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El Desprecio Hacia un Padre

El Desprecio Hacia un Padre

Autor: : Adolf Dunne
Género: Romance
Mateo Vargas, un chef talentoso, había sacrificado sus sueños culinarios para apoyar la ambición política de su esposa, Sofía. Años dedicados al hogar y a su hija Valentina, manteniendo a la familia con un humilde puesto de tlayudas, creyendo en un amor incondicional. Pero la cruel verdad se reveló: Sofía ahora tenía a Ricardo Montes, su asesor, ocupando el lugar a su lado. Lo más desgarrador fue escuchar a su propia hija Valentina decirle sin piedad: "Mamá y Ricardo hacen mejor pareja. Tú solo la frenas." En la fiesta de quince años, Valentina lo ignoró, llamando a Ricardo "Papá Ricardo", y Sofía lo trató con la fría indiferencia de un extraño. Años de sacrificio culminaron en traición y humillación, incluso de su propia hija, quien, en el hospital, lo acusó falsamente para proteger a Ricardo. ¿Cómo pudieron las mujeres que más amaba cegarse así, dispuestas a borrarlo de sus vidas por ambición y engaño? Pero de esa profunda herida nació una decisión inquebrantable: "¡Basta!" Con asombrosa calma, entregó los papeles del divorcio y abandonó el hogar que lo había consumido. Su nueva meta: el concurso "El Alma de México", su última oportunidad para un renacer personal y culinario. Era tiempo de forjar un destino propio, lejos del desprecio, donde su valía sería, por fin, reconocida plenamente.

Introducción

Mateo Vargas, un chef talentoso, había sacrificado sus sueños culinarios para apoyar la ambición política de su esposa, Sofía.

Años dedicados al hogar y a su hija Valentina, manteniendo a la familia con un humilde puesto de tlayudas, creyendo en un amor incondicional.

Pero la cruel verdad se reveló: Sofía ahora tenía a Ricardo Montes, su asesor, ocupando el lugar a su lado.

Lo más desgarrador fue escuchar a su propia hija Valentina decirle sin piedad: "Mamá y Ricardo hacen mejor pareja. Tú solo la frenas."

En la fiesta de quince años, Valentina lo ignoró, llamando a Ricardo "Papá Ricardo", y Sofía lo trató con la fría indiferencia de un extraño.

Años de sacrificio culminaron en traición y humillación, incluso de su propia hija, quien, en el hospital, lo acusó falsamente para proteger a Ricardo.

¿Cómo pudieron las mujeres que más amaba cegarse así, dispuestas a borrarlo de sus vidas por ambición y engaño?

Pero de esa profunda herida nació una decisión inquebrantable: "¡Basta!"

Con asombrosa calma, entregó los papeles del divorcio y abandonó el hogar que lo había consumido.

Su nueva meta: el concurso "El Alma de México", su última oportunidad para un renacer personal y culinario.

Era tiempo de forjar un destino propio, lejos del desprecio, donde su valía sería, por fin, reconocida plenamente.

Capítulo 1

Mateo Vargas sentía un nudo en el estómago.

Hoy era el día.

El día en que su vida, tal como la conocía, iba a terminar.

No por una enfermedad, ni por un accidente.

Sino por la traición.

La traición de su esposa, Sofía Herrera.

Y el abandono de su hija, Valentina.

Durante años, Mateo había sido el pilar silencioso.

Un chef talentoso, con sueños de alta cocina oaxaqueña.

Pero Sofía tenía ambiciones políticas.

Grandes ambiciones.

Él sacrificó su carrera, su restaurante soñado.

Todo por ella. Por su futuro.

Se encargó del hogar, de Valentina.

Montó un pequeño puesto de tlayudas en el mercado de Coyoacán para sobrevivir.

Su amor por ellas era su motor.

Ahora, ese motor se había gripado.

Sofía ascendía, sí.

Pero a su lado no estaba Mateo.

Estaba Ricardo Montes, su asesor.

Un hombre que ocupaba el lugar de Mateo en la vida de Sofía, y cada vez más, en la de Valentina.

El recuerdo de la última humillación era una brasa ardiente.

El mitin de Sofía.

Ella, radiante, agradeciendo a Ricardo. "El arquitecto de mi éxito". "La persona más importante".

Mateo, entre el público anónimo, invisible.

Y luego, Valentina. Su pequeña Valentina.

