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El Hijo del CEO

El Hijo del CEO

Autor: : MarPaula
Género: Romance
Vanesa siempre supo que su matrimonio con Alejandro Adán, el frío y exitoso CEO de un imperio financiero, era solo un acuerdo de conveniencia. Aunque nunca fue lo que ella soñó, a pesar de la distancia emocional de Alejandro, ella fue enamorándose en el silencio de su esposo. Pero para él, el matrimonio nunca fue más que un contrato. Alejandro mantuvo siempre las distancias, sin ofrecerle ni una pizca del cariño que Vanesa anhelaba. Harto de los rumores que manchaban su imagen a causa de su matrimonio infeliz, Alejandro decide pedirle el divorcio, pero descubre que ella está embarazada, la jugada cambia totalmente, dejándolo confundido cuando se acerca a Vanesa a causa del bebé y descubre que sus sentimientos están empezando a cambiar.

Capítulo 1 La prensa

-Señora Adán, una pregunta por favor -la interceptó uno de los reporteros que la esperaban a la puerta.

-¿Es cierto que tiene cáncer y por eso su visita al hospital? -se atrevió a decir uno de ellos.

Vanesa no se detuvo ni un instante al salir de el rascacielos hospitalario. La lluvia hizo presencia empapando sus últimos pasos hacia el coche negro que la esperaba a ras del último escalón.

-Señora Adán -cuestionó una de las reporteras-. ¿Por qué su esposo no la acompaña?

-¿Es cierto que su matrimonio está en crisis? -le acercó el micrófono cerca de la cara.

-¿Es verdad qué su esposo tiene otra?

-¿Es estéril y por eso su matrimonio no va bien?

Finalmente Vanesa llegó a la puerta negra donde entró sin pensarlo dos veces. El frío se hizo presente cuando notó el aire acondicionado.

-A casa, Roger -le pidió al chófer de su marido quien acostumbraba a marcar todas sus rutas.

Por un momento mientras se alejaban de las cámaras de los reporteros, Roger visualizó a través del retrovisor que Vanesa sostenía una carta húmeda entre sus dedos, agarraba aquel sobre con tanta intensidad que pareciese que sus dedos se fuesen a quedar pegados a el, lo que llamó su atención.

-¿Cómo ha ido la consulta? -se atrevió a preguntar temiendo que fuese algo grave.

Vanesa mantuvo el silencio por unos segundos, aún no acababa de procesar la información que había recibido.

-No quiero que el señor Adán se entere de la emboscada que me han hecho los reporteros, por favor...

-¿Cree que no va a enterarse con todas las fotos que sacaron en la puerta?

Vanessa suspiró pesado.

-Por supuesto que sé que mi esposo se va a enterar -sopesó-. Solo necesito tiempo para que cuando regrese del viaje de negocios pueda tener una excusa válida para ese escándalo.

-Creo que la señora Andrea se va a encargar de que su hijo lo sepa cuanto antes. No dudo que ella haya sido quien le informara a la rueda de prensa de su visita al hospital.

-La señora Andrea no tiene nada que opinar en la relación de su hijo y yo. Así que yo me encargaré de eso.

Roger se quedó callado posando la vista directamente en la carretera, aunque la voz de Vanesa sonaba segura y autoritaria, sabía perfectamente que la señora Andrea, era capaz de mal influenciar a su hijo en contra de su esposa.

Hasta el momento Andrea había sido un punto importante en el conflicto de la relación entre Alejandro y Vanessa. Y eso se debía a que Andrea era la representante de Alejandro en la empresa familiar "King", cuidar la imagen de su hijo era su principal trabajo, y desacreditar a su nuera el segundo, bajo ninguna circunstancia Andrea permitiría que se tomase la imagen de su hijo en alguna revista amarillista.

Tras la llegada de Vanesa al edificio Adán, Roger salió primero del auto con un paragua negro, el cual utilizó para cubrirla de la lluvia hasta la puerta de la entrada.

-Si vuelve a encontrarse mal por favor llámeme -se despidió Roger visiblemente preocupado.

-Estaré bien -le aseguró entrando al edificio.

Los dos escoltas que permanecían custodiando la entrada le permitieron pasar con un respetuoso gesto de la cabeza, Vanessa se dirigió hacia el ascensor presionando la planta 13.

