Prólogo.
Sarah
Fui hasta el parque y vi a lo lejos a los trillizos y me acerqué.
-¿Te enteraste? -le dijo Samuel a Manuel.
Seguí caminando pero me detuve al escuchar su respuesta.
-Si te refieres a que Will y María se escaparon juntos, entonces si me enteré -le respondió Manuel.
-No me extraña, María está buenísima -dijo Kemuel.
Me acerqué hasta Samuel y este se sorprendió al verme.
-Dime... ¿es cierto? -le pregunté un tanto desconcertada. Pero no respondía y lo agarré de su cazadora -. Habla de una vez... -dije perdiendo la paciencia y con la esperanza de que no fuera cierto.
-Sí -me dijo.
Fue como si me hubiesen encajado una daga en el corazón. Lo solté con calma y me fui caminando hasta el auto sacando las fuerzas no se de donde.
Tenía que comprobarlo, pero su teléfono seguía apagado, estaba claro que no quería que lo molestara. Recordé a María que aunque andaba con Julián de vez en cuando la veía acercándose a Will. Ahora todo cuadraba, ella me había enviado esa nota.
Mi pecho se quebró junto con mi corazón y las lágrimas como azufre quemaban mi rostro. Yo no cedí y sin embargo Will sí.
Donde quedaron todas las promesas, los besos y las noches que compartimos. ¿Es que solo fue un pasatiempo para él? Tenía que haber sido más mala que Hitler en la otra vida para que tuviera este maldito karma detrás de mi jodiéndome la vida.
Me quedó más que claro. Un delincuente tal vez podría involucrarse, fingir estar enamorado... pero ¿comprometerse? Sería pedir mucho.
Sarah.
Me llevó algunas horas pero pude terminar de arreglar mi disfraz, sí, es lo que están pensando ¡¡¡Halloween!!! Mi hermanita sin querer derramó una malteada sobre mi disfraz. Por suerte tenía uno en mi guardarropa que nunca había usado, en su momento lo creí demasiado gótico porque yo soy de mucho rosa pero como no estaba en condiciones de elegir tuve que conformarme solo con eso a pesar de que no era de mi agrado.
Apenas terminé de vestirme escuché la bocina de un coche, seguramente era Inés. Antes de encontrarme con las chicas, repasé mi atuendo en el espejo por última vez, después de todo me quedaba bien.
-¿Bruja? En serio -dijo Inés.
-Sí Marilyn Monroe -le dije al ver el inconfundible atuendo -. Hola chicas... -les dije a mis otras dos amigas que iban en la parte trasera del coche.
Ya en el asiento del copiloto me quité el sombrero porque saldría volando, no por arte de magia, sino porque íbamos en un descapotable.
* * *
Para distraerme un poco me tomé una selfie con una de las muchas calabazas que habían en el lugar, aunque en realidad era solo una escusa para encender mi móvil. Habían pasado una hora y media y ni tan siquiera un mensaje... UF, que plantón. Inés se acercó a mí.
-No hay noticias de Sansón... -yo negué.
-No... -le respondí, no puedía creer que mi novio me había dejado plantada.
-Tal vez... -la interrumpí.
-Tal vez ande con Dalila. -dije irónicamente -. Pues solo nos queda divertirnos...
-Así se habla... y si de fiesta se trata entonces vamos has encontrado a la persona perfecta... -dijo esta luego de peinarse con la mano la peluca rubia.
Nos subimos de nuevo al BMW de Inés.
De camino esta dijo que nos dirigíamos a un club, donde ella tenía planeado verse con su novio. Este habló con uno de sus amigos y nos dejaron entrar, menores de edad y clubes en la misma oración está prohibido. El local estaba decorado para la ocasión incluso los de la seguridad estaban vestidos de parca. Jaja, era broma no necesitaban disfrazarse, ellos siempre daban miedo. Calabazas, esqueletos, un juego increíble de luces, gran variedad de disfraces. Era estupendo. Me hice camino entre la multitud y pude llegar a la barra, tenía algo de sed, pensé pedir solo agua pero deseché la idea al ver que todos pedían otras bebidas y no solo por eso, tenía que tomar algo fuerte que me hiciera olvidar el plantón de mi novio.
Will
-¿Nos vamos ya... ? -preguntó April un tanto desesperada. Le dí una calada al cigarro y expulsé el humo.
