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El Alfa es mi mascota

El Alfa es mi mascota

Autor: : Valkyria Wolf
Género: Hombre Lobo
Cuando Lord, un alfa acostumbrado a que se haga su voluntad, encuentra a una bebé llorando en medio del bosque, nunca se imaginó que ella sería su mate. Por lo que decide criarla hasta que tenga la edad suficiente para reclamarla como suya. Solo no planeó que años después ella fuera secuestrada de su manada y perdiera su rastro, pero él haría cualquier cosa para recuperarla. Cualquier cosa. Años después. Selena, una chica graduada de veterinaria que no recuerda su pasado llega a un pueblo, donde encuentra a un lobo enorme en la esquina de su clínica a punto de morir, y después de salvarlo y tras la insistencia de este decide adoptarlo. Sin saber que ahora... el alfa es su mascota... su mate.

Capítulo 1 1

Lord, alfa de la Manada Luna abrió la boca soltando un leve jadeo. La sangre se escurría por sus colmillos y manchaba la nieve debajo de sus patas. A su lado el cuerpo de su presa se hallaba ya sin vida. Su pecho se infló de satisfacción. Definitivamente era el mejor de su manada. No por gusto era el alfa. No importaba el tamaño del animal que se le enfrentase, no eran rival para él.

Se sacudió quitando la nieve espesa de su espeso pelaje marrón. Acto seguido alzó la cabeza y aulló. No pasaron muchos minutos para que tres lobos aparecieron en su rango de visión, al detenerse eran más pequeños que él en tamaño más no es corpulencia. Lord se había encargado de un estricto programa de entrenamiento para todos los miembros de su manada.

Sus terrenos eran amplios y el ataque de invasores era inminente, cada integrante debía ser capaz de protegerse con facilidad, incluido los cachorros.

-Alfa- Senas, su beta de detuvo haciendo una inclinación con la cabeza.

-Llévenselo- ordenó Lord con voz plana y llena de autoridad.

No tenía que decir nada más. Para él solo había dos caminos, que le hicieran caso o morir al ignorarlo. Era el alfa absoluto de su manada, no permitiría la desobediencia, eso había mantenido a flote a la manada por casi 200 años. Y lo haría por muchos años más.

Senas asintió y con un movimiento de la cabeza los dos lobos detrás de él se encargaron de morder por cada lado al enorme animal muerto que formaría parte de la cena de ese día y comenzaron a arrastrarlo de vuelta a la mansión. El beta caminó detrás de su alfa son decir nada. Sabía que el lobo mayor estaba de un humor bastante versátil últimamente, pero cuando mataba... por muy orgullos estuviera de su hazaña, todavía el instinto quedaba despierto y su cuello podría ser el próximo sino tenía cuidado.

Senas lo conocía de años. Eran amigos de cachorros. Lord habia destacado por encima de los demás lobos aun con solo meses y aun siendo muy joven se había ganado el lugar de alfa de su manada. Él lo siguió fielmente como beta sin nunca cuestionar nada, su alfa era alguien al que no se le podía discutir. Cuando quería algo, simplemente era suyo y si se le resistía, su destino era desaparecer.

Avanzaron varios metros en medio del bosque, perlado de blanco por la nieve, cuando un sonido antinatural para ellos llegó a sus oídos. El cuerpo entero de Lord se tensó y gruñó tan fuerte que sus acompañantes retrocedieron un paso.

Si había algo que molestaba realmente al alfa era que entraran a sus terrenos sin su permiso... y el olor que llegaba a ellos por la suave y helada brisa era de... humanos.

Lord giró su cuerpo a la fuente del olor con los ojos inyectados en sangre, con la intención de acabar con ellos. Odiaba a los humanos, eran seres despreciables y que no respetaban. Por lo que si entraban a sus terrenos solo les quedaba morir. Ya bastante tenía que soportar que muchos de ellos se hubieran asentado en un pueblo a orillas de sus terrenos.

Con el lobo erizado y gruñendo comenzó a caminar hacia los invasores. Senas les hizo seña a los otros dos que no se movieran y él siguió a su alfa con una distancia prudente en caso que la situación se complicara. No habían avanzado mucho cuando el olor se hizo más fuerte y los humanos fueron visibles, pero algo no estaba bien.

Lord pegó las orejas a su cabeza en alerta y se acercó a los bultos en medio de la nieve que estaban medianamente enterrados en esta. El sonido salía de ellos, aunque no se movieran. El alfa se acercó cada vez más, con cautela, sintiendo que su pecho palpitaba de forma extraña mientras más cerca estaba. Eso lo hizo apretar los dientes.

