Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Moderno > ESCLAVA DEL DEMONIO PARTE 1
ESCLAVA DEL DEMONIO PARTE 1

ESCLAVA DEL DEMONIO PARTE 1

Autor: : Satoru_fics1
Género: Moderno
᷅᷆᷅ᮬ⌲ TRILOGIA : ESCLAVOS 𝐄𝐬𝐜𝐥𝐚𝐯𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐧𝐢𝐨. 𝐄ncerrada en un mundo en donde las drogas prostitución e incluso el matarse entre si, es demasiado común; para 𝐄𝐥 pero no para 𝐄𝐋𝐋𝐀. Ahora debe saber como salir, como sobrevivir a este agujero negro que esta lleno de perdición Y la obsesión de el, la lleva a ella a un infierno que no podra escapar. ⚠️ 𝗔𝗗𝗩𝗘𝗥𝗧𝗘𝗡𝗖𝗜𝗔 ⚠️ ᷅᷆᷅▢ lenguaje inapropiado, escenas de sexo ni consensuadas, manipulacion, aborto, embarazo no deseado, enamoramiento, sindrome de estocolmo, un final ¿feliz?. 𝐒𝐢 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞𝐚 𝐛𝐚𝐣𝐨 𝐭𝐮 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐨 𝐫𝐢𝐞𝐬𝐠𝐨 𝐲 𝐧𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬 𝐨𝐟𝐞𝐧𝐬𝐢𝐯𝐨𝐬 𝐧𝐢 𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐞𝐬𝐭𝐢𝐥𝐨. 𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐬. 𝗗𝗶𝘀𝗳𝗿𝘂𝘁𝗲𝗻....

Capítulo 1 Sinopsis

Somos esclavos de nuestros propios demonios, y es momento de gritar por salir de aquí...

Crecí en la miseria total, desde mis cortos ocho años, viendo cómo el alcoholismo de mi padre lo llevaba a la ruina; sin pensar en las consecuencias que eso traía a la vida de mi hermana, y a la vez a la mía. Me hizo madurar muy rápido, pasando de niña a adulta como si nada. Esto ya lo veía llegar, desde la muerte de mamá, y después de la muerte de kate.

─── ¿Por qué tengo que pasar por esto?

Fueron preguntas que jamás tuvieron una respuesta, Rebecca encontró el amor, se pudo llevar a mi hermana menor, pero yo simplemente quedé en el limbo. Buscando una solución a esta miserable vida.

Pero jamás llegó, fui secuestrada a mis veinte años. No hubo felicidad, hubo dolor; humillaciones, violaciones, y tortura odiaba ese lugar pero cada falso movimiento que hago es una condena que me quema por dentro. Cada vez que recuerdo esos "malos momentos" ahora que estoy en este infierno. Sus ojos de él, se volvieron más brillantes, dando la ilusión de ser un mar turbulento que añora encontrar la calma en su alma perdida ¿Desde cuando me doy cuenta de esos pequeños detalles?.

¿Acaso estoy desarrollando acaso el popular síndrome de Estocolmo?¿Estos podridos sentimientos son reales? Esto es muy imposible, porque yo no puedo estar enamorada de aquel ser que me secuestró ni mucho menos de aquel "violador".El amor es muy complicado y más cuando te das cuenta que te enamoraste de aquel ser que te arruino la vida.

¿Estoy enamorada?¿Este sentimiento que no estoy sintiendo se le conoce como síndrome de Estocolmo?¿esto acaso es real?¿o todo comenzó en aquel invierno donde me invitó aquella bebida?

Capítulo 2 Capitulo uno

Esclava del demonio.

En el invierno los pequeños copos caen en una danza armoniosa, testigos que se conectan entre todos, el trabajo pesado atormenta mi noche. Es un patrón un poco extraño, un poco distinto pero así se dibujaba la jerarquía de esta sociedad; un empleado casi nunca tiene un derecho a algo, siempre es ser explotado de una manera inhumana. Horas, días, semanas así me la he pasado desde que llegué aquí al centro comercial: Haitnel.

Contamos hasta tres, mis manos y pies se tensan, me quedo callada con una dulce sonrisa en mis labios fríos. La atención al cliente era demandante, algunos se iban temprano, otros se quedaban hasta tarde pero yo, no obtengo nada, solo debo continuar aún si no consigo un extra; recuerdo claramente el verano pasado como un grupo de personas se venían encima por el hecho de trabajar acá. ¿No sé pudieron poner a pensar en cómo me estaba poniendo?. Mi cuerpo gritaba descanso, y mi alma que suelte todo lo que traía atorado, pero silencio, un año después no fue mejor, estar aquí levantada sin saber cómo seguir pero con una meta clara; salir adelante con o sin ayuda.

Poco a poco, mis ganas de renunciar y empezar de nuevo en otro lugar, iban aumentando como una pequeña bola de nieve. ¿Quien no se cansaría? Llevaba mucho tiempo trabajando para una empresa que no valoraba los derechos humanos, era una persona, una persona que también siente: llora, ríe, se enoja. Y el salario es tan miserable que no comprendo aún por qué sigo aquí. Setenta y seis horas aquí, y pocas horas en casa, enviaba a los que tienen suerte, mi jefe es alguien vacío que no le importa a quien tiene que sacrificar para que logre su objetivo final.

Las horas iban aumentando como iban bajando, el tiempo se detenía cuando el momento se acercaba. El desgaste mental que este entorno me subía era dulces cuchillas. Mis pensamientos viajaban en un pasado dulce pero regresaba en un presente ácido; todo lo que yo podía jurar que es mío, se me iba de las manos : la juventud, el dinero, y sin el futuro que añoraba tener en mi niñez; siendo una princesa que se convierte en médica, lo había soñado desde que mamá murió pero también cuando ella murió, mi vida se estaba convirtiendo pero apenas comenzaba.

En este universo en dónde lo malo y lo bueno coexisten, en una perfecta armonía. Cómo el deseo y la frustración es una sensación que el mismo universo brinda en el momento que nosotros llegamos a esta vida; las ganas que tenía de huir de aquí, aumentaban a un ritmo rápido, como si fuera un disparador de oferta que añoraba ansiosamente poder ser utilizado. Me sentía prisionera de mi propia existencia, un viejo sofá aguarda por mi; era como una ave enjaulada, por alguna razón detestaba este destino, las diez horas diarias por cada día de la semana junto con un descanso que me va matando lentamente. La salida llegó, un suspiro de alivio salió de mis labios, ya había acabado este día. ¿Qué puede cambiar? Nada, solo tomo mis cosas que llevaba en mi vieja cartera vintage de tonos oscuros, y como un rayo salgo de ahí, como una estrella fugaz, como si salir de aquí tuviera mi último aliento de vida.

Mis miedos susurraban en mi mente con el frío de invierno, me abrigo bien, antes de salir de mi centro de trabajo; no quería agarrar una hipotermia en estos momentos. El frío calaba mis huesos como miles de tornillos que atraviesan mi piel. El sonido grisáceo de la multitud era lejana, el intento de mantenerme caliente era en vano, una funda de color morada con detalles de mariposas, un detalle que mamá y papá me regalaron a la edad de cuatro años, hace dieciocho años atrás que recuerdos con momentos que no volverán, y un abrigo de color marrón oscuro, aquel abrigo que llevaba parches por varias partes. ¿Porque nunca me he podido comprar algo decente? Por el simple hecho de que todo era para mí hogar, y el inútil de mi marido.

