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El Hombre del Desierto

El Hombre del Desierto

Autor: : Maria Pulido
Género: Romance
Lía James es una chica británica común, despreocupada de la vida, y con un trabajo básico que le permite llevar una vida simple. Su mejor amiga es la obsesión de todo lo ella que puede soñar; graduada con las mejores notas, y una profesión que le permite viajar a rincones del mundo, que ni siquiera Lía puede imaginar. Un golpe de suerte llega cuando Mila la invita a un viaje para asistir a una convención de negocios internacionales, y por qué no, tomar su fin de semana en las islas más codiciadas de Arabia Saudí con todo pago. Una noche en celebración por el nuevo puesto de Mila, reciben una llamada que cambiará todos los planes de Lía, y su vida entera. Entre mentiras y enredos, Lía suplanta el puesto de su amiga, para trabajar con un importante jeque al que le es imposible respirar en su presencia. Said no solo es el Emir de un país entero, él es el hombre del desierto que mantiene secretos de los que nadie se puede enterar, porque arruinaría su monarquía, y su vida entera...

Capítulo 1 Prólogo.

Kuwait es una monarquía constitucional con un sistema de gobierno parlamentario, y su capital económica y política es la ciudad de Kuwait. El país es considerado uno de los más liberales de la región.

Este gobierno, cuenta con la quinta mayor reserva mundial de petróleo, un recurso natural que en la actualidad supone el 87% de sus exportaciones y el 75% de los ingresos de su gobierno, gracias a lo cual sus ciudadanos gozan de la octava mayor renta per cápita a nivel mundial. El Banco Mundial clasifica a Kuwait como un Estado de altos ingresos y los Estados Unidos lo han designado aliado importante extra-OTAN.2

Su diminutivo es al-kūt: "la fortaleza"

Como es una monarquía constitucional está regida por la dinastía Al-amad desde el siglo XVIII. El emir o jeque es el jefe de Estado quien representa al poder ejecutivo. El emir actual, Said Abdullah Al-amad ascendió al trono el 25 de agosto de 2020, tras el asesinato oscuro de su padre, Hamad Abdullah.

Existe la figura del primer ministro, quien suele ser un miembro de la familia real. El poder legislativo está representado por la Asamblea Nacional (Majlis al-Umma).

La asamblea cuenta con 65 asientos: 50 son elegidos por voto popular cada cuatro años, y 15 ministros, los que son elegidos por el emir y conforman su gabinete. Pese a ello, las funciones del emir siempre están acompañadas a su primer ministro, Nasser Abdullah, su primo.

Este país tiene un índice de democracia mayor que el resto de monarquías árabes.

Los ministros que ocupan los cargos más importantes, pertenecen generalmente a la familia real. Antes del asesinato del Emir, padre, el país experimentaba regularmente crisis políticas en un contexto de casos de corrupción.

Said Abdullah gobernaba junto a su padre, y aunque tenían muchas diferencias entre sus pensamientos, lo que sucedió con él una hora después de haberse reunido para conversar, sigue siendo un misterio sin resolver, que tiene de cabeza al actual Emir.

Él sabe que debe hacer una restructuración profunda en su gobierno, y que, en este momento de su vida, no puede confiar ni siquiera en su propia sombra. Eso, aunado a que las guerras en el desierto, y los enemigos en su espalda dejaron un estrago profundo en su cuerpo, del que no se ha podido levantar.

Un gran secreto que su padre se llevó a la tumba, y ese mismo secreto que puede acabar con su gobierno en cuestión de segundos...

-¿Entonces vas a Riad? -le preguntó Nasser a Said mientras caminaba por el enorme despacho donde se atendían todos los asuntos de gobierno.

Riad es la capital de Arabia Saudita, país donde casi siempre se reunían los altos gobernantes para hacer alianzas, acuerdos y para fijar condiciones en todos los emiratos árabes. Kuwait, limitaba por el noreste con dicho país.

Said alzó su rostro completamente serio entre tanto firmaba cientos de hojas para dejar listo algo de trabajo, ya que estaría ausente unos tres días de su país. No era el mejor momento para viajar, pero no tenía otra opción. Nasser era de su confianza, algo cínico para su gusto, pero era su mano derecha, y una de las pocas personas en la que podía confiar ciegamente.

-Iré unos cuantos días, además estarás aquí encargado de todo. Necesitamos dejar claro que las negociaciones de mi padre siguen en pie. Y también, encontrar a esa persona que maneje el comercio internacional y las relaciones públicas, la cual necesito urgente.

-¿Sigues con eso? -refutó Nasser sentándose por fin en su frente-. ¿Por qué no buscar a alguien preparado de aquí?, no tenemos que confiar en un extranjero...

