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El Hermano del REY

El Hermano del REY

Autor: : Rebeccazans15
Género: Adulto Joven
Un bebé que fue robado de su familia a tan sólo unas horas después de haber nacido crecerá con una familia adoptiva cargando con los traumas de su infancia, a los cuales se les serán sumados más a lo largo de su vida. Su historia no comienza sino hasta que ya tiene 25 años, y su familia biológica pierde un "envío especial" dirigido a un poderoso mafioso en Florida, y éste, por venganza, lo droga y abusa de él. En vista del acontecimiento, su verdadero padre decide rebelarse y tomar venganza, no sin antes revelarle la verdad a Thomas sobre su familia biológica: su padre y hermano son motociclistas envueltos en negocios no muy legales, mientras que su tío es un pez gordo en el mundo de la mafia Estadounidense. ¿Thomas será capaz de ignorar la voz de su sangre y seguir con su trágica y triste vida hasta ese momento? o ¿terminará sucumbiendo a la tentación del "negocio familiar" y todas sus ventajas?

Capítulo 1 El Príncipe Perdido

Era una tranquila tarde en el hospital de Santa Eva en Collinstown. La fecha marcaba 8 de junio de 1983, eran alrededor de las tres de la tarde y el pequeño Troy Collins de seis años ya se encontraba frente al vidrio de la sala de maternidad, listo para que le presentaran a su hermanito, al cual cuidaría y protegería con su vida.

En ese momento llego su padre, el gran Charles Jean "CJ" Collins, líder y fundador de su propio club de motocicletas "Los Jinetes de la Muerte" quienes controlan la ciudad con negocios lucrativos aunque no siempre legales; aun así, Troy siempre ha sentido una gran admiración por su padre.

–El hombre se acercó por el pasillo hacia su hijo y cargándolo en sus brazos le preguntó– ¿listo para conocer a tu hermano?

– ¡Sí! –le respondió Troy con ánimo.

– De acuerdo –dijo y se acercó al vidrio de la sala de maternidad, desde donde se podían ver a todos los bebes que habían nacido ese día. En este caso habían nacido cinco niñas y un solo bebé varón: Dean Thomas Collins, el hermano menor de Troy, y segundo hijo de CJ Collins, quién es conocido por la comunidad cómo "El rey de Collinstown"

– Dile "hola" a tu hermanito, Troy –le dijo CJ a su hijo.

– Hola, "Dee" –dijo Troy saludando al pequeño bebé mientras movía su mano a través del cristal.

Sin embargo, el tierno momento se vio interrumpido cuando un hombre, parte del club de CJ, Paul Tolleman, mejor conocido como "Chip", lo llamó desde el final del pasillo. Al parecer el "rey" tenía asuntos que atender en su "reino"

– Okey, "T" –dijo poniendo a su hijo nuevamente en el suelo y utilizando el fraterno apodo que le dio cuando este dijo que "algún día quería ser parte del club de su papá"– nuestros hermanos necesitan mi ayuda, por lo que yo necesito que te quedes aquí y cuides de tu hermano menor, ¿okey?

– Sí, señor –dijo el pequeño muy seguro.

– Eso es –dijo su padre y se levantó para darle un beso en la coronilla– mi pequeño soldado –revolvió su cabello y se fue.

Una vez que CJ desapareció por el pasillo, Troy trató de alcanzar el borde de la vidriera para ver una vez más a su hermano, pero aún era muy pequeño para llegar. Lo Intentó varias veces más, hasta que vio a una enfermera pelirroja pasar a su lado y meterse a la sala de maternidad, no sin antes darle una tierna sonrisa, a la cual Troy correspondió.

El niño finalmente decidió rendirse y recostarse a la pared del otro lado del pasillo para esperar allí a su padre. Dejó que su cuerpo se deslizara por esta hasta que sus pompis tocaron el suelo. Pero no pudo tranquilizarse, ya que en ese momento escuchó un alboroto proveniente de la sala de maternidad. No estaba seguro pero casi podía decir que era como si se estuviesen peleando. El llanto de los bebes se escuchaba hasta el pasillo y también escuchaba que varias cosas se caían y rompían. Se tensó en su lugar esperando que algo más pasara o que alguien viniera o saliera de ahí, pero luego de unos minutos el silencio volvió.

Cuando eso pasó, Troy se armó de valor y se acercó nuevamente a la vidriera, esta vez un poco más inseguro, para intentar una vez más ver a través de ella. Al acercarse vio a la enfermera pelirroja de antes salir de la sala, solo que esta vez llevaba una de las incubadoras con ella, la única con un bebé varón.

Troy, quien para tener solo seis años es bastante rápido y avispado, logró unir las piezas del rompecabezas rápidamente: el niño en la incubadora es su hermano Dean y esa mujer planeaba llevárselo, así que salió corriendo de ahí gritando y buscando por cada pasillo del hospital a su padre, al cual encontró minutos después en la planta baja del edificio, hablando con sus hermanos del club.

– ¡Papá, es Dean! ¡tienes que venir! –gritaba Troy mientras bajaba las escaleras a gran velocidad.

– ¡Troy! –gritó su padre al verlo bajar las escaleras y él, junto con los demás que lo rodeaban, fueron corriendo hasta el niño– ¡¿qué pasa?! ¡¿qué tienes?! –preguntó CJ al acercarse y tomar a su hijo por los hombros.

– ¡Se van a llevar a Dean! –gritó el pequeño y apuntó hacia arriba de las escaleras.

– ¿Qué? ¿quiénes? –le preguntó CJ.

– ¡Una enfermera! ¡se lo va a llevar! –gritó el niño a todo pulmón.

– ¡Troy! Cálmate –le dijo su padre poniendo una mano frente al pequeño – de seguro solo le van a hacer una revisión...

– ¡No! –le insistió el pequeño y lo tomó del brazo para empezar a jalarlo escaleras arriba– ¡se lo van a llevar! ¡tienes que venir!

Para complacer a su hijo, CJ y sus compañeros se dirigieron al segundo piso, al pasillo de maternidad siendo guiados por el pequeño, quién iba lo más rápido posible. Pero cuando el niño le mostró a su padre la vidriera, el presidente y su grupo abrieron los ojos de par en par y decidieron actuar, solo que ya era muy tarde. En la sala de maternidad, a través del enorme vidrio: vieron a la enfermera encargada de los bebes en el piso muerta y a su alrededor un desastre. Las cinco niñas se encontraban ahí, pero no el pequeño Dean.

– ¡Dean! –CJ quiso entrar a revisar, pero era obvio que el pequeño ya no se encontraba allí, por lo que su mano derecha lo apartó de la puerta y le dijo.

