Era tarde en la noche y las luces dentro de la villa de la familia Lu brillaban con intensidad, haciendo un marcado contraste con la calle oscura.
De pie y mirando hacia afuera a través de las ventanas, Janessa Qiu hizo su última llamada a Rayan Lu, pero luego de algunos repiques, esta terminó de la abrupta forma que esperaba. Entonces respiró hondo unas cuantas veces para estabilizarse antes de arrojar el teléfono a un lado, desenvolverse de su bata y meterse en la bañera humeante. Ella cerró los ojos para descansar y dejar que el calor del agua la calmara, con lo cual pronto sus párpados se volvieron pesados.
Unos años atrás su padre había fallecido y ahora su madre estaba gravemente enferma, cosa que inquietaba a su tío Aydin la mayoría de los días y terminaba causándoles problemas a todos. Aunque solo llevaba unos días trabajando en la empresa, ya la mujer estaba agotada.
Antes de que pudiera caer en un sueño profundo, pudo distinguir vagamente unos pasos sordos afuera, y pese a que parecían cercanos, ella no se atrevió a abrir los ojos ni salir de la bañera.
No bien escuchó un "pum" amortiguado, se puso del todo alerta.
"¿Quién es?", preguntó al tiempo que se envolvía con rapidez en su bata de baño para abrir vacilante la puerta con los ojos bien abiertos.
La luz brillante que emanaba del pasillo dificultaba ver la cara del hombre y ella estaba aterrorizada por el repentino ruido que causó, y cuando al fin reconoció su rostro se le aceleró el corazón.
"¡Cálmate, soy yo!", dijo este arrastrando las palabras en un tono bajo y ronco, y la mujer podía oler el alcohol desde donde estaba.
El cuerpo tenso de Janessa se relajó un poco ante la voz familiar y regresó adentro por instinto. Ella miró con cautela a Rayan, quien obviamente estaba ebrio.
"Me estoy bañando en este instante. ¡Debes irte!", le ordenó con un temblor en cada palabra, además de una pizca de vergüenza en ellas.
El hombre la observaba con ojos nublados y una expresión indescriptible en sus rasgos afilados, lo cual era muy diferente de la dominación que normalmente irradiaba.
Con cada paso que se le aproximaba, el cuerpo de esta se enroscaba en tensión y su respiración se volvía más irregular, pues sin importar todo el tiempo que había pasado, ella todavía no podía olvidar lo que él le había hecho en su noche de bodas. Nadie debería sentir ese tipo de dolor en su vida.
Él se tambaleó en su camino a la bañera mientras se quitaba la corbata cuando miró a la mujer y le lanzó un bufido. Sus ojos viajaron desde el rostro de esta, pasando por la delicada piel blanca de su cuello hasta que llegaron a sus delgados muslos, y la sonrisa vulgar que tenía se ensanchó.
"¿De verdad eres tú? Podría jurar que te habías mudado. ¿Por qué volviste?". El hombre se inclinó al nivel de sus ojos y la evaluó con frialdad, pero estaban tan cerca que sus narices se tocaron y el alcohol en su aliento envolvió los sentidos de ella.
Tensando sus labios, la mujer apretó con más fuerza la bata de baño que la cubría. "¿Qué quieres?", cuestionó mirándolo a los ojos, en los cuales pudo ver reflejada su propia expresión de pánico.
Aunque ya habían tenido relación, ella todavía se aterrorizaba cada vez que él iniciaba la intimidad entre ellos.
"¿Tienes curiosidad por ver qué voy a hacer?", preguntó él, borrando la sonrisa de sus labios. Acto seguido la agarró por la nuca con fuerza y le dio una expresión amenazadora como un lobo mostrando los dientes. "¡Señora Lu, creo que debería ser yo quien haga el interrogatorio aquí! ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¡Respóndeme!".
Cerrando los ojos con fuerza, ella tembló cuando él levantó el tono.
