Prólogo:
Esta es la continuación de El Oscuro CEO, la cual se encuentra disponible en ésta misma plataforma y los invito a que la lean. Pero no es imprescindible haberla leído, pues se puede tomar como una historia independiente, si así lo desean. De todas maneras mi deber, como escritora de ambas, es invitarlos a leer la historia anterior. Aclarado ésto; les haré una breve reseña de lo que pasó anteriormente.
Un poco de historia:
Luka Gentile es el CEO de una gran empresa que maneja varias pequeñas y de diferentes rubros. Es un hombre que creció en las calles, huérfano de madre y un padre que lo abandonó cuando apenas tenía 6 años de edad. Se involucró con diferentes pandillas, hasta que, en una guerra de territorio, sufrió una herida que lo dejó al borde de la muerte. Don Paolo Gentile, quien era el jefe de la más poderosa familia de la mafia, y que venía observando a Luka, lo rescató para salvarle la vida. A cambio de eso, el joven se integró a esa familia y se convirtió en la mano derecha de Don Paolo, quien a su muerte le deja todos los negocios.
Alicia Mastrani es la nieta de Don Paolo, pero es secuestrada, junto con su madre, por el capo de una familia rival, su padre muere en ese secuestro. El abuelo le pierde la pista por unos años, hasta que logra dar con su paradero, cuando eso sucede se entera que su hija, la madre de Alicia, fue asesinada en un intento por escapar. Don Paolo trata por todos los medios de negociar con el captor, para que le devuelva a su nieta; pero éste se niega, así que envía a su mejor elemento, su hombre de confianza, para que lo persuada por las buenas o traiga a la niña por las malas. Y es así como se conocen Luka y Alicia.
Una vez devuelta a su propio hogar, la niña sigue siendo cautiva, pero ahora de su abuelo, y antes de morir, para asegurarse de que Luka la cuidará con su propia vida, los obliga a casarse una vez que él fallezca.
Obviamente es un matrimonio por contrato.
Pero la vida les tenía prepara una última prueba de amor, y de eso se trata esta parte de la historia. ¿Podrán superar este nuevo obstáculo?
Espero que les guste tanto como a mí me gustó escribirla. Amo a ésta pareja y creo que se ha comprado el corazón de todos los lectores, va a ser difícil dejarla ir.
Capítulo 1 – "Vamos a casa"
Alicia:
Sentí como el agua me empapaba la cara, era evidente que llovía y yo estaba a la intemperie, pero mis ojos se negaban a abrirse y mi cuerpo parecía no querer obedecer ninguna orden que le diera. Me dolía todo, absolutamente todo. El frío calaba mis huesos, me encontraba casi desnuda y no podía dejar de temblar, lo hacía de miedo y de frío, pero más de miedo, pues estaba aterrada y desorientada. Otra vez le ordené a mis ojos abrirse y a mis piernas moverse, pero ninguno de los dos me obedeció, tampoco mis brazos, ni siquiera los dedos de las manos. De pronto escuché una voz a lo lejos, era más como un murmullo. Quise gritar para pedir ayuda pero mi garganta no pudo emitir sonido alguno. No llegué a distinguir sus palabras hasta que sentí que me cubrían con algo, un hombre me cogía en brazos y me recostaba a su pecho
‒ Renzo, abre el coche y ve llamando al Doctor, vamos a casa.
‒ ¿Está bien?
‒ No, no lo está, pero al menos respira
No reconocí ninguna de las voces, en realidad no reconocía nada, ni siquiera si era de día o de noche. Solo que llovía y hacía frío. Recosté mi cabeza en su pecho, por algún motivo me sentía a salvo en sus brazos, y mi cuerpo comenzaba a reaccionar, hasta que me volví a desmayar.
Luka:
Desde que Alicia había desaparecido, mi vida era un calvario. Casi no dormía y si la Nana no me obligaba a comer, no lo hacía. Pasaba pendiente al teléfono, tenía a mis hombres peinando cada rincón del país, seguía cualquier pista que me llegaba por más improbable que pareciera. No dejaba nada al azar.
