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El Francotirador: Disparo al corazón

El Francotirador: Disparo al corazón

Autor: : IrlyWriter
Género: Romance
Ariel Fuentes, un agente retirado de la fuerza especial, al no haber superado la pérdida del amor de su vida, con la noticia de la muerte de su hermano, se verá sumergido en un espiral de misterios y riesgos en torno a ella, así como también se verá tentado por Aliska Brooke, quien sin saberlo se convertirá en pieza fundamental en la búsqueda del asesino y a su vez en su negación a enfrentar los sentimientos que se desarrollan entre ambos al creerla al principio la amante del asesino de su hermano, y luego al descubrir que era su viuda, y por ende, un amor tan prohibido como lo es su ensimismamiento de vivir del recuerdo de su amor pérdido.

Capítulo 1 Las Pesadillas de Ariel

Dos meses antes

Como ha venido sucediéndole en estos últimos, desde que él recuerda, comenzaron a presentarse en su cabeza las imágenes sucesivas del automóvil dando vueltas en círculos sobre el pavimento, y él observando como si de una película se tratara, Ariel Fuentes, se remueve sobre la cama, desesperado. Aunque quisiera hacer algo por detener el movimiento mortal del automóvil que parece venirse encima de él, de pronto (en el sueño) se queda inmóvil, observante a la tragedia que se sucede ante sus ojos, conscientemente sabiendo que nada puede hacer. El susto que siente aumenta escandalosamente los latidos de su corazón y al mismo tiempo le hace sentir una tristeza opresora que le comprime el pecho, le dificulta la respiración. Sacude la cabeza sobre la almohada una y otra vez, sintiendo como se le corta la respiración, quiere gritar y algo se lo impide, aprieta los dientes y los labios como si tratara de contener algo. De sus ojos, aun estando cerrados, salen unas gotas de lágrimas que no puede contener. Comienza a sudar como si estuviera en un maratón. Aprieta las sabanas al empuñarlas en sus manos.

El estruendo que se escucha cuando el auto finalmente detiene las volteretas, es ensordecedor, aunque para él eso es lo de menos. La desesperación que siente es superior, le impide detenerse a considerar el ruido, solo una cosa desea salvar de esa tragedia. Se ve a sí mismo salir del auto arrastrándose, intenta ponerse de pie, pero las piernas se niegan a responderle. Por el rostro le corre un hilo de sangre. Se siente desorientado, insiste en ponerse de pie. Cuando lo logra, mira a su alrededor, se pone de pie y vuelve a girar la mirada, aunque por momentos siente la mente nublada, le es difícil identificar la realidad que lo rodea, mira al cielo, el nivel de aturdimiento no le permite darse cuenta que está vivo.

Una persona se acerca a él, lo toma del brazo buscando alejarlo del auto, se niega, siente que es sacudido y en ese instante la recuerda, Sherelyn, su amada, ella venía con él, no puede hablar, las palabras se niegan a fluir, intenta zafarse del agarre del hombre desconocido que insiste en alejarlo, gira la cabeza buscándola con la mirada, hasta que sus ojos la ubican adentro del auto, allí está ella inconsciente. Forcejea con el hombre, logra soltarse, sabiéndola allí adentro, y cuando está a punto de agacharse para volver a entrar al auto, a lo lejos escucha que alguien le grita.

-¡Va a explotar!

No tuvo tiempo ni siquiera de tocar su rostro por última vez, fue arrastrado en forma brusca en retroceso y ante sus ojos su auto fue consumido por las llamas mientras tres personas lo tomaron en peso para alejarlo lo que más pudieron antes de que el auto tuviera el desenlace que más nunca logró olvidar.

Sherelyn, con quien estaba comprometido a hacer una vida, se desvaneció ante sus ojos. El grito ahogado que se desprendió de sus entrañas fue la muestra del desgarrador dolor de perder a la mujer que más ha amado en la vida, la única que le dio fuerzas y lo alentó a ser quien es hoy en día.

-¡Sherelyn! -La llamó en un grito ahogado.

