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El Color de la Venganza

El Color de la Venganza

Autor: : AngellynaMerida
Género: Moderno
Paloma Borrero, a sus dieciocho años creyó haber encontrado el hombre de sus sueños, atento, caballero, educado, era el hombre con el cual había soñado toda su vida. El amor a veces no entiende de razones, ella lo dejó todo por él, y él se acercó a ella solo con un propósito... ¿Cuál fue el motivo que llevó a Iván Arellano a destrozar la vida de la persona que amaba? ¿Logrará Paloma, recomponer su corazón recogiendo los pedazos que se quebraron después de aquel engaño? ¿Existirán las segundas oportunidades? ¿Se podrá volver a creer y confiar en la misma persona? Si lo quieren descubrir los invito a leer esta historia, llena de dolor, lágrimas, mentiras, engaños, pero que al final nos dejará un gran mensaje. Obra registrada en SafeCreative Código de registro: 2003123287998 Registrada en el Instituto de Propiedad Intelectual de Ecuador. 2018. Derechos Reservados. Queda prohibido, copias, adaptaciones, transcripciones sin autorización de la escritora; las personas o grupos involucrados recibirán la respectiva sanción que la ley amerita.

Capítulo 1 Introducción

Cuatro años habían pasado en un abrir y cerrar de ojos para Paloma, quién aún estaba tratando de reconstruir su vida; todavía quedaban trozos fragmentados de aquel corazón que se rompió en miles de pedazos, cuando ella entregó su cuerpo y su alma a un hombre que la destruyó por completo.

Sus hijos fueron el motor que la impulsó a olvidar y superar su triste pasado; aunque las profundas heridas que aún tenía en su alma, no le permitían sanar por completo.

Desde el día que huyó de su verdugo, no había vuelto a saber de él. Paloma, era consciente que algún día tenía que enfrentarlo, ya que estaban de por medio sus dos niños, aquellos pequeños seres que fueron concebidos en un ambiente de engaños, mentiras, de una cruel y terrible venganza, que la llevó casi al borde de la locura.

Paloma, sonriendo como era su costumbre, llegó al hospital donde ahora laboraba de asistente de un prestigioso ginecólogo; en sus manos llevaba dos vasos de caffe latte, que le gustaba a ella y su jefe; saludó a sus compañeras y enseguida tomó el ascensor. Apenas el elevador se abrió, salió con la alegría reflejada a flor de piel. Suspiró profundo al mirar la puerta del consultorio del doctor Serrano, entonces caminó sin prisa hasta el counter. De pronto su respiración se acortó, y un escalofrío le recorrió la piel, el miedo la invadió por completo, la sonrisa se le borró del rostro, se paralizó al observar que frente a ella estaba el hombre que más daño le causó en la vida.

-¡Paloma! -exclamó él con la mirada iluminada, mientras se ponía de pie.

La joven parpadeó, y lo observó a los ojos, disimulando el temor que sentía; notó entonces que ya no era aquel apuesto caballero que conoció años atrás en una fiesta de la universidad, y que la cautivó apenas sus miradas se cruzaron. Iván, era mayor a ella con doce años, pero ahora parecía que el tiempo le había cobrado bien caro sus mentiras.

La mirada de Paloma, reflejaba frialdad: eso era lo único que ahora él, le inspiraba. De aquel amor que alguna vez sintió por ese hombre no quedaba nada, entonces la joven respiró profundo y haciendo un esfuerzo porque las piernas le temblaban caminó hacia su escritorio, dejó sobre la mesa los vasos de café y su bolso; inhaló y exhaló, tomando valor para enfrentar al tirano.

-¿Qué quieres Iván? -averiguó, sin dejar de verlo a los ojos.

-Vine a recuperarte -declaró él, con la voz enronquecida, entonces su entristecida mirada la recorrió de pies a cabeza.

Mientras él se veía demacrado, acabado, envejecido; ella estaba radiante, más bella de lo que la recordaba. Su hermoso cabello negro le caía en ondas por la espalda, sus preciosos ojos oscuros, lo observaban con desamor, y sus labios... Aquel hombre recordó el sabor de sus besos, el calor de su cuerpo, la sangre se le encendió, respiró profundo para disimular todas las emociones que su aún esposa despertaba en su ser.

-¿Te volviste loco? -cuestionó arrugando el ceño, su voz trataba de sonar natural, necesitaba mantener la calma para no provocar a aquella bestia que tenía a su frente.