– ¡Abajo! ¡en el estacionamiento! –y así, el grupo de cinco hombres bajaron por la escalera de incendios hasta el estacionamiento siguiendo a su líder.

Troy solo pudo quedarse ahí, estático, preguntándose: ¿qué había pasado? Y ¿cómo pudo permitir eso? Las lágrimas salían solas de sus ojos mientras se agachaba en el suelo a llorar y se preguntaba: ¿su papá lograría rescatar a Dee?

...25 años después...

– Entonces, ¿quieren anotar a su hijo en el sistema cómo un niño que fue robado? –preguntó la agente encargada del Departamento de Servicios Humanos.

– Sí –respondió la pareja al unísono.

– Muy bien –dijo y tecleó algo rápido en su computador– voy a necesitar la historia completa de lo que pasó, ¿bien?

– Sí/claro –dijo la pareja nuevamente.

– Muy bien. Empecemos por sus nombres ¿Cómo se llaman?

– Jeffrey y Samanta Colt –respondió Jeffrey.

– ¿Colt? ¿cómo la pistola? –preguntó la señora con algo de sorpresa mientras lo anotaba en su computadora.

–La pareja río un poco– sí, como la pistola –dijo Samanta.

– Lo cual es irónico porque estoy en contra de las armas –dijo Jeffrey riendo.

– ¿El nombre del niño en cuestión?

– Thomas Colt, –respondió Jeffrey otra vez– pero le dimos nuestro apellido luego de adoptarlo, quizás en el sistema aparezca con otro.

– No es probable pero lo verificare, ¿tienen algún otro hijo además de Thomas?

– Sí –respondieron al unísono otra vez– un hijo biológico. Su nombre es Clayton –dijo Samanta.

– Okey, ¿Desde cuándo tienen al niño? –preguntó la agente.

– Desde hace unos... doce, ¿doce?... –preguntó Samanta haciendo memoria mientras miraba a su esposo.

– Doce años, sí –corroboró Jeffrey.

– Muy bien –dijo y anotó eso en la computadora– ¿qué edad tiene el joven ahora?

– 25 años –dijo Samanta.

– ¿Qué edad tenía él cuando lo encontraron?

– 13 años –dijo Jeff.

– Y ¿Cómo lo encontraron?

– De hecho nosotros no lo encontramos, fue nuestro Clay quién lo hizo –respondió Sam.

– ¿Cómo?

– Ellos iban juntos a la escuela y Tom lo invitaba a su casa a jugar. La mujer que lo crío hasta ese momento, Juliette o Julia, siempre intentaba inventar excusas para que Clay se alejara o solo no dejarlo pasar a la casa; incluso fue a nuestra casa y habló con nosotros sobre eso –explicó Jeff.

– ¿Qué les dijo?

– Nos dijo que... –dijeron ambos al unísono pero Jeff le cedió la palabra a su esposa– nos dijo que su hijo, Tom, estaba muy enfermo y que probablemente moriría, así que no quería que ningún niño le diera esperanzas de vivir ya que, según, su diagnóstico era terminal.

– ¿Y ustedes le creyeron? –preguntó la agente de Servicios Humanos.

–Ambos vacilaron al principió pero finalmente Jeff dijo– quedamos pasmados con lo que dijo. Nos preguntamos: "¿qué clase de madre no quiere que su hijo tenga esperanza? Y en caso de que fuera una enfermedad terminal, ¿Por qué no darle algo de alegría al niño?"

– E-en resumen, tuvimos nuestras dudas en el momento pero, ¿qué podíamos hacer? Pensábamos que en realidad era su madre –dijo Sam.

– ¿Cuándo descubrieron que ella no era su madre?

– De hecho, Clay nos lo dijo muchas veces –admitió Sam.

– Él siempre llegaba a casa diciendo que esa mujer estaba loca –dijo Jeff– y que Tom no era suyo por la forma en que lo trataba.

– ¿Y cómo lo trataba?

– La verdad, no sabemos a qué grado llegaba el maltrato –respondió Sam.

– ¿Ustedes jamás vieron a esa mujer pegarle o gritarle?

– No jamás/no –respondieron ambos.

– Pero Thomas andaba en silla de ruedas cuando lo conocimos –dijo Sam– según su madre tenía un déficit en las piernas, pero hoy en día camina con total normalidad.

– ¿Cuándo empezó a caminar con normalidad?

– Quince días, quizás un mes luego de que nosotros lo acogiéramos –respondió Jeff.

– ¿Creen que haya sido... victimizado por su madre?

– Sin duda –dijo Sam.

– La policía dijo que hallaron restos de químicos en la casa –dijo Jeff– tal vez lo drogaba.

– ¿La policía estuvo involucrada?

– Sí –respondieron al mismo tiempo una vez más– hubo un incendió en su casa, todo se quemó y la mujer junto con su familia estaban adentro.

– ¿Había una familia aparte de la mujer y el niño?

– La policía halló tres cuerpos. Dijeron que eran dos adultos y un niño –dijo Jeff.

– Según nuestro hijo, Clay –dijo Sam y se acomodó en el asiento– el niño era el hijo biológico de esa mujer y estaba enfermo, pues ella lo tenía en un cuarto escondido, conectado a varias máquinas y utilizaba a Thomas para... mantenerlo con vida.

– Le hacía trasplantes de órganos –siguió Jeff– ella mencionó, cuando vino a vernos, que era médico cirujano, y cuando un médico fue a la casa a revisar a Thomas vio que tenía varias cicatrices en la zona del riñón y el vientre; él llegó a la conclusión... -dijo Jeff y miró a su esposa un segundo– de que, cuando su hijo biológico necesitaba un trasplante, tomaba a Tommy y le hacía una cirugía. Le sacaba los órganos que necesitaba para su hijo. Tal vez por eso lo robó o lo adoptó de otra familia.

– Además, el día en que Clay llegó con Tommy en una carretilla a la casa, nos dijo que tuvo que sacarlo de ahí, ya que esa mujer planeaba sacarle el corazón.

– Lo pusimos en el sofá y llamamos a la policía, un rato después un grupo de ellos estaba en nuestra puerta y el resto del departamento estaba en la casa, para entonces ya estaba en llamas –culminó Jeff con la historia.

– Entonces, ¿el incendió de la casa fue el mismo día en que su hijo, Clay, trajo a Thomas con ustedes?

– Sí –respondieron al unísono nuevamente– Clay dijo que el padre de Thomas, el esposo de esta mujer, fue quién los ayudo a escapar de ahí.

