Era realmente tarde, a Daviana se le hizo muy tarde esa mañana para llegar a su trabajo puntual. Y es que su casa quedaba tan lejos de la empresa que tenía que hacer un esfuerzo sobre humano para cumplir con su horario.
La castaña corre por las escaleras de emergencia para subir al último piso donde estaba la oficina de su jefe, apresura el paso resonando sus tacones contra los peldaños. Al abrir la puerta de salida corre hasta su escritorio y mira nuevamente la hora en su reloj.
-Joder, ¡que tarde es!
Todas las mañanas debía llevarle café a su jefe o si no se ponía muy de malas, y ya se le había hecho muy tarde esa mañana.
-Demonios debo bajar a la cafetería a por ese maldito café.
[...]
El cuerpo sudoroso y deslumbrante de esa pelirroja excitaba mucho a Connor, el pelinegro hace a un lado su cabello dejando al descubierto su nuca en la que empieza a dejar furtivos besos que eriza el cuerpo de esa mujer.
-¡Ah! ¡Ah!, señor Gershon -gime sonoramente.
El CEO baja la mirada para concentrarse en la curva de su culo redondo y firme, la pelirroja se encontraba contra el lavado del baño mientras que él la sujetaba por la cintura al mismo tiempo que repartía besos a lo largo de la piel de su espalda.
Poco a poco fue descendiendo hasta su trasero desnudo, ella carecía de casi toda la ropa, lo único que llevaba puesto era el sujetador, pero no duraría mucho usándolo ya que pretendía comérsela completa.
Cuando Connor consigue llegar hasta su culo entre abre un poco los muslos de esa pelirroja de la cual desconocía su nombre. Al quedar sus muslos abiertos la zona de su coño queda expuesto y desde su campo de visión pudo notar como sus labios vaginales se encontraban peligrosamente abiertos.
Relame sus labios y decide aventurarse a meterse entre sus piernas para terminar alcanzando su coño, al rozar los mismos lo primero que hace es introducir su lengua entre esos pliegues palpitantes.
-¡Ahhhh! -la pelirroja gime a la vez que da un respingo en cuanto su coño es rozado por la boca de su jefe -. Señor Gershon, que rico -jadea elevando un poco el culo.
Mientras que ella estaba de puntillas, Connor le chupaba el coño a la vez que se aferraba de su cintura. La hacia bajar hacia su boca para chuparle con fuerza la vagina creando un sonido morbosos y carnal.
-Señor Gershon, por favor -ella suplicaba, pero él la ignoraba y seguía chupándole.
Era dulce el sabor de su flujo y su coño bastante provocativo, con ella no tenía idea cuantas chicas se había follado en la empresa, pero esa pelirroja definitivamente la sumaría a su larga lista.
El CEO hace girar su cuerpo y seguido de eso eleva una de sus piernas para ponerla sobre su hombro, con aquel movimiento vuelve a chuparle el coño. Estando de frente consigue meterse por completo los labios vaginales de esa mujer en la boca.
-¡Ahhhhhh! -la oye gritar mientras que arquea su cuerpo -. Mierda señor Gershon, me voy a correr...
La pelirroja reposa su mano sobre su nuca para ejercer presión contra su coño, Connor no desaprovecho la oportunidad para sorber con fuerza su vagina consiguiendo obtener más gemidos por parte de ella.
En cuestión de segundos su boca se llena de los fluidos vaginales de la pelirroja, sin perder nada de ella se lo traga mientras limpia su sexo con la lengua. Los espasmos de la mujer cesaron, pero seguía estando muy excitada como él.
El pelinegro se incorpora y sin decir una palabra la pelirroja baja la cremallera de su pantalón y en segundos termina por sacarle la polla, ella sonríe con malicia al mirar su gran erección y de inmediato de agacha posicionando su boca a la altura de su pene.
Connor la sujeta del cabello para guiarla hasta su polla que esperaba por esa boca, en cuanto sintió que ella se metió su pene en la cavidad húmeda de su boca gimió de placer.
-¡Ahhhh! -suelta mientras que cierra los ojos, inclina la cabeza hacia atrás disfrutando de la mamada que esa mujer le estaba dando -. Realmente eres muy buena en esto...
Ella se metía su polla hasta la altura de la garganta y hacia movimientos con su lengua alrededor de su pene que eran brutales. Tanto que el CEO muerde sus labios intentando contenerse de no eyacular en la boca de ella.