-Loco me volví cuando me dejaste -gruñó con desespero-, te he buscado día y noche con un solo propósito... Pedirte perdón -suplicó con la voz entrecortada, caminando hacia el sitio en donde su esposa, permanecía de pie.

Paloma, se llevó las manos al pecho, lo observó arrugando la frente. Negó con la cabeza, resoplando: le parecía algo insólito, que después de todo el daño que le había causado se presentara como si nada a pedirle perdón. Con un gesto de su mano detuvo el paso de Iván, no iba a permitir que volviera a acercarse a ella.

-Este no es lugar adecuado para mantener esta conversación -espetó con seriedad-, mi jefe no tarda en salir, y no deseo problemas en mi trabajo, sin embargo, debes saber algo. -Lo miró a los ojos y prosiguió-. Tendría que estar loca para volver a caer en tus mentiras -afirmó, colocando sus manos en la cintura, irguiendo su barbilla con seguridad-. Gracias a tu engaño, aprendí a quererme y valorarme... No volverás a hacerme daño: Iván Arellano, ni tú, ni nadie...

Capítulo 2 Capitulo Uno

Quito-Pichincha, Ecuador

Cuatro años, seis meses antes

Iván Arellano, subía las escaleras de piedra de la entrada principal de su imponente casa. Felices recuerdos se le vinieron a su mente al revivir aquellos años de niño cuando con sus padres y hermano compartían en los amplios jardines de la mansión. Su corazón se envolvió de tristeza al recordar el accidente de tránsito que segó la vida de sus progenitores.

Iván, como el mayor, se hizo cargo de su hermanito pequeño, quién en la actualidad era un afamado pintor, muy reconocido en su país natal Ecuador.

El menor de los Arellano, se estaba abriendo paso a nivel internacional, en un mes presentaba una exposición en Alemania, era bastante hermético con su vida personal y profesional, por eso no permitía que nadie se adentrara en su estudio. Cuando plasmaba sus ideas en los lienzos se transformaba en otra persona, se transportaba a través de sus manos a dimensiones desconocidas, haciendo que en cada cuadro que él pintaba dejara grabada su esencia.

Iván percibió a lo lejos: «Lobo hombre en París by la Unión» sonrió al darse cuenta que la música provenía del ala izquierda de la mansión, en donde Alain, había instalado su estudio.

-«La luna llena sobre París, ha transformado en hombre a Dennis, rueda por los bares del boulevard, se ha alojado en un sucio hostal...» -cantaba y danzaba a todo pulmón Alain, mientras colocaba una capa transparente delgada de color sobre otra: una opaca, y por lo general clara. Su técnica y estilo único mezclaban veladuras, transparencias y, trabajos tonales; de esa manera sus retratos eran tan reales que con facilidad se confundían con fotografías. Gracias a esto era reconocido a nivel mundial.

De repente la música se detuvo y Alain, frenó su danza furioso: le molestaba en gran medida que alguien ingresara a su estudio sin previo aviso y, menos que lo interrumpieran cuando realizaba su trabajo.

-¡Maldita sea! -gruñó ceñudo, giró entonces, y toda la furia que emanaba de su mirada se transformó en alegría al ver a su hermano de pie, cerca del reproductor de música. -¡Iván! -exclamó con júbilo, lanzándose a abrazarlo. Los dos se estrecharon con fuerza, al mayor no le importó que Alain, le ensuciara con óleo su impecable ropa. -¿Por qué no me avisaste que regresabas a Quito? -reclamó el menor, con el semblante lleno de regocijo.

Iván estrechó en sus brazos a su hermano, sintiendo su pecho agitado de la emoción que lo embargaba.

-Quería darte una sorpresa -comentó, aclarándose la voz-. También deseaba conocer en qué gasta el tiempo mi hermanito menor -pronunció Iván, con una sonrisa en los labios, entonces el azul de su mirada se enfocó en los paisajes que colgaban sobre las blancas paredes del estudio. Caminó sin dejar de observar aquellas obras de arte, enarcó una ceja sintiendo su pecho hincharse de orgullo-. Eres un gran artista -aseveró con la voz entrecortada.

La mirada de Alain, se iluminó por completo, el verde de sus ojos brilló como dos esmeraldas radiantes. Las palabras de Iván, provocaron que su pecho se agitara, para él, su hermano era: su mayor inspiración, y el hecho de que valorara su trabajo significaba un gran logro.

