Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Romance > El CEO y la Niñera
El CEO y la Niñera

El CEO y la Niñera

Autor: : S. Mejia
Género: Romance
Andrés Villaverde, un CEO viudo, ha dedicado su vida a su empresa y a su hijo Lucas, aunque su relación con él se ha vuelto distante. Todo cambia con la llegada de Mariana, una niñera dulce y cálida que no solo conquista a Lucas, sino que también comienza a derretir el corazón de Andrés. A pesar de la creciente conexión entre ellos, el miedo de Andrés a enamorarse de nuevo lo frena. Mariana, por su parte, lucha con sus propios sentimientos, sabiendo que su posición complica las cosas. Entre momentos cotidianos y emociones inesperadas, Andrés deberá decidir si se atreve a abrir su corazón o deja escapar la posibilidad de una nueva felicidad.

Capítulo 1 1

El reloj marcaba las siete de la mañana y, como cada día, Andrés Villaverde ya estaba despierto, revisando su correo mientras tomaba un café negro sin azúcar. Su apartamento en la zona más exclusiva de la ciudad era amplio, moderno y perfectamente ordenado, reflejando su personalidad disciplinada y meticulosa.

Sin embargo, a pesar del éxito que tenía en los negocios, su vida personal era un caos silencioso. Desde la muerte de su esposa, cinco años atrás, Andrés se había refugiado en el trabajo, usando sus largas jornadas como escudo contra el dolor. La única persona que realmente le importaba era su hijo, Lucas, pero últimamente sentía que se estaba alejando de él.

-Papá... -La voz somnolienta del niño interrumpió sus pensamientos. Andrés levantó la vista y vio a Lucas de pie en la entrada de la cocina, con su pijama arrugado y el cabello despeinado.

-Buenos días, campeón -dijo Andrés, esbozando una sonrisa forzada.

Lucas no respondió. Simplemente se sentó en la silla frente a él y comenzó a mover distraídamente la cuchara en su tazón de cereal. Andrés suspiró. Sabía que su hijo estaba pasando por un momento difícil. La última niñera había renunciado hace dos semanas, y desde entonces, Lucas había estado más callado de lo normal.

-Hoy viene alguien nuevo -comentó Andrés, intentando sonar animado-. Su nombre es Mariana, será tu nueva niñera.

Lucas levantó la mirada, pero no dijo nada. Andrés podía notar la desconfianza en sus ojos. No lo culpaba. Habían pasado por tantas niñeras en los últimos años que Lucas había dejado de encariñarse con ellas.

Antes de que pudiera decir algo más, el timbre sonó. Andrés se levantó de inmediato y caminó hacia la puerta. Al abrirla, se encontró con una joven de unos veintisiete años, de sonrisa amable y ojos cálidos. Mariana no tenía el porte rígido de las niñeras anteriores; su expresión transmitía una dulzura natural, y su vestimenta sencilla pero pulcra reflejaba un aire acogedor.

-Señor Villaverde, un gusto conocerlo -dijo ella con voz firme, pero con una calidez que lo descolocó.

-Llámame Andrés -respondió él, haciéndose a un lado para dejarla pasar-. Adelante.

Mariana entró y miró a su alrededor con discreción. Cuando su mirada se posó en Lucas, su rostro se iluminó con una sonrisa genuina.

-Hola, Lucas.

El niño la miró con cautela, sin responder. Mariana no pareció desanimarse. En lugar de insistir, dejó su bolso en la entrada y se arrodilló a su altura.

-Te traje algo -dijo, sacando de su bolso un pequeño avión de papel perfectamente doblado-. ¿Sabías que los aviones de papel pueden volar más lejos si los doblas de cierta manera?

Lucas parpadeó, curioso.

-¿De verdad?

-Sí, si quieres, podemos probar después en el parque.

El niño tomó el avión con cuidado y lo observó como si fuera un tesoro. Andrés, que había estado observando la escena en silencio, sintió algo removerse dentro de él. Mariana tenía algo especial, una manera de conectar con Lucas que ninguna de las anteriores había logrado en tan poco tiempo.

-Bien, Mariana -dijo él, recomponiéndose-. Te mostraré la casa y te explicaré la rutina de Lucas.