En su mente ideaba varios discursos que pudieran resultar convincente, para poder justificar lo ocurrido a la salida del hospital. No era la primera vez que su esposo le exigía que fuese cautelosa, y era la cuarta vez en el mes que se le abordaba con reflectores, preguntas y cuestionamientos. Y Alejandro, se había disgustado tantísimo ese día. Vanessa se recostó sobre el metal de aluminio y cerró los ojos recordando la semana pasada:

-¡Me puedes explicar que es esto? -había cuestionado aquel día molesto su esposo dejando caer sobre la mesa una revista: se veía a su esposa sujetando a una chica que apenas podía caminar mientras intentaban subir a un taxi.

-Era el cumpleaños de Emma y...

-Te vieron salir del restaurante King -la interrumpió tajante-. ¡Desde que nos hemos casado no haces mas que meterme en boca de todos!

-Yo no me emborraché, apenas me tomé una copa de vino -le explicó Vanesa sosteniéndole la mirada-. ¿Es que acaso no puedo pasar un momento íntimo con una amiga?

-¡Claro que puedes! -gruñó él-. Pero si por la salidas con tus amigas vas a estar embarrando mi apellido, entonces deberías cuestionarte. No es la primera vez que sales en la portada de una revista ¡Por favor, Vanesa!

Alejandro sujetó la revista con un gesto firme que a Vanesa le resultó brusco y leyó la portada en voz alta:

-Esposa del exitoso CEO Alejandro Adán, en una despedida de soltera, borracha.

-Ya te expliqué que no bebí.

Los sensacionalista se habían encargado de postear algunas mentiras sobre ese día para darle sentido a la foto, pero solo se trataba de una pequeña cena entre amigas.

-No me interesa lo que hagas, simplemente intenta mantener tus narices fuera de mi apellido, eres mi esposa y por ende todo lo que hagas me percute. Que sea la última vez que sale tu cara en una revista con mi nombre -advirtió severo.

El sonido del ascensor anunciando la última planta la hizo abrir los ojos y volver en sí. Apretó entre sus dedos con fuerza el sobre que llevaba, preguntándose si ese sería el motivo para un conflicto más, creía que sí, no era el mejor momento para dar esa noticia, así que se guardaría el secreto hasta que ya no pudiese ocultarlo más.

Buscó sus llaves y abrió su departamento, sorprendiéndose al encontrar la luz del recibidor encendida. ¿Habrá llegado Alejandro? Pensó fugazmente hasta que vio la figura de su suegra sentada en el sofá central, con una copa de vino blanco entre sus dedos y las piernas cruzadas.

Capítulo 2 Don perfecto

-Alejandro no está -se apresuró a informarle a Andrea dada la cara confusa de su nuera.

Su voz sonaba cansada y aburrida, agitó ligeramente el vino mientras lo contemplaba como si fuese lo más interesante del lugar.

-Lo estoy esperando -añadió Andrea.

-Sí, ya sé que su hijo no está en casa señora Andrea -confirmó dejando el abrigo colgado en el perchero de la entrada-. Tampoco creo que sea buena idea sentarse a esperarlo, no va a llegar en toda la noche.

Andrea se puso de pie posando los ojos en el sobre húmedo que sostenía su nuera.

-¿Tan mal están las cosas como para que mi hijo no duerma en casa? -quiso saber.

Vanesa suavizó su gesto que hasta el momento había sido tenso y negó satisfecha.

-Veo que no está enterada -interpuso distancia entre las dos caminando hacia el inmenso cristal que daba vista a la ciudad-. Está en un viaje de negocio, viajó fuera del país.

El rostro de Andrea buscaba disimular la desinformación de la partida de su hijo hacia el extranjero, normalmente Alejandro le comunicaba todos sus viajes, y le dejaba a cargo de la decisiones importantes King, en su ausencia.

-Bueno, supongo que fue algo urgente y no le dio tiempo a avisarme -resaltó la suegra con suficiencia-. En ese caso será mejor que me marche.

Andrea tomó su bolso blanco de piedras francesas, y se retiró hacia la entrada.

Saliendo de allí marcó el teléfono de Alejandro.

A Vanesa se le hizo extraño que su suegra no hubiese sacado a relucir el tema de los reporteros fuera del hospital familiar, ella era la primera en la familia en enterarse de todo, así que dudaba que desconociera la información, y cuando se quedaba callada casi nunca era nada bueno.

También detestaba la idea de que Alejandro le hubiese entregado una copia de las llaves del departamento matrimonial a su suegra, ella podía entrar y salir a su conveniencia, y eso la hacía sentir privada de intimidad.

Vanesa se apresuró a guardar aquel sobre qué hasta el momento era la información que más la preocupaba.

Media hora después había tomado una ducha caliente, se había puesto ropa cómoda, y preparado algo para comer, se acomodó en la cama con su ordenador con el propósito de revisar algunos correos. Más tarde habló con Emma su mejor amiga, cenó y se fue a dormir.