-Cuando quieras cariño -le dijo Frank.
-Le preguntaba a mi parce... -puse los ojos en blanco.
-Nos vemos allá entonces... -les dije a ambos, arrojando el cigarro o lo que quedaba.
-Ah no, luego de esperarte tanto y ahora piensas dejarme -dijo April frunciendo sus labios que estaban pintados de negro.
-Se que antes de que me ponga el casco ya estarás aquí, tu te invitas sola... -le dije y ella me miró con los ojos entrecerrados. Frank puso los ojos en blanco y luego sentí el rugido de su Ducati.
-Ok -dijo y efectivamente, se subió a la moto y se agarró de mí con tanta fuerza que apenas podía respirar.
-April, "si quieres me puedes apretar más" -dije irónicamente.
-No quiero correr el riesgo de quedarme tirada... -ella sabía que me gustaba la velocidad -. Mmm, Frank nos lleva ventaja...
* * *
No era la fiesta que tenía en mente pero me pareció bien, chicas, alcohol... y polvo de Angel... si polvo de ángel porque ví que Angel se acercaba a vendernos la fina mercancía, darnos "la bienvenida" o a recordarnos que estábamos en el territorio de los "Big Lions".
-Oh, al parecer es cierto que los "Alacranes Negros" salen de noche... - dijo este con una sonrisa torcida, miró a Frank y luego a mí, esperaba nuestra reacción. Pero no valía la pena que estampara mi puño en su cara.
-Si, eso parece... -dije y nos quedamos en silencio.
Odiaba hablar con hipócritas. Aunque fueran aliados debíamos andar con ojo, la vida me ha enseñado a no fiarme de nadie.
Solo chocamos puños pues no teníamos esa confianza como para darnos palmaditas en la espalda. Luego su mirada oscura se dirigió hacia April que se mantenía callada, se la comía con la vista y yo puse los ojos en blanco, que mas podía hacer que no fuera sentarme y reírme de como lo ponía en su lugar.
-April te ves... -ella lo interrumpió.
-Ahorrate tus cumplidos baratos -le dijo esta riéndose en su cara, Angel tensó su mandíbula.
Miré a Frank y este no perdía detalle, aunque siempre pensaba antes de actuar cuando se trata de algún asunto con April no se anda con miramientos. Luego de esto se fue sin más.
-Will, ¿bailas conmigo...? -me preguntó April.
-Mas tarde, voy por algo de beber... - mientras caminaba hacia la barra una hamburguesa chocó conmigo, ¿quién se ponía semejante disfraz? , el chico se disculpó y se fue corriendo cuando le lancé una mirada asesina.
Halloween, calabazas, velas, disfraces todo me tiene harto... las brujas pelirrojas no. Me senté en una banqueta a su lado.
-¿Coctel zombie? -pregunté acercándome un poco para que pudiera escucharme, la chica me miró y bebió de la pajilla.
-¿Estamos en Halloween no? -dijo en tono aburrido y por alguna razón su cara y su voz me parecían conocidas, pero no recordaba de donde.
La examiné con la mirada y no, nunca me había acostado con ella. Falsa alarma. Tal vez la confundí con alguien más. La chica llevaba un vestido negro y un sombrero puntiagudo que descansaba en sus piernas.
-No crees que es una bebida muy fuerte... -me interrumpió.
-¿Dime algo viniste a decirme lo que tengo que beber? ¿O a pedir algo para tí? - nunca nadie me había hablado así y a ella no se lo dejaría pasar.
-Te dejaron plantada o algo así para que estés de tan mal humor... -le grité. Y ella se quedó congelada.
-Tan obvio es... - dijo esta mas para si misma que para mí -¡Y a ti qué...! -me dijo y yo solo pedí un trago, si fui a esa fiesta era para divertirme.
-Un tequila... -le dije al barman. Ella pidió otro cóctel.
La chica no hablaba, solo bebía y su mirada se mostraba perdida. No sabía por qué carajo me importaba , pero lo hacía y tal vez mi comentario influyó en su estado. Como me quedé observándola no tardó en hablarme.
-¿Nos conocemos? -me preguntó con el ceño fruncido y yo sonreí.
-No lo creo baby... no me hubieses olvidado. -le dije, guiñándole un ojo. Esta sonrió...