-Gracias -expresó, al tiempo que sus labios perfilaban una amplia sonrisa-, tus palabras me emocionan.

-Tan solo digo la verdad -aseveró Iván; mientras recorría el bien equipado estudio de Alain, miró el estante en donde reposaban los materiales con los cuales su hermano menor daba vida a aquellos lienzos en blanco. Sonrió al ver el orden en el que estaban acomodados: los tubos de óleo reposaban en la primera fila, seguidos de los acrílicos. Más arriba asomaban las pinturas para acuarelas. En el siguiente estante aparecieron los frascos de pinceles, junto con los aceites de linaza, y las esencias de trementina. Entonces giró observando alrededor del estudio varios caballetes en los cuales descansaban diversos cuadros cubiertos con sábanas. De inmediato se aproximó a ellos y cuando sus largos dedos se disponían a develar una de las pinturas, el artista se acercó a grandes zancadas.

-Lo siento hermanito, nadie puede ver esos retratos son mis obras maestras, lo que me dará fama internacional -declaró con orgullo, tomando la mano de su hermano, evitando que los mirara-. Si los quieres apreciar, debes venir conmigo a Alemania.

-Por eso estoy aquí, no podía dejarte solo en esto, desde el día que nuestros padres murieron yo juré cuidarte, protegerte y apoyarte -afirmó Iván, con la firme convicción de estar siempre pendiente de su hermano menor.

Alain ladeó sus labios, desde que fallecieron sus progenitores: Iván se transformó en su papá, entre ellos había una gran conexión, mucha confianza, desde niños se llevaban bien y expresaban infinito amor uno por el otro.

-Vuelvo en unos minutos, no te atrevas a develar mis obras -advirtió Alain, señalando con el dedo índice a su hermano, entonces giró y se adentró al baño de su estudio con la finalidad lavarse las manos, y quitarse el overol que usaba para pintar sus obras.

Mientras tanto Iván, por un instante se vio tentado en develar los lienzos, pero por respeto no lo hizo, sin embargo, en varios cuadros que colgaban de las paredes observó la firma IvAl, enarcó una ceja, pensativo.

-¿IvAl? -preguntó a su hermano al momento que salió del baño.

-Es mi seudónimo -respondió sonriendo. -¿Quieres saber qué significa? -cuestionó, observándolo con brillo en su mirada.

-Claro -contestó, ansioso a espera de la respuesta de su hermano.

-Iv, por Iván, y Al por Alain, así inmortalizo nuestros nombres -afirmó inhalando profundo con el corazón lleno de alegría-. Claro que debes esperar a mi muerte para que mis obras suban de precio. -Carcajeó bromeando.

La mirada de Iván, se cubrió de nostalgia, hablar de muerte le causaba escalofrío y profunda tristeza.

-No pienses en esas cosas. -Colocó su mano derecha en el hombro de su hermano-. Más bien dime ¿cuándo me vas a presentar a esa misteriosa mujer de la que estás enamorado?

Alain esbozó una amplia sonrisa, su rostro jovial se iluminó, sus vivaces y azules ojos brillaron, pero no mencionó nada con respecto a esa misteriosa dama. Salió, junto con su hermano mayor del estudio, para dirigirse a la casa principal.

-Más bien deseo preguntarte ¿Cuándo vas a dejar la soltería? -cuestionó Alain, a su hermano mayor.

Iván carcajeó, ladeó su cabeza.

-Yo estoy bien así, me gusta la libertad -comentó-, además no he tenido la suerte de conocer a la indicada.

-Es que eres muy exigente con las mujeres -mencionó Alain, elevando su mirada al cielo.

Iván se limitó a sonreír ante las ocurrencias de su hermano.

Al ingresar al elegante salón, y recorrer por el piso de fino mármol italiano, la mirada de Iván, se clavó en una de las paredes, caminó sin dejar observar aquel retrato de sus padres que Alain, había plasmado en el lienzo. El corazón del hermano mayor, se estrujó en su pecho y algunas lágrimas brotaron de sus ojos.

-¿Tú los pintaste? -preguntó con la voz entrecortada.

-Sí -respondió Alain. -¿Qué te parece?

-Increíble, los plasmaste tan real, que es como si estuvieran aquí con nosotros...-afirmó, limpiando con el dorso de su mano aquellas lágrimas. -¡Estoy tan orgulloso de ti! -declaró Iván, abrazando a su hermano.