De golpe despertó, y se dio cuenta, una vez más, que solo es un sueño. Con la respiración entrecortada. Toma asiento en el colchón y golpea la superficie con el puño derecho cerrado. La depresión que siente no lo deja descansar, todas las noches ha sido lo mismo. No se halla sin ella, cada noche el mismo sueño, cada día que pasa la extraña más y más. El deseo de haber muerto a su lado ha sido una constante en todo este tiempo.

Ya ni lo que viene haciendo, que le daba una motivación para avanzar, le ayuda.

Sacude la cabeza y decide terminar de levantarse al reconocer que no podrá lograr conciliar el sueño. Está de permiso solo por el fin de semana. En unas horas le toca reincorporarse al escuadrón elite de la fuerza especial donde ha venido sirviendo por ocho años. En los dos días que lleva afuera ni siquiera fue a visitar a su hermano, no tuvo fuerzas para hacerlo, se fue directo a la casa donde vivió con ella por tres años.

Sabe que nada puede hacer para recuperarla, es consciente que debe continuar con su vida, pero ¿Cómo hacer si no encuentra una motivación real para vivir?

Deja que el chorro de agua de la ducha azote su cabeza para ver si con eso logra despejar la mente de tantos recuerdos dolorosos. Estruja el poco cabello que le permiten tener con fuerza al lavarlo con el champú. Como si con eso fuera a borrar definitivamente esa parte de su vida de tantos sufrimientos y desdicha. Enjabona también su cuerpo en forma enérgica, lo enjuaga con suficiente agua y luego enrolla una toalla gruesa alrededor de su cintura para ir directo a la cocina a prepararse una café bien cargado.

Mientras la cafetera cumple con su función, regresa a su habitación, se viste con el uniforme, organiza rápidamente el espacio, dejando todo en un orden escandalosamente perfecto. A Sherelyn le gustaba así, y así ha procurado mantener toda la casa, como si ella estuviera en cada rincón, como si la escuchara reclamar por dejar las cosas tiradas.

¿Qué puede dejar en desorden? Nada, si desde que ella se fue ha evitado hacer algo que la moleste, algo que le quite la tierna sonrisa que lo enamoró.

Con el morral a cuesta, da un último vistazo alrededor, cierra la puerta con absoluto cuidado, y vuelve a la cocina. No sin antes colocar el morral en el piso al lado de la puerta de salida.

Con la mirada y la mente pérdida en el rostro de Sherelyn y los momentos bonitos que vivieron esos tres años de relación, se toma el café. Enjuaga la taza y la deja sobre el lavado para que se escurra, a la espera de su próxima visita, que ni él sabe cuándo volverá a suceder.

Cuando ella vivía procuraba siempre acortar las misiones para no estar tanto tiempo distantes. Ahora poco le importa regresar a casa, poco le importa dejarse morir en una de ellas. Cumple con su trabajo, pero entregado a la posibilidad de acabar con una bala en la cabeza en cualquier momento.

En sí, ese es su mayor deseo. Ser atravesado por una bala pérdida o intencionalmente enviada. Acabar con el sufrimiento de recordarla y saber que no podrá recuperarla es el peor de los castigos que un hombre puede vivir, que un hombre enamorado y con planes de un futuro como él puede experimentar.

Desesperado, toma sus llaves, su arma de reglamento, su móvil y se encaminó hacia la puerta, de un tirón se tira al hombro el pesado morral y sale de casa como espantado.

Aborda su camioneta, y sin detenerse en ningún lugar en dos horas llega a la base. Un viaje de tres horas, Ariel Fuentes, obstinado de la vida, lo hizo en menos tiempo.

-Fuentes -Al ingresar al área de entrenamiento, escucha que a lo lejos lo llaman por su apellido.

Con fastidio voltea a ver quién pudiera estarlo necesitando. No sin antes mirar su reloj de mano y confirma que su turno no comienza sino hasta dentro de cuatro horas.

-Mayor Corleone -Se para firme para saludarlo. Es uno de sus superiores.