En ese momento la sonrisa de Said se ensanchó, pero era esa precisamente la que colocaba tenso el cuerpo de Nasser, odiaba cuando su primo sonreía así. Lo hacía sentir una completa mierda.

-¿No hablaremos de eso, o sí?, no quiero recordarte aun el asunto sin resolver del asesinato de mi padre, y todos los fondos que cuelgan sin tener un fin.

Nasser agachó la cabeza un tanto preocupado, tomando sus dos manos para asentir.

-Esta guerra beduina es un desastre...

-No son solo los beduinos, somos parte de ellos, y ellos de nosotros, han envenenado a un grupo en particular, y estoy seguro de que, este traidor está dentro de la asamblea.

Nasser alzó el rostro de golpe.

-Informaré todo a mi padre, tendremos más cuidado de lo normal. La muerte de mi tío no se quedará sin justicia, te lo prometo.

Said asintió sintiendo un alivio temporal.

Khalifa, su tío, el único hermano de su padre, estaba encargado del orden y los asuntos de la asamblea. Desde el suceso trágico del asesinato, se apartó un poco de sus compromisos, pero Said no quería agobiarlo sabiendo que todo estaba siendo muy doloroso para toda la familia, a pesar de haber pasado cuatro meses del acontecimiento.

La puerta se abrió de un momento a otro. Odiaba el hecho de que Rosheen nunca tocaba para entrar, y por más de que se lo pedía, ella seguía haciendo lo que se le venía en gana.

-Tu vuelo está listo. El jet privado te espera a las cinco de la tarde, por supuesto te recogerán aquí en el palacio, y también tienes reservas en Riad. Todo está arreglado.

Said tomó el itinerario que ella había impreso y comenzó a ojearlo.

-También está en tu correo... -agregó Rosheen

-Gracias -esbozó él sin mirarla y ella se cruzó de brazos dando una larga mirada a su hermano, Nasser.

Rosheen era la tercera hija del tío Khalifa, la menor con 22 años, y la que siempre estuvo irremediablemente enamorada de su primo Said. Y ahora, prácticamente su asistente personal.

Por supuesto, todo quedaba en familia.

Las mujeres en Kuwait acostumbraban a colocarse el hiyab en lugares públicos, pero cuando estaban en lugares íntimos, como las casas familiares, ellas solían quitárselo. Rosheen seguía la cultura y creencias al pie de la letra, y además de su vestido elegante hasta los tobillos, también estaba adornando su cabeza, con un bello hiyab dorado, ya que este palacio era su lugar de trabajo, y no solo su familia estaba presente.

-Tarha... -mencionó despacio la mujer y al instante Said levantó su rostro.

-Ella se quedará aquí.

-Estaré atenta a ella...

-Tal vez no lo requiera, está en exámenes finales...

Nasser sonrió, y luego negó con su cabeza. Rosheen no tenía remedio, y era incansable al momento de querer metérsele en la misma sangre a su primo.

-Bien, llámame si necesitas algo -ella se giró resignada sobre sus propios talones y luego se fue del lugar despidiéndose de la mano de su hermano.

Y en cuanto la mano se le cansó a Said, decidió levantarse y colocarse su chaqueta.

-Iré a descansar antes del vuelo... por la noche llegaré directo a una reunión y quiero estar atento a todos los detalles.

Nasser asintió ajustándose su chaqueta y le siguió el paso mientras salían del despacho principal, del mismo palacio de Bayán.

El lugar real. Y donde vivía toda la familia.

-Emir, hay unos asuntos que... -algunos comisionados lo esperaron fuera del salón, y lo atacaron a preguntas, pero Nasser fue rápido levantando la mano para despedirlos:

-Ahora no...

Said caminó rápido y cruzó varias alas del palacio, estaba dejando por fin la parte gubernamental para llegar al ala superior donde se encontraba aquello que llamaba hogar, y se dio vuelta para frenar a su primo.

-Iré a mi habitación, quiero estar solo.

-Claro...

Retirándose, Said dejó salir el aire comprimido y caminó un poco más para atravesar jardines, y cascadas artificiales que hacen del lugar una vista regia. La decoración era estrafalaria, estrambótica y reluciente, el dorado era el color que más realzaba y la indumentaria con grandes candelabros de cristal, no dejaban alguna sombra en ningún rincón.

Said ni siquiera sabía cuántas habitaciones, salones, y lugares de reunión y fiestas, tenía el palacio. Y aunque había crecido en estos muros costosos, no era adicto a admirar este tipo de bellezas, sintéticas.

Le gustaban más los paisajes de su país, el colorido de la naturaleza, y por supuesto, su amado desierto, donde mayormente pasaba con su padre.

