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El Destino Nos Entrelaza

El Destino Nos Entrelaza

Autor: : Xiang Si
Género: Urban romance
Cassie fue drogada por su celosa mejor amiga. Sin saber muy bien dónde estaba, Cassie se tropezó con la habitación de Dylan. En el momento en que este la vio, se prometió a sí mismo que no la dejaría escapar por segunda vez. Ninguno de los dos se imaginaba que la noche que pasaron juntos cambiaría sus vidas para siempre. Ella había acudido a él porque necesitaba pagar la enorme deuda de su madre. Mientras que para él, tenerla era solo una forma de salvarse de los chismes y de las constantes molestias de su abuela. El suyo fue un matrimonio de conveniencia. Aquí fue donde comenzó su historia. ¿Podrá el amor reemplazar el dolor en sus corazones, o continuarán viviendo como extraños bajo el mismo techo?

Capítulo 1 No te perderé dos veces

Dentro del ascensor del Hotel Windsor Holiday Inn...

"Calor... ¡qué calor!".

Cassie se apoyó somnolienta sobre el hombro de Alice. El hermético espacio del mismo la estaba dejando un poco sin aliento. Entonces cerró los ojos.

La droga mezclada en el alcohol que había bebido estaba empezando a surtir efecto. Sus mejillas estaban ruborizadas.

Alice la observó empuñando sus manos con indignación.

'Solo yo merezco a Adam. La gloria y todo lo demás también serán míos. Espera y verás'.

Con su bolso a cuestas, Cassie preguntó balbuceando: "Amiga, ¿falta mucho... ¡hic!... para llegar? Me siento fatal".

Alice, volvió en sí y dijo sonriente: "Estamos cerca".

Finalmente, el ascensor se abrió, como si hubiese escuchado su queja. Una brisa de aire frío entró y la sorprendió. Le dejó la piel de gallina.

En el último piso del hotel, un par de largas piernas pisaron sobre la alfombra roja persa. La cálida luz del pasillo resaltaba la suave piel de la mujer. Su pequeño vestido negro dejaba poco a la imaginación.

"Habitación 0969. Señoritas, es aquí".

"Ah, gracias".

Cassie había salido del ascensor algo desorientada. Su amiga la sostenía con una falsa sonrisa. "Cassie, llegamos. Entra tú primero. Voy a comprarte una pastilla para sacarte la resaca".

Levantó la mirada y le respondió sonriendo tontamente: "¡Qué buena eres, amigota!".

"No es nada".

Alice miró por la rendija de la puerta. Una persona, con el torso desnudo, estaba parada frente a la ventana francesa del living.

Era Dylan Lu. Contemplaba la brumosa noche mientras se frotaba la sien. Estaba un poco borracho por el alcohol que había tomado durante su reunión de negocios.

Alice sintió alivio al ver que adentro había un hombre.

Apretó los dientes y la empujó hacia dentro. "Cassie, vuelvo enseguida".

"Oh, date prisa".

Cassie asintió con la cabeza mientras eructaba. Se quitó los tacones como pudo y entró al cuarto tambaléandose lentamente.

En el pasillo, Alice sonreía maliciosamente: "Esto... es solo el comienzo".

La cálida temperatura del cuarto hizo que la cara de Cassie se tornara aún más roja. Su piel estaba enrojecida y caliente. El alcohol intoxicó su cuerpo y afectó su cerebro. Todo a su alrededor parecía estar moviéndose.

Dylan escuchó el sonido de sus pasos y se dio la vuelta. Su atractivo rostro tenía el ceño ligeramente fruncido.

Acababa de salir de la ducha. Un toallón blanco tapaba la mitad inferior de su cuerpo, dejando al descubierto sus abdominales bien marcados. Las gotas de agua se deslizaban lentamente a través de sus músculos hasta llegar a su cintura. Era un espectáculo hormonalmente explosivo.

Dylan vio a la extraña mujer frente a su cama y frunció aún más el ceño.

"Vete".

Pero la droga ya había empezado a actuar, ¿cómo iba a controlarlo? Estaba cada vez más caliente. Sintió cómo el fuego ardía dentro de su cuerpo.

