¿Qué podría salir mal si unimos a un exitoso empresario y a lady Alexia?
Podría crear una perfecta biografía acerca de mi perfecta vida como dueño de mi perfecta empresa, pero lamentablemente no hemos venido a hablar solamente de mí.
Mi padre es un reconocido ex-militar de las fuerzas especiales y tengo dos madres de la misma profesión que él. Ellas son las mejores amigas de mi viejo y las mujeres más importantes en mi vida. Siempre intentaron darme amor y una excelente crianza.
No me quejo, salí perfecto.
Fui criado por una hermosa familia de cinco. Tengo dos madres maravillosas, Arya y Lauren. Realmente se esforzaron en darme una educación adecuada y que fuera un ser humano bondadoso. Mi padre, Donato, me enseñó que debía ser un caballero y un ciudadano respetuoso. Mi tío, Ryan, me educó para que fuera responsable y me hiciera notar con mi presencia, y mi tío, Alek, me enseñó a tener confianza en mí y que me sintiera orgulloso de mis logros y habilidades.
Aunque ninguno somos perfectos a mi familia no le cambiaría nada. Mi madre Arya y Lauren siempre han dicho que soy un italiano criado con el ego de un ruso. Tal vez, mis tíos tuvieron la culpa en esa parte de mi crianza.
Solo hay un pequeño problema en mi perfecta historia... Alexia.
Por culpa de un favor que le pidieron a mi padre por ser amigo del duque de Suecia, y llevarse bien con la reina de Finlandia, me han involucrado en esta locura. Soy dueño de una de las empresas de tecnología más importantes de toda Amsterdam y ahora debo darle empleo a la hija rebelde de esos monarcas.
¿El problema?
Lady Alexia es una malcriada, una presumida que no sabe tratar con las personas. Por ser de la realeza no sabe hacer nada y se cree superior a los demás. La imagen de mi empresa, y mi perfecta reputación de magnate exitoso, se está viendo manchada por la actitud de la señorita sangre azul.
Mi padre me ha pedido ayuda porque dice que esa mujer se parece a mí y puedo ayudarla a cambiar.
Lo que no sospechaba es que ella venía a acabar con mi perfecta paz y a costarme perdidas valiosas de dinero en mi perfecta empresa.
Esto me pasa por meter mis narices en la vida de una sueca con ínfulas de reina.
Aunque les gusta leer las historias narradas por chicas, debido a lo perfecto que soy, las voy a deleitar con mi presencia.
Hola, soy Giotto Marchetti y vengo a mostrarte lo perfecto que soy...
Solo si Alexia no me estorba.
Amsterdam-Países Bajos
Taker Company
Giotto
Uno no espera que a tan corta edad tener casi todo en la vida. He luchado la mayor parte del tiempo para salir de las garras de mi familia. No son malos, solo que tienen demasiado dinero y no me dejan crecer. Bueno, eso es más que todo porque mis tíos rusos cagan plata.
A mis 35 años he logrado posicionarme como la compañía de tecnología número uno de todo Amsterdam. Somos excelentes hackers, programadores, técnicos y todo lo que sea que necesites. Aunque he llevado a la empresa a tan alta posición, el dueño real de este imperio tecnológico es mi tío Aleksandr.
Reverenda desgracia y con lo perfecto que soy...
-Giotto -la voz de mi padre Donato, me hace verlo-. ¿Estás entendiendo lo que te estoy pidiendo?
-Ni siquiera te escuché -respondo con simpleza.
La risa de Lukyan y Antonella se escucha en la oficina. Estamos en una reunión extremadamente secreta. Por cierto, Lukyan es mi mejor amigo y vicepresidente de Taker Company. Él es hijo de mi tío Ryan y aunque no compartamos la misma sangre, el destino nos hizo familia. Lo mismo sucede con Antonella, ella es hija de mi tío Aleksandr y legalmente debería ser ella la dueña de esta empresa, pero decidió otros rumbos, por ejemplo, ser modelo.
-Giotto, te estoy hablando en serio -la voz de mi padre sale molesta-. ¿Puedes dejar de pensar en ti por un momento?
Alzo una ceja.
-No estaba pensando en mí, viejo -suspiro-. Estaba presentando a los extras de esta historia -señalo a mis amigos.