Envuelve su cabello en su mano y practica un poco de presión contra su polla, ella se lo tragaba sin protestar y eso lo encendía. El chico entre abre los labios puesto que siente que desea eyacular, ella le daba una mamada deliciosa, era un desperdicio que no llegara en su garganta.
Con la mano guía a la pelirroja para que acelerara un poco más la chupada y ella capto lo que él deseaba puesto que empezó a sorber su pene con un poco más de rapidez. El sonido que producía esos labios contra la piel de su pene era tan erótico.
-Mierda, harás que me corra...-masculla con voz ronca.
Así que el pelinegro retrocede sacando su polla de la boca de ella, la hace ponerse en pie para sentarla sobre el lavado; separa sus piernas y lleva dos dedos al centro de su coño para frotar su interior.
-Joder, estás bastante húmeda.
Sujeta la parte de atrás de la cintura de ella y luego la base de su pene, se aproxima con su enorme erección a la vagina de la pelirroja para penetrarla en una única embestida.
-¡Ahhhhhh! -la chica grita inclinando la cabeza hacia atrás.
-Sí, me gusta cuando gritan...
Empuja su pene un poco más adentro hasta que entra por completo y es cuando la penetra violentamente. Connor muerde su labio inferior mientras observa la unión de su polla con la vagina de ella.
Su pene salía y entrada en ella con facilidad, pero cada vez que lo extraía este venia salpicado de sus fluidos lo que incrementaba su excitación. Aprieta un poco más su cuerpo para estrechar su pecho contra el de ella.
En eso, en un ágil movimiento libera sus tetas del sujetador y cuando ve uno de los pezones de esa mujer se lo lleva a la boca para chuparlo. Sin sacar su polla de su coño Connor chupaba su pezón y penetraba su cuerpo sin parar.
La joven se aferró a su cuello con un brazo y el otro lo utilizo para mantener el equilibrio sobre el diminuto lavado de aquel baño de oficina.
-¡Oh, señor Gershon! Más, quiero más... -le pide casi que a los gritos.
Ella busca sus labios y ambos se besan mientras se cogen con rudeza, empapados en sudor tanto la pelirroja como el pelinegro alcanzan el orgasmo al mismo tiempo. Connor penetra con pujanza durante los últimos espasmos de su clímax disfrutando del mismo.
Cuando se sacia de la pelirroja, se aleja un poco de ella manteniendo la respiración acelerada.
-Eso ha estado bastante bueno, no me imagine que coger contigo me diera tanto placer.
-Lo mismo digo yo, señor -ella le responde con una sonrisa maliciosa en los labios.
-Quien lo diría, tan calladita que te veías.
-A veces las apariencias engañan.
-¡Eso veo!
Termina por alejarse de ella sacando su pene del coño de ella, ella se baja del lavado para que su jefe pudiera limpiarse.
-Debemos repetirlo de vez en cuando.
-Por supuesto, yo estaría encantada de volver a estar con usted.
Connor sonríe justo cuando guarda su pene y ajusta su pantalón. Al darse la vuelta observa la desnudez de esa pelirroja, realmente era bastante apetecible. Tanto que le provoco volver a coger con ella.
[...]
Daviana sube en el ascensor con el café de su jefe en las manos, la joven castaña observa el pasar de los números sintiendo verdadera impaciencia.
-Hubiera tomado las malditas escaleras.
En cuanto la puerta metálica se abre ella sale disparada directo hasta la oficina de él, sin tocar la puerta la castaña ingresa en el despacho para no encontrarlo sentado en su sillón como usualmente lo hallaba.
Frunce el ceño puesto que no era normal que él llegara tarde a la oficina, Daviana vuelve a mirar su reloj de mano fijándose que era bastante tarde. De pronto repara en la puerta del baño, estaba abierta y recordó que a su jefe le cabreaba que se quedara abierta.
Camina hasta la misma para cerrarla, pero no más al llegar a ella el café que tenía en la mano fue a parar al suelo. El cuerpo de Daviana se paralizo al ver como aquella pelirroja medio desnuda le chupaba la polla a su jefe.
En cuanto ellos repararon en su presencia se separan y Connor de inmediato guarda su polla.
-Mierda, como lo siento señor...
Daviana sale corriendo de la oficina para regresar a su escritorio con el corazón en la mano. Al tomar asiento se queda mirando a la nada, sus manos temblaban de los nervios que tenía. Era la primera vez que veía a su jefe en una situación como esa, llevaba un año trabajando para él y nunca lo pillo follando con una chica.
