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El Destino De Jennie

El Destino De Jennie

Autor: : Latha555.
Género: Adulto Joven
ADVERTENCIA: Puede contener escenas sexuales, escenas de acoso, palabras inadecuadas, violencia y aspectos psicológicos. - Qué lástima. Me aseguraré de que te compadezcan más en la Universidad de Hunsberg, ¿no crees? - Pronto serás tan lamentable que todas y cada una de las personas de allí se sentirán apenadas y disgustadas por tu patética vida. Desearás no haber nacido nunca. Jennie Wilson era una chica pobre e inocente. Ingresó a una de las universidades más prestigiosas del mundo, la Universidad de Arcadia, y siempre trabajó duro por sus sueños. Una universidad donde hijos de diplomáticos y los ricos se encuentran. Famosa por su reputación y el camino más rápido hacia el éxito en la vida. ¿Podrá Jennie Wilson sobrevivir en esa prestigiosa universidad? Vincent Ainsworth Hijo único de uno de los mejores empresarios del mundo. Su carácter era como el fuego. Sin embargo, estaba herido y deprimido. Amaba tanto a su ex novia Eva Smith. Su mundo colapsó cuando esta cortó con el. Ella nunca volvió a mirarlo. Como Vincent estaba pasando por una depresión, sus amigos le pidieron a Jennie que lo ayudara, porque ella era la única que podía sacarlo de su pozo. ¿Podrá ella curarlo? ¿Él permitirá que se acerque?

Capítulo 1 El psicópata

Punto de vista de Jennie Wilson:

"Jennie, Jennie".

"¡Hay que tomarle el pedido a la mesa cuatro! Los cafés de la mesa siete ya están listos", gritó Lisa.

"Ya voy", le respondí.

Lisa era mi mejor amiga y su mamá, quien era la dueña de la pequeña cafetería donde yo trabajaba, siempre había sido como mi segunda madre. Hacía casi un año que estaba trabajando allí a tiempo parcial.

Ella me ayudaba de vez en cuando. Yo estaba ahorrando dinero para pagar la matrícula de la universidad en la que quería estudiar, la Universidad de Hunsberg.

Siempre soñé con ir allí, pues se decía que era una de los mejores centros de su tipo en el mundo. Sin embargo, mi familia no podía sufragar los gastos.

Nuestra situación financiera era muy precaria. Por supuesto, yo no me quejaba... pero mamá y yo dependíamos mucho de mi padre, quien nos mantenía económicamente.

Mi papá trabajaba en una fábrica de acero y se esforzaba mucho a diario para que yo pudiera tener un buen futuro, pero yo detestaba ser una carga para él.

Su salario no era suficiente para llevar una vida fastuosa, pero éramos una familia feliz sin importar nuestra condición. Siempre le dimos gracias a Dios y nunca nos quejamos de nuestra suerte.

Yo amaba mucho a mi padre. Él era un buen hombre, sin vicios, temeroso de Dios, una persona alegre, un esposo muy amoroso y un padre cariñoso. Sin dudas, mi familia era mi mayor tesoro.

Cuando mi madre se enfermó del corazón y los médicos dijeron que debía someterse a una operación, todos luchamos por su vida. Gastamos todos nuestros ahorros y hasta perdimos nuestra casa para poder cubrir los gastos de medicamentos y la cirugía, por supuesto.

Por la gracia de Dios, ella sobrevivió. Un dolor leve la aquejaba, aún después de la intervención quirúrgica. Entonces, su médico le aconsejó que evitara realizar actividades extenuantes. Por ello, nunca la dejamos trabajar afuera, así que tuve que buscar un trabajo de medio tiempo para ayudar a mi familia.

La madre de Lisa me pagaba bien, no era mucho dinero, pero me alcanzaba para cubrir mis gastos diarios y ahorrar algo para pagar las cuotas de inscripción de la universidad.

Lisa y yo asistimos a la misma escuela y terminamos la secundaria juntas. Cumplimos dieciocho este año, lo que significaba que ya estábamos listas para ir a la universidad. ¡Hurra!