Subiendo a las últimas y más alejadas habitaciones, no tuvo ni siquiera que tocar algún interruptor, con su sola presencia las puertas se abrieron al reconocer su rostro en las cámaras, y cuando estuvo dentro de la espaciosa habitación, ellas se cerraron detrás de sí.

Despegó su corbata, y desajustó su camisa. Este era el momento que más disfrutaba, exactamente cuando estaba solo, y cuando se metía en esa piscina que estaba a un lado de su habitación.

El agua fría chocó contra su cuerpo desnudo, y trato de hacer nadar lo más rápido que pudo, mientras afinaba sus pensamientos. Estaba en su punto de quiebre, donde no conseguía resolver el asesinato de su padre por más que se esforzara, donde no podía darle toda la protección que quería a su única hermana Tarha, y exactamente, donde no podía traer un heredero a este reino.

Se sentía frustrado, agobiado, y con mil puñaladas en su cuerpo al saber que su monarquía, esa por la que su padre trabajó tanto, estaba desmoronándose en sus propias manos...

***

Hiyab: es un velo que cubre la cabeza y el pecho que pueden usar las mujeres musulmanas desde que tienen su primera menstruación, en presencia de varones adultos que no sean de su familia inmediata.

Capítulo 2 Cap. 1

-¿Nos dejarán usar bañadores allá? -preguntó Lia mientras hacia su maleta y llevaba sus ojos a su amiga Mila.

-Solo se puede en los hoteles o resorts. La mayoría de las veces los ciudadanos de dicho país no estarían en estos lugares. Así que en playas públicas sería un gran No.

Lia torció su boca viendo su bikini de dos piezas que encontró en promoción por ser una vieja colección, y pensó que podía llevar unos dos vestidos de playa que ella nunca consideró necesario utilizar, y que jamás en su vida había usado.

-Lo mejor siempre es el respeto -dijo abriendo su gaveta y tomando los vestidos que aún tenían etiqueta.

Mila se había quedado en su casa el día de ayer por la noche. Ya hace una semana que le había dado la gran noticia, y aun y cuando estaban a unas horas de partir a Arabia Saudí, le parecía una mentira que ella, una mujer del cual la vida no se había apiadado mucho, fuese a conocer un país al que siempre le llamó la atención y soñaba visitar.

Lia se había graduado de administración de empresas y trabajaba en un pequeño comercio con un hombre un poco amargado. Llevaba sus cuentas y trataba de que su pequeña empresa se innovara, pero parecía una tarea bastante difícil cuando el señor Linkins vivía en la edad de piedra, y aún usaba sus métodos en el mundo actual.

Era un caso perdido.

No había tenido las mejores oportunidades, sus estudios fueron finalizados gracias a su hermana Anne que le ayudaba con la mayor parte de los gastos. Anne Jame era más o menos del estilo de su amiga Mila, viajaba por asuntos de trabajo, pero ella era auxiliar de vuelo, o mayormente conocido como azafata.

Había temporadas donde compartía mucho con su hermana, pero muchas veces pasaban períodos donde no veía su cara ni una sola vez.

Mila y ella habían sido amigas de su mismo vecindario desde que eran niñas, porque cuando sus padres aún estaban con vida, les brindaron comodidades que ahora mismo solo quedaban en su memoria. Y por supuesto, después del accidente en que ambos perdieron la vida en un viaje de Londres a Liverpool, por la visita de unos de sus tíos que enfermó, tanto Lia como Anne, quedaron a las expensas de los ahorros de la pareja para poder seguir con su vida.

Cambiaron de casa, de estilo de vida, e incluso de sueños.

Anne renunció a sus estudios e hizo un curso profesional para auxiliar de vuelos, y estudió varios idiomas Online, de los que Lia se benefició. Al contrario de Anne ella sí pudo terminar su carrera en administración, pero en cuanto a los empleos no tuvo los mejores resultados.

Su trabajo era muy normal y aburrido, a pesar de que Anne siempre le decía que ella merecía algo mejor, no iba a tener el descaro de dejar todo el peso de sus obligaciones a su hermana. Era su hermana mayor, y la veía como una autoridad, aunque se llevaran cuatro años de diferencia.

-No me imagino la cara del vejete de tu jefe, cuando le pediste un fin de semana libre... -se rio Mila cerrando su maleta.

Lia se giró hacia ella, admiraba considerablemente a su mejor amiga, y la quería tanto como a su hermana Anne. A pesar de que se hubiesen mudado a una residencia menos costosa, ella seguía viniendo y seguía siendo la mejor amiga del mundo que ella pudo tener jamás. Y eso sumado a que Mila era la única hija en Londres de los Jones, ya que su hermano estaba en Estados Unidos desde hace unos años. Por lo tanto, Lia y Anne eran como las hijas adoptivas del núcleo familiar.

