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El Emir

El Emir

Autor: : Rossetica
Género: Romance
Para Saamad, el Emir de Alfaslan, la primera vez que vio a Regina, una hermosa pelirroja occidental fue como un disparo a su sien. Una noche juntos entre las sábanas bastó para que ella se volviera una obsesión para él. Asimismo ella no puede olvidar como se sintió entregarse al Emir. Sin poder tener una relación seria con una mujer no árabe, la toma como rehén de un mal negocio de su hermano. Ella, a pesar de quedar prendada de la belleza y el poder de Saamad, no está dispuesta a ser solamente su amante y vivir tras la fachada de las noches de pasión que él le ofrece. Escapa siempre que puede y hace que la vida de ambos se vaya complicando hasta convertirse en la obsesión de un clan de la mafia italiana que pone al límite al Emir. Secretos salen a la luz y cambian el curso de todo pero siempre manteniendo la emoción en la ardiente pareja. Entre amenazas, pasión y lujuria crece el gran amor de Saamad y Regina. ¿Podrán ser felices en medio de tan tormentoso camino? ¿Será suficiente el amor para vencer todo el caos que su unión provocará? Descúbrelo en... El Emir: una historia de poder y pasión.

Capítulo 1 El beso

Saamad, el Emir

No puedo dejar de mirarla, refugiada en su esquina me sostiene la mirada y somos rivales en pleno duelo. Los ojos más verdes que he visto alguna vez en mi vida los tiene ella. Es preciosa, y libre. Sin túnica ni nada que muestre respeto hacia mi. Es una declaración de intenciones en mi contra y eso me atrae todavía más. Es la única mujer capaz de sostenerme la mirada además de mi madre y sabiendo que está bajo mis dominios, se resiste a ponerse de rodillas ante el Emir. Si no fuera tan bella la habría mandado a encarcelar. Es una falta de respeto asistir a mi palacio sin burka y sin mi permiso, sobre todo siendo una mujer sola. No tiene a nadie...solo a mí, para observarla.

Dejo que el tequila baje sin detenerse por mi garganta y me queme por dentro así como tengo la sensación de estar quedándome por ella. Su pelo rojo, largo y rizado hasta sus nalgas que se dibujan descaradas bajo el atrevido vestido..., ese escote en su espalda, la forma en que me mira de soslayo por encima de su copa dando vueltas a la pajita que sostiene entre sus labios me está haciendo estragos en la mente. Es adictiva la manera en que magulla sus propios labios. Quiero morderlos, abrirlos con mi pulgar y probar esa boca, su aliento contra el mío justo antes de comerme sus besos.

-Deja de mirarla así que es la hermana pequeña de Shafat -espeta mi hermano en mi oído. Y a pesar de su atrevida intromisión no consigue que deje de mirarla.

-Me gusta -decreto sin dejar de observar el gesto entre sus dientes, me está provocando -. Le gusto y voy a hacerla mía, esta misma noche. Sea la hermana de quien sea.

-Está de visita en la ciudad, Saamad -advierte como si me importara -...no es musulmana. Es su media hermana y nació en Inglaterra donde vivia con su madre, déjalo estar.

Suelto un resoplido burlón. Él sabe que no dejaré estar nada. Sabe que no me permito dejar de tener las mujeres que quiero y esta quiere ser mía también. No voy a empezar a romper mis propias normas hoy precisamente. Si la he dejado serme desleal e irrespetuosa es porque la deseo. Nada más.

-Pues no debió venir a Alfaslan -declaro rotundo.

Me levanto y le dejo con su fiesta. Mi madre ha querido hacer una enorme celebración en el palacio para el cumpleaños veintidós de mi hermano pequeño y no pensaba asistir, soy el Emir y tengo demasiados compromisos de estado como para estar bebiendo con universitarios pueriles pero Alí me insistió y aquí estoy, enloqueciendo por una pelirroja extranjera que no deja de jugar a la seducción con el príncipe de la persuasión. Se equivoca si piensa que puede ganar contra mí.

Tengo treinta y dos años, un montón de compromisos gubernamentales, un padre responsable de todas mis hazañas, así como todo tipo de historias inconclusas bajo demasiadas sábanas y cuerpos de mujer pero jamás en mi vida me había propuesto romper mis esquemas por una que no respete y comparta mis costumbres...hasta ahora.