Sin embargo, decidió complacerlo y le explicó casi en un susurro: "Tengo algo de lo cual ocuparme en la empresa. Intenté llamarte, pero no contestaste". La verdad era que logró sonar más tranquila de lo que se sentía.
La mirada maliciosa de Rayan se desvaneció, por lo que se podía decir que no estaba tan furioso como unos segundos antes.
Entonces aflojó su agarre sobre ella, y sus ojos se abrieron poco a poco hasta que se enderezó y tiró su abrigo al suelo. Enseguida comenzó a desabotonarse la camisa a un ritmo minuciosamente lento sin dejar de sostenerle la mirada con un destello de peligro en sus ojos.
El corazón de Janessa latía con fuerza mientras trataba de cubrirse todavía más con la bata, enrojecida de vergüenza.
"¿Qué tal si esperas afuera a que me duche? ¿O prefieres darte un baño tú primero?".
Ante sus palabras, el hombre la miró con dureza mientras que ella se obligó a levantar la barbilla y enderezar su postura a pesar de los escalofríos que sentía.
La camisa de Rayan estaba desabotonada hasta la mitad en este punto, lo que revelaba una fuerte clavícula que parecía tentadora bajo la suave luz.
Este cerró la distancia entre ellos, y antes de que pudiera procesar lo que estaba sucediendo, de repente ella sintió un dolor agudo en el hombro.
Él la agarró del cuello y la empujó hacia atrás, lo que le hizo golpearse la cintura con el lavabo. Haciendo una mueca por el dolor que floreció en sus caderas, ella se contuvo de emitir palabra.
"¿Crees que quiero estar contigo?", gruñó Rayan apretando el agarre en su hombro y mirándola con disgusto. "Si no fuera por el arreglo de mi madre, ¿crees que yo te hubiera elegido para mí? No entiendo cómo pudiste siquiera conquistar el corazón de mi madre. ¡No eres más que una manipuladora!".
Todos sabían la verdadera razón por la que ellos se habían casado, pero nadie se había atrevido a expresarlo en voz alta.
En ese momento él lo había dicho. Pero, ¿qué importaba ya? No había nada que pudieran hacer para cambiar el pasado.
Burlándose de él, Janessa levantó la barbilla desafiante. "Ambos sabemos que todo lo que hacemos es aprovechar lo que nos conviene el uno del otro. Tampoco eres víctima en esto".
"¿Aprovechar lo que nos conviene?", replicó él con furia en los ojos. Dicho eso, se inclinó sobre su oreja y agregó con los dientes apretados: "Si eso es lo que crees, ¡no me molestaré en perder un segundo contigo!".
Mientras hablaba, la cargó por la cintura, la apoyó en el lavabo, le abrió la bata de baño y la besó apasionadamente.
Ella frunció el ceño ante la forma en que él la dominaba, por lo que la ira y el resentimiento que se habían estado gestando en su interior amenazaron con estallar porque ya no podía soportar más la humillación.
Al tiempo que él continuaba besándola, ella buscó a tientas algo detrás de sí misma, lo estrelló contra la cabeza del hombre, y antes de que cayera en cuenta de lo que había hecho, este se fue de lado y se golpeó el cráneo contra el estante junto a él.
Como intentó apoyarse contra la pared para suavizar la caída, se deslizó lentamente hasta el suelo, donde la sangre tiñó de rojo el agua que había allí.
Su esposa se estremeció al ver eso. Tan pronto como recuperó el sentido, saltó del lavabo a toda prisa y le giró el rostro hacia arriba.
Pasados unos pocos segundos, la sangre le empapó la camisa. Independientemente de cuántas veces lo llamara, él no le respondió nunca, así que la mujer llamó a la doctora de la familia Lu, Gracie Mo, temblando ante el cuerpo inerte de su esposo en el suelo.
"Doctora Mo, Rayan está herido...".
Ni siquiera había terminado de hablar cuando la persona al otro lado de la línea colgó para correr y llegar allí en menos de diez minutos.