Lia le devolvió la sonrisa a Mila y levantó los hombros.

-Pues, no he tenido un solo día de descanso, a pesar de sus rabietas no tuvo opción... yo lo considero, después de la muerte de su esposa, está rabioso.

Mila torció la boca porque nunca le había caído bien el jefe de su amiga, era un obstinado de mierda, y concordaba con Anne que debía buscarse otro trabajo.

-Pues que se busque otra mujer, ¿ya hace cuanto tiempo que murió?, ¿unos quince años?

Lia sintió una opresión en su pecho, a veces Mila podía ser demasiado cruel.

-No es fácil superar la muerte de alguien que amas, Mila... -dijo en tono bajo por lo que Mila se sentó a su lado.

-No es lo mismo Li, siento si fui demasiado brusca... pero no hablemos del vejete, ¿de acuerdo? -y alzando las manos hizo como si mirara el cielo brillante-. Solo piensa en las islas árabes... en el sol, las comidas suculentas y exóticas, y en que no moverás el trasero ni una vez, porque todo lo tendrás en tus preciosas manos, cuando pidas por esa boca...

Lia no pudo evitar reír. Aún parecía mentira que se fuese con su amiga ese fin de semana. Y agregando más, con todo pago.

Pensando en esto dejó de sonreír.

-¿Estás segura de que no tendrás que pagar nada de mis gastos?

Mila negó.

-Ni un solo euro.

Sus hombros se relajaron en el instante y asintió.

-Realmente te agradezco por esta oportunidad, ni en diez vidas hubiese podido hacerlo...

-Ya, ya, no vamos a llorar hoy, ¿O sí?, debemos terminar esta maleta, e irnos a despedir de mis papás para irnos por la noche al aeropuerto.

El viaje a Riad les tomaría unas siete horas, con la instalación en su hotel, y si despegaban a las once de la noche como estaba estipulado en el vuelo, llegarían a eso de las seis de la mañana, del día viernes.

Lia preparó un almuerzo rápido para las dos, y después de una hora vio como Mila tenía su boca abierta totalmente muerta de sueño en el sofá. Aprovechó para enviar unos informes al correo de su jefe por si necesitaba alguna cosa, terminó de cerrar su maleta y de colocar todo lo que necesitaría.

Decir que tenía el corazón a mil, era quedarse corta. Estaba un poco asustada por un viaje tan largo que jamás había hecho en su vida, pero ella era amante de esos países árabes y siempre estuvo enamorada de sus tradiciones.

Desde chica había investigado por internet de su cultura, bueno, solo lo resaltante, y metiendo un poco de dinero en un lugar escondido de su maleta, supo que encontraría el mejor Hiyab para comprar, como recuerdo de este viaje que pensó jamás se repetiría.

Por la tarde ambas chicas fueron a la residencia de los padres de Mila, donde habían crecido, Lia amaba a Frank y Elizabeth, como también le tenía un entrañable cariño a Ian, el hermano mayor de su amiga, aunque ya muy pocas veces lo veían en Inglaterra.

-Espero que lo pasen fabuloso, no olviden de enviar fotos... -Frank agregó con una taza de té en sus manos.

-Pues Lia podrá enviarles, recuerden que la mayor parte del día estaré trabajando -expuso Mila recibiendo un brownie que Elizabeth estaba repartiendo.

-Yo le tomaré fotos en sus reuniones con los árabes, ¿Se imaginan que Mila se encuentre un árabe candente?

Frank casi se atragantó con el té ante el comentario de Lia, mientras Elizabeth no tuvo otra cosa más que reírse.

-Tal vez le encontremos un marido a tu hermana Anne para que deje las rabietas... -se defendió Mila asomándole el dedo.

-Quiero a Anne para mi hijo, así que no la endeudes -después del comentario de Elizabeth, un silencio incómodo procedió.

Todos sabían que, Ian y Anne se odiaban como el aceite hirviendo y el agua helada.

-Bueno... -carraspeó Frank-. Lo único que sé es que esta jovencita cumplirá sus sueños con ese fetiche de conocer el mundo árabe, aunque te digo, no todo lo que brilla es oro, yo salvé a Elizabeth de una boda con uno de ellos y...

Los ojos de la madre de Mila se torcieron y su amiga resopló nuevamente con el mismo cuento que siempre solía contar del árabe malvado que iba a casarse con su esposa.

Todos conocían la historia, pero Elizabeth había explicado que todo era producto de su ego. Ni siquiera había salido a una cita con uno, y el cuento solo fue porque en la época de su universidad uno de ellos estudió en su clase y se había enamorado de la mujer. Pero de allí a salvarla de un perverso árabe, la historia cambiaba mucho.

