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ESPOSA SUPLENTE

ESPOSA SUPLENTE

Autor: : M. Anadón
Género: Romance
¿Qué sucede cuando te enamoras del esposo de tu hermana? Sabes que es un criminal, que tienes que despreciarlo y no pensar que es jodidamente encantador, sin embargo, lo haces. Olivia estuvo a prueba desde que fue elegida para suplantar a su gemela y fingir ser su esposa, aunque se llevó muchas sorpresas. ¿Quién era realmente aquel hombre millonario que dormía bajo el mismo techo?

Capítulo 1 Amarte no es actuación

Aquel accidente automovilístico del 15 de febrero había cambiado la vida de muchas personas, pero aún más de estas dos mujeres.

Rebeca. Nada fue igual desde que los federales se cruzaron en su camino hace tiempo atrás, con intenciones de investigar y detener a la persona que más amaba. A pesar del dolor de saber las atrocidades que estaba cometiendo, decidió ayudar en la investigación. Después de todo debía cumplir con su deber a pesar de todo.

Olivia Martínez era quién sufría por las noches, se había enamorado del mayor enemigo de su hermana y aún no sabe cómo es que eso malditamente sucedió.

Una misión que estaba terminando con esa mujer, todo lo que había sucedido en el último mes fue demasiado para ella.

-Lo siento, Rebe -murmura mientras se mira al espejo. Ella cierra los ojos y da una larga bocanada de aire para no lagrimear allí, el lugar estaba lleno de personas y lo que menos tenía que hacer era levantar sospechas en su esposo temporal.

La fiesta de cumpleaños de Kylian estaba en todo su esplendor en aquel hotel que habían arreglado para que sea solo para ellos. Muchas personas invitadas, la prensa, amigos y personas conocidas esperaban que la flamante pareja bajara para hacer su aparición.

Dos pequeños toques en la puerta hacen que ella vuelva a la realidad. Kylian se asoma con una sonrisa enorme en su rostro mientras mira a la hermosa mujer frente a sus ojos, sin dudas la elección que había hecho con su vestido era el mejor.

-Hola preciosa, ¿Estás lista?

Kylian se acerca a ella mientras mira sus curvas, aquel vestido rojo que se pegaba a su cuerpo la hacía lucir espectacular. Era uno simple, hombros descubiertos, dos pequeñas tiras que adornaban sus brazos y con la espalda descubierta mientras que le quedaba unos centímetros por encima de su rodilla. Sus tacones altos hacían lucir sus piernas deslumbrantes, ella se acerca mientras que clavaba sus ojos en su trasero antes de abrazarla por la cintura.

-Estás preciosa -dice el moreno

Olivia maldecía a su estúpido corazón por derretirse tan pronto por ese hombre, no entiende cómo es que se pudo haber enamorado de él después de saber todo lo que sucedía detrás de esa personalidad asombrosa.

Sus ojos se cierran cuando siente los labios de Kylian sobre la piel de su hombro descubierto. Su cuerpo comienza a temblar y sus labios se separan para dejar salir un bajo gemido. El hombre suspira y aprieta el agarre de la cintura de la castaña frente a él, sintiendo el calor de su cuerpo, su piel se ha convertido en una adicción en el último tiempo.

Las piernas de Olivia comienzan a perder la fuerza cuando él está besando su cuello, utilizando la lengua y dientes, riéndose por lo bajo ante su reacción

-Kylian -gruñe por lo bajo, aún con sus ojos cerrados.

-Bebé, no podré mantener mis manos lejos de ti si me hablas con esa voz -da un largo suspiro y pega aún más su cuerpo al trasero de la mujer

-Ne... necesitamos bajar -logra decir luego de tragar saliva.

-Lo sé -muerde su cuello, gimiendo en protesta al tenerse que separar-. Thomas nos espera, pero lo seguiremos en casa si tú quieres -le promete mordiendo su labio inferior mientras la mira a través del espejo.

Para Kylian era un deleite mirarla con los labios entreabiertos, sus ojos cerrados y la respiración pesada. Sabía que estaba tan afectada como él, pero tenían cosas para hacer antes de continuar, y también debían hablar.

Los ojos azules de Olivia se encuentran con aquellos negros que tantos estragos le hacen a su corazón. Ambas miradas intensas se dicen aquello que no pueden hablar, eso que ambos sienten y que el otro sabe, pero prefiere no pensarlo.

-¿Te encuentras bien?

Olivia muerde su labio inferior nerviosa y decide que es mejor comenzar a actuar y no demostrarle que en este momento se siente una absoluta traidora y una mierda de persona por desear y adorar al esposo de su hermana, que encima de todo, es un delincuente de primera.

-Es mejor que bajemos, nos están esperando -murmura ella luego de girarse sobre sus pies y llevar ambas manos a sus hombros.

-Sí, pero primero necesito algo de ti -Kylian sonríe de aquella manera que tanto le moja las bragas a Olivia.

-¿Qué necesitas? -ella levanta una ceja, esperando su respuesta. Kylian se ríe, con aquel brillo especial en sus ojos

Él se inclina y termina el espacio entre ambos, tomando su labio inferior para besarla por fin, después de tantas horas lejos de su calor.