-¿Soy un extra? -pregunta indignado, Lukyan, lo miro obvio-. Me la pasaré más contigo para ser el coprotagonista perfecto.
-Giotto y Lukyan, ¿acaso no fue suficiente con haberse tatuado todo el cuerpo por sus benditas malas decisiones y egocentrismo? -mi padre golpea el escritorio y se levanta de la silla-. Un favor... les estoy pidiendo un puto favor y ninguno de los dos puede tomarse en serio la vida de otras personas.
-A mí me importa Antonella -la aludida me da la mano-. ¿Eso cuenta? Pensé en otra persona, hombre.
-Por esa estúpida actitud es que Aleksandr no te da la empresa -niega con la cabeza.
-Papá no le da la empresa es porque mamá quiere que Gio sea más humano -replica, Antonella-, pero es absurdo que no se la dé porque es el empresario más guapo y exitoso de toda Europa -suelta mi mano-. Igual que Lukyan, pero a nadie le importa él.
Mi amigo y yo reímos. Los tres estamos sentados en el sofá que había en mi oficina. Sinceramente solo usamos este mueble para los regaños exagerados de Arya y Lauren, pero hoy se sumó Donato.
-¿En qué me he equivocado con ustedes? -mi padre nos mira con resignación-. Estoy jodido con esa mierda de personalidad que tienen -la decepción se refleja en su rostro-. Aleksandr y Ryan tienen la culpa de esto.
En medio de la indignación de mi padre, la puerta de la oficina es abierta haciéndolo callar. Entraron dos mujeres pelinegras y un hombre, junto a mis madres, Lauren y Arya.
-Se nos llenó el circo -dice, Antonella, acomodándose en el sofá, haciéndonos reír a Lukyan y a mí.
-Antonella, por favor -la reprende, Arya, cuando cierra la puerta-. Esto es culpa de Aleksandr y su brillante idea de criarte como a una diosa.
-¿Qué tiene de malo ser mejor que los demás? -pregunta, Lukyan, limpiándose una pelusa imaginaria de su pantalón.
-No puedo creer que mi hijo esté hablando así -Lauren ve indignada a mi amigo-. Debí divorciarme de Ryan y que no viera al niño jamás.
Se hace silencio en la oficina cuando una pelinegra de ojos bastante llamativos carraspea.
-¿Es que ninguno de ustedes conoce a la realeza? -pregunta-. Si no lo saben soy la futura reina de Finlandia y ustedes me deben respeto.
Alzo una ceja al ver a la pelinegra, me recordó a una niña que me dijo en la guardería que no era perfecto ni que mis padres eran príncipes.
¿Cómo lo recuerdo?
Compartí por dos años con esa niña y sus palabras me persiguen todavía.
-¿Quién más lo dice aparte de ti? -respondo, con una pregunta, haciendo molestar más a la chica-. Y no, no conozco la realeza tengo cosas más importantes que estar pendiente de princesitas.
-¡Madre! -la chica ve a una mujer pelinegra bastante mayor-. Este imbécil me está faltando el respeto. Denúncialo a la corte imperial o haz que se lo lleven a la habitación de torturas.
Sonrío de lado al ver la expresión de burla de la señora.
Bingo.
Tengo nuevo juguete para divertir a mi estupendo ser.
-¿Es que debes refugiarte en las faldas de mami para tener tus propias peleas? -me burlo, pasando mi índice por el labio inferior de mi boca, la risa de Lukyan y Antonella se escuchan al fondo.
La chica presiona sus labios en una fina línea recta.
-Eres un imbécil -me mira indignada, dejo de tocar mi boca-. ¿Qué edad tienes, cuatro años? Porque eres un imbécil, inmaduro y un plebeyo ignorante.
-Tengo tres años, ¿pero quién los cuenta, princesita? -me acomodo la corbata-. Podré ser todo eso, pero como plebeyo cago plata y me sabe a escremento tu opinión.
-¡Giotto! -el grito de mi padre hace que la princesita pegue un brinco-. Ya es suficiente.
Se hace nuevamente silencio, la diferencia es que el ambiente se volvió tenso. Lauren y Arya intentaban calmar a mi padre y, mis apreciados amigos, Lukyan y Antonella se fueron de la oficina riéndose de mí.
Joder, ¿no se suponía que iban a ayudar en lo que sea que dijo Donato?