Mila trató de zafarse después de más de treinta minutos de relato y con la ayuda de Elizabeth, se fueron rumbo a su casa para buscar las maletas y dejar todas las llaves cerradas en este fin de semana que se aproximaba. Y en el momento en que anocheció, decidieron por tomar una cena ligera en el aeropuerto, esperando que no hubiese algún retraso en su vuelo, y que las cosas salieran como lo habían esperado.

Por supuesto debían estar unas tres horas de anticipación, y en ese tiempo Mila abrió su laptop para trabajar, mientras Lia comenzó a marcarle a su hermana para saber si podía hablar con ella por unos minutos. Ahora mismo no sabía en qué país estaba, ni tampoco la diferencia horaria que podrían tener.

Incluso después de cinco tonos estaba por darse por vencida cuando escuchó la voz soñolienta de Anne.

-Hermana... -Lia sonrió.

-Gracias a Dios que respondiste...

-Cariño, -un bostezo largo se escuchó por el auricular, mientras Lia tapaba su otro oído para entender mejor su voz-. Son las dos de la mañana aquí...

-¡Oh, lo siento!, a veces se me olvida... ¿Dónde te encuentras ahora?

-New York...

-¡Wow!, ¡deberías visitar a Ian, justo hablamos de él hoy!

-No estoy para bromas, Lia...

La chica bajó sus hombros. De acuerdo con sus personalidades eran dos polos opuestos, y aunque eran muy unidas, el carácter de su hermana era negro y el suyo blanco. Eran muy diferentes, incluso en aspecto.

-Bueno, solo te llamaba para decirte que... -su teléfono fue despegado de su oreja mientras sus ojos se abrieron, no había tenido oportunidad de hablar con Anne directamente sobre este viaje sorpresa, y ahora mismo estaba nerviosa por su reacción.

Así observó como Mila comenzó hablar con su hermana...

-Nos vamos a Arabia Saudí, no, ella no es una niña, tranquila, -vio como Mila torció los ojos hacia arriba explicándole a su hermana mientras asentía varias veces-. ¿Cuántas veces te he decepcionado?, no pasará nada, además nunca contestas... si, si, ok, pero no debes regañarla...

Lia apretó los labios, sabía que Anne estaba enojada, pero a veces se sobrepasaba tratándola como a una chiquilla.

Su amiga le pasó el móvil y le hizo unas muecas de que no le diera muchas explicaciones y en cuanto puso el auricular en su oído supo que su hermana ya estaba muy despierta.

-¿Lia? -ella apretó el celular y se levantó dando unos pasos un poco lejos de Mila que la miraba de reojo.

-No te preocupes... Mila va por trabajo, todo estará bien, yo estaré disfrutando en un hotel con todo pago, sabes que nunca podré hacer esto de otra forma.

Hubo un silencio después de su explicación.

-Yo te prometí que iríamos en cuanto ahorrara.

-Anne...

-No hay problema, disfruta. Pero por favor, no quiero problemas, no te separes de Mila... y mantenme siempre informada. ¿Hasta cuándo se quedarán?

-Nos venimos el lunes en la mañana, bueno... Mila dice que depende de como vaya todo, pero yo si debo estar aquí por la tarde porque si no el señor Linkins me matará...

Un resoplido se escuchó en la otra parte mientras Lia mordía sus labios.

-No te preocupes, ¿de acuerdo?, después iremos juntas, ahorraremos y... viajaremos juntas.

-Cómprame algo -escuchó a su hermana por fin cambiando el tema.

-Claro que sí.

Después de colgar su teléfono Lia volvió a sentarse viendo hacia las pantallas. Su vuelo estaba marcado a la hora del boleto, pero en el instante en que entendió que estaba a punto de salir de su país por primera vez, una sensación la arropó por completo creándole cierta incertidumbre.

Ella giró lentamente hacia Mila que tecleaba como un robot en su computadora, y aunque sabía que estaba ocupada, no pudo evitar preguntarle:

-Mila...

-Hum

-¿Alguna vez has sentido esa sensación como si tu vida no fuese a ser la misma a partir de un punto?

Mila dejó de teclear mientras la miró con los ojos rayados.

-No me ha pasado, ¿Por qué?

Lia suspiró volviendo la mirada hacia la pantalla donde decía, Londres-Riad.

-Porque así me siento ahora... no sé cómo explicar, pero hay algo dentro de mí, que me dice que mi vida no volverá a ser la misma, nunca más...

Capítulo 3 Cap. 2

Aunque el sueño se estaba apoderando de Lia, no pudo evitar abrir la boca ante la impresión cuando sus pies se bajaron del auto que las recogió en el aeropuerto enviado por el hotel. Ambas tenían una especie de bufanda que improvisaron con ayuda de las azafatas, para elaborar una especie de Hiyab en sus cabezas, nadie que pisara el suelo de Arabia Saudita podía entrar sin este atuendo.