-Fuentes, ¿Cómo estuvo su fin de semana? -Le pregunta al estar más cerca-. Espero que mejor que su rostro. Parece no haber tenido una buena noche.

-Nada que el trabajo no me ayude a resolver, Mayor -Le dice con apatía.

-Eso espero, lo quiero concentrado -Le dice el Mayor palmeando su hombro-. Ha sido asignado a una misión en la frontera con Panamá, debemos cumplir con las directrices de casa blanca. Termine las horas de permiso que le quedan y a las once horas preséntese en la sala de estrategia, allí se reunirá con tres compañeros que les harán compañía.

-Perfecto, Mayor, así será -Le contesta y después que este se retira, prosigue su camino hacia el área donde están las habitaciones.

Bien pudo haberse quedado allí a pasar el fin de semana con los compañeros que no tienen familiares cerca o simplemente deciden no salir. Solo que la necesidad de sentirse cerca de ella lo lleva a buscar refugio en el último lugar donde estuvieron, el lugar que hicieron suyo y el conserva con devoción.

Llegó a la habitación y dejó dentro del compartimiento el morral y se tiró sobre la cama, colocó la alarma, pues siente que en cualquier momento se quedará dormido.

Se coloca la almohada sobre los ojos y se deja concentra en el sonido de su respiración pausada buscando desconectarse, aunque sea por una hora.

Lo logra, pero cuando tenía rato dormido volvió a caer en un sueño, pero no violento, sino más bien como si de una mirada se tratara. Allí estaba Sherelyn a la distancia observándolo con el mismo amor que siempre le miraba. Nada le dijo, sino que se perdió en solo verla y de pronto se esfumó, dejándolo caer en el sueño profundo que necesitaba la noche anterior y que el solo hecho de estar en casa no le permite conciliar.

-Fuentes -Escucha que lo llaman-. Fuentes.

Algo sacude su cama de manera exagerada, por lo que decide sentarse.

-Martins -Saluda al tiempo que e pasa una mano por el rostro-. ¿Qué pasa?

-Te mandaron a buscar, el Mayor dice que eres el único que falta en la sala de estrategia -Le informa.

Mira el reloj y de golpe se para de la cama, abre el compartimiento y saca el morral al darse cuenta que son excedidas la once antes meridiem.

-Nos vemos -Se despide de Martins.

Sale espantado por el pasillo en carrera hasta llegar al tercer nivel corriendo por las escaleras.

-Fuentes, lo primero que le dije y mire la hora -lo regaña el mayor al verlo pararse en la entrada.

-Permiso para entrar -Dice Fuentes en su saludo habitual.

-Termine de entrar, tome su lugar -Le ordena.

El Mayor le da una última curiosa mirada y vuelve la vista a la imagen que se está proyectando en la lámina de acetato al fondo de la sala.

Allí explicó al detalle la estrategia de la siguiente misión, lo seleccionó a él como el tirador, y a los otros en las otras posiciones estratégicas.

-Contamos contigo Fuentes -Le pide el Mayor-. Concentración y mucha observación. Nada de distracción. Esta misión es importante, la orden viene de arriba, no podemos fallar.

-¿Cuándo partimos? -Le pregunta Fuentes, sintiendo fastidio porque siempre el discurso es el mismo.

De sobra sabe que las misione que le asignan al grupo donde está, que casi siempre son los mismos que lo acompañaran en esta, viene de arriba. A todos no los asignan a las mismas misiones. Hay unas que por su nivel de complejidad solo se las asignan a ciertos grupos de riesgo, entre esos, al que ocupa ahora.

Dos horas después estuvieron en el comedor. Como no desayunó, se sintió necesitar comerse a un puerco pasa saciar el apetito que comenzó a atacarlo.

Siempre que les toca salir, procuran comer bien, pues no saben en cual otro momento tendrán la oportunidad de sentarse a la mesa a probar una buena comida, así como tampoco saben si volverán a pisar la base, por lo menos con vida.

-Fuentes, ¿Por qué tan retirado? -Le pregunta el agente Campos, un compañero que fungirá como observador en el grupo.