-Lamentamos la actitud de Alexia -se excusa el hombre que vino con ella-. Por ese mismo problema es que hemos venido a ti, Donato.
-Esperamos que puedas ayudarnos con ella y darle trabajo aquí -la madre de la chica es quien habla.
-¿Cómo que trabajo? -me levanto del sofá, perdiendo toda emoción y alegría por mi nuevo juguete-. ¿A qué mierda se refiere con trabajo aquí, Donato?
-Primero te calmas -responde, Lauren-. Pensé que él ya te había hablado de eso.
-¿Qué estupidez me va a decir Donato si lo único que le importa es que me tatué todo el cuerpo? -digo entre dientes.
-Y segundo, Aleksandr contrató a lady Alexia para empezar a trabajar aquí -termina de hablar, Arya-. Disculpen la actitud de imbécil de mi hijo.
-¡¿Qué?! -decimos al unísono, la fulana Alexia y yo, camino hacia los visitantes de Donato.
La pelinegra mira a su madre y al hombre que está con ella como si quisiera matarlos. Todos estamos de pie frente al escritorio donde se encuentra sentado mi padre.
-¿Así es como me van a tratar? -habla con indignación, pasando los dedos por su cabello en un intento de peinarlo-. Nadie es digno de ser tratado bien y ustedes...
-¡Alexia, basta! -el hombre pelinegro la grita-. Eres la futura reina de una nación y tu propio pueblo te odia. ¡Soy tu padre y si digo que vas a trabajar para ver si resulta que tienes humanidad, pues trabajas y punto!
-Mamá... -lloriquea la princesita.
-Alexia, no hagas las cosas más difíciles -responde seca la señora.
La chica se calla y se cruza de brazos mientras ve a todos en la oficina con un odio nivel leyenda.
-Te lo dije cuando llegaste a la oficina, pero estabas en tu mundo, Giotto -mi padre me ve con resignación, mi atención vuelve a él-. Es un favor que te estoy pidiendo. Solo cuídala y hazle ver que el mundo de los plebeyos no es malo.
Suelto una carcajada.
-No soy guardaespaldas, soy un hombre de negocios -me acomodo mi perfecto traje color gris-. Arréglense ustedes y a mí no me jodan con la princesita caprichosa.
-La empresa es de Aleksandr y lady Alexia trabajará aquí -responde, Arya-. Te aguantas y colaboras, Giotto.
-Arya... -no me deja terminar de hablar.
-Giotto, es la última palabra y advertencia para ti -me mira decidida, ahora entiendo por qué mi tío Aleksandr y ella han durado todo este tiempo.
-Bien, lo haré porque me están obligando -respondo fríamente.
Se hablaron de los acuerdos de confidencialidad, de seguridad y no sé qué cosas más, para que la princesita estuviera a salvo en mi perfecta empresa. Vivirá en el departamento que está un piso más abajo que el mío para evitar que la princesita se sienta mal.
-No creas que soy feliz con esto, imbécil -me mira con repugnancia-. Te haré la vida imposible por aceptar esta estupidez.
-Mira la felicidad que me causa tenerte aquí -la miro de igual manera-. Intenta dañar mi perfecta reputación y hago mierda tu vida, princesita.
-Lady Alexia -me corrige-. Mugriento plebeyo.
-Princesita del demonio, querrás decir -la corrijo.
Esto apenas comienza.
Taker Company
Días antes del desastre de mi vida...
Giotto
¿Cuánto tiempo te puede llevar darte cuenta de que eres perfecto y llevas una vida completamente perfecta? A mí me puede llevar segundos.
Quiero decir, nada más con mirarme te puedes dar cuenta que soy bastante... llamativo. Las miradas de las mujeres en la calle nunca me abandonan y hasta de los hombres también.
No miento al decir que soy hermoso y un perfecto caballero. Puede ser que tal vez no tan perfecto, pero todo de mi opaca mis imperfecciones.
-Entonces, ¿cuántos tatuajes te harás, hermano? -Lukyan, mi mejor amigo, me preguntaba con una ceja levantada-. A tu viejo le va a dar un infarto cuando vea que en tu cuerpo ya no cabe un tatuaje más.
Nos empezamos a reír mientras entramos a una cafetería.
