaría que me olvidara de Kent.
Por eso este playero es mi sucio secreto.
Mientras lo veo venir olvido apagar mi motor y dejo mi auto en Punto muerto en una pequeña bajada sin freno.
Si eso solo me ocurre a mi.
Y solo me doy cuenta cuando el playero pasa de tener una sonrisa a correr y gritarme de forma preocupada.
Ya muy tarde me doy cuenta que mi auto es el que se mueve.
Solo se detiene cuando impacto con algo, escucho un grito masculino.
Como por arte de magia despierto de mi aturdimiento y apago mi motor, pidiendo no tener a alguna persona debajo de mi rueda.
No quiero imaginar como sacare la sangre de la rueda sin que vea mi papi, o como en el peor de los casos me meterían presa, no quiero imaginarme con ropa a rayas, dios mío y sin tener acceso a la vitamina D del sol.
Niego con mi cabeza eso nunca va pasar por que mi papi no me dejaría, mientras que mi madre es otra historia.
-Ay dios, ay dios – me bajo del auto esperando lo peor.
Mi alivio es grande al ver a un hombre agachado junto a su moto, quien fue arroyada por mi auto.
Menos mal que no traje la camioneta de Papa, ahí si no hubiera quedado nada de la moto.
-Pero qué te crees, para estacionar tan cerca, es que no tú no sabes lo que es mantener el espacio reglamentario – me comporto como una loca histérica.
Los nervios manejan mis actos y ver la mirada atónica de los playeros no me está ayudando.
Y cuando el hombre se levanta sé que metí la pata hasta el fondo.
Mi día acaba de oscurecerse, mi archi enemigo estaba aquí,
El comienza a levantarse, agachado parecía menos intimidatorio.
Ahora es casi cabeza más alto que yo.
- Perdón – dice con una cara de tranquilidad que da miedo
-Te perdono –contesto alejándome de él.
Su mirada es asesina por lo cual cierro mi boca.
Según recuerdo en el instituto ya parecía un asesino, ahora después de mucho tiempo eso solo empeoro.
Y en eso me entra el miedito él podría ser un asesino.
Un asesino muy bueno vestido completamente de cuero.
Con un pañuelo enredado en sus cabellos y sus anteojos Ray Ban de colección.
Escucho risas y me percató que estoy rodeada de motociclistas.
La maldita banda está aquí, pero ahora soy una mujer ya no una niña que pueden humillar, capaz ni se acuerden de mí, no frecuentamos los mismos círculos, no porque sean pobres, sino que seguro están escondiendo algún cuerpo en ese taller mugroso suyo.
Escucho como le dicen que es imposible que gane la carrera sin motocicleta, pero él no se inmuta es como si estuviera pensando que parte de mi pequeño cuerpo golpear primero.
- Puedo pagarte – exclamo altaneramente, pero al escuchar las carcajadas es más que evidente que no eso no será una solución.
- No es dinero lo que necesito, ¿qué más tienes para ofrecer? - escanea mi cuerpo de arriba abajo, sus amigos gritan palabras obscenas.
- Maldito depravado, dinero es lo único que puedo ofrecerte – se lo digo indignada- pero ¿qué te crees? -cuando las palabras escapan de mi boca todos se quedan callados.
MALA SEÑAL.
- Por favor.... tu no me sirves ni como llavero – se burla de mí y me hace sentir indignada.
Y los recuerdos vienen a mí, era mi primer año de instituto, no tenía ni por asomo el cuerpo que tengo hoy, era flaca, mi cabello estaba pasando por una etapa de cambio de rebelde a más rebelde, y tenía unos frenillos que no ayudaban mucho, yo era una insignificante niña y ellos los dioses del lugar.
Ni si quiera se fijaron en mi hasta que di el mal paso que los puso años en mi camino, años que mi autoestima fue lastimada.
- Maldito estúpido – mi ira está en su punto de ebullición.
Hacía tiempo que mi autoestima había sanado y no dejaría que un estúpido ridículo me lastimara.
– Además no es para tanto – grito levantando su estúpida moto.
Pesa tanto que mi cuerpo se acalambra por el esfuerzo.
A duras penas lo levanto, está un poco destartalado, pero nada que no se pueda solucionar.
Todas sus partes están intactas.
-No le paso nada – afirmo mientras suelto la moto, pero cometo de nuevo el error de no poner la patita.
Y con la mirada atónita de todos sin que nadie pueda hacer nada y mi mirada de incredulidad, la maldita moto vuelve a caer y para agravar mi penitencia lo veo rebotar como una pelota.
Con un ruido atronador.
Pero lo más duro de todo es ver como el retrovisor cae destrozado uno y luego el otro.