-Quiero estar solo -Le contesta con retrechería, lo cual llamó la atención de Campos.

No es la primera vez que Ariel trata a uno de sus compañeros de esta manera. En el último tiempo es así. Ha dejado de sonreír, en su lugar se muestra más solitario que nunca, amargado, decaído.

Esto por más básico que parezca ha venido llamando la atención de sus superiores.

Capítulo 2 La Evaluación Psicológica

-En posición -Ariel escucha la voz de Campos en el radio transmisor conectado al audífono que cada uno de los cuatro hombres que fueron asignados a esta misión tienen en el oído.

Diez días tienen en el mismo lugar, cinco días detallando el terreno, y al objetivo asignado, y el resto esperando el momento ideal para cumplir con el trabajo sin fallar y sin levantar polvo. La orden es la discreción, ser pacientes, ecuánimes, no dejar a ninguno del objetivo vivo, pero sin alterar el entorno.

Están en una zona boscosa, expuestos a los miles de animales raros que han tenido la oportunidad de ver allí. El calor es agobiante en el día y en las noches el frío hace de las suyas, lo que aunque Ariel reconoce es tremendo, en nada les afecta. Ya han pasado por pruebas donde la exposición a las altas y bajas temperaturas ha sido objeto de evaluación, y hasta de resistencia en las diferentes misiones a las cuales han sido asignados.

Se dice que los que están allí, incluso Ariel Fuentes, son los mejores en la elite, más, sin embargo, Ariel no siente la misma motivación con la que iniciaba y terminaba cada trabajo que le encomendaban. Otrora, recuerda era uno de los primeros en todo. Su trabajo sigue siendo de calidad, pero no con la misma transparencia que evidenciaba, ante todo.

-Listo, tengo al objetivo enfocado -Responde Ariel, procurando estar concentrado en su objetivo. Habla casi en un susurro por el transmisor que tiene pegado a la chaqueta con la que además de cubrirse para evitar ser identificado, procura cubrir su cuerpo del frío y los bichos raros que salen en horas de la noche.

En lo alto de la montaña donde se encuentran, el viento sopla con violencia, no se escucha ruido alguno diferente al paso del viento chocando en el rostro de cada uno, todo es calma, una tranquilidad ensordecedora, pero tan acostumbrados están a esto que no les afecta para nada. El entrenamiento que han recibido les ayuda a concentrarse y no perderse en medio de tanta tranquilidad.

Este trabajo pudiera considerarse el más aburrido, tedioso, requieren de tanta concentración que el enfocar los pensamientos solo en el objetivo y todas las particularidades que pudieran contribuir o afectar la misión, debería ser el único de sus pensamientos.

¡Qué situación tan compleja para un hombre con tantas situaciones de vida afectándole! ¡Qué retador pudiera ser para cualquiera que, como Ariel, afronte la peor crisis de su vida!

Pasar por una perdida, es duro para cualquiera, y sobre todo para un hombre que puso toda su vida en manos de esa persona que ahora no está. Esta experiencia fácilmente puede distraer a cualquiera, sin embargo, en un militar especializado en tirar del gatillo se espera que no sea así. Están entrenados para suprimir el dolor, se obligan mentalmente a no sentirlo, a ignorar toda señal que los altere.

Esto ha procurado hacer Ariel, solo que la situación parece salírsele de control. La ausencia de ella la ha sentido aun estando a kilómetros de distancia de su país. En todos esos que han transcurrido, desde su pérdida, no ha superado la agonía de no tenerla.

-Atentos -Anuncia Campos al ver que Ariel no acciona el arma-. Fuentes el objetivo se nos va a escapar, esta es la última oportunidad con la que contamos -Le advierte sintiéndose desesperar al ver que el lugar comienza a llenarse de hombres armados.

La orden es disparar sin armar una guerra como la que Campos prevé sucederá de no proceder de inmediato. Ve que el objetivo se mueve y Ariel no aprovechó la oportunidad. Aquel camina hacia un grupo de diez hombres que se reunieron, quedando de espalda a Ariel, perfecto para darle el tiro ganador.

