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El Demonio de la Lujuria

El Demonio de la Lujuria

Autor: : Daniela P. D.
Género: Romance
Camille siempre ha vivido bajo los rigurosos conceptos de la sociedad. Y a sus recién cumplidos veintiséis años de edad su única preocupación es seguir siendo la esposa modelo, papel que ha desempeñado por mucho tiempo. Su reputación y su vida se han mantenido sobre lo intachable, dedicándose en cuerpo y alma a aquel hombre que tanto amaba y había prometido su vida hasta que el final llegara. Pero algo estaba cambiando en ella, se sentía insegura de su aspecto; insatisfecha de sus escasos encuentros íntimos con su esposo, no se sentía deseada pero sobre todo estaba necesitada. Necesitada de atención, de verdadera satisfacción y fue un día, cuando todo esto se vio acumulado, que pronunció aquellas palabras. Camille no estaba esperando ser escuchada, ni siquiera tenía planeado explotar como lo había hecho. Pero, para su buena o mala fortuna, fue esa la ocasión en que sus palabras llegaron a algo más que el viento. «Ten cuidado cuando llamas al demonio, él podría estar escuchando>> Esto traería consecuencias en su vida y en sus hábitos, pero sobre todo en lo que según ella era correcto o no. ¿Sería capaz de traicionar al hombre al que prometió fidelidad ante Dios? ¿Podría acaso el mal y la libido ocultarse tras esa encantadora sonrisa? Y lo más importante, ¿qué tan tentadores llegarían a ser los placeres de la carne? Estaba perdida, hipnotizada y rendida ante la mirada de ese ser. Porque ese demonio tenía la sonrisa de un ángel.

Capítulo 1 1

Le doy un sorbo al café, y siento el líquido caliente bajar por mi garganta dejando un ligero sabor amargo en mi paladar. Normalmente no bebo más que té, pero hoy estoy de visita y sería muy descortés el haberme negado a beber una taza de café con mi amiga de la adolescencia.

Ella me sonríe con júbilo y deposito con suavidad la taza sobre la mesita que está frente a nosotras para continuar con nuestra conversación. A pesar de los años, Hanna seguía teniendo el mismo aspecto que en la niñez. Todavía poseía esa sonrisa característica de una niña y ese aire jovial a su alrededor; tanto que estar cerca de ella te brindaba una paz sin igual.

-Así que te casaste hace dos años-dije,y ella asintió con armonía.

-Así es, conocí a Ed en la exposición de arte de su hermano. Comenzamos a salir y después de un año y medio nos comprometimos y posteriormente casamos. Ya hacen dos años.

-Vaya, que bien-me alegro mucho por ella.

-¿Sabes? Cuando estábamos en secundaria siempre creí que serías la última en casarse. Tenías una forma de ser tan extrovertida, alegre y alocada que pensaba que nunca encajarías con todas esas formalidades. Tenías el estereotipo de mujer moderna e independiente.

-Yo tampoco creí que terminaría en esto. La verdad es que fui la primera de nosotras en casarse. Supongo que los años y las responsabilidades me hancambiado mucho -me encogí de hombros-. Ya ves que no soy tan independiente y, sinceramente, me gusta mi vida como es.

-Me alegro mucho -le dio un sorbo al café-. ¿Qué ha sido de tus padres? Tengo mucha añoranza de los pasteles de manzana de la señora Ailyn.

-Mis padres se encuentran bien, rebosantes de felicidad y salud -suspiré.

-Y sobre todo orgullosos de la mujer en la que te has convertido, ¿cierto?

-Pues sí. A pesar de todo, ellos siempre han comprendido mi personalidad, incluso cuando eraalocada. -Ambas reímos.

-Y, bueno, ¿tienes planes futuros? Como ser madre, por ejemplo -inquiere con suma curiosidad.

Por un momento, desvío la mirada hacia el gran ventanal que posee el salón. Sus vistas son espléndidas y hacen que pierda la noción de nuestra conversación. Sin embargo, parpadeo y vuelvo a observarla con ojo crítico.

-¿Ser madre? -Lo medité y me di cuenta de que ese tema nunca había sido el de conversación entreWilliam y yo-. La verdad es que tenemos otros planes en mente ahora mismo y aún no nos hemos planteado

el ser padres.

-Ya veo. -Asintió.