En su fiesta de quince años, organizada por Sofía y Ricardo.

"Papá, ¿no ves que mamá y Ricardo hacen mejor pareja? Tú solo la frenas".

Esas palabras.

Habían matado algo dentro de él.

Pero de esa muerte, nacía una decisión.

No más sacrificios inútiles.

Era hora de reclamar su valor.

Su sueño.

El concurso "El Alma de México".

Era su única oportunidad.

Cocinaría con el corazón roto, pero con toda su alma.

Ese era su nuevo comienzo.

Un cielo azul, una libertad desconocida.

Lejos de quienes lo despreciaron.

Se levantó de la silla desgastada de su puesto.

Miró las ollas, los comales.

Pronto, esto sería solo un recuerdo.

Caminó hacia la salida del mercado.

El sol de la mañana le dio en la cara.

Hoy renacía.

Justo al salir, los vio.

Sofía, Valentina y Ricardo.

Una estampa familiar.

Sofía hablaba animadamente con Ricardo.

Valentina colgaba del brazo de Ricardo, riendo.

Como si fueran la familia perfecta.

Y Mateo, el extraño.

Sintió una punzada amarga.

Valentina lo vio.

Su sonrisa se borró.

"Papá, ¿qué haces aquí tan temprano?", preguntó, con un tono que no ocultaba su fastidio.

Sofía se giró, sorprendida.

"Mateo. Pensé que estarías preparando las cosas para el almuerzo".

Su voz, fría, distante.

Como si hablara con un empleado.

Ricardo solo le dedicó una media sonrisa, condescendiente.

Mateo los miró.

La rabia y el dolor luchaban en su interior.

"Estaba pensando", dijo Mateo, su voz tranquila, demasiado tranquila.

"¿Pensando en qué, papá?", preguntó Valentina, impaciente. "Tenemos prisa. Ricardo nos va a llevar a desayunar a un lugar nuevo".

"Pensando en que he perdido demasiado tiempo", continuó Mateo, ignorando a Valentina.

Miró a Sofía.

"He sacrificado mis sueños, mi carrera, mi vida entera por ti, Sofía. Por esta familia".

Sofía frunció el ceño.

"Mateo, no empieces con tus dramas. Sabes que mi carrera exige sacrificios. Y tu trabajo en casa es vital".

"¿Vital?", repitió Mateo, una risa amarga escapándose de sus labios. "¿O una excusa para mantenerme invisible?".

Valentina intervino, defendiendo a su madre.

"Papá, mamá trabaja muy duro. Tú solo cocinas en un mercado. No es lo mismo".

Las palabras de su hija.

Confirmaban su decisión.

Ya no había nada que salvar.

Capítulo 2

"¿Solo cocino en un mercado?", repitió Mateo, mirando a Valentina.

El dolor era agudo, pero su voz se mantenía firme.

"Ese puesto nos ha dado de comer por años, Valentina. Mientras tu madre construía su carrera".

Sofía suspiró, impaciente.

"Mateo, por favor. No es el momento ni el lugar para esto. La gente nos mira".

Siempre la imagen. Siempre las apariencias.

"¿Y cuándo será el momento, Sofía? ¿Cuando ya no me necesites para nada?".

Valentina se aferró más al brazo de Ricardo.

"Mamá tiene razón, papá. Siempre te estás quejando. Ricardo nunca se queja".

Ricardo sonrió, un gesto que pretendía ser conciliador.

"Vamos, familia. No hay por qué discutir. Mateo, entiendo tu frustración, pero Sofía realmente está bajo mucha presión".

Su tono era suave, pero sus ojos brillaban con suficiencia.

Sabía que tenía a Sofía y a Valentina de su lado.

Mateo lo miró.

Este hombre que le había robado todo.

"Tú no entiendes nada, Ricardo", dijo Mateo, con calma.

Se giró hacia Sofía.

"He tomado una decisión".

Sofía lo miró, expectante, quizás con un atisbo de temor.

"Voy a solicitar el divorcio".

El silencio cayó sobre ellos.

Valentina abrió la boca, sorprendida.

Sofía lo miró fijamente, su expresión indescifrable.

Ricardo pareció momentáneamente desconcertado.

Mateo sintió un extraño alivio.

La decisión estaba tomada.

Ya no había vuelta atrás.

Se dio media vuelta y comenzó a caminar.

Lejos de ellos.

Hacia su nueva vida.

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