-Todavía me queda el rostro sin tatuar -nos sentamos en una mesa que teníamos reservada para nuestra charla matutina-. Donato se cabrea muy rápido porque no me deja vivir en paz.
-Bueno, si lo ves desde otra perspectiva, podemos decir que tu padre se preocupa por ti -frunzo el ceño-. ¿Me queda bien el papel de hombre preocupado? Estoy practicando para que mi madre deje de insistir en que debo convivir con seres humanos.
-Convives con mi perfecto ser...
-Y el mío -me interrumpe, Antonella, sentándose en nuestra mesa de siempre-. Estoy agotada de ver cómo mi madre quiere que cambie de aires -suspira cansada-. Mis aires están sumamente perfectos.
-Definitivamente es difícil la vida de nosotros los ricos con los caprichos de nuestra familia poco comprensiva -admito con pesar.
No somos niños, pero venimos de familias con carácter y cuando eres desobediente y quieres hacer tu voluntad, tus viejos se molestan. Lukyan es unos años menor que yo, es un tipo blanco, cabello castaño, cuerpo igual al mío, tatuado como yo, cabello castaño, ojos azules y barbudo. Es apuesto y es un perfecto descendiente de una italiana y un ruso. Es hijo de Lauren y Ryan, mis tíos de crianza y los mejores de este mundo.
Antonella es una hermosura de chica pelirroja, adorable a la vista, sensible, piel de porcelana y con un carácter perfecto. De verdad adoro a esa niña. Ella también es hija de una italiana y un ruso. Su madre es Arya y su padre es Aleksandr, también son mis tíos de crianza y los seres más maravillosos que yo pude conocer.
-Mamá quiere hacerme ir a un hogar de acogida -me empiezo a reír de Antonella-. No te rías así, imbécil. Mira que gracias a eso no pagas impuestos.
-Si pagamos impuestos -interviene Lukyan-, solo que nos sale más barato por simplemente hacer obras benéficas.
-Es cierto -le guiño un ojo-. El dinero que nos sobra debemos darlo a los más necesitados. Recuerden que a mis tíos les gusta ser el ángel de la guarda de los pobres.
-Sí y no sabes lo que me molesta que me hagan convivir con ellos -responde indignada.
-De verdad que no comprendo por qué tienen que hacernos cambiar -llega una mesera con el menú-. Me gusta como somos y no lastimamos a nadie.
-Oye, mesera -señalo a la chica -, la mitad de esta cafetería es mía y la otra mitad es de ellos -señalo a los chicos-, ¿exactamente cuál fue tu motivo para dejarnos esperando tanto tiempo?
Los tres vemos a la chica que se encuentra avergonzada.
-Tienes anteojos y creo que son lo suficientemente grandes para que te des cuenta de que tenemos más de 30 minutos esperando por ti -me cruzo de brazos al verla que no me responde.
-La chica está muda -Lukyan coloca sus brazos en la mesa-. Los ratones puede ser que la dejaron sin lengua.
-Es que no hay nadie en la cafetería, ¿acaso no querías atendernos? Oh, por Dios. Si somos clientes habituales en nuestra cafetería y en todo lo que sea de nosotros -Antonella, mira a la chica de arriba hacia abajo-. ¿Te damos miedo, linda?
La chica baja la cabeza y juega con su delantal, suspiro aburrido por semejante situación y miro hacia los lados. Todos en este lugar sabían que nosotros estábamos aquí, pero nadie quiso venir a tomar nuestros pedidos.
Me levanto de la silla y voy hacia donde había un hombre anotando algo en un cuaderno.
-¿Por qué dejaste que los dueños de este lugar esperaran para ser atendidos? -enfrento al tipo, él alza la vista del cuaderno y me ve como si no entendiera-. Está cafetería es mía, no porque este enfrente de mi compañía quiere decir que no lo es.
-No comprendo de qué me habla, señor -el hombre frunce el ceño molesto-. Estoy pagando las deudas, pero está cafetería es mía.
-¿Deudas? Amigo, hace rato que está cafetería es de Taker Company -se burla mi amigo.
-En oferta la compramos y quisimos mantener a sus empleados para que no se sintieran mal por perder su empleo -interviene Antonella.
-¿Ves? La cafetería es nuestra. Entonces, atiende a sus dueños o váyanse y no vuelvan -respondo.