Mi amiga y yo hicimos el examen de ingreso juntas con la esperanza de ganar una beca.

En honor a la verdad... yo era un poco empollona. Bueno, no podía evitarlo, tuve que estudiar mucho para lograr mi sueño. Debía trabajar muy duro ya que muchos aspiraban a ingresar en la famosa Universidad de Hunsberg.

Una vez que obtuviera mi diploma, la situación de mi familia mejoraría y podría cuidar mejor de mis padres si conseguía un trabajo decente. Esa era la razón principal por la que quería estudiar en ese prestigioso centro.

Estaba recogiendo algunos platos y las propinas que dejó un cliente cuando, de repente, Lisa se paró delante de mí. Se veía hermosa con su atavío.

"Espera, ¿por qué llevas puesto ese vestido?", pregunté con las cejas levantadas.

"Oh... Lo siento, no te lo dije, bueno, es tu culpa. Estabas tan ocupada aquí que me ignoraste por completo", contestó haciendo un puchero.

"Bien, dímelo ahora".

"Mamá y yo vamos a un baile, el hermano de mi mamá nos ha invitado así que...".

"Ya veo... ¿Entonces...?".

"Así que saldremos más temprano... lo siento, lo siento, tienes tanto trabajo que hacer...", dijo con un suspiro y cerró los ojos.

"Oh, vamos, yo me encargo de todo, niña. Ve a disfrutar de la fiesta", la tranquilicé y esbocé una sonrisa.

"¿Estás segu...?".

"Sí, Lisa, vete. Mañana tenemos el día libre", la interrumpí.

"Está bien, solo ten cuidado cuando vayas de regreso a casa", me advirtió y luego me abrazó con fuerza.

"Adiós, Jennie, ten cuidado", la escuché gritar desde afuera.

Acto seguido, mi amiga entró en su coche y se marchó. Yo agarré los platos, los llevé al fregadero y me dispuse a lavar la vajilla. Eran ya las once de la noche. De repente, escuché el tintineo de la campanilla que estaba en la entrada, anunciando la llegada de más clientes.

El café se quedó en silencio.

¿Qué detuvo de súbito el ajetreo y el bullicio que había en el lugar?

¡Espera! ¿Los clientes llegan o se van?

Me volví de repente y di un grito ahogado al ver que había un hombre frente a mí. No era tan mayor sino que parecía un estudiante universitario.

Me estaba mirando fijamente como si me estuviera desnudando con los ojos. Cuando yo retrocedí, él dio un paso adelante.

En ese momento, sentí que mi corazón martilleaba en mi pecho.

"¿Puedo... ayudarlo... en algo, señor?", musité con la voz entrecortada pues estaba muy nerviosa.

Entré en pánico cuando sentí sus grandes manos en mis brazos y me acercó a su cuerpo.

"¿Cómo pudiste hacerme esto, Eva?", preguntó en un tono peligroso.

Me estremecí al escuchar su voz áspera y ronca. Mi cerebro dejó de funcionar en ese mismo instante.

"Yo... no soy... Eva", susurré. Su mirada me dio escalofríos. El hombre tenía los ojos hinchados y rojos, como si hubiera llorado mucho.

¿Sería un sicópata?

"¿Por qué siempre me mientes...? ¿Acaso me odias tanto? ¿Ya olvidaste todo lo que teníamos?", gritó mientras me inmovilizaba aún contra su pecho.

"¡Lo siento señor, no sé quién es usted! Por favor, suélteme", traté de liberarme pero fue en vano.

"Maldita sea, me engañaste. ¿Acaso él es mejor que yo? Contéstame, Eva", ahora estaba más que enojado.

"Nunca engañé a nadie, de hecho, he estado soltera toda mi vida... ¡Ni siquiera he tenido novio!", exclamé aterrorizada.

"Estás mintiendo de nuevo", me empujó lejos de él y con una fuerza inhumana me golpeó en la mejilla, tan fuerte que tropecé y caí al suelo. Ahora me sentía mareada.