Camino hacia ella que viendo venir lo que me propongo se aleja y sonrío para mis adentros. Quiere jugar la pequeña.

Sale a los jardines laterales sin imaginar que se ha escondido en el trasfondo de mis aposentos, justo donde terminaré con ella.

Me siento como un ladrón, que vigila a su presa para encontrar la debilidad y meterse a sus dominios a llevarse todo lo que pueda sin ser pillado. La miro, vestida con ese maldito trozo de tela verde como sus ojos, corto como mi autocontrol y revelador como su boca alrededor de la pajita...con eso es suficiente para que se me acelere la respiración y mi miembro se queje dentro de mi shibari.

-¿Me está persiguiendo el Emir de Alfaslan?

Me detengo cuando ella lo hace y pronuncia esas palabras dándose la vuelta..., camino a su alrededor con las manos cruzadas atrás de mi espalda evaluando como un zorro, por donde cazar mi oveja.

-¿Acaso no estás jugando a ser esquiva conmigo para ese mismo fin? -sigo haciendo círculos a su alrededor y sonríe, pero no contesta.

Quiere que la persiga, que le de caza y me ha provocado hasta conseguirlo. Lo que la pobre no sabe es que conmigo nadie juega y no se obtiene de mi aquello que no quiero dar. Aunque no voy a ser hipócrita al esconder que haría muchas cosas con tal de tenerla. Esa mujer desafiante, que me provoca y logra que le siga el juego, es un misterio novedoso para mi. Quiero más de eso que me hace sentir.

-Solo admiro la belleza del lugar, señor.

-¿Nadie te ha dicho que los hombres árabes somos muy posesivos y caprichosos? ¿Tampoco que vas vestida de forma inapropiada y podría castigarte por ello?

Me pego a ella por detrás, sin tocarla, solo mi turbante le rosa un hombro desnudo cuando agacho la cabeza a susurrarle. Respiro en su oído, veo sus pechos llenos subir y bajar desde mi altura y me muerdo la lengua para no meterla dentro de su oído y arrancarle la ropa aquí mismo, tomándola por entero.

-No pertenezco a ninguno así que eso no me preocupa -se atreve a mofarse -. Solo estoy admirando su belleza, es usted quien ha venido detrás de mí. Y en cuanto a las normas...-hace una pausa descarada y su trasero me roza la polla -...mmm, no lo sé, creo que soy una chica de castigos. En el pecado me gusta saber que llevo la penitencia.

El olor de su pelo me seduce sin que la pelirroja tenga ni siquiera que intentarlo. Es la primera vez en mi vida que me intimida lo que me provoca una mujer. No voy a dejarla ir sin probar si sabe tan bien como luce pero es un hecho que no la haré mía, me retiro de tan peligrosa tentación. Me conozco lo bastante como para saber que si me la llevo a la cama querré más y no es de mi tierra, no puedo tener nada con una extranjera...soy el jodido Emir. Y esta, en particular...es bastante más atrevida de lo que mi cultura permite. No puedo hacerlo. Tengo que dejarlo estar justo como sugirió mi pequeño hermano.

-¡Date la vuelta! -mi contundente orden la hace temblar pero obedece como un corderito.

Nos quedamos nariz con nariz, mirándonos a los ojos, verde contra verde y su aliento me roza los labios, me muero de deseo en ese solo gesto y quiero tenerla, necesito hacerlo pero...

-Tengo que irme -jadea y no la he tocado siquiera -. Mi familia espera que regrese a casa a las doce.

-Como cenicienta -murmuro divertido.

-Mas o menos -añade y se muerde el labio.

¡No puedo más!¡ Esto manda a la mierda mi análisis de antes!

Llevo mi mano a su barbilla, tomo entre mis dedos su mentón y atraigo mi boca a la suya hundiendo mi lengua en ella sin pedir permiso ni esperar nada más. Pero ella quiere tanto como yo y gime en mis labios cuando deja que me coma los suyos con vehemencia.