Mientras caminaban por el pasillo, Andrés no pudo evitar mirarla de reojo. Había algo en su presencia que llenaba el espacio de una manera diferente. No lo sabía aún, pero Mariana estaba a punto de cambiar su vida para siempre.

Capítulo 2 2

El día transcurrió con tranquilidad, aunque para Andrés, la presencia de Mariana se sentía como un cambio inesperado en su rutina perfectamente calculada. Había contratado niñeras antes, pero ninguna había logrado captar la atención de Lucas tan rápido. Mientras trabajaba en su oficina en casa, podía escuchar a su hijo riéndose en la sala, algo que no sucedía con frecuencia.

Curioso, se levantó de su escritorio y caminó hasta la puerta, entreabriéndola con discreción. Desde allí, vio a Lucas y Mariana sentados en la alfombra, rodeados de hojas y crayones.

-¿Y este quién es? -preguntó Mariana, señalando un dibujo.

-Es un astronauta -respondió Lucas, con emoción-. Va al espacio a buscar planetas nuevos.

-¡Vaya! ¿Y cuál es su misión?

Lucas frunció el ceño, pensativo.

-Encontrar un planeta donde todos los niños puedan jugar todo el día sin hacer tareas.

Mariana soltó una carcajada y chocó la mano con la de Lucas. Andrés, apoyado en el marco de la puerta, sintió una extraña calidez en el pecho. No recordaba la última vez que su hijo había interactuado con alguien de esa manera.

Decidió volver a su escritorio, sacudiendo la sensación de su mente. Sin embargo, apenas se sentó, sonó su teléfono.

-Dime, Sergio -respondió, al reconocer el número de su asistente.

-Andrés, tenemos un problema con la fusión de empresas en Madrid. Necesitan tu aprobación para modificar un par de cláusulas del contrato.

Andrés suspiró y masajeó su sien.

-Lo revisaré en la noche. Envíame los documentos.

-También deberíamos agendar una reunión con los accionistas. La situación en el mercado está inestable y quieren garantías.

-Lo discutiremos mañana.

Colgó la llamada y apoyó la frente en su mano. Su empresa era su prioridad, y cualquier error podía costarle millones. Pero, por primera vez en mucho tiempo, su mente no estaba completamente enfocada en los negocios.

Decidió salir de su oficina para despejarse y, al llegar a la sala, vio a Mariana en la cocina sirviendo jugo para Lucas.

-¿Cómo va todo? -preguntó, apoyándose en el marco de la puerta.

-Muy bien -respondió ella con una sonrisa-. Lucas es un niño increíble.

El niño, que estaba bebiendo su jugo, se sonrojó un poco y se encogió de hombros. Andrés no pudo evitar sonreír de lado.

-Me alegra escucharlo.

Mariana notó que Andrés tenía el ceño levemente fruncido, como si algo lo preocupara.

-¿Mucho trabajo? -preguntó con tacto.

-Como siempre -respondió él, quitándole importancia.

Mariana lo observó por un momento y luego dijo con ligereza:

-Mi abuela siempre decía que el trabajo es importante, pero si te lo llevas a la cama todas las noches, terminarás casado con él.

Lucas soltó una risita y Andrés la miró sorprendido antes de negar con la cabeza, divertido.

-Suena como una mujer sabia.

-Lo era -respondió Mariana con una sonrisa melancólica-. Siempre me recordaba que la vida sigue, incluso cuando creemos que se ha detenido.

Andrés sintió un pequeño nudo en el estómago. Mariana no lo conocía lo suficiente para saberlo, pero esas palabras le llegaron más profundo de lo que debería.

Intentando cambiar de tema, miró a Lucas y dijo:

-¿Cómo va la misión del astronauta?

Lucas levantó su dibujo con orgullo.

-Ya tiene nombre. Se llama Max y su nave está lista para despegar.

-Entonces tendrás que contarme cómo le va cuando regrese del trabajo mañana.

Lucas asintió con una sonrisa, y Andrés se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, estaba dejando la oficina sin sentirse completamente culpable por irse.

Mientras tomaba su abrigo y se dirigía a la puerta, sintió la mirada de Mariana sobre él. No dijo nada, pero por alguna razón, sintió que ella lo entendía más de lo que dejaba ver.