-¿Tan adictivo eres...? -dijo mordiendo sus labios rojos.
Por un instante sentí la necesidad de yo hacerle lo mismo pero cambió la vista, una chica disfrazada de Marilyn Monroe se acercó a ella.
Sarah
Inés se acercó a mi interrumpiendo la pelea, coqueteo o lo que sea que teníamos ese chico y yo.
-Ya Paulette e Isolda se marcharon y mi bombón y yo haremos lo mismo. ¿Quieres que te dejemos en tu casa?
-No, me quedaré un rato más -le dije y ella asintió.
-Cuidado con quien te enrollas, hay algunos chicos que...
Antes de que pudiera terminar de advertirme el morenazo de su novio la agarró por la cintura, le dijo algo en el oído que mi amiga empezó a reír como loca.
-Amor, Sarah se queda...
No podía irme todavía a mi casa, acordé no seguir siendo una mojigata como se empeñaban a decirme mis hermanas...
-Ok, bueno nos vemos por ahí -me dijo él.
Mi amiga se despidió y observé como se alejaban los tortolitos.
Terminé mi cóctel, miré hacia un lado pero ya el chico no estaba. Me dirigí hasta la pista de baile... y comencé a moverme al ritmo de la música. No estaba acostumbrada a eso, la bebida me estaba haciendo efecto y las luces no ayudaban mucho, estaba algo mareada y para colmo alguien chocó conmigo. Cuando me dí cuenta de quien era, no lo podía creer y tampoco lo pensé dos veces para proporcionarle una cachetada.
-Estúpido.... -le grité aunque dudo que me escuchara por el volumen de la música.
-Que coño te pasa me gritó... -oh no, no era Sansón y la chica con la que estaba con él me lanzó una mirada asesina-. No fue adrede que choqué... -me dijo este en tono muy enojado.
-Lo siento... -le dije-. Pensé que era otra persona...
Salí del local, necesitaba desesperadamente tomar aire, la noche era fresca y mi piel se puso de gallina. Coloqué los brazos en forma de jarra, respiré hondo, apreté los ojos con fuerza y los volví abrir porque sentí un rico perfume cerca de mí.
Will
April a veces era un poco intensa, por fin bailé con ella para que me dejara en paz, las cosas iban tomando un camino que no me gustaban para nada. Se lo dejaría claro.
Me tomé otro tequila y me fui a bailar. A lo lejos vi a otros chicos de la pandilla, pero no fui con ellos, esa noche quería ser alguien más.
-Hola guapo... -me dijo alguien al oído.
-María... -dije al ver la morena que se había pegado a mí para bailar la canción que estaba sonando.
-Dime, ¿tienes planes? -me dijo y le sonreí a la mexicana.
-Nos vemos en veinte minutos... -le dije y esta me dio una sonrisa perversa.
No era la primera vez que pasábamos la noche juntos, no teníamos ninguna relación, ambos nos buscábamos cuando nos necesitábamos. Sabía que la palabra relación amorosa no estaba en mi vocabulario.
Volví a la barra, esta vez por una cerveza, la pequeña brujita se había marchado pero dejó su sombrero. Lo tomé y mis pies se movieron solos hacia la salida.
Era una completa estupidez la que estaba haciendo, a lo mejor se había marchado ya, pero vi a una pelirroja y me acerqué, tenía que ser ella.
Sarah
-Olvidaste esto... -dijo el chico que estaba junto a mí en la barra.
Sin el efecto de las luces de neon, podía verlo mejor. Alto, atlético, pelo negro, antes de que pudiera seguir examinándolo me interrumpió.
-Si te sigues mordiendo el labio y mirándome así... no tienes idea de lo que soy capaz -que vergüenza, lo había hecho inconscientemente.
¿En serio tenía ese efecto en él?
No tonta solo quiere ligar contigo, dijo mi fuero interno, y sin hacerle mucho caso le sonreí.
-No, no se de lo que eres capaz... pero me gustaría averiguarlo... -le dije.
Él examinó detenidamente mi cuerpo, lo que hizo que me sintiera algo inquieta, pues no tenía las curvas que quisiera.
-Jaja... -se carcajeó quitándose el gorro, se pasó los dedos por el cabello y algunos flequillos cayeron en su frente. Cuando sus ojos se encontraron con los míos percibí un brillo diferente... -No estarás hablando en serio... niña -me dijo.