Lo que Olivia sentía dentro de su interior, ni siquiera lo podía explicar, le encantaba tanto besarlo y sentirse cerca que, sin dudas, una pequeña pizca de culpa se asomaba por las noches cuando estaba sola en su cama.

Había tantos secretos entre ellos dos que silenciosamente se amaban que no era fácil de explicar.

-Mierda, bebé. Amo tus labios -suspira Kylian sobre su boca-. Me encantaría quedarme, pero debemos bajar.

-¿Y Thomas? -dice luego de unos segundos, cuando retoma su respiración normal

-Está abajo, con Nicki. ¿Vamos por unas copas? -le sonríe mientras Olivia muerde su labio inferior-. Y tengo una sorpresa para ti.

-¿Ah sí? -Olivia levanta una ceja y su boca se eleva, regalándole una sonrisa de lado- ¿Qué es esa sorpresa?

-Tú y yo, un fin de semana para nosotros -Kylian le roba un pequeño beso-. Thomas se quedará con Nicki, necesito unos días para estar contigo -Olivia comienza a morder su labio inferior-. Necesito que nos olvidemos de todo por un momento, solo quiero estar contigo, y disfrutarte -acerca su cintura, abrazándola aún más- ¿Quieres?

-Kylian, no podemos hacer eso.

-Tengo todo planeado, bebé. No tienes que preocuparte por nada, tenemos derecho a tomarnos unos pocos días para nosotros -Olivia, ni siquiera se puede resistir a esa mirada.

-¿Solo nosotros? -pregunta con cierta ilusión

-Solo tú y yo, bebé -sonríe-. Lejos de todo esto, te lo aseguro.

-¿Cuándo?

-Mañana en la noche. ¿Lugar frío o cálido? -pregunta luego de robarle un corto beso

-Cálido -Olivia vuelve a sonreír

-Bien. Deja todo en mis manos. -vuelve a conectar sus labios, no puede resistirse al tenerla tan cerca-. Vamos abajo o enviaré mi cumpleaños al demonio -Olivia comienza a reír

-Vamos.

Olivia se ríe contra sus labios cuando el hombre no se resiste a lanzarse contra su boca de nuevo. No tarda demasiado en tragarse la risa y comenzar a gemir por lo bajo cuando el beso se vuelve más intenso y sus cuerpos se presionan entre sí. Sin dudas ese hombre va a terminar con ella, solamente espera ser lo suficientemente fuerte para cuando todo explote.

Kylian le regala una sonrisa antes de tomar su mano y comenzar a caminar hacia afuera, totalmente en contra de su voluntad. No hay nada más que desee que quedarse allí, pero para eso había pensado ese viaje fugaz, necesitaba estar con ella por un momento, lejos de todo.

-¿Lista? -Olivia le guiña un ojo y sonríe

Los ojos de Olivia comienzan a mirar todo el salón mientras ambas comienzan a bajar. Hay muchas personas, a algunas las puede reconocer, a otras no. La música alegre hace que su corazón se sienta menos presionado, quiere disfrutar de esto por un instante, aunque de todas maneras tiene que sonreír por apariencias.

Kylian le susurra que se quede a su lado, a pesar de que todos comienzan a acercarse hacia ella para saludarlo, festejando sus treinta. Thomas aparece a su lado por un momento, llamándola con un pequeño apretón de su mano, mirándolo tímido.

-Hola, bebé -Olivia se inclina por un momento cuando lo mira, tomándolo entre sus brazos- ¿Saludaste a papá?

-Sí, hoy temprano -responde aquella vocecita que hace derretir a Olivia por dentro

-Cuando lleguemos a casa le daremos el regalo que preparamos ¿Sí? -Thomas sonríe

-Si, le va a encantar -dice entusiasmado

-¿Qué secreto me estoy perdiendo? -Kylian se acerca con una sonrisa, apoyando su mano en la espalda baja de Olivia

-¡Nada, papá! -dice él con una risa traviesa- ¡Feliz cumpleaños, te amo!

Thomas estira sus brazos para que su padre lo tome y así lo hace Kylian mientras se derrite. Su hijo es su mayor debilidad, no puede sentirse más feliz en ese momento. Olivia está demasiado sensible y sus ojos se cristalizan mientras tiene una enorme sonrisa en su rostro.

Sin embargo, esa felicidad es interrumpida, haciendo que el corazón de Olivia comience a andar frenéticamente dentro de su cuerpo cuando ve a Abel Edwards tocando la espalda de Kylian. Él le dedica una mirada cómplice y luego le sonríe al hombre que se gira con su hijo en brazos.

-¡Feliz cumpleaños, yerno! -el hombre sonríe y le da un pequeño abrazo, tendiendo una pequeña caja roja

-Oh gracias, Abel. No hacía falta -responde él con una sonrisa

-Por supuesto que sí. Dime si te gusta, por favor.