Solo cuando estuvo junto a aquellos bultos de tela pudo escuchar el sonido con más claridad. Era intermitente, a veces alto, a veces bajo, se apagaba, volvía, así como el pequeño movimiento en medio de lo que parecían dos cuerpos durmientes en medio de la nieve. Lo que no estaban precisamente durmiendo.

-Están muertos alfa- declaró Sena repasando uno de los dos cuerpos descubriendo la cabeza de uno, corriendo la tela de la capucha de piel mostrando sus rostros ya de color violeta y totalmente tiesos- Deben haber muerto hace unas horas.

Mas Lord no lo escuchaba. Sus ojos estaban fijos en aquel pequeño cuerpo que se movía en medio de aquellos dos más grandes sin vida. Una manito pequeña y casi azulada se dejó ver ante este sacudirse corriendo la tela. Y otra vez ese sonido, como si estuviera llorando.

-Alfa... es un cachorro humano, está aún vivo- Senas dijo con voz plana. Lo más probable era que su alfa lo eliminara como todos los humanos que se cruzaban en el camino. Se preguntaba como era que había sobrevivido, quizás era debido al calor que le habían dado sus padres antes de quedar congelados- ¿Alfa?- se preocupó cuando no lo vio moverse.

Lord no podía mover ni siquiera un pelo de su cuerpo. Allí, tan cerca, aquel sonido, aquel olor que se mezclaba con otros más desagradables. Acaso...

Ordenó a cada músculo de su cuerpo moverse y avanzó unos pasos poniendo sus patas entre los cuerpos y bajando su nariz hasta la pequeña manito. Esta se movió y cuando lo tocó su cuerpo se estremeció completamente, y no por lo helada que estaba, haciéndolo abrir los ojos muy grandes.

-¿Alfa?- Senas se había dado cuenta que algo no estaba bien con él.

Lord tragó en seco, la sangre en su cuerpo palpitaba tanto que dolía y había algo removiéndose dentro de él. Con cuidado agarró la tela que cubría protectoramente al cachorro humano y tiró de este descubriéndolo. Y fue entonces que lo vio.

No, no era un simple cachorro humano que apenas debía tener un año. No era una simple niña con ojos muy azules llenos de lágrimas, que dejó de moverse y que lo enfocó con los orbes muy abiertos. El alfa no tenía que ver más, oír más, sentir más para saberlo.

Transformó su cuerpo lentamente hasta que este se alzó erguido en su más de 1,90. Su cabello chocolate oscuro y largo se ondeó sobre su ancha espalda desnuda, y sus músculos tensos, muy tensos. Los copos de nieve que caían sobre él, hacía un enorme contraste contra su piel ligeramente morena varios tonos más clara que su cabello y que le daba un toque exótico por encima de su manada.

Senas, al verlo lo copió aun sin comprender dejando que apareciera su piel blanca y su cabello rubio en ondas suaves. ¿Su alfa no mataría al cachorro humano? No comprendía. Lord era un lobo fácil de predecir... era muy básico, aunque impredecible en algunos momentos. Sin embargo, se impactó aún más cuando lo vio doblarse y agarrar al bebé entre sus brazos, acunándolo como si fuera algo muy frágil. Era tan pequeño en comparación con él que parecía que se quebraría en cualquier momento.

-¿Alfa... qué ocurre?- el beta estaba descolocado, nunca lo había visto actuar así, a menos que- Acaso...

-Senas- el alfa alzó su mirada que por primera vez no fue tan gélida como normalmente era, había un brillo inusual que estaba en ellos- Esta cachorra humana... es mi mate.

Capítulo 2 2

9 años después.

Lord estaba recostado en medio de los cojines de la habitación destinada como su estudio. Revisaba los ultimo informes referentes a la manada. Se acercaba la temporada de caza, y los suministros debían ser controlados para que hubiera repartición equitativa.

-¿Está todo en orden, alfa?- parado frente a él se encontraba Senas con otros papeles en sus brazos.

El lobo solo alzó la mirada para volverla al papel en su mano y seguir leyendo. Una gota de sudor bajó por la sien del beta. Otra cosa que caracteriza a Lord era que no solía hablar mucho, su mirada decía prácticamente todo, y en este caso era que no osara presionarlo. Quería salir de allí. Sollozó ligeramente, su alfa no parecía de buen humor. Y como no estarlo, si su mate se encontraba lejos de él, jugando con los demás cachorros de la manada. Mal momento para hacerlo.