-Nunca había hablado tan en serio... - dije sin apartar la mirada.
Si hubiese estado más sobria me lo hubiera pensado, pero aunque no fuera la mejor noche no tenía por que acabar mal ¿verdad?
-Me piensas dar mi sombrero o te lo quieres quedar...
-Tranquila brujita, a tí te debe quedar mas mono que a mí -yo sonreí y puse los ojos en blanco.
Cuando estiré la mano para alcanzarlo él la retiró.
-¿Así que te gusta jugar? -le pregunté y fruncí los labios.
-No sabes cuanto... pero dudo que estemos hablando de los mismos juegos -me dijo, era el momento de retirarme, este tío iba muy en serio. Pero no podía parar...
Solo de pensarlo sentí que mis mejillas se sonrojaron. Espero que no se haya dado cuenta...
-Vaya que interesante... no sabía que aun las chicas se sonrojaban con unos comentarios tan simples. No me imagino que harás cuando te arranque el vestido -puse los ojos como plato y tragué en seco, pero luego disimulé.
-Bueno soy algo impredecible. Pero si hablas tanto, lo más probable es que me quede dormida... -un punto para tí Sarah, me dije.
-¿Así que hablo mucho...? -dijo. Acortó la distancia que había entre nosotros y mi corazón latía a la misma velocidad que los trenes subterráneos, y no exageraba-. Sí, tienes razón. Demuestra con hechos... -dijo remarcando esta última palabra.
Por suerte los diez centímetros de las botas de tacón me ayudaron bastante a no verme tan pequeña delante de él.
Y tan rápido como un lince me agarró por la cintura. Se había acercado tanto que nuestras respiraciones se entremezclaban y cerré mis ojos instintivamente.
-Dime algo... tienes novio -mis ojos se abrieron de golpe y yo asentí, él sonrió. Pensé que se arruinaría el momento-. Bueno espero que no pienses en él cuando te esté besando
Se acercó a mi oído y me dijo:
-Dime si vas hasta al final... no estoy para trucos -yo sonreí, seguro porque estaba nerviosa.
-Pues hagamos un trato... -le dije, él aún seguía con las manos en mi cintura y yo hacía un esfuerzo para que no me temblara la voz-. Tengo frío... si logras que me caliente...
Rayos, por qué le dije eso, el frío y el alcohol no me hacían pensar con claridad y él captó el mensaje.
-Bueno pues empecemos el calentamiento -dijo interrumpiéndome.
Me tomó de sorpresa pero cuando sus labios rozaron los míos sabía que no me podría detener. Sus labios eran suaves y se movían con tal rapidez que casi me era imposible seguirle la corriente. Era un beso apasionado y exigente. Llevé mis manos hasta su cuello y las suyas empezaron a recorrer mi cuerpo, por suerte sus fuertes brazos me rodearon pues como un helado en verano me hubiese derretido. Luego se separó un poco, ambos teníamos que recuperar el aliento. Por Dios que beso, me pareció mejor que los fuegos artificiales del cuatro de julio. Pero de algo si estaba segura, no podía ser el último...
Antes de que pudiéramos tan siquiera hablar, su móvil empezó a sonar... él lo ignoró la primera vez pero al ver la insistencia lo contestó alejándose un poco.
Will
Frank me estaba llamando, lo rechacé la primera vez pero al ver su insistencia me separé de la chica para ir a contestarle.
-Que sucede... Frank -le dije en cuanto descolgué el teléfono.
-Trabajo... -dijo y puse los ojos en blanco, miré a la chica y sonreí- ¿Sigues ahí Will?
-Sí... -le contesté.
-Es mejor que muevas tu culo, salimos en 20 min...
-¡Puf...!
-Te envío la dirección... -dijo mi amigo sin prestar atención a mi protesta.
-Por cierto, ni me di cuenta de cuando saliste... -le dije frunciendo el ceño.
-Jaja. Revisa más seguido tus mensajes... -me dijo y luego colgó.
Efectivamente, me había enviado un mensaje diciéndome que se marchaba. Pero quién se pone a mirar el móvil en una fiesta cuando hay tantas chicas que conquistar.
Guardé el móvil en mis vaqueros y caminé hasta la chica.
-¿Sucede algo? -me preguntó.
-No, solo trabajo. Me temo que tendremos que cancelar los planes de esta noche... -ella enarcó sus cejas.
