En solo dos semanas La dimensión había cobrado fuerzas.
Los crímenes habían aumentado, el tráfico era cada vez menos controlable y la prostitución seguía siendo el principal pilar de la isla.
Dos semanas en las que la élite, después de la explosión había quedado divida en dos... Douglas y Miller.
Y luego estaba yo, la base de toda aquella guerra, en la que según el documento que había quedado asentado, y según el gemelo con el que me había casado, sería el bando al que pertenecería.
Luego de mi huida, nadie había podido reunir al consejo hasta que no volviera y tomara mi lugar en la isla.
En mis manos y en mi vientre estaban los destinos de todos, y en la estrategia de mi venganza la solución al caos en que se había convertido la vida de muchos.
Con el apoyo de Amaia, la ausencia de Aidan, y la dirección de Carter, volvía a la batalla contra las intrigas y traiciones, así como por el amor de mi hombre, que pasara lo que pasara, tenía un solo nombre y un poderoso apellido : Adam Douglas.
La suerte estaba echada y la lucha acababa de iniciar en el momento en que me acercaba, heroica, a los dos hermanos idénticos que me esperaban en la arena de aquella playa, conscientes de que solo uno podía tenerme y con ello el poder de la dimensión.
El momento de elegir un bando había llegado, y con ello, el inicio retorcido de la guerra por la liberación.
La dimensión..., tenía los días contados.
-Hoy es el día Eiza.Todo va a salir bien -me alienta Amaia dándome un fuerte abrazo en la puerta de su casa, la misma que ahora, también es la mía.
-Estoy tan asustada -le confío apretando los papeles en mi mano -¿Crees que me crea?
-Es mi hijo cariño, yo lo he criado,sé como funciona su mente y sé que va a creerte y estará bien. Solo necesita volverte a ver, sentir lo mucho que lo amas aún y va a creerte -me dió dos besos en las mejillas y otros dos a mi panza de dos meses de embarazo,que aún no estaba grande, aunque los bebés crecían rápido. Pero era pronto para notarse.
-¿Me llamarás esta misma noche? -le pregunto esperanzada,de que al menos en mi soledad, allí en la isla, la seguiré teniendo cerca.
Estas dos semanas que habían pasado desde que salí con vida de la explosión en la dimensión, solamente Amaia había sido mi consuelo. Me había contado tanto de su vida en ese inacabable mundo, que sentía que estaba volviendo a vivir todo a través de mí.
-¡Que sí vamos a llamarte pesada, vete ya! -Aitana, su melliza me regañaba como llevaba días haciendo, empujando mi maleta de ruedas en dirección al taxi. Llevo en ella un teléfono satelital para no estar incomunicada.
Ellas habían estado conmigo en el hospital cuando me internaron para curarme las heridas del accidente. Y cuando Adam me dejó en medio del salón de cirugías, y gritó a toda su familia que eran un engaño total y me dijo que mi hijo muerto, no era suyo; que el médico le había dado otra fecha de embarazo y que estaba muy seguro que Adrian era el padre. Aquel día creí morir.
Entré a ese quirófano sola, con un miedo atroz a haber perdido a mi hijo, sin saber que luego comprobaría que así era... uno de mis bebés había muerto, solo que yo no sabía, que habían tres dentro de mí y aún conservo a estos dos, que son la única esperanza de recuperar al Adam de antes. Al Adam de Amaia. Al Adam de todos los Douglas que han pedido mi ayuda para traerlo de regreso y que saben, que mientras no averigüe qué pasó con mi hermano allí dentro, ni cómo han conseguido que Adam se convierta en el criminal que sabemos que se ha convertido,no saldré de ese lugar y no hay fuerza de la naturaleza que me impida vengarme y a pesar de eso proteger a mis hijos.
-Van a ir a visitarlo ,¿verdad?...
Pregunté la última cosa que necesitaba que me confirmaran para salir para lo que sería mi destino. Incluso mi presente y evidentemente la garantía de mi futuro.
-Sabes que sí -determinó Aitana.