-Gracias -respondió Alain, con nostalgia en su mirada al también recordar a sus progenitores; luego observó su reloj y se dirigió a Iván-. Debo dejarte, este artista tiene una cita muy importante, con la 'mujer de su vida'-enfatizó la última frase.

Iván sonrió al escucharlo, anhelando que aquella dama en verdad amara a su hermano, juntos subieron a sus respectivas habitaciones.

A la mente de Iván, los recuerdos de su niñez golpearon su corazón al ingresar a su antigua alcoba, ahí en un fino estante de madera de roble, reposaban varios libros que su padre le regaló, y que su madre solía leer con él en las noches, inhaló profundo tratando de recomponerse, mientras su mirada se cristalizaba.

Luego de varios minutos, se asomó a la ventana y contempló a Alain, colocándose su chaqueta de cuero negro, su casco y sus guantes, saliendo en su Kawasaki, al encuentro con la mujer a la que afirmaba amar.

******

En lo alto del firmamento las estrellas alumbraban el cielo capitalino. Iván, sentado frente a la piscina, fumaba un cigarrillo sumido en sus recuerdos. Se sobresaltó cuando su celular sonó en su chaqueta, observó ceñudo aquel número sin embargo deslizó su dedo por la pantalla para responder.

-Iván Arellano -escuchó que lo nombraban con euforia-. Me encontré con tu hermano menor y me informa que estás aquí, en Ecuador -comentó aquella voz masculina al otro lado de la línea.

-¡Gustavo Saavedra! -exclamó Iván.

-Él mismo -afirmó el joven-, te llamo para darte la bienvenida, hermano. Ven a la plaza Foch.

-Estoy algo cansado -resopló Iván-, llegué hace unas horas.

-No me digas que los años ya empiezan a pesarte. -Carcajeó-, apenas cumpliremos tres décadas -bufó al otro lado de la línea Gustavo.

-No claro que no -afirmó Iván, riendo-. Está bien, cuando esté cerca te marco para saber en qué bar te encuentras.

-Perfecto -respondió Gustavo, colgando la llamada.

Iván apagó la colilla de cigarrillo, caminó con las manos en los bolsillos en dirección a la casa, aún no muy convencido de haber aceptado esa cita, sin embargo, no podía hacerle un desaire a su gran amigo.

*******

Las luces, música, y la alegría de la gente quiteña, concentrada a lo largo de la Mariscal, daban la bienvenida a Iván, quien hace años no conducía por aquellas calles y disfrutaba de una farra en la capital.

Bares, restaurantes, discotecas para todos los gustos, se concentraban a lo largo de la calle; jóvenes conversaban divertidos en las esquinas de cada intersección.

Iván tecleó el número de su amigo Gustavo, quien le indicó que siguiera su recorrido a un par de casas más adelante. Él se encontraba bebiendo cerveza con unos amigos de trabajo, sentados en una mesa en los exteriores de un exclusivo bar.

Iván prosiguió el camino, buscando estacionamiento, hasta que su mirada, se encontró con la de su gran amigo, quién levantó la mano en señal de saludo.

Más adelante aparcó el vehículo, y bajó de él caminando en dirección a su mejor amigo, captando la atención de las mujeres que se encontraban a su alrededor. No pudo evitar sonreír al escuchar los murmullos, una vez que llegó hasta donde lo esperaba Gustavo, ambos se estrecharon en un fuerte abrazo.

-Qué bueno tenerte de regreso en nuestro país.

-Gracias, espero quedarme un largo tiempo.

-Ven, acompáñame en la mesa con mis compañeros del bufete -sugirió Gustavo, procediendo a presentar a Iván, con ellos, entonces ambos tomaron asiento.

-Me informaron que hay una fiesta que organiza la Facultad de Medicina de la Universidad Central -comentó uno de ellos.

-¿Es privada?, o ¿Podemos acceder sin problema? -averiguó otro de los caballeros que disfrutaban de la bebida.

-Hay que comprar boletos, ustedes saben que esas fiestas se organizan para recaudar fondos -informó el más joven del grupo-, pero eso no es problema. -Sonrió bebiendo un sorbo de cerveza.

-No cuenten conmigo, no me gustan esas fiestas llenas de jovencitos inmaduros -comentó Iván, dando un sorbo a su vaso de whisky.

-Y de muchachas jóvenes y divinas... Cómo las que vienen por ahí -señaló Gustavo, refiriéndose a tres hermosas chicas que caminaban juntas.