Nadie me había abofeteado así antes. Lo miré totalmente horrorizada por sus actos. Yo tenía deseos de llorar.... pero no quería mostrarle mi debilidad. Él no debía saber que yo estaba indefensa.

Pude ver la ira en sus ojos... la frialdad que había en su rostro... el odio que sentía... ¿hacia mí? Pero, ¿de qué me culpaba? ¡Yo ni siquiera lo conocía!

Mis lágrimas amenazaban con caer al suelo, pero respiré hondo y controlé mi llanto. Con enormes pasos, el joven se acercó a mí. Parecía un maníaco.

Entonces, empecé a retroceder, ya que todavía estaba en el suelo y con ayuda de mis manos, me alejé de él.

"Por favor... ¡No se acerque... a mí! ¿Quién es usted?", balbuceé.

De repente, me agarró y me inmovilizó contra la pared con violencia.

Su comportamiento me causó horror...

"Déjeme... tranquila, por favor, no lo conozco, señor". Estaba tan asustada que grité de dolor.

"¿Dónde estuviste todo este tiempo? ¿Acaso no me extrañas...?". El cruel hombre estaba muy cerca de mí. Su respiración abanicaba mi cuello, y traté de empujarlo pero no se movió ni siquiera un poco.

"No es de su incumbencia. Y es la última vez que se lo advierto, si no me deja en paz, me veré obligada a hacer una denuncia en su contra".

"¿Qué?", dijo en un tono de sorpresa.

¡Sí! Supongo que les tiene miedo a los agentes.

"Sí, por favor, déjeme tranquila, no me haga llamar a la policía", dije mordiéndome los labios.

¿Por qué este hombre estaba enojado? ¿Por qué apretaba los dientes? Y si lo hacía, ¿por qué yo sentía dolor... en mis brazos?

Cuando miré por debajo de mi hombro, vi que este maníaco me estaba apretando y sostenía mi mano con todas sus fuerzas.

"No puedes escapar de mí, niña, no importa cuántas veces... o de qué manera lo intentes", susurró en mis oídos mordiéndome el lóbulo de la oreja, lo que me provocó escalofríos por toda la columna vertebral. Mis ojos se abrieron como platos por el miedo.

"Ahhhh... por favor... Me duele", grité cuando él apretó mi mandíbula con su mano.

"No te preocupes... No te lastimaré, cariño", sonaba como un psicópata.

'¡Este es el final de mi vida! ¡Por favor, auxilio! ¡Que alguien me ayude!...'.

Yo quería gritar, pero mi voz no llegaba a mi boca. Todo mi cuerpo se congeló y mi cerebro estaba dando vueltas como un tiovivo.

Entonces, el perturbado chico inclinó la cabeza para besarme...

No... no... mi primer beso... ¡Estaba a punto de suceder!

Debido a la presión, yo estaba empezando a sentirme débil, mas, de repente, alguien agarró al agresor por detrás y tiró de él. Entonces, sentí que me liberaba de las toscas manos que me apretaban. Ahora yo respiraba con dificultad.

"Qué carajo, déjame en paz", gritó el maníaco mientras dos chicos casi tan jóvenes como él lo sujetaban.

"Amigo, ella no es Eva... por el amor de Dios, estás haciendo un drama", dijo uno de los chicos con una mirada de preocupación en su rostro.

Mi cabeza empezó a dar vueltas. Estaba sufriendo un ataque de pánico. Luego, vi a una chica acercándose a mí...

"No... no me toques".

"Por favor, vete... no me toques... ¡Vete de aquí!", grité sosteniendo mi cabeza. Mientras tanto, los jóvenes sujetaban a ese maníaco con ambas manos.

Él gritaba y trataba de soltarse.

"¡Eres mía! Y te tendré muy pronto", vociferó.

Una chica me estaba mirando preocupada, pero le indiqué que me dejara en paz. Los chicos sacaron a aquel loco del café, lo hicieron subir a la camioneta y se marcharon.

En ese instante, sentí que mis piernas ya no podían sostenerme. Me caí al suelo y me eché a llorar desconsoladamente. Estaba destrozada, lastimada.

Decidí que no debía quedarme allí por más tiempo. ¡Pero y si él volvía!