‒ Debes descansar Luka - solía aconsejarme mi amigo, y mi respuesta era siempre la misma
‒ No Renzo, descansaré cuando recupere a mi esposa
‒ Te entiendo, pero debes pensar en tus hijos, ellos te necesitan, más ahora sin su madre
‒ Ellos están a salvo. Sé que estoy un poco ausente, pero en un futuro lo entenderán
‒ El tiempo que le niegas a los ni*ños no lo recuperarás jamás, lo sabes bien, si tú estás sufriendo, imagínate ellos. No saben qué pasó con su madre y su padre los ignora
‒ ¡Mier*da Renzo! Tu sí sabes siempre donde clavarme el puñal - él sonrió y palmeó mi hombro
‒ Anda amigo mío, ve con ellos y dales el beso de las buenas noches que seguro están esperando de manera ansiosa
‒ Tienes razón, iré ahora mismo.
Seguí el consejo de mi amigo y fui a ver a los niños. Pero Renzo se equivocaba, pues lejos de esperar mí beso de buenas noches de manera ansiosa, ellos dormían plácidamente, estaban ajenos a lo que sucedía, yo les había dicho que su madre había tenido que hacer un breve viaje y que regresaría pronto.
Queda mal que yo lo diga, pero eran perfectos, hermosos e inteligentes. Una ni*ña y un ni*ño, gemelos de 3 años. Tenían los ojos de su madre, eran de un ne*gro intenso y muy expresivos. Yo adoraba la familia que había formado con Alicia, la mujer que amaba con locura y me había dado esos dos seres tan maravillosos como lo era ella. Me senté al borde de la cama de Tiara, mi ni*ña bella, despejé el cabello que le caía en el rostro, acomodé la ropa de cama, le besé en la frente y me fui a la cama de Saúl, repetí el ritual, pero él despertó y, sentándose en la cama, me abrazó
‒ Papi, ¿cuándo vuelve mami?, ya la extraño
‒ Yo también mi amor, la extraño mucho, pero no te preocupes, ella ya está por regresar
Se me rompió el corazón en mil pedazos, le había mentido a mí ni*ño, pero no me quedaba otra alternativa ya que no tenía ni idea de cuándo volvería su madre, ni siquiera si lo haría.
Ese último pensamiento turbó mi mente, no quise llorar ante él, así que le arropé y abandoné la habitación. Al salir me encontré con Renzo que venía en mi búsqueda
‒ Luka, creo que la encontraron
‒ ¿Que...? – pregunté ansioso mientras me secaba las lágrimas de los ojos con las manos
‒ Eso, los chicos creen haberla encontrado.
‒ Vamos por ella Renzo, ¡vamos ya!
Nos metimos dentro del coche y sin perder más tiempo, fuimos al sitio indicado a toda velocidad. Demoramos una hora aproximadamente, fue la hora más larga de mi vida. Enzo tuvo que golpearme el hombro varias veces para que me calmara y dejara de gritarle a David, el chofer, que acelerara. Al llegar al lugar, mis hombres, unos 6, estaban formando un círculo muy amplio y en el medio, recostada en el mojado suelo, estaba ella. Nadie la había tocado, pues mis órdenes eran muy claras, si alguien le ponía una mano encima, ajeno a mi o a Renzo, era hombre muerto
‒ ¿Cómo es que no la han levantado?
‒ Señor, usted fue muy claro respecto a eso
Yo más furioso no podía estar. Llovía torrencialmente y allí estaba Alicia, recostada en el pavimento mojado y recibiendo toda la lluvia que caía sobre su delicado cuerpo.
- Los mataré a todos...
Y comencé a golpearlos de una forma enajenada, hasta que Renzo me abrazó para detenerme
‒ Luka calma
‒ Los voy a matar...
‒ Mírame - me tomó el rostro con ambas manos - mírame Luka
Yo no veía nada, estaba fuera de control, solo quería desquitarme con alguien los días de angustia y ellos me habían dado la excusa perfecta
‒ Voy a matarlos - seguí repitiendo
‒ No seas imbécil Luka, primero encárgate de tu esposa...