Iván levantó su grisácea mirada, cruzándose con aquellos oscuros, y hermosos ojos de una de ellas; la chica se retiraba unos mechones de su cabellera negra, que se confundía con el ébano de la noche, y que le llegaba hasta la cintura.

Iván, con discreción recorrió con la mirada la delgada y esbelta figura de la jovencita quien lucía aquella noche unos jeans ajustados a sus curvas, acompañaba su atuendo una sencilla camiseta blanca, y una chamarra de piel café que hacían juego con sus botines. Él le dio un sorbo a su bebida apreciando aquel rostro angelical; ladeó una sonrisa impresionado con la belleza y simplicidad de ella.

La chica sintió sus mejillas enrojecer al sentir la penetrante mirada de aquel apuesto y elegante caballero. Desvió su vista a otro lado para que él no notara su nerviosismo; tomó del brazo a una de sus amigas caminando con prisa, alejándose del galanteo de los hombres que lo acompañaban.

Iván persiguió a la muchacha con la mirada, ella se estremeció al sentir ese vistazo penetrante recorrerla como fuego. Respiró profundo, tranquilizándose, era la primera vez que Paloma, a sus dieciocho años, estaba en un sitio tan concurrido. La joven se sentía muy emocionada era su reciente visita a una discoteca, no había tenido la oportunidad, debido a problemas familiares.

-¿Observaron a las muchachas que pasaron? -cuestionó Gustavo, dirigiendo su mirada color chocolate a su mejor amigo-. Bellísimas -comentó -, y están entrando a la fiesta de la U -orientó su rostro hacia el lugar.

-No creo que sea tan mala idea después de todo, ir a ese baile -señaló Iván, volviendo a darle un sorbo a su bebida, ladeando una sonrisa, recordando la tímida mirada de la joven de cabello oscuro.

****

Hola chicas aquí les dejo la primera parte del primer capítulo, espero disfruten esta historia. No olviden dejar sus comentarios y estrellitas.

Capítulo 3 Tú no estabas en mis planes

Los caballeros enseguida se pusieron de pie y pagaron la cuenta. No tuvieron que hacer fila para ingresar a la fiesta de la Universidad a causa de las influencias de uno de ellos, quien enseguida consiguió los boletos. Posterior a eso caminaron al interior de la discoteca decorada con globos blancos; mientras muchos jóvenes danzaban en la pista al ritmo de: «Don't Stop The Music by Rihanna».

Algunas jovencitas sonreían y coqueteaban con los apuestos caballeros que permanecían de pie junto a la barra de la discoteca y, observaban el baile de muchas de ellas, quienes con sensuales movimientos atraían la atención de varios chicos.

Entre tanto Iván, en medio de las luces parpadeantes buscaba con la mirada a la misteriosa muchacha. A lo lejos la divisó, sonrió al ver como sus amigas la halaban de los brazos para llevarla a la pista de baile, al parecer ella se negaba. Él se recargó sobre la barra prestando atención a la disputa de las jovencitas, observó entonces como ella se daba por vencida y era arrastrada al medio del salón.

Entre tanto los amigos de Iván, sin pérdida de tiempo se acercaron a las dos jóvenes que acompañaban a Paloma, para bailar con ellas, dejando a la morena sola en medio de la pista. Cuando ella se disponía a regresar a su lugar la sensual voz de un hombre la sorprendió:

-¿Bailamos? -inquirió observándola de cerca con aquellos ojos azules profundos, mientras mostraba su blanca dentadura debajo de sus labios gruesos en una amplia y seductora sonrisa.

Paloma se quedó sin aliento ante la presencia del atractivo hombre, sintió sus piernas temblar al recorrerlo con su mirada: empezó por el reluciente calzado de cuero café que lucía esa noche y que hacía juego con el pantalón de mezclilla negro, combinando a la perfección con aquella camiseta blanca de cuello en V, que resaltaban sus firmes pectorales, además que el blazer azul claro le daba un toque sofisticado, pero moderno a la vez; ella emitió un suspiro involuntario cuando observó el rostro de Iván, y su impoluta barba, su nariz respingada, además de esos ojos que la derretían y que le recordaban a los de alguien que ella no lograba distinguir.

-Bueno -balbuceó con timidez, después de esos minutos en silencio, sin poder resistirse a él, empezó a mover su cuerpo al ritmo de la melodía para no demostrar su nerviosismo.