Tomé mis pertenencias del casillero y me dirigí hacia la puerta, con todo mi cuerpo temblando como una hoja. De alguna manera me las arreglé para cerrar la cafetería y corrí calle abajo.

Capítulo 2 El hombre extraño

Punto de vista de Jennie Wilson:

Me detuve frente al espejo y con mucho cuidado comencé a desnudarme y a analizar mi reflejo en detalle. Estaba completamente cubierta de moretones y tenía marcas en la mandíbula y el cuello, justo por donde me había agarrado.

De forma inconsciente mis manos fueron hasta allí y todo lo que sucedió la noche anterior se repitió en mi mente una vez más. Un sollozo se escapó de mi garganta cuando recorrí las marcas con mis dedos.

¿Quién era él? ¿Por qué me había llamado Eva? ¿Y por qué me acusaba de engañarlo? ¿Qué demonios quería?

Toda esta situación era un misterio. Nunca antes me había sucedido algo así. Yo era una persona prácticamente invisible para el resto del mundo, llevaba una vida aburrida, no era ni remotamente popular en la escuela y todos me catalogaban de rarita.

Bueno, tampoco podía permitirme el lujo de divertirme como los demás debido a toda mi situación familiar. Mi principal objetivo en la vida era estudiar mucho para poder obtener un trabajo decente y así poder vivir feliz con mis padres.

Fruncí los labios al detallar bien las marcas. ¡Así no podría salir!

¡Mi madre definitivamente me interrogaría para saber qué me sucedió! Y Lisa me hará la vida imposible con sus preguntas.

Decidí ponerme una sudadera con capucha que ocultara bien todas las marcas.

'No te preocupes... No te lastimaré, cariño... ¡Eres mía! ¡Y te tendré muy pronto!'.

Esa voz no paraba de sonar una y otra vez en mi cabeza.

¿Regresaría él acaso?

Incluso aquí, en el Café, sentía miedo y su recuerdo me acechaba el tiempo. No me pareció tan mayor, quizás solo unos años más que yo, como un universitario.

¿Y por qué me acusaba de todas esas cosas, cosas que yo no había hecho en lo absoluto? Y ese rostro, como si hubiese llorado o viviera bajo un constante tormento.

Mis dedos se aferraron a la mesa de madera y mis uñas se clavaron en la rígida superficie, toda esta situación en la que me encontraba me estaba afectando mucho más de lo que yo creía.

"Disculpe, quisiera un capuchino, por favor", pidió alguien, y sacudí la cabeza para aclarar mis pensamientos.

"Lo siento, en un minuto estará listo señor". Me disculpé una vez más y entré a prepararle el café. ¿Qué me pasa? Ahora ni siquiera podía concentrarme en el trabajo.

Muy pronto se hizo de noche y examiné con cautela el lugar para ver quiénes estaban. Sentía que el corazón quería salírseme del pecho y ni siquiera sabía por qué. ¿A quién esperaba ver?

Comencé a limpiar las mesas, incapaz de calmar mi respiración agitada y toda esa recién descubierta mezcla de desdicha, confusión y agotamiento pareció cubrirme como un velo.

Me dirigía al mostrador cuando alguien me agarró la parte superior del brazo con fuerza y dejé escapar un grito de miedo.

"¡Oye, Jennie! Solo soy yo, Lisa. ¿Qué te sucede? ¿Por qué te asustaste así?", me dijo ella entre risas.

"¡No vuelvas a hacer eso!", le reproché algo aliviada y me solté de su agarre.

Lisa se rio de mí otra vez. Me rodeó el cuello con su brazo y me apretó. "Escuché que lo más probable es que nos digan los resultados del examen de ingreso en dos o tres días. Estoy tan nerviosa. ¡No sé qué nos pasará!".

¿Los resultados del examen de ingreso a la Universidad de Hunsberg estarían en los próximos días?

Hunsberg era la universidad de mis sueños, había estudiado muy fuerte desde el décimo grado para lograr entrar.