Kylian mira a su esposa y ella entiende a la perfección, tomando al niño en sus brazos para que él tenga ambas manos libres. Thomas enseguida abraza a la castaña y esconde su rostro en su cuello, quedándose allí mientras el hombre abre la pequeña caja.

A Kylian no le queda otra opción que aceptarlo, después de todo no quiere ser grosero con su suegro. El hombre muchas veces le cae demasiado mal; sin embargo, solo le dan una sonrisa y decide colocarlo por su cuenta.

Quizás Abel Edwards no era al hombre más agradable del planeta, pero no podía sacarlo de la fiesta como tanto desearía, al contrario de eso, tenía que sonreír y fingir que lo quería a pesar de todo.

El reloj claramente costoso es colocado en su muñeca y Kylian sonríe ante el regalo, mostrándole a su esposa el resultado final.

-Te queda hermoso -dice la rubia

-Gracias, cariño -Kylian se inclina para dejar un corto beso en sus labios y luego se gira para mirar a su suegro-. Me encanta, Abel. Muchas gracias.

-Gracias a ti por hacer tan feliz a mi hija -le dice mirándola a los ojos-. ¿Y tú no piensas saludar a tu padre? -dice el hombre mientras mira a la castaña

Olivia está un poco nerviosa con la situación, pero de todos modos se inclina y deja un beso en su mejilla, recibiendo el corto abrazo de "su padre", ya que tiene al pequeño Thomas colgado de su cuello.

-Sírvete lo que gustes, Abel. -le asegura Kylian

-Es hermosa la fiesta. Iré a tomar unas copas con Caleb, las veo en un momento.

-Me voy con la tía Nicki -dice Thomas de repente, saliendo de sus brazos

-Ten cuidado -dicen Olivia y Kylian a la vez.

-Voy a ver a Nicki un momento, ya vuelvo bebé -Kylian le da una mirada a su esposa, le guiña el ojo y comienza a caminar.

Mientras observa como el hombre se aleja piensa en lo lejos que se han ido las cosas entre ellos. Cuando llegó a la mansión nunca imaginó que estuvieran en un panorama parecido, ahora tenía que pensar la manera de retirarse de la vida de ambos sin sentir que una parte de su alma era desagarrada. A pesar de cualquier cosa que haya sucedido, o de lo que sepa sobre él, estaba segura de que todo sería muy difícil de afrontar.

Cuando alguien toca su hombro, ella deja sus pensamientos de lado por un momento cuando sus ojos se posan en Abel.

-Veo que eres muy buena actriz, te felicito -dice él, contento-. Parece que él está bien contigo.

-Sí, y no es nada fácil. Pero ya sabes -hace una mueca-. Me gustaría no tener que fingir.

-¿Tienes novedades?

-Aún no, pero una leve sospecha del asunto. Prefiero que lo hablemos en otro momento, él vendrá pronto.

-Haces un gran trabajo, tu hermana estaría orgullosa de ti -de nuevo aquella punzada en su corazón; sin embargo, sonríe-. Nos vemos luego, tengo que ir a ver un asunto.

-Nos vemos luego, Abel.

Si hay algo de lo que Olivia estaba segura es de que frente a Abel debía ponerse una máscara para que no se diera cuenta de lo enamorada que estaba del enemigo de su hermana gemela. Eso era algo que complicaría todo y sin dudas tenía que actuar frente a él.

Quiera o no, Abel tenía razón. No era actuación la parte de sus sentimientos, pero sí todo lo demás. La vida que había estado viviendo estas últimas semanas no era real.

Mientras camina y mira a su alrededor, se da cuenta de que está sola en aquel gran salón. Toma una copa de champagne mientras piensa que esa vida no le pertenecía, porque a pesar de estar tanto tiempo en ese lugar, nada de esto le resultaba familiar. Esos no eran sus amigos, ni tampoco su familia, ni Kylan era su esposo y Thomas mucho menos su hijo.

Le gustaría pensar que en realidad era así, pero esa vida le pertenecía a su hermana.

-¿Rebeca? -Nicki la mira con una sonrisa, invitándola a unirse con ellos, sin embargo, la mujer sonríe y niega con su cabeza

-Dame un momento, necesito un poco de aire.

La realidad es que quería llorar. Ella podía mantenerse en una burbuja y pensar que todo esto no podría explotar en cualquier momento, pero el padre de Rebeca no hacía más que recordárselo. Solo podía hablar con una persona que estaba cerca suyo, y ese era Erick.

-¿Qué es lo que sucede? ¿Quieres volver a la mansión?

-No puedo hacer eso, pero no puedo aguantar mucho tiempo más con toda esta farsa. Sé que todo se terminará si no encuentro lo que Abel me pide, pero si lo hago también debo largarme -le dice angustiada a través del teléfono.

-Hermana, no le debes nada a nadie. Si me dices que quieres irte en este momento, entonces voy por ti y nos vamos a Miami. Sé que vas a estar mejor en casa, que no tienes que porqué sentirte culpable cuando tus intensiones han sido buenas.

-Mis intensiones no fueron buenas, Erick. Me enamoré de Kylian y es el esposo de mi hermana. ¿Qué clase de mierda soy entonces?