No bien Janessa escuchó que tocaron la puerta, se envolvió en una toalla de baño y se apresuró a abrir.
La médica ni se molestó en mirarla, sino que se apresuró al baño con su botiquín médico a cuestas y una mirada frenética.
Por su parte, la mujer se quedó paralizada mirando a su esposo. "Traté de que la herida dejara de sangrar. No sé si...", explicó con la voz entrecortada.
"Está borracho. Baja y hazle una sopa para la resaca, yo me encargo de lo demás", ordenó Gracie con frialdad luego de arrodillarse junto al hombre y poner manos a la obra.
Como Janessa estaba en pánico, se dio la vuelta y fue a la cocina como esta le acababa de decir.
A Rayan nunca le había gustado que se le acercaran extraños, de modo que no había ni un solo sirviente presente en la villa.
Fue una suerte que le hubiera dado el número de teléfono de su médica privada unos días atrás, pues llamar a una ambulancia a esas horas de la noche alertaría a los medios de comunicación y las consecuencias serían inimaginables.
La mera idea de ello hizo que las manos y los pies de su esposa se congelaran de miedo.
El chisporroteo de la sopa derramándose sobre las llamas la devolvió a sus sentidos, por lo que enseguida retiró la olla, llenó un tazón y lo llevó arriba.
En el momento en que estaba a punto de entrar al baño escuchó un repentino golpe en el dormitorio, lo cual era inquietante en la villa vacía.
Ante eso, se mordió el labio y se dirigió de puntillas a la habitación principal sin soltar el cuenco cuando de repente una voz fría y aguda se escuchó por una rendija de la puerta.
"¿Qué estás haciendo aquí?". Si bien se escuchaba débil, la dura exigencia de la pregunta fue firme.
Ella avanzó dos pasos y estaba por dar su explicación cuando una voz aún más enojada resonó y casi le rompió los tímpanos.
"Te estoy preguntando qué haces aquí. ¡Di algo! ¿Por qué no hablas?".
Eso le provocó un escalofrío mientras la expresión furiosa de su esposo parpadeaba en su mente, haciéndola detenerse en seco.
"Janessa me dijo que viniera a vendar tu herida", respondió la doctora, quien a pesar de sonar muy estable, la sensación de asfixia detrás de sus palabras era difícil de ignorar.
"¿Janessa? ¡Janessa! ¿Sabes quién es ella ahora? Es mi esposa, ¡la señora Lu! ¡De hecho tengo que agradecerte por todo esto! ¿Estás feliz? ¡Debes estarlo!".
Con los dientes apretados y los ojos enrojecidos, él le dio a la mujer una mirada furiosa.
Esta apretó los labios con fuerza y unas pocas lágrimas se asomaron hacia sus mejillas hasta caer en el dorso de su mano.
Él nunca había sentido tanta pena por ella, e inconscientemente, aflojó su agarre.
"Pensé que estarías bien después de que rompimos. Tu madre dijo que ustedes dos procedían de familias de igual rango social y que algún día tendrían hijos. Además... No te merezco".
Tan pronto como Gracie se arrojó a sus brazos a llorar, la puerta se abrió, por lo que ella se soltó a toda prisa, agachó la cabeza y se limpió la cara.
En la entrada, Janessa sostenía el plato de sopa, sudó frío y los nudillos se le pusieron blancos con lo fuerte que estaba agarrando la bandeja.
Sus pensamientos se arremolinaban salvajemente en su cabeza al tiempo que el pánico la embargaba. Ella siempre creyó que la familia Lu quería que le diera un hijo a Rayan, no que la habían usado para separar al hombre de Gracie.
De hecho había sido la otra sin saberlo.
Sin embargo, ella no habría podido querer menos ese "honor".
En ese momento sintió un golpe en el corazón, y bajo la presión de actuar como la esposa de Rayan, se burló y miró con frialdad a las dos personas en la cama.