-Hanna, ha sido increíble verte, pero ahora mismo es hora de que regrese a casa -me puse de pie y ella imitó mi acción-. Espero vernos pronto denuevo.

-Seré yo quien te haga lavisita -me dio un cariñoso abrazo.

-Estaré esperándote.

Salí de aquella casa revestida de madera y me subí al coche poniendo camino a casa. No me habíadado cuenta en compañía de mi amiga de lo rápido que había pasado el tiempo. Hace apenas unos años era

una joven taciturna y alocada con aires de independencia que daba dolores de cabeza a sus padres. ¿Y ahora? ¿Quién era ahora?

Asumía que William ya habría llegado, o estaba a punto de hacerlo. Estacioné el coche y observé desde la ventanilla nuestra casa; porque no podía decir que es mía. Dejé que un suspiro abandonara mis labios antes de abrir la puerta y cerrarla con ímpetu. Me adentré por la puerta principal de madera oscura y a la sala, al llegar encontré una corbata negra sobre el sofá.

La recogí y me dirigí hacia nuestra habitación.

-Ya has llegado -dije al verlo de piemientras se quitaba su traje azul marino.

-Oh, hola cariño. -Se acercó y me depositó un suave beso en los labios.

-Te he dicho un sinfín de veces que no dejes la ropa esparcida por la casa -me quejé, y sonrió encogiéndose de hombros.

-Lo siento. Por cierto, ¿dónde estabas? -inquirió.

-Estaba visitando a Hanna, una amiga de la niñez. No nos veíamos desde hace casi seis años.

-Otra de las ovejas descarriadas -dijo poniendo los ojos en blanco.

-Oye, no hables así de mis amigas -resoplé cruzándome de brazos.

-Lo siento, pero está de más sabido que la mayoría de ellas tuvieron un historial no muy bueno. Por ejemplo, la que vino a verte hace un mes, la tal... -Se quedó pensativo.

-¿Vickie?

-Sí, esa. Ni siquiera se ha casado y, por lo que escuché, es toda una p... -Dejó ahí la frase y cerré mis manos en puños. Su actitud me molesta, aún más lo hacen sus palabras. ¿Quién se ha creído para decir semejante burrada?

-¿Con qué derecho hablas así de ella? Estamos en el siglo XXI, las mujeres no tenemos que casarnos porque así lo determine la sociedad. Eso quedó en el

siglo pasado. Además, no le faltes el respeto -exigí con la mirada seria.

-No te molestes, es solo que yo tuve suerte y me tocó la mejor esposa del mundo. -Acarició mi rostro, pero me quedé esperado su beso ya que se sentó en la cama-. ¿Me ayudas a quitarme la camisa?

-Claro. -Fingí una sonrisa.

Lo ayudé y, cuando dejé la camisa bien puesta en la percha, me fui a hacer la cena. Dejé la mesa preparada antes de ir a darme una ducha rápida. Pero, cuando volví lista para cenar con William, me sorprendió ver que él ya había acabado de cenar.

-¿Por qué no me has esperado? -lepregunté.

-¿Debía esperarte?

Me quedé atónita ante su respuesta.

-Se supone que cenamos juntos.

-Lo siento, cariño, estoy muy ocupado - dijo-. Quería cenar rápido para poder seguir revisando unos documentos.

-Está bien -suspiré con desgana-. Ve a trabajar, yo recogeré los platos.

Había perdido hasta el apetito, así que recogí la mesa y me dirigí a lavar los platos. Sentí un extraño vacío en mi estómago que no tenía nada que ver con el hambre. Era una sensación de inconformidad y tristeza que últimamente me acompañaba casi a diario.Pero como acostumbro trago el nudo de mi garganta y aparté en un rincón de mi mente, y de mi corazón, esa sensación.

Terminé las tareas y regresé a la habitación. Me lo encontré sentado en el escritorio, tiene la vista fija en un montón de documentos que se esparcían en la superficie de madera.

-¿Tardarás mucho más? -hablé a sus espaldas mientras masajeaba sus hombros.

-Aún me falta un poco -dijo, sin mirarme.

-¿Sabes? -Me senté en una esquina del escritorio haciendo que fijara en mí su atención-. Hace mucho que no hacemos el amor. -Mordí mi labioinferior.

-¿Y? -¿Y? ¿A qué se refería con eso?