-Estás allí, sabiendo que ese hombre probablemente sea uno de los mafiosos más peligrosos del país y aun así quieres ayudar a tu hermana. ¿Sabes que pienso sobre eso? -Erick suspira-. Nadie hubiera hecho lo que tú haces y no te convierte en una persona de mierda. Esto te está haciendo mal, O. Deberíamos volver a casa.

-¿Qué hago entonces? ¿Se lo digo?

-Olivia, sé que hay muchas cosas extrañas en esta historia, pero no puedes decirle nada. Si solo es un porcentaje del tipo de persona que Abel te ha descrito, entonces estamos acabados. Voy por ti ahora.

-No, espera -ella cierra los ojos-. Deja que pase este día, mañana nos iremos. Solo necesito pensar un poco más.

Decir que estaba negada a dejarlo del todo era algo totalmente cierto. Olivia se había aferrado un poco a la idea de que una cierta parte de esa realidad que había vivido en este último tiempo sea cierta, porque de alguna manera estúpida terminó enamorándose de quién menos debía.

Su corazón terminó de romperse cuando volvió a la fiesta y Kylian le pidió bailar. Nunca lo había visto tan feliz y sonriente como aquella noche, pero eso no fue lo que la destrozó, sino las palabras que dijo después.

-Cariño, te amo -suelta sin pensarlo. El corazón de Olivia ni siquiera sabía cómo sentirse y lo único que logró que no rompiera a llorar y le dijera toda la verdad fue cuando el pequeño Thomas se acercó llorando y diciendo que se había caído. Kylian tuvo que asistirlo y se alejó por un momento de ella, dejando que se recomponga.

Ese hombre jamás había dicho una palabra de cariño de ese calibre hacia ella, y aunque sabía que no estaba dirigido exactamente hacia su persona, le dolía. Le dolía más que en realidad no fuera realmente para ella.

La situación estuvo calmada hasta que la fiesta terminó, Kylian solo le dedicó miradas y sonrisas, pero no volvió a decirle algo semejante. Cuando vuelven a la mansión, Olivia se dirige hacia las escaleras, cierra la puerta de su habitación y comienza a llorar como hacía tiempo no lo hacía. Eso le dolía, principalmente por la traición y porque esas palabras no estuvieran dirigidas hacia su persona, sino hacia Rebeca.

No puede controlar su frustración y toma una de las pequeñas estatuillas que hay en el mueble de la entrada, lanzándola contra la pared siguiente. Sus lágrimas se detienen al igual que su corazón cuando frente a ella se cae un pedazo de pared, la cual parece hueca.

Ella se acerca y comienza a colapsar mentalmente, después de tanto tiempo todo había estado frente a sus narices. La pared era una pantalla, allí había un espacio que jamás había notado, por lo que aquel mueble que está allí comienza a ser corrido por sus manos temblorosas.

Apenas se nota si lo miras muy detenidamente. Una puerta secreta le da el acceso a eso que tanto había estado buscando. Necesitaría una llave para abrirla, pero ya que había dejado un hueco allí podía meter la mano de todas maneras.

Un maletín negro con las siglas de Rebeca es lo que se esconde en aquel lugar secreto. Ella corre hacia la puerta y le pone seguro a la puerta, necesita leer que hay allí y por más de que tenga un código de acceso toma una de las piedras de colección que su hermana tiene y le da unos pocos golpes secos antes de que el maletín ceda y se abra.

La laptop está allí junto a muchos papeles y el corazón de Olivia comienza a darle estragos, ella desea tanto saber lo que de verdad ocurre, pero a la vez está aterrada.

Después de tantas semanas, había encontrado lo que Abel pidió sobre Kylian, y no sabía qué pensar al respecto. Ahora todo tenía sentido.

Mientras tanto Kylian estaba despidiendo a su hijo, él se iría por unos días con su mejor amiga para que ellos pudieran pasar el fin de semana juntos.

-¿Me llamarás? -pregunta Kylian mientras mira a su hijo.

-Sí, papá. Adiós, te amo -Thomas se cuelga de su cuello y le da repetidos besos a su mejilla antes de ir hacia su amiga.

-Disfruta y deja de preocuparte, él estará bien -le asegura Nicki-. Te amo, me llamas si necesitas algo.

-Lo mismo para ti, si él necesita algo volveré lo más rápido que pueda.

-Dale un beso a Rebe de mi parte, adiós -ellos se abrazan por última vez antes de que todos se suban al auto de Nicki.

Kylian se queda mirándolos por un momento, saludando al esposo de Nicki quién está desde el auto. Da un largo suspiro cuando los ve alejarse. Siempre le costó dejar a su hijo por algunos días, pero sabe que estará con la persona que más lo quiere y quien lo cuidará, así que lo reconforta bastante.

Toca su puerta, esperando que la mujer abra para poder besarla de una vez, pasó demasiado tiempo desde que no tocaba sus labios. Unos minutos más tarde, ya que ella le había pedido un momento y logra verla desde el otro lado. Olivia sonríe cuando lo mira y justo cuando está a punto de decir algo, él habla primero.