Aplana los labios al mirar la puerta de su oficina.
-Joder, ¿Qué mierda fue todo eso? ¿Qué demonios hace cogiendo con esa en el baño?
Luego repara en la hora que era.
-¿De verdad? ¿A esta hora de la mañana y ya está follando? -musita alterada.
Frota su rostro con impaciencia, se preguntó cómo diablos lo iba a ver a la cara ahora. Le gustaba mucho su trabajo, no quería renunciar solo por no poder verle la cara a su maldito y lujurioso jefe.
Entonces, justo en ese momento la puerta de su oficina cede y ella se tensa de inmediato. Hace como si no estuviera al pendiente de nada. Pero la mirada la traiciona y termina por levantarla.
En ese instante conecta con los ojos de la pelirroja quien sale con las mejillas sonrojadas, Daviana la conocía, era la recepcionista de la entrada del primer piso. Y a esas horas debería de estar trabajando, no follando con el maldito jefe.
Ellas se miran en silencio y luego esta camina de prisa hasta el ascensor... cuando las puertas del mismo se cierran con la recepcionista dentro, Daviana suelta el aliento.
-Demonios, ¿Por qué estas cosas me pasan a mí?
Reposa su cuerpo sobre el escritorio justamente cuando el teléfono comenzó a sonar, ella da un respingo sintiendo que el alma abandona su cuerpo.
-Señorita Morris, venga a mi oficina de inmediato -escucha la voz de su jefe luego de levantar el auricular.
Con las piernas temblando se pone en pie para dirigirse a la oficina, muerde la carne interna de sus labios justo cuando abre la puerta y observa a aquel pelinegro de mirada penetrante observarla.
-Ha tirado el café, ¿no piensa recoger ese desastre? -señala con la mano el lugar de la escena.
-Sí, lo siento mucho señor.
Corre hacia los pedazos de la taza, sus manos seguían temblando. Era la primera vez que se sentía tan incómoda en presencia de su jefe y es que él siempre la trato de manera profesional. Pero después de lo que había visto no estaba segura de cómo sería el trato.
Al recoger los pedazos se pone en pie para encaminarse hasta la puerta...
-Señorita Morris -ella se detiene en seco tensando todos sus músculos -. Con respecto a lo que ha visto hace un momento, espero que no se vuelva rumor de pasillo.
-No se preocupe, no estoy aquí para eso, señor Gershon -responde dándole la espalda.
-Me da gusto saber que será bastante discreta.
Connor contesta mirando exclusivamente la curva de su culo que no había visto antes, y es que era la primera vez que se fijaba que su secretaria estaba realmente apetecible. Y a decir verdad, era la única que llevaba trabajando para él tanto tiempo y aun no se la había follado.
< Que curioso hecho>
BIENVENID@S MIS AMORES A ESTA NUEVA HISTORIA DE AMOR CALIENTE...
La respuesta de su jefe y en el tono que se lo dijo no le agrado a Daviana, sin embargo a ella solo le quedo asentir y salir lo más rápido que pudo de su oficina.
-Todavía deseo ese café, señorita Morris.
La castaña se tensa, y después de dejar los trozos de la taza en el cesto de basura se encaminó a buscar otro café para su jefe. Era increíble que después de todo ese tiempo trabajando en esa empresa le ocurriera una cosa como esa.
Mientras que esperaba a que le sirvieran un nuevo café, la castaña rememoro lo que vivió en esa oficina... luego niega, puesto que no tenía sentido que estuviera recordando cómo se lo chupaban a su jefe.
La verdad es que se sentía bastante avergonzada por pillarlo en medio de una escena de sexo.
Al cabo de varios minutos Daviana vuelve a subir a su piso con un nuevo café en manos, al ingresar en la oficina de su jefe deja la taza de porcelana sobre su escritorio aparentando estar completamente normal.
-¿Se le ofrece otra cosa señor Gershon? -el pelinegro levanta la mirada para verla, pero solo hace eso mirarla.
-No, por ahora.
-Con su permiso.
Daviana se aleja y el joven CEO únicamente admira las curvas de su caderas, se reclina en su silla confirmando que esa castaña realmente estaba bastante bien. Todavía seguía pensando cómo es que no se la había llevado a la cama antes.
Sonríe, puesto que piensa que sería bastante divertido seducir a esa chica. La verdad es que se imaginó que sería muy fácil, todas eran muy sumisas y eso le encantaba.