-¿Y? -dije exaltada-. ¿Cómo qué y? Me tienes desatendida, Will. ¿Hasta cuándo será esto?

-Eso quiero preguntar yo -Se volteó a verme molesto-. ¿Qué está pasando contigo? ¿Acaso visitar a tus amigas te está volviendo como ellas? Últimamente estás diferente, todo temolesta e, incluso, estás siendo muy rebelde.

-Solo estoy diciendo lo que siento. Nadie necesita influenciarme para que exprese lo que pienso.

-Veo que esa etapa tuya de niña malcriada está volviendo, justo igual que cuando te conocí. A diferencia de ti, no nací en cuna de oro. Te niegas aaceptar un solo centavo de toda tu fortuna familiar porque según tú nuestro matrimonio debe salir adelante por nuestros propios esfuerzos. -Se revolvió el cabello exasperado-. Así que tengo que matarme trabajando en esa maldita empresa para poder dartetodos tus gustos.

-¡No me culpes! -grité, y me puse de pie-. Nunca te he exigido nada. Ni lujos, joyas, zapatos o algo más de lo que podamos tener. Solo te necesito a ti, pero me estás alejando y culpando sin razón alguna.

-Por favor, Camille, no tengo ganas de seguir esta discusión. -Se levantó de forma brusca-. Iré a dormir a la habitación de huéspedes, mientras piensas tu comportamiento.

-No tengo nada que pensar, no soy una niña pequeña -apuntillé.

-Tú no eres la mujer con la que me casé -dice molesto-. Realmente no quiero volver a decepcionarme contigo.

Sin dejarme decir nada más, William salió de la habitación dando un fuerte portazo y dejándome allí sumida en mis pensamientos. Por uno momento me debatí entre cuál de los dos tenía la razón. Puede que últimamente estuviera siendo algo insistente en muestras de afecto por su parte. Pero no era mi culpa. Cada vez lo sentía más distante y me hacía creer que nuestro matrimonio podría acabar en cualquier momento. Pero, por otra parte, entendía que estaba muy ocupado. Bien sabía que el trabajo dominaba gran parte de su tiempo y, al final, siempre tenía que traer parte de él a casa para continuarlo. Pero esto no era mi culpa, yo no estaba cambiando, sino él. Sin embargo, a pesar de saber que no tenía la culpa, aquí me encontraba; meditando el cambiar mi actual actitud y volver a ser la mujer a la que él ama y de la que se siente orgulloso. No quería perderlo y para ello estaba dispuesta a ser de nuevo la esposa ejemplar. Al fin y al cabo, es la única función que ejerzo en esta relación.

Capítulo 2 2

Desperté temprano, como era de costumbre, para preparar el desayuno de Will antes de que se marchara al trabajo. Pasé por mi rutina mañanera y me dirigí a la cocina. Lo dejé todo listo y, de nuevo, me encerré en la habitación. No me apetecía para nada encontrarme cara a cara con él; no después de la discusión de anoche. Pensé que se marcharía, pero sentí unos suaves golpes en la puerta de la habitación. Abrí para encontrarlo ya listo para irse al trabajo. Me hice a un lado para que pudiera pasar y permanecí en silencio.

-No quería marcharme sin despedirme -Se acercó y acarició mi cabello-. Sabes que no me gusta que discutamos.

-A mí tampoco, pero al parecer no logramos estar de acuerdo -contesté viéndolo a los ojos.

-Yo solo quiero que sigamos como antes. -Apoyó su frente en la mía. Y esa pequeña muestra de afecto fue suficiente para lograr derretir mi corazón-. ¿No cambiarás, cierto? ¿Seguirás siendo mi dulce

Camille?

-No cambiaré -susurré sumida en el amor que siento por él que, a pesar de todo este tiempo, se mantiene vigente y latente-. Siempre seré la mujer que amas.

-Así me gusta. -Acarició mi cabello y tomó mi rostro entre sus manos para darme un lento beso.

Quería permanecer así por más tiempo, pero él se alejó y me dio un beso en la frente para despedirse y marcharse a trabajar. Entonces me quedé con unaretorcida sensación de inconformidad. Inconforme conmigo misma porque no sabía que mi necesidad de

afecto llegase a ese punto de volverme tan dócil. Me comporté como una pequeña mascota, sin darme ellugar que realmente merezco. Sin embargo, prefiero mil veces esto que estar separada de él; he creado unadependencia que me asusta.