El vacío que había en estás calles que estaban repletas de nieve, con una nevada casi perfecta. Las personas no estaban transitando, se veía tan tétrico, tan muerto y sin vida en plena oscuridad; mi reloj marcaba casi media noche, mis manos rosadas cambiaron a un tono morado, como los golpes de mi alma. Mis pasos eran rápidos por qué cada vez que pasaba el tiempo, mis miedos aumentaban, pero mi mente se pudo tranquilizar cuando pude ver a unas personas tomando un café, o un buen vino en un restaurante de lujo, envidiaba esa vida que otros se pueden dar, son lujos que nunca me podría dar, y menos cuando tengo un hogar que mantener.

Las luces de las calles parecen desaparecer en cuanto me acercaba cada vez más, dos kilómetros para llegar a casa. Unos veinte minutos fueron suficiente para llegar, mi sueño de descansar se desvanecen como espuma al ver mi hogar, tan descuidado, sin alimentos básicos; estaba existiendo solo por existir, al ver de reojo mi cama tan cómoda me fui quitando todo lo que traía encima, en mi mente me mire con una bata de hospital, gire mi cuerpo para dirigirse a la cocina, viendo que había para poder comer, no había nada. Quizás debería pensar en poner una lavandería en este lugar para que pueda apoyarme, para que sea alguien productivo y no un vago bueno para nada. Los platos sucios,lavarlos y secarlos para mantener un orden; una lucha interna que llevaba tiempo en querer escapar en sollozos, pero al menos ya estaba en mi hogar, sin miradas de superioridad como si ellos fueran los reyes del mundo, y nosotros los esclavos, mire a hacia el techo tratando de dejar todo para mañana, necesitaba dormir.

Era una tregua momento entre el silencio y el sigilo, me consideraba una persona que sabe entrar tan callada, mi habitación estaba a unos quince pasos, el sonido de la televisión invadía el lugar, un berrinche por falta de snack se hacía presente, me maldije internamente

En el etéreo silencio, soy demasiado consciente que en cualquier momento se dará cuenta que estaba aquí, observaba con incertidumbre aquel pasillo gris; un crujido del sofá, sonó de repente, giré mi cuerpo hacia atrás para visualizar un poco mejor el lugar, pero no había nada, respire hondo para tranquilizarme. Un grito ensordecedor retumbó por mi memoria, siempre para él, había un motivo para tratarme mal, era doloroso ver cómo no me respetaba como su esposa, creía que al pasar el tiempo, iba a comenzar a tratarme mejor pero ese trato nunca llegó. Mis manos tocaron una vieja foto, ahí estaba yo con un vestido de novia; recuerdos pasados, suavemente me aleje de aquel cuadro pequeño, camine hacia mi habitación que me esperaba con desespero: tiro mis zapatos aún lado de la cama, y mi bolsa la había dejado en la entrada, al final caer en la cama, siento como mi cuerpo se relaja como si tocara el mismísimo cielo. ─── Al fin..─── la sensación que me hace sentir, era algo como una luz y una oscuridad que bailaban en un hermoso ritmo de un compás. Pero es inevitable permitir a mi cuerpo este tiempo para relajarse, después de estar sin descanso durante horas que me torturaba completamente.

─── ¡Alexandra, Alexandra! ─── La bestialidad de su voz al gritar como cada día al anochecer o al despertar, sin un descanso certero para aquellos gritos que me molestaban. ─── ¿A qué hora está en tu reloj? ¡Alexandra, estúpida ¿Que esperas?!.

Me levanto de la cama, las energías se habían ido, el dialecto del diálogo se había esfumado en el primer grito, aunque no era un mal hombre por qué jamás me ha levantado un solo dedo pero era una bestia cuando tomaba alcohol; desde que perdió a la persona que amaba solo se volvió un parásito de esta inmunda sociedad. El olor a licor y a tabaco, era una rutina matutina, sin decoro alguno mientras cuenta sus anécdotas de niñez, que al principio me encantaba escuchar. Un maldito hijo de puta, que solo pensaba en él, y en su dolor.

─── ¿Por qué no hay comida en la mesa en qué has estado pensando, Alexandra? ─── Su mirada furiosa, me atraviesa por dónde quiera que mire; mire al suelo con un semblante serio ¿Acaso él no tiene manos para que se cocine solo?. Simplemente no. ─── Cassandra, siempre me tenía todo listo, en cambió tú, jamás tienes algo listo. No eres buena en nada por eso tu papá te detesta. ─── Aquel dardo me lo tira en la cara como si no me doliera todo lo que él habla, y siempre era las mismas palabras que me tenían cansada.

─── Estaba trabajando, si te olvidas , claro. ─── Le recuerdo una vez más, mis pensamientos eran un torbellino que nunca se cansan:Mateo, no estaba de fiesta ni mucho menos buscando un amante que me dé lo que tú no me das. Me estaba rompiendo la espalda para que a esta casa ni a ti, te falte algo. pero no dije nada, lo guarde como ecos de mi voz interior, por qué se que si le digo todo eso a él, no solo le va a ofender si no también doler. Y es lo que menos quiero.

─── No me hagas reír, . ¿Que son estas horas de llegar?, tú lugar es acá en la casa, conmigo que soy tu esposo; debes atenderme, mientras lavas los platos, y haces los quehaceres del hogar, por favor, busca un nuevo trabajo por qué dónde estás actualmente es un basurero, y no me alcanza para más cervezas este mes. ─── Puñales, y más puñales, sus palabras eran filosas cuando se trataba de hablarme; no había una máquina del tiempo que me haga retroceder, y evitar este matrimonio tan ruin. En mi rostro dibuje otra bella sonrisa, tan falsa, tan hipócrita que era una máscara a la perfección para no mostrar mis emociones, evitando caer en el juego de un borracho; solo están dejando que hable sin pensar en sus consecuencias.

─── Alexandra, por favor, haz algo por mi, y por esta casa ¿Si?. Ponte a recoger todo este basurero para que sea un hogar más agradable para mí, ya que yo estoy veinticuatro horas aquí, esperando por tí. ¡Vamos floja!.

Miraba como las latas de cervezas con los empaques vacíos de comida rápida. Zapatos y ropa regada por cada rincón de éste hogar, era un dolor de cabeza, los platos sucios en el lavadero, todo un desastre; la complejidad de mis ideas, se unían a una sola que era descansar pero no todo se podía en esta vida. Sus berrinches eran un río de quejas y desprecio que aumentaba sus tempestades, era una batalla de supervivencia, dónde yo iba perdiendo. Mis cosas estaban cerca de la puerta, quería ir y tomarlo para salir de aquí por esta noche ¿Pero a dónde iría si no conocía a nadie?. El desprecio que me da,me estaba cansando. Quiero agarrar mis cosas e irme por esta noche de aquí, ¿A dónde? un lugar más lejos de aquí,ya no lo aguanto. Pero soy muy miedosa para hacerlo,las calles frías y aunque no soy bien recibida aquí, estoy caliente y abrigada.

El vacío de mi corazón es un hueco que no puedo llenar con facilidad; mientras comenzaba a limpiar, cocinar, y lavar todo rápidamente, como flash en plena carrera. Para ya no oír sus quejas, sólo añoraba un poco de ayuda ,un poco de silencio que tanto le costaba brindarme. La tranquilidad era efímera, un poco que pedía era tan frágil como una copa de cristal, tranquilidad invisible. Me estaba muriendo en vida, no era una exageración, y la paz que solo encontraba en mi niñez se había esfumado hace mucho tiempo.

Hay contradicciones que me hacían pensar distinto por cada minuto. La comida estaba lista para servir, cuando le comienzo a servir, podía escuchar como mi estómago rugía, pero hoy no era mi día para probar bocado; había preparado unos espaguetis francés con queso rallado encima. La alteridad de el, me confunde, Mateo, pone una cara de asco y repulsión, como si la comida que había hecho fuera de la basura. Quería golpearlo, envenenarlo, yo ya no lo soportaba; suspiré para calmarme, aguantando todo con una sonrisa que lentamente se rompe como cristales.