[...]
Después del almuerzo, Daviana regreso a su puesto de trabajo a preparar todo para una junta que su jefe tenía esa tarde. Estaba un poco apurada puesto que tan solo le quedaban unos pocos minutos y todo por llegar tarde ese día.
-Joder, tendré que empezar a madrugar.
La castaña toma algunas capetas de su escritorio para ponerse en pie y llevarlas a la sala de junta cuando la puerta de la oficina de su jefe se abre y por este sale el mismo. Daviana se tensa y permanece sentada en su escritorio viendo fijamente a Connor.
Su jefe camina hasta su escritorio y termina por sentarse en la esquina del mismo, Cosa que no había hecho en todo un año de trabajo.
-¿Ya tienes todo listo para la junta? -la forma en la que le hablo la hizo sentir incomoda.
-Si, en este momento iba a llevar estas carpetas con la información que me pidió -Connor la observa fijamente presintiendo que ella estaba como nerviosa.
Su idea de llevarse a su secretaria a la cama era irse poco a poco, aunque siempre le resultara fácil, sospechaba que con ella tendría que irse un poco despacio. En todo un año de trabajo esa chica nunca se le insinuó y eso le decía que no era de esas fáciles.
Luego de pensar mucho en su oficina término llegando a esa conclusión, las demás siempre eran las que lo buscaban para coger, pero ella no...
-¿Ah sí?, entonces, te he interrumpido.
-¿Se le ofrece algo señor Gershon? -el corazón de Daviana latía a toda prisa, y no era por tener a su jefe tan cerca, la verdad es que nunca se sintió atraída por él, si no era por el hecho de haberlo pillado follando con una mujer en la oficina.
-Siento que estas muy nerviosa, ¿no me digas que es por lo qué ha ocurrido esta mañana? -Daviana se pone en pie llamando la atención del CEO.
-No señor, lo que he visto no es de mi incumbencia. Con su permiso.
Él la ve salir despavorida lo que causa que una sonrisa escapara de sus labios, bueno era posible que no le fuese tan indiferente a esa chica.
[...]
Cuando al fin la maldita junta termino, Daviana se encontraba oculta en el baño que estaba frente de su oficina. La joven mira su reflejo en el espejo notando que especialmente ese día estaba más demacrada que nunca.
-Joder -musita cerrando los ojos.
Con tantos problemas que tenía en su casa como para que su trabajo le sumara más preocupaciones, no podía dejar de trabajar solo por el incidente de esa mañana. Necesitaba olvidar eso y concentrarse en su trabajo.
Suelta el aliento y vuelve abrir los ojos, luego de eso, maquilla un poco sus ojeras sintiéndose lista para salir a terminar con su jornada de trabajo.
Daviana vuelve a su escritorio con su cartera en la mano y tan distraída estaba que no se fijó donde la puso y la misma terminó en el suelo desperdigando todo su contenido.
-¡Ay mierda!
[...]
Los números que marca el asesor transcurrían de una manera bastante lenta hasta que por fin marco el número indicado y las puertas metálicas se abrieron después del sonido del timbre.
En lo que Michele Gershon sitúa un pue fuera del elevador lo primero que observan sus ojos verdes es la redondez de un hermoso culo, una joven se encontraba debajo de un escritorio y en una posición bastante comprometedora para estar en una oficina.
El pelinegro frunce el ceño al mismo tiempo que introduce sus manos en los bolsillos, se queda observando a la mujer quien parecía recoger unas cosas del suelo y entonces es cuando repara que un pintalabios que se hallaba entre sus zapatos.
Pero él no hace nada al respecto y espera paciente a que ella se diera cuenta del mismo, la verdad es que le parecía bastante excitante verla a gatas sobre el suelo, el CEO no le quita los ojos de encima aun cuando no podía verle el rostro.
-¿Dónde está mi...?-la oye decir y se imaginó que debía ser el labial que se encontraba entre sus zapatos.
Daviana busco como loca su labial debajo de su escritorio, pero no lo encontraba, la joven se metió un poco más adentro, pero no estaba; y entonces diviso el mismo por la rendija entre el piso y la madera de la mesa.
Pero lo que vio no le gusto, puesto que su labial se encontraba en medio de unos zapatos muy parecidos a los de su jefe, traga saliva en seco puesto que estaba debajo de la mesa. Si su día era el peor, ahora con eso se convertía en tragedia.