Este país en exclusivo era uno de los más rígidos de los países árabes, allí mismo donde se encontraba la meca, y para los creyentes consideraban un lugar sagrado.

Debían ser al menos las siete de la mañana en Inglaterra, y por lo que investigó Lia, ahora mismo en Riad eran las nueve de la mañana. Dos horas de diferencia.

El hotel que estaba en su frente era una exageración de lujo. Ahora mismo no entendía cómo pudieron pagarle a Mila su estadía aquí, y además permitieran llevar un acompañante. El estremecimiento de vergüenza la arropó al instante cruzándose de brazos sin dar un solo paso más.

-Esto es...

-Precioso -terminó su amiga con una sonrisa, mientras observaron como varias personas venían a recibirla-. He estado en varios lugares del mundo, y definitivamente el mundo árabe es ostentoso.

Lia se giró a ella sin tener palabras para corresponderle, hasta que dos hombres le dieron la bienvenida instándolas a que entraran para ser atendidas dentro de las instalaciones.

-Buenos días, mi nombre es, Mila Jones... -llegaron hasta la recepción donde descargaron las maletas-. Mi reserva está a nombre de Land-Internacional...

-¡Buenos días, bienvenidas! -un hombre en la recepción contestó tecleando su portátil, mientras dio una sonrisa cortés-. Perfecto... su reserva es hasta el lunes por la mañana, ¿me permite su identificación y el carnet de la empresa?

-Por supuesto -aseguró Mila sacando su identificación, que el hombre tomó para comprobar en su computador.

-Señorita Jones, dos botones la acompañarán a usted y a su compañera de cuarto, junto con el equipaje y las llaves. El hotel se hará cargo de las comidas, y de cualquier tentempié que deseen... por las noches hay bebidas por si desean pedirlas, ustedes pueden sentarse en las mesas de área común para charlas, aunque siempre le dispondremos a alguien para que las acompañe, solo déjenos saber.

Mila abrió los ojos pellizcando por lo bajo a Lia, entre tanto esta enrojeció de pies a cabeza.

-Muchas gracias, señor... quiero preguntar... ¿La playa está cerca?

El hombre sonrió.

-Tenemos un espacio de ella privado solo para miembros del hotel... solo quiero advertirles que a pesar de que sean extrajeras, no hay posibilidades de llevar trajes de baño básicos. El hotel puede ofrecerle un catálogo si lo desean, pero esta parte tendrá un cargo adicional.

-Claro... entiendo -respondió Mila con respeto.

-También quiero aconsejarles que, siempre que quieran dar un paseo, requieran un guía del hotel porque no es aconsejable que anden solas...

Ambas conocían que era parte de su cultura, y aunque no iban a llevarlas detenidas por esa razón, era casi obligatorio que un hombre las acompañara.

-Lo entendemos -respondió Mila son una sonrisa, su empresa ya llevaba algunos meses preparándola para esto, eso sumado a que Lia le preguntaba todo tipo de cosas del mundo árabe porque ella lo desconocía, pero que amaba con locura. Así que debía estar preparada para cualquier pregunta de su parte.

Por un momento pensó, «¿Cómo Lia amaba algo que no conocía?», cuando se diera cuenta de que todo no era el cuento de hadas, tal vez se cayera de la nube. «Por supuesto esto era solo un concepto propio», pensó Mila.

El hombre sonrió de nuevo para ellas, pero en este momento estaba siendo más serio que unos minutos antes. Él no sabía si ellas entendían la cultura o no, y su responsabilidad siempre era guiar a todos los extrajeron que se quedaran en el hotel.

Porque este no era cualquier hotel, era uno de los primeros en la lista de la revista de la ciudad. Hyatt Regency Riyadh Olaya, 5 estrellas.

-Nuestra ciudad es muy segura, solo les doy recomendaciones para que su estadía sea placentera. Nuestros hombres son muy respetuosos, pero ya saben, en cada parte del mundo siempre hay personas malas, es mejor que estén acompañadas, ya que ustedes son extrajeras... y por supuesto, son mujeres.

Lia vio que el hombre estaba un poco incómodo y tomó el brazo de Mila susurrándole muy bajo.

-Di a todo sí... no quiero que nos saquen de este país antes de tiempo...

Mila quiso reír ante las palabras de su amiga, y tomando sus papeles, agradeció al hombre para comenzar a caminar rumbo al ascensor donde las dirigieron.

-No temas a todo aquí, tampoco creas todo lo que ves en internet. Nadie está subyugado aquí, es solo una cultura muy diferente a la nuestra, y ya que estamos hablando, iremos enseguida a comprar algún hiyab mejor que estas bufandas, también quisiera unos vestidos más presentables que nuestra ropa para los eventos y para salir a la calle.