"¿Dormir? Sí, dormir es agradable".

Cassie arrojó su bolso e intentó desabrochar su vestido, pero la cremallera no se movía, parecía estar en su contra.

Frustrada, decidió quitarse las correas de los hombros, dejando ver su delicada clavícula.

Pero un par de grandes manos calientes, húmedas y ligeramente callosas rozaron sus hombros, haciéndola temblar.

Él estaba algo ebrio, pero calmado, y podía sentirse cierta molestia en su tono de voz. "¡Largo!".

Cassie se volvió hacia él. Intentó señalarlo con el dedo, pero su silueta se había duplicado, entonces sacudió la cabeza tratando de recuperar la sobriedad.

Su figura se veía cada vez más borrosa, pero estaba segura de que lo conocía.

'¿Eh? Se parece a él... ¡Y encima son dos!'.

Con una inusual delicadeza, le dijo suavemente: "Adam...".

Adam Shen era el novio de Cassie. Para esa celebración del sitio web, se le permitió traer un acompañante. Al principio, iba a llevarlo a él, pero como le había surgido un imprevisto, decidió invitar a su mejor amiga Alice.

Las emociones por su ausencia durante tantos días la invadieron por completo.

Frunciendo el ceño, lo abrazó fuertemente, negándose a soltarlo.

'¡Ey!, parece que aferrarme a él me tranquiliza...'.

Dylan la tomó de los brazos y la apartó disgustado.

El dolor que le causó en la muñeca la despertó un poco y tuvo un rato de lucidez.

'¡Mierda! Seguro fue el vino. Algo raro debió tener...'.

Sin embargo, a esas alturas, ya estaba encendida en llamas.

Dylan trató de alejarla: "¡Suéltame!".

Pero Cassie no planeaba dejarlo ir porque había encontrado el antídoto. Así que apoyó su peluda cabecita contra su pecho, lo miró cariñosamente con los ojos empañados de lágrimas y le dijo: "No me apartes de ti, ¿está bien?".

El corazón de Dylan se agitó al ver que estaba llorando. Los efectos del brandy no se habían disipado del todo, y entonces susurró:

"¿Kacey?".

Tenía ciertas dudas y se preguntaba:

'¿Es ella?... ¿Ha vuelto? ¡¿Pero quién es ese tal Adam?!'.

Aprovechando que él seguía perdido en sus pensamientos, Cassie apretó sus labios gelatinosos contra los finos labios de él.

Aquel beso forzado lo había sorprendido como un rayo, dejando su mente en blanco.

'¿Será la misma? ¿Seguirá siendo tan apasionada y osada como antes?'.

Dylan empezó a sentir una ola de calor recorriendo todo su cuerpo. ¡Estaba reaccionando ante ella!

Adam... Aquel nombre le sonaba familiar, pero no podía recordar dónde lo había escuchado antes.

"Ya perdiste la oportunidad de arrepentirte", le susurró al oído.

"Jamás me arrepiento de ninguna de mis decisiones", contestó ella mordiéndole suavemente el labio.

Sobre las sábanas blancas del hotel, finalmente cayeron los dos cuerpos fuertemente enredados. La mancha de sangre escarlata se hizo evidente.

En medio de su aturdimiento, Cassie pudo escuchar claramente que le murmuraba: "No te perderé dos veces".

Al otro lado de la puerta, un hombre empujaba un carrito de comida. Esquivando hábilmente las cámaras, entró al cuarto, sacó su teléfono y apuntó hacia la pareja. Una sonrisa juguetona se deslizó en sus labios.

Al día siguiente, no fue el despertador lo que la despertó, sino la luz del sol que entraba por la ventana.

Sus ojos se entrecerraron ligeramente.

Cassie observó a su alrededor. Por encima, había una lujosa lámpara de cristal, y los muebles eran muy diferentes a lo que había reservado. La extraña ambientación la hizo sentirse un poco perpleja.

"¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? ¡Cómo me duele la cabeza!".

¿No se suponía que estaba en una fiesta?...

