Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Moderno > El Heredero quiere venganzar
El Heredero quiere venganzar

El Heredero quiere venganzar

Autor: : Erick
Género: Moderno
Santiago Montero, heredero de un vasto imperio vinícola, se veía forzado a elegir esposa de entre las siete "Estrellas" de su padre, talentosas huérfanas bajo su tutela. Estaba obsesionado con Sofía Herrera, la genio de las finanzas, la única que lo trataba con glacial indiferencia. Una noche, su ilusión se hizo pedazos. Escuchó a Sofía y a las otras confesar un cruel plan: usar su obsesión por la "reina de hielo" como escudo, mientras todas, incluyendo a Sofía, competían por el afecto de Marco, a quien su padre también había acogido. El shock fue insoportable. Sofía no solo lo había despreciado, sino que había saboteado su silla de montar, causándole una pierna rota, y lo había humillado públicamente, todo por Marco. La traición alcanzó su cima cuando Marco le mostró un vídeo íntimo de él y Sofía, sonriendo con malicia: "Ella es mía, Santiago. Siempre lo ha sido. Ya me he acostado con todas." Su mundo se derrumbó. Todo, su amor y su ingenuidad, había sido una vil mentira. La furia fría se apoderó de él. ¿Cómo pudo ser tan ciego? ¿Por qué esta crueldad extrema? ¿Cómo pudo su "amor" ser manipulado así? La ingenua versión de Santiago murió esa noche. El tonto heredero que pagaba las facturas había desaparecido. En su 25º cumpleaños, la noche en que debía anunciar a su prometida, la venganza sería el plato principal. Las mentiras terminarían, y él se encargaría de que todos los que lo traicionaron pagaran el precio.

Introducción

Santiago Montero, heredero de un vasto imperio vinícola, se veía forzado a elegir esposa de entre las siete "Estrellas" de su padre, talentosas huérfanas bajo su tutela. Estaba obsesionado con Sofía Herrera, la genio de las finanzas, la única que lo trataba con glacial indiferencia.

Una noche, su ilusión se hizo pedazos. Escuchó a Sofía y a las otras confesar un cruel plan: usar su obsesión por la "reina de hielo" como escudo, mientras todas, incluyendo a Sofía, competían por el afecto de Marco, a quien su padre también había acogido.

El shock fue insoportable. Sofía no solo lo había despreciado, sino que había saboteado su silla de montar, causándole una pierna rota, y lo había humillado públicamente, todo por Marco. La traición alcanzó su cima cuando Marco le mostró un vídeo íntimo de él y Sofía, sonriendo con malicia: "Ella es mía, Santiago. Siempre lo ha sido. Ya me he acostado con todas."

Su mundo se derrumbó. Todo, su amor y su ingenuidad, había sido una vil mentira. La furia fría se apoderó de él. ¿Cómo pudo ser tan ciego? ¿Por qué esta crueldad extrema? ¿Cómo pudo su "amor" ser manipulado así?

La ingenua versión de Santiago murió esa noche. El tonto heredero que pagaba las facturas había desaparecido. En su 25º cumpleaños, la noche en que debía anunciar a su prometida, la venganza sería el plato principal. Las mentiras terminarían, y él se encargaría de que todos los que lo traicionaron pagaran el precio.

Capítulo 1

Santiago Montero observaba a Sofía Herrera desde el otro lado del gran salón.

Ella era la única de las siete "Estrellas" de su padre que nunca le sonreía.

Las otras seis, prodigios en sus campos, lo seguían con la mirada, sus sonrisas eran una constante en su vida. Pero Sofía, la genio de las finanzas, lo trataba con una indiferencia que rozaba el desprecio.

Y eso, precisamente eso, era lo que lo obsesionaba.

El plan de su padre, Don Alejandro Montero, era simple. Él, Santiago, el único heredero del imperio vinícola Bodegas Montero, debía elegir a una de estas huérfanas brillantes como su esposa. Una compañera digna para la dinastía.