Me dejé caer en el asiento de la sala. Estaba sin nada que hacer, no tenía labores y ni siquiera trabajaba, pues según Will el esfuerzo que él hacía erasuficiente para mantener la familia. Medité por un rato hasta que me decidí a llamar a una de mis amigas.Justamente a Vickie que, a pesar de todo, ella era muy carismática y pasar tiempo a su lado me resultaba divertido. Tomé mi teléfono y la llamé. No tardó mucho en contestar y menos para darme una respuesta afirmativa. La idea de reunirnos hoy le entusiasmó

mucho.

Me quedé por un tiempo indefinido escudriñando cada rincón del salón. ¿Cómo había llegado a este punto? ¿Cómo había cambiado mi vida tanto? Yo no era así. La Camille de hacía unos seis o siete años no hubiera sentido dependencia de nadie. ¿Por qué ahora sí? ¿Por qué?

Observé de nuevo el salón, y dejé que la mirada callera sobre las agujas del reloj suizo que colgaba de la pared, ese reloj que tanto le gustaba a Will pero que yo

detestaba porque no creaba armonía con la estética de la casa.

Y quizá pasaron varios minutos u horas hasta que escuché que llamaban a la puerta. Me levanté del sillón y la abrí. Vickie me recibió con un cariñoso

abrazo.

-Hola Cam. -Sonrió.

-Hola Vickie, pasa -me hice a un lado para que entrar.

Preparé un té acompañado de una rebanada de pastel y tomamos asiento en la sala donde comenzamos a conversar y a reír por sus ocurrencias. Todo hasta que cayó el tema de William y mi semblante cambió de forma drástica.

-¿Qué pasa? -me miró borrando su sonrisa-. ¿Ha sucedido algo entre vosotros?

-Solo unos desacuerdos -me encogí de hombros restándole importancia.

-No lo parece. -Arrugó la frente-. En todo caso, recuerda que siempre estaré para ayudarte. Desde el instituto hemos sido las que mejor nos llevábamos. Tal vez era porque nuestras personalidades en aquel entonces eran muy parecidas.

En aquel entonces...

Mi mente vagó por los recuerdos de aquel tiempo en el que no sentía que vivía en una jaula.

-Pues sí, pero ahora he cambiado y me he vuelto muy aburrida.

-Que va, te has vuelto más madura. Yo soy la que no crece. -Rio-. De todos modos sigo queriéndote tanto como antes. Así que no dudes en consultarme tus problemas.

-La verdad es que hemos discutido. Pero se supone hoy en la mañana lo hemos arreglado -me

mordí el labio inferior porque ni yo misma sabía bien lo que había pasado.

-¿Supuestamente? -Hizo un

gesto de desentendimiento.

-Pues sí, lo único que hice fue mover la cola como un cachorro y decir sí señor -me quejé, y ella estalló en una sonora carcajada.

-Si lo dices de ese modo parece un chiste -contraje los labios-. Aunque viéndote parece que no es así.

-Ya ves -murmuré.

-Tengo una idea -movió las cejas a lo Gaucho Marx, y supe que me vería envuelta en otra de sus locuras.

-Ay, por Dios, ¿qué te traes entre manos mujer? -inquirí con una extrema sensación de efusividad recorriendo cada fibra de mi cuerpo.

-No es nada malo, pero resulta que hay una mujer en la ciudad. La llaman bruja, tiene toda clase de talismanes y esas cosas raras.

-No iré a pedirle a ninguna bruja un amarre para mi esposo -advertí con cierta burla.

-No es eso, solo que podemos ir allí y, a lo mejor, ella ve algo en tu futuro o te ayuda a saber el por qué la relación entre vosotros está tan mal. Quizás te

ayuden sus consejos.

-No lo sé -me quedé pensativa.

-¿Qué puedes perder? -insistió-. Además, será solo un ratito. Si algo nos parece turbio, nos vamos y listo.

¿Ir yo a una bruja? Quizá puede sonar

irracional, pero ¿y si es la única forma que tenía de arreglar mi matrimonio? A estas alturas me agarraba a un clavo ardiendo por muy ridícula que me pareciera la idea. Y por muy loca que sonaba la idea de Vickie asentí.

-Está bien.