Fue a las nueve de la noche del día anterior, en el gran salón del primer piso del Windsor Holiday Inn.

La noche era encantadora. La araña de cristal colgada en el techo reflejaba una tenue luz cálida creando una atmósfera agradable y placentera. El bullicio que había era inusual. Muchos hombres y mujeres sentados a la mesa levantaban sus copas para celebrar. El sonido de las risas inundaba el ambiente.

Era la reunión anual de un importante sitio web literario.

Cassie Bo, 22 años. Debido al éxito de su primera novela, tuvo la suerte de ser invitada al evento acompañada de alguien más.

Su primera reacción fue elegir a su novio, pero una urgencia en la compañía le impidió asistir, y por eso decidió llevar a su amiga de la infancia Alice.

Cassie cerró los ojos y se frotó la sien, tratando de recordar lo sucedido.

Solo pudo recordar a Alice sirviéndole un montón de alcohol y que luego la acompañó a su habitación. Lo que sucedió después, era incierto. No podía recordarlo en absoluto.

"¡Bah, da igual! ¡Olvidémoslo!".

Cuando empezó a estirarse, volvieron sus quejas: "¡Ay, mi cintura!, ¡qué dolor!".

Sacó la frazada que tenía para levantarse, pero luego se detuvo. El aire frío la estaba congelando. Se estremeció al ver su propio cuerpo y dijo:

"¡¿Qué demonios?! ¡¿Estoy desnuda?! ¡¿Cómo puede ser?!".

Junto a la cama, podía verse la ropa esparcida por todo el piso. El frío la había despertado considerablemente.

Luego de pegar un grito, corrió hacia al baño envuelta en su manta. Su corazón latía cada vez más fuerte.

Cassie se miró al espejo. Las marcas rojas en su cuello le resultaban chocantes: "¡¿Acaso... no dormí con Adam?!".

Mientras se apresuraba a ponerse la bata, escuchó una voz que le sonó familiar.

"Es aquí, pasa".

Capítulo 2 Desvergonzada

Tan pronto como Cassie salió del baño, vio entrar a esas dos personas.

Alice estaba sosteniendo la mano de Adam con valentía mientras la miraba desafiante.

Ese día, Adam había ido con intenciones de romper la relación. Al fin y al cabo, Cassie le dedicaba demasiadas horas a la escritura y no tenía mucho tiempo para estar con él. Sus cuidados eran menos frecuentes comparados con los de su amante.

Además de eso, el afán que tuvo al principio por conquistarla, se debía en gran parte a una apuesta hecha con su compañero de cuarto, quería ganarle.

Después de todo, ¿a quién no le gustaría tener a la chica más bonita de la escuela?

Adam había rechazado la invitación a último momento porque Alice también quería asistir. Se negó a acompañar a Cassie para dejarle la oportunidad a ella. Y decidió venir por su cuenta.

Cuando Adam traspasó la puerta y vio esa escena, una gran ira se apoderó de él.

En ese momento, Cassie sólo tenía puesta la bata de baño del hotel. Los densos chupones que tenía en el cuello y en la clavícula estaban expuestos al aire, dando cuenta de todo lo sucedido.

La miró incrédulo y observó a su alrededor. El vestido y la ropa interior que ella había usado en la fiesta seguían tirados en el piso.

En un ataque de rabia, no pudo evitar que su palma cayera sobre el rostro de Cassie.

"¡Desvergonzada!", pronunció fríamente disgustado.

El impacto no hizo más que enviarla directamente al suelo.

Aquel doloroso golpe le dejó marcadas sus cinco huellas dactilares.

Alice se mostraba triunfante mientras fruncía el ceño y se apresuraba a decir: "Cassie, ¿estás bien?".

Fingió haberse enojado, se dirigió a él y le preguntó: "¿Qué haces, Adam? ¿Por qué la golpeaste?".

Cassie estaba consternada por la repentina bofetada que recibió de él. Las lágrimas de la que siempre había sido muy mimada por todos se deslizaron por su rostro hasta acabar sobre la alfombra.