Era un lobo sumamente dominante con ella, pero le deba su espacio, la cachorra humana de ahora 10 años... podía ser bastante terca cuando quería y era capaz de discutir con él a la misma par. Era una escena complicada de ver. Un pequeño cuerpo intentando imponerse ante uno que exudaba feromonas en toda la habitación, feromonas que ella no era capaz de olerlas dada su edad, pero los demás lobos tenían que apartarse metros para no sufrir y aun así temblaban.

Pero Lord no tenía derecho a quejarse, había criado a la niña igual que cualquier loba guerrera de la manada, y la personalidad de ella había adoptado algunos rasgos del carácter de él. Esto era lo que ganaba.

Lord al final dejó de ver el papel y se lo devolvió.

-Sal- ordenó el alfa y se recostó hacia atrás casi sentado en el respaldar de cojines, cruzando las piernas sobre la alfombra. Las aletas de su nariz se movieron como si hubiera captado un olor familiar.

-Alfa, aún faltan algunos documentos que v...-

-LORD- la cortina de la puerta de aquel lugar de pronto se abrió y una pequeña cabellera alborotada de largos rizos marrones muy similares al pelaje del alfa, pasó por al lado del beta.

Ahora comprendía porque lo había mandado a salir. Lord detestaba que otro macho estuviera tan cerca cuando la cachorra humana estaba con él. Era posesivo, demasiado. Así que con una inclinación de la cabeza el beta salió de allí lo antes posible.

-Lord- la niña se lanzó sobre el cuerpo duro del alfa quedando sobre él. Su pelo estaba todo enmarañado, su vestido claro lleno de tierra al igual que su rostro, sus zapatos eran un desastre, pero sus hermosos orbes azules estaban llenos de felicidad.

-¿Qué ocurre?- el lobo rodeó la cintura de ella con su brazo para mantenerla en su lugar mientras la otra la pasó por debajo de su propia cabeza, recostándose hacia atrás.

Ella hizo un puchero y le pellizcó la mejilla.

-Debes sonreír más, te lo he dicho. Eres muy bonito, pero das miedo.

Lord no le hizo caso a la sugerencia de la niña. Su rostro era inexpresivo e incluso daba miedo a algunos cachorros muy jóvenes que no habían interactuado tanto con él. Era alfa, no tenía tiempo para sentir, aunque con su cachorra se relajaba más de lo que ella se imaginaba. Podía dejar de pensar.

-¿A qué viniste?- a pesar del tono tosco de él, ella supo que estaba interesado en su visita cuando él estaba a mitad del trabajo.

Luna sonrió hacia el lobo como siempre lo hacía cuando quería algo.

-¿Puedo ir con ustedes a cazar?-

Los ojos de Lord se entrecerraron.

-NO- su respuesta fue absoluta. No había peros.

Pero Luna... era especial, con ella... si había peros.

La palabra miedo no se aplicaba con ella. No se lo tenía y la mayoría había llegado a la conclusión que era debido al enlace entre ellos.

-¿Por qué no? Los cachorros de mi edad van a ir. Yo puedo ir en tu lomo. Porfa déjame ir.

Aun así, Lord se negó rotundamente, mostrándole sus colmillos. Había momentos en que tenía que ser más duro con ella de lo normal. Luna era terca, algo que había aprendido de él.

-No eres un lobo Luna, eres una cachorra humana.

-Loooooooord- ella siguió insistiendo.

-Un cachorro de tu edad casi es un adulto y puede cuidarse por sí mismo. La caza no es un juego, es una enseñanza- le explicó como siempre hacía con ella- no había escondido sus colmillos dándole a entender que NO era NO.

Al no ser una loba le había dejado las cosas bien claras desde el inicio. Ella era una humana aun cuando él nunca se imaginó que su mate lo sería. Odiaba a los humanos, pero la naturaleza lo había llevado a tener una mate de esa raza. Quizás porque la había recogido desde bebé y la había criado como una loba impregnándola de su olor todos los días, que le era más tolerable la idea de tenerla a su lado y no la había matado por todas las protestas de ella. Otro lobo ya habría perdido el cuello.