La joven se arrastra hacia atrás para salir debajo del escritorio y enfrentar a su jefe, pero al quedar arrodillada al lado de su mesa de trabajo e intentar levantarse Daviana se queda petrificada donde estaba.
Su corazón sintió como una especie de infarto, y hasta juro que se le olvido como respirar. Lo único que podía hacer era pestañear ante la presencia de aquel hombre que la miraba fijamente sin parpadear.
¡¿Quién era ese hombre?!
Se pregunta aun de rodillas.
Detalla sus atuendos, percatándose de que iba perfectamente entallado con un fino traje oscuro, y aquel porte tan fascinante y distinguido que la hizo sentir que todos sus músculos se tensaron.
Era la primera vez que la presencia de un hombre la electrizaba de esa manera, eso no era usual en ella, la verdad es que era bastante difícil que un hombre le hiciera sentir de esa manera.
Su cabeza siempre estaba en otro mundo.
De pronto Daviana pestañea varias veces al notar que ese hombre ante ella eleva un poco las cejas, la joven niega y frunce un poco el ceño.
-Creo que esto es tuyo -el pelinegro baja la mirada y ella hace lo mismo, mira su labial en el suelo y es cuando cae en cuenta de que seguía arrodillada como idiota en el suelo.
Cuando Daviana intenta argumentar algo y lograr ponerse en pie, la puerta de la oficina de su jefe se abre; ella se sobresalta mirando hacia la misma.
-Señorit... ¿Padre?
< ¿Padre? ¿Cómo que padre?>
La castaña se pregunta llevando la vista hacia el fornido hombre que había llegado, y luego la llevo hacia su jefe.
< Pero si no se parecen en nada>
Pestañea no entendiendo absolutamente nada y es cuando recapacita y termina por ponerse en pie.
-Padre, no te esperaba...-Connor observa a su padre quien no le quitaba los ojos a su... secretaria.
-¿Eso no es una bienvenida? -al fin Michele voltea a ver a su hijo.
El CEO mayor no se había movido de donde estaba, y es que no deseaba hacerlo, no al menos hasta que esa castaña se acercara para recoger su labial. Resulto ser una joven bastante atractiva de ojos muy peculiares.
Sin duda alguna capto toda su atención.
-Disculpa, es que no me llamaste para informarme de que venias.
-¿Tengo que hacerlo?
-No, claro que no.
-Veo que tienes secretaria nueva -el pelinegro mira a la secretaria nueva con gran interés, mientras que ella lo observaba toda sonrojada.
Connor detecta esa mirada en su padre que lo hizo darse cuenta de las intenciones del mismo, no había que ser muy inteligente para darse cuenta de que su secretaria le resulto interesante a su papá.
-Ella es la señorita Morris -Michele no muestra ninguna expresión ante la presentación, simplemente se limita a mirarla.
-Me parece que aquí se halla una de sus pertenencias -Daviana recuerda su labial y ensancha la mirada, luego de eso camina con algo de torpeza hacia donde estaba su pintalabios.
En lo que se agacha, Michele detecta de inmediato que su hijo le mira el culo a su secretaria y llego a preguntarse si esos dos ya tenían una historia interesante. Luego el CEO baja la mirada hacia la castaña para verla recoger el labial, en lo que ella se incorpora ambos conectan sus miradas.
Y es cuando él visualiza el color de esos enormes ojos, sus pestañas eran largas y naturales y el ese color de ojos era tan llamativo que Michele se excito tan solo tenerla así de cerca.
-Disculpe, y mucho gusto señor Gershon...
Daviana regresa a su escritorio manteniendo la vista en los papeles que tenía en mesa, y es que no conseguía levantar la mirada puesto que la mirada del padre de su jefe la intimido mucho.
-Padre, ¿Por qué no pasas a la oficina?
-Claro...
Ambos ingresaron en la misma y cuando se encerraron fue que la castaña pudo respirar con normalidad... suelta el bolígrafo de su mano y mira las mismas temblar, toda ella era de gelatina, no entendía que le estaba pasando.
Luego ve la puerta de la oficina y piensa que ahora no sabía lo que iba a suceder, cuando empezó a trabajar en esa empresa estaba clara que el dueño no era Connor, pero es que nunca nadie le hablo quien carajos era el verdadero jefe.
Todo lo que oyó de él era que se la pasaba viajando haciendo negocios y expandiendo el negocio con muchas sucursales por todo el mundo. Que llevaba mucho tiempo que no pisaba la empresa y que la había dejado a cargo de su único hijo.