Santiago ya había elegido.

Pero su elección parecía odiarlo.

Esa noche, un presentimiento lo guio hacia la biblioteca. La puerta estaba entreabierta. Dentro, las voces de las protegidas sonaban claras y crueles.

"¿Vieron la cara de Santiago cuando Sofía ni siquiera lo miró en la cena?"

Era Carmen, la bailaora de flamenco, su voz llena de burla.

"Pobre idiota. Cree que todas morimos por él."

"Shhh, no digan eso," dijo Lucía Vega, la más astuta de todas, aunque su tono no tenía nada de sincero. "Tenemos que seguir fingiendo. Por Marco."

El nombre lo golpeó. Marco. El supuesto "hermano" que Sofía trajo del orfanato.

"Exacto," continuó Carmen. "El plan es perfecto. Todas actuamos de la forma que más le desagrada a Santiago. Así ninguna es elegida. Y podemos competir libremente por Marco."

"Y Sofía," añadió otra voz, "al no hacer nada, al ser simplemente ella misma, se convirtió en el objetivo. Es nuestro escudo. Mientras Santiago está obsesionado con la reina de hielo, nosotras podemos estar cerca de nuestro amor."

"Un sacrificio necesario," concluyó Lucía con una risa fría. "Ella mantiene ocupado al heredero, y nosotras mantenemos a Marco."

Santiago se apoyó contra la pared. El mundo se sentía inestable.

Todo era una mentira.

Su adoración, su obsesión, todo construido sobre un engaño. Ellas no lo amaban. Lo despreciaban. Usaban su afecto como una herramienta.

Sintió un temblor en las manos, una rabia fría que le recorrió el cuerpo.

Recordó cómo su padre las había traído a la mansión. Siete niñas huérfanas, llenas de talento pero sin nada. Don Alejandro les dio todo: educación, lujos, una familia.

Y Sofía, la más orgullosa, solo aceptó con una condición.

"Marco viene conmigo. No es negociable."

Su padre aceptó. Marco, un chico sin ningún talento especial, fue acogido también.

Y desde ese día, fue el centro del universo de las siete estrellas.

Santiago recordó las innumerables veces que lo habían reprendido.

"Santiago, no seas celoso de Marco. Él no ha tenido tus privilegios."

"Santiago, compártele tus cosas a Marco. Sé generoso."

"Santiago, eres mezquino."

Ahora entendía. No era mezquindad. Era instinto. Ellas lo habían manipulado, lo habían hecho sentir culpable por ver la verdad.

Se movió silenciosamente hacia una puerta lateral que daba al jardín. Desde allí, podía ver a Sofía y a Marco junto a la fuente.

"¿Estás seguro de que ninguna sospecha de lo nuestro?" susurró Marco.

Sofía le acarició la mejilla. "No. Todas creen que compito por ti como ellas. Y Santiago... él cree que lo odio."

"¿Y si te elige a ti? ¿Si su padre lo obliga?"

La voz de Sofía se volvió gélida. "Me casaré con él. Cumpliré mi deber con Don Alejandro. Pero nunca lo tocaré. Mi cuerpo y mi corazón son solo tuyos, Marco. Siempre."

Santiago cerró los ojos. El dolor fue agudo, definitivo.

La traición era total.

Se dio la vuelta y se marchó, dejando atrás el sonido de sus risas y el murmullo del agua de la fuente.

Su ingenuidad había muerto esa noche.

Capítulo 2

"Padre, he tomado una decisión."

La voz de Santiago era firme, desprovista de la calidez habitual.

Don Alejandro Montero levantó la vista de sus papeles. "¿Sobre qué, hijo?"

"Sobre mi matrimonio. Me casaré con Isabella de la Torre."