-Bueno casi nada – murmuro.
Mientras veo como se quiebra el depósito de combustible el cual esta personalizado, le sigue el manillar que queda colgado y para rematar la faena el guardabarros delantero doblado y su caño de escape totalmente rayado.
Dios mío repito en mi mente cuando el dueño de la moto, saca sus anteojos para fulminarme con la mirada.
Estos son los momentos donde sería bueno correr, para seguir viviendo mañana.
-Kent. Kent me estas escuchando – grito indignada.
Hace 20 minutos estoy hablando y el solo sonríe al maldito espejo.
-Cielito no te enojes hoy tengo que filmar y en casi todo el guion sonrió – dice sin dejar de mirar su rostro, abrazándome y moviendo el maldito espejo para ver el reflejo de ambos.
-Sonríe muñeca ¿quién es la Barbie de Kent? –susurra mostrando su hermosa dentadura.
-Alysa quien más – afirmo.
Me levando de punta para darle un beso en los labios, mientras mi vestido vuela al viento.
Suena la campana avisando que las clases están por empezar.
Me da un beso en los labios, me cuelgo por su cuello para intensificar el beso.
Él se retira sacando mis brazos de su cuello.
- ¡AH NO! princesa me vas a despeinar – su sonrisa nunca abandona sus labios.
A veces me pregunto cómo no le duele la mandíbula de tanto sonreír, pero tengo que admitirlo su sonrisa es como una obra de arte que eclipsa todos a su paso.
Lo veo alejarse, observo las miradas que estas zorras le dirigen.
Unos brazos me rodean, no necesito darme la vuelta para ver a la preciosa morena de ojos verdes que está pegada a mi espalda.
-Nayara –saludo.
- ¡Odio a tu novio! lo sabes verdad – escupe.
¡Ella es así! Mil veces le dije que lo que Dios le dio de bella le resto a su sensibilidad.
Es tan sincera que a veces se pasa lastimando a los demás. No es que me importe mucho los demás, pero hasta yo soy un poquito menos propensa a lastimar con las verdades que duelen.
Ella no está a favor de ¡MENTIRAS PIADOSAS! Para ella o es blanco o es negro.
Ella odia a Kent de la misma forma que yo le amo a ella, con el tiempo aprendí que estos dos amores míos no se toleran.
Terminada las tontas clases, vamos juntas de la mano hacia el estacionamiento.
- Hoy es luna llena ¿lo sabes? – dice de una forma muy maquiavélica, no puedo evitar reír de ella, le hago ojitos mientras me dirijo al auto.
Antes de subir la escucho gritar.
– Esta vez no te salvarás, te llevaré del pelo nena no lo olvides –
Como olvidarlo, si toda la semana me lo estuvo recordando, ella es de sangre gitana, pero Gitana de sangre pura.
Es hermosa y siempre esta combinando su ropa con moneditas que suenan a su paso.
Le da una apariencia de misterio a su paso.
La observo por mi retrovisor mientras recoloco mis cabellos rubios salvajes con la pinza de diamantes que me regalo mi papa y repaso mis labios rojos escarlatas.
Una vez que me satisface mi apariencia enciendo mi auto.
En mi recorrido por las tiendas, mi celular no deja de sonar con mensajes subliminales de Nayara.
Sobre lo que espera de esta noche y como la conozco tengo más que aprendido que no me dejara en paz hasta no cumplir su pedido.
Y como mañana tengo un evento que asistir, estoy en la culminación de un plan para que mi mejor amiga y mi novio estén conmigo. Pero que a la vez no estén ellos juntos.
Me siento como un estratega del ejército.
Entrando a la tienda de La Perla, recorro la tienda buscando lencería atrevida, para estrenarlo mañana una vez terminado el evento.
Elijo unos modelos que son exclusivo y pago con mi tarjeta black que me regalo mi papa.
Salgo de la tienda con una sonrisa, mirando lo hermosa que me veo en las vidrieras de las tiendas.
Todo mi dia va bien hasta, siempre hay un hasta.
Mi auto entra en reserva, paro en la gasolinera y como siempre que veo al playero que esta como revista de pornografía pierdo mi cabeza.
Si Nayara viera como me deja tonta el playero seguro me conseguiría una cita con él y rezaría que me olvidara de Kent.
Por eso este playero es mi sucio secreto.
Mientras lo veo venir olvido apagar mi motor y dejo mi auto en Punto muerto en una pequeña bajada sin freno.
Si eso solo me ocurre a mi.
Y solo me doy cuenta cuando el playero pasa de tener una sonrisa a correr y gritarme de forma preocupada.
Ya muy tarde me doy cuenta que mi auto es el que se mueve.