Pero en todo un año nunca vio una fotografía del hombre, hasta ese día...
-Mierda, ¿Cómo es que ese hombre es el dueño? -susurra.
Justamente tuvo que aparecer esa tarde, definitivamente ese día era como una montaña rusa para ella. Sus nervios estaban llegando al límite, Daviana muerde sus labios y cierra los ojos un momento, pero al hacerlo rememora esos ojos verdes que vislumbro cuando recogió el labial.
Al hacer ese contacto sintió que su coño reaccionó, fue como un despertar desde el fondo del mismo. En ese instante relame sus labios, puesto que comenzó a sentir un poco de calor.
Niega varias veces.
-No, no, no... ¿Qué demonios fue todo eso de las miradas?
[...]
Michele cerró la puerta detrás de él para luego ver la nueva decoración de su oficina, se notaba que su hijo había hecho muchos cambios durante el tiempo que él estuvo fuera, comenzando por la secretaria y terminando por su oficina.
-¿Qué le paso a mi secretaria?
-Se embarazo...-el chico sirve un trago y luego otro para tendérselo a su padre -. Tuve que buscarme otra, tu secretaria no deseaba seguir trabajando una vez que te fuiste -toma un trago -. Me pregunto porque.
Michele bebe un poco de su copa mientras camina por la oficina hasta llegar al gran ventanal detrás de su escritorio.
-¿Qué ocurre, padre? ¿Por qué has venido sin avisar?
El CEO observa la ciudad desde la ventana.
-¡He regresado para quedarme!
Sus palabras tensaron los músculos de Connor, no esperaba una noticia como esa, ya llevaba más de un año haciéndose cargo de esa compañía como para que su padre llegara diciendo que volvería a tomar su puesto como jefe.
-¿Por qué tan repentino? -el joven traga saliva.
Michele toma aire mientras escucha a su hijo a sus espaldas, cuando arribo a Chicago sus intenciones no eran las de quedarse permanentemente, pero algo lo hizo cambiar de parecer justo después de salir de ese ascensor.
Mira su reflejo atreves del cristal y medio sonríe.
-No tengo que darte explicaciones, ¿o si, Connor?
-¡No, claro que no!, pero si vuelves, ¿Qué es lo que haré yo?
-Te lo haré saber luego...
El joven asiente para luego relamer sus labios, no le agradaba la idea de tener a su padre en la empresa, pero confiaba en que como siempre sucedía se aburriera de estar en el mismo lugar.
Era la típica historia de Michele Gershon, nunca permanecía en la misma ciudad por mucho rato. Solo era cuestión de tiempo para que le saliera con una pendejada de las suyas con que se larga y le deja todo a su cargo una vez más.
Desde que tenía uso de razón recordaba que su padre casi siempre estuvo ausente, prácticamente su crecimiento fue al lado de su madre, pero cuando esta se hartó de la ausencia de su esposo decidió abandonarlo con hijo y todo.
Y fue allí cuando conoció el mundo de los negocios, su padre se lo llevaba a cada viaje que hacía y le enseño todo lo que sabía. A decir verdad no se quejaba, fueron los mejores años de su vida, pasarlo al lado de su padre fue lo mejor, pero ahora ya era un hombre y la verdad es que no lo necesitaba.
Connor pensó que no debía preocuparse, lo conocía bastante y sabía que en cualquier momento se volvería a ir. Lo de él era viajar cada cierto tiempo a sus empresas, no era un hombre de estar metido en una oficina todo el día.
-Muy bien, utilizare la oficina que esta al fondo para seguir trabajando.
-Eso me parece bien...
-¿Necesitas algo más? -Connor espera paciente su respuesta.
-Mi casa, ¿le has mandado hacer servicio de limpieza?
-Si.
Michele asiente justo cuando tocan la puerta de la oficina. El CEO permanece de espaldas, mientras que su hijo da la orden de entrada.
-Buenas noches, disculpe señor Gershon, ¿necesita algo? Es mi hora de salida.
Daviana no deseo entrar en esa oficina, pero siempre se despedía antes de largarse, y no podía irse sin antes pasar por esa oficina con esos dos hombres.
El castaño mayor divisa la hora en su reloj fijándose que la joven anunciaba su partida unos minutos después de su salida.
-No señorita Morris, ya puede irse -responde el chico tranquilamente admirando las curvas de esa castaña.
-¡No!, yo creo que no...-responde Michele dándose la vuelta, el CEO se gana una mirada por parte de ambas personas.