Ellas dos habían vuelto de Italia nada más enterarse de los sucesos y no permitieron que el resto de la familia lo hiciera, por motivos de seguridad, pero mi hermano había sido internado en un psiquiátrico unos días antes, pues aún no podían determinar que le sucedía y si Amaia no estaba presente se ponía muy agresivo. Había encontrado en ella una especie de calma pero insuficiente y eso, los había llevado a decidir buscar ayuda profesional. Los médicos decían que era lo mejor y las terapias lo estaban ayudando... algo.
-Confía en mí y en lo mucho que conozco a mi hijo y a su padre. Hay una explicación para todo.
Asentí y tomé el mango de mi maleta, para hacerla rodar hasta el taxis que ya me esperaba en el jardín de la casa de Amaia, para llevarme al aeropuerto y de ahí a tomar el helicóptero a la isla. O lo que quedaba de ella.
Aquel día, hacía solo dos semanas y cinco días atrás, había sucedido una explosión que escuché detrás de mí y respondía a un error con las dinamitas que habían puesto los agentes, dejando como consecuencia la pérdida de varias chicas y otros daños en los fosos de la dimensión.
Salí de allí en ambulancia marítima y con mi marido a mi lado, siendo el mismo de siempre hasta que minutos antes de entrar al salón de operaciones, a examinar mi estado mediante una pequeña intervención que no afectó a mis otros bebés, Adam se convirtió en otra persona y me dejó allí,sola y con nadie más que Victoria y Johnson.
Aún no sabía donde estaban Aidan y Carter, pero lo que sí supe porque Vicki me contó, es que el día que ellos habían escapado de la lancha,encontraron a mi tío muriendo y este les dijo cosas que no sabía todavía, y entre ellas que yo no era su hija, como alguna vez llegaron a pensar sino que Riley, era ese hijo, pero la herencia maldita había ido a parar a mí, y así tuvo que seguir pues él murió y lo demás estaba por verse.
Adrian no ha vuelto a tratar de contactarme desde esa noche en el hospital cuando desperté y lo ví besando mi vientre. Fingí dormir y él se fue después, dejándome claro, que haría lo que hiciera falta para descubrir su locura y cada cosa que había dicho en aquel lugar, al que hoy volvía por voluntad propia y ansias de venganza. Su presencia en mi vida era el principal indicativo de que no podía volver a dar nada por sentado ni a crees que podía ser feliz y vivir tranquila con mis hijos, si la dimensión seguía existiendo, porque todo lo que salía de allí, era podrido y enfermizo y eso, iba a acabar de una vez por todas y de mi cuenta corría que así fuera.
La dimensión se estaba reestructurando y no podía perder la oportunidad de reclamar mi zona del lugar, para poder cumplir mis metas y para eso, contaba con la ayuda de Vicki, Johnson y Riley, además de Gordon y algún que otro familiar de mi marido (Adam,por supuesto),desde fuera.
-Al aeropuerto por favor-le indique la chico del taxi y poco a poco dejé de ver en la distancia a las mellizas.
Por orden de Carter, Amaia no podía saber aún, lo de su otro hijo, y solo pudo enterarme de que justamente por las neurosis de Aidan, muy pocas veces dejaba que la tocaran los médicos y jamas había salido en los ultrasonidos que vinieran dos bebes, y a pesar de las veces que su marido los había hecho, nunca escucharon siquiera dos latidos. Eso fue parte de lo que Carter me contó, y puso como excusa, que aquella era una historia que Aidan debía hablar con su mujer y que dada la edad a la que Amaia volvía a concebir un hijo, no la podían someter al estrés que sería saber de la existencia de Adrian.
Según me contó, cuando ella dió a luz su hermana también lo había hecho y fue su padre junto a Aidan y Douglas, quienes habían estado en el hospital, además de Lynda desde la distancia, pero en algún momento ella perdió la conciencia por el esfuerzo y hasta ahí llegaba su historia. Lo demás lo tendría que contar Aidan que estaba en paradero desconocido y solo mandaba mensajes a su mujer, diciéndole que había una explicación para su ausencia y que sabía que tenía que confiar en él,que todo lo iba a solucionar. Que las cosas estarían bien; pero yo sin embargo dudaba bastante de esa última parte porque en aquel maldito lugar, nada podría estarlo.