Sabe a cerezas, supongo que del cóctel que bebe. Gime cuando se los muerdo y aún no la toco, mi otra mano sigue detrás de mi y es gratificante sentir como es ella la que me toma de las solapas y me acerca para ahondar en un beso que no esperaba tener de alguien así, de forma tan visceral.

Se intenta alejar y entonces sí la tomo con mis dos manos, la levanto en su peso y me doy la vuelta para empujarla contra una pared y beberme sus jadeos mientras me la como a besos con toda la pasión que una mujer así ha conseguido provocar en mí.

Me pierdo en el sabor de sus labios y cuando siento sangre entre nuestras bocas me doy cuenta de que la he mordido demasiado duro y me aparto. Me ha vuelto una bestia y será mejor que huya, ahora que la dejo ir.

-¡Oh, por Alá!

Me sorprende que mencione a mi creador y la veo irse corriendo en cuanto la pongo en el suelo. La copa se estrella en una losa y ella se desaparece como si fuera humo de un cigarrillo apagado. Solo quedan en mi boca las cenizas de su abrasador beso.

Regina Shafat

No se suponía que sería así. Él no debía gustarme, ni hacerme sentir tan bien. Era solo seducirlo y fingir que me forzaba, nada más. Eso bastaría para acabar con su liderazgo...pero no he podido. Me ha revuelto un montón de sentimientos que ni sabía que existían y todo ha salido mal. Me he sentido arder en llamas entre sus expertos dedos, su cálida boca y sus ronroneantes quejidos.

Salgo huyendo y me toman del brazo de repente. Ya sé lo que eso significa.

-¿Por qué le has besado? Ese no era el plan, Regina -mi hermano maldice apretando mi carne y mascullando maldiciones.

-Lo siento, no pude. Es muy intenso y se me ha escapado de las manos la situación -me excuso medio sincera.

-Papá se va a enfadar -apostilla y tira de mí.

-He dejado caer mi pulserita -explico ahora sí mintiendo, se me ha caído con la huida -. Mañana vendré a recuperarla y provocaré otra situación hasta que consiga esa grabación.

-Más te vale...

Al final va a resultar que sí que soy como cenicienta. Soy británica pero al morir mi madre, me ha dejado el fideicomiso en manos de mi hermano y su padre, mi padrastro por ley, he tenido que venir a vivir a Alfaslan. Llevo tres meses aquí y tras un negocio de mi hermano con unos italianos ha roto el convenio con el Emir, ahora pretenden sacarlo del gobierno para poder salvar sus traseros pero entre sus ojos y los míos y el primer beso que he dado en mi vida, han pasado cosas que estropearon el objetivo de mi visita a este palacio.

Mañana le volveré a ver y no estoy segura de poder sostener la situación, soy una cría de veinte años intentando timar a un hombre una década mayor que yo y que tiene fama de ser un depredador letal y un tipo muy listo. No sé si pueda estar a la altura de lo que se espera de mí.

Solo me consuela pensar que en un año estaré lejos de aquí y estas personas -por llamarlas de alguna manera -, dejarán de ser mi familia y tutores testamentarios.

Capítulo 2 Sus ojos

Saamad, El Emir

No he pegado ojo en toda la noche

¿Cómo puede una mujer hacerme sentir así en un maldito beso?

Di vueltas y vueltas sin sueño por toda la cama. Una cama en la que me hubiese encantado amanecer con ella. Tomo la pulsera que dejó caer aquí entre mis manos y espero que mi consejero y amigo encuentre todo lo que se sepa de ella.

La noche se me hizo día pero sus ojos y ese pelo rojo siguen en mi cabeza tan vivos como anoche. Dos extraños somos y siento que ningún motivo me hará olvidarla. Sensual, inocente y adictiva. Así le sentí. No me besó como una mujer experimentada...estoy seguro de que no acostumbra a besarse con tipos por muy occidental que sea y eso de momento, me encanta.

-No piensas levantarte -ruge mi padre.

Salto de la cama y ahí sigue mi erección. Solo puedo pensar en quitarle la ropa y hundirla dentro de ella, no hay forma de que baje el deseo que dejó impostado en mí.

-Tengo una comida de estado papá, nos veremos después -intento que salga de mi alcoba.