– Un momento, ¿el esposo de la secuestradora ayudó a ambos niños a escapar?

– Sí/eso fue lo que ambos dijeron, sí –respondió la pareja.

– ¿Hay alguien que corrobore su historia? ¿algún testigo?

– Solo nuestros hijos –dijo Jeff.

– Ellos eran los únicos que estaban ahí. La familia y toda la evidencia se quemó en el incendió –dijo Sam.

– ¿Y ustedes tienen alguna evidencia de que el chico fuese adoptado o robado?

– Sí –respondió Sam y empezó a hurgar en su bolso– aunque la verdad no sé si cuente como evidencia... aquí esta –dijo y le tendió a la agente Gómez una lista de nombres y al lado de cada nombre un estado del país. Solo uno de éstos estaba tachado en rojo.

– ¿Qué es esto? –preguntó la agente al ver el papel.

– Clay trajo el papel un día y nos lo mostró, intentaba convencernos de que Thomas fue robado.

– "Johnston – Colorado", "Miller – Chicago", y... "Collins – Florida" está marcado en rojo –la agente Gómez se quedó viendo el papel unos minutos y finalmente habló– ¿ustedes creen que el muchacho fue robado por esa mujer?

– Nuestros hijos no son mentirosos, ¿Por qué el propio Thomas habría de mentirnos respecto a lo que pasó sabiendo que podemos ayudarlo? –dijo Jeff con lógica.

– Y a mí me suena lógico lo de los trasplantes de órganos. Es decir, eso explicaría por qué lo robó pero lo mantenía débil y siempre cerca de ella –dijo Sam.

– Y el porqué de las excusas, y el por qué no quería que Clay se acercara a Tommy –dijo Jeff.

– La agente Gómez asintió– voy a hacerles una última pregunta: si desde siempre han tenido esta sospecha, ¿por qué no lo denunciaron antes?

– Lo hicimos. Se lo comunicamos a la policía local, pero dijeron que la sospechosa estaba muerta y el caso cerrado –dijo Jeff– les mostramos el papel, contamos la misma historia, pero solo lo archivaron en un expediente y enviaron a un médico y a un psiquiatra a examinar a Thomas.

– Intentaron buscar a sus verdaderos padres –dijo Sam– hicieron llamadas, investigación, su nombre y su cara aparecieron en los diarios y en los noticieros cómo "niño perdido" por al menos dos meses, pero nadie nunca llegó a reclamarlo. Por eso decidimos adoptarlo.

– Y si lo intentaron y fallaron, lo adoptaron y ahora es suyo, ¿por qué decidieron volver a intentarlo ahora? Me refiero a ¿Por qué no antes?

– Porque Thomas padece de depresión y baja autoestima, entre otros trastornos con los que lucha diariamente, y cada vez que tiene un ataque solo se pregunta: "¿por qué su verdadera familia dejó que le pasará algo así?" O "¿Dónde podrían estar ellos?" O "¿si siquiera lo estarán buscando?" y nosotros ya no sabemos que decirle –dijo Sam con sus ojos empezando a aguarse, entonces Jeff tomó su mano y simplemente dijo.

– Si fue adoptado, robado o comprado no nos importa. Queremos que su familia biológica responda las preguntas que nosotros no podemos. Por eso queremos que esté en el sistema, para que los encuentren.

– Muy bien. Si "Collins" es el apellido de su familia, y si viven en Florida, podríamos hacer un barrido de todo el estado, buscando bebés de nombre "Collins" que hayan sido adoptados o reportados desaparecidos.

– Gracias –dijo Sam, Jeff asintió.

– Voy a necesitar que traigan al muchacho, necesito su ADN y huellas dactilares, lo que sea para un barrido más rápido y un resultado más exacto.

– Lo haremos, gracias –dijo Jeff y ambos se levantaron de las sillas para regresar a casa con sus hijos.

.

La agente Gómez caminaba por el departamento de policía con el expediente "Colt" recién imprimido. Estaba allí porque está convencida de que es un caso para "personas desaparecidas", cuando vio frente a ella a un amigo. El cabello rubio corto peinado en graciosos risos y la camisa a rayas planchada con sumo cuidado igual que la chaqueta azul grisáceo, y por supuesto, una taza de café matutina. No podía ser otro más que...

– Phill Jester –dijo Gómez al acercarse a saludarlo.

– Agente Gómez –saludé éste de vuelta.

– ¿Aquí tan temprano? –preguntó ella.

– Me conocen por ser puntual –dijo el hombre– pero, ¿qué la trae a usted por aquí?

– Trabajo –dijo y alzó el expediente.

En ese momento vio pasar al teniente encargado del departamento de Personas Desaparecidas y se acercó corriendo a él. Phill la siguió de cerca y mientras Gómez y el teniente charlaban, él aprovecho para mirar las pocas letras que sobresalían del archivo.

– "Niño desaparecido es..." –leyó la parte saliente de la hoja, pero justo Gómez tomó el archivo de debajo de su brazo, lo que lo obligó a incorporarse y sacar una sonrisa inocente.

– Señor Jester, ¿se le ofrece algo? –preguntó el teniente seriamente.

– Sí, ¿quién es el niño desaparecido? –preguntó Jester a Gómez.

– ¿Otro niño desapareció? –preguntó el teniente a la mujer.

– ¡No! bueno... no hoy, hace veinticinco años... tenga –dijo y le extendió el archivo– según los padres: el muchacho fue adoptado o robado por una mujer cuyo hijo enfermo necesitaba órganos nuevos. Al parecer, también era una médico cirujana así que ella misma operaba al niño, le extraía los órganos y se los colocaba a su hijo.

– Wow, eso suena como película de terror –dijo Phill riéndose un poco– ¿puedo echarle un vistazo jefe?

–El teniente dudó, pero al final le cedió el archivo– pude leer que el muchacho fue hallado y que ahora es un adulto.

– Sí, fue hallado y adoptado por una familia de Lebanon Kansas en ese entonces; pero se mudaron aquí y los padres vinieron a Servicios Humanos para denunciar su "secuestro" y ver si nosotros podíamos hallar a su familia biológica.

– Y si le encomendaron esa misión a su departamento, ¿qué hace aquí? –preguntó el teniente con mirada seria.

– Bueno, yo creí que a "Personas Desaparecidas" podría interesarle –dijo Gómez mientras Phill no despegaba un solo ojo de la carpeta.

– Agente Gómez, ¿sabe usted cuantos casos de personas desaparecidas, que están realmente desaparecidas, es decir: que nadie ha tenido ningún tipo de contacto con ellas desde hace al menos tres días, me llegaron hoy?