Fuimos en mi coche a la dirección donde se localizaba la casa de dicha mujer. No fue necesario buscar mucho porque un letrero muy extravagante justo en la entrada de la casa nos indicó que estábamos en el sitio correcto. Estuve indecisa en entrar, pero Vickie no me dio mucho tiempo para arrepentirme porque me tomó de la mano y me llevó hacia la puerta.

Luego de llamar un par de veces nos abrió una mujer. Era una señora algo mayor, y su figura estaba ligeramente encorvada. Sus labios tenían el mismotono rojo fuerte que el vestido que llevaba. La bruja estaba adornada por collares y brazaletes de vistososcolores, y desprendía un extraño aroma a hierbas y medicina. Luego de saludarnos, nos dejó ingresar allugar. No sabía si era simplemente por sus creencias, pero la casa estaba iluminada por numerosas velas quele otorgaban al interior un tono y ambiente cálido. Pero, al igual que ella, tenía impregnada la casa ese

aroma tan extraño que hasta cierto punto podía llegar a ser algo molesto.

-Antes de nada -dijo volteándose a vernos de pronto, logrando que diéramos un pequeño brinco desorpresa-, al entrar a mi lugar santo, debéis dejar atrás todos los rencores, pensamientos e incluso palabras. Todo lo que exprese mal u odio.

-¿Y eso por qué? -preguntó mi amiga con curiosidad.

-Ese lugar es donde mantengo mi conexión con el más allá, con espíritus tanto benignos como malignos -explicó con seriedad-. Cualquier maldad o rencor que arrastren consigo, puede ser percibida por los malos espíritus y traer consigo consecuencias.

-Sí, como no -susurré para mí misma, poniendo los ojos en blanco cuando nos dio la espalda. A mí todo aquello me parecía una gran estafa. ¿Cómo podía haberme Vickie convencido de estar aquí? Hoy en día lo que más había eran farsantes haciéndose pasar por adivinos, brujos y todo ese tipo de cosas enlazadas a lo sobrenatural. La razón era simple, no había un negocio tan fructífero ni una estafa mássimple que esa. La gente siempre buscaba respuestas y consuelos en el más allá en vez de tratar de resolverlos por sí mismos.

Llegamos a una pequeña habitación en el segundo piso de la casa. El lugar estaba iluminado también por la luz de las velas, y un aroma a incienso muy dulce llenaba el lugar. Había una mesa redonda de mediano tamaño con algunas cartas del tarot y otras

cosas que no supe identificar. La mujer se sentó y nos hizo una señal para que tomáramos asiento frente a ella. Eso hicimos y, entonces, mi amiga habla primero.

-Señora, estamos aquí porque mi amiga -me miró- tiene problemas en su matrimonio. Y le gustaría saber qué puede hacer para solucionarlo o cuál es el motivo de todo lo que le sucede.

-Dame tu mano -dijo la mujer mirándome.

Con cierta incomodidad se la extendí y la tomó fijándose en ella.

-¿Es todo esto necesario? -pregunté después de unos segundos en los que ella delineaba las finas líneas que adornan la palma de mi mano.

-Veo conflictos interiores -dijo la mujer ganándose mi atención-. Los problemas amorosos se avecinan, los veo llegar.

-Los problemas amorosos ya están -dije poniendo los ojos en blanco.

-No, aún no sabes lo que realmente te espera. Habrá dos hombres, cada uno luchando por ti, pero ninguno querrá tu amor.-La miré extrañada-. Unoquerrá tu dinero y el otro querrá tu cuerpo.

-Uy, que interesante -chilló Vickie con euforia y la fulminé con la mirada.

-Ambos serán peligrosos para ti, pero ten especial cuidado con el que lleva un manto negro. Este no se saciará fácilmente y cada vez querrá más de ti hasta que te consuma.

Capítulo 3 3

-Vale, ya basta. -Solté mi mano de su agarre y me puse en pie-. Lo que dice no tiene el menor sentido, solo es una maldita estafa -dije molesta.

-Joven. -La mujer se puso de pie-. No cobro por lo que hago, no tengo la más mínima intención de estafarte ni a ti ni a nadie. Está en tu interior creer o no en mis palabras. Créeme que he visto a mucha gente como tú, incrédula y atea. Pero cuando lo que preveo suceda, recordarás este día y mis palabras.