-Ok... -me dijo, antes de que siguiera hablando la interrumpí.
-Dame tu teléfono... -le dije.
-Vaya, no conocía ese método nuevo de asaltar... besas a la víctima y luego le pides el móvil. Muy interesante -no pude evitar sonreír, pero aun así me lo dio. Empecé a teclear mi número y luego se lo entregué.
-Nos vemos por ahí linda... espero que tu novio no sea un inconveniente... -le dije.
-¿Inconveniente?
-Ya tu me llamarás... -esta vez soltó una carcajada.
Era así de risueña o solo era producto de los cocteles... daba igual.
-Eres un poco narcisista ¿sabes? -me dijo-. Quien dice que te llamaré... -dijo elevando sus cejas.
-No, no soy narcisista... solo tengo mucha confianza en mí, igual me puedes escribir por WhatsApp. -me acerqué mas a ella y le dije al oído-. Se que querrás más que estos... -le di un beso en su cuello y sentí como su suave y blanquecina piel se erizó.
-¿De qué vas disfrazado? - me preguntó.
Me separé de ella y le respondí.
-De nada -dije elevando mis hombros-. No me gustan los disfraces. Pero si le quieres poner nombre a mi atuendo, digamos que de delincuente...
Fui hacia el parqueo por mi moto.
-Ni siquiera sabes mi nombre... -me gritó.
-Descuida roja... ya habrá tiempo para eso...
Sarah
Me pasé todo el fin de semana muy mal. El cargo de conciencia me estaba matando, llamé muchas veces a mi novio pero me enviaba al buzón de voz.
Ya le habrán salido los cuernos, se burló mi fuero interno. Solo fue un beso me repetía una y otra vez. Que daría yo por dejar de escuchar esa molesta y acusadora vocesita.
Inés me sacó de mi conversación mental cuando subió el volumen de la música, sonaba una canción de Selena Gómez.
-¿Creen que hacemos lo correcto? -preguntó Isolda por quinta vez desde los asientos traseros del coche.
-Depende del punto de vista que lo veas -dijo Inés y puso los ojos en blanco.
Isolda frunció el ceño y arregló sus anteojos, ella interpretaba las palabras al extremo.
-Bueno, nos pasaremos el día en el auto escuchando a Selena o que -dijo Inés tamborileando sus dedos en el volante.
-Tienes razón... no nos saltamos las clases por gusto -dije- ¿Por qué no vamos a comer algo? -pregunté.
Inés puso de nuevo el coche en marcha.
-Oye Sary... donde almacenas tanta comida -dijo Paulette-. Sigues estando tan delgada... -yo solo elevé los hombros porque me hacía la misma pregunta.
-Y entonces... ¿dónde vamos a comer? -preguntó Inés, una vez que todas habíamos bajado del auto.
-Que tal si vamos por un café... -todas miramos a Isolda con mala cara-. ¡¿Qué!? -dijo elevando los hombros.
-Sabemos que quieres ir a un Café Literario -dijo Inés.
-Isolda, sabes que amo leer... pero hoy tomémonos el día libre, nada de libros, ni de estudio.
Nunca pensé que diría eso pero la situación me había obligado. Lo menos que quería era enfrentarme a Sansón.
-¡¡¡Yujuuu!!! -gritó Inés- ¡Estoy muy orgullosa de tí Sarah! -dijo esta y me abrazó casi asfixiándome.
Todos los transeúntes nos observaban con curiosidad, pero tal vez era porque llevábamos todavía el horrible uniforme escocés de nuestra escuela, además de ser horario de clase.
-Chicas tenemos que pasar por el centro comercial... -y todas estuvimos de acuerdo.
* * *
Después de comernos unas ricas hamburguesas acompañadas de unas Pepsi fuimos al centro comercial. Nos llevó horas, Inés y Paulette eran muy caprichosas con la ropa. Luego de probarse cientos de vestidos se decantaron por ropa sport, al igual que yo. Me decidí por una camiseta rosa con mangas, jeans rasgados y para completar el conjunto unos Converse negros. Observaba mi figura en los grandes espejos y faltaba algo...
¡Curvas! Exclamó mi subconsciente que al parecer tenía buen sentido del humor. Yo fruncí el ceño porque tenía algo de razón.