El hombre se paró frente a la médica, como protegiéndola de su mirada con una expresión amenazante.
No obstante, ella avanzó tranquilamente con la bandeja en la mano, tratando de reprimir la creciente ira.
"No sabía que tú y ella tenían tanta historia juntos, pero eso ya pasó. Yo no los obligué a romper. Señorita Mo, no es necesario que te aferres demasiado al pasado, por favor".
A pesar de su sonrisa agradable, su corazón estaba temblando mientras que los ojos penetrantes de su esposo le daban a entender que si las miradas pudieran matar, ella ya estaría hecha pedazos en el suelo.
"Eso no es de tu incumbencia. ¡Vete!", exclamó él de forma despiadada, con severidad, y sin perder su postura protectora frente a la otra.
Si bien Janessa nunca se habría rebajado tanto como para pelear con ninguna mujer por un hombre que no la amaba, ahora ni siquiera lo pensó dos veces.
"Esta es mi casa. ¿Por qué debería irme? Rayan Lu, sé que todavía no aceptas las cosas, pero eso no cambiará el hecho de que estamos casados y yo soy tu esposa. Si quieres protegerla a ella, habla del problema con tu madre, quien a fin de cuentas fue la primera en estar en desacuerdo". Sus palabras tenían un tono indiferente, pero cada una de ellas eran como agujas que les atravesaban el corazón.
"Señorita Mo, ya sabes qué hacer si no quieres avergonzarlo". Apenas se volteó hacia Gracie, el color desapareció del rostro de esta, quien la miró con ojos heridos, bajó la cabeza y salió corriendo de la habitación tapándose la boca.
En ese punto era demasiado tarde para que Janessa esquivara el tazón que se volcó encima suya con una sopa extremadamente caliente.
Sin aliento por el dolor de la quemadura, de repente se quedó sin aire porque su esposo la empujó contra la pared con una mano alrededor de su cuello.
"¡Si algo le pasa, no te perdonaré!".
Su tibio aliento golpeó su rostro con esas palabras llenas de odio y a ella le dolió el corazón.
Aun con sus lágrimas brotando sin control, lo provocó. "Mi vida es mucho más valiosa que la de ella. Si no me crees, puedes preguntarle a tu madre".
"¡¿Cómo te atreves a amenazarme?!", espetó su esposo al tiempo que apretaba la mano alrededor de su cuello, haciéndola jadear desesperada por aire. Ella podía sentir el lento bombeo de su sangre en sus venas y sus sienes latiendo.
Cuanto más se comportaba él cual salvaje, más grande se volvía la terrorífica sonrisa en su rostro.
"Si no te vas ahora, no podrás alcanzarla", le sugirió entonces con una voz exageradamente amable, como si no fuese ella quien hablara.
La ira en su rostro la había llenado de satisfacción.
Con eso, lo que le impedía respirar se fue, la mujer se deslizó por la pared mirando hacia arriba, donde se encontró la advertencia en los ojos fríos de su esposo.
La ruidosa habitación ahora era sofocante y silenciosa, e incluso su feroz tos ocasional se volvió ensordecedora.
Llevándose la mano quemada al pecho, sacó el teléfono para llamar a Gordon Shen, y mientras esperaba que atendiera, la euforia en ella se fue disipando hasta dejarla agotada.
"Ya es muy tarde. ¿Por qué no te has acostado todavía?", preguntó la voz suave al otro lado de la línea. Si bien era tranquilizadora, le despertó un fuego inexplicable.
"¿No trabajaste en el mismo hospital con Gracie? ¿Sabías sobre la relación entre ella y Rayan?".
Janessa se esforzó por mantener la voz tranquila, no obstante, Gordon sentía que algo andaba mal, así que guardó silencio durante unos segundos y luego cambió sutilmente de tema. "¿Por qué de la nada preguntas al respecto? ¿Peleaste con él?".
Ella solo sintió una oleada de ira acompañada de una opresión en el cuero cabelludo, mareos y ni siquiera podía respirar del todo bien.
