Mi nombre era Lina Salazar, la hija adoptiva de la prestigiosa familia Castillo.
Pensé que mi vida, aunque compleja, tendría un camino definido, incluso mi prometido, Patrick Lawrence, era parte de ese futuro.
Pero entonces, apareció Luciana, la "verdadera" heredera, y mi mundo se derrumbó de una forma inimaginable: fui desechada, mi prometido me abandonó, y la familia que creí mía me repudió sin piedad.
Fui humillada, violada por Patrick y sus amigos, y finalmente, expulsada a la calle, sola, enferma y sin esperanza.
Mis padres adoptivos, ocupados celebrando la nueva vida de Luciana, me negaron hasta una mínima ayuda económica para mis medicinas, condenándome a una muerte lenta mientras yo observaba cómo despilfarraban fortunas.
¿Cómo pudieron creer las mentiras de Patrick y condenarme por algo que no hice? ¿Cómo la gente que debió amarme me abandonó tan cruelmente, incluso después de un horror impensable?
Pero esta no es una historia de derrota, porque antes de morir, me aseguré de dejarles un regalo de bodas desde el más allá.
Un regalo que expondría la verdad más oscura y les arruinaría la vida en el día más feliz de Luciana y Patrick.
Mi nombre es Lina Salazar. O, para ser más exactos, ese era mi nombre.
Ahora soy un alma, flotando en el aire, observando cómo celebran mi muerte.
Abajo, en la gran hacienda de tequila de mi familia en Guadalajara, se celebra la boda del siglo.
Luciana Castillo, la verdadera heredera, se casa con mi ex prometido, Patrick Lawrence.
Mi padre adoptivo, el señor Castillo, llora de alegría.
"Finalmente, nuestra verdadera sangre, nuestra Luciana, se casa con un Lawrence. ¡Qué honor para la familia!"
Mi madre adoptiva, con un vestido carísimo, asiente con la cabeza.
"Es una pena que esa impostora, Lina, no esté aquí para verlo. No, espera, es una bendición que no esté. Su sola presencia mancharía este día sagrado."
Los invitados murmuran entre ellos.
"¿Oíste lo que pasó con Lina? Se suicidó. Qué cobarde."
"Dicen que estaba celosa de Luciana. Intentó sabotear la boda y, al no conseguirlo, se quitó la vida."
"Qué bien que murió. Una vergüenza como ella no merecía el apellido Castillo."
Escucho todo. Floto sobre ellos, invisible, una espectadora silenciosa de mi propia humillación póstuma.
La boda es un espectáculo de riqueza. Cientos de invitados, comida exquisita, y el mejor tequila de la hacienda que una vez llamé hogar.
Todo es perfecto. Un final feliz para todos.
Excepto para mí.
Pero está bien. Porque les dejé un regalo.
Un pequeño regalo de bodas desde el más allá.
Y está a punto de ser abierto.
La ceremonia llega a su fin. Patrick besa a Luciana con una pasión fingida que conozco muy bien. Los aplausos resuenan en todo el jardín.
Luciana, con su vestido blanco de novia, se ve hermosa. Su piel, antes tostada por el sol de Oaxaca, ahora es pálida y delicada. Sus manos, antes ásperas por el trabajo, ahora están suaves y cuidadas.
Ella es la princesa que siempre debió ser.
Yo era solo la sustituta. La mercancía defectuosa.
Patrick levanta su copa.
"¡Por mi esposa, Luciana! ¡La única y verdadera joya de la familia Castillo!"
Todos vitorean.
Entonces, Luciana toma el micrófono. Su voz es suave, pero firme.
"Gracias a todos por venir. Hoy es el día más feliz de mi vida. Y en este día, quiero compartir algo muy especial."
Un asistente le entrega una caja envuelta en seda.
"Mi hermana, Lina, no pudo estar aquí hoy. Pero me dejó un regalo de bodas."
El silencio cae sobre la multitud. Los murmullos se convierten en un zumbido incómodo.
Mi madre adoptiva grita.
"¡Luciana, no! ¡Tira eso! ¡Es una maldición de esa mujer malvada!"
Mi padre adoptivo la secunda, con el rostro pálido.
"Hija, no hagas caso. Es solo una de sus últimas artimañas para arruinar tu felicidad."
Patrick se ríe, con desprecio.
"Cariño, no perdamos el tiempo con las tonterías de una muerta. Probablemente esté lleno de veneno o algo peor."
Pero Luciana no les hace caso. Abre la caja lentamente.
Dentro hay un simple cuaderno de cuero y una pequeña grabadora.
Mi diario.
"Lina quería que compartiera esto con todos ustedes," dice Luciana, mirando directamente a la cámara que transmite la boda en vivo a todo el país. "Quería que todos conocieran la verdad."
El pánico se apodera de los rostros de Patrick y de mis padres adoptivos.
Demasiado tarde.
El espectáculo está a punto de comenzar.