Aitana por su parte tenia la férrea idea, de que Leticia no había muerto, pues su cuerpo nunca fue entregado a nadie más que supuestamente Adrian, que figuraba en el mundo como un ciudadano más que ostentaba el apellido de su abuela, quien lo había criado y tenia dos enormes empresas bajo su tutela legal. Era muy extraño todo. Para las mellizas aquel chico, era solo un espacio en blanco. Nadie más que nosotros, los que estábamos en primera línea de combate dentro de la dimensión sabíamos su verdadera identidad, y así ordenó Carter que fuera. Por el momento.
Lynda sí era un hecho que había muerto. La propia Aitana, mientras su hermana me cuidaba en el hospital, había cremado a su madre y pidió ver el momento exacto en que el cuerpo entraba al horno crematorio, por lo que no habían dudas de su pérdida. Lo demás,aún estaba por verse.
Tuve que dejar de divagar en mi propia mente cuando noté que había llegado al aeropuerto.
Pasé por todo el proceso previo a embarcar y sentada en la sala de espera estaba, cuando me sentí observada y así confirmé que era. Había un hombre y una mujer que me observaban desde la distancia.
Él, como de unos diez años o algo así mayor que yo, no era un hombre muy guapo, pero sí era alto,fuerte,muy elegante incluso vistiendo de sport, pero sobre todo, había algo que no pude ignorar porque era imposible no verlo... los ojos más azules que había visto jamas y ni siquiera los de Adam eran así de azules, había algo familiar en su color de ojos y él sabía que lo estaba notando, así como quería que lo hiciera, porque se había bajado las gafas de sol para que no me perdiera ese gran detalle de su intensa mirada. Mientras la chica, era un poco mas joven, pero también poseía esos ojos que me dejaban perdida en mares azules ya vistos... solo que no podía ubicar dónde.
Cuando él me guiñó un ojo, retiré mi vista.
Luego sabría, que ellos iban al mismo sitio que yo, y que también debían posicionarse de un lado.
¿Cuál lado sería?...
¿Por qué estaban allí?
¿De dónde habían salido ?, y, ¿Qué tan importante sería sobre todo, aquel hombre en mi vida?... Lo averiguaría después... pero mucho después.
En todo el camino de regreso a la dimensión, solo podía pensar en el vacío que sentía por un lado, y las palpitaciones de mi latido cardíaco, por la inminente presentación frente a mi marido. El padre de mis hijos.
A pesar de que aquel día se había ido, dejándome en aquel salón quirúrgico, sin saber lo que iba a pasar conmigo, yo no podía dejar de perdonarlo porque lo conocía lo suficiente como para saber que eso, como todo lo demás, tenía una explicación y una razón... solo esperaba que fuera lógica y me doliera poco. Porque su desdén había calado hondo en mí, y no conseguía olvidarlo. Incluso sabiendo lo que sabía.
Pero lo que sí no tenía remedio, era el espacio vacío que mi hijo había dejado en mi vientre cuando escapó de el.
Esa noche me entraron a quirófano con la intención de limpiar mi útero por el presunto aborto; pero cuando pudieron ver, por un ultrasonido transvaginal, que habían otro dos bebés dentro, comprobaron que no quedaban restos del otro embrión y me dejaron de reposo, pero ya estaba en fecha de hacer mi vida normal,con los cuidados habituales de todas las embarazadas.
Había pasado por todo eso sin Adam, y estaba segura que se lo debía a la bendita dimensión. Allí, en aquel asiento de aeropuerto y sintiéndome observada por aquellas dos personas de ojos extremadamente azules, supe que no volvería a pasar por algo así, y mucho menos sin mi marido.
Era un vuelo privado, por supuesto. Y luego tomaría un helicóptero a la isla, como en la ocasión anterior. Solo que esta vez, no tenía más apoyo que el de las vidas en mi interior.
Estaba de vuelta por muchas razones, pero sabía que si volvía a tener conmigo al Adam de siempre, no le gustaría saber que en mi estado me había aventurado a aquella travesía sórdida y peligrosa; pero de la que no tenía opción de escapar y no iba a dar a luz a mis hijos en medio de todo aquel caossin resolver, para que la dimensión los persiguiera eternamente.