Quería desesperadamente estudiar allí a cualquier precio, porque el futuro de mi familia dependía de ello. Quería poder darles a mis padres todo tipo de comodidades. Dado que la Universidad de Hunsberg era una de las mejores del mundo, graduarse en ella era muy importante para mi futuro.

Lisa y yo terminamos el trabajo y nos despedimos, porque íbamos en distintas direcciones.

¡Oh, demonios! Había olvidado comprar ese veneno para ratas que mamá quería.

Como de costumbre, teníamos un problema con las ratas en casa. El nuestro era un apartamento barato porque era todo lo que nos podíamos permitir.

Por lo tanto, me di la vuelta para ir a comprarlo. La tienda estaba un poco lejos, debería haber ido antes, pero había estado demasiado distraída para recordarlo.

La calle estaba prácticamente desierta, tal vez porque era algo tarde. Hice las compras bien rápido y salí con paso apresurado, mi única intención era llegar a casa lo antes posible sana y salva.

Apenas había dado unos pasos cuando sentí a alguien acercarse y mi corazón comenzó a latir a toda velocidad. Nunca antes había tenido miedo de caminar sola en la noche, pero ahora, después de lo que había sucedido, estaba muy asustada.

Miré atemorizada hacia atrás, pero no había nadie. Sacudí la cabeza para olvidar mis miedos cuando de repente choqué con alguien y fue como si golpeara una dura pared de roca. Levanté la mirada y sentí mis mejillas arder, con toda la piel de gallina me obligué a tragar saliva.

El desconocido con el que había chocado usaba una máscara y una gorra negra, de hecho, todo lo que llevaba puesto era negro. Sudadera, pantalón, zapatos, guantes, todo era de color negro y con aspecto de ser caro.

Un segundo después, mis ojos se sintieron atraídos hacia el rostro de esa persona y mi corazón dio un vuelco al encontrarme con su intensa mirada. Un dolor sordo y punzante pareció extenderse por mi pecho. No podía ver sus detalles con claridad debido a la máscara y la gorra casi le ocultaba el resto del rostro, pero estaba completamente segura de que me miraba fijamente.

"Lo... siento mucho... Yo... Yo... no me percaté por dónde venía, discúlpeme", le dije vacilante y cerré los ojos ante la fuerza de su mirada. No podía estar tan enojado conmigo solo porque tropecé con él. ¿O sí? Pero él solo continuó con esa mirada fija en mí, como si yo fuese alguna especie de extraterrestre.

Como no reaccionaba ni tampoco se movía decidí alejarme, parecía ser un sujeto algo raro, por no mencionar que además era un total desconocido.

Me moví a un lado torpemente, pero él me bloqueó el camino. Su repentino movimiento me tomó por sorpresa y quedé paralizada, todo lo que pude hacer fue devolverle la mirada.

"¡Podría quitarse, por favor! ¡Está usted en medio de mi camino!", le dije tratando de parecer calmada, pero mi voz me traicionó y salió toda chillona y temblorosa.

Estudió mi rostro por unos segundos que me parecieron eternos y en los que casi no pude respirar. Había un silencio tal que podía sentir el rápido latir de nuestros corazones.

Él tenía ahora los ojos fijos en algún punto a lo lejos, con una mirada perdida que le hacía parecer ausente, como si estuviese en algún otro lugar.

"Per... Permiso... está... usted... en medio... de mi... camino, señor... Necesito... pa... pasar", tartamudeé y volví a cerrar los ojos casi con ganas de llorar.

Esta vez él inclinó la cabeza a un lado, como un psicópata, lo que hizo que hasta mis huesos temblaran de miedo. Parecía como si tratara de comprender el significado de mis palabras.

Me miró fijamente una vez más, como si quisiera acceder a mis más profundos secretos. De repente agarró mi mano y me estremecí completamente.

Todo en mí pareció detenerse. Mi pecho pareció inflarse al sentir el calor y la aspereza de su mano sobre la mía.

Me colocó algo sobre la palma de mi mano y me soltó por completo. Bajé la mirada y era mi brazalete.

¿Acaso se me había caído sin darme cuenta?