Don Alejandro frunció el ceño. "¿Isabella? ¿La hija de nuestro mayor rival? ¿Y qué hay de las protegidas? ¿De Sofía? Pensé que..."

"Pensabas mal, padre," lo interrumpió Santiago. "Isabella siempre ha sido honesta conmigo. Su amor es real, no una actuación para conseguir algo."

"Pero las chicas te adoran. Han sido leales a esta familia."

Santiago soltó una risa amarga. "Su lealtad es para Marco. Yo solo soy el tonto que paga las facturas."

Se acercó al gran ventanal de la oficina de su padre. "Y sobre eso... he dado una orden. A partir de mañana, se congelan todos los fondos, tarjetas de crédito y privilegios de las siete protegidas. Y de Marco."

"¿Qué?" Don Alejandro se levantó. "Santiago, eso es drástico."

"La familia Montero no mantiene a parásitos," dijo Santiago, repitiendo las palabras que había escuchado. "Se acabó la generosidad. Si quieren vivir a cuerpo de rey, que trabajen para ello."

Don Alejandro lo estudió en silencio. Vio en los ojos de su hijo una dureza que no conocía. Asintió lentamente. "Está bien. Es tu decisión. Y es mi deber apoyarte. Las expulsaremos de la casa después de tu boda. No quiero más conflictos."

Al día siguiente, el caos se desató. Las tarjetas de las chicas fueron rechazadas en las tiendas más exclusivas de Madrid. Marco no pudo pagar la cuenta en un restaurante de lujo.

Santiago bajaba las escaleras cuando Marco lo interceptó.

"Santiago, hermano," dijo con una voz lastimera. "¿Podrías prestarme algo de dinero? Mi tarjeta no funciona, debe ser un error del banco."

Santiago lo miró con un asco que apenas pudo disimular. "No."

La palabra fue seca, cortante.

Marco parpadeó, sorprendido por el tono. "Pero... necesito..."

"He dicho que no," repitió Santiago, y lo empujó suavemente para pasar.

Marco, en un acto de dramatismo puro, tropezó hacia atrás y rodó por las escaleras, gritando de dolor.

Inmediatamente, las protegidas aparecieron, corriendo hacia Marco.

"¡Marco! ¿Estás bien?"

"¡Santiago, cómo te atreves! ¡Eres un monstruo!" gritó Carmen.

Marco, en el suelo, sollozaba. "No fue su culpa... Yo solo le pedí ayuda... No debí molestarlo..."

Sofía se arrodilló junto a Marco, lanzándole a Santiago una mirada de puro hielo. No dijo una palabra. Simplemente lo miró, y esa mirada era una condena.

Lo ayudó a levantarse con una delicadeza que Santiago nunca había recibido de ella.

"Vamos, Marco. Te llevaré a tu habitación. Yo te cuidaré."

Se lo llevó sin darle a Santiago la oportunidad de decir una palabra. Las otras lo siguieron, lanzándole miradas de odio.

Santiago se quedó solo en el vestíbulo.

Sabía que no le creerían.

Nunca le habían creído.

La amargura le llenó la boca. Estaba bien. Ya no necesitaba que le creyeran.

Unos días después, tenían la clase de equitación semanal en la finca.

Sofía llegó con Marco del brazo. Él cojeaba de forma exagerada.

"No te preocupes por mí, Sofía. Ve a montar. Yo me quedaré aquí," dijo Marco, asegurándose de que todos lo oyeran.

"No, me quedo contigo," respondió ella, dedicándole toda su atención.

Santiago sintió una punzada de dolor al recordar algo. Hacía años, él había tenido un accidente de polo. Su padre, furioso porque Sofía no había mostrado suficiente preocupación, la obligó a arrodillarse y a pedirle perdón delante de todos. Recordaba la humillación en los ojos de ella, su orgullo roto.

Y ahora, aquí estaba ella, humillándose voluntariamente por un farsante.

El dolor se convirtió en rabia.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022