'¡¿Me golpeó?!... ¿Cómo pudo atreverse?', se preguntaba.

Cassie seguía escéptica por lo sucedido cuando el nombre de Adam empezó a zumbar en su cabeza.

'¡¿Le dijo Adam?! ¡Nunca lo llamó por su nombre! ¿Desde cuándo se volvieron tan íntimos?'.

Aturdida, lo observó asombrada, pero luego de un rato pudo comprenderlo mejor.

Adam la miró, se aclaró la garganta y le dijo directamente:

"Me sentía culpable por romper contigo hoy, pero te acostaste con otro hombre a mis espaldas, así que estamos a mano. Escucha con atención: Hemos terminado. Ahora estoy con Alice".

No había ninguna pizca de culpa en sus palabras. Según él, se lo merecía.

Cassie sintió tal asco, cual si hubiese tragado una mosca. Siempre había sido una persona muy elocuente, pero en ese momento se sentía incapaz de pronunciar palabra.

Ella los miró con odio mientras decía apretándose los dientes: "¡Lárguense de aquí, pedazos de mierda!".

Con una sonrisa burlona, Adam tomó la mano de Alice y le dijo: "Vámonos".

Antes de irse, Alice le echó un vistazo a Cassie, fingió pesar, volvió a mirarlo y le preguntó: "Adam, me gustaría decirle algo, ¿te importaría esperarme afuera?".

"Como quieras, tesoro", le respondió amorosamente.

Después de que él se marchara, Alice le habló vanidosamente: "Cassie, ¿qué se siente cuando te quitan lo más preciado de tu vida? Ahora tienes toda la palabra".

El orgullo que siempre tuvo en su interior no le permitía seguir llorando. Así que apretó los puños, se levantó lentamente y se sentó al borde de la cama. Alzó su vista y le devolvió la mirada con desprecio: "¿Y qué se siente usar el traste viejo de alguien más?".

Era evidente que Alice no esperaba ese comentario. Se enfureció tanto que se sonrojó y levantó la mano para abofetearla.

Pero Cassie fue más rápida. La tomó de la muñeca y luego le dio un fuerte golpe alejándola de inmediato.

Le produjo tal dolor que tuvo que tomarse la cara con ambas manos.

Cassie se sentó tranquila sobre la cama mientras se mofaba sonriente: "Si tanto te gusta recoger la basura de los demás, entonces ¡quédate con esa basura de Adam! Te he devuelto la bofetada que me acaba de dar. A partir de ahora, ¡no somos nada!".

Alice se enfureció y eso se evidenció claramente en su cara.

'¡¿Con qué derecho?! ¿Por qué Adam se enamoró de ella si lo conocimos al mismo tiempo? Encima, yo tenía más experiencia redactando artículos en la web, ¿cómo pudo tener la suerte de hacerse famosa de un día para otro? ¿Acaso me invitó a la celebración para demostrarme lo buena que es?'.

Cuanto más lo pensaba, más se enfurecía. Alice se levantó del piso mientras sus lágrimas corrían sin control. La miró fijo y le dijo ferozmente: "Cassie, ¡ya verás!, ¡esto no queda así!".

Sin inmutarse en lo más mínimo, Cassie la miró y le contestó suavemente:

"Pues esperaré tranquila".

En la planta baja del Windsor Holiday Inn...

Unos zapatos de cuero italianos hicieron ruido al pisar. Dylan llevaba puesto un traje negro Armani con un abrigo del mismo color. Su apuesto rostro masculino mostraba bastante frialdad. Frunciendo los labios, atravesó la puerta giratoria del edificio.

Tenía intenciones de volver a casa, pero el repentino enjambre de periodistas se lo impidió y tuvo que regresar al hotel. La noticia que le había mostrado su secretario esa mañana seguía resonando en su mente.

Los empleados del hotel se inclinaron juntos para saludarlo: "Bienvenido, señor Lu".

Atrás suyo, lo seguía un escuadrón de guardaespaldas que trataban de alejar a los reporteros.

Su prolijo cabello brillaba ligeramente bajo las luces de los focos. Frunciendo el ceño con más fuerza, caminó hacia adelante sin decir nada.

