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El Despertar de la Esposa Perfecta

El Despertar de la Esposa Perfecta

Autor: : Bu Chuan Hua Ku Cha
Género: Romance
Durante diez años, Sofía Vargas fue la "esposa perfecta," una sonrisa ensayada en la jaula dorada del imperio de Alejandro. Pero la noche de la Vendimia, sus palabras la destrozaron: "Ella no es como Sofía, no se me regaló en una noche de borrachera." Su matrimonio, su vida entera, era una farsa, ella un mero "error de borracho." La verdad desveló el abismo: la ternura de Alejandro por Isabella, su enóloga; su fría indiferencia ante un accidente; su burla al pedir el divorcio. La humillación alcanzó su clímax en Nochebuena. Isabella la incriminó, y Alejandro, ante todos, levantó la mano y la golpeó. En ese instante, todo el amor de Sofía se hizo cenizas. ¿Cómo pudo vivir una década ciega a esta brutalidad? ¿Ser siempre el chivo expiatorio, despreciada, golpeada, sin defensa? La indignidad la ahogaba, cada promesa, una cadena más de su prisión. En su desesperada huida, Alejandro la arrastró a su coche, culpándola de todo. Pero en el segundo final, antes del choque, él la protegió, cayendo en coma. En la calma del hospital, con su ex-esposo inconsciente, Sofía Reyes firmó el divorcio. Por fin, libre. Por fin, dueña de sí misma.

Introducción

Durante diez años, Sofía Vargas fue la "esposa perfecta," una sonrisa ensayada en la jaula dorada del imperio de Alejandro.

Pero la noche de la Vendimia, sus palabras la destrozaron: "Ella no es como Sofía, no se me regaló en una noche de borrachera."

Su matrimonio, su vida entera, era una farsa, ella un mero "error de borracho."

La verdad desveló el abismo: la ternura de Alejandro por Isabella, su enóloga; su fría indiferencia ante un accidente; su burla al pedir el divorcio.

La humillación alcanzó su clímax en Nochebuena.

Isabella la incriminó, y Alejandro, ante todos, levantó la mano y la golpeó.

En ese instante, todo el amor de Sofía se hizo cenizas.

¿Cómo pudo vivir una década ciega a esta brutalidad?

¿Ser siempre el chivo expiatorio, despreciada, golpeada, sin defensa?

La indignidad la ahogaba, cada promesa, una cadena más de su prisión.

En su desesperada huida, Alejandro la arrastró a su coche, culpándola de todo.

Pero en el segundo final, antes del choque, él la protegió, cayendo en coma.

En la calma del hospital, con su ex-esposo inconsciente, Sofía Reyes firmó el divorcio.

Por fin, libre. Por fin, dueña de sí misma.

Capítulo 1

La noche de la Vendimia, el aire de Mendoza olía a uva madura y a tierra húmeda. Yo, Sofía Vargas, la esposa perfecta, me movía entre los invitados con una sonrisa ensayada. Llevaba diez años perfeccionando esa sonrisa.

Mi vestido, elegido por Alejandro, era elegante y discreto, como mi papel en su vida. Él era el centro del imperio Vargas, y yo, un adorno más en su magnífica finca.

Desde el otro lado del jardín, lo vi. Alejandro no me miraba a mí. Sus ojos estaban fijos en Isabella, su nueva y brillante enóloga. Ella reía, y él la escuchaba con una intensidad que nunca me dedicaba a mí.

Más tarde, un grito rompió la música. Un invitado borracho había insultado a Isabella, y Alejandro, mi siempre controlado esposo, lo golpeó.

El escándalo fue breve pero intenso.

Horas después, fui a buscarlo a la comisaría. La noche se había enfriado. Mientras esperaba en el pasillo, lo oí hablar con Mateo, su único amigo. La puerta estaba entreabierta.

"No entiendo por qué la defiendes tanto", dijo Mateo.

La voz de Alejandro sonó cortante, llena de un desprecio que me heló la sangre.

"Porque Isabella es diferente. Ella es pura, es talentosa."

Hubo una pausa. Y entonces, la frase que destrozó mis diez años de mentiras.

"Ella no es como Sofía, no se me regaló en una noche de borrachera."

Me apoyé contra la pared, el aire se escapó de mis pulmones. Así que eso era yo para él. Un error de borracho. Una oportunista. La hija del capataz que se había metido en su cama y en su vida.

La ilusión se hizo añicos.

Capítulo 2

Los días siguientes fueron una tortura silenciosa. Ahora veía todo con una claridad dolorosa: las miradas entre Alejandro e Isabella, las reuniones que se alargaban hasta tarde en la bodega, su mano rozando la de ella "por accidente".

Yo seguía cumpliendo mi papel. Le preparaba el desayuno, organizaba sus cenas, sonreía a su familia que me despreciaba en silencio. Pero por dentro, algo se había roto para siempre.

Una noche no pude dormir. Bajé a la cocina por un vaso de agua y oí voces en la bodega. Me acerqué sin hacer ruido. La gran puerta de roble estaba abierta.

Isabella lloraba en los brazos de Alejandro.

"No soporto cómo me mira su familia, cómo me mira ella", sollozaba Isabella.

Alejandro le acariciaba el pelo. Su voz era un susurro lleno de ternura.

"Tranquila. Por ti, haría cualquier cosa."

Isabella levantó la cara. "¿Incluso dejarla?"

Él la miró fijamente. "Si no eres feliz, puedo terminar este matrimonio."

Salí de allí antes de que me descubrieran. Caminé sin rumbo por los viñedos, la escarcha de la madrugada mojaba mis zapatos. Mi corazón era un desierto.

Dos días después, tuve un accidente de coche. Un camión se saltó un stop y me golpeó el lateral. No fue grave, pero el coche quedó destrozado y yo estaba atrapada, temblando. Lo primero que hice fue llamar a Alejandro.

"Alejandro, he tenido un accidente", dije con voz temblorosa.

"¿Estás bien?", preguntó, su voz sonaba distante, distraída.

"Sí, pero el coche... no puedo salir. ¿Puedes venir?"

Hubo un silencio. Al fondo, oí la voz de Isabella.

"Ahora no puedo, Sofía. Isabella ha tenido una crisis en el laboratorio, algo con la nueva cosecha. Me necesita."

"Pero, Alejandro..."

"Llama a una grúa. O a Mateo. Estoy ocupado."

Colgó.

Me quedé mirando el teléfono, incrédula. Su enóloga era más importante que su esposa atrapada en un coche. Las lágrimas que no había llorado en días empezaron a caer.

Fue Mateo quien llegó. Vio mi coche, corrió hacia mí y forzó la puerta. Me sacó en brazos, me cubrió con su chaqueta y me llevó al hospital. No hizo preguntas. Solo se quedó a mi lado.

Esa noche, en la fría habitación del hospital, tomé una decisión.

"Mateo", dije, mi voz era firme. "Necesito que me ayudes. Quiero los papeles del divorcio."

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