Iván, no le quitaba la mirada de encima mientras bailaban; ella de vez en cuando levantaba sus ojos hacia él.

-¿Te puedo invitar un trago? -preguntó al momento que la canción se terminó.

-No ingiero licor, y no acostumbro a aceptar bebidas de desconocidos -pronunció la joven con timidez.

-Esas dos cosas las podemos solucionar -habló con voz seductora Iván-, te invito una bebida sin licor -sonrió.

La joven se sonrojó mientras percibía que su cuerpo se estremecía ante las miradas que él le brindaba. Aquellas sensaciones no las había sentido con nadie hasta entonces. Era algo inexplicable la atracción que aquel hombre ejercía sobre ella; quizás porque se demostraba como un caballero, elegante y educado, el prototipo con el que soñaba desde niña.

-Para dejar de ser un desconocido mi nombre es Iván Arellano -se presentó sonriendo-. Es un verdadero placer conocerte -pronunció al momento que tomó la mano de la joven y se la besó.

El rostro de la chica se tornó carmesí, una gran O se dibujó en sus labios y su cuerpo sufrió una fuerte conmoción al sentir una especie de corriente recorrer su piel, y calcinarla por dentro.

-Paloma Borrero -respondió con timidez, tratando de reponerse a los estragos que los labios de él, sobre su piel le causaron.

-"Paloma" -pronunció con su gutural voz. -¡Qué lindo nombre! -exclamó-, símbolo de paz y reconciliación.

La chica abrió sus hermosos ojos negros con sorpresa al darse cuenta de que él conocía el significado de su nombre.

-Sí, así es -sonrió con timidez ella.

Iván, no dejaba de mirarla, era algo que no podía evitar, las finas facciones del rostro de la joven, su tierna y aterciopelada piel lo tenían cautivado; es así que la llevó hasta la barra del bar, y solicitó al barman: una piña colada sin licor, y un whisky.

Esa noche conversaron, bailaron, se divirtieron; para Paloma: Iván, era como un imán que la atraía con fuerza.

Cerca de las dos de la mañana las muchachas se despidieron de sus nuevos amigos.

-Debo irme gracias por todo -dijo Paloma, observando a los ojos a Iván, con su mirada inocente.

-Tienes que darme tu número de teléfono, tenemos que volver a vernos - comentó él, sacando su IPhone, para anotar el contacto de la joven.

-Se me perdió mi celular hace días -expuso Paloma, mientras sus amigas la llevaban a la fuerza hasta la salida-. Búscame en la Universidad Central, primer año de medicina.

Iván parpadeó, guardando en su memoria lo último que comentó la joven.

Las muchachas salieron del lugar para subirse rápido al auto de Paúl, su compañero, quien las iba a llevar a sus respectivas casas.

-¡No lo puedo creer! -comentó Amelia. -¡Paloma Borrero, aquel hombre está guapísimo! -exclamó con emoción.

La joven suspiró al recordar a Iván, giró su rostro para mirar por las ventanas, mientras en su mente imaginaba toda una historia de amor con él; la chica era soñadora y romántica.

-Es muy atractivo, caballero, educado -suspiró la joven-, el hombre de mis sueños.

-Cuidado Paloma -advirtió Rosalía-. Caras vemos, corazones no sabemos.

-Dudo mucho que lo vuelva a ver -resopló resignada-, los hombres como él, no toman en serio a chicas como nosotras -expuso Paloma, con tristeza.

Mientras tanto: «Duérmete junto a mi by Tercer Mundo» acompañaba el regreso a casa de Iván; en la carretera el rostro de Paloma, no se le quitaba de la mente, ella se veía tan inocente, tan frágil, apenas era una niña, que estaba entrando en la etapa adulta, mientras él ya era un hombre hecho y derecho como se decía, a sus treinta años había logrado incrementar la cuantiosa fortuna que heredó de sus padres, también era consciente que gracias a eso las mujeres se le acercaban. Inhaló profundo pensando con preocupación en la misteriosa dama con la que su hermano salía.

******

Dos días después.

Paloma, con su mandil blanco y su mochila al hombro caminaba por los exteriores de la facultad de medicina, buscando a sus amigas, sin embargo, la presencia de un atractivo caballero la detuvo con sorpresa.