─── Alexandra , quiero hacerte una pregunta. ¿Por se acaso no sabes otra comida que no lleve queso?. ─── Me pregunta con un disimulo de tranquilidad; sus ojos demostraban asco.

─── Mateo por favor, solo deseo descansar, y que me ayudes en los quehaceres del hogar, es lo mínimo que te pido, porque, dinero no te pido. ─── Mis palabras salían en un hilo, que se quebraba en cada sílaba, la rabia me consumía; mis lágrimas salían por la frustración, y el coraje que habitaba en mi interior, por qué todo lo hacía yo, aún si me estaba enfermando, debía hacerlo, yo. No existe equidad para solventar entre dos un matrimonio. Apreté mis manos, la situación de truenos en mi cabeza, mientras trabajo, limpio, y cocino. Hacer de todo en este hogar, me consumía a tal punto que ya no podía más.

─── ¿Alexandra, no hay cerveza para beber? ─── la normalidad con que dice es tan normal que parece que no me sintiera mal con su comportamiento ruin; entendí que nunca seré valorada como otras mujeres. Nací para vivir un infierno.

─── Yo no, no lo sé; por qué al final del día, el que se queda en casa hasta por gusto, eres tú qué solo se dedica a tomar sin parar como si no tuvieras un trabajo que realizar, Mateo no somos niños. ─── Escupí esas palabras con veneno; no tenía miedo a nada, solo tenía miedo a lo que me sucederá después

─── ¿Acaso me estás diciendo borracho? ─── parece que no se cansaba de hablar, quería que se callara, y que se durmiera pero eso no quiere suceder.

─── ¿Yo decirte borracho? Claro que no, solo te estoy diciendo que eres una hada madrina que huele a flores de margarita ¿Acaso no ves o no hueles? ya ví por qué dicen que eres un ciego. ─── las huellas de mi sarcasmo, se hicieron presente frente a él. ─── ¡Y si, si te estoy llamando a ti, borracho!. Yo ya no te aguanto, tú me tratas como tú sirvienta como si no valiera nada, me tienes trabajando como mula para que te dé la gran vida, ya no quiero esto, yo simplemente no me lo merezco; primero mi papá, y ahora tú. Prefiero estar en el infierno que contigo en la misma casa. Y maldigo el momento en que me case contigo, solo para huir de mi hogar y miserias.

Camine hacia la nevera, asomando mi cuerpo para sacar una lata de cerveza; podía visualizar la falta de alimentos, agarra una lata, mis acciones eran burdas , y mi actitud era hostil.

─── ¡Alexandra, tú comida sabe a nada, que asco!

¿Porque entregarse a alguien que no te amaba ni te trataba como persona? La situación me estaba superando; sentía mi rabia salir por mis orejas, camino hacia la puerta, agarrando mis cosas para poder irme de aquí. No quiero solo abrir la puerta, y quedarme aquí, viendo cómo me tratan mal. Al tener la puerta abierta, el aire entra por mis poros congelando de inmediatamente, sintiendo los músculos de mi cara entumecerse; que frío

─── ¡¿Alexandra a dónde crees que vas?! ¡¿Acaso no ves que es muy tarde y es peligroso para ti?! ─── se podría hacer una revolución desde mi interior pero siempre un bache me dejaba a la mitad, y su preocupación, al principio creí que era mentira pero en su voz se sentía pero eso nunca lo ha pensado, por segundos, días, semanas e incluso meses para tratarme por lo que soy; una persona que también siente.

─── Me voy a ir, ahí afuera, por qué en este maldito lugar, no recibo ningún trato humano. ─── mi mente es un campo de lucha; en dónde gritar, llorar era la solución. Al pisar fuera de casa, ya no había vuelta atrás, solo caminar sin una dirección fija.─── y para que te informes que yo no pienso volver contigo nunca más, contigo solo hay malos tratos, quizás en la calle encuentre lo que aquí no encuentro.

El vacío era un sentimiento que no sabría cómo llenar a partir de ahora, sabía que volvería, tarde o temprano, aunque me enoje o no me comprenda demasiado, toda mi vida era un lienzo de las películas de tim Burton, pero cuando llegó Mateo a mi vida, esa oscuridad se volvió luz, era su hermana menor, su esposa, y no mejora como persona. Al menos con esta acción el pueda tratarme como alguien que siente, antes de que me tratara como un animal; el siempre me exigía como si fuera mi padre, ya no había un límite a sus ataques simplemente eran cuchillas. Al pisar por completo la puerta, cerrándola en el paso; comienzo a huir de él, pude verlo correr hacia mi con gritos y súplicas. Huyó de él, lo más rápido que pude, por la misma adrenalina no lograba escuchar bien sus palabras.

Al estar fuera de mi hogar, siento como todo se congela; me arrepiento enormemente de haber salido de ahí pero no es por mi trato a Mateo, si no, es por el frío intenso que había que superar mi resistencia y enojo ante una bestia inhumana como el. Me abrigo como puedo, porque el abrigo estaba con un lado roto, que se rompió cuando lo saqué de la pequeña madera con clavos que usaba como colgador; las calles vacías, taxis que cobraban caro que eran escasos así era vivir en una parte pobre de Manhattan, el coraje se desvanecía como un río en un caudal. Aún podía sentir lo cómodo de mi cama con sábanas calientes, y me podía preparar una tacita caliente de chocolate o agua hervida que me esperaban en casa, pero esa bestia sin corazón, y sin razón lo custodia de una manera inexplicable. Yo pago, yo compro cada alimento en vano por qué no podía comer nada más que un poco de sobras de un día anterior.

Hace unos meses atrás, cuando el calor del verano azotaba mi rostro, tenía una vida social media activa, cuando mi hermana y yo vivíamos aún juntas, ahora simplemente solo quedan recuerdos por qué ya no hay nadie a quien acudir en momentos así; seguramente se burlan de mi, por como estoy ahora, saco mi celular de tercera, un teléfono que salió hace diez años atrás; revise que si aún seguía agregada de veinte amigos pase a nada. ¿Qué más me puede suceder?. Mi trabajo me come viva con apenas veinte años he perdido gran parte de mi juventud, porque soy una esclava de un matrimonio, y una sociedad que solo piensan en su propio beneficio.

Caminaba sin rumbo fijo, las calles vacías, y la nieve caían en un desorden por el viento fuerte que azotaba en esta noche. La tranquilidad que sentía en esos momentos era mágica, como si me hubiera transportado en el mismo cielo, una canción de Taylor Swift, exactamente la canción shake it off , revise mi teléfono, y era un llamada de él, no conteste solo lo deje sonar. Seguí un rumbo vacío, por unos treinta minutos aproximadamente, al alzar la mirada podía ver un antiguo restaurant- café, dónde en mi juventud, no hace más de cuatro años, yo solía venir con un grupo de amigas de mi adolescencia, y en donde conocí mi primera ilusión; Damián, un joven de lentes con una cara llena de barritos, una sensación agridulce se formó en mi garganta al ver que nunca he podido ni podré estar con el ,por qué es una ilusión de antaño, y amor de primavera.