Me quedé sorprendida al ver el objeto y comprendí lo equivocada que había estado al pensar que él era algún pervertido. Quizás solo me siguió para devolvérmelo. Estúpida que había sido al pensar otra cosa.

"Graci...". Pero mis palabras quedaron en el aire porque el desconocido echó a andar abruptamente en dirección opuesta. Ni siquiera me miró, solo se alejó rápidamente.

Vaya, eso sí que había sido raro.

Al día siguiente...

No podía dejar de pensar en mi encuentro de anoche mientras miraba el brazalete. Era un hombre extraño, pero nunca antes lo había visto en la calle, ¿sería nuevo por aquí?

Estaba inmersa en mis pensamientos cuando, de repente, escuché a Lisa gritar.

Me asomé y vi que corría... en dirección a mi cuarto.

"Jennie... Jennnnieeeeee".

"¿Qué sucede, Lisa? ¿Estás bien? ¿Por qué estás tan asustada?", le pregunté, la preocupación bien clara en mi tono de voz.

"Los...". Estaba jadeante, se le entrecortaba la voz y apenas podía respirar. Trató de hablar nuevamente, pero empezó a toser.

"¿Qué fue lo que pasó? Vamos cálmate, bebe un poco de agua...". Le di un vaso de agua, ella estaba a punto de entrar en pánico. Solo de verla ya me sentía nerviosa.

Capítulo 3 La Universidad de Hunsberg

Punto de vista de Jennie:

"Qué ocurrió, cuéntame despacio", le urgí.

Ella tragó agua de un sorbo.

"Ya... están los resultados... ¡Universidad de Hunsberg!", gritó emocionada.

"¡No lo puedo creer! ¿Cuándo? ¿Dónde?", le pregunté ansiosa.

"Y está en el sitio web, tenemos que comprobarlo ahora mismo", dijo visiblemente emocionada.

Estábamos muy ansiosas. Tomamos nuestros celulares de los bolsillos, desbloqueamos las pantallas y buscamos.

"Bien, aquí está el sitio web... Revisa tú primero", dijo Lisa.

"No, ingresa primero tu código de identificación".

"No, tú primero".

"Tú primero".

"Está bien... Lo haremos juntas en ambos celulares, ¿sí?", concluyó Lisa.

"¡Está bien, trato hecho!", respondí entusiasmada.

"A la cuenta de tres.

1... 2... 3... 4...".

"Vamos, Lisa", le animé con una palmada en el hombro.

"¡Qué nervios! Estoy tan asustada... ¡Está bien, a la cuenta de tres!", gritó.

"1...

2...

3. ¡Vamos, dale ya!".

Ambas nos fundimos en un chillido y pulsamos el botón de entrar.

Me emocioné mucho al ver mis resultados. Estaban mis notas y debajo decía: "Felicidades, fuiste seleccionada".

"¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Fui seleccionada! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!".

Salté de la emoción.

"¡Lisa, fui seleccionada! ¡No me lo puedo creer!... ¿Qué ocurre?". Mi felicidad se desvaneció en el instante que miré a Lisa.

Estaba pálida y la tristeza había invadido su rostro. Sus ojos se llenaron de lágrimas. ¡Ay, no! ¿Qué sucedió? No es posible, no puede ser. Ella es una estudiante excelente y había trabajado muy duro para esto. Mi corazón latía muy a prisa.

"¿Lisa...? ¿Qué ocurre, cuál es tu resultado?", pregunté en pánico. Ella se mantuvo en silencio y tenía la cabeza gacha.

"Lisa, dime algo, no me asustes así... Enséñame los resultados", la animé sacudiéndola para que entrara en sí. Guardó su celular y se alejó.

"No, por favor, déjame sola", respondió entre sollozos.

"Lisa, dame tu maldito celular", grité. Ella accedió.

Leí lo que había en su pantalla.

"Felicidades, fuiste seleccionada".

Me quedé asombrada. Esta... chica... Lisa reía como si estuviera ida.

"¡Caíste! ¡Qué tonta eres! ¡Caíste en mi trampa! Ahí te va", me decía sin parar de reír y comenzó a bailar.