Cierto reportero envuelto en una gruesa chaqueta comunicaba ante las cámaras: "Hoy les presentaremos un informe exclusivo sobre Dylan Lu, el hombre más rico de Asia, presidente del Grupo Hooey. Dylan regresó al país hace tres días y apareció hoy en un hotel con una mujer desconocida. Se sospecha de una relación amorosa, dado que se viralizaron en Internet una gran cantidad de fotos muy subidas de tono. Entonces nos preguntamos, ¿quién es esa misteriosa mujer?".

"El protagonista de un exitoso libro, publicado en un importante sitio web, comparte muchas similitudes con el señor Lu. Incluso tiene una personalidad muy parecida. ¿Existirá alguna relación entre ambos? ¡Vamos a averiguarlo!".

-

Las lágrimas de los ojos de Cassie solo empezaron a salir cuando ellos se alejaron del cuarto.

"Cassie, no vale la pena", se consolaba mientras lloraba y se secaba las lágrimas. "Esos bastardos no valen la pena...".

Pero mientras más se consolaba, más fuerte sollozaba.

¿Que no duele? ¿Cómo podría no doler?

No solo fue drogada por su mejor amiga, sino que perdió su más preciada primera vez. Lo más ridículo de todo era que nunca había sospechado que la traicionarían de esa manera.

Intentó calmarse, pero sus lágrimas seguían brotando. "Cassie, ellos no son los únicos que existen en tu vida, ¡aún tienes a tus padres! Sí, a tus padres...".

♪♫You liberate me from my own noise and my own chaos...♪♫

Su teléfono estaba sonando. Se limpió las lágrimas de la cara a toda prisa, antes de tomar su bolso para sacar el celular.

Era una llamada desconocida. Apresurada y temblorosa, pulsó el botón para atender.

Su madre, Maggie Shen, era adicta al juego. Los matones siempre la buscaban para cobrarse las deudas, por eso cambiaba de número regularmente.

Del otro lado de la línea, se escuchaba un silencio estridente...

Cassie alejó un poco el teléfono, respiró hondo y contestó intentando sonreír: "¿Hola?".

Luego de permanecer en silencio durante un largo tiempo, una voz ligeramente ronca, pero muy familiar, resonó en sus oídos: "Cassie..., tu mamá se suicidó".

Capítulo 3 Tu madre ha muerto

Cassie no pudo reaccionar inmediatamente, sino que respondió pasado un tiempo: "No te creo... ¿Cómo puede ser? Cuando me fui ayer, mamá estaba de lo más bien".

"Los cobradores vinieron a buscarla", le contestó Sean con voz temblorosa. "Después de que te fuiste, tu madre empezó a actuar de manera extraña. Dijo que saldría a comprar verduras, pero después no regresó. Anoche, la policía llegó a casa para informar que habían encontrado un cadáver en la zona industrial abandonada. Como a mí se me complica movilizarme, no pude acompañarlos. Rita, la vecina de al lado, fue a identificarlo... Era tu madre".

Aunque se lo había dicho claramente, ella seguía sin poder registrarlo: '¡¿Se suicidó?! ¡¿Mi mamá se ha muerto?! ¡¿Pero no había saldado la deuda?!'.

No encontrando respuestas, expresó ofuscada: "Cuando terminé de escribir el libro, le transferí todo el dinero a su cuenta... ¿No había devuelto todo? ¿Por qué haría eso? ¡Es imposible!".

"Había tres cuentas más. Tu mamá quedó debiendo cinco millones".

Cassie se sintió abrumada por la inesperada noticia. Todo tipo de pensamientos empezaron a zumbar en su mente.

De repente, alguien le quitó el teléfono a Sean para amenazarla: "¡Date prisa! ¡Tráenos el dinero! Si no lo haces, ¡destrozaremos esta casa!".

"¡¿Quiénes son ustedes?! ¡¿Por qué tomaron el teléfono?! ¡¿Qué pretenden hacer?! ¿¿Y mi papá?? ¡¿Dónde está mi papá?!", gritó desesperada.