-Estamos solas otra vez -dice Kylian con una enorme sonrisa en su rostro mientras que se acerca a la castaña.

-¿Estás segura de que él se encontrará bien? -Kylian asiente mientras abraza su cintura

-Cariño, él ama ir con Nicki y Berenice. Estará bien, ya le he dicho que estaremos fuera el fin de semana y no lo noté triste por ello -su boca se acerca al cuello descubierto de su esposa, haciéndola suspirar-. Carajo, esperé por esto toda la noche. Te extrañaba.

-Bebé -la voz ahogada de Olivia delata su estado.

Ella sabe que no puede detener esto, lo desea al igual que Kylian. Probablemente, luego de esta noche ella se sienta una mierda por completo, pero su razón no estaba funcionando justo ahora, con los labios de Kylian sobre su punto débil y las manos tocando su trasero. Su cuerpo reaccionaba a sus caricias, abriendo las piernas mientras que él se presionaba contra ella, creando una fricción de lo más exquisita.

-Mierda, bebé. Te deseo tanto -jadea Kylian sobre su piel

-Te necesito -murmura entre jadeos.

Ella estaba dispuesta a entregarse a Kylian, lo amaba demasiado, había muchos sentimientos dentro de esa habitación. Sin embargo, las cosas no se iban a dar como ellos tanto deseaban, había alguien que los estaba buscando en la sala de abajo, y precisamente es la que subía por las escaleras tratando de dar con el paradero de su esposo.

No se esperaba que, al abrir la puerta de su habitación, Kylian estuviera haciendo jadear a su hermana y para colmo le estuviera diciendo cosas sucias mientras intentaba quitarle el vestido. Fueron cuestión de segundos hasta que la puerta se azotó contra la pared y ambos se exaltaran y tanto el corazón de Kylian como el de Olivia comenzaran a colapsar al ver a Rebeca frente a ellas, con los brazos cruzados.

-¿En serio? ¿Con mi esposo? -pregunta mirando a Olivia

Capítulo 2 Cuando todo comenzó

(Un mes atrás)

En el extremo sur de florida, donde se encuentra Miami, hay una familia feliz en el cierre del día. El restaurante de comida había tenido un día excelente y por ello habían decidido poner música mientras tomaban cerveza y terminaban de limpiar el lugar.

Olivia Martínez es quién estaba en el centro de la sala, bailando con su hermano Ciro una canción que sonaba en la radio. Eso quizás era todo un desafío, ella reía a carcajadas mientras que él intentaba no pisarla y dejarla sin caminar por una semana, ya que era terrible para coordinar más de dos pasos.

-Ay hermano -Olivia se queja cuando él la pisa-. Deberías tomar clases, el día de tu boda vas a sacarle un pie a Chloe -Ciro se ríe

-Mierda, sí. Debería hacerlo, pero me da vergüenza -el hombre toma el vaso de cerveza y le da un sorbo-. ¿Qué hay de ti? ¿Qué harás después del verano?

-Aún falta mucho para eso, no quiero ponerme a pensar -ella hace una mueca

-O, sé que se preocupa mamá, pero también tienes que hacer tus cosas -él da un largo suspiro-. Estás a punto de terminar tu carrera, no puedes estar junto a ella para siempre.

-No voy a dejarla sola, Ciro. Te irás y no puedo irme también, mamá se quedará sola y ya sabes como es.

-Mamá te dice lo mismo que te estoy diciendo, tenías una oportunidad en Washington, ¿Por qué no intentas pedir otra entrevista?

-Aún me falta volver a rendir la última materia -da un largo suspiro-. No quiero hablar sobre ello, por favor. -le pide haciendo un puchero

-¿Ya están listos? -Valeria se asoma por la cocina, comprobando de que sus hijos habían terminado el trabajo

-Si, mamá -Olivia se acerca y le deja un beso en la cabeza-, creo que deberíamos ir a casa ya.

-Tengo una cita con Chloe, pero pasaré por ustedes para ir a desayunar mañana temprano, ¿Qué dicen?

-Dile a Chloe que también venga, la extraño. Hace días que no viene por aquí

-Está haciendo guardias en el hospital, pero mañana le diré -Ciro saluda a ambas con un beso en la mejilla-. Las amo. Avisen cuando lleguen a casa, mañana las veo.

-¿Helado y película? -pregunta una sonriente Valeria

Olivia había obtenido el título de administrador de empresas a sus veintiuno, comenzando a trabajar con un amigo de su padre, quién le enseñó todo lo que sabía hasta ahora. Ella se había ido a Virginia por muchos años, aprendiendo a vivir sola y a organizar su vida lejos de sus padres y su hermano menor, sin embargo, también había querido estudiar abogacía, por lo que comenzó con ello unos cuántos años después, cuando pudo encontrar un equilibrio en las incansables horas de trabajo y asistir a la universidad.