Ariel volviendo en sí decide accionar su rifle disparando dos veces sobre la humanidad del hombre que cayó al suelo de manera dramática y sin darse tiempo a reaccionar. Justo en ese instante al ver que los que estaban alrededor, se pusieron alerta, recordando la orden de no dejar cabo suelto, no le quedó más que disparar a todo lo que comenzó a moverse en el espacio donde cayó su objetivo, pues estos tenían la intención de responder a donde quiera que pudieran estarle enviando las balas.

La oscuridad es tan densa, que pareciera que todo confabuló para que lograran cumplir con la misión. Con el apoyo del resto de sus compañeros, Ariel y el resto de los tres chicos, le dio de baja a todos los que estaban en el terreno.

Conociendo de sobra el procedimiento de retirada, recogieron todo de manera estratégica y arrastrándose por el suelo, llegaron a la zona más densa, donde pudieron ponerse de pie y caminar entre la oscuridad y las numerosas plantas altas, hasta el lugar donde recuerdan dejaron el jeep. Dos horas de camino para no ser descubiertos, dos horas que les dio la oportunidad de relajar los músculos entumecidos por tantos días de inactividad real.

Dos días después retornaron a la base. Ariel se disponía a descansar después de ducharse, cuando recibió un llamado de su superior por lo que le tocó desistir de la idea del descanso.

-Permiso para entrar, Mayor -Solicita Ariel al estar en la entrada del despacho del Mayor Corleone.

-Adelante, Fuentes, cierre la puerta y tome asiento -Le ordena sin quitar la vista de lo que parece un informe.

Aguarda en silencio mientras el Mayor termina de leer. Mientras mira hacia el piso.

-Bueno, Fuentes -Inicia el Mayor-. Una vez más lo felicito por su actuación; pero, no puedo sentirme tan satisfecho porque puso en riesgo la misión y a sus compañeros.

-Comprendo, Mayor -Admite Ariel mirándolo serio.

-Fuentes, he venido observándolo en los últimos meses y, de hecho, pedí a uno de los especialistas que lo evalúe desde la distancia -hace una pausa-. Cuénteme ¿Qué le está sucediendo? Usted no es ni sombra del agente que solía ser.

-No tengo nada, tal vez es agotamiento, solo eso, Mayor -Le responde con tranquilidad.

-Aquí tengo el informe que pedí elaborarán de usted y al resto de los compañeros del grupo. Su trabajo sigue siendo excelente pero no con la pulcritud a la que nos tiene acostumbrados -Le informa-. Voy a ser sincero con usted. Esta es la segunda misión en la que por distracción comete un error, mínimo, pero error al fin. Error que, de proseguir y acentuarse, puede poner en riesgo la seguridad de todo un país -Le expresa con firmeza el Mayor-. No crea que no nos hemos dado cuenta que no ha superado la muerte de su novia. Desde que se reincorporó lo vemos más distante, centrado en el trabajo, pero inconscientemente apático al cumplimiento de ciertas rutinas que usted bien sabe son importantes en la preparación de un agente con la responsabilidad que usted lleva a cuesta.

-No sé qué decirle Mayor -Responde Ariel, reconociendo que el Mayor tiene razón en su observación.

-La junta tomó una decisión, como es tan buen recurso para nosotros, para el país, después de una reunión donde fue evaluada la situación de varios agentes, entre ellos, usted, la junta decidió solicitar una evaluación con un especialista de la fuerza especial -Le informa mirando con atención la reacción de Ariel-. Del resultado de la misma se decidirá que resolución hemos de tomar con usted. Mañana a primera hora deberá presentarse al consultorio del Doctor Capote. Él se encargará de hacerle la evaluación y de inmediato informarnos sobre su observación.

-Así lo haré, Mayor -Responde Ariel conforme con la petición-. Sí no hay más que ordenar, pido permiso para retirarme.

-Concedido -Contesta el Mayor, quien lo acompaña con la mirada en su recorrido por el despacho hasta que cerró la puerta a su espalda.