Eran pasado de las diez de la mañana cuando el sonido en el baño la despertó. Levantó la cabeza sutilmente, observando como una fila de prendas masculinas estaban arrojadas de camino al baño.

¿Está Alejandro en casa?, pensó. Se enderezó de súbito sentándose al borde de la cama, un dolor de cabeza la aturdió de repente, mareándola.

-Uy -susurro muy bajo, llevó sus manos a su cabeza cerrando los ojos con delicadeza.

-¡Investiga quién del equipo de marketing hizo esa cutre publicidad! -hizo presencia la voz de Alejandro saliendo del cuarto de baño con el teléfono a la oreja, recién duchado, y una diminuta toalla alrededor de su cintura intentando cubrir su desnudez.

-¡Por su puesto que voy a cancelarlo Valentín!, creo que se le paga bastante bien como para que hagan bien su trabajo -volvió hablar el castaño-. ¡ No me interesa si tienen tiempo o no para empezar de nuevo con la maqueta, quiero las cosas bien hechas, vuelvan a repetir el trabajo!

Mientras Alejandro daba órdenes a su parecer Vanesa no paraba de observarle. Mantenía todo su dominio en cada movimiento era como si cada gesto estuviera meticulosamente calculado, y ese había sido uno de los motivos por lo cual ella se había enamorado irremediablemente de él, no buscaba la perfección sin embargo la conseguía sin esforzarse.

Mientras su esposo se vestía, en medio de una tensa conversación, ella no paraba de observarle con detenimiento, era como si ese fuese su único momento privado, donde ella fantaseaba, con ser una pareja normal.

Cuando Alejandro colgó la llamada sus ojos se posaron en su esposa que permanecía interesada en él mirándole fijamente, su rostro se endurecido de repente.

-¿Dónde estuviste ayer en la tarde? -interrogó él.

Vanesa sintió como se le revolvió el estómago.

-No me encontraba bien, me mareé un poco y fui a una consulta de rutina con el doctor general -contestó con seguridad.

-¿Bebiste? -la cuestionó severo volviendo a sus asuntos en el vestidor-. Sabes que eres la foto del mañanero de los periódicos.

-No tomo alcohol entre semana. Seguro te lo dijo Andrea -arremetió-. Seguro que fue ella quien se encargó de avisarle de mi presencia en el edificio hospitalario a los reporteros.

Alejandro cerró la puerta de roble en un gesto seco.

-Mi madre no tiene tiempo de estar detrás de ti Vanesa -enfatizó con rudeza-. Y no fue ella quien me informó, mi asistente de imagen lo hizo.

-¿Vas a enojarte por una visita al doctor? -ironizó ella.

-Solo te pido que seas discreta Vanesa. Parece que llamar la atención es lo tuyo.

-Todo lo que te importa es el que dirán -destacó Vanesa desviando la vista-. Ni siquiera me haz preguntado como me fue en el hospital.

-¿Dijiste que era algo de rutina, no? -le restó importancia-. Pues yo te veo bien.

Alejandro se terminó de trajear mientras se acomodaba la corbata frente a su reflejo.

-Tengo asuntos importantes en la empresa -le avisó-. No te aparezcas por ahí, no quiero una rueda de prensa poniendo desorden.

Ironizó lanzándole una mirada de preponderancia.

Alejandro salió de la habitación después de haber quedado satisfecho de lo dicho.

Mientras que Vanesa estaba harta de la situación en la que ella siempre hacía todo mal. Y él era el señor perfecto.

Capítulo 3 Doña suegra: la intrusa

Emma se cubrió el rostro dejando caer su pelaje negro intenso sobre el lateral de sus mejillas, vestía una gorra negra a juego de una gafas de sol gris; un atuendo sport color marfil a juego con su bolso escocés.

Emma miraba de derecha a izquierda y cada tanto levantaba sus gafas de sol para visualizar su entorno de camino a la cafetería King, una de las tantas instalaciones perteneciente a las propiedades del CEO Alejandro Adán el marido de su mejor amiga y al cual no soportaba ver.

En varias ocasiones Emma le había aconsejado que terminara aquella relación con el "perfectísimo Alejandro" como le había apodado, pero Vanesa se negaba con la excusa de que no quería romper el trato tan importante que habían hecho ambas familias.

Emma ubicó con la vista la mesa solitaria donde se encontraba su amiga y se dirigió hacía ella.

-¿Qué estás haciendo, Emma? -interrogó Vanesa con asombro ante la fachada de su amiga.