-No te pases de listo conmigo, Saamad -brama el león Alfaslan -. Abajo hay una mujer, vestida inapropiadamente y solicitando una audiencia contigo. ¿Hace falta que te diga que hay normas irrompibles y sobre todo en palacio?

La polla se le pone más dura aún. Quiero ver que tan indecente viene hoy.

Esa maldita seductora no sabe que acaba de quemarse en mi fuego.

-¿ Es pelirroja? -tengo que confirmar y él asiente serio -.Dile a Faruk que la envíe aquí, papá.

-No vas a meter a una inglesa rebelde a los aposentos del rey de Alfaslan -es una orden y baja la vista a mi entrepierna -. Entiendo la situación pero, Saamad no...

-No voy a tocarla papá -él alza una ceja incrédulo -. Solo voy corto de tiempo y tengo que hacerla cumplir la ley. Haz que suba, por favor.

Sí, yo soy el Emir, el rey, el jefe de estado de Alfaslan...como quieran llamarlo pero para mí, mi padre es la jodida ley. Nunca iría en su contra y si estoy al mando es porque él así lo quiso hace cinco años. Se ha dedicado por entero a mi madre. Y a educar a mi hermano adoptivo que al no ser musulman de nacimiento le ha costado un poco más encajar las leyes. Ella tuvo una vida difícil y al no poder tener más hijos, con los años decidió adoptar a Alí, y mi padre no pudo negarle nada. Nunca ha podido hacerlo.

-La quiero hoy mismo en el calabozo -asiento comprendiendo la situación -. Ayer vino igual de atrevida y no creas que no los vi en el patio -¡Joder! -; pero ahora está medio desnuda y aunque a tu madre le ha hecho gracia, a mí no me la hace y mi palacio se respeta.

-Puedes apostar que dormirá en palacio y esposada.

Cuando mi padre se marcha entra mi perro, un san bernardo que me saluda y sube directamente a mi cama. Es un animal peculiar y se lleva muy bien con los leones de mi madre.

Me meto a la ducha esperando que el frío gélido del agua me abrace el miembro y baje mi erección. Estoy a punto de explotar.

Media hora después estoy más calmado, me cepillo los dientes y envuelto en una toalla salgo al encuentro de cenicienta.

-Pero,¿ No podías vestirte al menos?

Se da la vuelta para no verme desnudo y chorreando agua y es todavía peor que si la tengo de frente. Lleva un pedazo de tela que podría llamarse short pero se le ven las cachas de las nalgas, en teoría está en bragas. El pelo esta vez esta recogido en una coleta que me encantaría jalar hasta que su boca vuelva a estar dentro de la mía y la camisa..., la maldita camisa que lleva esta abierta mostrando escote y un piercing, ya esto es el colmo del descaro.

-Si tu vas por ahí medio desnuda, yo puedo estarlo en mi habitación -me acerco y la hago darse la vuelta.

Sus ojos me atraviesan los sentidos, me vuelvo loco solo de verme reflejado en ellos y la miro y la miro hasta que se muerde los labios como nunca jamás alguien lo había hecho provocando en mi todo lo que ella consigue.

En sus ojos verdes, grandes y vivos veo el impacto de mi propia virilidad haciendo mella en ella. No se esperaba verme desnudo, ni con el pelo escurriendo por mis hombros, ayer tenía mi shibari y hoy estoy como me creó Alá.

-Ya te he dicho que no soy de Alfaslan, no visto como ustedes -le tiemblan los labios y los acaricio con mi pulgar.

Sus malditos ojos me vuelven loco. Observo cada poro de su preciosa cara y me muero del deseo por ella.

-Pero estás en mis tierras, en los aposentos del Emir de Alfaslan y sabes que tengo normas estrictas.

-Solo quería recuperar mi pulsera y me han dicho que debía verlo para eso -seguimos muy cerca. Casi rozandose nuestros pechos.

-No crece un solo cactus en este desierto sin que se me informe -me permito mirar los montículos en su escote -. Tengo tu pulsera desde que se cayó pero tu desobediencia tendrá consecuencias.