Además, siempre le había dejado claro las cosas porque sabía las consecuencias de mentir, la verdad siempre salía a la luz. Incluso le había contado de su relación con él, del destino que los unía, del enlace entre ellos y que en unos años más ella sería completamente de él y llevaría su marca en su cuello, así como su cachorro. Una vez que la marcara sería más fácil que ella no fuera tan rebelde, la controlaría con sus feromonas. Luna nunca había puesto objeciones en esos asuntos. Sin embargo, criarse dentro de una manada donde todos eran muy diferentes a ella creaba diversos conflictos... como el presente.

Luna se mordió el labio inferior hasta que comenzó a aparecer una línea roja en ellos. Conocía bien a Lord, era alguien muy pendiente a ella por lo que pasaban mucho tiempo juntos, le gustaba estar junto al lobo y como olía. Había cosas en las que podía discutir con él, la mayoría de las veces ganaba si decía lo correcto y ponía la mirada correcta, pero había momentos que era mejor no insistir, sobre todo cuando se trataba de su seguridad.

-Tacaño- ella dejó salir y enterró su rostro en el pecho del lobo. Su cabello enmarañado cayó a su alrededor de forma extraña cubriendo su rostro.

Lord pasó su mano sobre la cabeza de ella acariciando ese mar de rizos dorados que aun así se sentían suaves al tacto. Se había vuelto adicto a dormir con ellos enredados entre sus dedos.

-Cuando seas más grande te llevaré, ahora no- y a pesar de todo, a él no le gustaba verla deprimida, era su mate después de todo. Por muy frío y serio que fuera verla triste hacía que su pecho se apretara. Una sensación que solo había experimentado después de haberla encontrado y que no le gustaba para nada.

Ella agitó la cabeza con obstinación, pero no protestó más.

El lobo se permitió cerrar los ojos un rato y descansar. Ser alfa exigía mucho de su tiempo y energía, y Luna no era precisamente una niña tranquila. O más bien era él, si ella no estaba a su lado se la pasaba buscándola con su olfato hasta que la encontraba.

La niña no se movió de encima de él, su olor solía calmarla y poco a poco la respiración de ella se volvía más pausada, se estaba quedando dormida, y con ella él. Descansar media hora no marcaría la diferencia. Por lo que Lord se permitió dormir. Sin embargo, no pudo disfrutar mucho ese tiempo junto a su pareja.

Capítulo 3 3

A pesar de que lo que más Lord deseaba en ese momento era un poco de intimidad y tranquilidad con su mate, eso a veces era todo un lujo. Como ahora. La tela de la puerta fue corrida y un lobo joven entró corriendo como si aquel lugar le perteneciese.

-Lord- gritó con euforia, pero se detuvo en seco al ver la escena que se encontró delante de él y que pocos tenían la oportunidad de ver.

Los ojos del alfa se abrieron lentamente, el brillo dorado en ellos era peligroso y de advertencia. Definitivamente no le había gustado que lo hubieran interrumpido así. El recién llegado retrocedió dos pasos ante la densidad de las feromonas que comenzaron a llenar la habitación.

-Hermano... yo.

Lord comenzó a gruñir ligeramente mostrando sus colmillos, haciendo que el pequeño cuerpo sobre su pecho se removiera incómodo. Esto llamó la atención del lobo que apretó los labios y pasó la mano por la espalda de la cachorra humana, calmándola. Cuando él se alteraba influía en ella. Así de fuerte era el enlace ya entre ellos, aunque la pequeña niña no se diera cuenta.

Suavemente acunó a su mate en sus brazos mientras se sentaba, para dejarla recostada entre los mullidos cojines. Luna se revolvió incómoda ante la pérdida del familiar calor acogedor, pero se quedó quieta al él acariciarle la cabeza. Un minuto después él se levantó y caminó en dirección al lobo más joven.

-Sígueme- le dijo pasando por su lado a modo de orden.

Stive asintió con la cabeza y salió detrás del alfa mirando por encima del hombro a la cachorra humana con el ceño fruncido.

-¿Qué te he dicho de entrar de esa forma?- la voz de Lord era bastante grave cuando se detuvieron varios metros alejados para no perturbar a la niña.

-Hermano, yo...- Stive bajó la cabeza.

-Sabes que no me gusta cuando estoy con mi mate- los ojos del alfa se entrecerraban, no era la primera vez que eso ocurría. Incluso, una vez el lobo más joven se había colado en su baño mientras ellos dos estaban y el gruñido que había dado Lord había sido tan alto que los oídos de Luna habían comenzado a sangrar.