-Es su hora de salida -objeta el hijo algo cabreado.
-Necesito conversar con la señorita antes de que se vaya, solo le tomara unos 5 minutos de su tiempo.
Connor aprieta la mandíbula, mientras que a la vez las piernas de Daviana se volvían de gelatina al mirar la poderosa mirada de ese hombre.
-No creo que...-Connor intenta objetar de nuevo, pero su padre no lo deja.
-¿A usted le molesta regalarme 5 minutos, señorita Morris?
Daviana parpadea varias veces y sin tener control de sus acciones ella niega, era como si estuviera poseía por la mirada de ese hombre.
-¡Ya lo vez! -Michele la señala con la mano -. No le molesta, ahora, déjanos a solas Connor.
El pelinegro más joven se aproxima al escritorio observando fijamente a su padre.
-Te recuerdo que ella es mi secretaria-Michele lo mira con ojos pasivos.
-Señorita Morris a partir de mañana usted será mi secretaria-Connor no dice nada, pero no hacía falta, puesto que la marcada vena de su frente respondía por él -. Tendrás que buscar otra secretaria.
El chico se endereza y sin decir palabra se da la vuelta para encaminarse hasta la puerta, antes de salir por la misma le echa un vistazo a Daviana quien lo mira de soslayo.
La castaña escucha que el pelinegro cierra la puerta a sus espaldas, luego levanta la mirada lentamente. En ese momento observa a su nuevo jefe y se paraliza, pero la voz de su cabeza no paraba de decir que ese hombre tenía un aura muy atrayente y seductora.
Sin embargo, necesitaba concentrarse y no parecer una loca. Debía ser profesional si quería mantener su empleo. Esos pensamientos absurdos y pervertidos no podían estar en su cabeza y menos cuando se trataba con el hombre que era su nuevo jefe.
Daviana nota ese brillo en la mirada de su jefe y traga saliva, realmente era muy intimidante su presencia. Sin decir una palabra la castaña se queda en el mismo lugar juntando sus manos para formar un puño de ellas.
-¿Cuánto tiempo llevas trabajando para Connor?
-Un año, señor -Michele rodea el escritorio para luego sentarse en el borde el mismo frente de ella.
-¿Y cómo ha sido la experiencia con él?
-El señor Connor me ha tratado bien.
-¿Ah sí?
Michele arquea las cejas puesto que noto que ella no capto su indirecta, lo que le causo bastante curiosidad y termina por levantarse para encaminarse hasta donde estaba ella.
-Entonces, ha sido un buen jefe -Daviana percibe que él se aproxima lo que la pone nerviosa, pestañea, pero no se mueve.
-S-si... -tartamudea al responder.
Eso le confirmaba algo importante, esa chica y su hijo no habían follado. Le sorprendió mucho para venir de Connor, estaba seguro que se había cogido a media compañía. Pero, ¿Por qué no a esa castaña?
Michele detalla su figura de pies a cabeza, era bastante hermosa, esas curvas volarían loco a cualquier hombre, incluyéndolo.
-En ese caso, le puedo asegurar que yo la tratare mucho mejor que mi hijo -Daviana ensancha la mirada al escuchar esas palabras, su corazón comenzó a retumbar su pecho cuando su jefe quedo a pocos centímetros de ella -. ¿Qué te parece?
-Señor Gershon... -menciona, para luego tragar saliva en seco -. ¿De qué me está hablando? -mantiene la vista sobre el pecho de su jefe.
Y justo en ese instante él se inclina un poco hacia abajo quedado justo frente de su rostro, ella divisa ese brillo peligroso en sus ojos que la hace paralizarse.
-Sabes perfectamente de lo que estoy hablando... -su jefe roza sus labios con el pulgar de su mano, y aquel contacto la electrifica por dentro -. Estoy seguro de que eres una chica astuta, por algo eres la secretaria del dueño, ¿no?
Michele introduce el pulgar dentro de su boca y con la punta del mismo toca su lengua lo que hace que ella diera un respingo... luego extrae el dedo y antes de sacarlo por completo jala un poco su labio inferior consiguiendo entre abrir la boca de ella.
-Definitivamente seré mucho mejor jefe que mi hijo -susurra sus palabras admirando únicamente sus labios abiertos.
La boca de Daviana estaba hecha agua, y no solo eso, su coño navegaba en un poso de agua entre sus piernas. Hasta pudo jurar que mojaría las medias pantys que llevaba puestas, la joven parpadea varias veces, pero ni siquiera suelta un suspiro.