"¡Vete al diablo, maldita! Tú... reina del drama, voy a acabar contigo", gruñí enojada.

"Mi actuación no es una broma, que alguien me dé el premio Oscar a la Mejor Actriz del mundo". Dicho esto, agitó su cabello y batió las pestañas como hacen las artistas.

"Pequeña idiota, ven aquí", grité mientras le lanzaba una almohada.

"No... No me alcanzarás". Huyó de mí cuando comencé a perseguirla y corrió hacia el pasillo. La atrapé fácilmente porque mi casa era pequeña. Ya estando encima de ella, le zarandeé la cabeza varias veces de manera juguetona.

"¿Sabes lo asustada que estaba? ¡Vete al diablo!", le dije en un gruñido.

Ella rio y gimió a la vez. "Suéltame... ¿Estás planeando aplastarme hasta la muerte? Soy la niña de los ojos de mi madre".

"Deberías haberlo pensado antes, reina del drama". Empecé a aplastarla y saltar sobre ella. De repente me abrazó y me acarició la espalda.

"Estoy tan feliz de que te hayan seleccionado", dijo mientras continuaba con sus caricias.

La solté y nuestros ojos se encontraron. Sonreímos y saltamos como niñas.

"¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!", era nuestro grito de celebración.

"¡Allá vamos, Universidad de Hunsberg!", exclamamos al unísono.

Luego de bailar y celebrar durante una hora, nos compusimos y les informamos a nuestros padres, quienes nos felicitaron y compartieron nuestra alegría. Después de todo el drama, fuimos al parque en busca de paz mental.

"Nuestro problema está resuelto... nuestros sueños se harán realidad", dije con una sonrisa optimista.

"Estoy ansiosa por ir a esa universidad. Escuché que hay muchos chicos guapos", dijo Lisa en un sube y baja de cejas.

La miré como si le dijese: '¿Estás loca?'

"¿Acaso esperas que sea una polilla come-libros nada más? Es la Universidad de Hunsberg... la gente disfruta también mientras estudia allí".

"Sí, tú y tus teorías", le respondí con sarcasmo virándole los ojos en blanco. Hablamos y reímos durante horas.

Pasó una semana.

Se escuchaba el melodioso canto de los pájaros y pude sentir el calor de la luz del sol.

Miré la hora..., '¡Oh, rayos! son las ocho.

Hoy tengo que matricular en la Universidad de Hunsberg. Son tres horas para llegar desde aquí', pensé. Llamé a Lisa.

"Hola, ¿estás ahí? Tenemos que irnos ahora, ¿dónde estás? ¿Qué estás haciendo?", le pregunté casi sin respirar.

"¿Qué?... Déjame dormir. No voy a ninguna fiesta", dijo entre bostezos. Esta niña... si yo soy descuidada, ella es diez veces más...

"Idiota, tenemos que ir a la Universidad de Hunsberg para la matrícula, tonta".

"¡Oh, rayos! ¡Por Dios! Lo había olvidado... Alístate rápido, Jennie. Te recogeré en quince minutos", dijo en un santiamén y cortó la llamada.

Me levanté apresuradamente de la cama, me di una ducha rápida y me vestí con una camiseta y unos pantalones de mezclilla negros largos. Luego me miré al espejo.

Pude percibir que mis marcas de agarre se habían desvanecido. Sin embargo, todavía se podía notar el chupetón en mi cuello.

Ha pasado una semana desde el incidente. ¡Creo que él ni se acuerda ya de mí! ¿Dónde estará ahora? ¿Por qué piensas en eso Jen? Olvídalo, es por tu propio bien.

Escuché el claxon de un auto afuera. Me recogí el pelo haciéndome una coleta y agarré mi bolso que contenía archivos importantes para la admisión y dinero para pagar la matrícula.

Me apresure por el pasillo y le di un abrazo a mis padres.

"Estoy apurada. Regresaré después de la admisión, los quiero, adiós", dije tomando la tostada que estaba en la mesa.