Uno de los maleantes respondió ferozmente: "Eres Cassie, ¿verdad? Las deudas de los padres deben asumirlas sus hijos. Escúchame bien: Te doy una semana para que reúnas el dinero, de lo contrario, ¡no volverás a verlo!".

Los gritos de su padre se escuchaban de fondo.

"¡¿Ah?! ¡¿Qué le hicieron?! ¡Mi papá está enfermo! ¡No le hagan daño! ¡¿No saben que están haciendo algo ilegal?! ¡Voy a denunciarlos!".

Cassie lloraba desconsoladamente, pero los bandidos la ignoraron.

Colgaron el teléfono sin decir más nada.

En ese instante, sintió que su mundo se le derrumbó encima, y finalmente colapsó.

¿Qué se suponía que debía hacer? Estaba todo fuera de su control.

Solo lloraba y se lamentaba. No sabía qué hacer ni podía hacer nada. Nada de nada...

Intentó respirar tranquila, pero su cuerpo no paraba de temblar. "¡Cálmate, Cassie!", se persuadía.

Luego de un tiempo, fue estabilizándose gradualmente. Agarró su teléfono, miró las llamadas y se sorprendió al ver que su padre la había estado llamando incontables veces.

No pudo evitar que las lágrimas volvieran a caer.

Quiso tomar su vestido para ponérselo, pero se dio cuenta que estaba hecho pedazos.

Aunque el cálido sol brillaba a través del cristal de la ventana, Cassie se sentía atrapada en el invierno de la desesperación.

¿Qué diablos iba a hacer ahora? ¿Cómo salvaría a su papá?

Su padre era la única familia que le quedaba, ¿cómo juntaría eso cinco millones en una sola semana?

-

Los reporteros siguieron a Dylan desde la entrada hasta el ascensor privado del hotel. "Señor Lu, ¿qué tiene para decirnos sobre las fotos en las que aparece con una mujer desconocida?".

"Esa enigmática mujer, ¿es su novia?".

Los guardaespaldas le liberaban el camino para que pudiera pasar. Entró al ascensor, giró su cuerpo y cuando estaba a punto de cerrarse, levantó su apuesto rostro y los miró con picardía. El ascensor finalmente se selló, dejando a los reporteros y al alboroto fuera del mismo.

En el pasillo que daba a la suite presidencial, Dylan se preguntaba irritado mientras se arreglaba la corbata:

'¿Cómo entró esa mujer en mi cuarto? ¡¿Y esa copa de alcohol?! ¡Alguien debió echarle algo!'.

La puerta de la habitación se desbloqueó con un clic.

Cassie seguía sollozando al borde de la cama. Era evidente que Dylan no esperaba que ella siguiera allí.

Se acercó a la misma y le tomó de la barbilla mientras la miraba fijamente.

"Mujer", murmuró entre dientes. "¿Fuiste tú quien envió esas fotos a la prensa? Querías aprovechar la oportunidad para chantajearme, ¿no? Déjame decirte que no eres la primera mujer que quiere engancharse conmigo. Pero no vas a obtener nada, ¿entendiste?".

Las lágrimas no se habían desvanecido del rostro de Cassie cuando él la tomó bruscamente haciéndola entrar en pánico.

Ella observó que aquel hombre no tenía un aspecto ordinario, sino que vestía inusualmente elegante. Entonces recordó las amenazas de los maleantes y los gritos de su padre.

Un destello de esperanza brilló en su corazón al escuchar que había nombrado a la prensa.

"Señor, ¿podría prestarme cinco millones?", expresó con un nudo en la garganta. "Yo... quiero salvar a mi padre. Si no está dispuesto a hacerlo, entonces... ¡entonces te demandaré!".

¿Le pidió dinero? ¿Lo amenazó directamente? Es una mujer codiciosa... ¿Seguro que no fue enviada por Jasper Geng?

Lo que menos podía soportar Dylan, era ver a una mujer llorando. 'Las mujeres son increíblemente problemáticas. Lloran a cada paso y ponen nerviosos a cualquiera', se decía.