– No, señor pero...

– Cincuenta y siete, y treinta de esas personas son niños menores de diez años –dijo el teniente.

– Yo no... –Goméz carraspeó– yo no tenía idea señor, pero...

– Gómez, no puedo hacerme cargo de una persona desaparecida si esa persona ya fue encontrada por alguien más. El nombre lo dice claramente: "Personas Desaparecidas". Si tienen al muchacho pídales una muestra de saliva o cabello, la búsqueda se hace más corta con el ADN.

– Y con un compañero –dijo Jester cuando finalmente se dignó a alzar los ojos de la carpeta y hablar, a lo que el teniente y la agente giraron a verlo– yo te ayudaré con la búsqueda.

– ¿Ya vio? Problema resuelto –dijo el teniente y regresó a lo suyo.

– ¿Qué? ¿vas a ayudarme? –preguntó Gómez a Jester.

– Eso dije –respondió éste.

– ¿Por qué? Que yo sepa este no es tu tipo de caso –dijo la agente Gómez quitándole la carpeta.

– Bueno, siempre es bueno probar algo nuevo –dijo Phill.

– ¿Phill Jester, qué estás tramando? –preguntó Gómez entrecerrando los ojos.

– ¿Por qué insinúas que tramo algo? –devolvió Phill fingiendo sorpresa. Gómez simplemente se cruzó de brazos esperando la respuesta a su pregunta– está bien. Tengo una ligera sospecha de quienes podrían ser su verdadera familia.

– ¡¿Ya?! ¡Pero si solo leíste una hoja! –dijo Gómez entre sorprendida e impresionada.

– Sí, pero el apellido "Collins" marcado en rojo, en la hoja dentro de la otra hoja, me recordó a una familia que casualmente vive en Florida y qué casualmente, hace unos veinte años atrás, su segundo hijo fue robado en el hospital tres horas después de su nacimiento –explicó con exactitud y dio un sorbo a su taza de café como si nada.

– ¿En serio? –preguntó la agente intrigada– ¿Quiénes son?

– Eh, no te va a gustar, y sospecho que al muchacho tampoco así que, no hay que decir nada hasta que no haya una prueba clara de ADN, ¿te parece?

– ¿Quiénes son, Phill? –insistió la mujer con tono autoritario.

– Personas que no querrás tener cómo amigos y mucho menos cómo enemigos –dijo y tomando un segundo sorbo a su taza, caminó hacia su lugar de trabajo.

Capítulo 2 No es Fácil ser el Rey

Phill guió a la agente Michelle Gómez hasta su oficina y una vez a puertas cerradas dentro de ésta, puso su taza de café en el escritorio a un lado de la computadora, para luego sentarse frente a ésta y buscar en la base de datos del FBI a los "Collins de Florida". El resultado, simplemente no fue agradable.

– Aquí están –dijo Jester y dejó que Gómez leyera por si misma todo el documento.

– Oh por Dios –dijo ella mientras leía el documento en la pantalla.

– Recuerdo haber leído el encabezado de esa noticia hace exactamente unos veinte años atrás: "El karma no perdona: El hijo de Charles Jean Collins, mejor conocido como "CJ", líder del club de motociclistas JDM, es secuestrado bajo la nariz de su padre" –citó Phill al pie de la letra mientras bebía un sorbo de su café.

– ¿Qué es JDM? –preguntó Gómez apoyada en el escritorio e inclinada hacia el monitor.

– Las iniciales para "Jinetes de la Muerte" qué es el nombre de su club –respondió rápidamente el asesor de la policía.

– Y ¿dices que el líder de esta banda de motorizados podría ser el padre biológico del muchacho? –preguntó Gómez abandonando la posición anterior para entonces sentarse en una silla adyacente.

– Tú lo has dicho "podría" serlo. Tal vez sí, tal vez no. Pero aun así es una gran coincidencia, ¿no lo crees? –preguntó Phill analizando internamente la probabilidad con cierta emoción e interés en esto. Incluso cuando dijo que era una gran coincidencia pareció saltar de su asiento.

– Un poco más que otras –dijo Gómez y llevó una de sus manos a su barbilla con actitud pensativa– y ¿cuál es tu asunto con estos "Jinetes de la Muerte"?

–Phill se mostró extrañado por un momento, pero al siguiente cambió su semblante por uno de duda e inquirió– ¿Por qué supones que tengo un asunto con esos "Jinetes de la Muerte"?

– ¿Por qué quieres ayudarme? –preguntó Gómez en el mismo tono y con el mismo gesto. Sabe que Phill es una persona muy lista, por lo que se da el lujo de escoger en cuales casos trabajará y en cuales no y hasta ahora, todos los casos en los que ha trabajado; o él conoce al perpetrador o la víctima le recuerda a alguien que perdió, alguien que fue cercano a él.

– ¿Acaso no puedo ayudar a un pobre chico, que fue raptado por una psicópata y ahora sufre de baja autoestima y depresión, a reencontrarse con su familia biológica? –pregunto Phill con algo de dramatismo y haciendo énfasis en los puntos importantes.

– ¿Cómo sabes que tiene trastornos? –preguntó Gómez sorprendida y colocando las manos en las caderas, ya que no lo había puesto en el reporte.

– Generalmente cuando hay un trauma de la infancia o una situación de estrés al extremo, como abuso físico o sexual, siempre queda algo en el cerebro y se manifiesta como: depresión, baja autoestima, tendencias suicidas, psicosis, déficit de atención con hiperactividad, –el rubio enumeraba cada una con total normalidad, e incluso ladeaba un poco la cabeza al mencionarlas– pero siempre las más comunes son las dos primeras y las siguientes pueden variar según la persona.

– Ah, vaya –fue todo lo que respondió Michelle con las cejas alzadas y los ojos abiertos en par.

– Sí, así es –dijo y tomó el mouse junto a su café para cerrar la sesión en su computadora– bueno, esperare tu llamada y el ADN del muchacho para comenzar con la búsqueda.

– No tan rápido –dijo Gómez llamando nuevamente la atención del hombre junto a ella– aún no contestas mi pregunta.

– Te lo dije –dijo con un tono de obviedad y con sus manos procedió a explicarle paso por paso– trauma es igual a: depresión y baja autoestima.

– Muy gracioso Phill –dijo ella con el semblante serio– me refiero a mi primera pregunta: ¿Cuál es tu asunto con ese club de motociclistas? –inquirió con el tono serio que siempre suele utilizar con él, como si estuviera regañando a un niño pequeño.