Su madre siempre había soñado con tener un restaurante, por lo que con esfuerzo y ayuda de su esposo Daniel habían podido abrir un local pequeño en el centro de florida, aquel que luego de algunos años comenzó a expandirse. Daniel era médico cirujano y Ciro se había graduado de contador hace un año atrás. La familia se había separado aún más cuando Ciro viajó a California para conocer a la familia de Chloe, quien ahora es su prometida. Él se fue a vivir con ella por algunos años, teniendo empleo y una buena vida, sin embargo, las cosas cambiaron desde que su padre falleció en aquel terrible accidente.

Era una mañana de mucha tormenta cuando él estaba por regresar a casa luego de una larga guardia en el hospital. Eran las seis y aún no amanecía, por lo que comenzó a conducir por las calles oscuras de Miami. En uno de los semáforos en rojo había tomado la oportunidad para enviarle un mensaje a su hija mayor para que regresara a casa, diciendo que la extrañaba y cuánto la quería, faltaban solo unos pocos días para su cumpleaños y quería tener a sus bebés en casa de nuevo. Lo que él no sabía era que aquel emotivo mensaje sería el último que Olivia recibiría de su parte, porque dos calles más adelante un auto a toda velocidad se había pasado los semáforos y terminó por chocarlo, sin darle tiempo a frenar.

Esa fue la razón principal que tuvieron tanto Ciro como Olivia para regresar a Miami, su madre se había sumergido en una gran depresión luego de la muerte de su esposo. Ciro decidió dejar su empleo y hablar con su prometida para ver la posibilidad de viajar un tiempo para Florida, por lo que ella entendió y se alquilaron un departamento mientras que la hija mayor se había quedado con su madre.

Olivia tenía propuestas de trabajo, sin dudarlo, pero también le daba una culpa terrible de tener que dejar a su madre para irse, con el miedo de que vuelva a caer en esa depresión de la que le costó salir.

La última semana había sido una gran revolución para ella. Una mujer se había contactado para decir que era su hermana y que quería conocerla, ya que Olivia fue adoptada cuando era apenas un bebé de unos pocos días. Ella sabía que había tenido una gemela, pero no había podido encontrarla en todos estos años.

Y mientras Olivia estaba pensando en ella, del otro lado del país se encontraba Rebeca Edwards, la hermana perdida. Había viajado a Washington, tenía un asunto muy importante y sabía que tenía que resolverlo antes de ir a ver a su hermana, como habían quedado.

Se miraba al espejo una y otra vez, estaba demasiado nerviosa para hacer aquello. Sabía que estaba en peligro y se maldijo una y otra vez por no contratar a un guardaespaldas para que la acompañe. Los agentes del FBI se lo habían propuesto, pero ella lo rechazó tiempo atrás, aunque como estaban las cosas ahora se arrepentía.

Su teléfono comienza a sonar, despertándola de aquellos pensamientos horribles y exaltándola a tal punto que tuvo que tomarse unos breves segundos cuando vio el nombre de su esposo allí, ella no pretendía que el hombre se enterara de los asuntos con los que tenía que lidiar.

-Ey -murmura tras un largo suspiro

-Rebe, ¿Cómo estás? -pregunta con amabilidad, sacándole una sonrisa cuando escucha al pequeño Thomas hablando desde el fondo

-Estoy a punto de irme a una cena, pero todo en orden ¿Y tú?

-Acabo de llegar a casa, fuimos al cine con Thomas. ¿Tienes idea de cuándo regresas?

-No, aún no lo sé. Supongo que en unos días más, ¿Por qué? ¿Tienes que viajar?

-No, no es por eso. Tu padre ha enviado una invitación para ir a la fiesta de aniversario de su empresa. Creí que deberías saberlo, por si quieres asistir.

-Ya sabes cómo es el asunto con los demás, así que iremos -hace una mueca- ¿Dejarás a Thomas con Luciana?

-Si, ya le he dicho para que se quede con él en la noche. ¿Estás segura de que te encuentras bien? -Rebeca frunce el ceño

-Si, estoy bien.

-No te escuchas demasiado bien. ¿Estuviste durmiendo?

-Necesito que hagas un favor para mi -le responde, intentando desviar la situación-. En el caso de que no llegue para la fiesta de aniversario, no vayas solo.

-¿Rebe? -pregunta extrañado. El otro celular que Rebeca tiene comienza a vibrar sobre el colchón, indicándole que tiene que irse ya

-Tengo que irme. Espero verte en unos días -el hombre intenta decir algo más, pero vuelve a interrumpirla-, y Kylian... te quiero. A pesar de todo te quiero.

Capítulo 3 Accidente imprevisto

La mujer cierra los ojos y deja salir las lágrimas acumuladas, cortando la llamada para que su esposo no logre escuchar que tan mal se siente. Kylian la conoce demasiado para saber cuándo ella no se siente bien. Ya de por sí, la llamada ha sido extraña porque la mujer no suele ser demasiado sentimental, ni siquiera recuerda la última vez que le había dicho un te quiero, pero necesitaba sacarlo de su sistema por si no regresaba.