-¿Qué, no estás complacida con lo que elegiste? -me preguntó Inés.
-Si, pero creo que falta algo... -ella me interrumpió.
-Ponerle la cuenta en cero a tu madre -sonreí por tal comentario.
-No quiero que le dé un ataque -ambas empezamos a reír.
-Mmmh -dijo esta llevándose el dedo índice a la barbilla-. Ya sé lo que te falta.
-¿Ah sí? -pregunté con curiosidad.
-Unos lindos lentes... -me agarró del brazo y me hizo probarme unos cuantos hasta que encontramos los que mejor me quedaban.
Minutos después salimos del centro, yo me adelanté pues a Paulette y a Inés se les ocurrió comprarse unas botas de tacón de aguja y al ser tan altos les impedía contonearse como de costumbre. Isolda solo las observaba y negaba.
Saqué mi móvil para ver la hora, eran como las 2 pm. Me preguntaba si ya le habían notificado a mi mamá que me escapé del insti, aunque ni siquiera estaba segura de que le importara. Lo de la tarjeta de crédito... Bueno eso sí que lo tomaría mal, ya que el precio de mis compras estaban algo elevados. Y para completar mi atuendo llevaba un bolso, quería que ella lo viera en cuanto llegara a casa. Me quedé mirando el cielo azul sin duda era un día precioso. La risa escandalosa de Inés me hizo voltear a verlas y sonreí, al menos tenía a mis amigas.
-Quiero comprarme unos aros... -no terminó la frase al ver el bolso.
Puso los ojos como platos y se llevó la mano a la boca, pero el silencio no duró mucho, luego de un chillido siguió hablando.
-¡Este momento hay que registrarlo! -sacó su teléfono y le gritó a la castaña y a la francesa que se unieran a la foto-. Chicas digan wisky.
-Sarah... ¿tú te sientes bien? -me preguntó Isolda.
-¡Aich! Castaña... -dijo Inés-. No seas agua fiestas, por primera vez Sarita es rebelde y tu...-negó y luego me miró a mí-. No le hagas caso.
No todos los días una de nosotras se compraba un bolso de cuarenta mil dólares.
-Ya dejen de parlotear, hacen un drama por todo -dijo Paulette-. Vamos chèrry, a lucir ese BOLSO DE PIEL DE COCODRILO -dijo haciendo gestos con la mano, me agarró del brazo y caminamos.
Las chicas entraron a una joyería y yo me senté en un parque a varios metros de la tienda. Habían algunos árboles así que aproveché la sombra y el aire fresco para descansar. Mi teléfono sonó, era una notificación de mensaje. Pensé que era de mi madre pero no, era de Sansón. Al leer las letras todas en mayúscula mi sonrisa se borró: EMOS TERMINADO.
-Pero que... nooo, esto debe de ser una broma de mal gusto.
Me puse de pie para poder respirar mejor, el corazón me latía fuerte, caminé algunos pasos y me llevé las manos a la cabeza, estaba tan ensimismada que alguien chocó conmigo y se disculpó, pero ¿por qué no sentía el peso del bolso? No tuve que bajar la vista para confirmarlo ¿¡me habían asaltado?! Como loca me puse a gritar.
-¡¡¡LADRÓN!!! -las personas me miraban pero no hacían nada, yo estaba histérica y me quedé paralizada como témpano de hielo, mis pies se sentían pesados y no podía moverlos.
-¿Qué sucede? -me preguntó un joven.
-Han robado mi bolso de piel... -se me fue apagando la voz hasta que enmudecí.
-¿Por dónde se fue? -me preguntó.
¿En realidad me ayudaría? Eso me hacía mucha ilusión. Yo apunté hacia el sur.
-Ok, no te muevas de aquí -yo asentí y lo seguí con la mirada.
El chico de sudadera oscura le quitó a un niño una patineta. En serio, me preguntó por gusto y le robó la patineta a un niño, ¡Oh Dios, creí que iba a mooriirrr!
El ruido de los autos, las voces y mi campo de visión se fue distorsionando hasta que no escuché nada, mis párpados se sentían pesados y luego todo se volvió oscuro.
* * *
Al despertar lo primero que vi fue a Paulette dándome a oler su perfume dulzón. Di una vista panorámica y aun me encontraba en el parque cerca de la joyería. Me senté y mi cabeza quería estallar.