Y eso, de alguna manera, lo inquietaba y lo reconfortaba al mismo tiempo.

Capítulo 3 3

El tráfico de la ciudad era un caos cuando Andrés regresó a casa. Había pasado todo el día en reuniones y llamadas interminables, y lo único que quería era una ducha caliente y un poco de silencio. Pero, al abrir la puerta de su apartamento, lo primero que percibió fue un delicioso aroma que provenía de la cocina.

Frunció el ceño. ¿Desde cuándo su casa olía a comida casera?

Dejó su maletín en el recibidor y avanzó con curiosidad. Al llegar a la cocina, se encontró con una escena que nunca habría imaginado en su hogar tan meticulosamente ordenado: Mariana estaba de espaldas a él, cocinando con una soltura natural, mientras Lucas estaba sentado en una silla alta, observándola con atención.

-Y ahora, el toque final... -dijo Mariana, espolvoreando un poco de queso sobre un plato de pasta humeante-. ¿Qué opinas, chef Lucas?

-¡Se ve delicioso! -exclamó el niño emocionado.

Andrés carraspeó, haciéndoles notar su presencia. Mariana se giró con una sonrisa, sin parecer sorprendida.

-Bienvenido, Andrés. Justo a tiempo para la cena.

Él arqueó una ceja y cruzó los brazos.

-No sabía que cocinar estaba dentro de tus responsabilidades.

-Técnicamente no lo está -admitió ella con un encogimiento de hombros-. Pero cuando vi lo que había en la nevera, me di cuenta de que Lucas no tenía muchas opciones saludables. Pensé que un plato casero no haría daño.

Andrés miró a su hijo, quien lo observaba con ojos brillantes, claramente esperando su reacción. Sus planes de encerrarse en su oficina y trabajar hasta la medianoche se tambalearon un poco.

-Espero que te guste la pasta -añadió Mariana, sirviendo otro plato y colocándolo en la mesa.

Andrés dudó. No estaba acostumbrado a este tipo de dinámica. Su cena usual consistía en algo rápido, muchas veces traído por su asistente, y rara vez comía con Lucas porque solía llegar tarde. Pero algo en la escena lo hizo sentir... en casa.

Sin decir nada más, se sentó en la mesa.

Lucas sonrió y Mariana pareció satisfecha mientras servía su propio plato.

-Entonces, dime, Lucas -dijo ella mientras tomaba su tenedor-, ¿cómo le fue a Max en su misión espacial hoy?

Los ojos de Lucas se iluminaron.

-¡Descubrió un planeta nuevo! Es de colores y todo el mundo allí come helado en el desayuno.

Andrés escuchaba la conversación con atención, sorprendiéndose a sí mismo al sonreír. Mariana tenía una habilidad especial para hacer que Lucas se abriera, algo que a él le costaba mucho.

Después de unos minutos, Andrés probó la pasta. Para su sorpresa, estaba deliciosa.

-Esto... está muy bueno -admitió con cautela.

-¿Eso es un cumplido? -bromeó Mariana, arqueando una ceja.

Él sonrió apenas.

-Es una confirmación objetiva de calidad.

Mariana rió y continuaron comiendo en una atmósfera relajada, algo que Andrés no recordaba haber experimentado en mucho tiempo.

Cuando terminaron, Mariana y Lucas comenzaron a recoger los platos mientras Andrés observaba en silencio. Se dio cuenta de lo diferente que se sentía su hogar con Mariana allí. No era solo que se ocupara de Lucas; era la calidez que traía, la facilidad con la que llenaba los espacios vacíos.

Cuando Lucas se fue a dormir, Andrés se quedó en la sala con Mariana.

-Te agradezco lo de la cena -dijo él finalmente-. No era necesario.

-Lo sé -respondió ella, mirándolo con una sonrisa-. Pero a veces lo necesario y lo importante no son lo mismo.

Andrés la observó por un momento, sintiendo que, por primera vez en años, alguien lo veía más allá de su título de CEO o su fachada de hombre inquebrantable.

-Descansa, Andrés -dijo Mariana antes de dirigirse a su habitación.

Él se quedó en la sala un rato más, mirando la mesa vacía, preguntándose por qué esa noche se sentía diferente.

Y por qué, después de tanto tiempo, no le molestaba.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022