1
-Ya casi llegamos -comentó Camila, mientras miraba con los ojos verdosos, llenos de felicidad y anhelo la ruta.
Habían ido por la vía más rápida, ambos querían llegar lo más pronto posible, con objetivos de estudiar y tener un rato a solas.
Vivían con sus padres, por separado. Aunque se habían casado esa misma mañana, y aún no encontraban el momento para decirle sobre su escape matrimonial.
-Esposa mía, guarda las ansias, estaremos juntos desde aquí para siempre -dijo con una voz cálida Felipe.
Habían estado juntos desde que eran unos pequeños adolescentes, y ese amor no había hecho más que crecer. Ahora oficialmente casados, habían cerrado esa etapa, y finalmente estában más enamorados que nunca.
Ella sonrió y dijo en tono burlón:
-Pero... Tenemos que hablar con nuestros padres y creo... que nos van a echar.
-Amor... No exageres. Ellos saben que estamos juntos desde hace muchos años, no van a poner ningún tipo de objeción ¡Ya vas a ver..! -comentó dándole ánimos y ella miró divertida a su costado.
-Tienes razón, pero en parte... tengo miedo. No sé que no sé ni qué nos pasó como para casarnos de golpe. Me sorprende, nuestra decisión porque yo... Ya no soportaba amarte a distancia. Quiero vivir contigo.
-Tienes razón, quiero vivir contigo Levantarme en las mañanas y verte a ti.
-Cariño, sabes que ronco ¿Estás muy segura de lo que has hecho? -dijo divertido y ella se rió.
-Siempre voy a estar más que de acuerdo. Es la decisión y más cuerda que he hecho en toda mi vida -bociferó, él la tomó de la mano mientras ponía otro cambio, y el vehículo se aceleraba de golpe.
Sin embargo no previeron algo: venía un camión o dos metros de distancia Felipe, frunció las cejas, al ver como el mismo se cruzaba de golpe hacia su dirección. A pesar de que movió el volante en una maniobra para esquivarlo, no fue suficiente. El acoplado, se desvió a su lado, y el auto quedó debajo del mismo.
2
***
Seis meses después, Camila aún sufría por la ausencia de Felipe. Perderlo había sido de los momentos más difíciles para ella. Sobre todo, ahora era viuda y tan solo había estado casada por mediodía.
Su dolor era enorme, las noches eran interminables. Se quedaba dormida, con la almohada empapada en lágrimas. Pero sabía que tenía que seguir, se había recibido hace poco de ingeniero en administración.
Tenía que intentar por todos los medios, olvidar a pesar de que era muy difícil.
Ingresó a la empresa, lo hizo con unos leves temblores en el cuerpo.
-Bienvenida, tú debes ser nuestra nueva compañera -comentó una voz cálida a su lado.
Al levantar la vista, se encontró con una chica de cabello rubio, y ondulado. Tenía puesto un pequeño traje de color marrón, el cual se ajustaba su silueta.
-Muchas gracias -murmura con una sonrisa un poco queda, debido a que últimamente desde que Felipe se fue, ella había dejado de sonreír.
-¡No seas tímida!, ven con nosotras, te presentaré a todo el equipo -murmuró llena de entusiasmo, fue contagioso para Camila.
Ella, conoció cada uno de los rostros. En total eran 10 compañeros, cada uno con un nombre diferente obviamente y una historia cargada entre sus hombros.
Se sentó en su escritorio.
-Huele a nuevo.
Se preguntaba si acaso lo habían comprado hace poco, o simplemente eran imaginaciones suyas.
-Ahora te toca irte a presentar con el jefe, pero descuida, él no es muy hablador ¡Oh, tienes escritorio nuevo! Que raro... -comentó Ana, encogiéndose de hombros.
-Está bien, no hay problema
Se puso de pie, Slsus tacones, algo bajos, resonaron a través de el suelo inmaculado de mármol. Al estar frente a una puerta doble, tragó saliva.
-Yo puedo...
Se sintió completamente triste, y un poco ofuscada, porque empezar una nueva etapa de su vida, conllevaba hacerlo sin Felipe.
3
Su madre, le había insistido, tenía que volver a vivir. Pese a que ella se negaba a hacerlo.
Al ingresar, dió un leve golpeteo y sus labios fueron mordidos por sus finos dientes, una hilera blanca y derecha.
-B-buen día, soy Camila -comentó tímida.
-Mucho gusto, soy su jefe -dijo.
Aunque ella no vió un rostro. Sus ojos solo apreciaron, el respaldo de una silla de color oscuro. Y unos pies, que estaban cruzados, sin embargo no vio nada más.
No pudo contemplar rostros, y mucho menos a una persona.
-Es un gusto para mí.
-Sobre el escritorio te dejé todas las carpetas que tienes que revisar, te sugiero que lo hagas lo más antes posible -demando, sin ningún tipo de temblor en la voz.
Ella, levanta una ceja, aquel sonido le pareció brevemente conocido. Sin embargo pensó que estaba teniendo un poco de alucinaciones, movió la cabeza de un lado al otro para olvidar.
-¿Sigues ahí..? -preguntó.
-Estoy aquí Señor.
-Muy bien, ahora necesito que te marches a trabajar -comentó y ella asintió
No había esperado, aquello de parte del, su corazón revoloteo con fuerza. Obligándose a ser consciente de la realidad. Una realidad extraña, oscura y en parte gris. Su jefe, al parecer era mandón, y un poco extraño.
De igual forma, llegó a su escritorio con una sonrisa.
-¿Qué te pareció nuestro jefe?, es bastante gruñón -dijo divertida.
-Lo es, incluso me sorprendió la manera en la cual me revisó.
-Tranquila. Ya verás que con el tiempo, eso vuelve un poco, un centímetro, un milímetro más amable.
-Entonces... No sé si sentirme más calmada o aterrada -comentó con gracia.
-Tranquila todo saldrá bien.