"Hasta luego, cariño, cuídate... ya nos contarás cómo te fue", dijo papá, con una sonrisa.

"Entra, perdedora, nos vamos a la Universidad de Hunsberg", dijo Lisa con sarcasmo.

"¿Cuándo vas a dejar de ver tantas películas?", bromeé, moviendo la cabeza de un lado a otro.

"Jamás", respondió Lisa, sacándome la lengua como una niña pequeña.

El chófer de Lisa condujo a la Universidad de Hunsberg.

Tres horas más tarde

"¡Ya llegamos!", gritó Lisa, emocionada, mientras pasábamos por la puerta de piedra y entrabamos al campus.

El campus era exactamente igual a como habíamos visto en los folletos y en internet. Impresionaba bastante. Era una de esas universidades elegantes, donde van los niños ricos. El campus era inmenso.

Estaba anonadada viendo todo aquello. Caminamos hacia el departamento de admisión y llenamos nuestra matrícula. Como se nos fue otorgada una beca solo tuvimos que pagar la mitad. Terminamos todos los trámites y por fin lo habíamos logrado. ¡Estábamos oficialmente admitidas en la Universidad de Hunsberg!

La secretaria nos entregó la tarjeta de admisión y nos informó con una agradable sonrisa que las clases comenzarían en una semana.

Le agradecimos y salimos del edificio. Nos quedamos admirando el campus. Los estudiantes iban y venían. La mayoría de ellos eran adinerados, se podía notar por la manera en que vestían.

Me quedé mirando el edificio desde afuera. Estaba realmente impresionada.

De pronto, una voz se alzó a nuestras espaldas.

"¿Lisa? No me lo puedo creer".

Yo estaba distraída admirando los alrededores por lo que no miré atrás.

"¡Lisa, eres tú! ¡¿Vas a estudiar aquí?!".

"¡Rosé!".

"¡Ay, que sorpresa, Jennie, tú también estás aquí! ¡Ahora esto es lo que yo llamo destino!".

"¿Destino?", dijimos Lisa y yo al mismo tiempo.

"Eh... bueno yo... quiero decir... que las tres vamos a asistir a la misma universidad. ¡Hurra!", aclaró la chica, con una sonrisita nerviosa.

"¿Tú también fuiste seleccionada para la beca?", pregunté, emocionada.

"¿Qué? No... yo no soy un cerebrito como ustedes. Me uní a través de la cuota de gestión porque mi padre tiene un contacto aquí", aclaró ella, con timidez.

Rosé era asquerosamente rica. Su padre era el dueño de varios negocios. Sin embargo, ella siempre tenía los pies sobre la tierra, nunca alardeaba sobre eso. Ella iba a nuestra clase en la secundaria. Siempre fue muy amable y alegre. Aunque no salíamos mucho, era una buena amiga nuestra.

"¡Gracias a Dios! Por lo menos tengo a mis amigas aquí... no estaré sola", chilló la chica, apretujando a Lisa.

"Entonces, ¿dónde se quedarán?", preguntó Rosé, parpadeando dos veces con rapidez. Ella es tan tierna.

"Cada una en su casa, por su puesto", respondió Lisa, poniendo los ojos en blanco.

"Ay, no. Va a ser muy agotador tener que ir y virar todos los días, son tres horas de viaje".

"Es cierto, pero no podemos permitirnos pagar la residencia", expliqué, soltando un suspiro.

"Bueno, hay otra opción. Pueden quedarse conmigo. Mi padre me compró una casa para poder estar cerca de aquí. Ustedes pueden vivir allí también si quieren", dijo la chica, con una amplia sonrisa.

"¿Estás segura? ¡Sin pagar nada!", soltó Lisa, con los ojos como platos. Yo la golpeé con el codo.

"¿Qué? Era una broma", aclaró mi amiga, pasándose la mano por el hombro.

"Sí, claro. Yo soy la dueña de la casa ahora, no hay alquiler. No me vendría mal tener unas compañeras de piso. No quiero quedarme en el departamento de mi primo hermano. Él está loco", dijo Rosé entre risas.

¡Loco! Esa palabra me recordó a alguien...

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