Por otro lado estaba todo el listado de crímenes, que recaían sobre la cabeza de Adam, en tan solo dos semanas.
Su propio abuelo, que ya no me repelía tanto, me había ido a ver al hospital y una semana después se apareció en la casa de su nuera para mostrarme todo lo que supuestamente, estaba haciendo Adam.
Había un alto número de mujeres desaparecidas, que habían sido vistas con él, todas las noches previas a sus desapariciones. Una de ellas, era la enfermera de un hospital infantil, del que se reportó un secuestro de siete niños, que aún siguen bajo investigación policial.
Una entidad paramilitar se había puesto en contacto con el anterior cuerpo de combate contra la antigua dimensión, y ellos, que no eran otros que los Douglas y Carter, habían entregado toda la información de la nueva situación a ese respecto. Sobre todo teniendo en cuenta que su nieto querido e hijos, estaban ahí. Así como Vicki, y finalmente yo.
El jefe de ellos me contactó, y, sin tener que pedirlo mucho, me inmiscuyó en el operativo, y esa era la única cosa que me daba vestigios de confianza, para meterme en aquel lugar. Estaba amparada por gente especializada en terroristas peligrosos.
Además de mi venganza, claro estaba.
Viajé en un avión civil, financiado por los paramilitares y allí, me esperaba la segunda al mando de la operación.
-¿Cuándo conoceré al señor J?-le pregunté mientras ella me entregaba las fotos de las desaparecidas, para que las pudiera identificar cuando entrara a los fosos de la dimensión. Esa era una parte clave de sus intereses.
-Cuando él así lo decida. O quizás nunca lo haga-respondió sin demasiado interés -No necesitas más que cumplir los protocolos para que todo salga bien.
Era una mujer esbelta, morena y de ojos oscuros que no me agradaba. Me observaba demasiado altanera. A pesar de que aparentaba ser de mi edad.
El señor J por su parte, me había contactado por vía telefónica y a través de una video llamada en la que no me dejó ver su rostro. Nunca entendí por qué, pero Carter coincidió, en que era lo mejor. Que una vez acabada la colaboración, ellos nunca más me molestarían porque no los conocería del todo. Mientras menos cercanía con los paramilitares mejor. Eran incluso más peligrosos que los del propio gobierno.
Pero, la cara de aquella mujer la estaba mirando, y pensando en lo que me había dicho Samuel.Me preocupaba.
-Tienes que enviar a este enlace, toda la información del día, sin faltar una sola noche o asumiremos que te ha pasado algo y tendremos que intervenir y estropear la operación -me explicó ella, ofreciéndome un dispositivo para comunicarme con ellos y por último, sacó un arma que me mostró en su mano abierta. Cuando fuí a tomarla se retiró hacia atrás, apartando el equipo -no puedes llegar con nada de esto a la isla. Lo dejaremos dentro del segundo cajón del baño de tu habitación, pegado a la parte superior interna. Cuidado al sacarlo que está cargada.
-¿Cómo van a hacer para entrar ?-inquirí asombrada y ajustando mi cinturón bajo las palabras de la azafata que anunciaba el aterrizaje.
-Mientras menos sepas de nosotros mejor -dijo imitando mi acción y sacó de su bolsillo en la chaqueta, una sortija que reconocía perfectamente -ya tiene implantada la nueva cámara y las imágenes se enviarán en automático,solamente alzando este pétalo -me indicó levantando una esquina de la flor -y si le sacas esta espina -indicó mostrándome el mecanismo- sabremos que quieres que hagamos tu extracción. Solo tendrás que dirigirte aquí.
Me enseñó, señalando con un dedo un sitio en la playa dibujado en el mapa y me entregó mi anillo, que había sido dañado cuando la explosión y que hoy me lo entregaban reprogramado, volviendo a mi dedo simbolizando pertenencia. Pero no sabía como se lo tomaría Adam, cuando lo viera.
Aterrizamos y me entregaron mi equipaje, con el que salí por toda la pista caminando hacia un coche que me llevaría al helipuerto del lado oeste de aquel lugar.