– También te respondí eso –dijo Phill con un tono algo más nervioso, pero que quería hacer pasar por uno serio– no tengo ningún asunto con ellos, solo quiero ayudar al muchacho –insistió– hacer un gesto de buena fe para ganarme mi lugar en el cielo.

– ¿Por qué? –preguntó Gómez con duda en su semblante fruncido y sus ojos achicados, pero luego tranquilizó ese gesto para explicar el "porqué" de su duda– digo, es algo muy considerado de tu parte pero, no lo conoces y este caso ni siquiera se lo dieron a la policía. No sé por dónde empezar y nisiquiera he visto al muchacho aún –dijo con cierto pesimismo en cada palabra.

– Bueno –dijo Phill y sacó una pequeña sonrisa triste– supongo que puedes llamarlo "compensar" –respondió con simpleza.

–Al escuchar su respuesta Gómez relajó el ceño y lo cambió por uno de empatía, junto con una pequeña sonrisa ladina– ya me lo imaginaba.

– Pues, siéntete alagada –dijo Phill queriendo hacer una broma luego del triste momento– no muchos pueden hacerlo.

–Viendo que su amigo ya no quería hablar del tema, Gómez optó por cambiarlo– ¿Y? ¿qué sabemos de esos "Jinetes de la Muerte"?

– Bueno –dijo Jester acomodándose en la silla para tomar nuevamente el mouse e iniciar la sesión en su computadora, otra vez– pudiste haberme hecho esa pregunta antes de que cerrara la sesión.

.

La ciudad de Collinstown en Florida despertó como todos los días: temprano y todo normal, con las personas yendo de aquí para allá a sus respectivos trabajos y tareas, y claro los Jintes no eran la excepción.

Han pasado veinticinco años desde que el pequeño Dean Thomas Collins fue raptado en la guardia de su hermano mayor y padre, un suceso del cual ninguno de los dos pudo recuperarse jamás, y una prueba fehaciente de ello fue lo que le sucedió al patriarca años más tarde. Sin embargo y aunque suene cruel, la vida siguió aún con la ausencia del pequeño. Apenas el rastro se enfrió la policía dejó de buscar al infante luego de cinco años. Su padre, CJ Collins, resistió unos años más, pero al final se rindió de una manera muy dolorosa. No podía vivir sabiendo que una cualquiera simplemente entró y se llevó a su hijo bajó su propia nariz, fue algo que jamás logró perdonarse.

Aun así y como ya dije, la vida siguió con o sin el "segundo príncipe de Collinstown" o ya bien "el décimo caballero de la mesa rectangular" y aunque todos los miembros de su familia lo extrañaban y lo recordaban, a pesar de lo doloroso que es el recuerdo de haber perdido a un hijo y hermano, todos tuvieron que aceptarlo y adaptarse tarde o temprano. La madre del pequeño, la fría, astuta y muy ruda Gwendoline Collins "Gwen", enloqueció en cuanto la noticia del secuestro de su hijo se le fue dada, a tal punto que terminó por quebrarle el brazo a uno de los enfermeros que intentaban calmarla, por lo que tuvieron que sedarla o ya bien, amarrarla a la camilla de hospital.

Gwendoline, persistente e insistente, como solo una madre puede serlo, buscó sin cesar a su hijo por toda la ciudad y todo el estado, al lado de su marido y los hermanos de club de éste, incluso lo siguieron buscando por años más cuando la policía se rindió. Ella y CJ siguieron en la incesante búsqueda del pequeño aun cuando su propio club, sus hermanos, les decían que ya era un caso perdido, que el niño podría estar muerto y su cuerpo enterrado en algún bosque o ahogado en algún lago. A estas suposiciones, Gwendoline Collins respondía: "que hasta no ver a su hijo frente a ella, ya sea sano y salvo o como un cadáver, ella jamás dejaría de buscarlo" y luego intentó romperle la nariz a alguien.

Desde ese día los JDM no hablan del tema, al menos no frente a ella.

En veinticinco años, Gwen no ha superado el tema, no ha dejado de buscar a su niño y por supuesto, no ha perdido la esperanza de que algún día pueda verlo por primera vez. El día del alumbramiento ella se desmalló por la pérdida de sangre, por lo que tuvieron que practicarle una cesárea de emergencia y llevarse al bebé antes de que la madre pudiera verlo. Lo único que quiso ella al despertar fue abrazar a su hijo, cosa que claramente nunca pudo hacer.

Quizás eso es lo que a ella más le duele, lo que ella más lamenta, nunca haber conocido a su hijo.

Troy, "el pequeño de seis años que vio como una enfermera se llevaba a su hermanito en frente de él" Collins, creció para convertirse en: Troy "el vicepresidente de los Jinetes de la Muerte, orgullo de su madre, legado de su padre y dolor de cabeza de todos los demás" Collins.

Troy al principió afrontó muy mal lo que le pasó a su hermanito, sobretodo estando bajo su cuidado, y aún siendo un infante de seis años se culpó a sí mismo por lo que pasó. Creía que él debió haber hecho algo más, que él debió detenerla de alguna forma pero, ¿siendo solo un niño que podría haber hecho? ¿Morderle los talones?

Entonces, conforme fue creciendo, su punto de vista en cuanto a la culpabilidad fue cambiando radicalmente, y pasando de su persona a la de su padre. Su padre debió estar ahí junto a él cuidando de Dean y no en asuntos del club, ese era un momento solo para su familia no para asuntos del club. Y según esos pensamientos fueron aumentando, también lo hacía el odio que sentía hacía su padre. Lo culpaba por el secuestro de Dean, por la ruptura de su familia y lo acusaba de que el club siempre fue primero para él. Esto, cuando fue dicho en voz alta, terminó en una gran pelea que acabó con Troy yéndose de Collinstown.

Durante sus años lejos de la ciudad, Troy conoció a una joven llamada Sarah Teller con la cual ha compartido una longeva relación de casi diez años hasta hoy en día, pero solo llevaban seis años juntos cuando Troy recibió la noticia del suicidio de su padre. Al apenas enterarse de esto, decidió regresar a Collinstown y hacer las paces con el ataúd del viejo. Días después del funeral, le dijo a ella que lo acompañara a quedarse en su ciudad natal y ella aceptó.

Una vez con uno de sus hijos de vuelta en casa y una nuera (a la cual evaluaría después), Gwen no tardó en sacar sus garras para convencer a Troy de que se uniera al club de su padre como su heredero. Troy, queriendo honrar la memoria del hombre al que odio por mucho tiempo en su vida, terminó aceptando la propuesta y se hizo prospecto del club que fundó su padre. Luego de que recibiera su parche como miembro oficial del club, no pasó mucho tiempo para que los demás miembros votaran por él para que fuera el nuevo Vicepresidente.