"Lo sabes, ¿verdad? ¡Gordon Shen, no te atrevas a mentirme también!".
Una lágrima rodó por su rostro, luego otra y otra, hasta que se anegó en un mar de lágrimas.
"¿Te lo dijo o viste a Gracie con él?".
Con desdén, Janessa se llevó la mano hacia la cara, se enjugó las lágrimas, que al ser tan amargas quemaron instantáneamente la parte escaldada de su piel, y lanzó una risa con un toque de frialdad.
"¿Qué sentido tiene discutir sobre eso ahora? El hecho de que me case con él por intereses comerciales no significa que él me pueda hacer ver como una tonta. ¿Por qué lo hace? ¿Porque es divertido o porque es interesante?".
Sus nervios, que habían estado contenidos por un buen rato, finalmente mostraron signos de venirse abajo, y todo lo que la aquejaba y había estado guardando comenzó a brotar.
"¿Estás en casa? Voy para allá ahora mismo". Se percibía una pizca de preocupación en la voz del hombre en el teléfono.
"¡No te molestes!", Janessa se negó sin dudarlo.
Seria, inspiró con fuerza y comentó: "Solo quiero saber quién diablos es Gracie. ¿Puedes decírmelo?".
"Más tarde podemos hablar de ella...". Gordon suspiró impotente con deseos de dar una explicación.
La chica se mordió el labio y colgó el teléfono. De repente, escuchó la voz de Rayan que venía desde atrás.
"¿Estás tan deseosa de conocer nuestra relación? Bueno, voy a contarte ahora".
Antes de que ella pudiera moverse, él la agarró por el cuello, la levantó y luego la presionó contra la cama, abalanzándose sobre ella de tal forma que restringía su respiración.
Con un rostro lívido, la miró con fiereza, apretó los dientes y la agarró por la mandíbula. "Gracie es la hija de un sirviente de la vieja casa. Crecimos juntos y tuvimos una bonita relación. Ella era mi novia antes que tú. ¿Entiendes ahora?", Rayan dijo la última frase con los dientes apretados.
Con una sonrisa gélida y un rostro pálido, ella lo miró e indicó: "Por eso la contrataste como médico de familia para poder salir con ella en secreto. También me diste su número de teléfono y me pediste que la contactara en caso de emergencias. ¡Me das asco, Rayan!", Janessa terminó con un grito de histeria.
Ella siempre había odiado a las mujeres que les gritaban a sus esposos y no esperaba que algún día se convertiría en una de ellas.
Ella debió haber hecho algo terrible en su vida para recibir semejante castigo.
Al escuchar sus palabras, las venas de Rayan comenzaron a abultarse en la frente y apretó los labios con una fuerza que los dejó incoloros.
Sin embargo, se negó a aceptar la derrota. La burla en los ojos de la chica comenzó a enfadarlo.
Él respiró hondo, arrastró a su esposa hasta el baño, la agarró por el pelo y la obligó a mirarse en el espejo.
Una mujer despeinada y de rostro pálido era lo que veía en su reflejo. Los ojos estaban hundidos y con unas ojeras que parecían moretones. Los labios estaban blancos y los pómulos estaban más prominentes que nunca.
De sus ojos rojos aún emergían lágrimas. La chica nunca en su vida se había visto tan angustiada y demacrada.
"Mira tu cara con cuidado. ¿Dices que te doy asco? Estás dispuesta a venderte por dinero, Janessa. ¡Solo tú puedes hacer tal cosa! ¿Crees que eres más víctima que yo?".
Rayan le pellizcó la mejilla de la chica con fuerza y la miró con frialdad.
Ella se burló y lo miró de reojo. "Aun así accediste a casarte conmigo. No importa si amas a Gracie. ¡Ella no será más que una zorra traicionera!".
Finalmente Rayan se irritó, su rostro reveló una expresión feroz y, amenazante, le alzó el puño mientras miraba enojado el rostro sonriente de la chica en el espejo.