A paso lento Ariel avanzó por el pasillo. Reconoce que no se siente el mismo después de la muerte de Sherelyn, pero estima que no es para tanto. Sin embargo, es una orden de su superior, y como tal debe cumplirse.

Al día siguiente, siendo las siete de la mañana, no fue a desayunar como acostumbra, sino que se dirigió al consultorio. Una de las reglas que le impone el cumplimiento del deber es la puntualidad y por eso se encuentra frente a la puerta del doctor, esperando ser llamado para salir de esto que le parece una perdida de tiempo. Solo por protocolo trata de cumplir.

-Adelante, agente Fuentes -Le pide la secretaria del doctor.

Durante la evaluación, que pareció más una conversación, donde solo él habló de su vida, comenzando desde la infancia, fue sometido una y otra vez a interrogantes un tanto tediosas, y que vieron su punto de algidez cuando llegó al tema de Sherelyn. En esa etapa, desde el comienzo de la relación hasta el propio día de su muerte e incluso al de hoy, fue donde el doctor se detuvo una y otra vez en interrogantes, de las cuales, muchas Ariel no quería responder.

En este momento se dio cuenta que nunca había hablado este tema con nadie, le cuesta hablar de ella, de su muerte, del efecto que esa experiencia dejó en él, sobre todo la amargura, el deseo constante de morir que lo acompaña en todo momento, los momentos de excesivo apetito y otros en los que nada le provoca, como ahora, solo quiere dormir, escapar de la realidad que lo rodea, y solo por el compromiso que asumió con la institución, se mantiene en pie todavía.

Cansado de tantas preguntas, llegó un instante en el que se mostró más irritado que otros días.

-¿Podemos terminar? -Le pregunta Ariel con brusquedad al doctor, poniéndose de pie de manera inesperada y de golpe-. Necesito salir de aquí, me siento asfixiado.

-Espere, me faltan algunas preguntas -Le pide el doctor al verlo avanzar hacia la puerta.

-Para mí ya fue suficiente -Le dice Ariel con decisión al tiempo que abre la puerta sin la sutileza que se espera de un agente que dista mucho de la serenidad que debe caracterizarlos-. Haga lo que quiera con lo que le conté.

Salió al pasillo azotando la puerta. Se siente desesperar, con deseos de salir de allí y acabar con lo que le rodea, es consciente que no puede actuar como bien quisiera, pero es lo que le pide el subconsciente, es lo que le pide su corazón destruido. Dentro de él no hay un sentimiento pulcro, bonito, como los que tuvo antes de perder a Sherelyn. Ellos murieron con ella, y ahora solo desea acabar con todo y más con su vida, si con eso dejará de sentirse tan mal.

Capítulo 3 La Baja de Ariel

-Hola, mi amor -Anuel saluda a Aliska, le da un tierno beso al recibirla en la entrada del edificio del banco donde la chica lleva tres años trabajando como secretaria ejecutiva del presidente de la entidad bancaria.

-Hola, mi vida -Emocionada ella le responde y se abalanza a sus brazos para corresponder al tierno beso-. ¿Vamos por el bebé?

-No es necesario, mira -Anuel le señala para que mire hacia adentro del auto-. Ya fui por él y antes aproveché por ir por reservas al almacén -Le dice en una sonrisa mientras rodea su cuello con su brazo para ir con ella abrazada hasta el auto.

-Eres lo máximo, amor -Apretándose a su cuerpo Aliska celebra tenerlo a su lado.

-Vamos a casa, ya es tarde para ustedes -Comenta Anuel cerrando la puerta del copiloto luego de que Aliska tomó asiento en su lado.

Dado que viven al otro lado de la ciudad, les tomó casi media hora en llegar a casa. Sin embargo, ante la felicidad que sienten de estar juntos, hasta estos momentos que para otras personas resultan incómodos, ellos lo disfrutan. Se aman tanto que de toda dificultad sacan el lado positivo.

-¿Cuándo piensas decirle a tu hermano de la existencia de Alirio, amor? -Le pregunta Aliska estando ya en casa.