‒ Mi esposa...- murmuré, la había olvidado por un segundo, volteé y la volví a ver en el pavimento empapándose
‒ Sí, Alicia, tu esposa - suspiró aliviado pues había logrado calmarme - primero encárgate de ella y luego yo te ayudo a matarlos a todos
En ese momento recordé el rostro de mi hijo preguntando por su madre y diciéndome que la extrañaba. La escena de Alicia en el suelo y Saúl mirándome, con sus ojos llenos de lágrimas, hicieron que mi corazón se estrujara al punto de dolerme. Me acerqué a ella, la escuche sollozar, me quité la chaqueta para cubrirla y la cogí en brazos. Era peso muerto, no reaccionaba, apenas sí respiraba. La recosté a mi pecho y corrí al en coche.
‒ Renzo, abre el coche y ve llamando al Doctor, vamos a casa.
‒ ¿Está bien?
‒ No, no lo está, pero al menos respira
‒ Luka mejor llevémosla al hospital que está a cinco minutos, la casa está a una hora
‒ Tienes razón
Yo no estaba razonando con claridad, por suerte tenía a Renzo que siempre encontraba la solución perfecta y la palabra justa cuando me veía perdido.
Ya en el coche, la senté en mi regazo y recordé que me había confesado que, a pesar de haberla raptado aquel día, se sentía segura recostada a mi pecho, así que la abracé para pegarla a mí lo más que pude. Estaba inconsciente pero podía oírla sollozar. La miré, estaba casi irreconocible, su cara inflamada, sus ojos de tan hinchados los tenía cerrados, tenía un profundo corte en la frente y sangre seca al rededor con su cabello pegado a la cara. Saqué mi pañuelo del bolsillo, abrí la ventanilla y dejé que se mojara con el agua de la lluvia. Luego comencé a
limpiar su rostro con suma suavidad. Despejé el pelo de su herida y la limpié lo mejor que pude. Ella emitía un apagado quejido, eso estrujaba mi corazón, ya quería que me contara todo para poder ejercer justicia con mis propias manos. De pronto su mano se apoyó sobre la mía y la apretó, no con mucha fuerza pues estaba muy débil.
Besé su frente mientras la estrechaba aún más, quería que me sintiera, que sintiera que estaba otra vez a salvo en mis brazos. Pareció sonreír, pero creo que fue más un reflejo de dolor
‒ Alicia, mi amor, ya te tengo, estás a salvo y nada volverá a pasarte, te lo juro. Los ni*ños te esperan en casa y todo volverá a la normalidad. Te amo...
Dicho ésto, ella solo se recostó a mí y suspiró, mientras yo comencé a llorar desconsoladamente como un crío. Renzo, quien iba adelante con el chofer, no quitaba los ojos del espejo retrovisor, me observaba, en silencio, pero intensamente. Creo que nunca me había visto tan afectado por nada. También sabía que pasado este momento, iría por los responsables y los haría pagar con creces lo que le habían hecho a mi esposa.
‒ Llegamos al hospital Luka
Interrumpió de golpe y el coche se detuvo. Salió a toda prisa y me abrió la puerta. Bajé con Alicia en mis brazos e irrumpí en la sala de emergencias.
Renzo corrió delante mío para abrirme paso. Buscó una enfermera que nos recibiera de inmediato y le pidió a otra que contactara al doctor Santino, era mi médico de confianza y trabajaba allí.
De inmediato la ingresaron a un bóxer y la acostaron en la cama. Lógicamente poco les importó que yo fuera su esposo y me echaron de allí
‒ Déjelos revisar a su esposa tranquilos y cuénteme a mí que es lo que sucedió con ella
Capítulo 2 - Mi corazón desgarrado
Luka:
¿Explicarles que había pasado con mi esposa? ¿Qué cara*jos sabía yo que había pasado con ella? Solo sé que un día regresé a casa y no estaba. Tenía mil llamadas perdidas de Renzo, pero mi móvil había elegido el peor momento para quedarse sin batería. Yo había tenido que hacer un viaje corto, solo fue un día y una noche; la primera noche que pasábamos separados desde que regresó de la Universidad, cumpliendo así con nuestra promesa.