Todo Collinstown sabe que Gwen es un águila de rapiña en cuanto a su hijo se trata, por lo que ser su nuera es como estar dentro de "el Juego del Calamar" por cualquier error que cometas estarás eliminada, y Sarah no fue la excepción. La presionaba y evaluaba continuamente, pero cuando una ex novia de Troy (a la cual Gwen odiaba más que a la actual) regresó al pueblo, la mujer de 54 años pareció aceptar a Sarah prácticamente de la noche a la mañana, y ahora se la pasa diciendo lo bonita pareja que son Sarah y su hijo sobre todo en presencia de la ex novia de éste. Troy ya conoce a su madre así que, se conformaba con que aceptara a Sarah, aunque solo fuera "conveniente" para ella.

Y bueno, esa es la situación actual de los Collins, aunque el problema actual es otro y se llama: "Ángeles Caídos". Una banda de motociclistas rival de los JDM que no hacen otra cosa más qué molestarlos cada que pueden. Sin embargo habían estado quietos por un tiempo, pero ahora decidieron volver a aparecer solo Dios sabrá para qué.

Los Jinetes iban en caravana por la ciudad de Collinstown rumbo a un almacén suyo que había explotado la noche anterior. Connor Maynard es un hombre de la mediana edad siempre con la chaqueta del club y una bandolera negra adornando su frente, junto con sus lentes oscuros. Él fue la mano derecha de CJ Collins en vida y ahora es el nuevo presidente del club, por lo tanto va a la cabeza. Junto a él va Troy Collins, vicepresidente, como ya dije. Es un joven de 31 años exactamente, alto y musculoso que, por supuesto, también lleva la chaqueta con la insignia del club.

Siguiéndolos de cerca está Freddy, quién es tesorero del club, es decir: quién lleva las cuentas de todos los gastos y adquisiciones. Es un hombre que llega también a la mediana edad, de baja estatura y corpulento. Y por último está Gel, el Sargento de Armas, que es un hombre alto y delgado como de cuarenta años.

Cuando los cuatro miembros del club llegaron a la escena, los bomberos aun apagaban pequeñas llamaradas y conjuntos de fuego en el estudio de películas para adultos que fue incendiado la noche anterior. En cuanto aparcaron las motos el sheriff del condado, al cual el club tiene en su nómina, se acercó a ellos para darles la triste noticia.

– Bueno, todo se quemó –dijo con algo de obviedad, a lo que Connor le respondió con una mala mirada, por lo que el sheriff siguió hablando– había propano, armas y todo explotó.

Se notaba a leguas que Connor estaba enojado. No, no enojado, ¡estaba furioso! Apretaba la mandíbula con los dientes pegados, los de arriba con los de abajo, y con sus manos estrujaba los guantes de cuero negro que se ponía para conducir.

– El técnico dice que fue provocado –volvió a hablar el sheriff mientras los acercaba a todos a los escombros– hay huellas de botas por todos lados.

– ¿Botas de montaña? –preguntó Connor acercándose un poco más al sheriff.

– Los malditos AC, Con –intervino Gel llamando a sus rivales "Los Ángeles Caídos" por sus siglas, y adelantándose hasta Con para poner una mano en su hombro.

– ¿Y dónde mierda estaba Ginley? –Troy también estaba empezando a perder la paciencia y eso se notaba por el tono con el que empleó la pregunta.

– No hay rastro del guardia –contestó el sheriff.

Connor, ya harto de toda esa situación, tomó al Sheriff Dogherty del brazo y lo llevó a un lugar apartado de ojos chismosos y oídos agudos para preguntarle:

– ¿Quién más lo sabe? –susurró una vez que estuvieron en un rincón.

– Oficialmente los bomberos y yo –respondió el sheriff– pero puedo convencerlos de cambiar el informe.

– ¿Y extraoficialmente? –preguntó Troy.

– Extraoficialmente todo el condado. La explosión tomó demasiada altura para ojos chismosos y no chismosos –al decir eso, todos giraron hacia el líder preocupados hasta que este volvió a hablar.

– Por el amor de Dios –dijo pasando sus manos por su cabello– ¿Y las Marc-5? –preguntó susurrando, refiriéndose a algunas armas ilegales que tenían guardadas en una de las bodegas del estudio.

– No están, y la mayoría de las F-6 tampoco.

Con eso, oficial y extraoficialmente, la paciencia de Connor acabó por terminarse y empezó a dar patadas a los escombros mientras lanzaba improperios y los demás del club tan solo lo miraban, ninguno tenía la intención de intervenir, lo mejor era que se calmara solo. Sin embargo, Troy no tardó mucho en reaccionar y como el buen e inteligente vicepresidente que es, buscó una solución temporal:

– No queremos que esto llegue al FBI –dijo y sacó un puñado de billetes doblados por la mitad para entregárselos al sheriff y con eso decirle– dale la mitad a los bomberos, que cambien el informe. La gente dirá lo que quiera. Vámonos de aquí –dijo dando una señal para que todos volvieran a las motos.

–Una vez empezando a caminar hacia allá, el presidente sacó su pistola de detrás de su pantalón y se la tendió a Troy para decirle en broma– dos tiros, aquí –se señaló la nuca sin dejar de caminar– no me dolerá y estaré muerto.

–Troy rió sin gracia por el chiste– no es fácil ser el "rey", ¿cierto?

– No –dijo Con volviendo a guardar su pistola para luego apuntar a Troy con su dedo– y será mejor que no lo olvides.

Capítulo 3 Un Helado en el Parque

La doctora Carmen estaba en su escritorio terminando de llenar el informe de su último paciente, cuando la hora dio exacta para dejar entrar al siguiente y último del día. Dejó el lapicero sobre el escritorio y salió al pasillo del hospital para luego abrir la puerta de su consultorio y encontrarse, con una sonrisa en su rostro, a sus dos hermanos favoritos: los Colt.

– Thomas, es tu turno –dijo suavemente mirando al muchacho de veinticinco años, alto, bien parecido, de complexión delgada, pero con buena alimentación y ejercicio. Era en definitiva un chico bendecido en apariencia, más no en la vida.

Thomas le dio una palmada en el muslo a su hermano adoptivo, Clay y se dirigió al consultorio de su psicóloga desde hace cinco años. La doctora Carmen le dio una sonrisa a Clay y diciéndole que saldrían en cinco minutos cerró la puerta.