El hombre se empieza a reír haciéndome molestar.
-¿Así son todos los ricos? -lanza unas cosas en el mostrador-. En serio se creen los dueños del mundo por cagar plata. Creen que pueden menospreciar al resto de la gente trabajadora, que se esmera por hacer las cosas bien y lucha día a día para llevar la comida a la mesa...
-La de nosotros estaba vacía, por si no lo viste -lo interrumpe, Luk.
El hombre lo ignoró y siguió hablando.
-Se creen el ombligo del mundo y creen que todo gira a su alrededor, pero déjenme les informo, en la vida real, en los barrios pobres todos luchamos día a día para salir adelante y aunque no tengamos dinero, tenemos una familia que nos apoya.
-¿Y quién te dijo a ti que nosotros no somos apoyados por nuestras familias? -se empieza a reír Antonella-. Eres tan divertido. ¿Acaso es culpa de nosotros que todos ustedes sean pobres? Simplemente somos personas pudientes, tenemos una posición más cómoda que el resto y gracias a nuestros padres estamos aquí. Así que no digas que nos creemos el ombligo del mundo. No, cuando realmente somos el ombligo del mundo.
El hombre la mira mal.
-Carecen de amor, humanidad y hacen que la gente los desprecie por su actitud asquerosa. Podremos ser pobres y no tener una posición económica, pero tenemos algo que ustedes no -alzo una ceja esperando la metáfora del año-, tenemos amor, sentimientos y eso, el dinero jamás lo podrá comprar.
Aplaudo al hombre con fuerza, llamando su atención.
-Vaya, ahora dilo sin llorar para que tenga un efecto más profundo y significativo en nosotros -me acomodo la corbata y lo veo con seriedad-. Esto es simple y sencillo. Escucharte hablar es como permitirle a un perro que coma chocolate. ¿Tengo dinero? Sí. ¿Tengo posición económica? Sí. ¿Debemos seguir discutiendo con un resentido de la vida porque no le dio la gana de atender a personas que son superiores a él? No. Y una cosa más, ¿tenemos culpa de tener el dinero que las personas del barrio pobre y a ti les falta? No. Así que deja tus sermones de hombre dolido y recoge tus pertenencias porque la realidad hoy te golpea a ti.
-Eres un miserable hijo de puta -escupe con rabia.
-Sí, lo soy y para mis negocios soy peor. Entonces, para evitar más molestias en tu perfecta y pobre vida, hasta hoy trabajas aquí. Puedes irte a lamentar a otro lugar y vivir del amor que entre todos se dan -me encojo de hombros-. Simplemente tenías que hacer tu trabajo, no te dio la puta gana de atendernos y no porque sea el ser más poderoso de todo Ámsterdam, voy a tratar como la mierda a los seres humanos. Simplemente presumo de lo que tengo y como no me da la gana de tenerte en la cafetería que estaban rematando cuando la compramos, te despido.
El hombre sale hecho furia de la cafetería y maldiciendo a diestra y siniestra.
-Quien quiera hacerle compañía al hombre desafortunado, ahí está la puerta. Nadie los detiene de vivir una mejor vida y estar en otra cafetería, pero les recuerdo, que todo lo que nosotros ofrecemos, en ningún otro lugar lo encontrarán -esta vez era mi amigo quien hablaba.
Dos chicas más salieron de la cafetería mientras el resto regresaba a trabajar.
-Jodieron mi paz mental y mis ganas de tomar café, se largaron -me indigno.
-Vamos, tenemos una reunión con papá -me informa Antonella, dándome un beso en la mejilla.
Asiento y empezamos a salir de este lugar. Me comporto como un niño, soy un inmaduro que le gusta discutir y sacar de las casillas a las personas, me apasiona verlos cabreados, pero soy un jodido ser humano. Sé de lo que carezco y eso hace que no sea completamente perfecto.
Recuerdo claramente a la mocosa de tres años que estuvo conmigo en la guardería y gran parte de la culpa de que yo sea así, es de ella.
Decir que yo no era perfecto, un caballero y un ser humano hermoso, hizo estragos en mi perfecta personalidad y marcó mi niñez.
Ahora soy completamente lo que ven. Giotto Marchetti, un empresario billonario que carece de sentimientos y ama ver sufrir a los demás.