Me había puesto un vestido rojo, abierto y muy amplio, con un escote sencillo y sandalias a bajas a juego. Además de mi incertidumbre, no llevaba encima mucho más maquillaje que el de la expectativa.
Llegar al helicóptero fue sorpresivo para mí. Sobre todo por los viajeros que allí estaban esperando por mí.
-¿Vamos al mismo sitio?-pregunté mientras le entregaba mis cosas al piloto.
-Eso parece bellísima - me dijo seductoramente el mismo hombre que había visto en el aeropuerto, con aquellos misteriosos y conocidos ojos azules -hubiese sido un placer viajar contigo, pero al parecer el destino nos vuelve a unir. Soy Fabrizzio, y ella mi hermana Kalah, un placer conocerte.
El evidente italiano extendió su mano hasta mí, y tomando la que por educación le ofrecí, me besó el dorso sin dejar de mirarme y su hermana me lanzó solamente una sonrisa al asar. Se podía ver que no estaba muy contenta.
-Soy Eiza Muriel -me presenté con el apellido que me habían obligado a usar los paramilitares y Carter, pues según ellos toda la gente que iba a conocer allí, debía respetarme justamente por portarlo,y la confusión de mi matrimonio no era buena çarta de presentación -supongo que si van a la dimensión -me detuve y cuadré los hombros, recuperando mi mano que seguía entre las del italiano -buscan una forma curiosa y alternativa de divertirse.
La chica me miró poniéndose muy seria y él, sonrió sin humor y asintió.
Todos nos metimos al helicóptero y no paraba de decirme que aquellos dos no me daban confianza alguna.
No podía decir que tuvieran aspecto de delincuentes, pero es que nadie allí lo tenía, y sus crímenes eran de otro nivel.
Lo que sí estaba claro, era que no daban muchos detalles de lo que iban a hacer a la isla y no les tenía fe, a personas que se involucraban en asuntos tan oscuros como los de allí.
Siendo hermanos no podía entender qué hacían yendo allí.
Por sexo, esperaba que no. Porque sería un poco incestuoso y repugnante por su parte, y no tenían aspecto de depravados. Y por otro lado, las opciones solo me dejaban la peor... podían estar buscando un órgano para algún niño de su familia.
Casi vomito de sacar aquellas conclusiones y por suerte estábamos aterrizando, pues los cabos que había atado, me provocaban enfermedad.
Alcé el pétalo de mi sortija y envié la foto al Señor J,pues esos dos nuevos activos en nuestra plantilla, debían ser informados. Para eso estaba yo allí, en principio.
-Espero disfruten su estancia -les dije cordialmente mientras tomaba mis maletas para volver a recorrer el camino que había tomado, solo dos semanas y dos días atrás.
-¡Cena conmigo esta noche! -la petición del italiano me llegó desde atrás, y me sorprendió sobremanera -quiero conocerte más y supongo que por la manera de mirarme y la foto que me has hecho, tu también quieres saber de mí. ¿Tenemos una cita...?
Su sonrisa atrevida demostraba su superioridad de información. Volvió a guiñarme el ojo y supe, que no podía declinar su oferta dado la evidente implicación en que se encontraba, a la par que yo.
-Eso parece. Nos vemos por ahí, Fabrizzio -contesté con atrevimiento en el tuteo -de cualquier forma no tengo ni idea de a que hora se cena aquí.
-A las diez en el salón de la casa frente a tu habitación...
No hizo falta nada más, para saber que aquel hombre sabía más de lo que yo misma sabía y me estaba diciendo con coquetería, que no iba a escapar de él.
Nos miramos un minuto más, y salí de allí asintiendo sin remedio.
Solo caminé dos metros más, cuando volví a sentir aquellos pálpitos del principio de mi travesía hasta aquí, porque todo lo que me sucedía me ponía al borde del abismo.
Me moría por verlo. Por saber si podría hacerle creer en mí, en sus hijos, en nosotros. Y sobre todo, me moría por tocarlo. Por olerlo,por besarlo. Me moría por tenerlo.
Mi corazón se desbocó del todo cuando me tiraron del brazo y me pegaron a una pared, donde una boca se clavó en mi mejilla,y besándome suavemente susurraron en mi oído:
-Cuanto tiempo sin vernos cariño...