-No sé, ya voy para un año que no lo veo. No se deja ver. Desde la muerte de Sherelyn, Ariel cambió mucho.

-Debió ser duró para él no solo que haya fallecido sino ante sus ojos, yo no lo hubiera soportado -Responde Aliska.

-Mañana intentaré comunicarme con él al comando, le perdí el rastro, ya ni sus números de teléfono tengo, e ir a su casa es perder el tiempo, nunca está allí -Contesta Anuel.

A la mañana siguiente como todos los días, los tres salieron de casa, dejaron a Alirio en la guardería y Anuel dejó a Aliska en la entrada del banco. Luego se dirigió a la empresa de tecnología donde viene trabajando desde hace años después de graduarse.

Llegando a su oficina, recibe una llamada de su único amigo, Jerry Montes.

-¿Qué pasó hermanito? -Le saluda el chico al otro lado de la línea.

-¿Qué más? -Responde Anuel-. Aquí comenzando a trabajar, ¿Dónde has estado qué no se te ha visto la cara estos días? Los muchachos preguntaron por ti.

-Es que sigo haciéndole las vueltas a mi hermano, y la verdad no he tenido tiempo de ir a la universidad -Le contesta Jerry.

Ambos vienen sacando una especialización en su área. Jerry trabaja en una empresa que es de su hermano, o por lo menos eso le hace creer a todos, mientras que Anuel es Jefe de un área en una de las destacadas empresas del país. No lleva vida de millonario, pero si le da para mantener a Aliska y a su pequeño hijo, Alirio, quien cuenta con escasos dos años, el tiempo que tiene Sherelyn de haber fallecido.

Alirio nació ese año, y Ariel por la depresión se apartó de todo, incluso del único familiar que tiene vivo, de Anuel. Este por más que intentó buscar un acercamiento para que no le fuera tan dura la pérdida, Ariel no se lo permitió, y comprendiendo su dolor, decidió no insistir en que conociera a Alirio ni a Aliska. Pensando en que en algún momento Ariel superará la depresión, desistió de la idea, hasta la noche anterior que Aliska se lo recordó.

-Pensé que ya habías terminado con eso, como no me dijiste para volverte a acompañar -Comenta Anuel.

-Es que la situación se puso fea y preferí no arriesgarte -Le dice Jerry.

-¿Cómo así? ¿Qué tan complicado puede ser sentarte dentro de un auto solo a mirar si un hombre entra y sale de un edificio? -Le inquiere Anuel curioso.

-Después te cuento, ¿Nos vemos hoy para tomarnos algo en la noche? -Le pregunta Jerry al otro lado de la línea.

-Nos vemos en la universidad, llevaré a Aliska y a Alirio a casa y salgo de una para allá -Contesta Anuel.

Se despidieron, y en seguida Anuel para no dejar pasar la oportunidad del breve tiempo libre, marcó el número del destacamento de la elite donde Ariel lleva años trabajando.

-Buenos días -Saluda.

-Buenos días, ¿En qué puedo ayudarlo? -Pregunta una voz femenina al otro lado de la línea.

-¿Me puede comunicar con el agente Ariel Fuentes, por favor?, dígale que es de parte de su hermano, Anuel Fuentes -Le pide a la chica.

-Ya le informo -Responde la chica.

Anuel tuvo que esperar en la línea por buen rato.

-Disculpe, me informan que el agente Ariel Fuentes ya no forma parte de la elite, fue dado de baja el día de ayer -Le informa la chica, logrando preocupar a Anuel.

-¿Por casualidad no tiene un número de teléfono donde pueda ubicarlo? -Le pregunta.

-No estoy autorizada para dar ese tipo de información, le sugiero buscarlo personalmente -Responde y cuelga la llamada, dejándolo con el teléfono pegado al oído y con la preocupación marcada en su pecho.