Stive no era precisamente su hermano, solo lo llamaba así casi por cansancio. Realmente era el hermano menor de su beta y se había criado junto a ellos dos. Desde pequeño había tenido casi un fanatismo por Lord y lo seguía a todos lados y el alfa solo lo había tolerado por el beta, pero desde que su mate había llegado el lobo había cambiado un poco. Parecía que quería invadir el espacio de ellos dos. Eso sin contar que detestaba como miraba a Luna. Ya le había advertido que le sacaría los ojos un buen día si lo encontraba haciéndolo de nuevo.

-Lo siento hermano, no lo volveré a hacer- allí estaba otra vez, disculpándose por algo que volvería a repetir más adelante.

Lord frunció el ceño y dio un paso hacia el lobo joven, estiró la mano y agarró con fuerza el cabello rubio algo corto de la nuca, corriendo hacia atrás la cabeza de Stive de un fuerte tirón. Este soltó un leve gemido de dolor, las manos de Lord eran grande y fuertes y no estaba midiendo su fuerza.

-Esta será la última vez que te lo voy a permitir. No juegues con mi paciencia solo porque eres el hermano de mi beta- sus ojos eran casi lava fundida y sus colmillos cada vez más grandes brillando en blancura peligrosa- ¿entendiste?

Stive lo miraba con los ojos muy abiertos y sentía su espalda empapada en sudor. Había visto al lobo mayor molesto varias veces, pero no como esta. Solo pudo asentir como pudo con la cabeza y algo asustado.

Provocar a Lord solo significaba una cosa. Perder su cabeza.

El lobo no le dijo más nada. No estaba de humor para escuchar lo que tenía que decirle. Así que simplemente dio media vuelta en dirección a su casa de nuevo. Escuchó a Stive refunfuñar y solo le gruñó haciendo que este temblara. Tendría que hablar seriamente con su beta para que le pusiera freno.

Una vez dentro encontró a su mate hecha una bolita entre los cojines. Y parecía que tenía frío. Era normal. Solía dormir acostumbrada a estar rodeada del calor de él. Así que se quitó la ropa y la dejó a un lado, comenzando a transformarse.

Una vez que su cuerpo fuera completamente animal se acercó y la envolvió. Al momento y al sentir el cambio de temperatura la pequeña niña se acurrucó contra él con una sonrisa abrazando la cola del alfa entre sus brazos. Lord por su parte dejó salir sus feromonas y las vertió sobre ella sin importarle si se removía un poco incómoda. También comenzó a lamer detrás de su cuello, donde más adelante dejaría su marca haciéndola completamente suya. Por el momento, solo podría hacer eso para hacerle saber a los demás que Luna era su mate y que nadie la podría tocar.

***

-AAAHHH- Luna gritó cuando su cuerpo fue empujado y cayó duro contra el suelo. Su mano se cortó durante el proceso e hilos de sangre comenzaron a correr por su piel.

-Ah, se hirió la cachorra humana- dijo uno de los cachorros con algo de miedo en sus ojos.

-Esto es un problema, por eso no queríamos que jugaras- dijo otro.

-Ahora el alfa se molesta...- no pudo terminar la frase.

Efectivamente, el lobo que venía corriendo y gruñendo no era nadie más que el alfa. Y se mostraba realmente molesto por la situación. Eso era peligroso y Luna lo sabía. Debía hacer algo antes que él alfa mordiera a alguno de los cachorros. Así que rápidamente se levantó y se puso en medio del alfa que se detuvo en seco.

Los ojos de él rápidamente se fijaron en la mano de la niña y gruñó sumamente fuerte. Los cachorros detrás de ella se transformaron al momento y se hicieron bola en el suelo con la cola entre sus patas. Temblaban más que una hoja.

-No les hagas daño. Yo me caí, fue culpa mía. Solo estábamos jugando- ella le dijo rápido también con un leve temblor, no por tenerle miedo a él, sino a lo que pudiera hacer.

Lord desplazó su mirada de la mano a cada uno de los cachorros. No era una bestia, no los mataría solo por eso, pero que su mate hubiera salido herida...

-Loooordddd- Luna abrazó su cuello como sus brazos apenas llegaron. Sus manos se apretaron en su pelaje- todo está bien. Es una pequeña herida. Estoy cansada. Vamos de vuelta.

Ella le pidió intentando alejarlo de allí. Pocas veces podía jugar con otros lobos de la manada. Por lo que si ocurría una escena no tendría oportunidad de nuevo. El alfa gruñó y sacudió su lomo para quitarse la tensión del cuerpo. Enfocó a Lara y acto seguido se puso de lado y bajó hasta que estuvo a una altura prudencial.