Solo se detiene cuando impacto con algo, escucho un grito masculino.
Como por arte de magia despierto de mi aturdimiento y apago mi motor, pidiendo no tener a alguna persona debajo de mi rueda.
No quiero imaginar como sacare la sangre de la rueda sin que vea mi papi, o como en el peor de los casos me meterían presa, no quiero imaginarme con ropa a rayas, dios mío y sin tener acceso a la vitamina D del sol.
Niego con mi cabeza eso nunca va pasar por que mi papi no me dejaría, mientras que mi madre es otra historia.
-Ay dios, ay dios – me bajo del auto esperando lo peor.
Mi alivio es grande al ver a un hombre agachado junto a su moto, quien fue arroyada por mi auto.
Menos mal que no traje la camioneta de Papa, ahí si no hubiera quedado nada de la moto.
-Pero qué te crees, para estacionar tan cerca, es que no tú no sabes lo que es mantener el espacio reglamentario – me comporto como una loca histérica.
Los nervios manejan mis actos y ver la mirada atónica de los playeros no me está ayudando.
Y cuando el hombre se levanta sé que metí la pata hasta el fondo.
Mi día acaba de oscurecerse, mi archi enemigo estaba aquí,
El comienza a levantarse, agachado parecía menos intimidatorio.
Ahora es casi cabeza más alto que yo.
- Perdón – dice con una cara de tranquilidad que da miedo
-Te perdono –contesto alejándome de él.
Su mirada es asesina por lo cual cierro mi boca.
Según recuerdo en el instituto ya parecía un asesino, ahora después de mucho tiempo eso solo empeoro.
Y en eso me entra el miedito él podría ser un asesino.
Un asesino muy bueno vestido completamente de cuero.
Con un pañuelo enredado en sus cabellos y sus anteojos Ray Ban de colección.
Escucho risas y me percató que estoy rodeada de motociclistas.
La maldita banda está aquí, pero ahora soy una mujer ya no una niña que pueden humillar, capaz ni se acuerden de mí, no frecuentamos los mismos círculos, no porque sean pobres, sino que seguro están escondiendo algún cuerpo en ese taller mugroso suyo.
Escucho como le dicen que es imposible que gane la carrera sin motocicleta, pero él no se inmuta es como si estuviera pensando que parte de mi pequeño cuerpo golpear primero.
- Puedo pagarte – exclamo altaneramente, pero al escuchar las carcajadas es más que evidente que no eso no será una solución.
- No es dinero lo que necesito, ¿qué más tienes para ofrecer? - escanea mi cuerpo de arriba abajo, sus amigos gritan palabras obscenas.
- Maldito depravado, dinero es lo único que puedo ofrecerte – se lo digo indignada- pero ¿qué te crees? -cuando las palabras escapan de mi boca todos se quedan callados.
MALA SEÑAL.
- Por favor.... tu no me sirves ni como llavero – se burla de mí y me hace sentir indignada.
Y los recuerdos vienen a mí, era mi primer año de instituto, no tenía ni por asomo el cuerpo que tengo hoy, era flaca, mi cabello estaba pasando por una etapa de cambio de rebelde a más rebelde, y tenía unos frenillos que no ayudaban mucho, yo era una insignificante niña y ellos los dioses del lugar.
Ni si quiera se fijaron en mi hasta que di el mal paso que los puso años en mi camino, años que mi autoestima fue lastimada.
- Maldito estúpido – mi ira está en su punto de ebullición.
Hacía tiempo que mi autoestima había sanado y no dejaría que un estúpido ridículo me lastimara.
– Además no es para tanto – grito levantando su estúpida moto.
Pesa tanto que mi cuerpo se acalambra por el esfuerzo.
A duras penas lo levanto, está un poco destartalado, pero nada que no se pueda solucionar.
Todas sus partes están intactas.
-No le paso nada – afirmo mientras suelto la moto, pero cometo de nuevo el error de no poner la patita.
Y con la mirada atónita de todos sin que nadie pueda hacer nada y mi mirada de incredulidad, la maldita moto vuelve a caer y para agravar mi penitencia lo veo rebotar como una pelota.
Con un ruido atronador.
Pero lo más duro de todo es ver como el retrovisor cae destrozado uno y luego el otro.
-Bueno casi nada – murmuro.
Mientras veo como se quiebra el depósito de combustible el cual esta personalizado, le sigue el manillar que queda colgado y para rematar la faena el guardabarros delantero doblado y su caño de escape totalmente rayado.
Dios mío repito en mi mente cuando el dueño de la moto, saca sus anteojos para fulminarme con la mirada.
Estos son los momentos donde sería bueno correr, para seguir viviendo mañana.