El asunto era complicado, ella sentía demasiada culpa de por sí, pero no podía decirle a donde se encontraba, había tenido que inventarle que se iría a ver a una amiga por el fin de semana y eso es lo que su esposo creía. Lo que estaba a punto de hacer era mucho más complicado que cualquier cosa que haya tenido pasar en su vida, pero sabía que era lo correcto.

Desde el otro lado de la línea, Kylian se había quedado con el celular en el oído, incluso después de que la llamada se haya cortado. Él podía presentir que algo estaba mal, y aunque siempre intentaba quitarle información sobre lo que estaba sucediendo con su esposa, la mujer era demasiado cerrada para expresarlo.

Aquel te quiero, le supo amargo, y no por el sentimiento en sí, sino porque la mujer sonó a despedida y él sentía que algo andaba demasiado mal. En el último tiempo Rebeca apenas estaba en casa, la relación con Thomas era cada vez menor y hacía tiempo que ni siquiera se sentaba a tomar un café con Rebeca para preguntar qué tal el día.

-¿Papá? -el pequeño de cinco años se acercaba a su padre con lágrimas en los ojos, haciendo un puchero que terminó de derretir el corazón del empresario.

-¿Qué sucedió? ¿Te golpeaste? -él se pone de cuclillas y acaricia su rostro, mirando su pequeña mano. El niño asiente y comienza a humedecer sus mejillas.

-Me caí. Heda estaba jugando y me hizo caer -dice señalando al enorme perro que estaba corriendo en el patio

-Ella es un poco bruta, pero lo hizo sin querer. ¿Quieres que miremos unas películas y la invitamos con nosotros? -él le sonríe, secando sus lágrimas-. Además, extraña mucho a su mami.

-¿Y cuándo va a volver ella? -pregunta con un poco más de calma

-No lo sé. Faltan algunos días, pero mientras tanto podemos mimarla un poco para que no se sienta triste.

-¿Ella está triste como cuando yo te extraño? -Kylian sonríe ante las palabras de su hijo

-Si, hijo. Por eso está un poco inquieta y además sabes que Heda tiene mucha fuerza -acaricia su mejilla- ¿Entonces que dices de películas y helados?

-¡Si! -grita con alegría

Kylian no podía creer como ese pequeño niño podía cambiarle su estado de ánimo en cuestión de segundos. Amaba ser padre, desde el primer momento que lo supo no pudo sentirse más feliz, a pesar de todo lo que había ocurrido después. Verlo tan parecido a él tanto físicamente como en su interior, lo hacía sentir orgulloso, Thomas era un gran niño.

Era su primer sábado libre desde hace mucho tiempo, no quería pensar en la empresa, ni en los contratos, ni en nada más. Quizás se sentía un poco culpable por haberlo descuidado en el último tiempo, no había tenido momentos libres porque el trabajo cada vez era más, pero se comprometió en darse sus días también, en compartir con su hijo eso que hacía meses no hacía.

Recibe un último mensaje en su celular, aquel número que tanto la inquietaba. Sin dudas su vida tenía que resolverse de alguna manera también, aunque no le guste del todo.

"Está todo listo, nos reuniremos el martes para comenzar con lo establecido"

La situación en Washington no era del todo buena, de hecho, la mujer comienza a bajar del ascensor mirando a través del espejo de la recepción, aquel auto negro está allí desde hace tiempo y pudo notarlo. Cierra los ojos y da un largo suspiro mientras abraza el maletín que tiene en sus manos y comienza a pensar en positivo.

Con decisión, camina hacia el auto que alquiló hace dos días y se sube, dejando lo importante en el asiento del copiloto mientras mira por el espejo retrovisor. Toma el celular que el FBI le había ofrecido para poder comunicarse en privado y le envía al agente Collins la sospecha antes de que sea tarde.

"Mercedes Benz, modelo clase C. Vidrios polarizados y con patente "SSO 880". No estoy del todo segura, pero lo he visto más de una vez en lugares donde salía."

"Estoy saliendo del hotel, nos encontramos en unos minutos."

Coloca el cinturón de seguridad y mira hacia el techo del auto, intentando encontrar valor para hacer lo que tiene que hacer. Todavía el amor que le tiene es lo que le da culpa, ella sabe que después de esta reunión con los federales las cosas no volverán a ser las mismas y se avecina una tormenta que no sabe si va a poder resistir.

Fue demasiado enterarse de todos los asuntos ilícitos que tenía y de tomar la decisión de ayudar al FBI, sin embargo, se respaldaba y se daba fuerzas diciendo que era lo correcto y que después de todo tenía que pagar por todo el mal que hizo durante años.

Pone en marcha el auto luego de encender la radio, para que aquel silencio no termine de matar su mente. La reunión era un poco lejos del hotel, pero sabía que era segura y lo único que tenía que hacer era conducir, pero los nervios comenzaron a cegarla cuando notó que aquel auto negro que había sido sospechoso desde antes comenzaba a ir tras ella, doblando en cada calle, sin pasarla y sin dudas, siguiéndola.

La lluvia comienza a caer sobre el vidrio, teniendo que encender los parabrisas mientras su corazón estaba desbocado.