Me acerco a su boca como guiado por una fuerza que no controlo. Quiero volver a probar esos labios de locura. Tocarla, quiero meter mis dedos dentro de la piel de esas nalgas y abrir se sexo hasta que me permita encajarme dentro de ella. La deseo como pocas veces deseo algo que no tomo.

Abre los labios un poco, se ve que también tiene deseos de besarme otra vez y ahí están esos ojos inocentes otra vez. Hay algo extraño en ellos. Se leen distintas cosas y tan pronto como veo pasión y lujuria, ganas de que la tome, veo miedo, inexperiencia, ingenuidad, algo pueril que no sé como descifrar y eso es justamente lo que me atrae tanto hacia ella.

Acaricio sus mejillas con la promesa de besarla como nunca lo ha hecho, con las ganas de hacerme con el control de su cuerpo y conquistar cada resquicio de el.

-Considérate detenida por las siguientes veinticuatro horas -jadea y deja caer la mandíbula -. Comunicaré a tu familia que estás bajo la custodia del gobierno de Alfaslan por reincidir en un delito de exposición física y del que tanto tú como ellos tienen consciencia. ¡Guardias!

Esos mismos ojos que tantas cosas me suponen, ahora lloran. Lloran tristes y no sé por qué eso me lastima. Algo dentro de ellos me gritan que la salve, que la ayude; pero me debato entre la ley que debo ejercer, la misteriosa manera de provocarme de ella y sus ojos enloquecedoramente seductores.

-¡Por favor, no me hagas esto!

-Soy el Emir de Alfaslan y mi palabra es ley -explico mirando como la esposa mis guardias que se mantiene afuera de mi alcoba -. Debes aprender a cumplir mus leyes si vas a caminar por mis suelos.

Veo como se la llevan y me doy la vuelta para reprimir la necesidad de arrancarla de los brazos de mis vigilantes y tirarla en mi cama hasta que se quede sin voz de tanto gritar mi nombre mientras la hago mía por todas y cada una de las veces que sus ojos me han rogado que la bese.

Capítulo 3 En mis manos

Ruedo los ojos escuchado a Alí protestar por la condición de la hermana de su amigo. Ya no me molesto ni siquiera en explicarle que hay leyes y tanto él como su amiguito lo saben.

La pelirroja se ha propuesto no sé por qué desafiarme, y se ha equivocado de Emir.

-Mañana será liberada -explico ratificando mi posición -. Hoy mismo se lo puedes comunicar a él pero no tiene derecho a visitas. Solo yo me puedo acercar a ella.

-Esto no me gusta, Saamad -se queja mi madre mientras intentamos desayunar en familia.

Mi madre ha sufrido mucho en la vida y es gran defensora de los derechos de las mujeres. Pero pertenecemos a Alfaslan y yo soy la máxima autoridad, no puedo permitir que se me falte el respeto y me provoque nadie y menos una extraña que no deja de desafiarme y me pregunto por qué.

-Lo sé perfectamente, mamá pero no te involucres -replico y mi padre ni mueve la cabeza, sigue comiendo y dándole trozos de jamón a sus leones, les encanta -. A la chica no le pasará nada y mañana estará en su casa siendo más obediente. Hay leyes y hasta tú, usabas tus túnicas cuando llegaste a aquí.

-¡Savannah, no! -se defiende nombrando a mi tía.

-Por eso no vive aquí, porque es más rebelde que tú y ella y mi abuelo adoran la libertad que les ofrece el mundo occidental pero esta chica es asunto mío y se acabó el tema -concluyo.

-Déjalo, mamá -asevera mi hermano -. Todo para él es un chiste y tener a una mujer bajo rejas por vestirse como quiera, es una broma para él.

-¡Cierra la boca, Alí! -ruge mi padre tomando partido finalmente y viendo venir que estaba perdiendo los nervios -. Esto es Alfaslan, y tu hermano cumple la ley. Si fuera yo el Emir, la hermana de tu amigo estaría en una cárcel y no en el sótano del palacio.

Tiro la servilleta en la mesa y salgo cuando veo que Faruk me hace una señal extraña. Siento el cuchicheo de mis padres y mi hermano detrás pero me alejo a hablar con mi consejero y amigo.