-Mire, señora -hablé tratando de calmarme -, sin la más mínima intención de ofenderla, pero este

tipo de cosas no me parecen muy reales. E, incluso, la existencia de personas como usted, supuestamente

atadas a lo sobrenatural, es muy difícil creer cuando no se ha confirmado.

-No diré nada más, ahora le pido que se marche. Y, por favor, le pedí que no liberara sus rencores en este lugar.

-¿O qué? -Reí incrédula-. ¿Invocaré el mal? ¿Aparecerá un demonio? -resoplé-. Patrañas sin

sentido.

-Ya basta, amiga. -Vickie colocó una mano en mi hombro.

-Es que no lo entiendes, ¿realmente crees en algo de esto? -La analicé con ojo crítico.

-No sabría decirte -se encogió de hombros.

-Solo las personas que carezcan

de inteligencia caerían en una estafa de tan bajo nivel.

-Jovencita, estás perturbando la armonía de este lugar -advirtió la mujer mortalmente seria-. Si

sigues así desatarás sobre ti cosas con las que no podrás lidiar.

-Cosas con las que no podré lidiar -contraje los labios ofendida-. Créame, señora, que puedo lidiar

con muchas cosas. Incluso con un demonio si ese fuera el caso.

-¡Calla! -exigió molesta-. No oses decir esas palabras así, nunca sabes cuando el mal puede estar escuchando.

-Pues sería genial si me escuchara. -Alcé la voz-. Que venga si quiere, a lo mejor así logro encontrar algo interesante en mi vida. Que aparezca entonces un maldito demonio, lo quiero, lo estoy esperando.

-¡Basta, Camille! -Vickie me tomó por el brazo-. Lo sentimos mucho, señora -se disculpó avergonzada.

Tirando con fuerza de mi brazo me llevó hasta la salida y subimos al coche. Molesta, me puse de camino hacia casa.

-¿Qué te ha pasado allí? -preguntó Vickie observándome desde el asiento del copiloto-. Tú no eres así.

-Es que me molesta ver la manera en que las personas como ella se aprovechan de la gente.

-Ni siquiera te pidió dinero -suspiró-. Creo que en realidad, estabas desquitándote con ella la

rabia por tus problemas.

-Es que no sé. -Mordí mi labio inferior frustrada-. Sé que me porté como una troglodita maleducada, pero lo que me dijo me perturbó.

Entiendo que no debo creerle, pero hizo referencia a dos hombres, y uno de ellos podría ser William.

-¿Y? -Enarcó una ceja.

-Según ella, ninguno quería mi amor.

-Cierto, uno tu dinero y el otro tu cuerpo. Que sensual.

-No le encuentro la sensualidad a nada -le dediqué una rápida mirada para luego seguir con la vista fija en la carretera-. El caso es que significaría que William nunca me ha querido, sea cual sea de los dos.

-Eso es imposible -le restó importancia haciendo un gesto con la mano-. William está loco por

ti, desde que comenzaron hace ocho años. Incluso terminó por pedirte matrimonio. Si no te hubiese

querido no se hubiese casado contigo siendo ambos tan jóvenes.

-Lo sé, pero esa señora plantó en mi cabeza la duda.

-Vamos, Cam, tú misma has dicho que es todo una gran mentira; solo patrañas. ¿No me digas que

creerás ahora en eso?

-No, claro que no. -Negué.

Vickie tenía razón, no creía en esas tonterías. Y no debo dejarme atormentar por esas falsas palabras.

Lo que nos pasaba a nosotros era normal en todas las personas casadas, solo son crisis matrimoniales.

Saldríamos de ella juntos. Al fin y al cabo, llevamos varios años casados y siempre hemos sido felices, no

hay motivo para que eso cambie ahora.

-¿Segura?

Pisé el freno haciendo que amabas nos balanceáramos con fuerza hacia delante.

-¡Cam! -Mi amiga chilló sorprendida y asustada-. ¿Qué te pasa? ¿Quieres matarnos?

-¿Has oído eso? -pregunté asustada.

-¿Oír qué? -Frunció el ceño.

-Esa voz grave, lo que dijo. ¿No lo has oído?

-No he escuchado nada -me miró como si estuviera loca-. Debe haber sido impresión tuya.

-Pero... -No estaba imaginándolo, ¿o sí? Estaba segura de que escuché una voz a mi oído.