Lara sonrío sabiendo que había ganado de nuevo y se subió sobre él como había aprendido antes. Lord se incorporó y se encaminó hacia su casa. Luna se despidió de los cachorros, aun un poco dudosos, con la mano y se aferró al lomo del alfa para no caerse. Podía sentir sus músculos tensos por debajo del pelaje. Normalmente era así, pero mucho más cuando era algo relacionado con ella. La trataba como si cualquier cosa pudiera matarla y alejarla de su lado.

Le gustaba toda la atención que él le daba, pero por momentos... era asfixiante.

Una vez dentro de la casa Lord la dejó bajar.

-Mano- no era una petición. Se lo exigía.

Lara extendió el brazo hacia donde estaba él para que revisara el daño que no era tanto. Y como se esperó, el lobo abrió la boca y lamió su palma. Luna se crispó cuando el dolor recorrió su cuerpo. No le gustaba ese método de cura, dolía incómodamente. Pero el lobo no pareció tomarla en cuenta o más bien sí. La estaba castigando por hacerse daño.

Lord... era así.

-Te quedarás aquí adentro el resto del día- le dijo él de forma seria.

-¿Qué?- ella replicó, claro que lo haría, era la única en la manada que no se quedaba callada- ¿Por qué? No puedes hacerme esto.

-Si puedo- el lobo se dispuso a salir- No puedo estarte vigilando en estos momentos y no toleraré que te vuelvas a herir.

-Lord. Estás siendo irracional- ella no lo podía creer- ¿Me estás castigando solo porque me hice una pequeña herida?

-Hoy una herida, mañana a saber que-

-Pero Lo...

-Cállate- el alfa giró su rostro y le mostró sus colmillos.

Ese día el lobo estaba realmente molesto y con muy poca paciencia. Había cazadores rodeando sus terrenos y eso lo tenía de muy mal genio, y eso lo estaba expulsado con su mate sin darse cuenta.

La niña apretó los labios junto con sus palmas con marcada frustración. Tenía muchas cosas que decirle al lobo. Demasiadas, pero estaba tan molesta que no aguantó más y le lanzó uno de sus zapatos que golpeó sin fuerza el lomo del animal. Si él tenía carácter ella también, solo lamentaba ser tan pequeña. La estaba castigando y encerrando allí como si ella fuera una malcriada de cristal. Había vivido años en una manada de lobos y hasta el momento estaba bien.

Lord cerró los ojos. Tratar con Luna requería tener mucha, pero mucha paciencia. Algo que no tenía en ese momento.

-No salgas- su tono de advertencia la estremeció antes de salir por la puerta.

Luna sabía que no debía desobedecerlo. Era el lobo con más poder en la manada. Pero de igual forma le dolió que le hubiera tratado de esa forma. Lord era naturalmente duro, sin embargo, por momentos parecía mucho más tranquilo a su lado y permisible. Todo lo contrario, a la breve escena que se había desarrollado.

***

-¿Alfa, todo está bien?- Senas, su beta, caminaba a su lado mientras revisaban los terrenos.

Los cazadores habían estado cerca, pero habían sido ahuyentados, de igual forma inspeccionaba los terrenos para estar seguros.

-Tuve una discusión con Luna- dijo él con confianza.

El beta apretó sus dientes.

-Eso... es un problema. ¿Cómo quedaron ustedes dos? Ambos son fuertes de carácter así que no debió ser algo lindo de ver.

-Me lanzó un zapato- había indignación en la voz del alfa.

Senas se detuvo en seco y si estuviese transformado hubiera alzado una ceja.

-¿Su mate hizo qué?

-Me lanzó un zapato cuando le gruñí. No me hagas repetirlo.

Senas volvió a su lado.

-Me imagino la escena. A Luna roja de la indignación queriendo responderle y a usted gruñéndole,

Gruñido fue el que le dio Lord a su beta para que no tuviera la intención de burlarse si lo tenía en mente. El beta bajó la cabeza.

-En ese caso ¿qué piensa hacer? Lo más seguro es que Luna esté molesta todo un día. Después de eso es como si se le olvidara y volviera a hacer la misma niña de siempre.

Lord sacudió la cabeza.

-Lo acabas de decir. Yo no voy a hacer nada. No debe desafiarme aun cuando es mi mate.

Y Senas no siguió hablando o el que dejaría de hablar sería él si seguía provocando a Lord. Últimamente estaba muy irritable.

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