No llevaba encima mucho dinero pero al menos podía darme el lujo de un pequeño café de un dólar, y que sea caliente; el sabor era lo de menos, mientras me sienta segura, todo estará bien. Al entrar el olor a licor inunda mis fosas nasales, y tomó asiento a una vieja mesa rota con clavos expuestos, esto era peligroso si alguien se podía poner a pelear aquí, o usa esto como arma. Miraba cada rincón, ya no era como antes, los adolescentes vienen a beber, o pasar una noche de fiestas, yo quería un buen café de esos que alimentan el alma con energía. Las luces se apagan, la oscuridad me envuelve, tenía miedo por qué nunca he experimentado una sensación tan frenético, me sentía una hormiga delante de tantos lobos, jóvenes y adultos bebiendo cada uno en su respectivo lugar, eran igual de borrachos sin beneficio, igual que mi esposo, se le nota en la ropa vieja, y sucia que llevaba encima.

Varios minutos después de solo observar, un mesero pone un vaso de cerveza; me quedó mirando detenidamente, buscando alguna respuesta por el motivo de este obsequio, si podría llamarlo así, el desliz de la cerveza a unos centímetros de mis manos, me hizo sudar frío. Él me miraba detenidamente, investigando mi rostro, yo me sentí muy avergonzada. ─── Hola, disculpa, yo quiero un café caliente de un dólar; la cerveza me hace daño, gracias.

─── Hermosa, es una invitación ─── su ojo derecho me hizo un guiño, tragué en seco; y unas deliciosas ganas de envenenarlo se hizo presente. ¿Pero si yo fuera una chica normal y que el me ve atractiva?. Espera, quizás él me estaba ligando, di un suspiro, sonreí ligeramente para acomodar mi cabello hacia atrás.

─── solo necesito un café, joven ─── Mencioné con una sonrisa, le guiñe el ojo correspondiendo a sus insinuaciones; con mi mano derecha le devolví la cerveza en sus manos. ─── Cielo, como dije me hace daño, por qué soy intolerante al licor.

El chico de un porte que llamaba la atención por sus ojos heterocromaticos que cubría sus labios con un cubrebocas; era un hombre misterioso, y coqueto, me fascinaba de una manera desconocida pero todo lo bueno termina, cuando el se retira llevándose el vaso de cerveza,sentía que volaba en el cielo como una ave en libertad que cae rápidamente cuando está herida. La puerta estaba a unos pasos , necesitaba salir de aquí, aún si me vieran como una amargada mi presentimiento me decía : huye. Él regreso con el café, agradecí, parecía que estuviera en menopausia, sudando por todo esté momento que va más allá que yo, es como si la sensación efímera pronto cambiará. El sabor amargo pasaba por mi garganta como un dulce de azúcar, el momento era único y endulzado que todo termina al ver la hora, en el reloj de la pared, veinte para la una de la mañana, saco el único dólar que tengo en mi bolsillo, y siento como la vibración de mi teléfono no paraba, él estaba preocupado por mí, debía volver para hablar con él, como dos personas civilizadas, y llegar a un acuerdo por el bien de ambos.

─── Disculpe ¿Cuánto es en total? ─── estaba parada frente a él; me veo como una chica infiel al sonreír a otro hombre, pero toda mis ilusiones me dejaron ahí sin una respuesta que podría responder rápidamente, me quedé helada.

─── Es una invitación. ─── sus palabras cortantes como cuchillos, su cabello negro perfectamente ordenado, era como un dios griego al estilo Hércules pero sin músculos. Quedé como una tonta.

─── Supongo que gracias. ¿No? ─── Estaba confundida, por qué cuando era una niña, mis propios padres me decían como un cassette casero que no vaya a aceptar nada de extraños, y las mismas palabras me decía Mateo, pero aquí estaba aceptando algo de quién sabe quién.

─── No me agradezcas a mí, por qué yo si te hubiera cobrado el doble, o quizás hasta el triple. Hasta haría que kabutomaru te envenenara lentamente pero lastima, eres un cliente más de este bodrio lugar. ─── quedé paralizada, cohibida por sus palabras; mis ganas de tomarlo por el cuello, y azotarlo hasta que deje de respirar se hizo presenté, pero solo sonreí, hipócritamente sonreí, y esperé con molestia que siguiera. ─── Pero si deseas agradecer a alguien, puedes hacerlo a un idiota de cabellos negros con ojos azules que tenía mirada de psicópata del closet, que por cierto se acaba de ir por esa zona de allá.

En este momento de enigma al no saber quién me dió está invitación, sin siquiera habernos conocido; sonreí al mesero que me miraba con aire de superioridad, claro, yo vestía como vagabunda, y él con ropa decente. Mi mente viajaba en mis errores del día, uno de ellos es creer que alguien como el, se fijaría en alguien como yo, que por cierto estoy casada, y trate de tener una relación extra marital, quería que la tierra me tragara, que me arrojara en dónde sea, que se olvide en dónde porqué él, solo quería mantener un personaje amable, que idiota que soy.

La cortina de la moralidad se cubre de lo malo, y de lo bueno, yo estaba tomando caminos grises. Mi andar era desorientado, con un frío que calaba cada parte de mi, la noche era más oscura, los pequeños sonidos de finas capas de cristal se hacían cada vez más presente, la calle vacía completamente, ya no había taxi, no había nada solamente se escuchaba canto vacíos. Meto mis manos, tratando de calentarlas en mis bolsillos; caminar sin un rumbo fijo, la consciencia me gano, debía volver al menos para tener dónde pasar la noche, el frío ya no me deja pensar con claridad, mi mirada siempre adelante; como si eso fuera suficiente para mantenerme a salvo. No deseaba, no quería mirar a hacia atrás, las luces se quedaron en nada, oscuridad total, entraba en pánico, trate de correr pero algo me detenía, unos pasos se acercaban desde atrás, eran silenciosos, trate de encontrar un lugar donde esconderme pero estaba en un callejón sin salida ¿Como lo sé? Por qué sentí mi cuerpo golpearse contra algo concreto, trate de huir, moví mi cuerpo hacia atrás para retroceder, posiblemente sea el peor error de mi vida, pero quiero intentar en vez de morir en el intento. Corro como puedo; las calles estaban silenciosas, pude ver un poco de luz, era un auto que se acercaba.

Lo que era valioso para algunos para otros era intrascendente para otros; mientras dirigía mi mano a mi bolso para poder sacar mi celular, y poder llamar a Mateo, para regresar a casa, siento como el aire se me va rápidamente, mi cuerpo se quedó pasando por el miedo al tener a alguien detrás de mí. No me da tiempo de escapar ni de gritar, estaba oscuro, mi voz no salía de mi boca, pude sentir como mi cuerpo va perdiendo fuerza,un fuerte olor a alcohol invade mi fosas nasales, no escuchaba nada sólo silencio, en mi mente solo era un bucle de palabras que pedían a gritos un poco de ayuda :¡Ayúdenme por favor! Se lo ruego, no me dejen sola. Nadie escuchaba mis lamento, mi respiración contenida para no inhalar aquel paño que llevaba mezclado somnífero, y alcohol. ¿Dónde estaban las personas? ¿Por qué me está sucediendo todo esto?. Forcejeo con fuerza, era en vano, sin éxito alguno. El hombre que me tenía en sus manos era fuerte, y más grande que yo; sentía el coraje invadir mis entrañas, era un maldito hombre, mi corazón se acelera del miedo. ¿Acaso este malnacido no ha nacido de una mujer?. El olor me terminó ganando, mis párpados cansados, podía sentir de sus mejillas una cicatriz, no veía su rostro pero claramente sentí aquella cicatriz que jamás voy a olvidar. Todo se volvió oscuridad y sin un solo eco, no había nieve, no había nada, solo oscuridad total, dejándome en merced de aquel hombre.