Pero había algo en ese rostro manchado de lágrimas que suavizó su corazón.

Se dio la vuelta después de un rato y le advirtió: "Me haré cargo de eso, pero más te vale que no digas estupideces".

Cassie se secó rápidamente las lágrimas y se tragó todo su llanto. "Está bien. Mientras salves a mi padre, haré todo lo que me pidas. Tres años. En tres años, ¡te lo devolveré todo!".

Dylan recordó de inmediato lo que su abuela Pearl Qin acababa de exigirle hace media hora:

"Ay, Dylan, ¿por qué no me dijiste que tenías novia? ¿Hasta cuándo pensabas ocultármelo? La abuela ya tiene 74 años; y tú, 28. ¿Tan difícil es que me des un nieto? ¡Bah! De cualquier manera, ¡esa mujer ya es mi nieta oficial! Debes traérmela para que la conozca. Si no lo haces, tendrás que entregar tu Hooey a cualquier otro accionista y volver a la compañía familiar".

Dylan volteó su cuerpo, dejando que la luz del sol se reflejara en su espalda. Parecía un ángel descendiendo de los cielos.

Realmente costaba discernir su cara con claridad.

Luego sacó un pañuelo del bolsillo de su traje y se lo ofreció. Se aclaró la garganta e intentó consolarla: "No llores, lo arreglaré, pero tienes que prometerme algo".

Cassie estaba desconcertada por su enorme cambio de actitud.

Detuvo su llanto, y con los ojos enrojecidos, tomó el pañuelo y le dijo con firmeza: "No haré nada que sea ilegal ni nada que rompa una relación".

Moviendo apenas los labios, Dylan espetó en voz baja después de pensar durante un tiempo: "Tampoco me interesan ese tipo de cosas".

Luego de usar el pañuelo, Cassie se lo devolvió, pero él agitó su mano con desagrado y le dijo: "Quédatelo".

Entonces levantó la vista y le preguntó: "¿Y? ¿Cuál es la condición?".

Angustiado por los periodistas que estaban esperándolo abajo, manifestó: "Lo hablaremos más tarde. Ahora necesito que me des una mano".

Ella asintió mientras lo miraba perpleja.

Seguidamente, Dylan tomó su celular e hizo una llamada telefónica: "Simon, tráeme un vestido de dama. Y diles a la estilista y a la maquilladora que vengan a mi habitación en media hora".

"Sí, señor, ¿qué talla?", respondió.

Dylan se quedó atónito por un rato y afirmó luego de echarle un vistazo a Cassie: "L".

Ella lo miró horrorizada y le preguntó: "¿Cómo sabes mi talla?".

Alzando la vista descaradamente, le contestó: "¿Y cómo crees que lo sé? He visto todo lo necesario...".

"¡Tú...!", refunfuñó ruborizada y titubeante.

Dylan frunció los ceños al ver sus ojos enrojecidos y su cabello desaliñado.

'Si sale así y la ven los medios, no sé qué otras tonterías volverán a escribir de mí...', pensó.

Cassie inclinó la cabeza y le preguntó tímidamente: "¿Tengo algo en la cara?".

"No digas nada en un rato, solo sígueme", le indicó con serenidad luego de mirarla un poco:

Todavía preocupado de que pudiera decir algo indebido, levantó su dedo índice y le advirtió: "Cinco millones".

Cassie asintió con la cabeza.

Simon Ji, su asistente personal, era sumamente eficiente y superconfiable; lo tenía todo organizado.

Trajo un vestido beige que no le quedaba ni grande ni chico, le quedaba justo. De hecho, destacaba cada perfecta línea de su figura curvilínea.

Tras observarla con esa vestimenta, Dylan cayó en trance. Ella notó su mirada perdida, de modo que bajó la mirada para revisar la ropa y preguntó: "¿Pasa algo?".

"Nada", respondió con frialdad.

La estilista y la maquilladora ya habían subido al cuarto. Cassie permaneció sentada mientras ellas la dejaban impecable.

Media hora después, la estilista se acercó a Dylan para comunicarle: "Señor Lu, ya está".

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