‒ ¿En realidad debes irte? – recuerdo que me preguntó con algo de tristeza
‒ Sí, mi amor, debo ir. Sabes que murió el gerente del muelle y debo nombrar un reemplazo
‒ Pero todo el mundo ya sabe quién será su remplazo, el Dr.Castaldo
‒ En eso llevas razón, pero debe hacerse de manera formal, pues el nombramiento es frente al consejo o no tendrá valor legal, y Leandro Castaldo, por su condición de abogado, no aceptará si lo hago de otra forma
‒ Ustedes y sus formalidades, ojalá la tuvieran a la hora de ma*tar gente
‒ Alicia, no seas así, sabes que hace muchos años que no lo hacemos
Ella estaba claramente molesta y tenía razón, pero ese hecho no hacía que me doliera menos el reproche hacia mi oscuro pasado.
Traté de abrazarla, para poder calmarla un poco, pero fue inútil, se soltó de mi agarre
‒ Perdona Luka, no quise ser grosera, solo que me acostumbré a estar contigo y no quiero separarme ni un momento de ti
‒ Yo tampoco lo quiero, si no fuera un viaje tan corto te diría que fueras conmigo junto con los ni*ños, pero me voy en una hora y mañana a la noche estaré para cenar
Ahora era ella quién me abrazaba y con fuerza, por supuesto yo le correspondí, es que el calor de su cuerpo junto al mío era mi dro*ga favorita
‒ Llévate a Renzo – espetó de repente
‒ No, ¿cómo crees?, él es tu custodio
‒ Anda, me sentiría más tranquila. Tengo un mal presentimiento y sé que Renzo te cuidará a costa de su propia vida
‒ Eso es cierto, pero yo me iría intranquilo sabiendo que te quedas sola
‒ ¿Sola?, Luka, estoy en casa, rodeada de un montón de tus hombres, solo Renzo no estará, pero David me cuidará bien – me sonrió ampliamente – además, será solo hoy y mañana, tú mismo lo dijiste – hizo una breve pausa y su sonrisa se borró – a menos que sea como la vez que me prometiste que vendrías un viernes y nunca llegaste
‒ ¿Eso fue un reproche señora Gentile? – sonreí para apaciguar el ambiente, pero ella permanecía seria
‒ Nunca me contaste lo que sucedió en realidad y por qué no llegaste
‒ ¿En serio quieres hablar de eso ahora, luego de tantos años?
‒ Es que siempre tuve el temor de que se repitiera, de que no volvieras
Comenzó a llorar, la estreché aún más contra mí
‒ Mañana, durante la cena, te contaré con lujo de detalle lo que sucedió en Paris y porque decidí no venir a último momento. Pero ahora debo irme – le tomé el rostro con ambas manos y la besé, con un beso que quise quedara grabado. Ella me correspondió con más vehemencia aún – No importa lo que pasó, ni las tonterías que hicimos en el camino, lo único que importa es que estamos juntos, con una hermosa familia y te amo con todo mi ser
‒ Yo también te amo – le sonreí y me separé de ella, ya cuando estaba en la puerta - ¡Luka! – volteé a verla – vuelve a mi
‒ ¡Siempre! – y me fui
Esa fue la última vez que la vi, hasta que la observé tendida en el mojado suelo bajo la lluvia y casi sin ropa. ¿Qué iba a decirle a esa enfermera, que me miraba de manera inquisidora, esperando de mí una respuesta que no podía darle?
‒ Señor Gentile, ¿me escuchó?
‒ Fuerte y claro, solo que no sé qué le sucedió. Hace un par de semanas que desapareció y la he encontrado recién, en ese estado. Supongo que alguien le hizo daño, pero no sé qué fue
‒ ¿Eso es lo que va a declarar?
‒ ¿Declarar? – realmente me había sorprendido la pregunta
‒ Sí, cuando venga la policía
‒ ¿Policía? – cada vez me sorprendía más
‒ Es que en el estado que llegó la señora Gentile, claramente agredida, no podemos dejar de denunciar
‒ Sí, claro, hagan lo que tengan que hacer – realmente no pensé que la policía se involucrara, pero tenía contactos, además yo no le había hecho nada. Pero la mirada de la enfermera no me gustaba en lo absoluto, así que le pregunté - ¿tengo que llamar a mi abogado?
- Sí usted lo cree necesario
Esa mujer estaba sacando sus propias conclusiones y estaba segura de que había sido yo quien agrediera a mi esposa. No creía que fuera un rapto con agresión, sino que una tema de violen*cia doméstica. Y nada más lejano, yo me cortaría una mano, sino ambas, antes de ponerle un dedo encima a Alicia de manera violenta. Pero ya estaba siendo juzgado, así que cogí el móvil
‒ Luka, buenas noches, ¿Qué sucede?