Capítulo 3 Capitulo dos

Todo estaba oscuro, no podía ver, no comprendía como paso, mejor dicho , yo no entendía el por qué a mí, me han secuestrado. Yo no podía sentir el lugar, sentía que estaba en agua, como si mi cuerpo fuera como de un pez en descomposición, sentí un asco al poder oler el hedor del ambiente; apestaba fuertemente a moho, y fuerte olor a desagüe quería vomitar en esos momentos, quería imaginar que era un sueño, al menos un sueño en dónde todo podría volver a la realidad: conmigo en mi hogar, soportando al inútil de mi marido. Me maldigo ferozmente haber terminado aquí.

Si tan solo no me hubiera salido de casa, o al menos hubiera hecho caso al menos por esta vez, todo sería distinto.

Aún no podía ver el lugar, trate de levantarme como pude pero al tener mis propios ojos vendados, mi cuerpo caía en incontables veces al piso. Joder, maldición. Me repetía mentalmente, una y otra vez sin titubear. Mis manos estaban atadas, otra desventaja a la situación, y un dolor de cabeza me hace marear ¿Porque este dolor en este momento? ¿Que culpa tengo yo? Necesitaba algo urgentemente, un par de pastillas antigripales, o para la migraña podrían funcionar; y el frío no colabora para nada, mis huesos por esa intensidad de frío, se siente como si estuviera a punto de romperse pero no podía quejarme, debía ver la manera de salir de este maldito lugar. Estúpido el que me trajo, no sabe como tratar a una mujer, que idiotas. Maldecía internamente, y tirada en el mismo lugar en dónde despertar, por qué no he podido mover ni un solo pie , fuera de ese charco de agua, no, de tina de agua que me costó caro: un fuerte dolor de cadera, me quejaba en silencio. ¿Esto era el más allá porque siento que estoy en el más acá?.

Trataba de no moverme, de mantenerme quieta pero era casi imposible. El olor fuerte, me ponía a horcajadas para vomitar la nula comida que había podido comer en dos noches anteriores; mi barriga se sentía vacía. Mis brazos me sostenían del piso: estoy segura que hice un desastre, el ambiente se sentía espeso; me imaginaba lo peor, no podía estar en una habitación decente, quizás estoy en algún lugar donde iba la basura, o el desagüe por el olor que a cualquier ser vivo que tengo buen olfato, desmayaría. Me trate levantar como pude, sosteniendo mi espalda contra la pared, arrastrándome en un punto, dónde pude sacarme el pañuelo que cubría mis ojos : Era un lugar donde había una posa, quizás estaba bajo un sótano por una pequeña ventana con fierros cubriendo la posibilidad de salir.

No había una cama, el sótano estaba todo sucio. Puede visualizar ratas muertas, desechos humanos, y de animales. Nauseas se hizo presente. ¿Acaso no saben la ley de la higiene?. Mi cuerpo cayó al piso, estaba en silencio llorando, tenía mucho miedo a que algo me hagan; sentía asco de tan solo pensarlo, no quería que algo me hagan. Aunque no haya pasado nada, sentía que en cualquier momento el mundo se me fuera a caer.

Tengo miedo..es un puto asco todo esto, si no hubiera aceptado esa taza de café caliente; quizás otra hubiera sido la historia. Maldita mi suerte, y maldita la hora que cruce la puerta para salir de casa. Mateo por favor, encuéntrame pronto.

Y al solo pensar el nombre de Mateo, todos los recuerdos, cada momento que había pasado a lado de douma, de mi hermana, de mi padre, de Kate, de Catalina e incluso con mi madre llegaron de golpe a mi cabeza. Perdónenme. Fue un eco de mis pensamientos, estaba secuestrada, había visto suficientes películas para saber que escapar de las garras de alguien que no sabes qué es lo que busca de ti, debo salir antes que el causante de todo esto, me tomé como su juguete sexual, cerré los ojos, para pensar una salida, o al menos como ganar tiempo con estos delincuentes, hasta que una voz me sacó de mis pensamientos, no quería verlo, no quería responder solo quedé en silencio.

─── ¿Piensas pasar todo el maldito día durmiendo maldita floja? Yo que tú, me voy levantando, vamos a que levantes ese estorboso culo ¿Que esperas? fija.─── Aquella voz masculina, me causaba miedo, angustia. No sabía lo que podría venirme encima si desobedezco. ─── Mierda, por tu culpa, Damián nos va a matar; así que ve a levantarte, o te levanto a la fuerza.

Trague saliva, no sabía de quien me hablaba pero de alguna manera me daba miedo; alce mi mirada con cautela, después de que ese hombre me quitara la venda ya podía verlo de frente : Una cicatriz en su mejilla derecha, su cabello castaño atado en una coleta media, y sus labios que si estuviera en otra situación fuera besable. ¿Porque todo lo bueno debe estar siempre jodido de alguna u otra manera?. Cierro por unos segundos mis ojos, quería poder pensar que al abrir nuevamente mis ojos, estaré de regreso en casa; pero un fuerte golpe me hizo darme cuenta que esto era la realidad, lágrimas comenzaron a caer con desesperación. Mi cuerpo había caído a un lado de donde estaba, podía ver cómo se acercaba para aplastar mi vientre, dolía pero no podía hablar, se me cortaba la respiración con cada segundo que pasaba. Me arde la cara, el aire se sentía agrietado. No podía huir de la situación, abrí los ojos rápidamente, para mantenerme aún despierta, y no morir en esos precisos momentos.

─── ya era hora que estes despierta, no entiendo como Damián puede mandarte a traer, si no vales nada ni un puto dólar; vaga, buena para nada. ─── gruñe como si estuviera enojado, no, parecía que no aguantaba el dolor que este lugar desprendía. Él me tomó de los pelos, jalandome de un lado para otro, no me quería soltar por más que me quejara de dolor. Su ceño fruncido, su boca como lo ponía para despotricar cada segundo era como un chico griego; apuesto, varonil pero era un ser sin sentimientos, no, mejor dicho era un ser sin humanidad en sus ojos: era atractivo, si, pero su mirada, todo de él, me caló de golpe haciendo que mis pensamientos callen en completo silencio. Me siento totalmente perdida, que preguntas amenazan por escapar. ¿Por qué todo tiene que ser así? ¿Acaso el es líder que me va a vender? Siento tanto miedo que solo salen quejas de mis labios.

Me intente parar, pero su peso encima era mucho, tanto que no me podía ni mover. Mi ropa humeda, mi cabello lo sentia pesado ¿Que más falta para acabar con esta tortura? Solo abrí mis ojos para verlo de frente, su mano sobre mi cuello; lentamente el lo retiraba para reírse de mí, como si esto fuera una escena de circo ¿Que tan gracioso es ver a una mujer golpeada y secuestrada por el? Trate de bajarlo como pude, pero mi cerebro no enviaba señales a mi cuerpo : pánico, es lo que estaba sintiendo, como mi corazón palpitaba rápidamente como si estuviera en una maldita carrera de atletismo donde obviamente yo, iba perdiendo; con un semblante con miedo, y una voz angustiada pude soltar las primeras palabras que mi cabeza al fin pudo ordenar.

─── ¿Quién eres? ¿Por qué me secuestraste? ─── Las primeras preguntas eran vacías, poco coherentes para algunas, pero para mí era un gran avance; mi corazón quería gritar, pegarle, matarle pero mi cerebro no funcionaba como debía ser. ¿Así como puedo salir de este maldito lugar? Aunque también es peligroso, porque sabía perfectamente que para escapar de alguien peligroso hay dos cosas: morir o morir, pero no quería eso. Lo observaba detenidamente como si su mirada me pudiera dar su respuesta que estoy buscando, pero no lo encontraba, debo de alguna manera debía conocer a ese tal Damián del que tanto ha hablado en el principio: él me daría la respuesta a mi pregunta. Pero de alguna mirada era fría no era gélida en el fondo tenía un poco de calor, pero no quería decirle que parece que fuera bueno, por qué me puede ir hasta peor.