-¿Estás bien? -me preguntaron las chicas.
-No, todo está mal -me levanté como un resorte. Pensé que llevarme las manos a la cabeza me ayudaría a pensar, a aliviar la tensión, pero terminé halándome el cabello.
-Querida, tu lindo cabello no tiene la culpa -dijo Inés.
-Tienes razón, pero si me quedo calva, mi madre se apiadaría de mí y... -¡¡AY DIOS MÍO!!! que será de mí. Me lamentaba en mis pensamientos y negaba, no recordaba como respirar.
-Vamos querida siéntate, todo se va a resolver -dijo Inés y me ayudó a sentarme, sacó una botella de agua de su bandolera y me la dio.
El agua no aliviaría mis males pero aun así la tomé, le quité la tapa y di un largo trago, que terminó por derramarse en la parte delantera de mi camiseta.
-Chicas... envíen tulipanes rosas a mi funeral... -dije y de la nada empezamos a reír por mi ocurrencia.
-No pienses ahora en eso... -dijo Paulette-. Pero si te sirve de consuelo, invitaríamos a tu cantante favorita. ¿Quién era? ¿Ellie Goulding o Rita Ora?
-Taylor Swift.... -respondió Inés.
-No digan tantas estupideces podemos calcular las probabilidades de que tu madre te mate -dijo Isolda y miró fijamente al frente para hacer cálculos mentales.
-Castaña -chasqueó sus dedos Inés para sacar a Isolda de su Trance-Matemático, ella la miró-. Utiliza tus neuronas para buscar otra solución.
-Ya sé -dijo Isolda- Denunciemos el robo, en los policiacos... -Inés la interrumpió llevando las manos al frente para que no siguiera.
-Dile que compraste un coche... -dijo Paulette.
-Y cuando no me vea llegar con él... -le dije.
-Oh, no había pensado en eso -dijo Paulette.
-Alquilemos uno y ya veremos que hacer... -dijo Inés.
-Se dará cuenta -dije.
-Pues dile que compraste ropa y la donaste a un centro de caridad... -dijo Paulette.
-Chicas se que quieren ayudarme pero será mejor que me invente otra -dije poniendo mis brazos en forma de jarra y juntando mis labios en una línea fina-. Sí, eso es lo que haré.
-Compremos una copia... -dijo Inés - Y hacemos como que nada ha pasado -y hasta ese momento era la opción mas cuerda que teníamos.
Me quedé observando a un chico muy parecido al que había visto anteriormente.
-Sarah, ¿no vienes? -preguntó Paulette.
-En un momento las alcanzo -le respondí.
Las chicas se fueron y yo me quedé ahí, el chico que observaba no resultó ser el mismo. Que tonta como pude creer que un simple desconocido iría tras un ladrón y regresaría con mi bolso. Me puse de pie y agarré las compras. Solo di unos pasos hasta que una voz me detuvo.
-¿Ya te vas? -me dí vuelta y no lo podía creer, era ese chico. Llevaba vaqueros gastados y sudadera oscura.
-Eh sí.
-Ok, entonces será mejor que -dio algunos pasos aproximándose a mí-, lleves esto contigo -dijo acercando el bolso.
Me volvió el alma al cuerpo y como si se tratara de un frenesí, abracé al desconocido tomándolo de sorpresa. En el acto le tumbé hasta el gorro.
-Eeh -este carraspeó.
-Oh, lo siento... -dije avergonzada al separarme y arreglarme la ropa-. Gracias -dije bajando la vista.
Cuando lo miré me encontré con un pelo negro enmarañado, llevaba un piercing en la ceja derecha y una pequeño pendiente en la oreja izquierda. Su forma de vestir le daba un aire de chico malo y por alguna razón eso me resultaba interesante y familiar. La boca se me secó y disipé mis pensamientos, no era momento para coquetear.
-Me salvaste la vida -dije. Y LO DECÍA EN SERIO.
-Ey roja, ¿no sabes quién soy...? -preguntó-. Y tu novio de nuevo dejándote sola -dijo negando y poniendo los ojos en blanco.
Yo asentí sin poder hacer otra cosa, olvidando que mi novio una horas antes me había dejado.