‒ Hola Leandro, disculpa que te llame tan tarde, pero encontramos a Alicia...
‒ ¡Oh por Dios Luka!, ella está bien
‒ No, no lo está, es más está muy mal
‒ ¿Qué necesitas?
‒ Mira, antes de que haga mi declaración, parece ser que ya han decidido que yo soy quien la he lastimado...
‒ Pero eso no puede ser, tú la adoras, no le pondrías una mano encima
‒ Bueno, no es lo que parecen creer en el hospital, así que necesito que vengas, no como mi amigo, sino como mi abogado, pues creo que te necesitaré
- Cuelgo contigo y salgo para allí, dime en que hospital está
Al colgar con mi abogado me llamó la enfermera.
‒ Señor Gentile, hemos llevado a su esposa a una habitación. Acompáñeme y podrá verla
Sin emitir ni una sola palabra, asentí con la cabeza y la seguí en total silencio. Esa mujer ya se había formado un juicio de mí y parecía odiarme. Así que por el bien de Alicia y de la situación, me mantuve callado.
Al ingresar a la habitación mi corazón se paralizó. Allí se encontraba Alicia, mi amada Alicia, inconsciente, con su rostro casi irreconocible por lo lastimado e hinchado y la cabeza vendada.
‒ Está sedada, así dejamos que salga del shock
Dijo una voz grave detrás de mí. Al voltearme reconocí al Doctor Santino
‒ Doctor, dígame que se va poner bien
‒ Sus heridas son profundas y graves, pero a nivel físico se mejorará, le va a llevar tiempo pero lo hará. Ahora su mente es lo que me preocupa
‒ ¡Qué!, ¿su mente?
‒ Sí, antes de dormirla estuve hablando con ella y le hicimos una tomografía
‒ ¿Y qué sucede?
‒ Sucede que no recuerda nada, Luka, en éste momento no sabe ni quien es
‒ Pero se le pasará, ¿no?
‒ Esperemos que sí
‒ ¡¿Cómo que esperemos?! - rezongué
‒ Es que no te lo puedo asegurar.
‒ No me diga eso... - mi corazón sintió una punzada
‒ No puedo mentirte. Yo creo que irá recuperando la memoria, pero hay que tener paciencia. Por ahora está muy confundida, no debes presionarla, deja que se tome el tiempo que necesite
‒ Así lo haré, gracias
‒ Ahora te dejaré solo con ella, si me necesitas estaré en la sala de doctores
No le respondí, cuando abandonó la habitación, me acerqué muy lentamente a la cama, cada paso que daba retumbaba en mi cabeza. Cuando estuve a su lado, tomé la mano que tenía libre de catéteres y se la acaricié con ternura. Necesitaba que me dijera algo, pero al mismo tiempo no quería despertarla. Bien había dicho el doctor, tenía que tener paciencia, esa cualidad que nunca tuve, ahora debía sacarla de debajo de las piedras por Alicia, mi dulce esposa.
No pude evitar llorar, mi corazón se sentía desgarrado, nunca en toda mi vida había experimentado un dolor tan grande y me sentía culpable, en realidad no solo me sentía, lo era. Nunca debí irme y dejarla sola, ella me lo pidió antes de marcharme, solo debí hacerle caso. El dolor y la culpa me estaban consumiendo, pero más la culpa. Verla tumbada en esa cama, en ese estado, tan frágil, no podía imaginar lo que había pasado estas dos semanas, la desesperación que tendría porque la encontrara y rescatara. Pero yo nunca llegué, no la salvé, solo la dejaron como un despojo bajo la lluvia. Era un mensaje para mí, lo veía con claridad, pero lo que no podía saber de quién y porqué. Estos últimos años he estado alejado de todo lo que pudiera poner a mi familia en peligro, pero no había sido suficiente. Alicia estaba pagando las consecuencias de haberme convertido en alguien tan confiado. Debí escuchar más a Renzo, él siempre fue muy cauteloso, pese a mi insistencia en que todo aquello había quedado atrás. Ahora, aunque lo lamentara sobre manera, debía darle la razón