Michele al notar que ella se petrifico, sonríe de medio lado, pero solo muestra una sonrisa que a duras penas se lograba visualizar; seguido de eso acorta el poco el espacio que existía entre su boca y la de ella y termina por unir ambas partes en una sola.
Cuando el CEO probo la boca de su secretaria sintió una especie de corriente en todo el cuerpo, era como un frio que le corrió desde sus pies hasta su nuca haciéndolo sentir extraño. Sin embargo no se alejó de la castaña, al contrario, ciñó la cintura de ella con un brazo.
Al apretar su cuerpo contra el suyo, profundizo el beso metiendo su lengua hasta el fondo de su boca. Su secretaria parecía de hielo, pero poco a poco entraría en calor; aprovecho el momento y descendió ambas manos hasta la curva de ese culo que ya había visto antes.
Lo oprime con fuerza que lo hace fruncir el ceño, verdaderamente era firme y muy redondo. Empuja sus manos hacia su cuerpo haciendo chocar las tetas de ella contra su pecho provocando un respingo por parte de la castaña.
El CEO empieza a retroceder con ella en sus brazos hasta que se topa contra el escritorio, se sienta e introduce a su secretaria entre medio de sus muslos. Teniéndola en esa posición desciende con sus manos hasta el final de la falta que llevaba puesta para luego volver a subir, pero esa vez por debajo de la tela.
Daviana siente la tibieza de esa lengua en su boca y se derrite como un hielo sobre el fuego. Tanto que en vez de reaccionar de otra manera, ella cierra los ojos. Al cabo de unos segundos siente que su jefe se apodera de su culo para apretárselo con fuerza lo que derrumba el resto de sus barreras.
Su cuerpo es arrastrado hacia quien sabe dónde y en fracción de segundos las manos de su jefe se deslizaban por sus muslos provocando que su coño comenzara a palpitar frenéticamente. Algo no estaba bien con él, puesto que la sensación era muy fuerte.
-Por favor.
Consigue decir intentando separarse un poco de los labios de él, pero su jefe aprisiona con un poco más de fuerza sus muslos. Ella gime contra la boca de Michele consiguiendo que él consolidara el beso convirtiéndolo más húmedo y deseoso.
Se derrite cuando esas habilidosas manos llegan hasta la altura de sus nalgas y él las aprieta con violencia, todo su cuerpo se estremece y de manera automática cede ante él y su maldita masculinidad imponente.
Michele muerde los labios de su secretaria al mismo tiempo que sube su falta hasta la cintura y de inmediato la levanta con ambas manos para sentársela en el regazo. Se come su boca mientras que desliza una mano debajo de su braga y la otra por el muslo de su pierna sintiendo el límite de las medias altas que llevaba puestas.
El CEO se separa un poco de su secretaria para mirar la parte de debajo de su cuerpo, sus pantaletas no eran las apropiadas, la verdad es que eran algo puritanas, pero eso no importaba cuando pretendía quitárselas.
-¿Cómo te llamas? -musita contra su cuello mientras reparte cientos de besos por su exquisita piel.
-Daviana...-contesta con voz sofocada.
-¡Daviana! -repite su nombre para luego tomar sus labios una vez más.
La castaña vuelve a ser besada derrumbando más barreras, ya no lo soportaba más, ese hombre estaba haciendo mella en ella. No lo podía permitir, aquello no estaba bien, él era su jefe.
-No -le dice alejándose un poco, pero Michele la sujeta del mentón para volver a besarla-. No está bien... -objeta de nuevo separándose un poco.
-¿Qué es lo que está mal, Daviana?
La mención de su nombre la hizo temblar, luego de eso la mano de su jefe hace presión en su coño que la hace sobresaltarse e intentar alejarse de él, pero Michele era tan astuto que la sujeto por la cintura para retenerla donde quería.
-No, no, esto no está bien... -lo empuja por el pecho levemente.
-¿Segura? -insiste el CEO frotando su coño por encima de su pantaleta.
Aquella fricción llevo a la locura a Daviana, era excesivo para soportar. Su cuerpo estaba muy caliente, y no entendía porque, si apenas estaba conociendo a ese hombre. Pero aquel roce la enloquecía, cerró los ojos al sentir como esos dos dedos se deslizaban de arriba hacia abajo por el centro de su vagina.
-Joder no...-gime con morbo y sin poder evitarlo.