Cierro mis párpados, para mover mi cuerpo de un lado a otro, logrando que el peli castaño se saliera de encima mio. Todo estaba muy mal, mi cuerpo apenas había podido hacer un movimiento; aunque es normal, en mi hogar no me había alimentado como es debido, no me extrañaría que tuviera anemia, o cualquier enfermedad que agarra cuando alguien está baja de hemoglobina, y de peso. Rogaba que solo fuera anemia. El cansancio me había ganado, no sé cuánto tiempo tarda en despertar, pero de alguna razón el dolor se había intensificado tanto como si me hubieran dado una maldita paliza de esas que te deja incapaz de levantarte del suelo. Con mucho cuidado, unos treinta minutos que me han dejado sola: Sin ataduras, solo en libertad, nunca había pensado que hubiera salido tan bien. ¿Pero porque está saliendo como lo pensé o hay algo más detrás? Al tener mis manos en libertad, trato de estar en pie, solo para poder ver mejor el lugar, con mucho cuidado me levanto del suelo, tratando de caerme en esa horrible tabla de madera con olor a algo muerto. Camine hacia ese gran bulto cubierto en tela, y cal mal echado; un cadáver, grité aterrorizada. Me tambaleo por el pánico al ver esa escena, en mi cabeza rápidamente rebobinaba una sola pregunta ¿Acaso ese era mi destino? Todo cobraba sentido, me querían para sacarme mis órganos vitales para venderlo en el mercado negro.

Por el mismo pánico, trataba de abrir la puerta; una tras otra, pero no funcionaba, la perilla estaba oxidada por dentro, solo se podía abrir por fuera. No iba a funcionar de eso ando muy segura, mi mirada fue hacia la pequeña ventana, trataba de alguna manera gritar pero las calles se notaban vacías, el pánico creciente que sentía que todo el mundo se había vuelto oscuro: ansiedad. ¡Estoy encerrada, estoy muerta! ¡Joder, mierda! ¡Por favor, alguien que me saque de aquí! ¡No,no!.

─── ¡Socorro, ayúdenme! ¡¿Alguien me está escuchando ahí afuera por favor?! ─── Golpeó tan fuerte las paredes como puedo, una patada tras otra pero nada funcionaba, mi cuerpo comenzaba a temblar por el pánico, y por un miedo de no volver a ver a mis hermanas, o a Mateo.. quería volver a casa. Y las lágrimas comenzaron a salir de una manera inexplicable; me dolía el pecho, y mis ojos simplemente se desahogaba de todo el miedo, e incluso del dolor que me están haciendo experimentar. ─── ¿Hola? ¿Alguien me está escuchando ahí afuera? ¡Por favor, alguien que me ayude. Estoy encerrada, y quiero volver a mi familia, no sean malos, por favor se lo ruego!.

Que estupidez, aunque estuvieran aquí claramente que no me vendrán ayudar, por qué valoran su existencia en cambio yo no. Me estoy arriesgando a qué me escuchen, y que me terminen matando. Aunque suene doloroso, nadie vendrá a rescatarme, a nadie le importo tanto; yo sola me metí en esta situación, aunque no soy culpable de nada pero me siento culpable de todo lo que me ha pasado, me duele tanto que no se si hay un sentimiento más de lo que puedo sentir, que preguntas sin respuestas resuenan en mi cabeza. ¿Qué habrá pasado con Mateo? ¿Habrá limpiado la casa, y se estará bañando? ¿Me habrá buscado cuando salí de casa? Aunque lo dudo mucho, él no sería capaz de moverse de su patético sofá, al menos que no esté su canal de fútbol, o no tenga una buena cerveza en la mano. ¿Buscarme a mi? Es como decir que Gastón se haya enamorado de Bella al verla leer libros, lo cual es muy imposible.

Escuché unos pasos, estaban cada vez más cerca, comencé a retroceder. Mi garganta comenzó a arder, y en una maldita esquina, me detengo, por qué ya no hay más camino; la puerta se abre, y mi rostro se torna pálido, cuando veo aquellos azules zafiros que brillan con intensidad en la oscuridad. Grito desesperadamente pero él solo se ríe de mí, cómo si está situación es de lo más normal que ocurre diariamente. Su risa es como un psicópata esquizofrénico de esos que te da tanto miedo como el payaso it, o mejor dicho se Pennywise, el payaso. Su mirada dice que me conoce, su risa psicópata grita felicidad, y mi mente me grita que no lo logro recordar: maldición. No lo recuerdo haber visto, ¿Y que hace aquí? ¿Acaso él es el autor intelectual de mi secuestro?.

─── Sabes, es un gusto volvernos a ver, Alexandra Brown. Pero mejor cuéntame ¿Qué tal dormiste está noche? ─── Las palabras del pelinegro, me asustaban demasiado, me quedé callada, no sabía en qué responder si, o que responder negativamente. Pero sabía que se estaba burlando de mí, no había dudas, yo era su centro de diversión. ─── ¿Te comiste o fueron los ratones, linda? Ya te estaba esperando para que llegues aquí conmigo, tanto tiempo, y recién nos podemos volver a ver; gracioso ¿No lo crees? Ha sido tanto tiempo que realmente que hoy estoy de tan buen humor, así que hoy tu decides, cielo, sufrir o morir.

Me quedé en silencio, no sabía que responder, por qué de alguna u otra manera, iba a sufrir el mismo destino; sus ojos azules de alguna manera me recordaban a alguien pero no recordaba a quien precisamente. Mientras más se acercaba, mi piel se erizaba del pánico, como si ya supiera lo que va a venir, y con esos pasos tan tranquilos, tan joviales me lograban intimidar de una manera inexplicable : es alto, cabello negro como la noche, su piel era tan blanca pero pálida pero su mirada era distinta al del primer hombre que vi; era fría casi congelada por completo, no mostraba nada solo un deseo de venganza, de arruinar lo más bello para convertirlo en cenizas, y en su frente solo me grita : corre.

Me comencé a mover de un lado a otro, buscando la puerta, tratando de huir pero al ver que no se movía; había entendido todo, yo estaba siendo el ratón que estaba haciendo jugar al gato. No había una salida simplemente todo estaba cerrado, la puerta era mi única libertad, pero él estaba ahí, parado frente a la puerta con aires de triunfo, porque sabía que me tenía a sus pies. Y con mi voz quebrada, casi rota, le pregunté con cautela.

─── ¿Qué deseas de mí? ¿Por qué me haces todo esto? ¿Qué has hecho para merecer esto? ─── Las lágrimas comenzaban a correr como si fuera una niña pequeña, el solo podía caminar hacia mi, y cada vez más, me obligó a moverme para no tenerlo cerca, y sin darme cuenta que termine el suelo; encima del cuerpo en descomposición de un hombre o una mujer, no sé muy bien el género. ─── ¡Socorro! ¡Ayúdame! ─── Es lo que sale de mi garganta como último recurso, gritaba sin parar; una tras otra vez, por qué era lo único que podía decir, ya que las palabras no lograban encajar por completo.