Thomas, desde que tiene memoria, ha sido un chico abusado física y mentalmente por la mujer que creía era su madre. Fue víctima del síndrome Munchausen por poderes, inculcado por la misma persona que lo secuestró y apartó de su familia biológica, la psicópata Julia Fuller. Ésta mujer lo maltrataba e ignoraba, sin mencionar que le hacía creer a diario que no podría hacer nada sin ella, además de que lo "castigaba" si él llegaba a desobedecerla.

Sus castigos no eran físicos, pero sí mentales, cómo por ejemplo: pintar patrones específicos de círculos y pequeños rectángulos en las paredes sabiendo que Lance es tripofóbico y a veces ese tipo de patrones podrían llegar a hacer, incluso, que se fuera en vómito. Todo cambió para Thomas cuando conoció a Clay en la escuela secundaria "Lincoln High School", él se hizo su amigo a pesar de las insistencias (y amenazas) de Julia de que se alejara. Fue Clay quién descubrió el secreto oscuro de esta mujer y él único que corrió a socorrer a su amigo antes de que una loca le arrancara el corazón.

Thomas a formado parte de la familia Colt desde los doce años, cuando Clay lo trajo en una carretilla desde la casa de Julia, salvándole la vida. Al principio se mostró tímido y asustadizo, se exaltaba con cualquier sonido, y siempre iba a esconderse a su habitación cuando algún extraño los visitaba. Nadie a su alrededor (a excepción de los Colt) le inspiraba ninguna confianza, pero según su primera psicóloga, era normal, pues estaba empezando a experimentar los primeros síntomas del "estrés post traumático" por lo que recomendó que le buscaran ayuda profesional, más profesional, es decir: un psiquiatra.

Thomas tardó seis meses en acostumbrarse a los Colt y darse cuenta de que ellos querían ayudarlo, criándolo como a su hijo. Lo habían recibido en su casa, lo habían alimentado, vestido, enviado a terapia y a la escuela. Habían comprado todas las medicinas que necesitaba e incluso lo inscribieron en el equipo de futbol cuando él demostró interés en el deporte.

Finalmente, luego de nueve meses, toda la familia decidió hacerlo oficial y adoptarlo. Thomas empezó a mejorar luego de eso, su TEPT (Trastorno de Estrés Post Traumático) fue pasando con el tiempo. Tom iba a terapia, tomaba sus pastillas: sertralina y paroxetina para aliviar sus problemas de ansiedad, y sobre todo, su nueva familia lo hacía sentir a salvo y querido.

Luego de dos años empezó a recuperar su sonrisa y su confianza en las personas, incluso llegó a tener uno que otro amigo en la escuela; también le gustaba dibujar y hacer deportes. Hablando de deportes, se hizo un muy buen jugador de futbol y su familia nunca se perdía ni un partido. El futbol lo hacía sentir feliz, hasta que su equipo perdió un partido "por su culpa". La verdad solo fue un gol que no logró anotar, pero la decepción de su equipo, de su entrenador y de todos los que vieron el partido fue suficiente para que su frágil y recién adquirida estabilidad emocional se tambaleara y amenazara con derrumbarse más de una vez.

Pero como si eso no fuera suficiente, empezaron a hacerle bullying en la escuela por ser un niño medicado, una especie de "freaky". Empezaron con burlas y comentarios fuera de lugar, a lo que Tom sólo decidió ignorarlos. Pero un día, todo se salió de control cuando uno de esos niños tomó sus pastillas y las escondió. Thomas, al no verlas donde siempre las dejaba, le dio un ataque de pánico preguntándose: "¿dónde estarían?". Luego de un rato así, corrió al baño y se encerró en este para entonces sacar su celular y enviarle un texto a sus padres diciendo que les agradecía todo lo que habían hecho por él hasta ese momento, pero él se "iría".

Jeff y Sam llegaron a la escuela desesperados buscando a su hijo, creyendo que él se "iría" literalmente, es decir: "saldría" de la escuela y se perdería, pero en realidad, lo encontraron quince minutos después en el baño con cortaduras en sus muñecas. Llevaron al niño a urgencias de inmediato y por suerte, ninguna de las cortadas que tenía era profunda, pero era más que obvio lo que intentó hacer.

Inmediatamente lo sacaron de esa escuela y lo pusieron en una especial para niños con todo tipo de problemas, a sugerencia de su psiquiatra, claro. Allí, Thomas terminó la secundaria más tranquilamente y además, conoció al amor de su vida. Ahora estudia literatura en la universidad "Charleston" en Reno, Nevada, junto con su novia, su mejor amigo (quién también debería visitar a un psiquiatra) su hermano Clay, y su ex novia, pero de ella hablaremos después.

– Entonces, Tom, ¿cómo has estado? –preguntó la doctora Carmen Aguilar una vez que Thomas tomó asiento.

Thomas ha visto a la doctora Aguilar desde los diecinueve años, que fue cuando su antigua psiquiatra le recomendó ver a un especialista en adultos. Carmen es una persona dulce y animada que siempre tiene una sonrisa en el rostro. Su carácter apacible y su paciencia para escuchar le dan a Thomas total seguridad para abrirse con ella, además de que su método, aunque no sea ortodoxo, es muy efectivo. No hay nada que Thomas Colt le oculte a su psiquiatra y gracias a ella, él siente que mejora con cada sesión.

Durante sus sesiones suelen hablar de muchas cosas, por ejemplo: Carmen sabe que Tom tiene una gran personalidad. La mayoría del tiempo es inocente, tierno y algo tímido, es verdad, pero cuando entra en confianza le gusta hacer chistes, comenta sobre cualquier tema de su interés e incluso se vuelve un poco irónico y hasta filosófico, pero de una manera graciosa. Cuando ha tenido un ataque de depresión recientemente o algo le está preocupando, Carmen ya lo sabe, pues Tom se vuelve cerrado y cortante, casi no habla y no la mira a los ojos; pero cuando esto pasa la doctora ya sabe cómo romper su caparazón: canciones y grupos de rock clásico.

A Thomas le encanta el rock de los 70's 80's, dice que puede identificarse con la letra de muchas canciones, así que cuando el muchacho se encierra en sí mismo y no quiere hablar, ella pone una de sus canciones favoritas cómo: "Starway to Heaven", "Back in Black", "Sweet Cherry Pie" o su primera opción en todas sus playlist: "Carry on, my wayward son"

Thomas y Carmen llevan una buena relación como doctora y paciente, podría decirse que son bastante unidos, incluso más que paciente y doctor son como dos amigos reunidos en una plaza hablando de todo y de nada. Tom siente que puede desahogarse con ella, pues Carmen jamás lo ha juzgado por nada, es muy comprensiva y a diferencia de muchas personas, ella nunca lo ha mirado con lástima o asco, en cambio diría que se encanta de verlo, al igual que él con ella, cómo dos viejos amigos que se reencuentran siempre cada semana.