El corazón de Paloma, empezó a latir con fuerza, sus piernas temblaron, enrojeció al ver a Iván, impecable e imponente. Los ojos de la jovencita se clavaron en sus firmes pectorales y sus fuertes brazos, jadeó un suspiro al verlo enfundado en aquella camisa celeste claro y esos pantalones grises. La vista de ella se desvió a su atuendo: ese día llevaba un blusón cuello de pico y un chándal de cintura elástica de microfibra turquesa; esa mañana tuvo prácticas en el anfiteatro de la universidad.

Iván extendió a la joven un hermoso ramo de rosas rojas; ella abrió sus ojos negros con gran sorpresa, sonrió sin saber qué decir.

-Espero te gusten -comentó Iván, mientras retiraba varios mechones de cabello del rostro de Paloma, quién sintió su cuerpo temblar ante el contacto de las manos de él.

-Son hermosas -respondió con ilusión, mientras percibía el aroma de las flores, y su corazón martilleaba con fuerza.

-Vine a invitarte a comer.

Paloma lo miró con sorpresa.

-¿Tiene que ser hoy? -preguntó la joven con nerviosismo-, no estoy presentable -señaló su atuendo, mordiendo sus labios-. Buscaba a mis amigas para ir a almorzar.

-Puedo esperar, no tengo problema con eso -dijo él, muy feliz de verla.

-Pero yo no traigo ropa elegante -advirtió la joven.

-No te preocupes -sonrió él.

-Te encargo mis flores -solicitó Paloma, mientras se dirigía a los baños de la universidad a quitarse el traje que llevaba encima de su habitual atuendo; los nervios que sentía hacían que sus dedos se trabaran, y sus pies se enredaran.

«Es un desconocido Paloma, debes tener cuidado» se dijo en su mente la joven.

Salió del baño con unos jeans rasgados en tono celeste claro, una camiseta blanca, tenis del mismo color, se observó al espejo y, soltó su cabello mientras colocaba brillo labial en sus labios.

«Parece un buen hombre confía en él» se repetía Paloma.

Inhaló y exhaló varias veces mientras caminaba con lentitud hacía él, quién permanecía hablando por su móvil, de espaldas a ella.

-¡Estoy lista! -exclamó.

Iván dio vuelta para encontrarse con la limpia y pura mirada de la jovencita, quien era alta, hermosa, muy natural, distinta a las mujeres con las que él acostumbraba a salir.

-Vamos -respondió, esbozando una sonrisa.

Paloma se quedó impresionada al ver el hermoso Audi convertible gris de Iván, quien como todo un caballero le abrió la puerta del vehículo para que la joven subiera en él.

-Debes ponerte el cinturón de seguridad por favor -aconsejó una vez que los dos estaban dentro del auto.

Los dedos de Paloma, se enredaron, entonces él se acercó a ella; sus rostros quedaron muy cerca, Iván inclinó su mirada a los carnosos y sensuales labios de la joven, notando su pulso acelerarse, y más cuando la chica, en un gesto inocente se los mojó.

Iván, sintió su sangre correr con fuerza por sus venas, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no besarla, pero consideró que no era el momento aún.

Mientras el corazón de Paloma, palpitaba con fuerza, ella también deseaba probar los labios de él.

Iván se alejó de la joven, enseguida encendió su vehículo y colocó música: «Basta con que estés by Ricardo Perotti»

-«Basta con que estés...Basta con que estés, en el sencillo paso de los días, en la razón de la melancolía, de esta tarde, en la que basta con que estés...» -empezó a cantar Iván, mientras Paloma suspiraba al escucharlo.

-Lo siento, no soy experto - se disculpó sonriendo también-. Mi pasión es el piano -comentó, girando su rostro para contemplarla.

-Cantas muy bien -afirmó Paloma, mientras el viento le acariciaba la cara, y disfrutaba de la melodía, del recorrido y de la presencia de él.

Luego de varios minutos, llegaron otra vez al sector de la Mariscal. Iván deseó llevar a Paloma a un lugar exclusivo, sin embargo, no deseaba incomodarla, así que prefirió un sitio menos elegante, pero a la vez confortable e íntimo. Tenía mucho interés en conocer a la muchacha, por lo que estacionó su vehículo al frente de un restaurante.

-Espero te guste la pizza ¿O eres de las que hacen dieta?

Paloma soltó una carcajada de lo más sincera, mientras Iván la observaba hechizado, ella era tan natural, tan alegre, sin poses.

-Yo ingiero de todo, menos esas comidas gourmet que ustedes los millonarios acostumbran, uno se queda con hambre -comentó ruborizada.