Al estar encima de ese cadáver, el me agarra del cabello para tirarme de boca al piso,siento la sangre correr, logré quejarse de dolor pero tenía miedo. Una patada contra mi mandíbula, mi espalda y mi abdomen era doloroso, no sabía que había hecho mal, para merecer está brutal golpiza. El shock por el impacto no se hizo esperar, la sangre recorría con fiereza por todo mi cuello, él me arrastra como si fuera un animal, no, como si mi cuerpo, y vida no valiera nada, lloro, grito pero nada es posible es como si cada vez que trato de liberarme me sujeta fuertemente, y dolía demasiado que las lágrimas no se habían esperar; me estaba haciendo daño, tanto daño que sentía que un par de huesos se rompió en plena golpiza. Podía ver odio en sus ojos, el me seguía arrastrando tan fuerte, que podía sentir como él subía escalera, mi cuerpo era un tick tack cada segundo que mi cuerpo era golpeado contra el escalón. Sentía que mi corazón estaba por salirse de mi pecho; dolía, y ardía quizás haya raspones en todo mi cuerpo, hematomas que tardarían semanas en desaparecer. El no era un hombre, era un animal sin sentido común, por qué el no merece ese título, al estar en un callejón decorado con pequeños focos colgantes, y cuadros, era hermoso pero era como si me estuviera arrastrando al mismo infierno. Al llegar a una habitación, más limpia e incluso cómoda, tiro mi cuerpo fuertemente contra la pared. ¡Duele! Duele todo mi cuerpo, por el mismo impacto mi cuerpo resbalaba contra la pared, y caía lentamente al piso. El dolor que había comenzado desde mi nuca hasta la punta de mis pies, era un dolor insoportable tanto que no me podía mover por el impacto que logró tener.

─── Bienvenida a tu nuevo hogar, espero , y disfrutes tu estadía aquí, por qué ya no volverás a ver la luz del día..solo lo harás cuando mueras ¿Qué te parece? ─── Su voz sonaba tranquila, y su mirada es como si todo estuviera bien en ese momento; aún si estoy sangrando por la mandíbula rota, a lo cual él mismo ha provocado. ─── Dime una cosa ¿Te está gustando tu habitación? El anterior no iba muy bien acorde a ti, estaba demasiado feo para ser sincero. Agradece que tengo compasión hacia ti, y que no quiero estar entrando a cada rato a ese lugar que huele a mierda. ¿Acaso te duele mucho tu boca para que no me respondas?.

Un silencio incómodo se torno, trataba de levantarme de alguna manera, estaba cometiendo mi primer error, al levantarme, agarró fuerza de dónde no tenía; solo tenía una salida, es ahora o nunca. Comencé a correr hacia la puerta que estaba abierta, al llegar. Él me detiene, interponiendo su cuerpo entre la salida, y yo: horror, eso demostró mi cara. Me tomé de mi cintura, y siento un fuerte estruendo, mi cuerpo contra el suelo, mi corazón comenzaba a latir desenfrenadamente, duele, duele, y yo lo sabía. La fuerza del impacto provocó que se me rompiera algo interno, sentía como esos huesos estaban medio salidos; necesitaba atención médica, o podría morir por hemorragia interna. Mierda, perdón, Catalina y Rebecca no fui muy astuta.

─── me haces mucho daño, cabrón.

Hablé con las pocas fuerzas que me podían quedar, sintiendo como mi cuerpo lentamente me dejaba de responder. Quería matarlo en estos momentos, ahorcarlo hasta que deje de respirar pero no tenía fuerzas ni suficiente ni mucho tenía la condición física que requería para matar a alguien.

─── Estoy siendo demasiado gentil contigo, y lo primero que haces al ver una maldita puerta es querer salir de aquí; pero mírate bien, como me pagas, por cada traición que hagas será peor para ti. Por qué el más bruto muere, y el más astuto siempre vive, eso recuérdalo muy bien. ─── Él guarda un minuto de silencio, mientras me observa ahí en el piso. te mereces todos los castigos del mundo, por qué una perra como tú, realmente no merece nada de piedad.

Mis pupilas dilataban de miedo, el hierro aún se olía, se podía sentir pero no quería hablar de eso en éstos momentos. Una fuerte bofetada en mi mejilla izquierda, podía sentir como salía más sangre, el impacto del golpe, me hizo girar la cabeza, quedé perpleja no por el dolor, si no, que sentía que esto apenas había comenzado. Miraba con rabia, con odio todos los sentimientos negativos que podía en esos momentos; una punzada de dolor recorría todo mi rostro. Maldito, malditos golpes, ojalá te pudras en el infierno. Él me miraba con satisfacción, como si yo, y cada gota de mi sangre, de mis lágrimas fueran de su propiedad, como si yo fuera solamente de él. Y de nadie más, él era un psicópata, todo de él gritaba : peligro, podía ver cómo sus pupilas brillaban al verme rogar, al verme rogar, y verme tan humillada frente a él.

─── No te atrevas a volverme a tocar, maldito hijo de perra; por qué te juro que te mataré con mis propias manos, no importa cómo, o dónde. Juro que lo haré. Gritaba con rabia, con miedo, y con enojo. Aún sabiendo que le iba a volver a golpear, dañar en cualquier momento, y en cualquier minuto; mi cuerpo estaba todo golpeado, todo ensangrentado que si recibo una golpiza más, creo que no la contaré, al menos que el destino solo quiera verme sufrir.

El solo me miraba con diversión, como si lo que yo hablara fuera lo más divertido que hoy ha escuchado. Eres un maldito bastardo, de eso estoy segura.

─── pequeña zorra, creo que no te debes confundir. Aquí el único que tiene derecho a ver quién vive o quien muere soy yo, solamente yo. ─── Él comenzó a insultarme como si yo me hubiera entregado a él, o a cualquier hombre que se me cruzará en el camino. Me sentía demasiado asqueada, no por el hecho de sus insultos si no, por el hecho que no puedo hacer nada por protegerme, cada momento que trato de salir, terminó golpeada e insultada; por qué estoy atrapada en un mundo donde nunca más volveré a ver la luz del dia. Dónde todos tienen mi voz, mi voto, y mi cuerpo.

Trataba de calmarme, pero la situación no ayudaba en nada, el se comenzó a desplazar hasta la parte frontal de la cama. Dejando la puerta abierta con la poca fuerza que podía tener en esos momentos, me pude levantar del suelo como pude, tomé un poco de aire para llenar a mis pulmones: tres, dos, uno comencé a correr en busca de ayuda, me había perdido en el camino. A la izquierda estaba el sótano donde me habían encerrado, y a la derecha algo desconocido. Comencé a correr a la izquierda dónde anteriormente había pasado a punta de arrastradas. Doble a la derecha, y por último a la izquierda; está casa parecía definitivamente un laberinto, no encontraba salida alguna. Al llegar a una puerta, había dos hombres que custodiaban aquella puerta que asumo sería la salida, corrí a ellos, grave error. Ellos solo le miraban, había cometido mi segundo error en el mismo día.

Aquellos guardias solo me sostuvieron con fuerza, tenía todo roto pero un puño tocó mi nariz; rompiéndola en el acto. Uno de ellos que tenía aproximadamente unos dieciséis años, correspondía al nombre Sánchez Maximiliano; tenía su expresión sería, casi como si no le importará lo que me estuviera haciendo o pasando. Era un niño, un niño corrompido por un mundo cruel, no estaba en un mundo de dolor, en dónde aquel joven "inocente" me había tomado por mis brazos, golpeandome contra la pared en repetidas ocasiones, sintiendo como el vacío de mi estómago comenzaba a descender; quería vomitar si el seguía golpeando mi estómago, mi boca estaba irreconocible. Podía sentir como la sangré, y el vómito caían sobre mí; solo había estado horas, y ya sentía una eternidad de haber estado aquí. ¿Cómo iba a hacer atractiva a alguien si me estaban desfigurando la cara? ¿Por qué me hacen esto? ¿Que culpa tengo yo? El segundo hombre era algo, y de poco atractivo, su nombre era zacarias, unos dieciocho años aproximadamente; su simple hedor, me provocaba más náuseas, como si diez mil demonios se hubieran vomitado encima. Me sostuve entre las piernas, podía sentir como sus manos viajaban por mis piernas como si me quisieran penetrar con ropa, pero solo era para que yo no huyera de aquí. Malditos.