Despreocupada, se burló y levantó la barbilla. "¿Qué? ¿Vas a pegarle a tu nueva esposa a causa de tu exnovia? ¿Crees que me asustas? Dale. Golpéame y les daré a los medios un verdadero festín. Estoy segura de que estarán interesados en oírme contar cómo practicas la violencia doméstica. Cuando se haga público, no solo sufrirás tú; también todas las empresas del Grupo Lu".
El pecho de la joven tenía palpitaciones aceleradas y aunque su rostro estaba tenso, su tono era firme.
Su determinación de luchar hasta el final hizo que la boca de Rayan se crispara.
Había estado enojado toda la noche, pero no había podido desahogarse.
Cuando se paró frente a ella, quiso estallar de ira.
Con un rostro sombrío e indiferente, el joven bajó el puño.
Agarró con más fuerza su cabello y casi la golpeaba contra el espejo. Su cuerpo estaba presionado contra la espalda de la chica, y mirándola a la cara en el espejo, susurró lentamente: "¿Eso es todo lo que puedes hacer? ¿Eso nada más, eh? Me gustaría ver cuánto tiempo puedes aguantar sin el apoyo de mi madre".
El borde del lavabo se introdujo en la parte inferior del abdomen de Janessa, quien hizo una mueca de dolor y tembló ante la presión creciente.
Ella apretó los dientes y una vez más sonrió a su esposo a través del espejo.
Cuando ella estaba a punto de hablar, Rayan ladeó la cabeza y le mordió el lóbulo de la oreja. Él la miró e inquirió: "¿Era con ella con la que hablabas hace un rato por teléfono? ¿La llamaste para delatarme?".
La voz baja y despiadada del joven estaba mezclada ahora con puro odio. Sonaba como si quisiera matarla después de interrogarla.
Él la mordió en repetidas ocasiones en el lóbulo de la oreja e ignoró sus pequeños gritos de dolor.
Ella apretó los labios para no emitir sonido alguno. Se agarró con tanta fuerza al borde del lavabo, que las puntas de sus dedos quedaron blancos.
Cuando ella estaba a punto de bajar la cabeza para evitar su mirada, Rayan una vez más la tiró del cabello con fuerza hacia atrás y la cabeza de la chica se inclinó para arriba.
El tirón repentino le sacó el lóbulo de la oreja de la boca y ella casi gritó de dolor.
Miró el rostro feroz y deformado del chico en el espejo.
Inteligentemente optó por cambiar de táctica.
Respiró profundamente para tranquilizarse, miró a Rayan con indiferencia y le dio su mejor sonrisa. "Sí, lo hice. ¿Qué vas a hacer al respecto?".
Rayan perdió la compostura. Tiró a la chica del pelo, la apretó contra la pared y comenzó a lastimarla, de tal forma que ella casi se desmayaba.
Janessa sintió como si fuera a morirse, pero apretó los dientes y aguantó la ira de Rayan.
Solo así, podría enfurecerlo más y cambiar la situación a su favor.
Ella, a decir verdad, no le había comentado nada a su madre sobre él.
Pero, ¿qué importaba?
Siempre que pudiera enojar a Rayan, lo haría. Aunque tuviera que lastimarse a sí misma para ello, no lo dudaría ni se arrepentiría.
Cuando la tortura finalmente terminó, a ella no le quedaban fuerzas para ponerse de pie y como vio que Rayan se fue sin mirar atrás, se tumbó en el suelo con una sonrisa amarga.
Luego, le brotó sangre de entre sus piernas y presionó sus manos contra su abdomen bajo porque de repente comenzó a sentir un poco de dolor. Finalmente tuvo la menstruación después de dos meses de retraso.
Después de tumbarse en el suelo durante mucho tiempo, la chica recuperó sus fuerzas y se puso de pie. Se dio una ducha con premura, luego se tiró a la cama y cayó en un sueño profundo.