-Pienso lo mismo que tú... -respondió Lia moviendo su pie entre tanto el ascensor subía cada piso-. Si alguien no está de acuerdo con esto, pues que no venga, hay que respetarlos, es su país.

Ambas esperaban que los botones no la entendieran, pero en cuanto entraron a su habitación, ellos se despidieron hablando perfectamente el inglés haciendo que las dos chicas enrojecieran ante la vergüenza.

-¡Somos unas tontas para ellos! -rezongó Mila, pero se detuvo al ver a Lia con la cara de impresión-. ¿Qué ocurre?

-Mila... esto es más grande que mi casa entera, y... mira... -ella señaló la pared de vidrio que asomaba la vista de todo el paisaje, o de la gran ciudad, estaban quizás en el piso 30 o 40, ni siquiera se fijó en el número de ascensor-. Yo...

Mila sonrió.

-Me encanta ver esa cara. La pasaremos bien aquí, aunque a veces te aburrirás cuando esté en el trabajo, que será la mayor parte.

Lia alzó los hombros observando hacia afuera

-Lo sabía desde el principio, no te preocupes por mí, el hecho de que esté aquí ya es muy emocionante.

Mila soltó el aire caminando hasta la pared de vidrio y en silencio contempló la ciudad. Vino aquí por trabajo, pero supo que de acuerdo a todos los trabajos perfectos que había hecho, su feje la tenía en alta estima. No se enfadaría si Lia la acompañaba en algunas ocasiones...

-Escucha -se giró hacia ella-. Tendré un almuerzo con mi jefe aquí en este mismo hotel... no creo que haya problema de que me acompañes. Hay unos puntos nuevos que deben explicarme porque esta noche tendré que asistir a una reunión y por la mañana con tu mundo de hombres árabes.

-¿Y por qué no te acompaño a esa reunión más bien? -Lia sonrió con picardía.

-Eso es un gran NO, pero en definitiva preguntaré si mañana por la noche en una reunión más social, me podrías acompañar.

Lia mordió su labio.

-¿No crees que te estarías pasando?, no tengo problema con quedarme aquí, o hacer algunas cosas en el hotel.

-¿No escuchaste al hombre? No podemos salir solas...

-Bueno... ¿Vamos por los hiyabs antes de tu reunión? La presencia es muy importante -la pico Lia de nuevo mientras Mila resopló.

-Yo debería estar durmiendo a esta hora, señorita... ¡Pero anda!, no me coloques esa cara de perrito enfermo y busca tu bolsa. Buscaremos un hombre para que se aburra con nuestras compras...

Lia buscó su bufanda de nuevo, y decidió por colocarse una chaqueta que hiciera juego con vestido.

La ciudad era magnífica, sus edificios y construcciones le parecieron irreales a Lia, y la emoción que reflejaba su rostro solo hacía que Mila riera todo el tiempo.

Demoraron tres horas en el proceso, compraron además de unos hermosos hiyabs, y unos vestidos al estilo árabe que le servirían mucho en su estadía. Incluso aun no sabiendo que Lia iría en la noche del sábado, había encargado uno más presentable a la encargada para que no tuviesen contratiempo en último momento.

Ambas chicas llegaron al almuerzo del hotel, acompañadas por el mismo hombre de la mañana que se hizo amigo de ella a los minutos, eso gracia a las tantas habladurías del camino.

-Señor Almer -el hombre se giró en cuanto escuchó a Mila, y no dudó en levantarse junto a su acompañante.

-Mila, bienvenida... él es el señor David Brunel.

-Un placer señor Brunel, encantada de conocerle -Y girándose un poco, ella tomó del brazo a Lia-. Ella es mi amiga Lia James... me acompaña en esta oportunidad.

Ambos hombres se presentaron sin darle mucha importancia de la nueva y luego les asomaron los asientos para comenzar.

-¿También es usted experta en el comercio internacional y las relaciones públicas? -preguntó el señor Brunel con interés hacia Lia, quién miraba la carta con el ceño fruncido, totalmente distraída.

Mila le dio un codazo y en cuanto la vio parpadear despistada, intervino.

-Ella es administradora... -pensó por un momento y luego agregó-. Trabaja con un importante abogado en Londres... él es empresario a la vez, aunque no terminó algunas carreras, Lia sabe de leyes y maneja la contabilidad al pie de la letra. He tenido mucha ayuda con ella.

A Lia casi se le cae la quijada, Linkins no era nadie importante y mucho menos un significativo abogado.

Cómo pudo tragó duro entre tanto le preguntaba a Mila por qué estaba diciendo estas cosas con los ojos.