Respiré profundamente calmando mis nervios, que estaban a flor de piel. Entonces, puse nuevamente

el coche en marcha. Vickie me pidió que la dejase en su casa y eso hice. Cuando llegué a la mía me adentré

directamente a la cocina para tomar un vaso de agua y calmar el revuelo de nervios y ansiedad que estaba

sintiendo sin razón alguna.

Entonces, sentí una presencia a mis espaldas. Mi cuerpo se tensó por completo, pues sabía que no

podía ser William ya que a esta hora todavía estaba en el trabajo. Además, dicha presencia se sentía muy

fuerte e imponente; el ambiente estaba cargado.

Deslicé mi mano con lentitud, tratando de alcanzar algo con lo cual pudiese defenderme. Pero

cuando estaba a punto de tomarlo, una mano se posó sobre la mía impidiéndome llegar a mi objetivo. Solté un grito de miedo. Empujé a quien fuera que estaba

tras de mí y me alejé. Cuando volteé, no vi nadie y mi piel se tornó de gallina.

No podía decirme que había imaginado aquello, pues lo había sentido y había visto esa mano sostener la mía. Lo había empujado.

Tragué en seco el nudo de mi garganta. Agarré uno de los cuchillos y, sintiendo el martilleo de mi

corazón justo en mis oídos, comencé a caminar por la casa pendiente de todo; mirando a todos lados esperando que, en cualquier momento, alguien pudiese saltar y atacarme de la nada. Al pasar junto a la habitación de William y la mía, noté la puerta de esta entreabierta y la luz del interior encendida. Sabía que la había dejado cerrada y la luz apagada. Sin duda alguna, había alguien allí dentro.

Era demasiado riesgoso para mí entrar y ya. Aunque llevase con que defenderme, no sabía a quién me enfrentaba. Ni siquiera si eran más de uno y llevaban armas de fuego. Era insensato entrar y esperar a poder salir ilesa. No estaba en una película

de terror, lo más inteligente era salir de la casa y llamar a la policía.

Pasé despacio frente a la puerta y me dirigí apresurada hacia la salida. Cuando la abrí para salir esta se azotó cerrándose de nuevo. Pegué un grito de terror dejando caer el cuchillo al suelo, pues no había nadie para cerrarla. Intenté abrirla rápidamente, pero se negaba a ceder. ¿Qué estaba pasando?

-Camille. -Esa voz de nuevo... Esta vez canturreaba mi nombre con tono malicioso.

No hubo un músculo de mi cuerpo que no se tensara de la impresión y mi corazón parecía querer salir de mi pecho. Mis manos estaban temblando y sudando en frío mientras sentía el sonido de unos pasos cada vez más cerca; hasta que se detuvieron a

solo un par de metros de distancia. Respiré hondo tratando de calmarme. Pensé que en cualquier instante podría desmallarme.

Lo peor era que no sabía quién era la persona que ahora mismo me tenía cautiva dentro de mi propia casa. Podía ser un asesino, un ladrón o

ambas cosas. Cerré los ojos, tomé una larga bocanada de aire y lo solté, llenándome de valor. Entonces, comencé a girarme con lentitud sobre mis talones para mirar a la persona tras de mí.

Me quedé muda de la impresión, pero me llené de alivio no encontrar en sus manos ninguna arma de fuego ni un objeto punzante. Sin embrago, me dejó pasmada su postura y vestimenta. Recorrí su figura con mis ojos, la verdad era que no parecía

ser nada de lo que imaginé; aunque no dejé de estar alerta.

Su vestimenta era muy elegante, aunque tenía un toque algo tenebroso. Aquel hombre frente

a mí llevaba un elegante traje negro y sobre sus hombros una especie de capa cuyo cuello estaba

adornado por pelaje de un hermoso e impoluto color blanco. Los botones de su traje brillaban de color oro, al igual que la pequeña cadenita que unía

los extremos de su capa. Su figura, aunque no demasiado alta, era imponente y desprendía un aura

perceptiblemente siniestra. Su rostro, por otra parte, era delgado; adornado por rasgos finos y elegantes. Sin embargo, sus ojos le daban aspecto un tanto asiático. Su cabello era ligeramente largo, que caía por su rostro, y de un color castaño. Y sus labios estaban curvados en una sonrisa de medio lado que me heló la sangre.

¿Quién era ese hombre?

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