─── Sueltenme hijos de perras ¿Que mierda creen que hacen? ─── Gritaba con todas mis fuerzas, forcejeando en el acto sin parar en ningún momento; una y otra vez. ─── ¡Cabrones, verán cuando logré salir de aquí, ya verán!.

No podían hacer nada en especial. Apenas podía mantenerme de pie con un maldito billete de un dólar que no me iba a llevar a ningún en especial, admito que estaba siendo patética; llorar, gritar delante de ellos. Cometía error tras error, parecía que no aprendía la lección, esto me va a costar la vida, podía sentir como mi aliento se me iba, como todo los colores se volvían blancos, de blancos a grises y de grises a negros: estaba desmayada, había perdido la consciencia me maldigo por todo esto.

Mierda, mierda me volví a desmayar por el propio dolor, pero a estas alturas es más que un desmayo, por qué veo todo oscuro, mi cuerpo se había comenzado a entumecer por el dolor, por qué no siento nada ¿O quizás ya estoy muerta? No quiero creer eso; al cobrar un poco la consciencia, siento como unos brazos fuertes me sostenían,y como me sentía en un paraíso infernal; quizás pensaron que estaba muerta para tirarme a la calle. Si, eso podría ser pero todo es irreal. : un tercer error, pensar en algo irreal es como cometer dos a más errores en un segundo.

─── parece que a ti, no te enseñaron a no recorrer casas ajenas sin permiso del dueño, necesitas aprender más de lo que tú aparentas, Alexandra, este mundo no es bueno, aquí solo te entregaras al dolor. ─── Me acariciaba la mejilla, lágrimas recorrían como un sendero sin un fondo. Su voz era horrible, bueno, para mí era detestable con tan solo escucharlo es como si cada palabra que soltará era necesaria para que mi cuerpo desee expulsar todo el repudio, y asco que estoy sintiendo.

Con un lamento profundo, susurré palabras duras contra mi niñez. Y sin darme cuenta estaba hablando fuertemente, dando la indicación que estaba consciente.

───No puedo decir padre a alguien que jamás le importe, así que me crié con ayuda de mi madrastra, madre y hermana. Así que no vuelvas a mencionar a mis padres nunca más. ─── menciona, sintiendo como mi peso, hundía la cama, y las cálidas sábanas cubrían mis desdichas. Quizás mi destino era sufrir de alguna u otra manera, pero quería volver a ver a mis hermanas, a Mat, a Ethan , y a mi padre para pedirles disculpas por no ser lo que debieron tener; fue una decepción. Aunque con Mateo me daban ganas de pegarle, por qué era un maldito energúmeno que no tenía ni oficio ni beneficio, pero siempre me cuido en noches de tempestades, que patético recordar todo esto cuando la tormenta recién comenzaba; una suave sonrisa apareció en mi rostro, podía sentir cada partícula, cada músculo de mi cara doblarse de dolor, y como la persona que me estaba cuidando, limpiaba la sangre hasta dejar cada herida con ungüentos, y pomadas para el dolor. Aquel dolor que me hacía perder la consciencia.

─── Solo descansa..

Fueron las dos últimas palabras que logré escuchar de alguien como él, seguramente el no es de aprovecharse de mujeres que estaban al borde de la muerte; produce lastima o asco, a estas alturas ya no se que es lo que produzco. Cómo diría mi padre, cuando una mercancía está dañada nadie la compra, por más remate que hagas. Es lo que pasa conmigo, no importa que tan barata me pongan simplemente ya no valgo nada en esta situación ni en otra. Por qué las paredes son de tono oscuro como la noche, abrí mis ojos con lentitud, pude sentir parches, vendas en zonas afectadas. El reloj marcaba las cuatro de la mañana, ver aquel reloj colgado en esa habitación, me hacía darme cuenta que aún puedo llevar el tiempo, a estas horas me estaría levantando para lavar la ropa o cualquier cosa que esté sucio en casa. Ethan estaría llegando a las cinco para llevarme a mi centro laboral, Rebecca estaría alistando a Catalina para dejarla en el colegio, y yo empezaría un estresante día, pero en casa.

Dios, se que nunca te pido nada, solo me comunico contigo cuando algo está mal, por favor, escúchame solo por hoy. Quizás sea la última vez que hablé contigo y nos veamos en el más allá; cuida a papá, a mis hermanas, a Ethan y a Mateo que son los más importante para mí. Te pido que nadie toque a Catalina que es una niña muy responsable que le gusta jugar con muñecas de Barbie, o cocinitas de barro, tiene cinco años. Solo eso te pido, te doy hasta mi vida para que ellos se encuentren bien.

Me levantaba con sumo cuidado de la cama, y miraba mi cuerpo a través de un espejo, una camisa de color negro, no era la ropa que tenía cuando habig llegado aquí; seguramente esos malnacidos tuvieron algo que ver, mejor dicho, se atrevieron a cambiar de ropa sin mi consentimiento, espero que no hayan aprovechado ese momento de debilidad para abusar de mi sexualmente. Lleve con mucho cuidado mi mano a mi entrepierna en dónde daba suaves toques palpables para saber que paso exactamente algo o no, pero simplemente no había rastro de nada. Todo seguía como debía estar.

El piso estaba frío, abrí lentamente la puerta para comenzar una nueva huida, cada paso que daba era más cuidadoso, camine está vez por la derecha del lugar; admito que este lugar es cada vez más difícil, solo un genio sabe cómo salir de aquí. Cruzó seis puertas, no me detuve a investigar, y no había ninguna salida, suspiré cansada, observando cada detalle grabando en mi mente. Y mi cuerpo caía al suelo, llevando mis manos a mi rostro, llorando en silencio ,no quería que nadie me vea tan débil, tan frágil quería que el mundo me aniquilará pero eso va a suceder, por alguna razón escucho esa maldita voz, dueño de mis desgracias.

─── No deberías de llorar en estos lugares, al menos si quieres sobrevivir. ─── El mencionó tan casualmente, como si no hubiera sido el causante que yo estuviera viviendo en un infierno, que si él no hubiera provocado está situación, y en vez de estar aquí llorando me silencio, estuvieron en mi casa, o con mi familia en un domingo familiar.

─── Tú, tienes la culpa. ─── Le reproche, mientras me levantaba con cuidado del piso, y el me tomaba de la mano con fuerza, que seguramente cuando se canse me iba a dejar marcas; pero no me importa en absoluto, al final diga o no diga, ya estaba muerta desde que pise aquí, estaba destrozada físicamente aún tenía un poco de espíritu pero ese espíritu tenía miedo de salir, y enfrentarlo. Era una miedosa total.

─── Hablame bien; pequeña zorra, ¿O acaso quieres morir?

Ahí íbamos otra vez con insultos de preescolar, solo lo mire con lástima para sacarle el dedo del medio como enojo, el me rompió ese dedo con fuerza; un quejido de dolor, el me tomo del cuello, y me llevó a una de las habitaciones en dónde me tumbó a la cama con brusquedad, y comenzó a desnudarme, arrancando la camisa que tenía puesta. Esto dolía, debí mantenerme callada, y no hablar más : séptimo error, un error que estoy pagando caro.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022