Él tomó mi mano me colocó las asas en ella y luego la cerró, todo eso sin quitarme los ojos de encima. Al mirar sus labios lo recordé, era el mismo chico de la noche de Halloween. Pero eso no es lo único que pude percibir en sus besables labios tenía un corte, al parecer había estado en alguna pelea y aun sangraba... empecé a preocuparme y pensar en lo que pudo haberle pasado. Él sonrió.
-No te preocupes, a diferencia de tí se cuidarme solo. Estaré esperando tu llamada...
Recordé que había borrado su número porque me sentí culpable por mi "traición".
Como mismo llegó se marchó, en silencio y ni siquiera le pregunté el nombre.
* * *
Mi plan no iba tan bien como esperaba. Mi madre si me formó una bronca y me castigó pero me dí cuenta de que mis esfuerzos no sirvían de nada. Para completar mi magnífica vida estaba la ruptura con Sansón sin explicarme el por qué.
Si les hubiese mostrado a las chicas el mensaje, Isolda se hubiese puesto a llorar ¿saben por qué?, pues el muy capullo de mi novio o mejor dicho mi ex escribió hemos sin "h". Por Dios merecía una despedida decorosa, que le costaba enviarme tan siquiera un mensaje de voz.
Mi autoestima estaba muy muy por el suelo y me la pasaba buscándole defectos a la chica por la que me habían cambiado, sin contar las miradas de todos en la escuela y el cotilleo en los pasillos. En unos días cumpliríamos 11 meses saliendo juntos y lo peor de todo era que me había encariñado con el puertorriqueño.
No seas cínica... tú lo traicionaste primero, dijo mi subconsciente.
-Cállate no sabes lo que dices... solo me dejé llevar porque estaba pasadita de copas... -ay Dios mío, me estaba volviendo LOCA.
Si lo que tu digas. Pero en el fondo las dos sabemos que solo estás resentida porque él te dejó primero.
-Creo que un día de estos terminaré en un sanatorio, al menos espero que mi padre vaya a visitarme.
Estaba en mi habitación mirando hacia el techo, intentaba concentrarme solo en el color blanco, buscando paz pero mi mente recordó a ese chico de cabello desordenado. La puerta de mi habitación se abrió y al instante un bultito se acomodó a mi lado, era Hannah, mi hermanita pequeña.
-¿Aun sigues triste? -me preguntó y pasó uno de sus bracitos por encima de mi vientre para abrazarme.
-Quien ha dicho que estoy triste -dije y revolví su cabello. Ella empezó a reír.
-Bueno los pañuelos -dijo apuntando a la mesita de noche-. Apenas comes, te peinas y tus ojos están rojos e inchado -mi hermanita se había dado cuenta, pero era muy joven para que se preocupara por alguien más-. Dime, ¿es por mamá...? -en parte... pero no le hablaría a mi hermanita de 9 años de mis problemas amorosos ni del cariño o falta de este que sentía mi madre.
-¿Te digo por qué? -le dije y ella asintió y abrió bien sus ojos, como si se tratara de algún secreto -. Pues porque hace mucho que... ¡no te hago cosquillas! -me puse de costado y le empecé a hacerle cosquillas, ella no paraba de reír y de removerse. Su risa me alegró, me detuve casi le faltaba el aire-. Y entonces, que me recetas para la tristeza.
-¡¡¡Helado de fresa!!! -dijo esbozando una sonrisa -. Ah y una peli de Barbie.
-Una perfecta idea señorita -sus ojitos negros brillaban -. Pero por favor que no sea Barbie en la "Princesa y la Plebeya" -la habíamos visto tantas veces que ni siquiera recordaba la cifra.
-No te preocupes Sary que tengo muchas más-me dijo con una sonrisa.
-¿Ah sí? -pregunté con entusiasmo por tal de no ver de nuevo a Madame Carp y Preminger.
-Sip -y empezó a enumerar con sus deditos unas cuantas pelis, estaríamos ocupadas toda la tarde.
-Comencemos con Barbie en la Magia de Pegaso y luego ya veremos.
Quería que mi hermanita tuviera lindos recuerdos de su infancia, que fueran mejores que los míos.
-Siiii -bajó rápidamente de la cama y la vi correr hasta la puerta y su largo cabello rubio ondulaba en el aire.
Aproveché para revisar mi WhatsApp. En estos días lo menos que quería era navegar en mis redes sociales. Tenía muchos mensajes pero mis ojos se detuvieron en un número que no tenía registrado.