Odió el hecho de rechazar al guardaespaldas una vez más; sin embargo, ella no contaba con que el FBI se había asegurado de que un agente la siguiera sin que ella se diera cuenta, para protegerla. Así que había tres autos yendo en la misma dirección, haciendo que Rebeca comenzara a temblar.

De repente acelera comenzando a querer irse de allí y deshacerse del auto, por lo que el de atrás también toma velocidad y la sigue con insistencia. Por mirar por el espejo retrovisor para comprobar de que aún no la siguen, no había visto que el semáforo había parado, por lo que ella cruzó en rojo, casi chocando con uno de los autos que intentaba pasar. Al hacer una maniobra tan brusca, las ruedas de su auto comienzan a deslizarse por el asfalto, terminando por chocar un poste de luz y provocando que el mismo se diera vuelta.

El agente federal estaba totalmente sorprendido a lo que había pasado frente a sus narices y estaciona rápidamente para ir a auxiliarla, notando que el auto que la había seguido también había detenido la marcha por delante de Rebeca, pero cuando vieron que él se pronunciaba como agente se volvieron a subir al auto y se largaron, sin éxito de sacarle aquel maletín que tanto preciaban.

-¿Rebeca? -el hombre al ver que no hay riesgos de que explote el auto comienza a intentar auxiliarla-. Rebeca, dime algo. Carajo.

-Señor, la ambulancia está en camino.

La sangre brota desde su cabeza, él puede ver que a pesar de que el cinturón de seguridad está puesto, ella se dio un gran golpe al volcar el auto. Comienza a mover todos sus contactos, dándole alerta al FBI mientras que escucha las sirenas de la ambulancia. Va hacia la puerta del copiloto, la que milagrosamente está intacta, y decide tomar el maletín antes de que llegue a manos equivocadas.

El accidente de Rebeca Edwards, a pesar de ser un asunto confidencial y delicado, había llegado a oídos del multimillonario Abel Edwards, su padre. El hombre rápidamente había llamado a su mano derecha Caleb, informándole de lo que había ocurrido.

-¿Dónde está mi hija? -entra con desesperación por el pasillo de la clínica privada, mirando hacia los enfermeros- ¡MI HIJA! ¡CARAJO, NECESITO VER A REBECA EDWARDS!

El enfermero puede ver la manera en la que le está hablando a todo el mundo, odiando a ese hombre por la manera en la que entró. Puede entender de que esté desesperado por saber en dónde se encuentra su hija, pero hablarle de esa manera y desafiar al personal con su mirada es algo que no quiere tolerar.

-Señor, por favor deje de gritar. Hay pacientes que están descansando, dígame el nombre e intentaré averiguar donde se encuentra su hija.

-¿Eres sordo o qué? -lo mira furioso-. Rebeca Edwards, dime donde está, ¿Ella está bien?

-Deme un segundo -el hombre da un largo suspiro y comienza a revisar la planilla-. Ella está bien, acabo de visitarla hace una hora. Está descansando, acompáñeme.

-¿Qué es lo que le sucedió? -lo sigue con desesperación

-Accidente automovilístico. Ella está bien, no tiene ninguna herida de gravedad en su cuerpo, tuvo un fuerte golpe en la cabeza, pero debemos esperar a que despierte para tener un diagnóstico más acertado.

-¿Cómo que despierte?

-Lo más probable es que lo haga en unos cuatro días, todo depende de cómo evolucione -el hombre abre los ojos sorprendidos al ver a su hija desde la puerta-. Puede pasar unos pocos minutos, el horario de visita terminó.

Abel aprieta la mandíbula para no dejar caer las lágrimas que se avecinan, nunca había visto a su hija de esa manera. Ella parece demasiado frágil en aquella cama, tiene su rostro con pequeños cortes producto de los vidrios, su cabeza está vendada y algunos hematomas en sus brazos. Él se acerca, tomando su mano fría sobre la cama mientras la mira y analiza la situación.

-Carajo, hija. No tendrías que haberte metido en esto -dice dando un largo suspiro-. Haré que todo vuelva a ser como antes, cuando solo éramos tú y yo -con su otra mano comienza a peinar su cabello con nerviosismo-. Lo haré, lo prometo.

-Señor -Abel cierra los ojos por un momento cuando escucha a Caleb entrar a la habitación-. No quiero interrumpirlo, pero deberíamos.

-Sé que lo tengo que hacer, Caleb. Solo dame un momento.

-Kylian no tardará demasiado en enterarse lo que sucedió, si no es que ya se lo informaron. Tenemos que actuar rápido.

-Voy a hablar con el director de este lugar. Necesito que busques a nuestro plan B, tengo algo pensado que podría servirnos mucho más que ir directamente hacia Kylian.

-No entiendo, señor, ¿En qué está pensando?

-Ir directamente hacia él sería un error grave, no estoy seguro de lo que ella pueda llegar a hacer -da un largo suspiro-. Ya me encargué de los hombres que seguían a mi hija, ellos no hablarán. Kylian no tiene que saber que está aquí.

-¿Entonces que hacemos?

-Olivia. Olivia es nuestro plan B.

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