En ese momento Iván soltó una carcajada ante el comentario de Paloma.

-Tienes razón -respondió, ladeando una sonrisa.

Bajó del auto, rodeando su vehículo para ayudar a la joven a salir, entonces extendió su mano hacia Paloma, al momento que sus dedos rozaron, ambos sintieron sus corazones latir con fuerza.

Para Iván, todo eso era nuevo, no entendía como una jovencita que apenas conocía provocaba en él tantas emociones juntas.

Para Paloma, de igual manera, todo lo que él le inspiraba era nuevo, desconocido, le daba miedo, pero a la vez sentía curiosidad.

Minutos después ingresaron al restaurante. Los ojos de Paloma, se abrieron con sorpresa al observar la elegante y rústica decoración. Su mirada se clavó en las grandes paredes de ladrillo visto que se elevaban hasta el techo cuyas vigas de madera cruzaban de manera triangular de extremo a extremo, colgando de ellas hermosas lámparas en forma de lágrimas. Suspiró maravillada por esa arquitectura colonial, que tanto caracterizaba a la capital.

Iván la condujo a una mesa cubierta con un mantel vino de fondo y uno blanco encima, y sobre esta reposaba la fina vajilla.

«Dust in the wind by Kansas» envolvía el ambiente; entonces un mesero se acercó a la pareja.

Iván dejó que Paloma escogiera la pizza, y él sugirió el vino, además de solicitar alitas en salsa BBQ, con patatas fritas, que tanto le gustaban.

Mientras esperaban ellos conversaban de varios temas, así se iban conociendo. Paloma, le comentaba de sus sueños, de convertirse en una gran pediatra y de cómo había estudiado sin descanso para rendir el examen de ingreso a la universidad.

Iván habló de su familia, de sus padres, de su hermano menor, no entró en detalles sobre la vida privada de Alain, pues al joven pintor no le gustaba que hablaran de él; lo entendía, era un artista y cuidaba su imagen.

******

Horas después.

El hombre soltó los dedos de su pareja, mientras ella se acomodaba su sombrero y tomaba asiento en uno de los sillones del lobby del hotel, esperando a que su amante regresara con la tarjeta de la habitación.

Alain, con su particular galanteo se acercó a la recepcionista.

-Hice una reserva en la suite presidencial.

-¿A nombre de quién? -averiguó la chica.

-Paloma Borrero -respondió, presionando sus labios.

La muchacha observó en el computador, asintió, entonces le entregó a Alain, la tarjeta, él sonrió agradeciendo y enseguida caminó de vuelta al lobby.

Su novia se puso de pie y de inmediato subieron a la cabina del ascensor, sin pérdida de tiempo sus labios se unieron en besos desenfrenados, así como las caricias no se hicieron esperar, enseguida ingresaron a la suite, despojándose con premura de la ropa.

-No tenemos mucho tiempo -susurró la joven.

-Lo sé -respondió Alain, acercándose a ella, para tomarla en sus brazos y llevarla hacia la cama.

Una vez que depositó a su novia sobre el lecho, la contempló embelesado por su particular belleza, enseguida la cubrió con su cuerpo, a medida que sus labios recorrían la figura de ella.

Minutos después los gemidos y jadeos de aquella pareja, retumbaban en las paredes de esa cómoda y amplia habitación de aquel lujoso hotel; sus cuerpos bañados en sudor daban rienda suelta a toda la pasión que sentían uno por el otro.

Alain, sostenía de las caderas a su novia, mientras ella cabalgaba sobre él, agitando su negro cabello, gritando el nombre del artista enloquecida de placer.

-Te amo -jadeó Alain.

-Y yo a ti -aseguró ella.

Entonces prosiguieron con la rítmica danza de sus caderas, alcanzando juntos la tan ansiada liberación.

La mujer dejó caer su cuerpo sobre el pecho de Alain, él le acarició la espalda.

-Cásate conmigo -propuso él.

Ella levantó su mirada llena de brillo.

-¿Lo dices en serio? -cuestionó.

-Sé que no es la manera adecuada, pero te aseguro que tendrás tu anillo de compromiso y una propuesta formal -respondió, entonces tomó de la barbilla a su novia-. Pero no has contestado mi pregunta: ¿Te casas conmigo?

-Sí, claro que sí -confirmó ella, se abrazó a él, con emoción.

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Hola chicas, aquí un nuevo capítulo. No olviden dejar comentarios y estrellitas.

Saludos desde Ecuador.

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