-Intento ser discreta como me pediste -Emma deslizó las gafas a la mitad de su nariz y observó a su amiga antes de sentarse con un gesto lento lleno de elegancia.

-Emma... -cuestionó Vanesa en un susurro-. Llamas más a la atención de esa manera que actuando como cualquier persona común y corriente.

-Créeme que es imposible que yo -cruzó las piernas-. Pase desapercibida.

-Pues claro que llamas la atención -resaltó Vanesa-. Todo el mundo te conoce, justo por eso te supliqué discreción, hemos estado en las portadas de las revisas más importantes cuatro veces en las últimas semanas.

-Eh -Emma señaló a su amiga con la punta de la varilla de sus gafas-. Tú cinco querida, una mas que yo, que por cierto... Leí en el periódico sobre tu visita al hospital.

Los rumores son horribles. Por qué no me pediste que te acompañara, no me habías dicho que te encontraras mal.

Vanesa dejó caer los hombros y se recostó hacia atrás.

-Estoy bien, Emma...

-¿Segura?

-Sí, ya sabes cómo son las revista amarillistas, exageran todo por puro morbo.

-En eso tienes razón cielo -Se acomodó la melena hacia atrás-. Entonces dime para qué querías verme con tanta urgencia.

Vanesa entre abrió los labios dispuesta hablar, cuando el sonido vibrante de su móvil reposado sobre la mesa se encendió sutilmente anunciando un nuevo mensaje. Sin dudarlo Vanesa desbloqueo la pantalla iluminando su rostro con una genuina sonrisa.

-¿Qué ocurre Vane? -se interesó Emma llena de curiosidad.

-Es un correo de Alejandro -susurró con una voz floja y vibrante al tiempo que tecleaba en su teléfono como si contestara algo.

-¿Y?

Vanesa alzó la vista hacia Emma por un fugaz segundo antes de continuar escribiendo en su aparato.

-Quiere que cenemos juntos está noche...

-¿Y por qué sonríes? -cuestionó su amiga con el ceño fruncido.

-¿Eh? ¿Qué? - Vanesa apartó el teléfono de súbito y miro a su amiga con asombro-. No estaba sonriendo.

-Sí lo hiciste -enfatizó con un dejé de molestia-. Alejandro nos cae mal ¿De acuerdo? Su matrimonio es una falsa que no se te olvide, y cada que se te acerca te lástima.

Vanesa suspiró sin tener nada que objetar. Reconocía que no habían mentiras en las palabras de Emma.

-Bueno... -cambió de tema Vanesa-. Mejor hablemos para lo que hemos venido.

-Claro, te escucho -apoyó los codos sobre la mesa como nunca haría en una reunión formal.

-Siento que Andrea... Siento que yo...

Vanesa soltó un largo suspiro, claramente buscando las palabras adecuadas antes de hablar. Emma, que la observaba con atención, percibió que su amiga estaba lidiando con algo más que las habituales tensiones matrimoniales.

-Emma, no sabes lo complicado que se ha vuelto todo -empezó Vanesa en voz baja, entrelazando los dedos sobre la mesa-. Alejandro no es... no es quien yo pensaba.

Emma arqueó una ceja, pero decidió mantener el silencio, dándole espacio para que continuara.

-Cuando nos casamos, pensé que él era... fuerte, seguro. Ya sabia que nuestro matrimonio era una fachada, pero al menos pensé que sería mí fachada, no la de su madre -Vanesa bajó la vista, mordiéndose el labio antes de continuar.

-La verdad es que... -hizo una pausa y apretó los labios-. Está completamente controlado por ella. Andrea se mete en todo, maneja cada aspecto de nuestra vida, incluso... -Vanesa apretó los puños-, incluso cómo debo comportarme, y se encarga de llenarle la cabeza de falacia es peor que los amarillistas.

Emma dejó escapar una risita amarga:

-Eso no es ninguna sorpresa, cielo. Lo he visto desde el principio. Ese hombre es incapaz de poner límites.

Vanesa tomó aire y miró a su amiga, con una resolución que Emma no había visto en ella antes.

-No puedo seguir así. Ayer en el hospital recibí una noticia... -Vanesa se interrumpió, sus ojos brillaban con una mezcla de nerviosismo y determinación-. Es algo que lo cambiará todo, y estoy segura de que Andrea se volvería loca si se enterara.

-¿De qué estás hablando? -Emma frunció el ceño.

Vanesa metió la mano en su bolso y sacó el sobre húmedo. Lo deslizó sobre la mesa, sin decir nada, y Emma, llena de curiosidad, lo abrió con cuidado. Su rostro se transformó cuando leyó las primeras líneas, y alzó la vista incrédula.