-Aquí tienes todo lo que me pediste de la chica -miro unas fotos en Londres donde se ve hermosa -. Es virgen, Saamad -susurra sonando a advertencia y me mira sorprenderme -. Permíteme que te deje un consejo -asiento sin dejar de ver a la pelirroja en biquini en una playa -...mañana déjala ir con su familia y si puedes expulsala de Alfaslan, hermano te conozco y vas a caer con esa mujer.

En los informes también se ve que la chica está atrapada aquí por un fideicomiso que su padrastro y hermano ambicionan. Así que supongo que no es una mera visita.

-Eso no va a pasar -decreto y le devuelvo los papeles yendo a mi alcoba para terminar de vestirme para salir.

-Todavía hay algo más -entra detrás de mi y con cuidado suelta -. Su padrastro compró cien de tus caballos y le han visto intentando salir de Alfaslan. No ha pagado. He mandado unos guardias a por él.

Ese estúpido no imagina que timandome solo consigue que mi rabia vaya en aumento y asuma que su hijastra está aquí para seducirme por algún otro fin. Acaba de complicar todo y va listo si piensa que puede burlarse de mi. No tiene una maldita idea de todo lo que puedo llegar a hacer contra alguien que me la juega

Sea hombre o mujer.

Ella debía agachar la cabeza frente a mi, jamas mirarme a los ojos y eso lo perdone. Nunca debió usar ese tipo de ropa en mi país, y la he dejado jugar conmigo pero ahora veo que todo forma parte de un mal plan y está en mis manos. Tanto ella como su familia. No soy un tipo fácil y no juega conmigo nadie.

-Prepara mi caballo que voy a salir tras él -ordeno tomando mi daga y ajustándome el turbante a cuadros rojos en la cabeza.

Me despido de Drogo, mi perro y salgo furibundo hasta el sótano. Voy a por ella y no imagina nadie cuánto han cambiado las cosas con esta nueva afrenta.

Lo peor que puedes hacer frente a un mandatario árabe es ofenderlo. Somos implacables y letales.

Mis guardias me siguen y bajamos a por ella, la llevaré conmigo y como algo vaya mal las consecuencias serán monumentales.

Llego al sótano y veo como un carcelero está intentando tocar sus piernas desnudas... la vista se me vuelve negra y mi mano sale disparada al cuello del tipo, clavo la daga en su hombro y bramo ante la atenta mirada de todos...

-Esa mujer es mía -ella cae al suelo llorando despavorida -. Si alguien la toca muere y tú nunca más -me agacho a tomarlo por el cuello -, óyeme bien...nunca más verás la luz del sol por tomar algo del Emir. ¡Encierrenlo!

Tomo a la chica del cuello y la saca de allí. No la consuelo, ella debió saber que entre estas tierras las normas valen por algo; pero la saco del peligro y le arranco una túnica a uno de mis guardias para dársela a ella:

-¡Cúbrete! -la pone sobre sus hombros -. El cabello también -ordeno y la obligo a caminar a mi ritmo feroz. Tengo una mañana frenética.

Nadie a mi alrededor se atreve a hablar. No pueden desafiarme y saben que cuando me enojo soy letal. Si ese guardia no ha muerto es porque la pelirroja estaba mirando, no quiero que vea partes de mi que la asusten. La quiero para mí, el tiempo que pueda.

-¡¿Emir...?! -me llama Faruk y salgo al fuerte sol. Mi caballo me espera.

-Habla -bramo.

-La chica -me detengo y hago que ella también se frente tomando su nunca -...¿Irá con usted? ¿Traigo un coche, otro caballo?

Me doy la vuelta y de un salto sin estribo caigo en el lomo sin ensillar de Tifón, mi caballo blanco como la nieve. Ella jadea y todos continúan expectantes.

-Dame tu mano -esta vez obedece enseguida y la subo delante de mi, toruradora y exquisitamente cerca de mi masculinidad -. Vayan en coche, dame mi arma.

Me ofrece el revolver y lo acomodo en mi shibari junto con la daga y segundos después estoy galopando velozmente con la pelirroja entre mis manos y su trasero provocando mi cordura; pero ella será la fuente de negociación y la única forma de evitar que mate a un hombre hoy.

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