De los dos Ariel siempre fue el disciplinado, organizado, metódico, siempre procuraba cumplir con las reglas, las ordenes de sus padres. Llevó una vida tranquila, y feliz, incluso, al conocer a Sherelyn parece que esa felicidad se multiplicó. Sus padres murieron de la misma forma que Sherelyn, en un accidente de tránsito, y la llegada de la chica iluminó la vida de ambos, solo que Anuel para darles espacio como pareja, decidió irse a vivir solo a otra ciudad. Terminó sus estudios y al poco tiempo conoció a Aliska, de quien se enamoró apenas un par de semanas después de cortejarla ante la belleza de la chica.

En esa época Aliska parecía una niña, poseía, y aun posee, un cuerpo diminuto, delgadita, baja de estura, rubia, ojos verdes, rostro aniñado, era la inocencia en el cuerpo de una mujer. Anuel se enganchó tanto a ella, que no tuvo escapatoria, y al día de hoy permanece tan enamorado como el primer día.

Preocupado, Anuel sacude la cabeza y se remueve en su silla, pensado donde comenzar a buscar a Ariel.

«¿Qué habrá sucedido para que le hubieran dado de baja?» Piensa Anuel interrogante.

El Día Anterior

-Agente Fuentes -Escucha Ariel que lo llaman por el alta voz-, por favor dirigirse al despacho del Mayor Corleone.

Se encontraba entrenando justo en ese instante. Por lo que le tocó dejar la maquina donde venía haciendo algunos ejercicios de cardio, tomó sus efectos personales y corrió hacia el nivel donde se encuentra el despacho del Mayor.

-Buenos días -Saluda a la secretaria.

-Pase agente, ya lo esperan -Le informa la chica sentada detrás del escritorio dispuesto en una esquina.

Haciendo caso a la sugerencia, se encaminó hacia la puerta, dio un leve toque y al escuchar la voz de autorización del ingreso, giró el picaporte y entró para quedarse al lado de la puerta. Allí encontró al Mayor y otros funcionarios de alto rango de la elite, inclusive al doctor Capote, por lo que sin esperar a que le digan algo, Ariel presume que el llamado es con ocasión a la evaluación que le realizaron hace días.

-Pase y tome asiento agente Fuentes -Le pide el Mayor Corleone.

-Permiso -Responde al tiempo que les dirige a los presentes el saludo que se estila en estas instituciones.

Todos esperaron a que él tomara asiento, y una vez seguros de verlo en posición de alerta, el Mayor Corleone comenzó a hablarle.

-Agente Fuentes, ya tenemos el resultado de su evaluación -Comienza a hablarle-. Como resultado de las diversas evaluaciones a la que fue sometido, en junta médica el doctor Capote, como su médico de cabecera y otros especialistas, concluyeron que usted viene padeciendo de distimia, enfermedad del mal humor, presumimos que fue con ocasión a la muerte de su novia -El Mayor hace una pausa esperando ver su reacción-. Como bien sabe no podemos mantenerlo activo en el servicio sin poner en riesgo la seguridad de sus compañeros, la propia y la del país. Será dado de baja a partir de este momento, con la condición de someterse a tratamiento médico y terapia.

-Con el respeto que se merecen, ¿Para qué sométeme a ningún tratamiento sí igual me están dando de baja? -Pregunta Ariel enfurecido, solo que le toca contener la ira.

-Déjeme terminar agente -Le pide el Mayor-. Esta baja está sujeta a una condición especial.

Ariel, sin comprender esta resolución nunca vista en la institución, se remueve en la silla.

-La condición es que de demostrarse en el tiempo que usted se recuperó del todo, luego del tratamiento y las terapias, tendrá posibilidad de volver a la institución. Obviamente deberá presentar algunas pruebas para verificar su total recuperación, y eso le dará una posible reincorporación a la fuerza especial -Le informa el Mayor.

Dado el nivel de pesimismo en el que esta enfermedad sumerge a quien la padece, Ariel, con el respeto que sus superiores se merecen, aun queriendo, no acabó con el despacho del Mayor, pero salió de allí totalmente desesperanzado, pero con la promesa de acudir a partir del día siguiente a la consulta con el doctor que llevara el control del tratamiento y las terapias.

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