-Vanesa, ¿es esto...? ¿Estás...? -preguntó Emma, susurrando, casi sin poder contener la respiración.

Vanesa asintiendo, con una pequeña sonrisa triste en los labios.

-Sí, Emma. Estoy embarazada.

La noticia cayó como una bomba. Emma intentó procesarlo, y cuando al fin lo hizo, su expresión pasó del asombro a la preocupación.

-Pero... ¿Alejandro lo sabe?

-No, no aún. Ni Andrea. Nadie, excepto tú.

-Espera... Espera... -Emma instaló una voz llena de cuestionamientos-. Tú y Alejandro... ¿Cómo es que estás embarazada si tú y él no se soportan? Hicieron el...

Vanesa se quedó en silencio un instante con las mejillas calientes y la mirada titubeante.

-Este... pues... -balbuceó.

Emma entre cerró los ojos mirándola fijamente, como si se sintiera traicionada por alguna información que se haya reservado Vanesa.

-Fue hace unas semanas -Vanesa entre sacó las palabras-. Bebimos un poco y pasó. -mintió.

Vanesa apartó la vista y mordió su labio inferior intentando evitar recordar cómo ocurrieron las cosas realmente aquel día:

Vanesa acababa de salir de la ducha con la toalla blanca enrollada en su cuerpo, el pelo chorreando y los pies descalzo de camino hacia el vestidor.

El sonido de unas fuertes pisadas captó toda su atención y su curiosidad lal levó hacia la sala de estar unipersonal del apartamento: allí encontró un Alejandro con el torso desnudo y sudado, apenas vestía un pantalón deportivo y unos zapatos a juego de la misma marca.

Mientras Alejandro trotaba en la cinta de correr, se mantenía concentrado en lo que parecía escuchar en sus auriculares inalámbricos.

Era una escena que Vanesa podría contemplar por horas sin quejarse, y se cuestionaba por ello, pero no perdía oportunidad de observarle cuando podía hacerlo y aquel fue uno de esos momentos.

Se mordió los labios cuando sus ojos se posaron en la línea húmeda que recorrían las gotas de sudor por el abdomen hasta terminar en el borde del pantalón. El recorrido era lento y tentador, y Vanesa se deleitó varios minutos viéndole.

Pasó saliva cuando Alejandro disminuyó su trote y luego detuvo la cinta. Vanesa intentó retroceder cuidadosamente para evitar que él notara su presencia, sin embargo fue torpe al ir hacia atrás y tocó la puerta consiguiendo que su esposo levantara la vista en su dirección.

Alejandro alzó una ceja como si se preguntara: ¿Qué estaba haciendo allí? Pero no auguró palabras.

Vanesa, se sintió paralizada al verlo acercarse hacia ella con tanta seguridad y confianza, que por un momento dudó si iba a entrar o salir del lugar.

Cuando su esposo estuvo cerca, ella tomó una decisión al fin y giró rápido para salir.

Una nalgada firme la detuvo de repente.

-Qué... ¿Qué haces? -jadeó con sorpresa y confusión ante aquel gesto que nunca había hecho.

Alejandro se llenó de suficiencia para acercarse demasiado e inclinarse a su oído:

-Es lo mínimo que te mereces por andar espiando me por toda la casa -ella pudo sentir como su respiración se agitaba locamente, sintió la falta de aire y también el temblor de sus piernas.

Y ahí, allí perdió el control. Ambos lo hicieron...

Claro qué no le contaría aquello a Emma.

-Pero... al día siguiente volvió hacer él, el Alejandro frío y distante. -explicó como si necesitara justificarse, saliendo de aquel recuerdo.

Aquellas palabras habían resultado trilladas para Emma, pero su amiga solo seguía pensando en una sola cosa: lo mejor era dejarlo...

Emma tomó la mano de su amiga con fuerza.

-Vanesa, sé que no es el mejor momento para regaños, pero si me hubieras hecho caso, no estuvieras ahora mismo con una vida que te ate a él -Respiro hondo antes de continuar-. Aún así quiero que sepas que esto lo cambia todo tal y como haz dicho, y por supuesto que podrás contar conmigo para lo que necesites, incluso si eso significa tener que matar a Alejandro.

Vanesa asintió soltando una sutil risita, sintiendo el apoyo incondicional de Emma. Sabía que su mejor amiga estaba allí para ella, y que, pase lo que pase, tendría a alguien en quien confiar. Aunque el futuro era incierto, esa pequeña vida que crecía dentro de ella era, en el fondo, una nueva esperanza. Una razón para enfrentarse a todo.

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