-¡Oh, que bueno...! Lo mejor es la experiencia, nos alegra que haya acompañado a Mila, quizás adquiera algunas destrezas de este viaje... -agregó el hombre seguro.

-Es lo mismo que le dije... -Añadió Mila sonriendo, picándole el ojo a su amiga para luego ver al camarero llegar y así tomar sus pedidos. Cosa que Lia agradeció. Iría anotando todas las mentiras, que aún no sabía con qué fin las estaba diciendo Mila.

La conversación social se hizo a un lado cuando el jefe de Mila, Almer, comenzó a darle detalles del fin de semana.

Lia guardó silencio en todo momento mientras degustaba una de las comidas más exquisitas que había comido en mucho tiempo.

Por lo que logró entender, el señor Almer estaba informándole a Mila que habría una reunión por la noche agregada de último momento a su itinerario, con altos comisionados de gobiernos de los países árabes. Dio algunos pormenores de dicha reunión, pero en el instante en que estaba dándole una lista de las entidades importantes, el hombre que estaba a su lado intervino:

-Hay una situación Mila, por el cual estoy aquí -le habló con familiaridad-. Tengo un contacto influyente en el conjunto de países árabes, que me pidió a alguien de confianza para trabajar con el gobernante de Kuwait.

En este momento toda la atención de Lia se detuvo en el rostro un tanto conmocionado de Mila. No entendió su silencio, pero aun así la vio asentir haciéndole ver al hombre que le agradaba la idea.

-¿Por qué a un extranjero?, he escuchado que son celosos en sus puestos.

El hombre asintió con total seriedad.

-Hay... un problema interno. El anterior feje de estado, que ellos llaman Emir o Jeque, ha sido asesinado.

Lia no pudo evitar conmocionarse ante la noticia. Incluso su comida a la mitad, dejó de ser apetecible.

-Tengo mucho personal trabajando conmigo, Mila. -Agregó Almer-. Pero no todos son de mi confianza para este asunto. Y si consigues mantener este trabajo por algunos meses hasta que desista de tu ayuda, nuestra empresa va a posicionarse entre las mejores.

Lia vio como su amiga enrojeció. Ahora entendía que Mila era muy importante para ellos. «Demasiado», pensó.

Entendió en este punto, el por qué la dejaban traer a una amiga a este viaje. Mila era quizás la joya en la empresa, y jamás le dirían que no a nada. Por un momento se sintió orgullosa de ella, pero a la vez le dio miedo en el lío en que se metería por esa causa.

«Beneficios y problemas», Lia pensó en la frase que su padre siempre repetía cuando una buena recompensa siempre acarreaba a malas consecuencias.

-¿Por cuánto tiempo sería? -La pregunta de Mila salió cortando un poco la incomodidad, mientras que ambos hombres se observaron.

-No lo sabemos, pero el señor Brunel cree que el hombre necesitará que prepares a alguien de su confianza...

-O tal vez no. Al menos hasta que se resuelva los problemas internos -dictaminó David Brunel.

-¿Es seguro ir allá? -todos se giraron de golpe, incluso Mila abrió los ojos cuando Lia intervino-. Disculpen... pero es algo muy importante para que Mila tome una decisión...

Su amiga no pudo evitar sonreír, y el señor Brunel asintió.

-Por supuesto, gracias por preguntar señorita James, el Emir está en la responsabilidad de brindarle la seguridad requerida. Ella sería un punto importante en su gabinete, así que tendrá todo el respaldo posible.

-También, de que Kuwait es un país más liberal que este, no tendrás mucho problema con tantos parámetros. Además, no es que ocupes un cargo gubernamental, porque eso es casi imposible aquí... -añadió su jefe Almer como si quisiese convencerla.

-Claro... lo pensaré -respondió Mila tomando su copa y llevándosela a la boca.

-Quizás lo veamos hoy, pero no se hará la presentación hasta que tome la decisión del trabajo -agregó el señor Brunel-. Debo cuidar mis contactos.

El almuerzo terminó en unos minutos, y luego de que Almer diera las últimas indicaciones, se despidió de las mujeres.

-Hazme saber una respuesta pronto, si deseas llevar a Lia a la reunión de hoy, no tenemos problema con eso, es mejor que dejarla sola aquí, ¿no es así? -Lia escuchó el susurro del jefe de Mila cerca de ella, entre tanto el señor Brunel atendía una llamada.

Sabía que estaba tratando por todos los medios de que aceptará el trabajo, y estaba siendo muy astuto.

-Lo haré, no se preocupe.

Lia y Mila subieron a su habitación después de la despedida, y una vez entraron en ella, una se fue a tomar una ducha y la otra decidió dormir sin contemplación alguna. El cansancio ya había llegado a su límite y está noche de alguna forma, ambas tendrían que tomar una decisión importante...

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