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A Clay le gusta acompañar a Tom a sus sesiones de terapia, pues el lugar es silencioso en general y así, mientras su hermano y mejor amigo pone su mente en orden, él puede aprovechar y terminar trabajos escritos de la universidad o estudiar para algún examen. ¡Por la santa madre de Dios! Éste apenas es su primer año de universidad, ¿y ya le están mandando cinco trabajos por semana? Algo que sin duda agradece es que Thomas y él hayan entrado a la universidad tarde. Mientras que otros entran a la universidad de diecisiete o dieciocho años, ellos dos entraron a los veinte, ¿Por qué? bueno, les dijeron a sus padres que era para escoger una buena universidad y que además diera la especialidad que ellos quisieran, pero la verdad era mentira, solo querían descansar dos años de las tareas, los profesores y de levantarse temprano a diario. Ni idea de cómo, pero cumplieron su cometido.

Sin embargo, se dice que todo lo que se nos da, tarde o temprano debemos pagarlo, y eso es justo lo que está pasando con Clay y su ola de tareas. Aunque ya bien, nadie dijo que ser ingeniero civil fuese cosa fácil. Mientras tecleaba en su laptop miró el pequeño reloj electrónico de veinticuatro horas en su barra de herramientas y se dio cuenta de que ya había pasado media hora, por lo que ya deberían estar a punto de salir, ya que cada sesión duraba entre veinte y treinta minutos.

Dicho y hecho, la puerta del consultorio se abrió y reveló a Tom despidiéndose de su psiquiatra. Realmente la puerta del consultorio no está en frente de las sillas donde todos los pacientes esperan, está unos dos metros más allá, por eso el lugar es tan silencioso; en el consultorio no se escucha lo que pasa en la sala de espera, y en dicha sala no se escucha la conversación dentro del consultorio, para salvaguardar la privacidad del paciente.

–Clay cerró la laptop y se levantó de la silla para acercarse a su hermano y la psiquiatra– hola –dijo con una sonrisa tierna al llegar con ellos– ¿todo bien?

– Sí, nuestro Tommy sigue avanzando –respondió la doctora para mirar al mencionado con una sonrisa de orgullo– buenas calificaciones, se esfuerza mucho, sigue tomando sus medicamentos y quiero decirte lo orgullosa que me siento de que hayas iniciado una relación –dijo dirigiéndose solo a Thomas con la misma enorme sonrisa– primero tu cactus, luego tu gato, luego tu mejor amigo y ahora tienes novia. Estás siguiendo la escala que te dije, estoy súper orgullosa de ti Thomas.

– Gracias –dijo Tom con la misma sonrisa alegre.

– Excelente, entonces, supongo que nos veremos la próxima semana –dijo Clay con buen ánimo.

– Así es. Próxima semana, misma hora –les dijo a ambos con tono autoritario pero bromeando, antes de sacar una sonrisa juguetona y meterse a su consultorio.

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Los dos hermanos iban caminando por la acera del hospital de vuelta a su casa, cuando Clay decidió cortar por el parque por dos motivos, A: la sombra de los árboles los protegería de los ardientes rayos del sol, y B: quería comprar helados para él y su hermano. Clay, odiaba que el helado se le derritiera en la mano y que el preciado líquido corriera por todo su puño embarrándolo, pero tampoco se esforzaba por evitar que esto pasara, ya que siempre se tomaba su tiempo para disfrutar de su helado postre.

– Pareces un niño pequeño –se burló Thomas viendo a Clay batallando con su helado derritiéndose al sol.

– ¡Déjame en paz! –protestó Clay mientras lamía su puño y Tom lo veía con diversión y un poco de asco– entonces –dijo limpiando algo de su desastre con la servilleta del cono– ¿qué te dijo la psiquiatra?

– Tú la escuchaste –respondió Tom lamiendo las orillas de su cono para no crear un desastre igual al de Clay– estoy avanzando al tener una relación. Cree que es un gran progreso, que me estoy abriendo más a las personas.

– Bueno –dijo Clay alzando un poco las cejas antes de decir– no es tu primera relación –mencionó y siguió comiendo su "desastre" llamado helado.

–Thomas, tomó una pequeña respiración y sin perder el buen humor le dijo– pensé que ya no mencionaríamos los errores del pasado.

– ¿Errores? –preguntó Clay alzando una ceja inquisitiva, pero con una sonrisa de diversión– ¿"ella" fue un error? Por qué, siento decirlo pero, sonreías más cuando estabas con Alina que ahora estando con Megan.

– No estaba listo para una relación en ese entonces –respondió Tom bajando un poco la mirada.

– ¿Y ahora sí? –preguntó Clay con cierta ironía.

– Se supone que el paciente hace un proceso primero –respondió Thomas casi como una protesta– primero su psiquiatra lo pone a cuidar de una planta, luego de una mascota, luego de un pariente o un ser querido o un amigo y entonces, de último, vienen las relaciones amorosas.

– Okey –dijo Clay alzando los brazos en rendición– yo solo digo que te veo igual de calificado para tener una relación que hace cinco años con Alina –dijo y quiso seguir comiendo su helado, cuando se le vino a la cabeza una pregunta importante– y otra cosa: si todo lo que tenías que hacer antes de tener una relación "formal"... –dijo haciendo comillas en el aire– era seguir un procedimiento y luego entonces tener novia, ¿por qué no le dijiste a Alina que te esperara?

–Como Tom no poseía ninguna respuesta concreta para ello, decidió bromear al respecto– no habría historia de amor.

– Hablo en serio –le dijo Clay sonriendo por la broma.

– No lo sé, yo no... –hizo una pequeña pausa para pensarlo– no quería hacerle eso a ella.

– ¿No querías hacerle eso a ella? –preguntó Clay con cierta ironía otra vez, a lo que Tom se encogió de hombros– ahora, gracias a ti, ella está con el patán de Matt, ¿tampoco querías hacerle eso a ella?

– Las decisiones que ella tome no son asunto mío –dijo Thomas tratando de quitarle importancia.

– Pero tus decisiones sí son asunto tuyo –dijo Clay casi como un reclamo– y déjame decirte que fueron malas –dijo y se adelantó en el camino hacia la salida del parque.

– ¡Gracias por siempre estar ahí y hacerme sentir bien! –gritó Thomas para que Clay (y las personas alrededor en el parque) pudieran escucharlo y luego se adelantó hacia su hermano.

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